Los violadores suponen un porcentaje ínfimo entre los hombres y son seres muy enfermos que no disfrutan del sexo en si mismo, sino del propio proceso que supone la violación que consiste en someter a fuerza a su víctima contra su voluntad y disfrutar de su dolor y sufrimiento. Pero también también disfrutan humillarla y reducirla moralmente devastando a su autoestima. Les gusta sentir el poder absoluto sobre su víctima y ver su total impotencia.
Y es por culpa de violadores, que una ínfima parte de los hombres, hay muchas mujeres que sienten una desconfianza inicial casi natural hacia los hombres y hacia su sexualidad. Y de esto se aprovechan las feministas que presentan a la depravada y completamente enfermiza sexualidad de un violador como un parámetro de la típica sexualidad masculina, rebajando el resto de los hombres a nivel de los violadores. Ya que este es el verdadero objetivo del feminismo, aprovechar de la existencia de los violadores para hacer creer a las mujeres e incluso a algunos hombres de que todos los hombres son violadores en potencia y de que si no habrá leyes muy estrictas que limiten las libertades de los hombres, habrá todo un brote de violaciones, lo cual es absurdo, ya que la naturaleza del hombre no es así.