He leído este artículo recientemente, y me pareció interesantísimo compartirlo con ustedes, para que compartan otro punto de vista, no sólo el que los medios masivos les quieren meter en la cabeza.
Sin más, los dejo con este interesante escrito:
Lamentablemente en cualquier debate sobre transgénicos, se tarda poco en sacar la empresa Monsanto a escena, a pesar de que existan otras muchas empresas que desarrollan transgénicos o que realmente, la mayoría de las investigaciones sobre transgénicos sean de organismos públicos. El argumento de sacar a Monsanto, reduce al absurdo un debate interesante y que podría ser el desarrollo de transgénicos por instituciones públicas con la liberación de patentes como ocurre en Brasil o Cuba. ¿Monsanto = Transgénicos? ERROR
¿Por qué no nos dejamos de oponer a los transgénicos por qué sí y fomentamos una ciencia libre, clara y donde la investigación sea pública? La verdad, es que no sé si los que se oponen a los transgénicos, quieren que esto sea así, porque eso significaría que tendrían que rectificar y reconocer que estaban equivocados.
[Manifestante contra campo de maíz transgénico en Westheim (Alemania) – Fotografía de Daniel Voglesong en Flickr]
¿Monsanto = Transgénicos? ERROR
Tal y como explicaban los investigadores del reciente metaanálisis que avala la seguridad de los transgénicos, a menudo la opinión de la comunidad científica, se ve distorsionada por los medios de comunicación y las campañas anti-transgénicos que han sido utilizadas inapropiada y políticamente, por lo que cualquier debate interesante sobre los transgénicos, se acaba convertido en un debate en donde prácticamente se saca a colación la empresa Monsanto, como si transgénicos = Monsanto, cuando es algo erróneo, porque es una simplificación tan estúpida como decir que la energía eléctrica es mala porque existe la silla eléctrica.
Hacer el símil de transgénicos = Monsanto, es demostrar que se desconoce bastante el mundo de los transgénicos, porque Monsanto realmente es una empresa química, que además de transgénicos está dedicada a la producción de fitosanitarios y semillas normales y que ni siquiera es la única empresa dedicada a los transgénicos, porque además de Monsanto así de cabeza me salen a BASF, Bayer, Syngenta, DuPont, Dow AgroSciences, las empresas de cada organismo público de cada país o las de cada spinf off de cada universidad en la que se trabaja con transgénicos, por lo que la lista es enorme.
Decía Shora en un artículo muy recomendable ““ que:
Las prácticas que las empresas están llevando a cabo con las plantas transgénicas para su propio beneficio son, sin lugar a dudas, una de las principales razones por las que este ámbito tiene tan mala prensa. Sin embargo, lo anterior, junto a la ignorancia y la confusión social, están llevando a un debate tan mal planteado como simplista: “Plantas transgénicas sí vs plantas transgénicas no”. Por eso, es importante describir y resaltar las dos caras que ofrecen las plantas transgénicas. La mayoría de la gente sólo conoce la cara mala y plantea el estéril debate en base a un conocimiento fragmentado de la realidad.
La confrontación de estos dos hechos casi contradictorios en torno a las plantas transgénicas simplemente pone de manifiesto que las plantas transgénicas no son buenas o malas per se. Son las prácticas y las intenciones detrás de su producción y comercialización las que van a determinar si van a suponer un daño o un beneficio para la humanidad.
De la misma manera que no se debate si “física nuclear sí vs. física nuclear no” o “microbiología sí vs. microbiología no” por la producción de la bomba atómica o la síntesis de armas bacteriológicas tampoco se debería debatir de la misma manera “plantas transgénicas sí vs. plantas transgénicas no” por las malas prácticas monopolísticas o mafiosas de Monsanto. El debate debería centrarse en cómo, para qué y de qué manera deberíamos aprobar la producción de transgénicos de forma que fuera un elemento beneficioso para la humanidad.
El principal problema en este debate radica en que, junto a fuertes intereses económicos existe una gran confusión y se distribuyen multitud de mentiras que empañan y oscurecen la realidad del asunto. En la actualidad, la financiación para la investigación pública de plantas transgénicas es irrisoria. No se dedica apenas dinero en este campo por su mala fama . ¿Las consecuencias? Las empresas privadas son las que están ganando a pasos agigantados el terreno de los transgénicos. Si sólo esperamos que la investigación que se dedica a las plantas transgénicas la realicen las empresas privadas, entonces no nos sorprendamos de que ellos tengan un monopolio con una intención claramente lucrativa. ¿Dónde está el dinero público para la investigación de plantas transgénicas sin ánimo de lucro?
En otro artículo de la misma autora ("", explicaba cómo mientras existía esa “controversia” social en las plantas, nadie se oponía a los transgénicos en la medicina, claves para los insulinodependientes, las vacunas como la de la hepatitis B o a la obtención de proteínas como las de “la hormona de crecimiento humana, interferón, eritropoyetina, factores de coagulación, anticoagulantes, anticuerpos monoclonales…” que se han logrado gracias a bacterias transgénicas o con el desarrollo de ratones KO (knockout), y que hoy son claves para el desarrollo de tratamientos de millones de personas con cánceres, hemofilias, enanismo…
Realmente, centrar el debate únicamente en Monsanto como si toda la tecnología de transgénicos fuera Monsanto, tal y como hacen de forma malintencionada desde algunos colectivos antitransgénicos, está haciendo que la ciencia no avance, ya que conviene tener en cuenta que “no es lo mismo la ciencia química que la industria química, ni es lo mismo la física que la industria nuclear”. [..]
De la misma forma también se expresaba David en “”, de cómo la oposición a los transgénicos porque eran de Monsanto, era simplemente de ser ignorantes:
Es que no más confundir transgénicos con Monsanto, es como decir que la aspirina no funciona porque se tenga una oposición ideológica a las prácticas corporativas de Bayer (y de paso, que todos los que sufren de jaqueca, que se jodan).
Ellos se han dejado manipular. Han sido engañados y su desprecio del capitalismo salvaje -un sentimiento noble- fue aprovechado por la gigantesca industria orgánica y naturista para acabar con la competencia (al parecer, los marchantes no tienen problema con esas prácticas corporativas) – son idiotas útiles, que -furiosamente- claman por acabar con las pocas opciones de alimentación que le quedan a pueblos que de otra forma se morirían de hambre (pues vaya con la “soberanía alimentaria”). Esto es un crimen contra la humanidad.
Les han mentido y ellos han encontrado que esa mentira se ajusta a sus prejuicios, y la han abrazado como cierta y nada en el mundo los hará cambiar de opinión. Por personas que se cierran a los hechos y abrazan ideologías mortíferas, no puedo sentir ningún tipo de compasión – han decidido echar su cerebro a perder, renunciado a sus facultades críticas y en el proceso, llaman a la precipitada muerte por hambruna de millones de personas que han podido comer gracias a la tecnología. La hipocresía de su eslogan provida no tiene nada que envidiarle a la de los provida cristianos. De hecho, no faltaron una buena cantidad de personas citando a su gurú Vandana Shiva – no hubo ni una que recogiera las palabras en que Vandana Shiva acepta que las Terminator nunca ocurrieron.
¿Aprendieron a “decidir por la vida de todos por la soberanía”? No, gracias, pequeños ignorantes con alma de tirano; yo es que prefiero usar mi cerebro y tomar decisiones basadas en la mejor evidencia disponible.
En el último metaanálisis hecho en el blog de la fuente () sobre transgénicos, con 1783 estudios analizados ha determinado cómo:
- La literatura científica existente está fuertemente a favor de la seguridad, tanto para el medio ambiente y para el ser humano , de la agricultura basada en GM .
- Poca o ninguna evidencia de que los cultivos transgénicos dañan el medio ambiente.
- Poca o ninguna evidencia de que la agricultura transgénica daña a las especies animales autóctonas.
- Los cultivos no genéticamente modificados en realidad tienden a reducir la biodiversidad en un grado superior.
- Tampoco el ADN en sí mismo presenta peligro, ya que no puede integrarse en las células del consumidor simplemente por ingerirlo.
- Poca o ninguna evidencia de que los cultivos transgénicos pueden ser alergénicos.
- Vale la pena destacar que el número de documentos sobre trazabilidad se ha incrementado en los últimos años tanto así, que en 2011 superó a los de biodiversidad, lo cual indica una creciente demanda de los métodos y protocolos para la detección de posibles transgenes.
- Cerca del 50% de los estudios sobre transgénicos, son realizados por científicos independientes, cuya cifra tiende a crecer.
- Los cultivos transgénicos son seguros para consumir por los seres humanos y los animales.
- Sólo una de las afirmaciones habituales de los ecologistas encuentra respaldo en la literatura científica, y es que los genes incorporados en los cultivos se puedan extender a plantas salvajes, otros cultivos o incluso microorganismos. Pero aunque el análisis confirma que “la formación de híbridos entre cultivos genéticamente modificados y variantes salvajes es posible y está documentada”, pero esto también sucede con los cultivos normales constantemente (hibridación por causa natural como ocurre con las variedades de maíz o de trigo) y no es necesariamente dañino, ya que es parte de la evolución.
Nota para el lector (hecho por el autor): Si me van a comenzar con los supuestos suicidios indios, el fin de la biodiversidad o el empobrecimiento de los agricultores, les recomiendo este especial de Nature (aquí un resumen en castellano).
El retraso de la ciencia en Europa por culpa del acientifismo
En Europa, ocurre un hecho curioso de cómo los transgénicos suponen un modelo dependiente del gran capital y de la agroindustria y por tanto hay que pararlos, pero sin embargo, en el resto del Mundo, ocurre todo lo contrario y es algo que han aprendido gobiernos de diferente tipo como el de la India, China, Sudán, Brasil, Argentina, Australia o incluso Cuba, con una apuesta definida y clara por los transgénicos, ya que representan una forma de soberanía alimentaria y del desarrollo de la ciencia del país al margen de las grandes industrias, beneficiando a sus agricultores y su población.
Es precisamente la lentísima normativa Europea, la que ha provocado en parte que el mercado se quede en manos de unas pocas grandes empresas, ya que pocas empresas pequeñas u organismos públicos disponen del tiempo o el dinero para afrontar el monstruoso coste de sacar un transgénico al mercado (ocurre algo parecido con los medicamentos).
Como consecuencia de ello, en Europa sólo se ha autorizado la siembra de tres cultivos, de 2 tipos de maíces (Bt y Mon810; cuya patente caduca en 2014) y de una variedad de patata (Amflora) pero en pocos países de la Unión Europea se puede hacer (5), a pesar de que en la UE se permiten importar 39 productos transgénicos diferentes que directamente repercuten en nuestros bolsillos, ya bien porque los consumimos o porque éstos sirven para la fabricación de piensos, la mayoría de la ropa y un largo etcétera, que hacen reducir su precio final.
El mejor ejemplo de este retraso en la ciencia y de la incongruencia de la UE, es que en la actualidad la UE reduce todo lo que puede la autorización de nuevas variedades, pero sin embargo la UE es el mayor importador mundial de productos agrícolas transgénicos.
Como consecuencia de esto, la ciencia en materia de transgénicos en los países de la Unión Europea se está quedando a la cola mundial, donde países como Brasil o India son potencias transgénicas a diferencia de los países de Europa, por una parte gracias a esa normativa estricta pero lentísima y por la otra por el acientifismo y magufismo que ha calado en diferentes gobiernos europeos como el de Francia () o Italia (), Hungría o Polonia, que prohibieron el cultivo de transgénicos, sin ningún tipo de argumento científico, amparándose en la , algo que hicieron únicamente como forma de ganar unos putos votos.
Y el problema, es que cuando no son los gobiernos magufos, son las “organizaciones ecologistas” con la destrucción de cultivos de instituciones científicas PÚBLICAS tal y como ocurrió en Alemania, con el , o . En España también tenemos unos cuantas destrucciones de cultivos, pero claro, son de agricultores y ya se sabe que son malos porque buscan enriquecerse…
Un ejemplo de cómo este acientifismo institucional está lastrando las investigaciones en transgénicos, la tenemos en que seguramente tendrá que ser cultivado y desarrollado en Estados Unidos o India, ante la negativa de la Junta de Andalucía a autorizar el cultivo de forma experimental… por la
Barro es consciente de que su trigo transgénico “no tiene ninguna posibilidad en Europa”, el continente más reticente a los organismos modificados genéticamente. Cinco países —EEUU, Canadá, Argentina, Brasil e India— acaparan la producción mundial de transgénicos, con 152 millones de hectáreas cultivadas.
El CSIC ya ha vendido la licencia para explotar la patente de su trigo transgénico a una empresa británica, Plant Bioscience Limited, con sede en Norwich. “Posiblemente, su estrategia será sembrar nuestro trigo en EEUU, en Argentina o en China, y ellos venderán en España la harina a precio de oro”, especula Barro.
Los países que sí se han sabido aprovechar los transgénicos (libres de patentes y seguros)
Para explicar cómo los transgénicos pueden ser algo diferente a Monsanto, explicaremos como países diversos como Argentina, Australia, India, Brasil, Filipinas, Sudán o Cuba han decidido apostar por los transgénicos como forma de desarrollar su ciencia propia al margen de las grandes empresas, para beneficiar a sus agricultores, donde el desarrollo es perfectamente seguro y no ocasiona ningún tipo de problema.
Habitualmente uno de los grandes debates en los antitransgénicos, además de la seguridad (que ya quedó demostrado que son seguros) reside en el mantra de la soberanía alimentaria o en las patentes, que aunque tengan parte de razón en lo que dicen, hay que explicar que es precisamente su irraciocinio a los transgénicos, uno de los causantes de que empresas como Monsanto tengan cada vez más fuerza…
Desde hace unos años, diferentes países a lo largo del mundo, decidieron apostar por lo transgénicos, con una industria propia de transgénicos, adaptando las variedades a las condiciones locales para producir más y mejor evitando plagas de cada país, como forma de reducir las importaciones de alimentos tal y cómo ocurre en Cuba, o cómo forma de solucionar un problema sanitario como ocurre con el arroz dorado en el sudeste asiático.
India ha pasado de ser un país importador de algodón, a ser el segundo país del mundo en producción y exportación de algodón gracias a las semillas transgénicas, con un incremento productivo del 70% desde 2002, y un ahorro de 20.000 toneladas de plaguicidas, donde la producción ha crecido un 57% respecto a la obtenida con semillas convencionales.
Todo ello gracias al desarrollo de un algodón adaptado a las condiciones indias y desarrollado por organismos públicos indios, con el desarrollo y mejora de la tecnología en el propio país, dando como resultado que India sea uno de los líderes mundiales en el desarrollo de transgénicos (5 productor mundial).
[...]
Y este año, un estudio publicado en la revista de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos mostró que los pequeños agricultores que usan algodón Bt en la India tienen mejores cosechas (+24%) y ganan más dinero (+50%) que quienes no usan esta tecnología. Es decir, no solo no se suicidan los agricultores Indios por culpa de los transgénicos, sino que además ganan más dinero y se intoxican menos.
[Fuente Nature]
Nature –
PNAS –
Ecological Economics –
Estos transgénicos desarrollados por los propios países, en la mayoría de las ocasiones están libres de patentes tal y como hace el Embrapa de Brasil, que libera la patente entre sus agricultores, para que éstos produzcan mejor evitando la pérdida de las producciones por el virus del mosaico.
[Phaseolus vulgaris transgénico. Infografía de Estadao]
En la actualidad, Brasil junto a India, Argentina, Sudáfrica y China, lideran el desarrollo de transgénicos a nivel mundial, siendo producidos mayormente por organismos públicos, cuyas patentes liberan entre sus agricultores o que transfieren a otros países como forma de ayuda al desarrollo, como hace China con África, enseñándoles a cultivar sus propios transgénicos y desarrollando su propia tecnología.
Investigadores públicos de Nigeria, por ejemplo, han desarrollado una judía carilla (chíchere o chícharo) transgénica resistente a la maruca, una plaga muy común en África. Está en pruebas ya en campos de Nigeria, Burkina Faso y Ghana, y será facilitada a los agricultores africanos en 2017, como lo fueron en los años sesenta las innovadoras semillas desarrolladas por Norman Borlaug en institutos científicos de México.
Y no es un ejemplo aislado. También en Nigeria está en pruebas de campo —la última fase antes de la comercialización o distribución de las semillas— un maíz que consume menos agua que el común. Otros centros científicos públicos de Uganda y Kenia están investigando modificaciones genéticas contra dos virus que diezman los cultivos de yuca. Y varios países en desarrollo están ensayando en el campo un arroz transgénico desarrollado en China enriquecido en vitamina A, cuyas deficiencias son uno de los grandes problemas nutricionales en las economías que dependen fuertemente del arroz.
Aunque no hace falta irnos muy lejos para ver organismos públicos liberando patentes, ya que tenemos al , un centro de investigación australiano con la iniciativa de una biotecnología libre para todos () y otros más ejemplos que podemos ver en con una .
El mejor ejemplo de la liberación de patentes, lo tenemos con el , que se espera que para 2014-2015 se puedan comercializar las primeras variedades, que en la actualidad están en proceso de desarrollo y evaluación en el Instituto de la Mejora del Arroz en Filipinas.
[Arroz dorado frente a arroz “normal”. Fotografía de IRRI en Flickr]
El caso del arroz dorado, es el mejor ejemplo de cómo el uso de la tecnología de los transgénicos puede salvar millones de vidas.
El arroz dorado se creó hace alrededor de 10 años gracias a la colaboración de dos universidades (el Instituto de Ciencias vegetales del Instituto Federal Suizo de Tecnología y la Universidad de Friburgo) como respuesta a un gran problema mundial: Cientos de millones de personas en el tercer mundo sufren déficit de vitamina A debido a una dieta escasa y muy poco variada. En los países asiáticos, cuya dieta básica depende en muchos casos casi en exclusiva del arroz, se encuentran con el gran problema de que este cereal no aporta esta vitamina.
Por esa razón, el déficit de vitamina A es casi endémico en las zonas más desfavorecidas de los países orientales. ¿Las consecuencias? Ceguera, infecciones frecuentes, alteraciones de la piel y los ojos (xerodermia y xeroftalmia), retraso mental y del crecimiento…
El arroz dorado está modificado genéticamente para contener una gran cantidad del precursor de la Vitamina A (betacaroteno) que, al metabolizarse, se convierte en vitamina A en nuestro organismo. De esta manera, el cultivo de este cereal modificado en los países más pobres donde el arroz es un alimento básico supondría la solución a este gran problema humanitario. Pese a todo, tras diez años de su origen, el arroz dorado sigue sin salir al mercado. En la actualidad, se estima que podría salir para 2010 ó 2011 si la fuerte oposición de grupos ecologistas u otros colectivos no bloquea su salida.
La patente del arroz dorado ha sido eliminada para facilitar su distribución entre los agricultores de los países pobres y, así, conseguir que este cereal llegue a la población sin restricciones.
A pesar del enorme avance que supone, que es una tecnología sin problemas y sin patentes, donde cualquier persona puede desarrollarlo y mejorarlo, organizaciones como , con acciones de destrucción de campos de experimentación incluidas.
Un ejemplo de este irraciocionio de esta(s) organizaciones ecologistas, es la carta de Patrick Moore, uno de los fundadores de Greenpeace, protestando contra Greenpeace por oponerse a esta tecnología que FUNCIONA y especialmente a esta tecnología LIBRE ().
[...]
Otro ejemplo, ha sido la del reciente Premio Nobel de Física, Peter Higgs, que reconocía que había abandonado su apoyo a Greenpeace precisamente por oponerse a esta tecnología de forma histérica.
[...]
La apuesta clara y decidida de Cuba por los transgénicos
Aunque sin duda, el mejor de ejemplo de cómo los países han sabido aprovecharse de los transgénicos, es un país alejado de lo que podríamos llamar “capitalista” y por tanto doblegado a las transnacionales tal y como dicen los antitransgénicos. Ese país, es Cuba.
Cuba comenzó el estudio de los organismos genéticamente modificados hace más de 20 años a través de colaboraciones entre el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (Cigb), el Instituto de Investigaciones Liliana Dimitrova y el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (Inca).
A pesar de que Cuba dispone de unos suelos con excepcionales características gracias al clima que tiene, el Estado; dueño de las tierras, disponía más del 50% de las mismas en estado ocioso, en un país que cada año importaba un mayor número de productos alimentarios, con incrementos de 100 Millones de dólares anuales, situación que se agravó en 2008 con los huracanes que afectaron a la agricultura nacional, llegando a importes en la factura alimentaria de más de 2600 Millones de dólares, un coste muy grande para un país que ha pasado muchos problemas económicos, desde el fin de la URSS.
Un poco antes de que esto ocurriera, a finales de 2005, Cuba anunciaba la noticia de que preparaba el lanzamiento de diferentes alimentos transgénicos, algo que tendría un mayor empujón posteriormente en 2006, cuando Raúl Castro declaró la producción de alimentos un asunto “estratégico”, pues Cuba importa el 80% de los alimentos que consume.
[...]
Tras diferentes periodos de experimentación y del desarrollo de una tecnología propia, con la ayuda de científicos extranjeros, Cuba trabajaba de lleno en el desarrollo de diferentes variedades transgénicas, con una idea clara para desarrollarla de forma libre para sus agricultores e intentar extender la tecnología de bajo coste a otros países.
[...]
Incluso a pesar de estar como una prioridad nacional la producción alimentaria gracia a los transgénicos, existió desde diferentes colectivos internos y externos de la izquierda latinoamericana, un debate y una “crítica” a Cuba por permitir cultivar transgénicos ( o ) pero que tendrían una respuesta clara y contundente () de Carlos G. Borroto, Jefe del Programa Nacional de Biotecnología Agropecuaria en Cuba, en la que explicaba por qué Cuba necesitaba desarrollar los transgénicos y cómo Cuba desarrollaba los transgénicos como una forma de salvación de su economía, como forma de soberanía alimentaria contra las grandes transnacionales y la necesidad de importación de alimentos.
Explicación que podríamos aplicar a todos los antitransgénicos, de cómo dejar las cosas en manos de Monsanto es malo y por qué hay que apoyar la investigación pública y por ende, dejar de negarse a todo tal y como hace la PALT en Andalucía.
[...]
En la actualidad, Cuba se ha convertido en el país número 24, por orden de producción, que plantaron cultivos transgénicos en 2013 con más de 3.000 Hectáreas de maíz Bt híbrido, en una iniciativa de “comercialización regulada”, en la que los agricultores solicitaron permiso para cultivar maíz transgénico con fines comerciales.
La iniciativa forma parte de un programa libre de pesticidas, ecológicamente sostenible con híbridos biotecnológicos de maíz y aditivos basados en micorrizas, siendo un maíz Bt resistente a la principal peste, el gusano cogollero, que fue desarrollado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), con sede en La Habana.
Nota final
Cómo hemos visto, reducir el debate únicamente a Monsanto, es algo estúpido, ilógico y acientífico, porque la ciencia demuestra que los transgénicos son una tecnología segura y que puede ser perfectamente desarrollada de forma libre.
El problema es que los mismos que piden a las multinacionales fuera de los transgénicos, son en realidad los que más están beneficiando a las multinacionales porque están impidiendo el desarrollo de la ciencia por parte de los organismos públicos, poniendo trabas estúpidas y que carecen de todo rigor científico como hemos visto con la cláusula de salvaguarda de Francia o Italia o en España con la PALT, o con Greenpeace con el arroz dorado.
¿Por qué no nos dejamos de oponer a los transgénicos y fomentamos una ciencia libre, clara y donde la investigación sea pública? La verdad, es que no sé si realmente los que se oponen a los transgénicos, quieren que esto sea así, porque eso significaría que tendrían que rectificar y reconocer que estaban equivocados.