
Mal de muchos, consuelo de tontos: No podemos consolarnos ante una desgracia evitable, justificándonos diciendo que eso les sucede a muchos otros.
Mandar a freír espárragos: Entre nosotros, equivale a insultar a una persona, "mandándola" a un lugar muy alejado, aunque en realidad, la idea original debería ser otra, debido a que los espárragos no se fríen, por lo que se supone que la expresión estaría destinada a "mandar a una persona a cumplir con algo imposible". En inglés, por su parte, el sentido sería "anda a tirarte al lago". Entre nosotros, existen las variantes anda a freír churros y anda a freír buñuelos. Mandar al otro mundo: Matar, eliminar a una persona.
Mambrú se fue a la guerra: Es el título de una canción popular compuesta por los franceses durante la guerra de la Independencia, suponiendo que había muerto su archienemigo John Churchill, duque de Marlborough, militar inglés que había participado también en la Guerra de Sucesión española. La pronunciación popular del difícil nombre Marlborough dio origen a la palabra Mambrú, con la que se tituló la canción que primero fue cantada por los soldados y patriotas franceses. El tema pasó muy pronto al olvido, hasta que la nodriza del delfín francés, contratada por María Antonieta -esposa de Luis XVI- comenzó a arrullar al niño con esta canción, lo que causó mucha gracia a los reyes y muy pronto, todos la entonaban en el palacio de Versailles. Por influencia de los Borbones, en España volvió a difundirse la canción y recobró su popularidad, sobre todo, entre las niñas, que la cantaban mientras jugaban a la rayuela. En nuestro país, Mambrú se fue a la guerra identifica una de las canciones infantiles más populares desde la época de la Colonia.
Mandar a la porra: Antiguamente, en el ámbito militar, el soldado que ejecutaba el tambor mayor del regimiento llevaba un largo bastón, con el puño de plata y mucha historia detrás, al que se llamaba "porra". Por lo general, este bastón era clavado en un lugar alejado del campamento y señalaba el lugar al que debía acudir el soldado que era castigado con arresto: "Vaya usted a la porra", le gritaba el oficial y el soldado, efectivamente, se dirigía a ese lugar y permanecía allí durante el tiempo que se mantenía el castigo. Posteriormente, fue cambiada la forma de castigo, pero la expresión mandar a la porra quedó en el uso del lenguaje del pueblo con un matiz netamente despectivo.
Mantenerse en sus trece: Este es otro de los dichos sobre cuyo origen hay opiniones encontradas. Mientras algunos sostienen que proviene de la obstinación con que el antipapa español Pedro de Luna, durante el cisma de Occidente, mantuvo sus derechos al trono bajo el nombre de Benedicto XIII, para otros es simplemente un modismo residual de cierto antiguo juego de naipes, en el que, a la manera del que nosotros conocemos como el siete y medio, la cantidad de tantos máximos para poder ganar el juego era "quince". De esta forma, sucedía con mucha frecuencia que el jugador, al alcanzar ocasionalmente los trece puntos y por temor a pasarse de la cantidad ideal, se rehusaba a pedir otra carta y se plantaba en ese número. Sea cual fuere el origen del dicho, la expresión mantenerse en sus trece ha pasado al lenguaje popular como sinónimo de terquedad y persistencia porfiada en mantener una opinión o en cumplir una tarea determinada.
Mañana será otro día: Frase usada como consuelo o amenaza ante la adversidad y también como pretexto para no hacer una cosa en el día de la fecha, originada en un cuento que narra la historia de un tuerto que salió de noche a recoger espárragos y como no veía nada, desistió y exclamó -a manera de excusa- mañana será otro día.
Marchar a la francesa: Durante el transcurso del siglo XVIII, existía entre las personas de la alta sociedad francesa una moda que consistía en retirarse de un lugar en el que se estaba realizando una reunión o velada, sin despedirse, sin siquiera saludar a los anfitriones. Llegó a tal punto este hábito, que era considerado un rasgo de mala educación saludar en el momento de la partida. No se objetaba, por ejemplo, que la persona mirase el reloj para dar a entender las circunstancias por las que ella debía retirarse, pero de ninguna manera se veía con buenos ojos que el asistente saludase antes de ausentarse. Esta costumbre, en Francia dio origen al dicho sans adieu (sin adiós), que el lenguaje coloquial español acuñó en la forma marchar a la francesa, pero en este caso como equivalente de reprobación del comportamiento de alguien que, sin despedida ni saludo alguno, se retira de una reunión.
Más "cornás" da el hambre: Respuesta del torero Manuel García, El Espartero, cuando le preguntaban si no temía arriesgarse tanto en la plaza. Murió de una mala corná.
Más feo que Pico: En el siglo XIX, Picio fue un zapatero granadino condenado a muerte que, de pronto, fue indultado. De la impresión, perdió pelo, cejas y pestañas y se convirtió en paradigma de fealdad.
Más vale malo conocido que bueno por conocer: Es preferible tratar con alguien conocido a quien se le señalan los defectos y no con alguien que viene precedido de excelentes referencias, pero que aún no hemos visto desempeñarse. Más vale maña que fuerza: Se obtiene mayor partido de la suavidad y la destreza que de la violencia y el rigor.
Más vale pájaro en mano que ciento volando: Es preferible conservar lo poco que se tiene y no quedarse lamentando lo que podría haberse obtenido. El uso ha apocopado la palabra ciento en cien, desconociendo que la palabra ciento sólo puede acortarse delante de un sustantivo (cien pájaros).
Más vale prevenir que curar: Podría asimilarse esta frase con su equivalente hombre prevenido vale por dos, debido a que la prevención es la mejor consejera para evitar consecuencias lamentables.
Más vale ser cabeza de ratón que cola de león: Siempre es mejor ser el primero en un lugar humilde que el último en un lugar notable.
Más vale tarde que nunca: Es una frase que sirve como consuelo y justifica la demora en llegar a un lugar o en obtener un logro.
Matar dos pájaros de un tiro: Equivale a obtener un logro por partida doble, como si uno realmente pudiera abatir a dos pájaros con un solo disparo (o con una sola piedra, como dice la versión en inglés).
Matar la gallina de los huevos de oro: Frase basada en una fábula de Esopo que cuenta la historia de un hombre que poseía una maravillosa gallina que ponía huevos de oro. Suponiendo que su interior estaría lleno del preciado metal, la mató y se encontró con la cruel realidad.
Matrimonio y mortaja del cielo bajan: En esta locución, se habla de dos sacramentos de la Iglesia católica: el Matrimonio y la Extremaunción y, como tales, deben ser considerados recibidos de la propia mano de Dios. La rima festiva se ha hecho en base a que, en ambos casos, el hombre debe tomarlos como hechos del destino y acatar lo dispuesto por el Creador.
Me lo contó un pajarito: En general, las aves siempre han tenido fama de ser portadoras excepcionales de buenas y malas noticias. Tanto en la Biblia cuanto en la literatura clásica abundan ejemplos de esta afirmación que certifican la vigencia del dicho. Una de las muestras antiquísimas de esa creencia es el difundido arte de predecir el futuro por el vuelo y el canto de los pájaros (augur, augurio...). Otra, más cercana en el tiempo, está representada por el uso de las palomas mensajeras, que han prestado siempre valiosos servicios a las tareas de información y comunicación. Todo ello explica la antigüedad de la frase me lo contó un pajarito, con la que solemos ocultar risueñamente el conocimiento del origen de alguna noticia llegada a nosotros de manera confidencial.
Mear fuera del tarro: Irse de una cuestión, salirse del tema, como quien realmente orina fuera del recipiente.
Mear fuera del tiesto: En la mayoría de las regiones españolas, un tiesto es un vaso de barro cocido que sirve para criar plantas. Pero en Castilla también equivale a orinal. Así pues, mearse fuera del tiesto significa orinarse fuera del orinal y, en sentido figurado, salirse de la discusión, y hacer o decir un despropósito.
Media naranja: Equivale a la esposa (o novia) o al esposo (o novio), uno respecto del otro. El origen podría ser el hermoso mito de la aparición de los dos sexos humanos, según lo cuenta Platón, por el que al principio el ser humano era sólo uno, asexuado, que vivía en perfecta armonía. Pero, un día desobedeció a los dioses y éstos lo castigaron separándolo en dos mitades (como a una naranja): hombre y mujer, y los condenó a vagar eternamente buscando la otra mitad para recuperar su completa felicidad.
Mejorando lo presente: Locución que, a modo de cortesía, se usa para alabar o hablar bien de alguien que se encuentra presente en ese lugar.
Memoria de elefante: En realidad, dicen que la memoria del elefante no es muy buena, debido al tamaño de su cráneo, pero que sí recuerda muy bien a la persona o cosa que le ha hecho daño. De ahí, la aplicación de la frase .
Menos averigua Dios y perdona: Frase que expresa la idea de que, hasta el mismo Dios perdona a quienes somos pecadores, sin necesidad de conocer nada más que nuestro arrepentimiento, por lo cual nadie puede exigirnos saber más de nosotros. La frase habría sido la respuesta de un diácono al cura -célebre éste, por su gran apego a las monedas- quien una vez le preguntó de dónde había sacado dinero para hacer las compras para la parroquia.
Menos lobos: Un andaluz llamado Pinto decía haber visto una manada de l00 lobos. Sin creer el relato, sus amigos le decían "¡Menos lobos, tío Pinto!". El hombre fue rebajando la cifra hasta reconocer que sólo había visto la cola de un animal.
Mens sana in corpore sano: Aforismo latino extraído de la Sátira X, de Juvenal, cuyo significado es alma sana en cuerpo sano y señala la ventaja de una buena salud del cuerpo para gozar de un buen espíritu. La locución completa es oremos para que haya una mente sana en cuerpo sano.
Meter la mula: Hacer trampa, tratar de engañar a alguien, con una treta. El origen de la frase se remonta a la época en que los cargamentos de cereales y forrajeras se trasladaban en mula y, cuando llegaba el momento de pesar la carga, el productor o su representante introducían en la balanza -además del cargamento- la mula que lo portaba, para así aumentar el peso total.
Meter la pata: Equivocarse, cometer errores, generalmente, por torpeza o descuido, como cuando alguien «mete» literalmente la pierna en un agujero, grieta o zanja.
Meter violín en bolsa: Equivale a la expresión irse con la música a otra parte y se aplica en referencia a la bolsa en la que el violinista guardaba su instrumento.
Meterse en camisa de once varas: La locución tuvo su origen en el ritual de adopción de un niño, en la Edad Media. El padre adoptante debía meter al niño adoptado dentro de una manga muy holgada de una camisa de gran tamaño tejida al efecto, sacando al pequeño por la cabeza o cuello de la prenda. Una vez recuperado el niño, el padre le daba un fuerte beso en la frente como prueba de su paternidad aceptada. La vara (835,9 mm) era una barra de madera o metal que servía para medir cualquier cosa y la alusión a las once varas es para exagerar la dimensión de la camisa que, si bien era grande, no podía medir tanto como once varas (serían más de nueve metros). La expresión meterse en camisa de once varas se aplica para advertir sobre la inconveniencia de complicarse innecesariamente la vida.
Meterse en la boca del lobo: Entrar en un lugar que representa un serio riesgo para nuestra integridad, como si realmente uno hubiera metido la cabeza dentro de la boca del lobo. En inglés, se usa el león para el mismo dicho.
Mezclar la hacienda: Entreverarse las amistades de alguien con otras que pertenecen a distinto estrato social, actividad profesional o preferencia ideológica, como si realmente la hacienda de uno se mezclara con la de otro.
Mientras hay vida, hay esperanza: Podríamos decir también la esperanza es lo último que se pierde y estaríamos afirmando una de las frases más optimistas y positivas que existen en nuestra lengua.
Mira quién habla: Frase utilizada para recriminar a quien señala o critica en los otros, defectos que él también tiene.
Modestia aparte: Expresión usada a modo de justificación, cuando uno habla bien de sí mismo, para no pecar de inmodesto.
Mojar la oreja: Frase que simboliza el reto a pelear con alguien. Por extensión, la expresión se utiliza para aludir a cualquier acción de desafío, real o simbólica. El gesto procede de una parodia sacrílega del ritual del bautismo por el que el sacerdote mojaba la oreja del niño, mientras exclamaba "¡Ábrete!", ordenando simbólicamente que se abrieran los oídos para escuchar las verdades de la fe.
Montar en cólera: Estar enojado, con mucha rabia, con ira. "La" cólera -no "el" cólera, la enfermedad- es sinónimo de "ira, enojo, enfado".
Morderse la lengua: Es una frase que expresa la idea de mantenerse callado, no hablar, sobre todo cuando es imprescindible permanecer en silencio para no comprometer a alguien o no cometer indiscreciones. Literalmente, si nos mordiésemos la lengua, no podríamos hablar; por eso, la sugerencia de hacerlo antes que decir una palabra.
Morir con las botas puestas: Equivale a morir en pleno trabajo y la comparación surge de la característica de los soldados que morían en la guerra en medio de la lucha y con el calzado puesto.
Moros en la costa: Divulgaron el dicho las milicias populares que se dedicaban a frenar los ataques de los piratas berberiscos.
Mosquita muerta: Sirve para designar a la persona de ánimo o temperamento apocado, pero que suele sacar provecho de su situación, a través de actitudes poco frecuentes en ella.
Mostrar la hilacha: Descubrir la verdadera personalidad de uno, mostrarse tal cual es, exponiendo los defectos de que se adolece, como si uno realmente estuviera en la intimidad de su casa vistiendo ropas de entre casa en las que se ven las hilachas de la costura.
Mover cielo y tierra: Revolver todo, agotar hasta el último recurso para conseguir algo, como si realmente "moviera" el cielo y la tierra.
Muchas manos en un plato hacen mucho garabato: Cuando muchas personas tienen injerencia en un tema, el resultado no puede ser positivo.
Mucho ruido y pocas nueces: Expresión tomada del título de una pieza clásica de William Shakespeare, que se aplica a la situación en que se produce mucho alboroto sin ningún resultado positivo.
Muerto el perro, se acabó la rabia: Frase digna del razonamiento de Perogrullo por la que se expresa que una vez que se extinguió la causa que producía un efecto, éste desaparece, lo mismo que sucede al morir un perro enfermo de rabia: la enfermedad deja de existir.
Música celestial: En tiempos remotos, era muy debatido el tema de la existencia o no, de tres clases de música: la instrumental, conocida por todos; la música humana, que reflejaría la armonía entre el cuerpo y el espíritu y la música celestial o mundana, también llamada "música de las esferas", considerada inaudible para los sentidos, pero que estaba determinada por la velocidad y distancia de los astros. Incluso, se llegó a afirmar que las siete notas de la escala musical se correspondían con los siete planetas del sistema Solar, mientras que las doce consonancias o series de acordes equivalían a los doce signos del Zodíaco. Para algunos, hasta se volvió motivo de preocupación averiguar si en el Cielo se cantaría esa música. Todas estas quiméricas conjeturas acabaron por dar origen a la expresión música celestial, que con el correr del tiempo se aplicó para desdeñar -por vanas e inútiles- aquellas promesas que se hacen envueltas en palabras sonoras y engañosas.

Nada del otro mundo: Se supone que una cosa «del otro mundo» sería algo digno de sor-prender y conmocionar a los habitantes de este planeta, por eso, cuando se trata de algo que no alcanza ese nivel, usamos esta frase .
Nadar contra la corriente: Avanzar en la vida en el sentido contrario al que van todos, pelear para conseguir algo, luchando contra todas las graves dificultades, como si uno tratara realmente de avanzar en el río pero haciéndolo no a favor de la corriente.
Nadie diga, de esta agua no beberé: Frase que afirma que ninguno está libre de que le suceda lo que a otro semejante, por lo general, aplicada cuando se trata de consecuencias negativas para la persona.
Nadie es héroe para su ayuda de cámara: Según algunos, la expresión pertenece a los Ensayos, de Montaigne; para otros, habría sido pronunciada por Madame Carnuel, aludiendo a lo difícil que es conservar el prestigio de la intimidad. En nuestra lengua, circula la forma nadie es un señor delante de su criado.
Nadie es perfecto: Una de las frases más veraces de nuestra selección, por la cual se justifica la falibilidad del ser humano que, por más que se considere sin defectos, siempre habrá de demostrar que no es perfecto.
Nadie es profeta en su tierra: Expresión tomada del Evangelio según San Lucas, IV, 24, que en la actualidad suele aplicarse a toda persona que logra un éxito profesional fuera de su país, muchas veces habiendo sido ignorado en él.
¡Naranjas de la China!: Se usa para negar lo que otro acaba de afirmar. Viene de la época en que el pueblo no creía que las naranjas procedieran de tan lejano lugar.
Ni chicha ni limonada: Ni una cosa ni la otra, permanecer indefinido. La chicha es una bebida alcohólica obtenida de la fermentación del maíz con azúcar, mientras la limonada -como todos sabemos- se extrae del limón. Por lo tanto, el dicho alude a lo que no es ni una cosa (bebida alcohólica) ni la otra (bebida refrescante).
Ni ebrio ni dormido: Expresión que se habría originado en un episodio vivido por el general Belgrano, al hallar a un centinela que se había quedado dormido luego de una borrachera. Desde entonces, habría dictado una norma por la que se establecía que "ningún vigía podía estar ni ebrio no dormido en su puesto". Posteriormente, la locución pasó a ser sinónimo de terminante negativa ante cualquier hecho.
Ni están todos los que son, ni son todos los que están: La frase está tomada de una cuarteta de Ramón de Campoamor, por la que se asegura que muchas veces, en los manicomios no están internados todos los que deberían estar y los que sí están, a veces, no merecerían estarlo.
Ni fu ni fa: Ni una cosa ni la otra; no tener definición. Podría equivaler a ni chicha ni limonada.
Ni lerdo ni perezoso: De una manera rápida, decisiva, sin tardar tiempo. Generalmente, se usa como elogio a alguien que ha tomado una decisión trascendental.
No abrir el paraguas antes de que llueva (o antes de tiempo): Si bien es aconsejable prevenir los males, no es conveniente ser excesivamente precavido, pecando de obsesivo.
No basta que la mujer del César sea honesta... ...también tiene que parecerlo: dice el proverbio. Según cuenta Plutarco en sus "Vidas paralelas", un patricio romano llamado Publio Clodio Pulcro, dueño de una gran fortuna y dotado con el don de la elocuencia, estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César. Tal era su enamoramiento, que en cierta oportunidad, durante la fiesta de la Buena Diosa -celebración a la que sólo podían asistir las mujeres- el patricio entró en la casa de César disfrazado de ejecutante de lira, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado por la doble acusación de engaño y sacrilegio. Como consecuencia de este hecho, César reprobó a Pompeya, a pesar de estar seguro de que ella no había cometido ningún hecho indecoroso y que no le había sido infiel, pero afirmando que no le agradaba el hecho de que su mujer fuera sospechada de infidelidad, porque no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo. La expresión, con el tiempo, comenzó a aplicarse en todo caso en el que alguien es sospechado de haber cometido alguna ilicitud, aun cuando no hubiera dudas respecto de su inocencia.
No caber ni un alfiler: No quedar un lugar libre, ni siquiera para estar de pie, como suele suceder en algunos partidos clásicos de fútbol, en ciertas carreras de caballo y en algunos recitales musicales.
No cambiar de caballo en medio del río: Es un consejo práctico para el hombre de campo: es contraproducente intentar el cambio de montura en medio del río. Pero, aplicado a la vida cotidiana, este refrán aconseja a las personas no variar la forma de encarar los proyectos y mucho menos, cambiar a sus colaboradores en momentos cruciales.
No cantar victoria antes de tiempo: En inglés, equivale a no contar los pollos antes de que estén empollados, con lo que se advierte claramente la necesidad de ser prudente en la consideración de los logros y no darlos por obtenidos antes de tiempo.
No dar el brazo a torcer: No ceder, no darse por vencido, por analogía con la acción de los pulseadores, que tratan de mantener firme su brazo ante la resistencia del oponente que intenta doblegarlo.
No dar por el pito más de lo que el pito vale: No adjudicar a las cosas más valor del que realmente tienen.
No dar puntada sin nudo: Para coser, es necesaria tanto la aguja cuanto el hilo, pero si al hilo no se le hace el nudito típico en su extremo, se escaparía por el ojo de la aguja. Por eso, la referencia a que la persona es muy cuidadosa en su accionar. La frase sufrió la deformación no dar puntada sin "hilo".
No decir esta boca es mía: No hablar palabra, permanecer callado. A veces, se la utiliza como sinónimo de prudencia, para no decir algo de lo que podamos arrepentirnos luego.
No dejó títere con cabeza: Todos sabemos que los títeres son figuras hechas en pasta, madera u otro material que, revestidas y adornadas caprichosamente, se accionan con hilos mediante algún artificio manual. En la actualidad, los títeres son un espectáculo para niños, pero en otras épocas, las representaciones se hacían también para recreo de los adultos, lo que explica que el célebre Don Quijote haya podido arremeter como lo hizo, contra el retablo del maese Pedro, en el que -en efecto- no dejó títere con cabeza. La expresión quedó en el lenguaje popular para calificar el destrozo que, por motivos airados, se hace de algo o alguien involuntaria e indiscriminadamente, aunque por analogía, la frase puede aplicarse también en el caso en que no haya ningún daño material, sino una severa reprimenda manifestada en forma oral contra una o más personas.
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy: Habla de la conveniencia de hacer las cosas en el momento actual y no postergarlas para mañana, debido a que nadie puede predecir lo que habrá de suceder en el futuro.
No es moco de pavo: El dicho tiene origen en la jerga de germanías, es decir, el habla española propia del hampa de los siglos XVI y XVII. En esta jerga, los rufianes y ladrones llamaban moco al trozo de cadena que quedaba después de robar el reloj de bolsillo de la víctima, que era conocido como pavo. Así, cuando éste iba a sacar su reloj para ver la hora, se encontraba entre sus dedos aquella especie de moquillo, bailando fláccido en el interior del bolsillo. La frase 'no ser moco de pavo' se usa hoy para dar a entender a alguien que el valor y estimación de una cosa es más importante que lo que él considera.
No es nada lo del ojo: Según cuenta la tradición, alguien, como consecuencia de una riña callejera, tuvo la mala suerte de resultar herido en el rostro y perder uno de sus ojos. Entonces, lo recogió en su propia mano y comenzó a correr por las calles de la ciudad, en busca de ayuda. Mientras iba a toda velocidad por la vía pública y para darse valor ante la gente que lo miraba con preocupación por tan grave accidente, iba diciendo ... no sufro nada... no pasa nada... en realidad, no es nada lo del ojo... Claro, esta afirmación ante tan grave hecho, cayó muy bien en el jocoso espíritu popular y la gente, tomando al pie de la letra la expresión, la completó diciendo no es nada lo del ojo... y lo llevaba en la mano, cuya parte final suele omitirse. Posteriormente, parece ser que la escena volvió a repetirse, esta vez protagonizada por el célebre torero Manuel Domínguez "Desperdicios", toreando en la Plaza de Puerto de Santa María, en 1857. De todas formas, la locución quedó en el uso popular para subrayar burlonamente la actitud de quien, ante un grave trance, trata de minimizar la urgencia de una situación.
No es oro todo lo que reluce: A veces, las apariencias engañan. El oro, todos lo sabemos, brilla como muchos metales, pero no todo lo que brilla es metal precioso. En la vida, sucede algo similar: no todo es como nos parece.
No es tan fiero el león como lo pintan: Modismo utilizado para expresar que, aun cuando algunas personas tienen fama de duras, malas o agresivas, llegado el momento, suelen tener actitudes propias de una buena persona.
No está muerto quien pelea: Expresión que -a la manera de mientras hay vida, hay esperanza- alude a la fuerza que pone una persona que, aunque se encuentra casi derrotada por la adversidad, sigue dando pelea.
No faltaba más: Locución de cortesía, utilizada para aceptar una disculpa o gentileza, como si dijéramos "¡no hacía falta que se molestara por mí!".
No hay dos sin tres: Tomando el número cabalístico "tres", se creó este dicho que refleja la constante relación entre la cifra y los hechos del hombre. Es como estar esperando la invariable llegada de la tercera vez.
No hay mal que dure cien años: Por más que una persona esté padeciendo una mala racha, su supone que ésta no debería durar mucho tiempo.
No hay mal que por bien no venga: Frase conformista que justifica el padecimiento de un mal o daño actual, suponiendo que detrás de cada mal o daño hay una esperanza de futuro mejor, que hace olvidar el mal momento pasado.
No hay mejor defensa que un buen ataque: Frase aplicada en el ámbito deportivo -particularmente, en el fútbol- por la que se afirma que la mejor manera de defenderse es atacando y consiguiendo marcar goles y, de esta manera, restarles importancia a las probables deficiencias defensivas.
No hay nada nuevo bajo el sol: La locución alude a que ya ha sido dicho todo y su origen estaría expresado en un pensamiento de Salomón, luego tomado por el comediógrafo Terencio.
No hay peor sordo que el que no quiere oír: La sordera es un mal físico lamentable y la persona hipoacúsica lo sufre y supera como puede. Pero, hay algo peor: el sordo que no quiere oír, o sea, la persona que no padece esa enfermedad y que pudiendo escuchar, ignora lo que se le está diciendo.
No hay que jugar con fuego: Advierte sobre el peligro de las empresas riesgosas al compararlas con el manipuleo del fuego. En este caso, la persona que lo hace, puede sufrir quemaduras; en el anterior, puede "quemar" sus posibilidades.
No hay tu tía: En la medicina antigua, el hollín que resultaba de la fundición y purificación del cobre (óxido de cinc) era procesado para transformarlo en ungüento, al que le atribuían excepcionales virtudes curativas para determinadas enfermedades de la vista. El ungüento era llamado -según la región de que se tratara y del elemento del que derivaba- tutía, atutia o atutía y parece que era muy citado por los publicistas de la época, debido a sus aparentes buenos resultados en los tratamientos de las enfermedades oculares. Fue tal el prestigio de esta panacea que el lenguaje popular, basándose en ello, terminó por acuñar la frase -algo deformada, por cierto- no hay tu tía (como si en realidad, se tratase de la "tía" de alguien), para dar a entender que algo, por su dificultad o por su obstinación e intransigencia, es imposible de resolver.
No llegar la sangre al río: Significa que una situación complicada no tuvo finalmente las graves consecuencias que se preveían.
No mezclar aserrín con pan rallado: Frase aplicada a las personas que suelen mezclar temas que no tiene relación entre sí, en una misma conversación. La comparación surge de la idea de confundir el pan rallado con el aserrín, por lo similar de su apariencia.
No pega ni con cola: Ser una cosa totalmente incongruente, no tener sentido, ser de tal manera inadecuado que -en sentido figurado- ni siquiera con la ayuda de algún pegamento podría encajar.
No pegar un ojo: No poder dormir en toda la noche, estar desvelado.
No pincha ni corta: No decide, no tiene poder, no resuelve. No es una cosa ni la otra, es indefinido. La frase es la última parte del dicho, como la espada de Bernardo, que ni pincha ni corta, usado antiguamente en España.
No por mucho madrugar amanece más temprano: Por más temprano que nos levantemos, no vamos a lograr adelantar los relojes de la naturaleza. Aplicado a la vida cotidiana, significa que no debemos apresurarnos en nuestras decisiones.
No querer más Lola: Lola era una marca argentina de galletitas de principio de siglo, famosas por el cuidado puesto en su elaboración, llevada a cabo con los mejores ingredientes y sin ningún tipo de agregado artificial, lo que las convirtió en las preferidas de los grandes médicos especialistas que las recomendaban para la inclusión en las dietas de sus pacientes, sobre todo los que no podían ingerir alimentos convencionales. Tanto fue así, que en los sanatorios, clínicas y hospitales comenzaron a incluirlas en la alimentación de enfermos de toda clase. Cuenta la tradición que, estando de visita alguien en un sanatorio de la ciudad de Buenos Aires y mientras recorría junto a un amigo las instalaciones del nosocomio, fue a dar a la puerta de la morgue, de donde precisamente salía un enfermero empujando una camilla que portaba un cadáver. Ante tal escena, el visitante, luego de mirar pasar al macabro cargamento, giró, miró a su ocasional acompañante y le dijo: Ese, no quiere más Lola..., aludiendo obviamente a la condición del fiambre, que ya no comería ni esa ni ninguna otra marca de galletitas. Con el tiempo, la expresión vino a significar que alguien desiste en su intento por alcanzar un logro que se le presenta inaccesible o, lisa y llanamente, abandona una tarea.
No saber a qué santo encomendarse: Estar desorientado, sin saber a quién acudir. En la fe religiosa, cada persona acude al santo de su devoción o a aquel cuya particularidad le ofrece al creyente mayor confianza.
No saber ni jota: Según el diccionario, no saber una jota o no saber ni jota se aplica a toda persona que es muy ignorante en una materia determinada.
Este modismo alude a la letra jota y a sus antecesoras, la iod hebrea y la iota griega. Así nos lo cuenta el lingüista García Blanco en su obra Filosofía vulgar. El folklore andaluz (1882-83): "Era y es la iod hebrea, caldea y satírica la letra más pequeña de las 22 que usaban aquellos idiomas; era además en hebreo el principio o el primer trazo de toda letra, como puede verse en cualquier diccionario o gramática de aquellas lenguas: la jota española o castellana es la iota griega en cuanto al nombre, y ésta es la iod hebrea. Decir, pues, no sabe ni jota equivale a decir no conoce ni sabe la más pequeña letra, no sabe hacer el primer perfil o trazo de ninguna letra pequeña, es un ignorante."
No se ganó Zamora en una hora: Se ganó en siete meses. Los que estuvo la ciudad asediada por Sancho II, que fue traicionado al final por Bellido Dolfos. La ciudad volvió a manos de la reina Doña Urraca.
No se puede escupir al cielo: Proverbio que señala lo vano del insulto o la ofensa al Creador y que, por extensión, se aplica a todo acto de rebelión o descontento hacia las personas que están por encima de nosotros. Cuando uno escupe hacia arriba, ineluctablemente la saliva vuelve a caer y, por lo general, en la propia cara del que escupió. Lo mismo sucede con las cosas en la vida.
No se puede estar bien con Dios y con el Diablo – No se puede estar en la procesión y tocando la campana: Ambas frases aluden a la misma situación, es decir, que no se puede servir a dos amos, que no se puede estar en dos lugares al mismo tiempo, a menos que uno sea Dios.
No ser moco de pavo: Tener una cosa importancia y valor. No se refiere, obviamente, a ninguna secreción de la nariz del pavo sino a una especie de apéndice carnoso y eréctil que tiene el pavo sobre el pico; también se llama moco de pavo una planta amarantácea. De cualquier forma, en ninguno de los casos el moco de pavo tiene alguna utilidad y de ahí la expresión.
No ser santo de mi (su) devoción: No sentir ninguna simpatía por alguien, no soportarlo, todo lo contrario de lo que uno siente por determinado santo.
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios: Expresión tomada del Evangelio según San Mateo, IV, 4, que muchas personas suelen utilizar parcialmente, al decir no sólo de pan vive el hombre, omitiendo la segunda parte, quizá la más importante.
No tener dónde caerse muerto: Expresa la idea de pobreza total, indigencia, a tal grado que la persona no podría siquiera darse el "lujo" de morirse.
No tener gollete: Carecer de sensatez o de buen sentido. El gollete es la parte superior de la garganta por donde se une a la cabeza.
No tener pelos en la lengua: Hablar las cosas claramente, sin ningún tipo de temor. Se supone que, si tuviéramos pelos en la lengua, nuestra habla se vería dificultada.
No tener uña pa’ guitarrero: No estar capacitado para determinada actividad. Es sabido que, para una mejor ejecución de la guitarra, es necesario tener además de ágiles manos, buenas uñas para poder puntear bien las cuerdas (de ahí, que algunos toquen con púa), por eso, quien no las tiene no puede ser un buen guitarrero. En la vida, sucede lo mismo.
No tenerlas todas consigo: Este modismo que solemos utilizar frecuentemente como justificación de la suerte adversa de una persona, proviene del lenguaje de los naipes, en el que el hecho de no estar en posesión de las cartas necesarias para afrontar una mano con probabilidad de fortuna, provoca la consiguiente incertidumbre del jugador. Hay quienes relacionan la locución no tenerlas todas consigo con el hecho de acudir a la batalla sin las armas necesarias para la lucha. Lo mismo sucede con otras expresiones equivalentes, como llevar las de ganar y llevar las de perder, que se refieren -respectivamente- a la expectativa razonada de obtener éxito en un empleo, o de no tenerlo.
No tienes abuela: Con esta expresión irónica se censura a la persona que se alaba mucho a sí mismo y está tomada de la costumbre de las abuelas de elogiar desmedidamente a sus nietos.
No todo es soplar y hacer botellas: La elaboración de botellas, desde tiempos remotos, está basada en la habilidad del artesano para soplar el vidrio, pero a pesar de lo difícil de la labor, siempre se supuso que, comparando el resultado final (la botella terminada) con la forma de elaborarlo (soplar), era muy sencillo "soplar y hacer botellas". Paradójicamente, la expresión pasó a utilizarse para advertir sobre lo dificultoso de cierta tarea por emprender.
No valer ni la bula de Meco: Meco es un pueblo cercano a Alcalá de Henares, en la provincia de Madrid. En cierta oportunidad, el papa Inocencio VIII, en recompensa por los servicios prestados al papa y a la Corte romana por Iñigo López de Mendoza, segundo conde de Tendilla y señor de Meco, expidió una bula (documento pontificio autorizado por la firma del papa, en tinta roja). En ella, el Sumo Pontífice otorgaba una serie de favores para los habitantes de Meco y varios pueblos vecinos, que entre otros, les permitía saltarse determinados preceptos del ayuno de los viernes y de algunos otros anuales. Había sido el propio conde quien solicitó al papa la exención, en atención a que Meco y las otras localidades, al estar situadas en el centro de la península, no podían abastecerse de pescado fresco y por lo tanto, no podrían cumplir con el ayuno preceptivo. Todo ello, motivó que la expresión no valer ni la bula de Meco adquiriera carácter proverbial para subrayar la situación de quien, en un apuro extremo, no encuentra salida ni protección posibles.
No valerle a uno ni la paz ni la caridad: En la Edad Media, existía en Castilla la Archicofradía de la Caridad, creada por María de Aragón, primera esposa del rey Juan II de Castilla, cuyo cometido consistía en asistir piadosamente a los necesitados y a los reos condenados a muerte desde que estos entraban en capilla hasta que eran conducidos al cadalso. Generalmente, eran ejecutados en la horca, pero existía una regla que establecía que, si por casualidad la soga se cortaba o fallaba eventualmente un mecanismo durante la ejecución y en ese momento, un hermano de la Cofradía alcanzaba a tocar o cubrir con su capa el cuerpo del condenado antes de que interviniese el verdugo, entonces el reo se libraba del ajusticiamiento y su pena era conmutada por la de prisión perpetua en una cárcel del norte de África. Por supuesto, esta regla daba lugar a numerosos hechos de corrupción protagonizados por familiares de los condenados, funcionarios y verdugos, que en más de una oportunidad a cambio de sobornos, corroían la cuerda de la horca para que en el momento de la ejecución, ésta cediera ante el peso del condenado. Esto dio lugar a que se dictaran normas para poner coto a la maniobra y fue entonces cuando se acuñó la frase a este no lo salva ni la paz ni la caridad, en relación a la Cofradía que no podría hacer nada por el reo. El dicho, posteriormente comenzó a aplicarse a todo aquel que, por hallarse en situación de extrema adversidad, no tiene posibilidades de escapar al castigo.
Nobleza obliga: Frase proverbial atribuida al duque de Levis en su libro "Maxims et réflexions". Durante mucho tiempo, solía aplicarse como prueba de reconocimiento a un buen gesto o a un triunfo del ocasional adversario.
Nombrar la soga en la casa del ahorcado: Expresa la inoportunidad de mencionar personas o hechos delante de quien puede sentirse molesto por esa mención.
Nunca es tarde cuando la dicha llega: La felicidad de un logro, por más que haya tardado mucho en llegar, debe hacernos olvidar de los sinsabores. Circula una versión de este refrán -nunca es tarde cuando la dicha «es buena»- que es una redundante deformación de la original: la «dicha» no puede ser «buena» ni «mala».
Nunca segundas partes fueron buenas: Crítica abierta a las imitaciones o continuaciones de obras que, en su primera parte lograron éxito, pero en la segunda no lo obtuvieron, por diversas razones.

Obras son amores y no buenas razones: Los resultados son los que mandan y no las razones que se esgrimen para justificar un fracaso. La frase podría equipararse con la expresión el camino del Infierno está lleno de buenas intenciones.
Ojo por ojo, diente por diente: Fórmula de la Ley del Talión (Éxodo, XXI, 24) por la que se insta a la venganza.
Ojos que no ven, corazón que no siente: Las penas que están lejos o no son percibidas se sienten menos que las que se tienen a la vista.
Otro que bien baila: Expresión irónica con la que se establece la comparación entre una persona y otra que adolece de los mismos defectos.
Otro gallo cantaría: En las últimas horas de vida de Jesucristo, cuando estaban en el Cenáculo, el Señor había dicho a Pedro que él lo negaría tres veces antes de que cantase el gallo dos, al amanecer. Por supuesto, Pedro negó que tal situación fuese a cumplirse, pero quizá por la flaqueza humana del apóstol, el hecho se cumplió y Pedro negó tres veces consecutivas que conocía al Maestro. El curso de los hechos que condujeron a Jesús al Gólgota engendró en los creyentes el sentimiento de que otro habría sido el desenlace de la historia sagrada si el valor de Pedro no hubiese flaqueado. De ahí, que la expresión otro gallo cantaría se aplique para dar a entender que, de haberse planteado de otra manera, las cosas habrían resultado diferentes. Entre nosotros, circula la variante otro gallo le cantara, con idéntica función.

Pagar con la misma moneda: Devolver el favor, retribuir a alguien una actitud anterior. Puede referirse a hechos buenos - corresponder a una gentileza- o a hechos desagradables -tomarse desquite de una ofensa-.
Pagar el pato: Padecer una pena o castigo, sin merecerlo o por culpa de otro. El origen hay que buscarlo en la burla que hacían los viejos cristianos a los judeoespañoles debido al "pacto" (deformado irónicamente en la forma pato) que habían hecho estos con Dios.
Pagar justos por pecadores: Hacer recaer la responsabilidad de una culpa sobre los inocentes.
Pagar los platos rotos: Ser castigado injustamente por un delito que no cometió.
¡Palabras, palabras, palabras!: Frase con la que, en la obra de Shakespeare, Hamlet responde a Polonio, cuando éste le pregunta qué está leyendo (acto II, escena I). Luego, la expresión se aplicó a la verborragia o a la utilización de palabras sin sentido.
Pan con pan, comida de zonzo: Alude a lo aburrido de las cosas de idénticas características, lo mismo que si una persona comiera pan y, para acompañarlo, también pan.
Pan para hoy y hambre para mañana: Locución que se usa para justificar las decisiones que aseguran la resolución momentánea de un asunto, aunque las posibilidades para el futuro sean poco favorables, como si uno tuviera asegurado el pan pero solamente para el día presente, sabiendo que no alcanza para el futuro.
Pan y circo: Frase tomada del latín panem et circences, expresión del poeta romano Juvenal quien, en sus Sátiras criticaba la corrupción en Roma en los tiempos de César. Actualmente, sirve para ilustrar las únicas aspiraciones de las masas populares.
Papita p’al loro: Expresión de triunfo, sobre todo en lo referente al resultado exitoso de una inversión en la que quien la dice ha salido muy beneficiado. Está dicha en lenguaje rural que equivale a papita pa(ra e)l loro, en donde la palabra "papita" (diminutivo de papa) tiene el valor de alimento para el ave.
Para hacer una tortilla, hay que romper varios huevos: Para obtener lo que deseamos hay que hacer sacrificios; sin esfuerzo no hay manera de alcanzar logros, lo mismo que sin romper algunos huevos no sería posible preparar una tortilla.
Para pelear se necesitan dos: Podríamos usar la frase cuando uno no quiere, dos no pueden, porque expresa claramente la imposibilidad de enfrentamiento entre dos personas cuando una lo elude.
Parar el carro: Literalmente, frenar a alguien, con una respuesta cortante o una reacción inesperada, como cuando se detenía un carro, impidiendo el avance del caballo.
Parar la olla: Aportar para la comida en una casa, llevar lo necesario para la alimentación de la familia. Era costumbre, antiguamente, acostar la olla cuando no se cocinaba o en las épocas malas, pero cuando se cocinaba, la olla volvía a "pararse" para mantener la comida caliente.
París bien vale una misa: Frase atribuida a Enrique IV, cuando le fue exigida su conversión al catolicismo para poder ser rey de Francia. Con el tiempo, la expresión se aplicó para justificar la realización de una tarea desagradable con el objeto de alcanzar un logro.
Partir es morir un poco: Frase que expresa el dolor de la partida y provendría de las palabras iniciales de un poema del poeta francés Edmond Haracourt.
Partir la diferencia: En una controversia, significa ceder cada una de las partes, algo de lo que le corresponde por derecho, con tal de lograr un acuerdo.
Partir por el eje: Equivale a dejar a alguien inutilizado, prácticamente arruinado, como cuando a un vehículo se le parte uno de los ejes y queda totalmente imposibilitado de funcionar.
Pasar la noche en blanco: Según los antiguos usos de la Orden de Caballería, el neófito (aspirante a integrar la Orden) debía permanecer en vela toda la noche anterior a la ceremonia, cubierto con una especie de sayal blanco, que simbolizaba la pureza de intenciones que se le exigía, para poder recibir dignamente el espaldarazo ritual. El dicho de los antiguos caballeros acabó por incorporarse al habla popular como frase sinónima de "pasar la noche desvelado, sin dormir, a causa de cualquier dolor, molestia o pesar ocasional", aunque el traje de dormir o el camisón no sean precisamente blancos.
Pasar las de Caín: Padecer grandes contratiempos y sinsabores. La comparación surge de las vicisitudes que, según la Biblia, sufrió Caín luego de matar -por envidia- a su hermano Abel.
Pasarse al patio: Tomarse excesiva confianza, más de la que se le otorgó. En las casas -a diferencia de la mayoría de los departamentos- suele haber un patio al que sólo acceden las personas que gozan de la confianza de los dueños de casa.
Pasarse de rosca: Extralimitarse, excederse en lo que se dice, se hace o se pretende, como cuando la tuerca no encaja en el tornillo porque está desgastada la rosca y, entonces, "se pasa".
Pedir peras al olmo: Pedir lo imposible. El olmo es un árbol que da excelente madera, pero no peras.
Pelado por alcahuete: Frase originada en una costumbre-castigo nacida durante la Segunda Guerra Mundial, por la cual los colaboracionistas locales de los nazis eran literalmente rapados por sus compatriotas como señal de advertencia para quienes se sintieran tentados de imitar esa actitud. Lo mismo sucedía con las amantes nativas de los oficiales alemanes. En nuestro país, en la década del 50, la frase se popularizó con un sentido festivo, ignorando muchas veces su cruel origen.
Peor es nada: Expresión usada a manera de consuelo, por la que se manifiesta que uno se conforma con lo poco (o de escasa calidad) que tiene, teniendo en cuenta que podría haberse quedado sin nada. Y eso es peor. La locución peor es nada se ha convertido en una expresión sustantiva, al usársela en oraciones como él (o ella) es mi "peor es nada", casi con el mismo valor de media naranja (ver).
Perder el tren: Dejar pasar la oportunidad, como quien llega tarde a la estación y el tren que debía tomar ya partió.
Perro que ladra no muerde: Los que hablan demasiado suelen hacer poco, tal como suele suceder con algunos perros que ladran excesivamente pero nunca atacan. Por supuesto, hay excepciones.
Piano, piano, si va lontano: Es una frase de origen italiano que invita a la prudencia. Su traducción sería despacio, despacio, se llega lejos, aunque en su lengua de origen la frase es chi va piano, va lontano («el que va despacio, llega lejos»).
Pisar el palito: Caer en una trampa, sobre todo, cuando ésta fue urdida con toda la intención de hacer caer a uno. La expresión proviene de las viejas trampas para pajaritos en las que, cuando el ave literalmente pisaba un palito colocado en ellas, éste dejaba caer el resto de la trampa encima del ave.
Pisar los talones: Seguir muy de cerca, sobre todo emulando a alguien en su actividad.
Poderoso caballero don Dinero: ¿Alguien duda del poder del dinero? ¿Alguno pone en duda la importancia que la sociedad actual les da a los bienes materiales? Tanto es así, que en inglés lo llaman el único monarca... El refrán español se hizo popular merced a la glosa que de él hizo el poeta Francisco de Quevedo.
Ponle la firma: Dalo por hecho, es seguro. La frase está tomada de la costumbre de firmar los documentos importantes, en particular las solicitudes de créditos personales a sola firma -muy frecuentes en los años 40 y 50- que eran avalados por la firma del interesado y su garante.
Poner cara de circunstancia: Mostrarse serio, circunspecto, a veces, fingiendo la expresión; otras, con real sentimiento.
Poner como trapo de piso (o de cocina): Maltratar a alguien, humillarlo pública o privadamente, dejarlo con mal aspecto, tal como quedan el trapo de cocina y el de piso luego de haber sido utilizados en una tarea de limpieza.
Poner de chupa de dómine: En la portada del diario 'La Razón' del 2 de febrero de 1999 podía leerse el siguiente titular: "Mónica Lewinsky pone a Clinton de chupa de dómine". El modismo poner de chupa de dómine se emplea cuando alguien habla muy mal de otra persona, con o sin razón, para causarle el mayor daño posible.
La chupa era una prenda de tela que a modo de chaleco cubría el torso, con 4 faldillas de la cintura para abajo y con mangas ajustadas. Los soldados utilizaban la chupa debajo de la casaca. La expresión, que equivale a poner a alguien como un trapo, proviene del hecho de que algunas personas vestían unas chupas fabricadas con tejidos de pésima calidad. Entre los usuarios de éstas destacaban los dómines, nombre latino con el que se designaba a los profesores de gramática, que ganaban bastante poco.
Poner el arado delante de los bueyes: Es hacer las cosas al revés, de manera que no puede obtenerse ningún resultado positivo, tal como sucedería si alguien colocara primero el arado y luego los bueyes.
Poner el dedo en la llaga: La llaga es la parte más dolorosa y molesta de una herida, por lo tanto, poner el dedo en ella, significa causar mucha molestia y dolor a quien la padece. Figuradamente, la expresión se aplica a la acción de señalar e insistir en el punto que más preocupa a una persona.
Poner el grito en el cielo: Gritar exageradamente, clamar quejándose con vehemencia de una cosa, como si uno realmente gritara tan alto que su voz llegara al cielo.
Poner en tela de juicio: Dudar acerca de una afirmación hecha por otro y someterla a exhaustivo examen. En al antiguo Derecho procesal, el uso de esta locución señalaba que un asunto estaba pendiente de resolución.
Poner la otra mejilla: Consejo bíblico (Mateos 5, 39; Lucas 6, 29) por el cual se nos invita a ofrecer la otra mejilla, cuando hemos sido abofeteados en una de ellas. Metafóricamente, la expresión se utiliza para dar a entender que una persona queda a merced de su agresor, sin atinar a ninguna defensa, una vez que ha sido ofendido.
Poner las barbas en remojo: Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar, dice la tradición, a manera de advertencia sobre lo que es inminente que nos suceda cuando lo propio le ha ocurrido a nuestro vecino.
Poner las cartas sobre la mesa: Sincerarse, decir la verdad ante alguien, sin guardarse nada, como quien, en el juego de naipes juega todas sus cartas y sólo le queda ver lo que sus adversarios presentan en la mesa para saber si ha ganado o perdido.
Poner los pelos de punta: Aterrorizarse, estar extremadamente nervioso, alterado. Cuando alguien sufre un gran susto, la piel se eriza y los pelos se paran.
Poner toda la carne al asador: Jugarse el todo por el todo, no dejar nada para más adelante, como cuando quien prepara el asado pone toda la carne al fuego porque ya es tarde y, además, el fuego se está extinguiendo.
Ponerle el cascabel al gato: Atreverse a acometer una acción peligrosa o difícil. Surgió de un cuento anónimo llamado "De los mures con el gato", colección de cuentos satíricos. Posteriormente, la expresión fue popularizada por Félix María de Samaniego en "El congreso de los ratones", en la que los roedores de Ratópolis, para tratar de detener los pies de su perseguidor, el gato Miauragato, acordaron en ponerle un cascabel para prever cuando se acercaba. Pero el problema surgió cuando hubo que llevar a cabo la hazaña: nadie se animaba.
Poniendo estaba la gansa: Expresión vulgar tomada de un primitivo juego infantil cuya frase completa era poniendo estaba la gansa, que era gorda y era mansa. La expresión, acompañada de un gesto hecho con la mano, invita a la persona a quien se la dice a pagar una deuda. En este caso, se asocia el verbo "poner" en dos de sus significados más comunes: por un lado, en el sentido de "deponer o soltar el huevo las aves"; por otro, el hecho de "apostar o abonar una cantidad de dinero". Con el tiempo, el verbo poner o su forma ponerse tomaron el valor de "pagar con dinero".
Por arte de bilibirloque: El vocablo bilibirloque tiene su origen en el verbo birlar, que en el juego de los bolos significa tirar por segunda vez la bola. Vulgarmente, este verbo también equivale a hurtar a uno algo valiéndose de alguna intriga. En germania o caló, birlar significa estafar, y birloque o birbesco, ladrón. Se puede presumir pues que 'por arte de bilibirloque' es una frase equivalente a dejarse hurtar o estafar de repente por un hábil ladronzuelo.
Por bajo cuerda: De manera reservada, ocultándolo de la vista de los demás. La expresión está basada en una treta aplicada en un antiguo juego de pelota en el que había que pasar el balón por encima de una cuerda colocada en medio de la cancha. La trampa consistía en pasar la pelota por debajo de la cuerda, de manera que si el ardid no había sido percibido por nadie, el tramposo se adjudicaba el tanto.
Por hache o por be: Por una razón u otra. Se usa esta locución para dar entender que siempre que sucede algo, hay una causa, importante o no.
Por la boca muere el pez: Es perjudicial hablar indiscriminadamente, y el dicho nos recuerda que el pez es atrapado por la boca, al morder el anzuelo. Lo mismo le sucede a la persona que habla en exceso.
Por la plata baila el mono: Es una crítica a las personas que lo hacen todo por interés, que sólo persiguen la obtención de dinero. El origen se remonta a la época en que los organilleros y músicos ambulantes llevaban un monito para que realizara "monerías" al público. Luego de terminada la función -que podía ser musical o de adivinación- el simio pasaba a recoger las monedas en una latita.
Por la puerta grande: Lograr hacer algo exitosa, triunfalmente. La comparación hace referencia a la mayor gloria del torero quien, luego de haber realizado una faena exitosa, es sacado en andas por la "puerta grande" de la plaza de toros.
¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo?: Palabras con las que Jesús (Evangelio según San Mateo, VII, 3) censura a los que reprenden los defectos ajenos y no ven los propios.
Por un quita de ahí esas pajas: Por una cosa sin importancia, de poco fundamento.
Predicar en el desierto, como San Juan: Hablar en vano, hacer las cosas para nada, sin ningún resultado. En este caso, debemos hacer la advertencia de que cuando San Juan el Bautista predicaba en el desierto de Judea, lo acompañaba una inmensa muchedumbre que no sólo lo escuchaba y seguía sino que además, se hacía bautizar por él, con lo que queda descartada la idea de "predicar en vano".
Prender el ventilador: Equivale a hablar, contar todo lo que se sabe, con el objeto de perjudicar a una o más persona descubriendo secretos que estas personas se cuidan muy bien de guardar. La expresión completa es prender el ventilador y echar mierda para todos lados, comparando la ventilación de secretos con la actitud de acercar estiércol al ventilador para que se propague hacia todos lados.
Pueblo chico, infierno grande: Crítica a las sociedades de los pueblos pequeños, en donde todos sus habitantes se conocen y suelen propiciar grandes escándalos, precisamente por conocerse tan bien.
Pelitos a la mar: Desde tiempos remotos, el hecho de arrancarse algunos pelos de la cabeza y arrojarlos al viento ha tenido un significado de reconciliación, ya que así la hacían los griegos del período clásico (se lo menciona en la "Iliada", de Homero durante las ceremonias del rapado de corderos y el aventado de sus pelos). Y aún hoy lo hacen, por ejemplo, los niños andaluces cuando quieren sellar sus diferencias: ponen los pelos en la palma de la mano y, soplando, exclaman: "Pelitos a la mar", en alusión a que el viento habría de llevarse también las disputas hacia el inmenso mar, lo mismo que se llevaba los pelitos. Trasladada al lenguaje común, la frase mantiene su primitivo significado y se la usa para allanar diferencias. Entre nosotros, esa significación no tuvo jamás aplicación práctica, pero circulaba hace muchos años la variante Pelito pa’ la vieja, claro que como exclamación de júbilo luego de haber obtenido provecho en alguna operación ventajosa (cambio de figuritas, canicas, etcétera).
Picar muy alto: Esta es una expresión tomada del arte de la tauromaquia (corrida de toros), donde el acto de picar tiene mucho que ver con la habilidad del alanceador de toros. Pero, su origen nos remonta a una corrida de toros realizada en la Plaza Mayor de Madrid durante el reinado de Felipe IV, celebrando el día de su onomástico. Sucede que uno de los más destacados picadores era don Juan de Tassis y Peralta, conde de Villamediana, que también era conocido por una relación amorosa con la reina. Ese día, el conde tuvo una actuación destacada, lo que hizo que la soberana exclamara: "¡Qué bien pica el conde!", a lo que el rey replicó, con toda ironía: "Sí, pica muy bien... pero pica muy alto", sugiriendo lo excesivo de las aspiraciones del noble súbdito. El conde, finalmente, murió asesinado a manos de un desconocido, instigado o pagado según dicen, por algún cortesano ofendido o, muy probablemente por el propio rey, no sin antes haber salvado a la reina de un incendio producido en el palacio de Aranjuez, aunque había quienes sostenían que fue el propio don Juan el que habría provocado el fuego, para poder "salvar" a la reina. Con el tiempo, la expresión pasó al uso popular para dar a entender que alguien pone su mira en objetivos muy por encima de sus posibilidades.
Poner las manos en el fuego: Para explicar la procedencia de este dicho, hay que remontarse a la época en que se practicaba el llamado "juicio de Dios" u "Ordalía" que era una institución jurídica por medio de la cual se dictaminaba la inocencia de una persona o cosa (podía ser un libro u otra obra de arte) acusada de haber cometido algún delito, pecado o falta y de cuyo resultado se podía deducir qué juicio merecía ella de Dios. Muchas veces, el juicio de Dios se practicaba para aclarar una desavenencia entre dos personas. Originariamente, era una costumbre pagana practicada por numerosos pueblos antiguos -en particular, por tribus germánicas-, pero con la llegada del cristianismo, la costumbre fue asimilada por la Iglesia. Estos juicios de Dios tenían muchas formas de ejecución, pero las que más se practicaban eran las que consistían en el combate y el fuego, forma ésta que consistía en tomar hierros candentes o poner en la mano (u otra parte del cuerpo) una hoguera o lumbre: si la persona salía indemne o con poco daño de la prueba, era considerada inocente. La frase , con el tiempo, comenzó a aplicarse, en sentido figurado, para manifestar respaldo total por alguien o algo, dando a entender que uno estaría dispuesto incluso a poner las manos en el fuego, para dar testimonio de la conducta de una persona.
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Parte 2:
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Parte 5:
Parte 6: