Registrate y eliminá la publicidad! Como cuando se inauguran los juegos olímpicos o un campeonato mundial de fútbol, como cuando se elige a un Papa, o como cuando sucede un magnicidio conmovedor e ilustre, la elección presidencial de los Estados Unidos volvió a apretarnos y amontonarnos en una “Aldea” mediática. Todos, hasta en las sociedades pertenecientes a países líderes, fueron y fuimos un poco provincianos. Un poco cholulos. Pero lo bastante humanos como para que aún si se tuvieran aprensiones de cualquier tipo hacia el Imperio, esta vez la expectativa lograba postergarlas. La anunciada llegada del primer presidente negro ( que en realidad es mulato) en el oscuro contexto del derrumbe económico de la primera potencia, acentuaron como nunca antes el interés y el acercamiento global. El cada vez más impresionante sistema de comunicaciones que entrelaza hasta los pedazos y fragmentos más dispersos de los pueblos del planeta, anudándolos con la prepotencia irresistible de la Gran Noticia, multiplicó y potenció tal vez la más vasta teleaudiencia hasta hoy conocida. Esos registros que hasta hoy contenían la muerte de Lady Di y el funeral del Papa Juan Pablo como los acontecimientos más vistos y atendidos de la historia humana, ven inscribirse un nuevo acontecimiento. Antes había sido el asesinato de Kennedy pero aquella época era-frente a la actual-primitiva respecto a las telecomunicaciones. La consagración de Barak Obama es posible que ingrese a ese podio del hipotético rating planetario. Queda para el pensamiento más intuitivo o más cartesiano ilusionarse o desentenderse de ilusiones periféricas. Esperar más de lo que la esperanza espera, o excederse en el temor de que el negro vire al blanco. Pero desde afuera del escenario, siendo extranjeros pero con las inevitables influencias históricas, culturales y políticas que nos atraviesan queriendo o no queriendo, pudimos ver a un pueblo norteamericano emocionado y sensible. Estaba allí en las calles como cualquier pueblo que se precie y sin pudor de expresar sus sentimientos. Y otra vez ese país fantástico de los bienes y los males, reivindica su centralidad histórica. Y como si su gran fábrica de sueños no fuera únicamente Hollywood, como si todo los Estados Unidos fueran esa fábrica de sueños, saca de su fenomenal galera de magia este nuevo asombro. Convierte el gol del triunfo con la mano de Dios: la de los votantes. Esos mismos que tantas otras veces tuvieron inclinaciones que acabaron feroces y que sufrieron en otras partes. Por eso, en momentos en que todo el Gran país parecía empequeñecerse a los ojos del mundo, y justo cuando exportaba más sombras que nunca, se reivindica. Le bastó el simple gesto de una mano en la urna. Fue un pase de magia negra. Autor: Orlando Barone Fuente: http://continental.com.ar/noticias/704339.asp 
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