Tras más de tres décadas años con el grupo, Ron Wood todavía siente que carga con el rótulo de ser el "nuevo integrante", según relata en su flamante libro -Memorias de un rolling stone- en el que recupera vivencias imperdibles de sus majestades satánicas.
"He vivido la mayor parte de mi vida en una cárcel de oro", cuenta Ron Wood en 'Memorias de un rolling stone', libro que la editorial Global Rythm pondrá a la venta este viernes en España. El guitarrista explica en él cómo pasó de los ambientes obreros de Londres a amasar grandes fortunas, y describe sus excesos con las drogas, así como a las mujeres que ha amado y a los músicos y celebridades que ha conocido. El viejo eslogan de drogas, sexo y rock'n'roll define los tres ejes temáticos de la obra.
Wood nació en una vivienda de protección oficial en Yiewsley, cerca del aeropuerto de Heathrow. La vena musical le viene de su padre, habitual de una entrañable y mugrienta taberna donde "cantaba y aporreaba las teclas del piano, yo siempre sabía cuándo estaba tocando porque no paraba de desafinar". Era, en fin, "un lugar lleno de botellas y canciones, peleas, cerveza y rostros fabulosos, como salido de una novela de Dickens".
El lector –sólo aquellos que consigan el libro a través de Internet- seguirá su paso por sus primeras bandas (los Thunderbirds, que pasaron a llamarse Birds, el Jeff Beck Group, donde coincidió con Rod Stewart, los Small Faces, más tarde los Faces), en una época donde tocaban en los mismos clubs Eric Clapton, los Who o los Rolling Stones, que, como es sabido, iniciaron su andadura sin Wood, por lo que siempre se ha sentido "el chico nuevo" aunque lleve más de treinta años en sus filas.
Tras rememorar algunas giras con sus primeros grupos, recuerda que sus destrozos de mobiliario en hoteles "provocaron que los Faces fuéramos el primer grupo al que se le prohibió la entrada en la cadena Holiday Inn".
En esos años pre-Stones, en Londres compartió casa con Jimi Hendrix durante seis meses. "Una noche estábamos tumbados en la habitación llena de cojines que teníamos en la casa. Habíamos encendido velas e incienso y estábamos hablando de guitarras. Me mostró cómo podía tocar con ambas manos (...), y yo estaba allí mirándolo embobado. Aquello era algo de lo más alucinante, me tenía totalmente fascinado, pero lo que más me impactaba de él era la poca confianza que tenía en sí mismo. No podía dar crédito. Esa noche me confesó que odiaba su voz, que no se soportaba cantando y que le gustaría estar en el escenario simplemente tocando".
Wood tuvo contacto profesional con casi todos los grupos de la época gracias al estudio de grabación que montó en su casa. Cuando los Stones hicieron audiciones para reemplazar a Mick Taylor, a la final llegaron Jeff Beck, Eric Clapton y Wood. Clapton le dijo a Wood: "Yo soy mejor guitarrista que tú". Y Wood le respondió: "Sí, pero buscan a alguien que pueda convivir con ellos".
El autor no alberga ninguna duda sobre quién es el líder musical del grupo: Keith Richards. "Los Stones no se reducen sólo a Mick. El primer plano estelar que ocupa Mick es algo que le va muy bien, pero sin Keith no habría banda. En otros grupos, se sigue al batería. En los Stones, seguimos a Keith".
Ello no es óbice para que reconozca sus violentas peleas con Richards, quien le hirió con el vidrio de una botella en un hotel en los años ochenta, un ataque tras el cual "Keith sacó su navaja automática, con una enorme hoja jamaicana, la acercó a mi garganta y me advirtió: 'Voy a matarte'. Le lancé una mirada furibunda y le dije: 'Muy bien, pues adelante'. Se me quedó mirando un largo rato, sin dejar de presionar la hoja contra mi garganta, y por fin dijo: 'Te rajaría la puta garganta, pero tu novia nunca me perdonaría'".
En la grabación de un disco en París en 1985, Wood revela que la relación entre Jagger y Richards, "como cualquier matrimonio formado por personas de carácter muy fuerte, estaba atravesando la típica crisis", así que "los horarios se organizaron de forma que Mick y Keith no coincidieran en el estudio". Poco después, "Keith y Mick dejaron de hablarse", y él hizo de intermediario entre ellos. Hasta 1988 no se reunieron todos de nuevo tras dos años de no hacerlo.
Del generoso desfile de amantes de Wood, destacaremos -por lo curioso- a Margaret Trudeau, primera dama de Canadá, con quien tuvo una relación en 1977, mientras su esposo estaba muy ocupado dirigiendo aquel país: "Debería haber imaginado que era alguien muy importante, porque siempre tenía a guardaespaldas de la Real Policía Montada de Canadá siguiéndola a todas partes. Era una historia que no podía salir a la luz en aquel momento. Lo cierto es que hubo mucha química entre nosotros. Pasábamos la mayor parte del tiempo en la habitación de Keith. Ningún miembro de la banda me juzgó por lo que estaba haciendo".
De su etapa en Los Ángeles, brillan algunas anécdotas, por ejemplo, las de sus veladas con Cary Grant y Tony Curtis, quien le confesó su odio por Marilyn Monroe. Y, el día en que se decidió a visitar al más célebre de los hermanos Marx, "nos abrió Groucho en persona, me echó una mirada y dijo: 'Es el corte de pelo más estúpido que he visto en mi vida. ¿Eres hombre o gallina?'".
Otros personajes que aparecen en la obra son Bob Dylan, Mohamed Ali, Hillary Clinton, Madonna, Kate Moss, Johnny Depp, John McEnroe e incluso, en un breve cameo, el tenista español Rafael Nadal.
Revista Ñ
http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2008/11/20/_-01806785.htm

