

Esta semana escupiré una confesión, a todas luces polémica, pero que encuadro en la categoría de gran verdad universal, eso sí, impopular: el amor está sobrevalorado. Mucho. Desde críos te absorben el entendimiento con paparruchas a tutiplén focalizadas hacia la búsqueda estéril de inexistentes príncipes azules y princesitas que estén a la altura. Todo el tinglado está montado para abducirte acerca de las bondades de la vida emparejada. De que el súmmum supremo de la felicidad pasa por fusionarte con un alma gemela que en verdad jamás existió, existe, ni existirá. Que si no tropiezas con tu media naranja eres un fracasado. Que el pan y la cebolla no saben igual si no te zampas la pieza en amor y compañía. Que el centro de la vida y hacia dónde debes dirigir todos sus esfuerzos es hacia el camino del AMOR. Love, love, love…
¿Fueron felices y comieron perdices solo porque se casaron? ¡Vamos hombre! Mentira cochina. Y que en pleno siglo XXI sigan en boga -y en boca de todos- semejantes creencias con una tasa de divorcios rayando el 50%, infidelidades crónicas en parejas de todo ámbito o condición y la proliferación imparable de nuevos modelos de unidades familiares…
carmelacolorcoloraoLos fracasados de veras son los que se obsesionan con el amor dejando de lado todo lo demás. Los que únicamente tienen ojos para una utopía sentimental despreciando el resto de posibilidades que la vida ofrece, que son infinitas. Los que ante tres palabritas bobaliconas y cuatro miraditas lánguidas abandonan la cordura y el sentido común. Se desentienden de sí mismos por una sábana caliente aunque los besos sean gélidos… Los que tiran por la borda aspiraciones personales, talento y anhelos por un fulanito o menganita que en más ocasiones de las recomendables ni tan siquiera valonan el sacrificio del supuesto ser amado. Los que se focalizan en los otros en vez de eclosionar todo el ingenio que emanan, sin lanzarse a cumplir tantos sueños como atesoran. Perderse en la búsqueda desbocada de un querer, de cualquier querer, descuidando los billones de posibilidades que la vida puede ofrecer… ¡Qué gran error! ¿Y cuántos confunden plenitud con relación? Tantas relaciones en minúsculas que restan en vez de sumar, que provocan frustraciones por lo que se dejó de ser -y que ya nunca se podrá ser- a cambio de una dicha ficticia.
Y sí, seamos razonables y hasta objetivos con conocimiento de causa: el amor puede ser la guinda de un apetitoso pastel de muchos pisos. Pero culminar el pastelito con tino, implica haber elaborado los cimientos del dulce con una base sólida: la de la autoestima, el conocimiento, la instrucción, el desarrollo personal, las experiencias, la cultura, el compañerismo, la libertad, el deporte, la educación, los viajes, la lectura, la amistad, la fotografía, el cine, los idiomas, el senderismo, el paracaidismo, el debate, la pintura, la solidaridad, la medicina, la ciencia, el periodismo, la tecnología, el automovilismo, la escritura, la arquitectura, la creatividad… Lo que a cada uno más le plazca o todo ello para quien se vea capaz.
Yo es fui a por todas desde que nací. ¿Cuántos lo hacen? ¿Por qué conformarme únicamente con la guinda pudiendo saborear lentamente todo el pastel? ¿Acaso esa minúscula fruta puede saciar igual que una tarta de interminables pisos? ¡Vamos anda! Y que conste que no digo yo que esa esfera bermellón del amor sepa a gloria bendita tras deleitarse con las exquisiteces de cada uno de los niveles que sustentan la tarta de la vida.
PD. Este es el momento en el que los enamorados hasta las trancas, abuchean; los felizmente solteros y los que se enfrentan a un desengaño sentimental, vitorean.
¿Fueron felices y comieron perdices solo porque se casaron? ¡Vamos hombre! Mentira cochina. Y que en pleno siglo XXI sigan en boga -y en boca de todos- semejantes creencias con una tasa de divorcios rayando el 50%, infidelidades crónicas en parejas de todo ámbito o condición y la proliferación imparable de nuevos modelos de unidades familiares…
carmelacolorcoloraoLos fracasados de veras son los que se obsesionan con el amor dejando de lado todo lo demás. Los que únicamente tienen ojos para una utopía sentimental despreciando el resto de posibilidades que la vida ofrece, que son infinitas. Los que ante tres palabritas bobaliconas y cuatro miraditas lánguidas abandonan la cordura y el sentido común. Se desentienden de sí mismos por una sábana caliente aunque los besos sean gélidos… Los que tiran por la borda aspiraciones personales, talento y anhelos por un fulanito o menganita que en más ocasiones de las recomendables ni tan siquiera valonan el sacrificio del supuesto ser amado. Los que se focalizan en los otros en vez de eclosionar todo el ingenio que emanan, sin lanzarse a cumplir tantos sueños como atesoran. Perderse en la búsqueda desbocada de un querer, de cualquier querer, descuidando los billones de posibilidades que la vida puede ofrecer… ¡Qué gran error! ¿Y cuántos confunden plenitud con relación? Tantas relaciones en minúsculas que restan en vez de sumar, que provocan frustraciones por lo que se dejó de ser -y que ya nunca se podrá ser- a cambio de una dicha ficticia.
Y sí, seamos razonables y hasta objetivos con conocimiento de causa: el amor puede ser la guinda de un apetitoso pastel de muchos pisos. Pero culminar el pastelito con tino, implica haber elaborado los cimientos del dulce con una base sólida: la de la autoestima, el conocimiento, la instrucción, el desarrollo personal, las experiencias, la cultura, el compañerismo, la libertad, el deporte, la educación, los viajes, la lectura, la amistad, la fotografía, el cine, los idiomas, el senderismo, el paracaidismo, el debate, la pintura, la solidaridad, la medicina, la ciencia, el periodismo, la tecnología, el automovilismo, la escritura, la arquitectura, la creatividad… Lo que a cada uno más le plazca o todo ello para quien se vea capaz.
Yo es fui a por todas desde que nací. ¿Cuántos lo hacen? ¿Por qué conformarme únicamente con la guinda pudiendo saborear lentamente todo el pastel? ¿Acaso esa minúscula fruta puede saciar igual que una tarta de interminables pisos? ¡Vamos anda! Y que conste que no digo yo que esa esfera bermellón del amor sepa a gloria bendita tras deleitarse con las exquisiteces de cada uno de los niveles que sustentan la tarta de la vida.
PD. Este es el momento en el que los enamorados hasta las trancas, abuchean; los felizmente solteros y los que se enfrentan a un desengaño sentimental, vitorean.