LA TANTA MICHA
La tanta micha o víbora de coral habita los campos de Santiago del Estero.
Hace muchísimos años existía en nuestra provincia una tribu al mando de un cacique que era valiente y generoso, más su esposa era egoísta y mala. Cierto día en que la india se encontraba trabajando frente a un horno se presentó una anciana. La desconocida pidió a la orgullosa esposa del cacique un pedazo de pan. Ésta, furiosa, le dijo:
- Ve a trabajar. Aquí tienes la batea donde yo he amasado. Prueba de sacar la masa adherida y si consigues formar un pan, es tuyo.
Con paciencia, fue sacando la desvalida mujer, la masa adherida. ¡Oh, milagro! cuanto más raspaba, más panes iba apilando. Se disponía a marchar, cuando un grito hizo detener a la anciana. Muy cerca la esposa del cacique sacaba apresuradamente los panes del horno convertidos en carbón. Indignada se acercó a la anciana y arrebatándole los panes, le dijo:
- Márchate de aquí, estos panes no te pertenecen. Mía es la batea, la masa, todo.
La pobre mujer se retiró cabizbaja, pero antes de partir pronunció estas palabras:
- Por haber mezquinado el pan a un hermano, pasarás el resto de tus días arrastrándote.
La esposa del cacique trató de implorar, pero todo fue en vano. Su cuerpo adquirió la forma de una víbora con anillos rojos, blancos y negros como las guardas de su poncho. Convertida así en tanta micha, comenzó a reptar por el suelo hasta perderse en la espesura.
Esta leyenda quiere hacer reflexionar sobre el egoísmo y la falta de caridad, que llevan al hombre a convertirse en un animal temido y solitario como la víbora.
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