Las vacunas constituyen una importante herramienta para combatir enfermedades infecciosas al poner a trabajar nuestro sistema inmune en la génesis de anticuerpos que servirán como barrera contra la invasión de bacterias y virus. A pesar de su reconocida eficiencia existe una pequeña parte de la población que se opone a ellas por considerar que tienen efectos perniciosos para la salud. Esta oposición está basada en razones científico-técnicas que pueden ser debatidos dentro del ámbito sanitario. De hecho existen varios ejemplos en el pasado relacionados con movimientos antivacunas de los que conocemos sus consecuencias y nos permiten esgrimir lo que ocurre cuando se abandona esta práctica.
Suecia suspendió la vacunación contra la bacteria Bordetella perthusis, que provoca la tos ferina, entre 1979 y 1996. Al poco tiempo el 60% de los niños entre 1 y 10 años contrajeron la enfermedad con numerosos ingresos hospitalarios y con una mortalidad que se mantuvo baja (1 por año) gracias a un intenso esfuerzo médico (Allen, 2002). La tos ferina sigue siendo un serio problema sanitario en países en vías de desarrollo causando casi 300.000 muertos al año (CDC, 2007).
En Inglaterra e Irlanda se inició una fuerte controversia con la introducción de la vacuna triple vírica que resultó en un descenso en el número de vacunados después de 1996 (Peppys, 2007). A finales del año 1999 y hasta el verano del 2000 se produjo una epidemia de sarampión en el norte de Dublín. En esa época los niveles de vacunación en Irlanda oscilaban en alrededor del 80%, mientras que en el norte de Dublín estaban por debajo del 60%. Hubo más de 300 casos con 3 muertos, 100 hospitalizaciones y varios niños que precisaron ventilación mecánica (McBrien, 2003). Algo parecido ocurre en diversas comunidades de EEUU, como ocurrió en la epidemia de sarampión en Indiana (Parker y col., 2006) o de tétanos infantil (Fair y col., 2002) cuyo padres se negaron a vacunarlos.
Las causas esgrimidas para rechazar las vacunas son muy diversas, confusas y muchas de ellas parten de informaciones parciales o inadecuadas. La efectividad de las vacunas ha quedado demostrada para muchas de ellas, siendo la única vía que ha tenido nuestra especie para eliminar un potentísimo patógeno como el virus de la viruela del planeta y estar en vía de hacer lo mismo con el virus de la poliomielitis. Los principales problemas relacionados con las vacunas fueron tratados en este artículo. Además un estudio ha revelado que muchos grupos anti-vacuna están económicamente sustentados por abogados que buscan clientes susceptibles de demandar ante la mínima reacción de la vacuna, supuestos expertos que escriben libros y cobran por conferencias sin tener ninguna experiencia biomédica y por vendedores de supuestas medicinas alternativas de dudosa efectividad ante serias infecciones, como los suplementos vitamínicos, terapias de quelación o cámaras de oxígeno hiperbáricas (Kent, 2009).
También es llamativo que uno de los argumentos que más se escuchen es que las vacunas sólo sirven para que la “despreciable” industria farmacéutica se enriquezca a nuestra costa. Se olvida en este discurso que las farmacéuticas tienen márgenes de beneficio muy bajos con las vacunas (Sheridan, 2009). De hecho, el número de compañías interesadas en producir vacunas va a la baja, ya que licencian un producto que genera escaso margen de beneficio (muchas de las vacunas son muy baratas), que le pueden restar clientela para muchos de sus productos y con el que corren graves riesgos, ya que al haber una población muy proclive a la demanda, el menor error en la manufactura, conservación o transporte les reportaría considerables cifras en pagos de demandas (incluyendo la mala imagen para la empresa) (Allen, 2007). Las “malvadas” empresas farmacéuticas ganan mucho más dinero con paliativos y medicina que tratan enfermedades que las vacunas podrían arrinconar. De ahí que los estados tengan que contribuir de forma muy significativa para la investigación en el desarrollo de vacunas contra la malaria o el SIDA, ya que una herramienta sanitaria de ese tipo supondría un fuerte recorte de beneficio a los productores de antimaláricos o antirretrovirales.
Pero siendo llamativas estas razones económico-sanitarias, que he comentado, éstas pueden ser sometidas a debate, lo que escapa más allá de la razón es esgrimir razones religiosas para impedir campañas de vacunación. Y esto se ha hecho y se está haciendo en todo planeta por diferentes grupos religiosos, siendo los movimientos fundamentalistas cristianos y musulmanes los que tienen un papel más destacado.
Entre 1873 y 1874 se organizó en Estocolmo una campaña contra la vacuna de la viruela. La campaña orquestada por grupos religiosos esgrimía la libertad individual de cada persona sobre los dictados sanitarios. Mientras que en el resto de Suecia la vacunación se ejerció sobre el 90% de su población, en Estocolmo bajó hasta el 40%. En el año 1873 se desató una potente epidemia de viruela en la capital sueca, lo que hizo cambiar de opinión a los grupos religiosos, parece que las libertades individuales quedaron en segundo término ante la potencial presencia de la muerte sobre sus cabezas (Nelson y Rogers, 1992).
Un grupo religioso holandés que se opone a la vacunación sufrió una epidemia de sarampión que sólo afectó a su comunidad. Hubo 2961 afectados, con 68 hospitalizaciones y 3 muertes, demostrando que el sarampión puede ser una enfermedad que hay que tener en cuenta incluso en países muy desarrollados (CDC, 2000)
En el año 2000 grupos religiosos nigerianos se opusieron a las campañas de vacunación contra la poliomielitis, el sarampión y la difteria. La OMS; junto con diversas organizaciones médicas no gubernamentales estaba en ese momento dando un duro golpe al virus de la polio, en su afán de erradicar esa enfermedad del planeta. Como consecuencia de la intransigencia religiosa nigeriana la polio apareció de nuevo en varias regiones de Nigeria desde donde se exportó a países vecinos. En el 2006 Nigeria acumuló la mitad de todas las muertes producidas por polio en el mundo (Clements y Greenough, 2006).
Algunos grupos fundamentalistas de EEUU han manifestado en público su oposición a que la vacuna contra el virus del papiloma humano se emplee en adolescentes ya que podría potenciar la actividad sexual entre jóvenes al sentirse libres de una enfermedad de transmisión sexual (Coyne, 2005)
Mientras que muchos de los motivos que alimentan las campañas anti-vacunación pueden ser debatidos y discutidos mediante educación, divulgación e información, los motivos religiosos que no recurren a la razón sino a imperativos de otra clase son más difíciles de abordar. Algunos grupos religiosos con el afán de controlar a su feligresía imponen un alejamiento de la ciencia y sus soluciones a problemas sanitarios, como si hubiese celo de que el “brujo de la modernidad” sea más atractivo que las soluciones aportadas por “el brujo de su tribu”. Además algunos grupos parecen temerosos de que disminuya el radio de acción de algunas enfermedades, que creen ellos que tienen la capacidad de controlar ciertas conductas. En el pasado las grandes plagas eran manejadas por los líderes religiosos para hacer ver a la población que la ira de su dios se había desatado por el mal comportamiento de la gente. Incluso hoy en día las enfermedades de transmisión sexual o el SIDA son señaladas como el castigo divino por la desviación del camino correcto. La desaparición de esos “castigos” y esas plagas les dejarían sin muchos de sus argumentos para someter a la población mediante el temor a su dios, lo que equivaldría a la dejar de obtener réditos de ese pavor. Y contra esa artimaña es más difícil de actuar ya no se soluciona sólo con divulgación y educación, va directa a otros sentimientos ocultos en los instintos más primitivos de nuestra especie.
Referencias:
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Clements CJ, Greenough P, Shull D (2006). How vaccine safety can become political – the example of polio in Nigeria (PDF). Curr Drug Saf 1: 117–119
Coyne, Brendan (2005-11-02). “Cervical Cancer Vaccine Raises ‘Promiscuity’ Controversy”. The New Standard. Retrieved 2006-08-28.
Fair E, Murphy TV, Golaz A, Wharton M (2002). Philosophic objection to vaccination as a risk for tetanus among children younger than 15 years Pediatrics 109 (1): e2
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McBrien J, Murphy J, Gill D, Cronin M, O’Donovan C, Cafferkey M (2003) Measles outbreak in Dublin, 2000. Pediatr Infect Dis J 22 : 580-584
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Parker A, Staggs W, Dayan G et al. (2006) Implications of a 2005 measles outbreak in Indiana for sustained elimination of measles in the United States. N Engl J Med 355: 447-455.
Pepys MB (2007) Science and serendipity Clin Med 7: 562–578.
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http://www.apostasiacolectiva.org/
