Gastón Guruceaga: tarde de poco trabajo, con un quede que debió costar caro sobre el principio del partido y una muy buena atajada para despejar un remate peligroso en el segundo tiempo. Diogo Silvestre: redondeó un partido correctísimo, recordando en algunas subidas, paredes y triangulaciones al brasilero que ya habíamos olvidado. Colaboró apropiadamente en la marca, aunque otra vez pudo echar por la borda un partido en la última jugada por una desatención inaceptable, tal como le sucediera alguna vez en Florida. Su deterioro físico finalmente no era problema: no está más fuera de forma que el resto. Maximiliano Olivera: aceptable, sin errores ni grandes destaques. Carlos Valdez: bajísimo, en la tendencia a la que nos ha acostumbrado. Ganando siempre en el centro frontal, pero varias de las veces que tuvo que salir de su zona hacia el lateral terminó pifiando y propiciando jugadas peligrosas de ataque en lugares donde no había nada. Mathías Aguirregaray: levantando un poco más su nivel, inclusive físicamente. Subió bastante criteriosamente en el segundo tiempo, con pocos intentos de atravesar la materia. Fue bien ayudado en la marca por Nahitan. Marcel Novick: cuando alguien demuestra estar dispuesto a dejarlo todo por Peñarol, otras consideraciones pueden quedar al margen. Cortó de manera excepcional un contragolpe complicadísimo sobre el cierre mismo del partido. El mejor por afano. Nahitan Nández: con la entrega y la lucha de siempre, pasando bien la pelota y asistiendo a Aguirregaray en la marca. Parece confirmar la teoría de que tener a alguien que marcara a la par suya le iba a aliviar el sentimiento de desesperación permanente. Nicolás Albarracín: un mundo de sensaciones. Desperdició una jugada muy propicia de ataque, hizo el primer gol oficial en la historia del Campeón del Siglo en una pelota que no era tan sencilla de controlar, dio algunas buenas habilitaciones, y luego pasó un segundo tiempo para el olvido donde es difícil encontrarle un pase dado correctamente. Aún así, superó ampliamente a otras opciones probadas con anterioridad. Diego Forlán: tras un primer tiempo activo, se lo vio cansado y perdido, encasillado en su sector de la cancha donde difícilmente tenga mucho que aportar. Debió salir antes. Cristian Palacios: roza lo ridículo que no participe activamente del Peñarol 2015/16. Convendría detenerse a pensar cuánta de la chance que aún tiene el club de conquistar su título 50 se le debe al goleador. Miguel Murillo: se las venía ingeniando bien para ayudar al cuadro a salir del fondo, aguantando pelotazos sin destino y pivoteando entre 3 y 4 jugadores de Danubio, recibiendo faltas y abriendo la pelota hacia las bandas. La seguidilla de manos absurdas que nos regala fecha tras fecha, una de las cuales había cortado un contragolpe muy peligroso un rato antes, terminó con la más trágica e incomprensible. No se entendió nada. Maximiliano Rodríguez: entró a seguir trotando como desde enero y desperdició una chance insólita. Disponerse a jugar 15 minutos más descuentos no fue motor suficiente para que entregara una versión física digna de un jugador de fútbol profesional. Hernán Novick: nunca llega el momento de Hernán. Aprovecha muy poco lo muy poco que se le presenta. Luis Aguiar: luego de 5 años y 4 pasajes por el club, finalmente llegó el día que puteó a alguien con razón.
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