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Registrate y eliminá la publicidad! Si hay algo que no merece nostalgias de ninguna persona democrática son los años en que no había democracia. Aunque hay todavía, gente que siente nostalgias y nada se puede hacer democráticamente para que no la sienta. Eso es lo que tiene la democracia: que no reprime, y no solamente la nostalgia. En la “no democracia” las tapas de los grandes diarios que hoy leemos con afición debían pasar antes por el control de los militares. Lo que leíamos entonces era únicamente aquello que a los diarios y periodistas les estaba autorizado publicar. Todos convivíamos cómplices de la resignación a la censura. Se nos concedía enterarnos de aquello que los otros querían enterarnos. Las radios y la televisión eran también un reflejo obediente. Lo que hoy es natural y democrático- criticar, denunciar y acusar a gobiernos y funcionarios con pruebas, sin pruebas o porque se nos da la gana- en los tiempos de la “no democracia” era mortal. No había opositores ni oficialistas : la política estaba prohibida. En ningún barrio había asambleas vecinales para reclamar nada. Los vecinos estaban tan callados que parecían mudos. La gente caminaba y conducía los autos disciplinadamente. En las plazas y parques no había nadie que osara tomar sol en malla. Una remera con leyenda era sospechosa y temeraria. Un arito en la oreja una condena. Ya ni nos dábamos cuenta que nos habíamos acostumbrado a hablar en voz baja. Éramos tan educados que daba miedo de que estuviéramos muertos. Cuando uno viajaba a otro país democrático se daba cuenta que allá sí estaban vivos. ramos raros porque no les teníamos miedo a los asaltantes como ahora porque los asaltantes también tenían miedo. A los que les teníamos miedo era a los policías. El Congreso era un edificio. Escribir un grafitti era un alto riesgo. No encender las luces de interior del auto si la policía lo detenía en un procedimiento, era un acto suicida. Todos automáticamente pálidos se bajaban del auto y decían si señor , si oficial, si coronel. Si y si. Porque el “no” era patrimonio de quienes mandaban. Era una sociedad distinta. Yo era distinto. Hoy me veo en aquel tiempo tan indeciso y cobarde que mejor sería no recordarme. Mis nietos a lo mejor me perdonan, pero yo no. Los jóvenes no tienen ese lastre. No entiendo que aún haya gente con nostalgia. Amaban tanto el orden que no se sentían mal que les impartieran órdenes. Para sentirse reprimido hay que saber qué es sentirse libre. Es paradójico, pero algunos que hoy se rasgan la garganta y denuncian que no viven en democracia, se la pasan diciéndolo a los cuatro vientos, contradiciéndose. Sin democracia no existiría el debate acerca de la jubilación estatal y privada. A nadie se le ocurriría objetar el tren bala. Ni incendiaría trenes por bronca: porque la bronca era exclusividad legal de quienes mandaban. No existirían los sabios que saben cosas del Gobierno que nadie sabe, y a veces ni el gobierno. De Angeli y D´Elía serían anónimos. Los travestis se vestirían de machos. No habría carpas frente al Congreso porque no habría quienes les alquilaran las carpas. Tampoco habría lock out rural ni piqueteros. Los maestros dictarían clase todos los días. Ya no. La “no democracia” es un pensamiento viejo. La prueba es que Alfonsín ha atravesado ideologías y partidos convirtiéndose en un símbolo vivo. Y que cada cual puede decir lo que quiera en el medio de la calle y de la vida. Pero la más feliz prueba de la democracia- la más fantástica- es que hay un vicepresidente opositor al Gobierno. Y que sonríe. Autor: Orlando Barone Fuente: http://continental.com.ar/noticias/700661.asp Que grande Barone, el periodista que más respeto actualmente. <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Registrate y eliminá la publicidad! La dinastía Rothschild: Muchas de las «corrientes» masonicas fueron infiltradas por otras sociedades más poderosas cuya meta era usarlas para establecer otro concepto de Nuevo Orden Mundial, sobre la base de la ideología «enliliana». El objetivo era obtener el control de los pueblos privándoles de sus derechos individuales para ser dirigidos por un único líder. En esta línea se produce la infiltración en las logias masónicas por los Illuminati de Baviera en 1789, cuando esta sociedad secreta se hizo con el control de la mayor parte de ellas, no sólo en Europa sino también en Estados Unidos. Los Illuminati ofrecían un atajo para poder llegar supuestamente al mismo fin. En vez de tardar siglos, prometieron realizarlo en muy pocos años. Lógicamente, unas promesas de esta índole no habían sido hechas en balde por el fundador de dicha sociedad secreta, Adam Weishaupt, que contaba con el apoyo económico de uno de los hombres más ricos e influyentes de la época. Se trataba del poderoso Meyer Amschel Rothschild (1743-18 12), el cual adquirió notoriedad cuando el príncipe Guillermo IX de Hesse-Hanau le eligió como banquero personal. Después, cuando el príncipe tuvo que huir a Dinamarca debido a conflictos políticos, dejó 600.000 libras al cuidado del banco Rothschild. Más tarde, Nathan Rothschild (imagen) llevaría esta suma a Inglaterra para abrir una oficina bancaria. El oro empleado como fianza procedía de la East India Company (Compañía del Este de India). Nathan obtuvo un beneficio del 400 % al prestar billetes de banco al duque de Wellington para financiar sus operaciones militares, acrecentando sus ganancias gracias a la venta ilegal del oro que sirvió como fianza. Esta operación fue el origen de la inmensa fortuna de la familia Rothschild. El Nuevo Testamento de Satanás: En su testamento, Rothschild dejó instrucciones para gestionar la riqueza de la familia en el futuro. Según el escritor alemán, Jan van Helsing, Meyer A. Rothschild celebró en 1773 una reunión secreta en Frankfurt con doce influyentes patrocinadores judíos para diseñar un plan global que controlara la riqueza total del mundo. Por su parte, para W. G. Carr, este plan se convertiría más tarde en los polémicos «protocolos de los sabios de Sión». Este documento, considerado falso por la mayoría de los analistas, fue mantenido en secreto hasta 1901, cuando cayó en manos de un profesor ruso, S. Nilus, que los publicó con el título «El peligro judío». Ya sea casualidad o algo calculado, los veinticuatro protocolos describen una situación muy parecida a la que estamos viviendo en estos momentos. El informe de la reunión de 1773 cita, entre otras, las siguientes conclusiones para acceder al control global de la riqueza, siempre conforme con la ideología Illuminati: • Control de la opinión pública mediante estrategias de confusión dirigidas hacia la población. • Promover malas costumbres entre la gente hasta que no se entiendan unos a otros. • Estimular la envidia, el odio, las disputas y las guerras con ayuda de la privación, el hambre y las plagas hasta que se sometan a las leyes de los Illuminati. • Favorecer el hedonismo y la búsqueda continuada de placer. • Destruir el pensamiento libre, creando un estado de opinión favorable a los Illuminati. • Conseguir el control del mundo por medios indirectos, socavando los cimientos de la libertad auténtica, la justicia, el sistema electoral, la prensa y sobre todo, la educación y la cultura. • Sembrar por todas partes la discordia, los conflictos y la hostilidad para amenazar a los paises y neutralizar su resistencia. • Los presidentes de los Estados se elegirán entre los siervos de los IIluminati y todos tendrán un pasado dudoso para que sean ejecutores fieles de las directrices impuestas. • El presidente tendrá la capacidad de declarar el estado de guerra dando el control de las fuerzas armadas a los Illuminati. • Provocar crisis económicas mediante la retirada repentina de divisas en los mercados causando la ruina de las naciones. Al final del texto, bautizado con el nombre del Nuevo Testamento de Satanás, dice: «Todas estas medidas obligarán a los pueblos a entregar el control mundial a la sociedad de los Illuminati. El nuevo gobierno mundial aparecerá como patrón y benefactor de las naciones que se someterán voluntariamente. Si un Estado se opusiese, entonces sus vecinos le declararán la guerra. Si los Estados vecinos quisieran aliarse, habrá que desencadenar una guerra mundial». Nota: lindos muchachos los Illumianti... <a href="http://ads.us.e-planning.net/ei/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?it=i&rnd=$RANDOM" target="_blank"><img width="728" height="90" alt="e-planning.net ad" src="http://ads.us.e-planning.net/eb/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?o=i&rnd=$RANDOM" border=0></a>
Registrate y eliminá la publicidad! Como cuando se inauguran los juegos olímpicos o un campeonato mundial de fútbol, como cuando se elige a un Papa, o como cuando sucede un magnicidio conmovedor e ilustre, la elección presidencial de los Estados Unidos volvió a apretarnos y amontonarnos en una “Aldea” mediática. Todos, hasta en las sociedades pertenecientes a países líderes, fueron y fuimos un poco provincianos. Un poco cholulos. Pero lo bastante humanos como para que aún si se tuvieran aprensiones de cualquier tipo hacia el Imperio, esta vez la expectativa lograba postergarlas. La anunciada llegada del primer presidente negro ( que en realidad es mulato) en el oscuro contexto del derrumbe económico de la primera potencia, acentuaron como nunca antes el interés y el acercamiento global. El cada vez más impresionante sistema de comunicaciones que entrelaza hasta los pedazos y fragmentos más dispersos de los pueblos del planeta, anudándolos con la prepotencia irresistible de la Gran Noticia, multiplicó y potenció tal vez la más vasta teleaudiencia hasta hoy conocida. Esos registros que hasta hoy contenían la muerte de Lady Di y el funeral del Papa Juan Pablo como los acontecimientos más vistos y atendidos de la historia humana, ven inscribirse un nuevo acontecimiento. Antes había sido el asesinato de Kennedy pero aquella época era-frente a la actual-primitiva respecto a las telecomunicaciones. La consagración de Barak Obama es posible que ingrese a ese podio del hipotético rating planetario. Queda para el pensamiento más intuitivo o más cartesiano ilusionarse o desentenderse de ilusiones periféricas. Esperar más de lo que la esperanza espera, o excederse en el temor de que el negro vire al blanco. Pero desde afuera del escenario, siendo extranjeros pero con las inevitables influencias históricas, culturales y políticas que nos atraviesan queriendo o no queriendo, pudimos ver a un pueblo norteamericano emocionado y sensible. Estaba allí en las calles como cualquier pueblo que se precie y sin pudor de expresar sus sentimientos. Y otra vez ese país fantástico de los bienes y los males, reivindica su centralidad histórica. Y como si su gran fábrica de sueños no fuera únicamente Hollywood, como si todo los Estados Unidos fueran esa fábrica de sueños, saca de su fenomenal galera de magia este nuevo asombro. Convierte el gol del triunfo con la mano de Dios: la de los votantes. Esos mismos que tantas otras veces tuvieron inclinaciones que acabaron feroces y que sufrieron en otras partes. Por eso, en momentos en que todo el Gran país parecía empequeñecerse a los ojos del mundo, y justo cuando exportaba más sombras que nunca, se reivindica. Le bastó el simple gesto de una mano en la urna. Fue un pase de magia negra. Autor: Orlando Barone Fuente: http://continental.com.ar/noticias/704339.asp <a href="http://ads.us.e-planning.net/ei/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?it=i&rnd=$RANDOM" target="_blank"><img width="728" height="90" alt="e-planning.net ad" src="http://ads.us.e-planning.net/eb/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?o=i&rnd=$RANDOM" border=0></a>
Registrate y eliminá la publicidad! ¿Qué se le puede hacer a este Gobierno para desgastarlo sin que parezca una reacción destituyente? Aparte de desaprobar todas sus propuestas y aparte de decirle que “no” a todo cuanto intente, ¿qué más cosas habría que hacerle? No me digan que cerrar la fábrica de carteras Vuitton, porque ese recurso es viejo y además la presidenta ya se las compró todas. Tampoco se les ocurra la idea de fundar una escuela exclusivas de periodistas opositores. No hace falta. Se hacen opositores solos, sin estudiar. Lo original sería al revés: una escuela de periodistas “no” opositores. Pero nunca van a tener el éxito de aquéllos porque en la Argentina tiene más éxito social y es más rentable oponerse. Hay que hacer algo nuevo: alentar la creatividad. Por ejemplo acaba de idearse un recurso mediático interesante: las madres del dolor por la inseguridad llevarán pañuelos negros en la cabeza en lugar de blancos. Sí, ya se sabe que es un burdo plagio, pero el mercado igual lo consume. Para las marchas a favor de las AFJP sería ingenioso que todos los futuros jubilados privados prósperos lucieran bermudas y sandalias playeras y llevaran en la mano un pasaje vip a Cancún, paraíso al que irían cuando las AFJP les pagaran en dólares su grandes jubilaciones. Allá en la playa los estarían esperando bronceados, los gerentes que cobraron las comisiones y que tienen veraneo vitalicio. Además debería haber otras marchas. Siguiendo la corriente de marchas prósperas se podría hacer un favor del segmento más rico de la población. Se concentrarían frente a los countries con sus equipos de contadores y especialistas en pases de magia. Y demostrarían en vivo el esfuerzo clandestino que les demanda maquillar el pago de impuestos para no ser robados por el fisco. También en las marchas de reclamos contra el crimen se podrían pasar en una pantalla gigante escenas de Afganistán donde son destripados inocentes, porque los talibanes se esconden y entonces algún otro la tiene que pagar. Un inocente destripado abrazando un osito de peluche sería una asociación sensata para comparar con lo que se dice que está pasando acá. Las protestas contra la inseguridad deberían hacerse poniéndoles una funda de luto a las cámaras de televisión y haciendo desfilar un batallón de rottwailers con muñones humanos más bien morochos entre sus dientes. Las protestas “campestres” deberían renovarse. De Angelis se repite y agota. Además en la pantalla da demasiado rabioso. Y la cara del rabino Bergman no compensa. Tiene el rictus del gestor de una sinagoga que nunca recibe donaciones. Y faltan aún tres años que parecen trescientos. “Desgastar” al Gobierno, mientras no sea malintencionado, es tan válido como lo que hace el Gobierno para dañar a propósito a los buenos ciudadanos. Por suerte la democracia argentina tiene más aguante que sus votantes rabiosos. Autor: Orlando Barone Fuente: http://continental.com.ar/noticias/705123.asp <a href="http://ads.us.e-planning.net/ei/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?it=i&rnd=$RANDOM" target="_blank"><img width="728" height="90" alt="e-planning.net ad" src="http://ads.us.e-planning.net/eb/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?o=i&rnd=$RANDOM" border=0></a>
El pensador francés André Gluczmann se pregunta: ¿La estupidez es de la derecha o de la izquierda? Y se responde: “La estupidez va en todas direcciones. El hombre es el único animal capaz de transformarse en un imbécil”. Aquí es el momento de prestar atención- no ya a la banal guerra de las vedettes o a la batahola silvestre de los barras bravas - sino a la violencia verbal que se emplea para atacar a este Gobierno. No da miedo sino vergüenza. Es natural que el enemigo lo quiera “desgastar”, lo antinatural es que lo ponga sobre aviso. Es que no conforme con desgastarlo quiere humillarlo, avisándole. Mojarle la oreja en público. Recuerdo que ante una persona atacada de furia el escritor triestino Italo Svevo se preguntaba: ¿Es inteligente o es estúpida? La idiotez culta presume inteligencia, de ahí el encantamiento erróneo que provoca. Cabría otra pregunta: ¿Por qué hay tantos estúpidos entre los inteligentes? Algunos de estos insultadores políticos a que me refiero suelen hacer un gesto de suficiencia apenas acaban de proferir un agravio que ellos suponen una genialidad lingüística. En ese papel se sienten aplaudidos por otros que si fueran notorios también insultarían al Gobierno ante cada micrófono. Dentro del pueblo existe un pueblo de insultadores convencidos de la legitimidad de sus insultos. Se trata de una moda exitosa. La de derramar palabras enlodadas con efecto mediático. Importan al clima del escándalo. La liviandad con la cual se propagan epítetos y descalificaciones ominosas son de tal exageración que hay que tener mucha mala fe o mucha idiotez ética para considerarlas válidas. Peor que la estupidez inmoral o amoral, es la estupidez “ultramoral” que algunos creen encarnar. Hasta hay pastores y rabinos fanáticos de esta tendencia. Son como la inquisición ultramoral de la política. Ojalá que esta épica belicosa contra un gobierno popular y pacífico sirva para ilusionarnos que si otra vez nos dominara una dictadura terrible los belicosos no se van a esconder sino que van a reaccionar aún peor que contra este gobierno. Y que serán capaces, como ahora insultan, de insultar en la cara a los dictadores. No hace falta dar nombres: sus firmas y sus voces ilustres avalan la procedencia. Y se asientan sobre un diccionario donde abundan las palabras ladrones, corruptos, saqueadores, mentirosos, bandidos, mafiosos etc. Y cuando un/o una injuriante profesional desparrama esas metáforas brutales acerca del Holocausto o de los condenados de Varsovia- comparándolos irresponsablemente con la situación argentina actual- en lugar de darle prensa, merecería un aplazo público por esas desafortunadas metáforas. Flaubert, en “Reflexiones sobre la condición humana”, dice: “Una mollera vacía no está realmente vacía; está llena de basura”. En política hace falta un movimiento ecológico contra la estupidez y el insulto. Autor: Orlando Barone Fuente: http://continental.com.ar/noticias/703382.asp
Para ser sinceros, no deberían existir villas miseria como la Villa 31. Pero existen y tienen muchos años. A medida que se iban multiplicando aquí y allá los asentamientos precarios, se iban multiplicando aquí y allá los countries y los barrios cerrados. Hoy hay más countries que villas; pero más villeros que vecinos bronceados. Es que el espacio discrimina y a “los más” les corresponde menos espacio. Se editan páginas exclusivas para countries, pero no hay páginas exclusivas para barrios pobres, salvo las policiales. Cuanto más cumplían los pobres con el precepto “creced y multiplicaos” menos casas tuvieron. Y cuanto más ricos se hicieron los ricos levantaron más casas y más grandes. Desde hace tiempo se ha hecho bastante incómoda la convivencia de seres todos con alma, pero envasados en packaging distintos. Los ricos, los semi-ricos y los convencidos de que son ricos no quieren saber nada de los pobres. Y paradójicamente los pobres, a medida que los ricos quieren distanciarse y se mudan lejos o se encierran, se les pegan al lado de las murallas, o al borde de la autopista que conduce al palacio. No sea cosa que pretendan olvidarlos. Hay que tener anticuerpos finos, para contemplar tanta miseria desde arriba de una autopista a bordo de un auto cuyo tablero habla y canta y da masajes. ¡Si al menos el automovilista estuviera seguro de que paga todos los impuestos sin hacer trampa! Los que tuvimos aquí alguna modesta suerte argentina crecimos y nos educamos en un país desparejo: como la mayor parte del mundo. Aunque bastante menos aquí, pero igual brutalmente desparejo. Hace décadas no nos parecía tan cruel porque se podían comprar esperanzas sin desconfiar en el que las vendía. Hoy el contraste nos choca en la cara. Digo en la cara y no en el corazón porque eso está por verse. No todos lo tienen en funcionamiento en la dirección adecuada. Ahí está la publicidad dirigida a quienes consumen, pero a la que también ven quienes solo consumen el aviso. No sé si quien desde una choza mira en la tevé un palacio colmado de manjares y un auto carísimo cargado de lujuria, sueña con que el destino alguna vez le depare todo eso, o siente que es un idiota que permite que otro humano se le ría en la cara cuando él llora. Se dice que es la educación la que detiene esta idea incivilizada. Creo ser mediocremente educado y sin embargo hay veces que viendo en la pantalla la riqueza desbordada, siento ciertos deseos inconfesables. Es probable que yo mismo esté ofreciendo a otros la tentación de sentir hacia mí deseos peores. Sé que la riqueza desbordada delante del que desborda de pobreza, se lo busca. No es lícito creerse impune desnudándose lascivamente ante los ojos del que lo único que todavía no perdió es el deseo. Lo de ayer de la Villa 31 excede largamente la cosmovisión inmobiliaria vip del Gobierno de Macri; también la del Gobierno Nacional, si es que debajo de su discurso tiene alguna verosímil; y excede además las cosmovisiones del café o de la cola del banco donde todos opinamos al pedo. Sí, como ese pedo acobardado e hipócrita que ayer describió aquí Serrat y que da asco. Frente a una villa, sé que desde algún escondite, un monstruito agazapado en mi inconsciente la juzga desde el rechazo, el desdén y el prejuicio. Es un canalla que reprimo porque me da vergüenza. Es el que dice que a esa gente “le gusta” vivir en ese estado. “Le gusta”. Son masoquistas. Para el monstruito la solución es simple: acabar con las villas sea con palas mecánicas o con palos. Sin villas no habrá villeros. Es fácil. Autor: Orlando Barone Fuente: http://continental.com.ar/noticias/714492.asp
Registrate y eliminá la publicidad! Dos hechos o situaciones escandalosas ocupan el centro de las noticias en los últimos tiempos: el caso de la valija y el del Indec. Es como si estuvieran programados para sorprender e indignar cada día. Ambos distintos pero coincidentes como sospechas. Alimentan la creencia de que tienen gato encerrado y de que en ambos casos el Gobierno miente. Por eso ha pasado a ser descreído aún en cuestiones creíbles. A falta de pruebas, todavía en trance, están las frecuentes revelaciones de Miami y las de las góndolas. El silencio o reserva del Gobierno parece otorgarles más verosimilitud que las que tienen o que las que no tienen. No le sirven de compensación ninguna de sus acciones positivas: sean de orden macroeconómico, de solidez fiscal, de alta productividad y de achicamiento del desempleo a tasas mínimas. Tampoco parece servir de compensación la gira de la presidenta en diálogos en el centro del poder, en Estados Unidos; o actuando en situaciones financieras globales. Ni el reconocimiento internacional que recibe por la campaña por los Derechos Humanos. Ni la prudencia pública sin represión ante provocaciones de diverso signo político, a veces violentas o incendiarias; ni el restablecimiento de la mejor Corte Suprema de Justicia que se haya tenido. Lo que la opinión pública privilegia, lo que los medios privilegian, lo que la oposición privilegia son esos dos escándalos. No hay día en que no seamos informados de las peripecias de la valija o de los precios del supermercado subiendo. Sobre el Indec la opinión pública comprueba que la verdadera inflación es la que la damnifica al comprar y no cuando el Indec publica su índice. Consultorias interesadas potencian con ganas ese descreimiento. Con la valija pasa algo altamente sospechoso: un personaje también sospechoso es el que pone en jaque con sus confesiones a una parte del Gobierno. O al gobierno entero. Es triste que un itinerante caribeño ya identificado como truhán o aventurero sea el acusador, y al que se le otorga más credibilidad que a las autoridades elegidas libremente. Pero es lo que está sucediendo. El Gobierno ha aportado lo suyo: el avión y más que vagos indicios de su incumbencia. La saga folletinesca es entretenida desde el punto de vista de la curiosidad pública. Y da la impresión de que si se prolonga el parlamento de Antonini Wilson, en el avión de la valija ya no vinieron únicamente 800 mil dólares. Vinieron más: porque se agregaron otros cuatro millones. Si el ex gordo continúa inspirado, el conteo podría alcanzar así sumas clandestinas inimaginables. Claro que si se excede en los millones el peso habría impedido que el avión levantara vuelo. Así están las cosas. En medio de esto importa menos lo que la presidenta haga para destacarse y para producir hechos de gestión ventajosos o para justificar que su mandato tiene alguna porción válida o virtuosa. Pero así como sería estúpido defender al Gobierno si se demostrara que está involucrado oscuramente, sería estúpido desear que ganaran los escándalos para que el gobierno perdiera. Porque la que perdería otra vez es la golpeada política argentina. La confianza social. La valija y el Indec ocupan el centro de la escena. A lo mejor es desproporcionado, si se piensa que un país no se resume en dos escándalos. Pero las proporciones son lo de menos: porque la desmesura tiene más rating. La opinión pública es la que manda y la que decide lo que consume. Y los medios confían en reflejarla fielmente. El espectáculo así como está tiene mucho éxito. Y la mentira se le atribuye al gobierno. Autor: Orlando Barone Fuente: www.continental.com.ar <a href='http://207.182.129.178/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://207.182.129.178/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Registrate y eliminá la publicidad! “El público saltaba alrededor del fuego” dijo en el juicio el guitarrista de “Callejeros”. Pero antes, en Cromagnon, habían arrojado las bengalas al techo. La imagen de jóvenes excitados por el fuego saltando alrededor como los mohicanos y los sioux de viejas películas del oeste, deja estupefactos. Como también causa estupor que pasajeros maltratados por atrasos le prendan fuego a otro vagón de tren. Y últimamente cunde esa humareda de campos, con esos inesperados fuegos de pastizales que nadie enciende y que nadie apaga ,hasta que el fuego quiere. Algo hay en el fuego de simbolismo sombrío. O también iluminado. La idea del fuego “purificador”- que quema y consume- se extiende por los tiempos en todas las culturas desde Oriente a Occidente. Para purificarse, claro, antes hay que haber sido incinerado. ¿Qué ocurre entre tantos fuegos argentinos recientes? ¿Quién los inspira y los incita y los alimenta? ¿La calentura social, la indignación colectiva, la furia insatisfecha? Hay quienes hasta dicen que todavía es poco lo que se incendia. Si proyectaran su pesimismo el país se colmaría de bonzos. El fuego que amenaza y destruye exige que se apague. Aunque lo mejor sería no encenderlo. Pero lo que parece fácil- una simple actitud voluntaria de precaución o abandono del impulso- es difícil en una sociedad que no espera. Que no cree. Que se siente purgada si se descarga, que cuando rompe o destruye algo público o del otro cree que hace justicia. Y cuya impaciencia es mayor que la paciencia que parece exigirle la burocracia política. Que el músico de Callejeros haya dicho eso que dijo: “Que los chicos y la gente bailaban alrededor del fuego que caía del techo”, refleja aspectos de una sociedad combustible. Un gobierno no produce ni fabrica la calidad de la gente a la cual gobierna, pero es responsable de su estado de ánimo colectivo. Y aunque no tiene la culpa, de que no seamos escandinavos ni cultivemos el nirvana espiritual, tiene la culpa de que creamos más en el fuego que en evitarlo. No sé si el lenguaje de los medios- de nosotros- predispone a la tolerancia y a la calma o incentiva el efecto combustible. Todas esas expresiones de reporteros, que dicen “la gente tiene bronca”, “la gente está harta”, “la gente es víctima”, no suenan como pronunciadas para esparcir alivio ni inducir a la paciencia. Lo cierto es que hay demasiados brotes ígneos en la superficie social argentina. A lo mejor creemos que merecemos buenos trenes, mejores transportes, salas para recitales con todas las salidas habilitadas, tránsito sin caos, calles sin bloqueos, soja sin retenciones, docentes con aumentos, menos pobres, menos crimenes, menos tragedia. Y yo más rico. Muchos esperan que cambie el Gobierno. Y hasta tanto eso no llegue está el consuelo de las llamas. Hay que tener cuidado con los fuegos. Hay que tener cuidado con rechazar a un gobierno y a otro. Y de fantasear la quimera de que los ciudadanos somos mejores que los políticos que nos gobiernan. De dónde sacamos semejante desacierto antropológico y semejante utopía moral. Por eso nos agarran metejones con los que todavía son candidatos, y cuando los elegimos y gobiernan empezamos a putearlos. Las bengalas, paradójicamente usadas como símbolo de algarabía y fiesta, construyeron la destrucción de Cromagnon. No hay fuegos tiernos cuando la sociedad es feroz. Autor: Orlando Barone Fuente: http://www.continental.com.ar/noticias/676218.asp Brillante, Barone, brillante! Con el título de una cuento de Cortázar reflexiona lúcidamente sobre la polémica mas dramatizada de los últimos tiempos. BRILLANTE <a href='http://207.182.129.178/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://207.182.129.178/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
El vicepresidente omnipresente Si la presidenta no vuelve pronto, Julio Cleto Cobos va a continuar su programa presidencial deseándole suerte por teléfono a Antonini Wilson y enviándole una felicitación al fiscal de Miami. Y si le da el tiempo va a expresarle su solidaridad a los Estados Unidos, diciendo que no es verdad que el capitalismo cae por el efecto jazz, sino que seguirá lo más campante porque es indestructible. Lo que está haciendo Cobos, en ausencia de Cristina Fernández, es un intenso trabajo de activista opositor oficialista. Y de actor secundario que quiere robarle la película a la estrella aprovechando que la estrella, que hace poco se extravió entre los silos, está siendo “desiluminada” por la sombra de una valija. Cobos corre maratones. Va al teatro de la calle Corrientes No se pierde la Copa Davis. Seguramente sacó entradas para ver a Madonna, estará en primera fila en la Fiesta de la vendimia y ya debe de haber mandado por su lado alguna contraoferta mejor a los bonistas. En rango de ocasional presidente recibió a Macri y a Micetti y al dirigente agrario Buzzi, y en cualquier momento llama a Benedicto XVI por teléfono y le ofrece garantías de que en la Catedral cuando él gobierne va a haber “tedeums” todos los domingos. Se entusiasmó tanto con la decisión letal de su voto granario, que quiere seguir decidiendo. Aunque todo cuanto haga desde el poder es como un facsímil de fogueo. Sale en las fotografías pero no sale en los decretos. En una semana de presidente, Cobos está haciendo lo que cualquier adolescente hace en la casa cuando la familia se fue de vacaciones. Travesuras, ocurrencias, ocupar la cama grande, llevar a amigos escandalosos que arman ruído en el barrio y lo hacen famoso. Pero la familia al final vuelve y él tiene que dejar la cama grande y volver al cuarto del fondo. La ansiedad actual de Cobos se justifica, porque en lo que resta del mandato no va a poder canalizarla en su función ejecutiva. Porque su función es “desejecutiva”. Ya tuvo la máxima actividad en aquel arrebato victorioso. La lotería pasa excepcionalmente en la vida. No toca igual dos veces. Él podrá seguir multifacético y ubicuo. Podrá tener audiencias con quien quiera que sea contrario al Gobierno. Que son tantos , que van a hacer la cola más larga que hubo desde 1955. Y el 17 de octubre podrá ir a comer al Jockey Club y a poner una ofrenda floral a la tumba del almirante Rojas . Pero desde ahora a Cobos le irá siendo difuminado hasta el último suspiro de vicepresidente en ejercicio. Será como una estatua viviente. Y acaso llegue a ser un excepcional caso histórico. El de un vicepresidente virtual omnipresente. Autor: Orlando Barone <a href='http://207.182.129.178/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://207.182.129.178/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Registrate y eliminá la publicidad! “Esta racha se va a cortar”, dijo Alfio Basile en la conferencia de prensa, esperando que uno de los seleccionados más caros del mundo, la acierte. Es una frase que lo pinta. Cuando la humanidad asiste asombrada a la creación de la Máquina de Dios capaz de descifrar el Universo, Basile apela al destino. Al horóscopo. Cuando los directores técnicos del mundo piden asesoramiento a las matemáticas, a la nanotecnología y a la antropología para diseñar sus equipos, Basile le pide ayuda a los hados. “Esta racha- dice- se va a cortar en algún momento”. Y sí. Siempre puede salir algún partido donde los jugadores logran un milagro y hacen quedar bien al técnico. Y donde hasta Riquelme juegue ligero. La eternidad es tan extensa que ofrece alguna esperanza de que llegue ese momento. Basile tiene instinto. Y sabe que por ahí llega si usa la misma camisa púrpura en distintos partidos; o atándose el pañuelo de seda con dos nudos negligeé; o poniéndose talco en el bolsillo y espolvoreando la cancha; o haciendo los cuernitos , o apretando el vaso de whisky con la izquierda en vez de la derecha. Sí, claro. A lo mejor un día cambia la suerte y el seleccionado juega bien al fútbol, y además gana y sin necesidad de hacer goles de penal ni esperar a que el contrario se los haga en contra. Lo que son las frases oportunas. Quedan en la historia. Como la de “mi voto va a ser no positivo”. O como “la Argentina está condenada al éxito”. Sí, también el fútbol argentino. Está condenado hasta que la racha se termine. Probablemente la frase “Esta racha se va a cortar” puede quedar en nuestra mitología y servir para todo. Para desear que la inflación en algún momento termine, y cambie la moda y todos los días se empiece a reclamar por qué no hay inflación. O la frase sirve para que los docentes no anuncien ningún paro y salgan a decir que están muy contentos con el aumento y que van a donar horas de trabajo extra. O sirve para que la Mesa de Enlace arrepentida se ofrezca voluntariamente a pagar más retenciones que las que por ley tuviera que pagar. Y que un día de estos desde el juicio de Miami salga un solo indicio- uno solo- que no deje agarrado de la valija al Gobierno argentino. Y los dólares, que tenían una faja que decían para el “Frente para la victoria”, tengan una faja con destino a los niños hambrientos de Etiopía. Cuando Basile habla de la racha, habla de la mala suerte. Sí, en algún momento llega la buena. Y entonces el seleccionado juega bien, hace goles, no le echan a ningún jugador, ninguno se lesiona, ninguno se pelea con el entrenador, ninguno está distraído pensando en la futura transferencia en libras esterlinas o en levantarse ninguna vedette “botinera”, y el equipo justifica en la cancha por qué es uno de los más caros del mundo. Sí, “Esta racha se va a cortar en algún momento”. Cuando la máquina de Dios revele el Fin del Mundo o vuelva a jugar Maradona. Autor: Orlando Barone http://www.continental.com.ar/noticias/669031.asp <a href='http://207.182.129.178/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://207.182.129.178/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>