aliencogedor
Usuario (Argentina)
Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar: Es una invitación al orden y a la prolijidad. Una de cal y una de arena: Expresa la alternancia entre las cosas buenas y las malas. Tal como en la preparación de la mezcla para el revoque utilizado por los albañiles -una mano de cal (suave, lisa) alternando con una mano de arena (áspera, rugosa)-, en la vida también se suceden los hechos agradables y los amargos. Una golondrina no hace verano: Todos sabemos que la presencia de una sola golondrina no asegura la llegada del verano, por eso, cuando sucede un hecho aislado, tampoco lo debemos tomar como la confirmación de algo. Una mano lava la otra y las dos, lavan la cara: Habla de la necesidad de trabajar mancomunadamente, sin egoísmo. Es el equivalente de la frase la unión hace la fuerza. Unos nacen con estrella, otros nacen estrellados: La suerte de los hombres es diversa y variada. Hay quienes son acompañados siempre por la buena fortuna y hay quienes viven continuamente en la desgracia. Generalmente, la suerte de los mortales alterna buenos y malos momentos. Vade retro, Satanás: Significa Retírate, Satanás, y según el Evangelio de San Mateo, IV, 10, Jesucristo pronunció estas palabras al vencer las tentaciones del Diablo. Posteriormente, su uso se extendió a las situaciones en las que se rechazan ideas, personas o cosas que causan repulsión. Vale lo que pesa: Aun cuando se dice que este dicho tendría su origen en la cultura escandinava, se cree que la práctica era común a muchos de los pueblos de la Antigüedad. Existía entre algunos pueblos, una costumbre consistente en que, cuando un hombre mataba a otro, estaba obligado a pagar en oro o en plata, el peso de la víctima a sus familiares. Posteriormente, esa práctica se trasladó al ámbito religioso, de manera que los parientes de un enfermo ofrecían a la Providencia por su pronto restablecimiento, el peso de aquel en plata, cera, trigo, etcétera. El mismo significado tienen hoy las ofrendas que se elevan a la Virgen o a algún santo en los templos; asimismo, entre los ismaelitas parsi de la India subsiste la costumbre de regalar anualmente a su jefe espiritual, el Aga Khan, su peso en oro. Todos estos antecedentes dieron lugar a la creación del dicho popular vale lo que pesa, utilizado para ponderar el valor (moral, intelectual, artístico o práctico) de una persona en particular. Vamos al grano: Locución que favorece el tratamiento de lo más sustancioso de un tema, omitiendo lo superfluo, en comparación con la parte más importante de la planta: el grano. Venderles hielo a los esquimales: Hacer algo muy difícil o realmente inútil, como sería el hecho de intentar vender hielo a quienes lo tienen en abundancia. Venir al pelo: Ser algo muy oportuno, llegar a su debido tiempo. La comparación se hace en base a la facilidad con la que se puede peinar las pieles de los animales en el sentido en que se inclinan sus pelos, y no a "contrapelo". Venir como anillo al dedo: Caer justo, apropiado. Se aplica cuando sucede algo en el momento en que más se lo necesitaba. Venir con el caballo cansado: Frase propia del Río de la Plata que alude a la persona que viene a solicitar ayuda luego de haber ignorado los consejos y advertencias o los pedidos de ayuda de alguien. En el ámbito rural, el estado del caballo es imprescindible para las tareas, por lo tanto, un caballo cansado mal puede contribuir a la realización de las tareas. Ver el cielo abierto: Cuando se presenta una ocasión propicia para salir de un apuro o alcanzar lo que se desea, se dice que la persona ha visto el cielo abierto. La expresión, que también se utiliza en plural -ver los cielos abiertos- proviene del martirio de San Esteban, que se describe en los Hechos de los Apóstoles. Mientras los agresores del mártir se empeñaban en imponerle el castigo corporal, San Esteban, elevando los ojos a las alturas, exclamó: "Veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está en pie a la diestra de Dios". Ver las estrellas: Sentir un dolor muy fuerte, debido a la sensación que sobreviene luego de sufrir una gran contusión. Ver para creer: La frase preferida de los incrédulos, ya que muchos, cuando dudan de algo, dicen si no lo veo, no lo creo; lo triste es que muchas veces, a pesar de estar viéndolo, afirman lo veo y no lo creo. Viento en popa: Expresión que quivale a con buena suerte y prosperidad y está tomada del ámbito marinero donde la presencia del viento desde atrás (popa) impulsa la nave hacia adelante. Vine, vi y vencí: Frase con la que Julio César explicó al Senado su rápida victoria del Ponto, reino del Asia Menor. Durante un tiempo se la usó para señalar lo rápido de una resolución favorable en cualquier ámbito. Vive y deja vivir: Proverbio que invita a ocuparse de los propios asuntos sin atender los de los demás y dejar que los otros lo hagan sin molestarlos. Otra de las películas de la serie del agente 007 James Bond -Vive y dejar "morir" (Live and let die)- parafrasea esta expresión. Vivito y coleando: Estar bien, vivo, sin daños. Se aplica especialmente cuando se quiere desmentir la muerte o enfermedad grave de alguien que se encuentra sano. Volver a las andadas: Reincidir en un viejo vicio o mala costumbre. Volver el alma al cuerpo: Recuperarse, recobrar el aliento, luego de una situación delicada, como puede ser un gran susto. Verdades de Perogrullo: ¿Quién no ha hablado alguna vez de las verdades de Perogrullo? Pero... ¿sabemos realmente quién fue este personaje, si es que alguna vez existió? No puede afirmarse con certeza quién fue Perogrullo. Para algunos, fue un personaje quimérico; para otros, una persona de carne y hueso, asturiano para más datos. Sea como fuere, lo que no puede cuestionarse es el caudal de ingenio y gracejo encerrado en las célebres "verdades" que se atribuyen a este personaje, que a la mano cerrada le llamaba puño. Estas "verdades" formaron parte de coplas, muy cuidadosamente recopiladas y un autor tan afamado como Francisco de Quevedo y Villegas las intercaló en sus prosas. La incorporación en el uso coloquial de la expresión verdades de Perogrullo (en realidad, una deformación del nombre Pedrogrullo) se debe a la necesidad de expresar aquello que por evidente y consabido se hace ocioso anunciar. Vérselas negras: Para explicar este dicho, deberemos remontarnos a la antigua Grecia y explicar la manera en que los ciudadanos llegaban a ocupar cargos públicos. Estos se otorgaban confiando en el azar, mediante el sistema de extracción de sortes (bolas o pedacitos de madera marcados, que por otra parte, dieron origen a la palabra sorteo) por los que se creía que se expresaba el oráculo. En este sistema, las bolas blancas simbolizaban la suerte venturosa y las negras, la suerte adversa. Esta interpretación mágica de las suertes se ha mantenido a través del tiempo y de él proviene la expresión vérselas negras, derivada a su vez de tocarle a uno la negra, con el que, en el lenguaje coloquial se señala el infortunio de alguien en cualquier cosa determinada por el azar. Victoria pírrica: El éxito que ha supuesto grandes esfuerzos y sacrificios se conoce como victoria pírrica. La expresión tiene su origen en Pirro II, rey de Epiro (319-273 a. de C.) que luchó y derrotó a los romanos en diferentes batallas. La victoria que dio origen al dicho aconteció en la primavera del año 281, cuando su general Milo desembarcó en Tarento, ciudad griega al sur de Italia, para intentar ampliar el reino hacia Macedonia. Le siguió Pirro con un ejército formado por 25.000 hombres y unos cuantos elefantes. El cónsul romano Valerio Levino avanzó hacia las ciudades de Heraclea y Pandosia, pero al cruzar el río Siris se topó con el ejército de Pirro. Gracias a la sorpresa que causaron los elefantes entre los romanos, el rey de Epiro obtuvo la victoria en Heraclea. En la contienda perecieron 7.000 soldados romanos y Pirro perdió 4.000 hombres, entre ellos algunos de sus mejores oficiales. Al recibir la enhorabuena por esta victoria, el rey contestó: "Estoy perdido si consigo otra victoria como ésta". Vísteme despacio que tengo prisa: Seguramente, no debe de haber otro dicho popular tan cuestionado respecto de su origen, como este. En realidad, se trata de una sencilla frase, pero ha sido adjudicada a tantos protagonistas de la Historia que nadie sabe ciertamente quién tiene los "derechos de autor". Desde Carlos III a Fernando VII, pasando por Napoleón Bonaparte, todos alguna vez parecen haber pronunciado esta frase que, por otra parte, no demuestra ser ninguna genialidad y es un hecho que muchos de los protagonistas de importantes hechos históricos pudieron haberla utilizado en algún momento de su vida. No obstante, una creíble versión sostiene que fue el emperador Augusto (y por cronología, precede obviamente a los demás) quien solía exhortar a sus servidores diciéndoles "Apresúrate lentamente". Con el tiempo, la expresión habría sufrido variantes, pero manteniendo siempre la vigencia con la que llegó a nuestros días y a través de la cual se aconseja a otra persona a que actúe con calma y tranquilidad en el momento más delicado de una situación, debido a que cuando se procede apresuradamente, lejos de abreviar problemas, esa premura suele entorpecer y malograr los mejores propósitos. ¡Viva la Pepa!: La historia nos cuenta que la primera constitución española fue jurada en la ciudad de Cádiz en el año 1812. Pero dos años después, cuando se restableció el absolutismo, el rey Fernando VII la abolió, ayudado en gran medida por los Cien Mil Hijos de San Luis, nombre dado al ejército francés comandado por el duque de Angulema. Pero la abolición de la Carta Magna no sólo suspendió su vigencia, sino que quedó terminantemente prohibida la sola mención de su nombre, por lo que los liberales no podían utilizar su tradicional grito de ¡Viva la Constitución! Lejos de someterse a esa medida arbitraria, los partidarios de la constitución encontraron la forma de referirse a ella, sin necesidad de mencionarla: como había sido promulgada el día 19 de marzo -festividad de San José-, la bautizaron La Pepa (recuérdese que Pepe es el hipocorístico o diminutivo cariñoso de José) y así fue como surgió el grito de ¡Viva la Pepa! para reemplazar el de ¡Viva la Constitución!, considerado entonces subversivo. Por supuesto, con el correr del tiempo la expresión habría de perder toda intención política para pasar a significar desenfado, regocijo y alboroto, tal como lo utilizamos actualmente, sobre todo para dar a entender que en algún lugar reina un total y completo desorden. Y por casa... ¿cómo andamos?: Frase que se utiliza como un llamado a la reflexión o a la atención de alguien que suele criticar defectos en otras personas, sin detenerse a analizar cuáles son los propios. El autor de estas líneas ha parafraseado esta locución en los títulos de sus libros Y por casa... ¿cómo hablamos? e Y por casa... ¿cómo escribimos? Y... ¿qué te puedo cobrar?: Frase propia del argentino medio, por la que expresa que el favor o servicio que acaba de hacernos está fuera de toda "tarifa oficial" y el precio lo está pensando en ese mismo momento, con lo cual, mientras transcurre ese tiempo, a los clientes nos corre un escalofrío por todo el cuerpo, hasta que sepamos cuánto nos va a cobrar. Con el tiempo, la locución comenzó a usarse ya en tono festivo, para dar a entender que no hay plata que pudiera pagar tal servicio, y de hecho, no se cobra nada. Yo la escribo, yo la vendo: Frase que expresa la idea del autor que escribe una obra y él mismo se encarga de distribuirla para la venta. La locución se aplica en cualquier ámbito en el que el propulsor de una idea se ocupa personalmente de difundirla. Yo... me lavo las manos: Esta frase, muy utilizada para dar a entender que uno se declara libre de responsabilidad ante cualquier hecho, debe su popularidad al gesto histórico de Poncio Pilatos, procurador romano de la región de Judea, cuando tras pronunciar sus célebres palabras "Inocente soy de la sangre de este justo", se lavó las manos como respuesta a la condena de Jesucristo, clamorosamente reclamada por la turba enardecida de Jerusalén. En realidad, el gesto de lavarse las manos era una práctica simbólica en aquellos tiempos y se utilizaba para dar testimonio de inocencia ante cualquier grave acusación. Actualmente, la expresión yo... me lavo las manos o simplemente lavarse las manos, hace referencia a la liberación de toda responsabilidad ante determinado hecho. Zapatero, a tus zapatos: Según los testimonios de los historiadores Valerio Máximo y Plinio, el Viejo, la frase fue pronunciada en cierta oportunidad por Apeles, el pintor griego más célebre de la Antigüedad. Este artista acostumbraba a exponer sus cuadros en la plaza pública y así podía escuchar directamente la opinión de la gente acerca de sus trabajos. En cierta oportunidad, Apeles había expuesto el retrato de una persona importante de su ciudad y un zapatero que pasaba por el lugar, se detuvo a observar la obra y criticó la forma de una de las sandalias del personaje. Apeles acató la observación del zapatero, llevó la obra a su taller, la rectificó y nuevamente la llevó al lugar de exposición. Cuando el zapatero volvió a contemplar el cuadro, al ver que el pintor había acatado su sugerencia, se sintió autorizado para extender sus críticas a otros aspectos del retrato, lo que motivó que Apeles, al escuchar esos comentarios, lo encarara y le dijera: zapatero, a tus zapatos. La expresión, desde entonces, se usa como consejo a quien pretende juzgar asuntos ajenos en los que no es experto. Parte 1: http://www.taringa.net/posts/info/18922633/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-1.html Parte 2: http://www.taringa.net/posts/info/18922715/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-2.html Parte 3: http://www.taringa.net/posts/info/18924563/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-3.html Parte 4: http://www.taringa.net/posts/info/18927192/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-4.html Parte 5: http://www.taringa.net/posts/info/18929821/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-5.html
Poner los puntos sobre las íes: Durante el transcurso del siglo XVI, fueron introducidos los caracteres góticos en la escritura común. Entonces, los copistas -importantísima profesión en esa época- adoptaron la práctica de poner un pequeño tilde sobre la i minúscula, para evitar que la presencia de dos de estas letras seguidas fuese confundida con una "u" (como si hoy tuviéramos que escribir a mano y en letra cursiva el término compuesto antiinflacionario). Por supuesto, esta innovación no fue bien recibida por todos los escribas y por algunas de las personas letradas, de manera que comenzaron a discrepar con la medida; tanto fue así, que para muchos, la acción de poner los puntos sobre las íes no pasaba de ser una prolijidad ociosa, propia de personas excesivamente meticulosas y maniáticas del esmero. Con el correr del tiempo, este concepto fue desplazado por el que tiene la frase en la actualidad, es decir, ejecutar todo muy detalladamente, sobre todo lo que normalmente se hacía de manera imprecisa, aunque entre nosotros suele aplicarse a la persona que siente la necesidad de aclarar determinada situación porque prefiere las cosas transparentes. Poner pies en Polvorosa: A pesar de que no puede afirmarse con certeza, todo lleva a pensar que el origen de esta expresión alude a un hecho bélico histórico protagonizado por el rey de Asturias y León, don Alfonso III. Al parecer, este monarca estaba bastante preocupado por las incursiones de los moros en su territorio y un buen día resolvió poner punto final a las tropelías de los sarracenos, para lo cual, salió a cortarles el paso a orillas del río Orbigo, en una región conocida como los Campos Palestinos de Polvorosa. Luego de una compleja, cruenta y exitosa contraofensiva del monarca astur, el ejército islámico debió dispersarse en fuga desordenada, de donde la conocida expresión poner pies en Polvorosa comenzó a aplicarse con valor de huida brusca y precipitada. Otras versiones, un poco menos documentadas, remiten el origen de este dicho -en sentido figurado- a la polvareda que levanta alguien cuando huye; también aluden a que en el lenguaje de los delincuentes (germanía) se llama polvorosa a la calle. En la actualidad, aunque un poco menos difundida, esta expresión es utilizada en el mismo sentido. Poner sobre los cuernos de la luna: En la Antigüedad, la locución poner sobre la luna significaba alabar, ensalzar a una persona en grado superlativo. Ya en tiempos del poeta latino Virgilio se usaba esta expresión como imagen laudatoria y los autores clásicos españoles la incorporaron con el valor que actualmente conserva. Con el tiempo, la expresión fue embellecida con el poético agregado de "los cuernos", que algunos autores creían inspirada en el texto de cierta lápida que se conserva en la universidad de Salamanca y en la que, bajo el símbolo de la media luna invertida, se recuerda la memoria del antipapa Benedicto XIII, don Pedro de Luna, insigne protector de esa universidad. Sea como fuere, el dicho popular poner sobre los cuernos de la luna conservó por mucho tiempo su primitivo significado de ensalzar, alabar desmedidamente a alguien. Ponerse las botas: Hubo un tiempo en el que el calzado era signo distintivo de la clase social a la que pertenecía el individuo. Es más: entre los romanos y los bizantinos existían normas muy estrictas al respecto y de hecho, esas diferencias se mantuvieron vigentes por mucho tiempo. De manera que, mientras las botas eran de uso privativo de los caballeros ricos y poderosos, el zapato bajo estaba reservado al pueblo llano. De ahí nació la expresión ponerse las botas, utilizada para poner de manifiesto el progreso de quien, por virtud de un golpe de fortuna, accedía al uso de las botas. Por supuesto, ese progreso sólo podía verificarse en un integrante de la clase baja ya que los nobles siempre habían usado botas. En la actualidad, el dicho conserva el mismo sentido, aunque en los últimos años ha adquirido -metafóricamente- un relativo valor intencional, quizá debido a las personas que medran en base a hechos no del todo claros o lícitos, por eso, en la actualidad, la frase se aplica por lo general, cuando la persona que ha alcanzado el progreso es sospechada de ilicitudes. ¡Que los cumplas feliz...!: Es la expresión proverbial que se dirige al que cumple años en ese día. El origen hay que buscarlo en una canción más antigua, Good morning to all, compuesta en 1893 por las hermanas Mildred y Patty Hill, maestras de la Kentucky Sunday School de Nueva York. La canción es hoy en día una de las más cantadas en todo el mundo. Que me echen los galgos: Locución utilizada para expresar que alguien huye precipitidamente de un lugar, invitando a que lo persigan infructuosamente, lanzando tras de sí un grupo de galgos, perros célebres por su velocidad, pero que no suelen alcanzar a las liebres. Que patatín, que patatán...: Frase onomatopéyica que hace referencia a la persona que habla sin sentido, dando disculpas o argumentando para no entrar en razones. ¡Que si quieres arroz, Catalina!: Esta expresión se emplea familiarmente para ponderar cualquier dificultad invencible. La procedencia del dicho es poco conocida. Una curiosa versión apunta que hace mucho tiempo vivía en tierra de León un judío converso cuya esposa se llamaba Catalina. La mujer sentía una verdadera fascinación por el arroz, hasta el extremo de que lo recomendaba como remedio universal de todos los males. Un día Catalina cayó enferma y, como rechazaba todas las pócimas y medicinas que le facilitaban, los familiares decidieron ofrecerle un plato de arroz. Pero Catalina tampoco lo quiso tomar. Para animarla, los parientes desesperados empezaron a recitar a coro, una y otra vez, la siguiente frase: "¡Que si quieres arroz, Catalina!". Pero fue en vano. La mujer se negó a probar su alimento, antes predilecto, y murió. Que te garúe finito: Locución que, a manera de saludo de despedida, suele dedicarse a quien se va, aunque casi siempre dicha con intención irónica y peyorativa para quien parte. Qué le hace una mancha más al tigre: Como la piel del tigre está plagada de manchas, sería casi imposible detectar la presencia de una nueva; por lo mismo, en una persona que adolece de muchos defectos, uno nuevo pasaría inadvertido. Por supuesto, la frase no se limita a destacar solamente los defectos, sino cualquier otra característica de las personas. ¡Que va a haber hule!: Haber peligro grave o desgracia. Éste es el significado de esta expresión que proviene de algún cronista taurino que llamó hule a la mesa de operaciones de las plazas de toros. Parece ser que el mullido de la mesa quirúrgica estaba cubierto por un hule, especie de tela impermeable. Desde entonces, cuando hay muchas cogidas, durante la lidia se dice que fue una corrida con mucho hule. Y la expresión '¡Que va a haber hule!' se popularizó para decir que va a haber sangre y heridas, aun fuera del contexto taurino. Quedarse a la luna de Valencia: El origen del dicho, que equivale a decir que alguien no ha podido conseguir lo que esperaba o se prometía, está poco claro. Para algunos autores, pudo surgir del hecho de que, debido al mal estado de la mar, los barcos no podían atracar en la playa valenciana para desembarcar a los pasajeros, y éstos tenían que pasar la noche en alta mar, quedando a la luna de Valencia. Otros suponen que lo de la luna es por el nombre que los valencianos daban a su playa, en razón a su forma semicircular. Hay folcloristas que suponen que la frase en cuestión se decía porque a ciertas horas se cerraban las puertas de Valencia, y los que llegaban a destiempo tenían que pasar la noche en un banco con forma de media luna o herradura que había a pie de la muralla. Sin embargo, para José María Iribarren, autor del libro El porqué de los dichos, el origen de la expresión es mucho más sencillo. 'Dejar a la luna' es lo mismo que 'dejar en blanco'; es decir, dejar a uno sin lo que pretendía o esperaba. Lo de Valencia fue añadido más tarde a la primitiva frase 'dejar a la luna'. Quedarse algo en el tintero: Olvidar u omitir algo en determinada circunstancia y recordarlo luego, cuando ya pasó el momento. La frase proviene de la época en que se escribía con una pluma que recogía la tinta de un recipiente así llamado. Quedarse con el pan y con las tortas: Literalmente, quedarse con todo, sin participar a nadie de lo logrado. Quedarse con la sangre en el ojo: Guardar resentimiento por algo, mantener recelo, duda o escrúpulo de algo. Quedarse lo más campante: No reaccionar ante un contratiempo, como si no importara, cuando lo lógico sería lo contrario. Campante equivale a «ufano, satisfecho». Quedarse mosca: Es una invitación a que alguien se quede quieto, tranquilo, sin intervenir en un conflicto o discusión. Quedarse para vestir santos: Es una frase destinada a la mujer que no se casó, la típica «solterona», que en una época, cuando había pasado cierta edad, visitaba con más frecuencia la iglesia y se dedicaba a las tareas domésticas de la parrroquia, entre ellas, la de coser vestidos y mantas para las imágenes de los santos. Quedarse sin mosca: Literalmente, estar sin dinero, no tener ni un peso. La palabra mosca tuvo, desde siempre, el valor de "moneda corriente" o "dinero". Quemarse las cejas (o las pestañas): Leer o estudiar mucho, analizar profundamente un escrito. Querer es poder: Expresa el poder de la fuerza de voluntad para conseguir lo que se pretende, llevando a los dos verbos a la categoría de sinónimos. Quien bien tiene y mal escoge, del mal que le venga no se enoje: El que deja un bien cierto y seguro no debe quejarse de la desgracia que le sobreviene. Quien escucha, su mal oye: La persona que presta atención a sus errores puede corregirlos a tiempo. Quien hace lo que quiere, no hace lo que debe: Generalmente, nos inclinamos por hacer lo que nos da la gana y eso es precisamente lo que nos aleja de lo correcto, de nuestras obligaciones. Quien mal anda, mal acaba: El que vive desordenadamente tiene, por lo general, un triste final. Quién me quita lo bailado: Expresión típicamente rioplatense que hace referencia a la ventaja de haber vivido una existencia plena de alegrías y placeres, a pesar de que en la actualidad, se pasa por momentos más dramáticos. Circula la forma vulgar quién me quita lo «bailao». Quien paga manda: Expresa el poder que otorga el dinero a quien lo posee. Podría equivaler a la frase donde manda capitán no manda marinero, aunque en este caso, se hace hincapié en los bienes materiales. ¿Quién te dio vela en este entierro?: No tener nada que ver en determinada situación, ser ajeno a lo que está sucediendo o, si bien se puede tener injerencia en algo, permanecer excluido por los demás. La expresión proviene del derecho de uso de velas en un velatorio, derecho reservado a los familiares y amigos íntimos del fallecido. Quitarse el sombrero: La acción de descubrirse la cabeza fue siempre un gesto de respeto hacia el prójimo, particularmente, ante las señoras. Con la casi total extinción del uso de esa prenda, la expresión se mantuvo hasta nuestros días, aunque en sentido metafórico, para dar a entender el respeto y la admiración que se siente por una persona. Quién te ha visto y quién te ve: Según cuenta el obispo de Mondoñedo, fray Antonio de Guevara, en tiempos de las revueltas de las Comunidades de Castilla había en un pueblo de Ávila un clérigo de origen vasco, partidario y ferviente defensor del líder de la revuelta Juan de Padilla, a quien señalaba desde el púlpito como "verdadero rey de Castilla, y no el tirano que ahora nos gobierna". Pero resultó que, una vez, el propio rebelde Juan de Padilla apareció con sus tropas y, tal como era la costumbre de la época, devastó las bodegas del lugar para abastecer a sus huestes. Una vez que se fue, el clérigo del lugar subió de nuevo al púlpito y habló al pueblo, pero ahora con un mensaje distinto, diciendo "habéis visto cómo pasó por aquí don Juan de Padilla y cómo sus soldados no me dejaron gallina viva, no tocino, ni estaca, ni tinaja sana. Os digo esto porque, de aquí en adelante, no deberéis rogar a Dios por él, sino por el rey don Carlos y la reina doña Juana, únicos reyes verdaderos...". Como es de suponer, la gente comenzó a aplicar la frase ¡quién te ha visto y quién te ve! para referirse al sentimiento que despierta una persona que en un tiempo fue pujante, feliz, sana o rica y ahora se encuentra débil, triste, enferma o pobre. Rasgarse las vestiduras: Según las Sagradas Escrituras, era costumbre entre los antiguos desgarrarse las ropas en momentos de desconsuelo, como señal de reconocimiento de los errores cometidos. En la actualidad, se aplica como crítica a las personas que demuestran preocupación y arrepentimiento cuando es demasiado tarde. Recoger el guante: Modismo que se emplea para indicar que una persona ha aceptado un desafío. Su origen hay que buscarlo en el antiguo ritual de los duelos. Para desafiar o retar a un adversario, generalmente por razones de honor, el caballero ofendido arrojaba el guante. Si la otra persona lo recogía, daba a entender que aceptaba el reto. Roma no se hizo en un día: Las grandes empresas no pueden lograrse de un día para otro, para ello, se necesitan tiempo, paciencia y sacrificio, tal como sucedió con el crecimiento de la ciudad capital del Imperio Romano. Saber dónde le aprieta el zapato: Este es uno de los dichos más populares de nuestra lengua y su origen se remonta a la época de los romanos. Según cuenta Plutarco en su obra "Vidas paralelas", Paulo Emilio, un patricio romano que gozaba de respeto entre sus pares debido a su sentido de la Justicia, dispuso separarse aparentemente, sin ninguna razón de Pipiria (hija de Papirio Masón), su joven, bella y virtuosa esposa, madre de sus dos hijos. Cuando sus amigos, escandalizados por la actitud del patricio, le reprochaban su proceder, éste, sonriente y señalando uno de sus zapatos, respondía: -¿Han visto ustedes alguna pieza tan fina y primorosamente trabajada como esta? Pues yo, y sólo yo sé dónde me aprieta. Con el tiempo, la ejemplar respuesta pasó al lenguaje popular para ser usada como réplica, cuando se acusa a alguien de obrar con ligereza y desatino. Saber con qué bueyes se ara: Conocer muy bien con quién o quiénes se trabaja o se está hablando. Saber lo que es bueno: Conocer algo por propia experiencia, sobre todo lo que es positivo para uno. Solía usarse como frase intimidatoria la expresión ¡ahora vas a saber lo que es bueno, sinvergüenza...!, pronunciada inmediatamente antes de propinar una paliza a alguien. Sacar de mentira verdad: Lograr la verdad por medio de la estrategia de usar la mentira, induciendo al interlocutor a que se sincere, casi sin quererlo. Sacar fuerzas de flaqueza: Reaccionar, recuperarse, con el último aliento y recobrar la potencia, cuando parecía que todo estaba perdido. Sacar los trapitos al sol: La acción de «sacar los trapos al sol» es íntima y se hace en el tendedero interno de las casas, sobre todo cuando se trata de la ropa interior de las personas. Por eso, la frase es una sugerencia a no ventilar los problemas íntimos en público. Sacudir el polvo: Dar una paliza a alguien, castigarlo corporalmente. La expresión fue tomada de la costumbre de apalear las alfombras colgadas de un alambre o tirante, para quitarles el polvo o cualquier suciedad. Salir a la palestra: Antiguamente, la palestra era un lugar donde se practicaban por lo general deportes y combates. Pero también tenía otros usos. La palestra, que normalmente era un patio porticado, servía de lugar de encuentro para discutir acerca de asuntos de interés y para celebrar competiciones literarias públicas. Los participantes tenían que salir a la palestra para exponer oralmente sus obras. Es por ello por lo que la frase 'salir a la palestra' se utiliza cuando una persona tiene que actuar en público en cualquier terreno. Salir con un domingo siete: Expresión inspirada en un cuento de brujas, que califica a la persona que hace de aguafiestas en algún negocio o entretenimiento, por lo inesperado de su comentario. Salir de Guatemala y caer en Guatepeor: Expresa la contingencia de lograr salir de una situación crítica para inmediatamente caer en otra peor. Se hace con Guatemala debido a la terminación mala; respecto de Guatepeor, pasa a engrosar la lista de los lugares inventados por el hombre. Salir el tiro por la culata: Fracasar, resultar chasqueado, como si a un tirador realmente le saliera el tiro por la parte de atrás del arma. Salvando las distancias: Frase usada como justificación, en los casos en que se ha efectuado una comparación relacionada con una persona o un hecho que no tiene parangón con el que se lo compara. Salvarse por los pelos: En tiempos remotos, el oficio de marino no hacía descontar -como en la actualidad- que este profesional supiera nadar; más aún, había muchos hombres de mar que no podían siquiera mantenerse a flote en caso de naufragio debido a que la capacidad de nadar no era una condición "sine qua non" para ingresar como tripulante. De ahí que, cuando un día el jefe de cierto cuerpo de la Armada, quizá guiado por razones puramente higiénicas, dio orden de rapar la cabeza de todos sus hombres, estos se alzaron en clamor de protesta y rebeldía, llegando incluso a la superioridad, alegando que la medida atentaba contra su vida, debido a que de esa manera se les privaba, en caso de naufragio, de una forma de asidero, dado que muchas veces eran salvados de una muerte segura al ser tomados de los largos pelos de su cabeza. Este pedido formulado por los marinos fue curiosamente atendido por los superiores que, a través de una Real Orden expedida en 1809, decretaron la caducidad de la medida de exigir el pelo corto a los marinos. En la actualidad, la expresión salvarse por los pelos o la variante criolla salvarse por un pelito son usadas para dar a entender que alguien logra salir de un apuro extremo, justo en el último momento. ¡Salve César!, los que van a morir te saludan: Según Cayo Suetonio, eran las palabras que pronunciaban los gladiadores frente al palco del César, antes de comenzar los combates. ¡Sálvese quien pueda!: Expresión equivalente a una interjección que advierte sobre la inminencia de un peligro e invita a que cada uno tome la precaución de ponerse a salvo. La frase, que se originó en los naufragios de la Antigüedad, en la actualidad se utiliza en situaciones no tan apremiantes, pero sí delicadas. Santa Rita, rita, rita, lo que se da no se quita: Es una expresión familiar originada en una doncella poco agraciada que le pidió un novio a Santa Rita de Cassia, una santa especializada en la concesión de pedidos milagrosos. Cuentan que Santa Rita le concedió el deseo, pero después, cuando el novio se arrepintió, la joven le reclamaba a la santa con esta frase. Sarna con gusto, no pica: La sarna es una enfermedad contagiosa de la piel provocada por un ácaro y el proverbio se refiere a la molestia ocasionada por cosas voluntarias que nos producen efectos indeseables. La expresión solía completarse con la frase ... pero mortifica. Se armó la gorda: La Revolución Unionista de 1868, a causa de la cual la reina Isabel II se vio forzada a abandonar el poder, vino precedida de un insistente rumor callejero, en el que utilizando la muy castiza expresión de la Gorda, se proclamaba a los cuatro vientos la inevitabilidad de los acontecimientos. Es decir, la gente aludía a la Gorda como un hecho consumado, como una cosa ya hecha: la Gorda ya está en camino... se va armar la Gorda... hasta que, finalmente, en septiembre de ese año, verdaderamente, se armó la Gorda con el pronunciamiento militar del marino Juan Bautista Topete y Carballo en Cádiz y de Primo de Rivera en Madrid. Históricamente, el hecho tomó el ostentoso nombre de La Gloriosa, pero su duración fue efímera; no así el castizo alias que el pueblo le adjudicó: La Gorda, expresión que luego extendió su uso al lenguaje familiar, cuando alguien quiere referirse a cierto hecho ruidoso o de mucha trascendencia, o bien ante una situación de extrema gravedad. Sembrar cizaña: Causar malestar con comentarios que pretenden enfrentar a dos o más personas. La comparación proviene de la parábola incluida en el Evangelio que habla de la cizaña, que es una planta nociva. Ser carne y uña (to be hand and glove): Habla de la verdadera amistad, de la estrecha unión entre dos personas, a la manera de las uñas unidas a la carne de los dedos. Circulan las formas vulgares ser camisa y calzoncillo y ser culo y calzoncillo, debido a la proximidad de esa prenda con la camisa y con las nalgas. Ser de armas tomar. Ser belicoso, peleador. Ser de pocas pulgas: Tener mal carácter, no soportar nada que lo incomode. La expresión surge de la idea de que nadie se aguanta la presencia de pulgas en su cuerpo por pocas que sean. Ser de tiros largos: En la España antigua, cada quien era libre de colocar en su coche la cantidad de caballos que quisiera, pero en cambio, solamente el rey y algunos dignatarios de la Corte tenían derecho a colocar el tiro delantero a mayor distancia que los traseros, para lo cual, lo alargaban por medio de extensas correas y hubo una época en que eran tantos los alargamientos que los tirantes llegaron a medir cuatro o cinco varas (casi cuatro metros y medio). A esta clase de arreo se le llamaba tiros largos y el modismo pasó -por extensión- al lenguaje familiar para designar el vestido de gala o cualquier otro atuendo ocasional lujoso. Entre nosotros, por una deformación posterior, la expresión ser de tiros largos se aplica en el caso de las personas que soportan sin objeción largas esperas, viajes interminables o bien, se mantienen despiertos hasta horas muy avanzadas. Ser el caballito de batalla: Ser aquello en que se destaca el que practica una actividad o ejerce una habilidad manual o artística y, por eso, lo exhibe con mucha frecuencia. La frase procede de la Antigüedad, en la que guerreros y paladines se reservaban para el día del combate, al caballo más fuerte y seguro. Ser el chivo expiatorio: Este dicho proviene de una práctica ritual de los antiguos judíos, por la que el Gran Sacerdote, purificado y vestido de blanco para la celebración del Día de la Expiación (purificación de las culpas por medio de un sacrificio) elegía dos machos cabríos, echaba a suerte el sacrificio de uno, en nombre del pueblo de Israel y ponía las manos sobre la cabeza del animal elegido -llamado el Azazel- al que se le imputaban todos los pecados y abominaciones del pueblo israelita. Luego de esta ceremonia, el macho sobreviviente era devuelto al campo por un acólito y abandonado a su suerte, en el valle de Tofet, donde la gente lo perseguía entre gritos, insultos y pedradas. Por extensión, la expresión ser el chivo expiatorio adquirió entre nosotros el valor de hacer caer una culpa colectiva sobre alguien en particular, aun cuando no siempre éste haya sido el responsable de tal falta. Ser el último orejón del tarro: Sentirse postergado, sin que nadie repare en uno. El orejón -un trozo de durazno u otra fruta desecada- solía guardarse en tarros de boca estrecha, por lo que el último que quedaba era difícil de sacar con las manos. Ser Gardel, Lepera y los guitarristas: Ser el mejor en una actividad, destacarse. Originariamente, se decía de alguien que «era Gardel» por su máxima capacidad para una determinada actividad. Con el tiempo, para perfeccionar el alcance de la expresión, se agregó al co-autor del Zorzal y a sus acompañantes en guitarra. Ser la piel de Judas (o del Diablo): Ser una persona muy traviesa, inquieta. Curiosamente, la comparación con Judas o el Diablo surge porque son dos exponentes máximos de la maldad, aunque suele llamarse «piel de...» a los niños traviesos, pero no a las personas visceralmente malas. Ser más bueno que el pan (o el puré o el Quaker): Son todas frases válidas para calificar a la persona que se caracteriza por su bondad, que no tiene maldad ni sería capaz de dañar a nadie, en comparación con el pan, alimento básico del hombre o el puré, que se da preferentemente a los bebés para favorecer su crecimiento. Respecto del Quaker, es otro alimento imprescindible en la dieta alimentaria de los más pequeños. Entre nosotros, y con el mismo valor circula la variante es más bueno que Lassie... atada, en alusión a la popular perra Collie, protagonista de una serie de TV y de varios largometrajes, famosa por su mansedumbre. Ser más papista que el Papa: Originariamente, el dicho era ser más católico que el Papa, con lo que se daba a entender que alguien pretendía superar a todos en el cumplimiento de una ley, mandato, orden o edicto, actuando con mayor celo que si fuese el propio encargado de hacer cumplir la orden. Ser más el ruido que las nueces: No es muy segura la procedencia de este modismo, aunque circula por España una anécdota que podría explicar el origen del dicho. Según cuenta el conde de Clonard, en 1597 las tropas españolas tomaron la ciudad de Amiens merced a una treta urdida por el capitán Hernán Tello de Portocarrero, que vistió de labradores a dieciséis de sus soldados que hablaban muy bien en francés. Estos hombres penetraron en la ciudad provistos de sacos de nueces, cestos de manzanas y un carro de heno. Apenas entraron en la ciudad, uno de los soldados dejó caer voluntariamente uno de los sacos de nueces, lo que movió a los soldados franceses a recoger las nueces del piso. Esta situación permitió a los españoles que sacaran sus armas de la carreta de heno y así reducir a las tropas locales para permitir el ingreso de una columna invasora. Posteriormente, los franceses recobraron la plaza, pero la astucia de la estratagema habrían dado origen al dicho ser más el ruido que las nueces. Con el correr del tiempo, la frase pasó a ser parte del uso popular, como manifestación de exagerada demostración de un hecho que no tiene tanta trascendencia. Ser moneda corriente: Estar una cosa admitida y no sorprender a nadie, ser común, como sucede con la moneda de curso legal que todos conocen y nadie duda de su vigencia. Ser o no ser: Celebérrima frase de la obra "Hamlet", de William Shakespeare, tomada luego universalmente para indicar la presencia de una duda de gran peso. La expresión se completa con las palabras esa es la pregunta (that is the question). Ser palabras mayores: Ser algo de una importancia mayor de lo corriente. Antiguamente, se consideraban "palabras mayores" a las ofensas e injurias, cuya pronunciación pública daba lugar a procesos judiciales. Ser pan comido: Significa que una cosa resulta demasiado fácil, sin complicaciones, tan sencillo como el hecho de haber comido pan. La versión en inglés contiene la variante ser un pedazo de torta y tiene el mismo valor que la de nuestro idioma. Ser pura espuma: Aparentar más de lo que uno es. La comparación surge de algunas bebidas -como la cerveza- cuya espuma llega rápidamente al borde de la copa, pero el verdadero líquido no alcanza la mitad del recipiente. Ser sapo de otro pozo: Pertenecer a otro lugar. Ser un as: En nuestros tiempos, equivale a ser considerado el número uno en su profesión o actividad, en alusión al "as" de la baraja, pero antiguamente se utilizaba como insulto, pues se la interpretaba como sílaba inicial de la palabra asno. Posteriormente, durante la Primera Guerra Mundial, a causa de las acciones heroicas de los aviadores, se terminó de consolidar el sentido actual del vocablo. Ser un bodrio: Alude a algo pesado, insulso, aburrido, según de lo que se trate y procede del término latino bodrio, equivalente de "caldo", hecho con sobras de sopas, mendrugos, verduras y legumbres. Ser un cafre: El apelativo cafre se aplica a toda persona o situación que encarna lo opuesto a la civilización y la cultura. En realidad, se llaman cafres a los habitantes de Cafrería o País de los cafres, grupo de pueblos bantúes que habitaba la región oriental de África del Sur, en El Cabo y Natal. La Cafrería es un nombre de origen árabe con el que los geógrafos de los siglos XVII y XVIII denominaban a la parte de África situada al sur del ecuador poblada por infieles (kafir, en árabe), es decir, no musulmanes. La acepción de la palabra Cafrería se redujo gradualmente, primero a las regiones de lengua bantú, después a la zona marítima que se extiende a lo largo del Océano Índico, desde la colonia de El Cabo hasta las regiones del Zambeze y, finalmente, a zonas reducidas de esta región costera. Éstas son la antigua Cafrería británica o British Kaffaria, anexionada a la colonia de El Cabo en 1863, y la Cafrería propiamente dicha, que hoy coincide con Transkei. Ser un cero a la izquierda: No tener ningún valor, ser inútil, lo mismo que el cero que se pone a la izquierda de las cifras, por supuesto, sin ninguna coma ni otro signo. Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría: La tiña era una enfermedad de la piel, muy contagiosa, por eso, se la comparaba con la envidia, debido a la "propagación" de este defecto, padecido por la mayoría de los seres humanos. Si no puedes vencerlo(s), únete a él (ellos): Consejo para quien no es capaz de derrotar a un circunstancial enemigo, por lo que se le sugiere buscar una alianza con él. Si te he visto, no me acuerdo: Frase que, a manera de despedida lapidaria, utiliza quien quiere cortar una relación, debido a que no tiene deseos de mantenerla por ningún motivo. La despedida -en estos casos- es terminante y no admite reconsideraciones; de ahí, lo de "... no me acuerdo". Si sale con barbas... San Antón: Cuenta la tradición que había una vez un pintor aficionado, quien instalado ante el caballete dando forma a un boceto de cuadro, recibió la visita de un inoportuno espectador que le preguntó qué se proponía pintar en ese lienzo. El artista, que indudablemente tenía poca confianza en sus propias dotes, respondió socarronamente: -si sale con barbas, San Antón; si no... la Purísima Concepción. La ocurrencia tuvo una feliz repercusión y así pasó, de la forma proverbial al lenguaje popular, para dar a entender que se acomete una tarea sin muchas pretensiones de triunfo y, sobre todo, con indiferencia acerca del incierto resultado final. Sin comerla ni beberla: Recibir premio o castigo, sin haber tenido nada que ver con cierto asunto. La relación con la gastronomía alude a alguien que debe pagar por una comida, sin haber ingerido líquido ni sólido. Sin decir "¡agua va!": En la Edad Media, el sistema de alcantarillado y la presencia del cuarto de baño en las casas de familia españolas (lo mismo que en las francesas, inglesas, etcétera) no era tan común como en nuestros días; de hecho, para satisfacer las primarias necesidades fisiológicas, las familias de entonces utilizaban bacinillas (comúnmente llamadas hoy "escupideras", porque primitivamente cumplían esa función) dentro de las cuales depositaban sus abluciones. Era algo cotidiano, entonces, que por las mañanas, las señoras de la casa recogiesen estos recipientes y vaciasen su contenido simplemente arrojando desde las ventanas su contenido (en este caso, exclusivamente líquido) a la calle, pero poniendo mucho cuidado de advertir a los posibles transeúntes del peligro inminente, para lo cual exclamaban a viva voz: "¡Agua va...!". Con el tiempo, y cuando las instalaciones sanitarias progresaron, desapareció la costumbre, pero el dicho permaneció en el uso popular como sinónimo de advertencia. Claro que también surgió la variante sin decir "¡agua va!", equivalente al actuar sin la precaución de advertir a alguien sobre la acción que uno iba a acometer, muchas veces perjudicando al otro, tal como hubiera obrado una señora de aquellos tiempos que se dispusiera a arrojar el contenido de la bacinilla sin avisar... Sin pena ni gloria: Expresión utilizada para demostrar el desinterés de una persona por el resultado de una acción o emprendimiento, como si le diera lo mismo tener que sufrir una pena que gozar de la gloria. Sobre el pucho: Inmediatamente, ipso facto (expresión que algunos transforman en ipso pucho), como cuando alguien arroja el pucho de un cigarrillo para aplastarlo casi de inmediato con la punta del calzado. Sobre gustos no hay nada escrito: Habla de la diversidad de gustos dentro del género humano. Obsérvese que la versión en inglés dice la comida de un hombre es veneno para otro. También existe la variante en el libro de los gustos, todas las páginas están en blanco. Sobre llovido, mojado: Se usa esta frase en los momentos en que una persona sufre, sucesivamente, varias desgracias o males materiales, comparando esa sucesión con la seguidilla de lluvias sobre un terreno, el que luego es mojado artificialmente. Soldado que huye, sirve para otra guerra: Es la frase preferida de los que prefieren eludir la responsabilidad antes de enfrentar los problemas. El dicho encierra una realidad incontrastable. Sólo se vive una vez: Frase que advierte sobre lo efímero de la vida humana, muchas veces usada para justificar que lo que no se hace en cierto momento de la vida, jamás se podrá repetir. Una de las películas del célebre agente 007 James Bond -Sólo se vive "dos veces" (You only live twice)- parafrasea este proverbio. Somos todos honrados, pero el poncho no aparece: Expresión que se usa en los casos en que, dentro de un grupo, se ha cometido alguna ilicitud y todos claman por su inocencia, como si nadie pudiera ser responsable del delito o error cometido. Son las doce... y el pescado sin vender: Es una frase que sirve para ilustrar un momento de inacción, cuando lo que se necesita es resolver prácticamente los problemas antes de que avancen las horas. Antiguamente, el pescadero -vendedor de pescados- tenía su mercadería desde la mañana temprano y con el correr de las horas, los peces se iban deteriorando, por eso, si a las doce del mediodía no se habían vendido, el vendedor comenzaba a preocuparse. Hoy en día, merced a los modernos sistemas de refrigeración, eso no sucede, pero la frase conserva su vigencia. Tal para cual: Podría equipararse con la frase de tal palo, tal astilla, ya que refiere a las virtudes y defectos que hermanan a dos personas. Tanto va el cántaro a la fuente que, al final, se rompe: El cántaro es una gran vasija -generalmente, de barro- que las mujeres de la antigüedad llevaban a la fuente o al río para cargarlas con agua. Por supuesto, de tanto ir y venir desde y hacia la fuente, muchas veces se rompía debido al material de que estaba construido. En la actualidad, la frase se usa para recalcar que, ante la insistencia de una persona en determinada actitud, finalmente termina por provocar un contratiempo. Tener agallas: Ser osado o valiente ante cualquier situación; mostrar resistencia ante la adversidad. El término agallas no se refiere a las branquias de los peces, sino a las protuberancias de la corteza de algunos árbo-les, que tienen una forma parecida a los testículos del hombre. Tener cola de paja: Antiguamente, el dicho completo era "el que tiene cola de paja no debe acercarse al fuego", debido a que teniendo la cola de paja y al aproximarse al fuego, las probabilidades de combustión se acrecientan. En la actualidad, es una acusación a quien se siente responsable de algo que ha sucedido, sin haber recibido explícitamente el cargo. Tener cuerda para rato: Tener mucha vida por delante o tener mucho tiempo para dedicarle a una actividad o a una persona. Tener el rancho cascoteado/Tener la manzana rodeada: Ambas frases aluden a la circunstancia de sentirse acosado y seriamente comprometido. Tener el rancho cascoteado se usa con mayor frecuencia en el ámbito rural, debido a que menciona la clásica vivienda del gaucho; tener la manzana rodeada, en cambio, es más usada en la ciudad y la acción se compara con el procedimiento utilizado por la policía, cuando rodea la manzana para lograr la detención de un delincuente. Tener gancho: Locución usada preferentemente en el ámbito escolar, donde se la aplica al niño o niña que, por cuestiones de simpatía personal, goza de la preferencia de su maestra o maestro. Tener la vaca atada: Tener la riqueza asegurada, no pasar apremios. Tener malas (o pocas) pulgas: Ser una persona de mal carácter. Tener muchas horas de vuelo: En el ambiente de los pilotos de avión es muy importante la experiencia acumulada, y como la experiencia sólo se obtiene practicando el vuelo, es común que cuantas más "horas de vuelo" tenga un piloto, mayor será su posibilidad de progreso y reconocimiento. En sentido figurado, la expresión puede aplicarse en la vida cotidiana. Tener muchos humos: Existía entre los romanos, la tradicional costumbre de adornar el atrio de las viviendas con los bustos y retratos de toda su ascendencia, con el objeto de demostrar la longitud y la importancia de su linaje. Estos objetos, por efecto del humo y del paso del tiempo, adquirían una coloración oscura de la que los habitantes de la casa solían ufanarse, ya que cuanto más intensa era esa pátina de ranciedad, más crecía la respetabilidad de la familia, en base a la memoria de sus ancestros. Ese es el origen de la expresión tener muchos humos que hoy aplicamos análogamente para manifestar la fea actitud de quien actúa con engreimiento y presunción inmoderados. El mismo valor adquirió la locución subirse los humos a la cabeza. Tener ojos en la nuca: Estar muy prevenido y alerta, como si esa persona real-mente tuviera un par de ojos en la nuca y así pudiera observar lo que sucede a sus espaldas. Tener sangre de pato: Ser muy tranquilo, pusilánime, no reaccionar ante la adversidad o ante la agresión, comparado con el pato cuya pasividad es notable. Tener tupé: Tener atrevimiento, desfachatez, descaro. Tener un cocodrilo en el bolsillo: Ser amarrete, "agarrado", avaro, poco amigo de poner dinero propio, como si realmente dentro de su bolsillo tuviera un cocodrilo que le impidiera meter la mano. Tener un corazón de oro: Podría equivaler a tener un gran corazón, debido a que para nosotros, "tener corazón" tiene el valor de "ser bueno" y si además de tener corazón, decimos que es "de oro", estamos hablando de alguien cuya bondad merece destacarse. Tener un palenque donde rascarse: Locución extraída del Martín Fierro, una de cuyas estrofas dice Hacéte amigo del juez / no le des de qué quejarse / y cuando quiera enojarse / vos te debés encoger / pues siempre es bueno tener / palenque ande ir a rascarse". El palenque es el palo grueso clavado verticalmente a la tierra para amarrar animales bravos. ¿Tengo monos en la cara?: Expresión socarrona que advierte a quien está dirigida que quien habla no es un tonto del cual todos pueden reírse, como si realmente tuviera monos en la cara. Tiene razón, pero marche preso: Frase que se utiliza para descalificar cualquier justificación de alguna actitud equivocada de una persona, debido a que no importa lo que ella manifieste, lo mismo habrá de ser culpable de lo sucedido. Es como si le estuviera negada toda justificación. ¡Tierra, tragáme!: Locución que suele pronunciar aquella persona que, por vergüenza, quiere evitar ser visto en determinado lugar, como si en verdad deseara que la tierra lo hiciera desaparecer. Tira y afloja: Locución que, en sentido figurado, se aplica para dar a entender que las tratativas sobre un asunto parece que se definen en un sentido, luego en el otro y así sucesivamente. El origen es un juego infantil cuyos contendientes tomaban los extremos de cintas de colores y comenzaban a tirar hacia uno y otro lado. Tirar de la lengua: Tratar de hacer hablar a una persona para que devele secretos que nos interesan particularmente, como si uno literalmente tirara de su lengua para hacerla hablar. Tirar la casa por la ventana: Festejar de una manera desmedida, gastar con esplendidez. El origen del modismo podría ser una costumbre de principios del siglo XIX, por la que el ganador de la lotería tiraba -literalmente- la casa por la ventana, arrojando los enseres de su hogar, indicando que comenzaba una nueva vida. Tirar la manga: Literalmente, pedir plata o bienes materiales. La acción se la compara con el hecho de que cuando el limosnero pedía algo a una persona, lo hacía tirando de la manga de su saco. Tirar la piedra y esconder la mano: Causar daño a otro, tratando de ocultarse para eludir la responsabilidad. El modismo parece provenir de la obra del filósofo Platón "El banquete", en la que uno de los personajes la utiliza. Tirar la toalla: Expresión y acción propias del boxeo, por la cual los asistentes de un boxeador (segundos) arrojan la toalla, en señal de abandono de su pupilo quien está siendo sometido a una gran paliza. Originariamente, los segundos arrojaban la esponja con que se refresca el cuerpo del pugilista, pero después se optó por la toalla por ser más visible a los ojos del espectador. Tocar de oído: Hablar u opinar sin fundamento, particularmente hablando en base a lo que otras personas opinan. Se la puede comparar con la expresión hablar por boca de ganso. Tocar el cielo con las manos: Estar muy feliz; alcanzar la gloria, como si uno pudiera realmente llegar hasta el cielo con las manos. Tocar el piano: Robar, hurtar, quitar con habilidad manual, imitando el movimiento que realiza el ejecutante de piano, pero en este caso, practicado sobre la billetera de la víctima y no sobre el teclado. Tocar madera: Expresión familiar supersticiosa para alejar algún mal, consistente en dar un golpe suave en cualquier objeto de madera. Procede de una milenaria costumbre basada en la creencia de que en las vetas moradas de la madera reside el genio del Fuego y la Vitalidad. Todo bicho que camina va a parar al asador: Es una afirmación tomada del Martín Fierro, de José Hernández y está basada en el antiguo concepto de que cualquier animal es bueno para ser asado y comido. Con el tiempo, la expresión comenzó a aplicarse en referencia a algunas personas, cuyas actitudes las hacen merecedoras de un final previsible, aunque en las décadas de los años ‘40 y ‘50, la frase comenzó a ser utilizada en tono festivo, para subrayar la noticia del casamiento de algún joven, en alusión al inevitable final de todo soltero. Todo tiempo pasado fue mejor: Proverbio romántico que expresa una preferencia por las épocas pasadas, en comparación con las actuales. Todos los caminos conducen a Roma: En la época de los césares, la prevalencia de Roma era tal, que todos los caminos del Imperio llevaban a la capital. Posteriormente, la trascendencia de la máxima figura de la Iglesia católica -el Papa- dio lugar a la difusión de la frase. Trasladada a la actualidad, la locución representa la idea de que hay muchas maneras de llegar a un lugar. Todos los problemas se arreglan en la cama: Dicen muchos matrimonios que la solución a sus conflictos de pareja se halla en la cama. De los problemas extra matrimoniales, no hay tanta estadística. Tómalo o déjalo: Pone al hombre ante la opción de aceptar lo que se le ofrece o despreciar la oferta. Tomar la ocasión por los pelos / la ocasión la pintan calva: Son dos dichos que tienen la misma procedencia, aunque el primero es muy popular en España y el segundo, más usado entre nosotros. Los romanos personificaban a la diosa Ocasión como una mujer hermosa, desnuda y con alas, como símbolo de la fugacidad con que pasan ante el hombre las buenas ocasiones u oportunidades. Parada en puntas de pie sobre una rueda y con un cuchillo en la mano, la diosa Ocasión tenía una cabeza adornada por delante con abundante cabellera, mientras que por detrás, era totalmente calva. De manera que, al decir tomar la ocasión por los pelos, se entendía que debía esperársela de frente, cuando ella venía hacia uno, donde se tendría la oportunidad de tomarla, ya que una vez que había pasado -y al no tener pelos por detrás- sería imposible agarrarla. Con el tiempo, la expresión perdió algo de su sentido original y comenzó a ser utilizada para dar a entender que una cosa se logra más por suerte que por capacidad. Respecto de la variante (a) la ocasión la pintan calva, alude a la posibilidad inminente de alcanzar un logro y que por ninguna causa puede desperdiciarse la oportunidad. Tomar las de Villadiego: Si existe un dicho popular de origen español cuyo origen es controvertido, sin duda es este que nos ocupa ahora. Sobre lo que no se tiene ninguna duda es respecto de su antigüedad, ya que se lo menciona por primera vez en La Celestina, la célebre tragicomedia de Calisto y Melibea escrita en parte por Fernando de Rojas, donde se hace referencia a las "calzas de Villadiego". Pero los estudiosos no se ponen de acuerdo acerca de su procedencia: para algunos, alude a un determinado tipo de calzones -calzas- que se confeccionaban por entonces en el pueblo burgalés de Villadiego; para otros, evoca la figura del aventurero que llevaba ese apellido, quien por alguna razón que se desconoce, se vio obligado a escapar precipitadamente de determinado lugar. Existen otras versiones no menos contradictorias, una de las cuales sostiene que se refiere a las alforjas que se fabricaban en la ciudad de Villadiego, aludiendo a que éstas son lo primero que se toma cuando se huye de un lugar, pero en realidad, se trataría de las calzas, que sí son lo primero que uno toma en su huida. Pero sea como fuere, el significado de la frase tomarse las de Villadiego tiene en todos los casos el mismo sentido: huir, salir en estampida por efecto de una contingencia súbita e imprevista. Tomar a pecho: Tomarse alguna cosa muy en serio, con total responsabilidad. Si se trata de algo realmente trascendente, la frase vale como estímulo; si se trata de «tomarse a pecho» alguna broma, es algo criticable. Tomar el pelo: Lisa y llanamente, cargar a alguien, hacerle burlas, sin llegar a la ofensa grave. Tomar el toro por las astas: Ocuparse de solucionar un problema de manera personal y efectiva. Cuando se quiere derribar al toro sin elementos extraños, la única solución es tomarlo por las astas; con las dificultades sucede algo parecido. Traer a colación: Introducir un tema dentro de otro similar al que está siendo tratado. Antiguamente, se llamaba colación a la conferencia o debate que hacían los miembros de una congregación religiosa. Tropezar dos veces con la misma piedra: Es una crítica a la reincidencia. Es difícil que alguien tropiece dos veces con la misma piedra; de hecho, dicen que el hombre es el único ani-mal que lo hace. Se supone que también debe de ser difícil que alguien se encuentre dos veces con el mismo grave problema. Tarde piaste: Generalmente, cuando oímos una queja, pedido de auxilio o justificación algo tardíos, de manera que resulta prácticamente imposible atender, solemos utilizar irónicamente el dicho tarde piaste, integrado por el adverbio de tiempo y el participio del verbo "piar". En realidad, en el propio sentido de este verbo está contenido el significado del dicho, sobre cuyo origen se manejan varias versiones, aunque se coincide en lo más esencial. La más acertada habla de un par de estudiantes gallegos que, en ocasión de jugarle una broma a un tercero, apostaron a quién de los tres se atrevía a tragar un huevo cocido, de un solo trago. Aceptada la apuesta, los dos pícaros pusieron dos huevos cocidos y uno crudo, que se encargaron de dar al incauto. Este tomó el huevo y en el momento de pasar por la garganta del joven, el pollito pió, lo que hizo que aquel exclamara... ¡tarde piache! (forma gallega de decir ¡tarde piaste!). En la actualidad, lo seguimos utilizando con el mismo sentido que en sus orígenes. Tener buena (o mala) sombra: No importa si el origen de este dicho es andaluz o gitano, el caso es que proviene del valor que se da en esas latitudes -tan intensamente bañadas por el sol- a la sombra, especialmente durante los rigores del verano. Efectivamente, la sombra cumple allí un papel de primer orden y ello explica que el pueblo andaluz -siempre tan ocurrente- haya venido a atribuirle incluso valor sicológico, al decir buena (o mala) sombra. Así, tener buena sombra se volvió sinónimo de "tener gracia, donaire, ingenio", en tanto tener mala sombra equivale a "ser pesado, molesto, inoportuno y carente de todo atractivo". Tener buenas aldabas: Si bien no es éste un dicho muy difundido entre nosotros, su explicación merece ser incluida en esta selección, debido a que -de acuerdo con su significación- podría adaptarse perfectamente a las características de nuestra sociedad, sobre todo en nuestra época colonial. Aldaba es el nombre de la pieza de metal abatible que se instalaba (todavía hay casas que la tienen) para llamar por medio de la percusión, lo que nosotros denominaríamos un "llamador". Pues, aunque hoy este elemento ha caído en desuso debido a los cambios experimentados en la construcción de los modernos edificios y sólo se lo utiliza como motivo suntuario y decorativo, en el pasado era un adminículo inseparable de toda puerta principal de la vivienda, es decir, que no se concebía una casa de familia sin su correspondiente aldaba en la puerta. Y cuanto más caprichosas y artísticas eran sus formas, más distinguida era la mansión. El refrán primitivo dice a tal casa, tal aldaba, expresando precisamente esa idea de preeminencia que establecía la presencia de ese objeto. Del mismo modo, el dicho tener buenas aldabas, en el lenguaje coloquial significaba que esa familia contaba con amistades poderosas cuya influencia podía aportar, en determinadas circunstancias, protección o favores invalorables. Tener el baile de San Vito: Cuando una persona se muestra nerviosa e inquieta, le decimos despectivamente que parece que tiene el baile de san Vito o sambito. El origen de esta expresión está en la invocación que se hacía en la Edad Media a San Vito -o Guiodo- contra una grave afección nerviosa que recibió el nombre de este mártir. Caracterizada por movimientos involuntarios y sin propósito aparente, esta dolencia se conoce como corea reumática o corea de Sydenham. Según la leyenda, San Vito, mártir en el año 303, sufría terribles convulsiones causadas por las torturas a las que fue sometido en Lucania (Italia). Tener más cuento que Calleja: De las personas cuya fantasía les lleva a falsear la realidad de forma intencionada o no, se dice que tienen más cuento que Calleja. El origen de esta expresión está en la figura del editor Saturnino Calleja y Fernández (1855-1915). A la temprana edad de 20 años, este burgalés fundó en Madrid su editorial, casa que ha publicado gran cantidad de libros de carácter pedagógico y recreativo. Calleja y Fernández fue conocido sobre todo por su ingente producción de cuentos. Entre los más conocidos figuran: Las tres preguntas, Testigos con alas, El tesoro del Rey de Egipto, El anillo de Ginés y Chin-Pirri-Pi-Chin. Tener más orgullo que don Rodrigo en la horca: Cuentan que don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias, fue protegido del rey Felipe III, pero cuando accedió al trono Felipe IV y al obtener la preferencia de éste el conde-duque de Olivares, don Rodrigo no sólo cayó en desgracia sino que fue víctima de un proceso ruidoso en el que, entre otras gravísimas acusaciones, se le imputaba el envenenamiento de la reina Margarita, muerta en circunstancias muy extrañas. Condenado a morir decapitado, don Rodrigo recibió la noticia con impresionante entereza y así subió al cadalso, mientras la concurrencia se manifestaba con rumores y, sobre todo, con admiración. El condenado, entonces, abrazó al verdugo y entregó su alma pronunciando el nombre de Jesús. Esta arrogante actitud y compostura dio origen al dicho tener más orgullo que don Rodrigo en la horca con el que usualmente se pondera la actitud de quien, incluso en las circunstancias más adversas, mantiene inquebrantable su orgullo. Tener muchas ínfulas: En la Antigüedad, se llamaban "ínfulas" a unas tiras o vendas de las que pendían dos cintas llamadas "vittae", una a cada lado de la cabeza. Las "ínfulas" se usaban arrolladas en la cabeza a manera de diadema o corona, y solían lucirlas los príncipes y sacerdotes paganos, como señal distintiva de su dignidad. Con estas "ínfulas" se adornaban también los altares y -en algunas ocasiones- las víctimas que eran llevadas al sacrificio. Pero cuantas más eran las ínfulas y mejor la calidad de su confección, más importante era considerada la persona que las portaba, por lo que, era muy común escuchar hablar de víctima de muchas ínfulas. Con el tiempo, el dicho pasó a designar a todo aquel que actúa con habitual vanidad y orgullo desmedidos y, por lo general, despreciando al prójimo. Tener vista de Lince: Con este dicho, tenemos que admitir que se ha cometido un error histórico que se ha mantenido a través del tiempo. Y todo debido en parte a una equivocada transcripción (algo muy frecuente en nuestra lengua) así como a un acertado concepto científico que involucra a este felino. Existía un rey de Mesenia -antigua ciudad del Medio Oriente- llamado Alfareo, cuyo hijo era famoso por la capacidad visual de que gozaba, ya que era capaz de distinguir desde su atalaya en Libia, la partida de una flota enemiga desde Cartago. Y no sólo eso; se decía además, que era capaz de atravesar con su mirada toda clase de objetos sólidos. Sucedía que el nombre de este descendiente de nobles era Linceo y fue él quien dio origen al dicho popular tener vista de Lince, que era como se decía en los primeros tiempos y no tener vista de lince, como lo hacemos en la actualidad. Coincidentemente, el felino que nos ocupa ostenta con orgullo el mérito de ser uno de los animales con mejor visión entre todos los seres de la tierra, pero no fue él precisamente el que originó este dicho tan popular, usado hoy para destacar la capacidad visual de alguien. Tirar de la manta: En el siglo XV, los judíos fueron expulsados de Navarra, salvo los que se convirtieron al cristianismo. Para distinguir las familias conversas del resto de los fieles, se colgaron en las iglesias unos lienzos, llamados mantas, con los nombres de sus miembros. La expresión 'tirar de la manta', que hoy significa revelar un secreto, se empleó en un principio para buscar en los lienzos el origen converso de una persona. Tragar el paquete: Durante mucho tiempo, en España los cigarros puros se expendían en "atados" (y nunca mejor aplicado el término, debido a que estaban liados con una cinta) de seis unidades, desprovistos de cualquier envoltorio, lo que permitía al consumidor examinar minuciosamente el producto antes de comprarlo (observar el color, oler su aroma, contar las unidades...). Pero, sucedió que un buen día, la Compañía Arrendataria de Tabacos resolvió anular este sistema y ofrecer los cigarros guardados en estuches que mostraban el contenido sólo a través de una pequeña abertura. La innovación causó gran desagrado entre los fumadores, lo que motivó que se pusiera de moda la frase tragar el paquete, con la que se daba a entender que al usuario no le quedaba otra alternativa que aceptar como bueno -aunque no lo fuese- el tabaco empaquetado. El dicho se extendió luego al uso general, justificando toda actitud arbitraria e inconsulta. Parte 1: http://www.taringa.net/posts/info/18922633/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-1.html Parte 2: http://www.taringa.net/posts/info/18922715/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-2.html Parte 3: http://www.taringa.net/posts/info/18924563/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-3.html Parte 4: http://www.taringa.net/posts/info/18927192/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-4.html Parte 6: http://www.taringa.net/posts/info/18929903/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-6.html

Peter Lorre (1904-1964) fue un actor de cine y teatro austríaco de origen húngaro. Se hizo famoso protagonizando películas de terror, y debido a su particular rostro y acento fue parodiado muchas veces, sobre todo por la Warner Bros. Si Bugs Bunny o el Pato Lucas fue el personaje principal de una serie, que no te quepa duda que Peter Lorre apareció parodiado. Peter Lorre también fue parodiado (y sirvió de inspiración) en muchas otras ocasiones por diferentes empresas, tanto de TV como de videojuegos Ren (Ren & Stimpy) John K. afirmó que creó a Ren como una "mala imitación de Peter Lorre" Lámpara de techo (La Tostadora Valiente) Apareció una parodia suya en el capítulo donde Homero no le quiere donar un riñón a su padre y se sube a un barco con gente "rara" El Señor Leech (Scooby-Doo) Gusano (El Cadáver de la Novia) Doctor N. Gin (Crash Bandicoot) Yetch (Fiesta Monstruo) Digitamamon (Digimon) El doblaje estadounidense basó su voz en la de Peter Lorre Cad Bane (Star Wars: The Clone Wars) Cut Man (Megaman) En la serie de TV el doblaje de USA se inspiró en Peter Lorre Y como olvidarnos de la vez que Tweety se transformó en él Y cuando apareció en Looney Tunes: De Nuevo en Acción

Dar cuerda a alguien: Otorgarle mayor libertad a una persona, al igual que cuando a un animal atado se le alarga la cuerda que lo retiene para que pueda moverse una mayor distancia, sin necesidad de abandonar el lugar. No debe confundirse con dar manija a alguien, aplicada para significar que se está azuzando a una persona para que reaccione contra otra, con motivo o sin él o para que crea lo que otra quiere que crea. Dar gato por liebre: Antiguamente, las hospederías gozaban de una dudosa fama, sobre todo en materia de viandas. La literatura está plagada de alusiones a este particular. Entre otras acusaciones, los venteros eran a menudo sospechosos de echar un asno en adobo y venderlo como ternera, y de servir platos cuyo contenido no se sabía si era conejo, liebre, cabrito o gato. Era tanta la desconfianza en estos establecimientos que llegó a hacerse habitual entre los comensales la práctica de un conjuro previo a sentarse a comer. Puestos de pie, los clientes recitaban así delante del asado: "Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta del plato." Una de las estafas más comunes era dar carne de gato por la de liebre. De ahí que este dicho se utilice cuando se intenta engañar en la calidad de una cosa por medio de otra inferior que se le asemeja. Dar vuelta la página: Soslayar, olvidar algo, pasar a otro tema, como cuando alguien realmente da vuelta a la página de un libro y deja atrás lo leído. Darles margaritas a los cerdos: Frase bíblica (Evangelio de San Mateo, VII, 6) que significa desperdiciar cosas buenas en personas que no lo merecen. En realidad, ha habido un error de traducción del latín al castellano, ya que la palabra original es «margaron», que equivale a «perla» (de ahí, «margarina», por el color), de manera que la expresión real es darles perlas a los cerdos, que indudablemente, sería un desperdicio mayor que si les diésemos simplemente margaritas. De enero a enero, la plata es del banquero: Frase de advertencia para el apostador en cualquier juego, a través de la cual se asegura que, al cabo de los doce meses de un año, la ganancia será siempre para la banca, aunque algún apostador afortunado pueda -circunstancialmente- obtener alguna ganancia. e buten: Equivale a "excelente, lo mejor de su clase" y proviene de la antigua expresión da buten o da buti. Podría derivar del alemán gut, buten (bueno) o del latín butyrum (manteca, nata). En la Argentina, el pintoresco lenguaje lunfardo ha acuñado la expresión bien debute, muy utilizada por los escritores de letras de tango, con el mismo valor. De golpe y porrazo: De improviso, precipitadamente, sin reflexión, de pronto. De la noche a la mañana: Hacer algo sin previo aviso; sorprender por lo inesperado de una resolución, como si uno se acostara con una idea y amaneciera con otra. De noche, todos los gatos son pardos: La vista humana suele engañar al hombre, sobre todo en la oscuridad. Por eso, la advertencia manifestada a través de esta comparación que es muy real. De par en par: Locución adverbial que expresa la idea de puertas completamente abiertas, sin impedimento ni obstáculo que estorbe el paso. De Pascuas a Ramos: La expresión alude a la festividad de la Pascua de Resurrección, también conocida como Pascua florida, que tiene lugar una semana después del Domingo de Ramos. Por tanto, entre ambas festividades media un lapso de un año menos una semana. Es por ello por lo que se dice 'de Pascuas a Ramos' cuando un suceso acontece muy de vez en cuando. Por similares razones se dice el modismo 'de higos a brevas', ya que es sabido que la higuera da primero brevas y, acabadas éstas, después de un largo tiempo, los higos. De pe a pa: Totalmente, sin dejar nada por hacer. De perillas: Que viene justo, oportunamente. La locución alude a la perilla o parte superior del arco formado por los fustes de la silla de montar. De siete suelas: Locución que equivale a "fuerte, sólido" y es usada, particularmente, en la expresión pícaro de siete suelas ya que alude a la fortaleza que debería de tener un calzado hecho con una base de siete suelas. De puño y letra: Sirve para adjudicar la autoría de un escrito, al expresar que está hecho por la mano del que lo escribió o firmó. De tal palo, tal astilla: Se usa para realizar una comparación entre integrantes de una misma familia y, por lo general, es utilizada para justificar los defectos y virtudes de un/a hijo/a respecto de su padre/madre y otros familiares. El origen sería la frase a tal padre, tal hijo, incluida por Petronio en su "Satyricon, 58", sentido que el refrán en inglés reproduce literalmente. De todo, como en botica: Significa que hay variedad, provisión o surtido de varias cosas, como en las antiguas "boticas" (almacenes) de España, en las que había toda clase de artículos. Para otros, "botica" era el nombre dado en Sevilla a las casas de citas en las que, por un lado, se vendían remedios y por otro, había de todo. Deberle a cada santo una vela: Ser deudor de muchas personas. La comparación surge de la costumbre de algunos creyentes católicos de formular promesas a distintos santos, consistentes en el encendido de velas a cada una de las imágenes. Decíamos ayer... : Frase pronunciada por el poeta español fray Luis de León, luego de salir de la cárcel después de cinco años de castigo y al reanudar sus clases en la Universidad de Salamanca. La locución se utilizaba irónicamente. Defensa numantina: Cuando alguien realiza una defensa absoluta de una persona o situación hasta las últimas consecuencias, de palabra o de obra, se dice que ha llevado a cabo una defensa numantina. El origen de esta expresión se halla en las llamadas genéricamente guerras de Numancia, que se mantuvieron contra Roma entre los años 143 a 133 a. de C. Numancia era una antigua ciudad de Celtiberia, y más tarde de la provincia romana tarraconense. Sus minas están situadas en el cerro de la Muela o de Castro, a 7 kilómetros de la ciudad de Soria. Al mando de un ejército perfectamente adiestrado en los llanos de Urgel, Publio Escipión Emiliano se apoderó de Tierra de Campos y posteriormente cercó Numancia, rodeándola con zanjas y empalizadas, tras las que levantó una muralla de piedra. Incapaces de romper el asfixiante cerco del enemigo, los numantinos propusieron una paz honrosa, que fue rechazada por Escipión. Ante la negativa, los habitantes de Numancia prefirieron morir unidos y libres antes que caer en manos del enemigo. Dejar con un palmo de narices: Sorprender a alguien, chasquearlo, privándolo de algo que esperaba conseguir. Dejar de plantón: Dejar esperando a alguien; no acudir a una cita. El "plantón" era un soldado o integrante de una fuerza del orden que hacía guardia en un puesto y, por extensión, toda persona que ejercía la vigilancia de la puerta de un edificio. La comparación surge porque, al estar tanto tiempo apoyado sobre las "plantas" de los pies, la persona parecía estar echando raíces en el lugar. Dejar en la estacada: Abandonar a alguien, en una situación comprometida, que puede ser un negocio o un peligro grave. El dicho proviene de la época en la que se llevaban a cabo -en unos terrenos circundados por "estacas"- desafíos solemnes, torneos, justas y juegos en los que el participante perdía o moría en ellos. Del agua mansa líbreme Dios que de la brava me libro yo: Se pide ayuda al Señor para librarse de los problemas aparentemente menores, debido a que por lo general, uno suele ocuparse de aquellos que por su magnitud presentan más dificultad. Del dicho al hecho hay un largo trecho: Es el proverbio que -en su primera parte- da título a nuestro libro y en él, se manifiesta la diferencia que existe entre hacer las cosas y decirlas. Derecho al pataleo: La última oportunidad que le queda a quien se siente defraudado en sus derechos: protestar y protestar... acción expresada metafóricamente a través del verbo patalear. Descubrir el pastel: Se utiliza para expresar que una cosa que se procuraba mantener oculta salía a la luz. El origen de la expresión también podría ser otro relacionado con los naipes, ya que el vocablo pastel define "una fullería en el juego que consiste en barajar y disponer los naipes de modo que se tome el que los reparte lo principal del juego o se le dé a otro su parcial". Despedirse a la francesa: Durante el siglo XVIII había entre las personas de la alta sociedad francesa una moda que consistía en retirarse de un lugar en el que se estaba realizando una reunión o velada, sin despedirse, sin siquiera saludar a los anfitriones. Llegó a tal punto este hábito, que era considerado un rasgo de mala educación saludar en el momento de la partida. No se objetaba, por ejemplo, que la persona mirase el reloj para dar a entender las circunstancias por las que ella debía retirarse, pero de ninguna manera se veía con buenos ojos que el asistente saludase antes de ausentarse. Esta costumbre, en Francia dio origen al dicho sans adieu (sin adiós), que el lenguaje coloquial español acuñó en la forma "despedirse a la francesa", pero en este caso como equivalente de reprobación del comportamiento de alguien que, sin despedida ni saludo alguno, se retira de una reunión. Destapar la olla: Descubrir una verdad que permanecía oculta por intereses personales, como quien destapa una olla y, a causa de la fuerza del vapor de su contenido, éste surge salpicando a quien la destapó. Desvestir a un santo para vestir a otro: Habla de las penurias que pasan algunas personas que, para cumplir con alguien, deben dejar de hacerlo con otro. Diamante en bruto: Ser algo o alguien con muchas posibilidades, pero no estar listo todavía para desarrollar una función, actividad o profesión, por falta de educación, roce o experiencia. El diamante tiene más valor cuando está labrado que cuando es bruto. Dime con quién andas y te diré quién eres: Es una advertencia a quienes no tienen en cuenta las compañías de que se rodean. Generalmente, las personas que están con uno suelen tener los mismos valores morales y viceversa, por eso, cuando esas compañías carecen de los valores mencionados, uno es juzgado como ellos. Dios aprieta pero no ahorca: Habla de que, por más apremiado que se encuentre alguien, siempre hay una esperanza de salir airoso, como si el propio Dios nos apretara la garganta para asfixiarnos, pero sin llegar a ahorcarnos. Dios los cría y ellos se juntan: Es una afirmación muy difundida por la que se asegura que las personas tienden a unirse de acuerdo con las preferencias y gustos personales. El uso de la frase suele ser peyorativo, aunque no siempre debería serlo. Divide y reinarás: Es una máxima política de Maquiavelo, por la que se sugiere que la mejor manera de obtener el poder es sembrando la intriga entre quienes gobiernan para lograr su separación. Donde comen dos comen tres: Expresa la amplitud de criterio de las personas que reciben al invitado y comparten lo poco o mucho que tienen, con él. Donde digo digo, no digo digo, sino digo Diego: Locución festiva originada en la sociedad española del siglo XVI, que se aplica a quien incurre en confusión o contradicción y, sobre todo, al que luego se siente obligado a rectificarse. Donde el Diablo perdió el poncho: Muy lejos; en un lugar al que nadie llega. Donde hubo fuego, cenizas quedan: Proverbio que se aplica, con preferencia, en la relación amorosa por el que se expresa que, si dos personas han mantenido un idilio, a pesar del tiempo transcurrido las huellas no se borran, tal como sucede con las cenizas que quedan del fuego y, cada vez que se encuentran, se reaviva el recuerdo. Donde las dan, las toman: Al que hace daño, obra mal o siembra intrigas, se le suele pagar con la misma moneda. Donde manda capitán no manda marinero: Es una aseveración que establece el orden de mérito de las personas, de acuerdo con el grado (y no solamente en el ámbito militar). Debemos estar subordinados al que tiene un grado superior. Donde se come, no se caga: Frase propia de los argentinos que establece que debe cuidarse mucho el puesto en el que uno trabaja, tratando de evitar la provocación de hechos que puedan costarle el cargo. Dormir la mona: Pasar la borrachera. Dormirse sobre los laureles: Abandonarse, luego de conseguir un éxito; no perseverar en el esfuerzo y la dedicación, descuidando lo que se ha logrado. En la Antigüedad, el laurel estaba consagrado a Apolo y a los poetas, y sus hojas se utilizaban para confeccionar guirnaldas para premiar a los ganadores de los concursos de poesía. Dos son compañía; tres son multitud: Parece una respuesta a donde comen dos, comen tres, sólo que esta se refiere preferentemente a la relación amorosa, en la que dos siempre van a estar mucho más cómodos que tres. Dura lex sed lex (la ley es dura pero es la ley): La ley, a veces, parece dura, injusta, implacable, pero debemos entender que por ser una ley, debe ser cumplida. Dar el clavo: Esta expresión, seguramente, será asociada por el lector con la acción de martillar, clavar... y nada más alejado de la verdadera procedencia del dicho. En la Antigüedad, existía un juego infantil llamado "hito", que consistía en fijar un vástago o un gran clavo a cierta distancia de los participantes quienes, desde su lugar, arrojaban unos tejos anillados de hierro, de manera que el éxito en el juego lo lograban quienes conseguían acertar con el aro en el hito. Y como el hito solía ser de hierro -por lo general, se trataba de un clavo- la expresión dar en el clavo vino a significar lo mismo. Con el tiempo y como sucedió con casi todos los dichos populares, la gente comenzó a utilizarlo con otro sentido, en este caso, como equivalente de acertar en la solución de alguna cosa complicada y difícil. Dar gato por liebre: Si hay algo que ha mantenido la tradición con el paso de los siglos, es, sin duda, la mala fama de las posadas, hosterías y fondas, respecto de la calidad de sus comidas. La literatura universal está llena de alusiones, muchas de ellas irónicas, acerca del valor de los alimentos ofrecidos en ellas. Y era tanto el descrédito de estos lugares, que llegó a hacerse usual entre los comensales la práctica de un conjuro, previo a la degustación, en el que aquellos, parados frente a la carne recién asada, recitaban: Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta al plato. Por supuesto, este "exorcismo" nunca sirvió para demostrar la veracidad de la fama de la posada, pero dio origen a la expresión dar gato por liebre, que con el tiempo se incorporó al lenguaje popular como equivalente de engaño malicioso por el que se da alguna cosa de inferior calidad, bajo la apariencia de legitimidad. Dar la lata: Son muchas las versiones que circulan respecto de la procedencia del dicho, aunque todo induce a creer que proviene -por imitación- de los antiguos dichos dar la tabarra o dar la murga, con los que se daba a entender el fastidio ocasionado por alguien que golpea instrumentos de percusión tales como zambombas, palos y cencerros, para festejar las segundas nupcias de una viuda o de un viudo. Posiblemente, al aparecer en el mercado la hoja de lata (luego, hojalata) como producto de uso común, los recipientes vacíos de ese material fueron incorporados al equipo sonoro de las "cencerradas". De manera que la expresión dar la lata, o sea, percutir sobre ella, no hizo más que extender el concepto tradicional de dar la murga. También se ha documentado que la frase podría provenir de la ciudad de Málaga, en cuya cárcel los presos solían comprar una lata de mosto condimentado con sobras de vino, licores y aguardientes que al ser bebidos, provocaban en los detenidos una intensa borrachera y, como consecuencia, un deseo incontenible de hablar. El uso popular, sin embargo, le ha adjudicado al dicho el significado de fastidio causado por cualquier inoportuna insistencia, aunque entre nosotros se lo aplica lisa y llanamente a quien posee la característica de hablar por demás. Dar palos de ciego: Es sabido por todos que la ceguera -aparte de constituir una lamentable desgracia para quien la padece- ha sido siempre motivo de burla y pretexto para la creación de frases y expresiones divertidas. Y para probar esta afirmación, basta con citar algunos de los juegos populares nacidos en tiempos remotos cuyo fundamento consistía en privar ocasionalmente de la visión a los participantes. Tales son los casos de la gallina ciega y la piñata, juego que llegó a dar nombre a un día: el "Domingo de la Piñata", en cuyos festejos se vendaban los ojos de los participantes y estos, armados de un palo, comenzaban a dar garrotazos contra una cazuela de barro pendiente de hilo. Cuando la vasija era alcanzada por un certero garrotazo, ésta se abría derramando su contenido -que solía ser agua o pequeñas golosinas- sobre el autor del golpe. Así, la gente estallaba en bullicioso jolgorio. De esta alegre costumbre, no extinguida del todo en nuestros días, precede la expresión dar palos de ciego, aplicada para significar el perjuicio que se sufre al proceder sin tino ni cautela, a lo loco, en cualquier asunto delicado. Dar un cuarto al pregonero: La figura del pregonero o portavoz ambulante de noticias existe desde hace mucho tiempo, incluso se lo registra en la época de los romanos. En España, se sabe que existían pregoneros por lo menos desde el siglo XV y además tenían la particularidad de estar divididos en tres clases: los oficiales, que estaban al servicio de la Administración; los heraldos, que marchaban delante de los nobles anunciando el paso de estos, y los voceadores mercantiles que, por encargo de cualquier vendedor, pregonaban los artículos y servicios más diversos. La tarifa usual de estos últimos era un cuarto, moneda de cobre que equivalía a cuatro maravedíes, es decir, alrededor de tres céntimas de peseta, de manera que dar un cuarto al pregonero significaba pagar los servicios de ese oficial público para que difundiese, en voz alta, cualquier tipo de noticia. Con el correr del tiempo, la frase adquiriría en España (ya que en el Río de la Plata y el resto de América del Sur es poco usual) un sentido totalmente opuesto, cual es el de reprobar la divulgación de algo que, por su particular naturaleza, debiera callarse. Dárselo con queso: En la Antigüedad, la presencia de animales roedores constituía una amenaza para la salud de los habitantes de las grandes ciudades, debido a las enfermedades que transmitían. Por eso, era muy común escuchar la expresión armarla con queso, en referencia a las ratoneras o trampas para la caza de ratones, en cuyo mecanismo se colocaba un trozo de queso para así atraer a los roedores, golosos y reconocidos degustadores de ese producto lácteo. Por analogía, el dicho dársela con queso pasó a usarse metafóricamente en el lenguaje coloquial, con el significado de cebo", "ardid" o "engaño" mediante el cual una persona atrae a otra para conseguir un fin perseguido, con lo que queda claro que esta expresión puede muy bien equivaler a caer en la trampa. Tener muchas ínfulas: En la Antigüedad, se llamaban "ínfulas" a unas tiras o vendas de las que pendían dos cintas llamadas "vittae", una a cada lado de la cabeza. Las "ínfulas" se usaban arrolladas en la cabeza a manera de diadema o corona, y solían lucirlas los príncipes y sacerdotes paganos, como señal distintiva de su dignidad. Con estas "ínfulas" se adornaban también los altares y -en algunas ocasiones- las víctimas que eran llevadas al sacrificio. Pero cuantas más eran las ínfulas y mejor la calidad de su confección, más importante era considerada la persona que las portaba, por lo que, era muy común escuchar hablar de víctima de muchas ínfulas. Con el tiempo, el dicho pasó a designar a todo aquel que actúa con habitual vanidad y orgullo desmedidos y, por lo general, despreciando al prójimo. Del tiempo de maricastañas: No hay certeza acerca de la existencia de este personaje, como tampoco se conoce el motivo por el cual se lo asocia con épocas remotas. Hay quienes afirman que, efectivamente, existió en la provincia de Lugo (España) una Maricastaña quien, junto con su marido y hermanos, encabezó un partido de extracción popular que se oponía al pago de los tributos exigidos abusivamente por el obispo del lugar. Incluso, se afirma que habría sido ella misma la que ordenó matar -como represalia- al mayordomo del prelado. Aparentemente, la fama de esta mujer se cimentaba no tanto en sus principios morales y actitudes de arrojo cuanto en su aspecto muy varonil. Sin embargo, también hay quienes afirman que el personaje Maricastaña no es real sino ficticio y pertenecería a la leyenda celta, a través del cuento "La batalla de los pájaros", cuyo personaje central es una tal Auburn Mary (traducible como María de color castaño). De todas formas, real o inventada, esta mujer forma parte del léxico de la mayoría de los hispanohablantes en el dicho del tiempo de Maricastaña, para hacer alusión a algo o alguien que hace mucho tiempo que está en este mundo. Dorar la píldora: Desde siempre, los medicamentos (infusiones, polvos, brebajes...) se han caracterizado por tener un sabor amargo, lo cual los hacía molestos en el momento de tener que tragarlos, pero eso era considerado algo natural, tanto como lo era el hábito de tener que soportar el dolor. Hoy, todos sabemos que esos botoncitos compuestos por distintas variedades de productos medicinales llamados píldoras suelen estar integrados -por lo general- por elementos de sabor amargo y desagradable al paladar. De ahí, que los antiguos boticarios, tal como se sigue haciendo en el día de hoy en los modernos laboratorios farmacéuticos, para disfrazar o disimular ese desagradable sabor, acudiesen al recurso de dorar la píldora con alguna sustancia de gusto azucarado y suave al paladar, de manera que se facilitara la acción de tragar el medicamento. Ese es el sentido de la expresión dorar la píldora, que hoy aplicamos en el lenguaje diario para hacer o decir algo de una forma más suave y tratando de no herir a quien nos escucha. Echar agua al mar: Hacer algo inútilmente, sin resultado positivo o dar algo a quien tiene abundancia de ello. La versión en inglés habla de llevar carbón a Newcastle, en alusión a la ciudad inglesa de Newcastleupon- Tyne, activo puerto exportador de hulla. En España, dicen llevar hierro a Vizcaya, haciendo referencia a la ciudad vasca, famosa por su actividad en la industria siderúrgica. Echar leña al fuego: Expresa la idea de fomentar las discordias con comentarios que no hacen más que agravar la situación, como si echáramos leña al fuego o, como dice su versión en inglés, «agregar combustible al fuego». Echar una cana al aire: Equivale a divertirse, con cosas propias de la juventud, aunque la persona sea muy madura, debido a que se alude -metafóricamente- a la acción de arrancarse las canas, para parecer más joven, y tirarlas. Últimamente, con las facilidades que dan los adelantos en materia de embellecimiento, es mucho más fácil teñirlas que arrancarlas... y es mucho menos doloroso. El amor todo lo puede: Frase del poeta Virgilio, en sus "Églogas", en la que hace referencia a la tiranía del amor en los dioses y en los hombres y que también se aplica a la dulzura y la caridad. El año de la polka: La Polka es una danza de origen polaco, que se puso de moda en los salones europeos y fiestas de sociedad durante el primer tercio del siglo pasado. Por ello, al decir que algo es "del año de la Polka", queremos indicar que una cosa es vieja o está pasada de moda. El apetito viene comiendo: Cuando alguien no tiene deseos de comer, se dice que la mejor manera de provocar el hambre es, precisamente, ingiriendo comida. El baile de San Vito: Enfermedad infecciosa convulsiva que afecta a los niños. Se rezaba a este santo, que también sufrió convulsiones, implorando la curación. El camino del Infierno está lleno de buenas intenciones: Todos hemos tenido buenas intenciones, pero no siempre las hemos llegado a concretar, han quedado en el camino del éxito y la consolidación. El canto del cisne: Se refiere a la última obra o actuación de una persona. A pesar de que el cisne no canta nunca -lo más emite un ronquido sordo- existe una leyenda antigua que afirma que emite el canto más melodioso como premonición a su propia muerte, según relata Marcial y el poeta Virgilio. El capitán Araña: El dicho completo dice así: Ser como el capitán Araña, que embarca a la gente y se queda en tierra. Se utiliza para calificar a la persona que implica a los demás en un asunto en el que no está dispuesta a participar. El origen de esta frase hay que buscarlo en la figura del capitán Arana o Aranha, un personaje del siglo XVIII que recorría el litoral de la península Ibérica con la intención de reclutar gente con destino a las colonias de América para luchar contra los insurrectos, sin que él emprendiera viaje alguno hacia el Nuevo Continente. El casado casa quiere: Quien ha logrado formar una familia, pretende vivir con ella y solo ella en su propio hogar. El chocolate del loro: Una familia aristocrática que quiso reducir gastos llegó a la conclusión de que sólo se podía ahorrar la ración de chocolate del loro. El cliente siempre tiene razón: Proverbial frase que establece la verdadera esencia de la relación comercial en la sociedad de consumo, por la cual el vendedor o empleado de un comercio debe dar siempre la razón al cliente, aunque éste no la tenga. El comer y el rascar, todo es empezar: Antiguo proverbio que destaca la característica de estas acciones propias del ser humano. En ambos casos -comer y rascarse- todo es cuestión de empezar; una vez iniciada la acción, no se puede detener. La frase se aplicaba en los casos en que se producía cualquier clase de exceso. El Diablo hace la olla, pero no la tapa: Advertencia a aquellas personas involucradas en un escándalo, por la que se aclara que una vez que se halla envuelto en él, no es fácil ocultar la relación, tal como sucede con una olla a la que no se le ha colocado la tapa y todo lo que contiene está a la vista. El Diablo sabe por Diablo pero más sabe por viejo: Es útil la capacidad en determinada actividad, pero es mucho más provechosa la experiencia que se tenga en la vida. El dinero llama al dinero: Frase que asegura que la gente que posee mucho dinero, por lo general, tiene éxito en los emprendimientos comerciales y, de esta manera, sigue acrecentando su fortuna. El dinero no hace la felicidad: Una vieja aseveración que día a día parece alejarse de la realidad. Tanto es así, que la frase suele ser completada con afirmaciones del estilo de ...pero calma los nervios, o ...pero ayuda a conseguirla. El espectáculo debe continuar: Frase originada en el show business por la cual se exalta el espíritu de los artistas del espectáculo quienes, a pesar de los dolores físicos y espirituales que padecen, deben sobreponerse y continuar con su tarea de divertimento para los demás. La expresión suele aplicarse, por extensión, en otros ámbitos. El éxito tiene muchos padres; el fracaso es huérfano: Cuando se logra un triunfo, muchas son las personas que se adjudican el mérito de haberlo obtenido, pero cuando sólo se consigue un fracaso, nadie reclama su autoría. El fin justifica los medios: Frase atribuida a Maquiavelo, que resume toda su doctrina política. El fuego todo lo purifica: Desde tiempo inmemorial, se sabe que la acción del fuego elimina toda clase de gérmenes. El hábito no hace al monje: Por más que una persona trate de lucir como alguien que no es, no puede disimular su propia imagen. Una persona no puede, con sólo vestir un hábito, pretender ser monje. El hilo se corta por lo más delgado: Cuando un hilo o una soga se cortan naturalmente, el corte se produce en la parte más delgada. Lo mismo, cuando se deben tomar medidas en determinada circunstancia de la vida, siempre el afectado es el más débil. El hombre propone y Dios dispone: Según este proverbio de la obra "Imitación de Cristo", no podemos, desde nuestra mortal falibilidad, disponer indiscriminadamente acerca de obras y personas, sin tener en cuenta la decisión final del Creador. El horno no está para bollos: No es el momento apropiado para hacer o decir algo, es más, podríamos decir que es el menos indicado. La comparación surge de la baja temperatura que debe tener el horno para cocer bollos o tortas pero, al ser tan "caliente" la situación que se vive, se dice que el horno no está -efectivamente- para recibir bollos. El huerto del Francés: Este dicho se refiere a los asesinatos que en el pueblo cordobés de Peñaflor llevaron a cabo Juan Aldije, alias el Francés, natural de Agen (Gascuña) y José Muñoz Lopera, natural del lugar de los incidentes. El huerto del Francés era una casa vivienda, con cuadras, corrales y un huerto de 2 fanegas de tierra, situado a las afueras de Peñaflor. Entre los años 1898 y 1904, el Francés y su compinche asesinaron en dicha finca a 6 personas, cuyos cadáveres enterraron en el huerto. Lopera elegía a las víctimas en las timbas de las ferias y diversas capitales. Intimaba con ellas y les proponía el negocio de desplumar, a medias y con ciertos engaños, a un francés rico -papel que asumía Aldije- que vivía en una finca de Peñaflor. Los engañados llegaban de noche al pueblo cordobés, en cuya estación le esperaban la pareja de estafadores. Una vez en la finca, el Francés daba muerte al huésped golpeándole con una barra de hierro en la cabeza. Después le robaban sus pertenencias y enterraban el cadáver en el huerto. Los crímenes salieron a la luz en 1904. Aldije y Lopera fueron agarrotados en la cárcel sevillana del Pópulo el día 13 de octubre de 1906. El proceso judicial fue seguido con gran expectación en toda España y de aquel acontecimiento surgió el dicho 'eso es el huerto del Francés'. Éste designa los lugares donde roban a la gente o donde se cometen crímenes para robar. El mismo perro con distinto collar: Frase que da a entender que sólo cambia la apariencia de las cosas, pero no su esencia. Según algunos, el origen dataría de la época de Fernando VII quien, mientras presidía un desfile militar, alcanzó a distinguir entre los soldados a antiguos milicianos que acababan de ser licenciados, por lo que se dirigió a su asistente y le dijo: "Pues, hombre, son los mismos perros con distinto collar". El mismo que viste y calza: Frase con la que se corrobora la identidad de la persona que habla o de quien se habla. El movimiento se demuestra andando: La frase expresa que llega un momento en que sobran las palabras y hay que pasar a los hechos y es atribuida al filósofo griego Diógenes, el Cínico, quien la habría pronunciado ante Zenón de Elea cuando éste negó ontológicamente el movimiento. En ese momento, Diógenes se levantó, se puso a caminar y dijo la frase . El muerto se ríe del degollado: Frase festiva por medio de la cual a una persona que padece una desgracia se la compara con otra en igual o peor situación. El mundo es un pañuelo: Es una expresión muy usada cuando se trata de un encuentro inesperado de dos o más personas en un lugar o cuando alguien se entera de una noticia en un sitio al que no se sospechaba que pudiera llegar la novedad. El ojo del amo engorda el ganado: Conviene que cada uno cuide su propia hacienda; en la práctica, alude a la conveniencia de ocuparse personalmente de sus propios asuntos. El patio de Monipodio: En Rinconete y Cortadillo, de Cervantes, el jefe del hampa sevillana recibía allí a los nuevos ladrones. El pez grande se come al chico: Es una cruda realidad de la vida aplicada al ser humano. Al igual que los peces, los hombres tratan de imponer no sólo su fuerza física sino la económica ante el menos poderoso. El que a hierro mata, a hierro muere: Proverbio entresacado del Evangelio según San Mateo, XXVI, 52, que bien podría ser una variante de ojo por ojo; diente por diente. La persona que ejerce la violencia termina por perecer de la misma manera. El que busca, encuentra: Frase que estimula la perseverancia y aconseja que nadie deje de buscar, no sólo las cosas materiales, sino los logros más deseados. El que calla, otorga: Parece ser el proverbio antónimo de todos los que sugieren no hablar demasiado, pero en este caso aconseja no permanecer callado ante determinada acusación debido a que el silencio puede ser interpretado como admisión de la culpa. El que espera, desespera: Es un juego de palabras, por el que se expresa la idea de que la ansiedad, llevada al extremo, se convierte en desesperación. En este caso, "espera" y "desespera" no están presentados como simples antónimos, ya que "desespera" está relacionado con la "desesperación" y no con la "desesperanza". El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra: Frase de Jesucristo, tomada del Evangelio según San Juan 8, 7, que habría pronunciado el Redentor ante la turba que pretendía lapidar a una mujer acusada de adulterio, como si ellos estuvieran libre de culpa. La frase completa habría sido Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que arroje contra ella la primera piedra". Con el correr de los siglos, la frase consolidó su vigencia y su uso se extendió a toda situación en donde quienes juzgan no están moralmente autorizados para hacerlo ya que, en muchos casos, son responsables de pecados muchos mayores que los que están juzgando. El que guarda, tiene: Es una invitación al ahorro, única manera de tener asegurado un buen pasar en los tiempos de la vejez. El que las hace las paga: Otra variante de ojo por ojo... o el que a hierro mata... El que mucho abarca poco aprieta: La persona que emprende muchas cosas al mismo tiempo, no suele desempeñar bien ninguna de ellas: conviene dedicarse preferentemente a una sola. El que mucho habla, mucho yerra: Advierte sobre la inconveniencia de hablar demasiado, debido a que cuanto más se habla, más oportunidades hay de equivocarse. El que no arriesga, no gana: Es una invitación a la audacia, a encarar emprendimientos, incluso a pesar de que -en algunos casos- lo aconsejable es la prudencia. El que no corre, vuela: Expresión que hace referencia a la rapidez de las personas, no sólo respecto de su velocidad física, sino mental y la facilidad con que se desenvuelven en su profesión u oficio. Se podría complementar con frases hechas propias de los porteños, que justifican la velocidad de algunas personas: Fulano juega a la mancha con los aviones... Mengano les pone supositorios a las liebres, etcétera. El que no llora, no mama... : Frase porteña, difundida en todo el país, extraída del estribillo del célebre tango "Cambalache", de Enrique Santos Discépolo, por la que se afirma que el hombre -al igual que los bebés, que tienen que llorar para indicar a su madre que tienen hambre- debe vivir reclamando lo que le pertenece. La frase termina diciendo... y el que no afana es un gil, en una velada crítica, no sabemos si a los que viven dignamente de su trabajo (¿gil?) o al que vive robando a los demás (¿el que afana?). El que no quiera balazos que no vaya a la guerra: Si a alguno no le agradan ciertas cosas, debe evitar acudir al lugar en donde esas cosas suceden. El que no tiene cabeza, tiene pies: Frase aplicada particularmente a la persona desmemoriada o de frágil memoria por la que se hace referencia a que, si se olvidó algo (no tiene cabeza) deberá ir a buscarla adonde corresponde (tiene pies). El que pega primero pega dos veces: Sugiere tomar la iniciativa en todos los emprendimientos para obtener mayores beneficios. El que quiera celeste que le cueste: Se aplica para justificar lo difícil de una empresa. La comparación surge con el viejo prejuicio de las tradicionales familias europeas de la inmigración, de considerar el nacimiento de un varón (por eso, el celeste) más promisorio que el de una niña. El que quiera pescado que se moje el culo: Aquel que quiere obtener un logro o algo importante en su vida, debe esforzarse llegando incluso hasta el sacrificio. La comparación surge de la costumbre de pescar en los ríos con el agua hasta la altura de las nalgas, o bien, sentado en la playa, con lo que, en ambos casos, es inevitable mojarse las sentaderas. El que ríe último, ríe mejor: Hace referencia a la ventaja de saber aguardar el momento de celebrar un éxito, ya que muchas veces se suele festejar algo antes de tiempo. La misma frase se aplica para quien festeja un triunfo prematuro, desconociendo que en el futuro él puede ser el derrotado. El que roba a un ladrón tiene cien años de perdón: Frase que se usa para justificar la acción delictiva de alguien que comete una ilicitud contra quien es sospechado de haber cometido las mismas faltas. El que rompe, paga: Frase familiar que transfiere la responsabilidad de la integridad de un objeto a quien lo está utilizando en ese momento, sobre todo, si se trata de un objeto de cierto valor. El que se acuesta con chicos, amanece cagado: Advertencia a los mayores para que no encaren emprendimientos importantes con personas jóvenes y sin experiencia en una actividad. Existe una culta versión suavizada que dice el que con niños pernocta, excrementado alborea. El que se quemó con leche cuando ve una vaca llora: Es una frase que destaca la experiencia de una persona que deberá capitalizar sus aciertos y errores. El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen: Cuando una persona renuncia de un cargo, sin haber tenido problemas, se dice que «se fue por la puerta grande», lo que le permite volver cuando lo desee y ser bien recibido. El que siembra vientos cosecha tempestades: Las malas acciones y los odios suscitados tienen funestas consecuencias. El que solo se ríe, de sus picardías se acuerda: Refrán que se aplica a la persona que -por lo general- suele sonreír cuando está sola o bien, mientras está en un grupo, pero del que parece haberse ausentado con la mente. Se supone que esa sonrisa le recuerda ciertas travesuras cometidas, que no se atreve (o no le conviene) comentar en público. El sol sale para todos: Frase optimista que encierra una verdad indiscutida por la que, realmente, cuando el sol aparece en el cielo, se sabe que lo hace para todos sin distinción de ninguna clase. Con ella, se expresa que todos tenemos las mismas oportunidades en la vida. Similar interpretación tiene la oración aunque no lo veamos, el sol siempre está, popularizada por una canción de la cantante Marilina Ross. En tiempo de vacas gordas: En El Génesis está escrito que una vez el rey de Egipto tuvo un sueño: vio cómo 7 vacas gordas eran devoradas por otras tantas muy flacas. Al despertar el faraón, mandó llamar a todos los sabios, adivinos y agoreros egipcios, pero ninguno de ellos acertó a dar una interpretación satisfactoria de la pesadilla. En vista de lo cual mandó llamar a José, hijo de Jacob y Raquel, que se hallaba en prisión. Éste explicó que las 7 vacas gordas anunciaban abundancia, y las 7 escuálidas, otros tantos años de hambre y escasez. De este pasaje bíblico nace la expresión 'en tiempo de vacas gordas', para significar un periodo de abundancia, pero de precaria duración. El tiempo es oro: Habla del valor del tiempo, sobre todo, cuando alguien no percibe la importancia que este tiene y lo pierde o, lo que es peor, lo hace perder a los demás. El tiempo todo lo cura: Hay quienes afirman que, con el correr del tiempo, todo las heridas se curan, cicatrizan. Y hay quienes sostienen que lo mismo sucede con las cosas de la vida: con el tiempo, todo se olvida. El tonto del bote: A mediados del siglo XX, se hizo popular en Madrid (España) un mendigo que tenía una forma peculiar de pedir limosna. De él habla Dionisio Chaulié en el libro Cosas de Madrid cuando se refiere a los pedigüeños de su época: "En Madrid los había tradicionales. Entre otros, un desgraciado imbécil a quien se le conocía con el nombre de Tonto del bote, porque recogía la limosna en un bote de suela que agitaba en la mano, sentado en una silla a la puerta de San Antonio del Prado. Aún me parece verle en sus últimos años, inmóvil, con su sombrero de alas anchas, su ropón o túnica parda, limpio, y lanzando a intervalos una especie de sonido gutural para llamar la atención de los transeúntes." Se cuenta que en cierta corrida de toros, uno de los astados saltó la barrera y enfiló la Carrera de San Jerónimo. Al meterse en una de las calles transversales, el animal se topó de frente con el mendigo. Éste, desconociendo el peligro, permaneció inmóvil. El toro le olfateó despacio, dio un bufido y siguió su camino. Desde entonces, se recuerda la inmensa suerte que tuvo el Tonto del bote. El vivo vive del zonzo y el zonzo de su trabajo...: Frase muy argentina que define la clásica «viveza criolla» por la que siempre habrá alguna persona que se aprovechará de otra. La frase original tiene un final escatológico: ... y la gallina de arriba caga a la de abajo, por la posición de estas aves en el gallinero. El zorro pierde el pelo pero no las mañas: El zorro tiene la característica de padecer la caída del pelo y tan importante es esta particularidad que la enfermedad, en el hombre, se llama alopecia, tomada del griego "alops: zorro". La frase explica también que, por más que este animal pierda su pelaje, sus costumbres y mañas permanecerán inalterables. Lo propio sucede con el hombre. Elemental, querido Watson: Frase que se supone utilizaba como muletilla el personaje literario Sherlock Holmes, dirigiéndose a su ayudante, el Dr. Watson, ambos creados por el escritor Sir Arthur Conan Doyle. El investigador Gregorio Doval sostiene (y de ahí, lo de se supone) que en casi ninguna de las aventuras de Sherlock Holmes este personaje utiliza la frase , salvo en las primeras. Empinar el codo: Todos sabemos que el acto de beber -no importa si con vaso, porrón, bota o botella- impone por lógica necesidad, el movimiento de levantar el codo hasta determinado nivel. De este simple y cotidiano hecho procede la locución peyorativa empinar el codo, lo que equivale a "alzar, levantar, aupar el codo" de manera que el líquido se precipite dentro de la boca con mayor facilidad. Por eso, la expresión se divulgó en el uso popular con el sentido metafórico de "tomar, beber en gran cantidad de cualquier clase de bebida alcohólica", o en otras palabras, ser considerado lisa y llanamente un borracho. Entre Pinto y Valdemoro: Hace siglos en Madrid se bebía vino de las localidades de Pinto y Valdemoro. La expresión significa estar indeciso (al elegir entre los dos vinos) o borracho (elegir los dos). No obstante, algunos expertos opinan que éste no es el origen de la expresión. Según éstos, Valdemoro es una villa de origen árabe y corte musulmana que en el año 1083 fue conquistada por Alfonso VI. Pinto también fue edificada probablemente por los árabes, aunque pronto cayó tomada por los cristianos. Posiblemente, de esta convivencia entre musulmanes y cristianos, cuya única frontera entre ambas poblaciones era el riachuelo, procede el dicho proverbial estar entre Pinto y Valdemoro. En aguas de borrajas: Terminar una cosa en algo sin importancia, como todo lo que empieza con expectativas de trascendencia y finalmente acaba diluyéndose. Proviene del poco poder nutritivo del caldo hecho con una verdura -borrajas- que exige cuidadosas limpieza y cocción, pero carece de sabor. Lo mismo sucede con la expresión agua de cerrajas, que alude a una especie de lechuga silvestre. En aguas tranquilas, demonios se agitan: Frase procedente del idioma ruso, por la cual se expresa que aunque una situación parezca normal, puede esconder en su seno los peligros más graves. Podría equipararse con la frase las apariencias engañan. En boca cerrada no entran moscas: Es muy útil saber callar a tiempo. En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso: Tal como lo refiere la fábula del pastor y el lobo, cuando uno acostumbra a mentir, nadie le cree en el momento en que dice la verdad. En casa de herrero, cuchillo de palo: A veces, falta una cosa justo donde se supone que no debería faltar. En el amor y en la guerra, todo vale: Justifica el uso -dentro de estos dos ámbitos- de cualquier recurso para obtener logros. Podría equivaler a el fin justifica los medios, salvando las distancias. En el país de los ciegos, el tuerto es rey: En una sociedad donde los hombres se caracterizan por sus defectos, aquel que los tiene en menor cantidad, sobresale entre todos. En el pecado está la penitencia: Cuando uno comete una falta, muchas veces en la misma acción del pecado se halla implícito el castigo que ameritamos. En la adversidad se conoce a los amigos: Frase que expone la verdadera esencia de la amistad, ya que a los auténticos amigos se los conoce cuando uno pasa momentos de zozobra material y espiritual. En la cancha se ven los pingos: Dicho rioplatense de neto origen campero que expresa que los caballos -pingos- realmente buenos demuestran su calidad en el momento de la carrera. Podría equivaler al dicho el movimiento se demuestra andando. En la variedad está el gusto: Lo grato de la vida es probar todos los sabores que ella nos ofrece. En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse... : Frase inicial del bolero "Inolvidable", compuesto por J. Gutiérrez y popularizado en los años 60 por el director de orquesta y cantante Tito Rodríguez. En la vida, no todo es color de rosa: El color de rosa es el símbolo de la bonanza y la prosperidad, por lo tanto, cuando uno ve todas las cosas de ese color, supone que el futuro le sonríe y le depara momentos de gloria. En menos (de lo) que canta un gallo: Equivale a "muy rápidamente", casi sin que nadie se dé cuenta de lo sucedido, en comparación con el gallo que canta muy temprano, al alba, y cuyo canto suele ser breve y sorpresivo. En todas partes se cuecen habas... : Las flaquezas y errores humanos no son exclusivos de ningún lugar ni de ninguna persona. El dicho -originariamente- terminaba con la frase ... y en mi casa, a calderadas, como admitiendo las culpas domésticas. Enmendar la plana: Equivale a la acción desarrollada por una persona de mejor preparación, que consiste en corregir, arreglar, hacer enmiendas en la tarea hecha por otra, tal como lo hacían (y hacen) los maestros en la hoja (plana) del estudiante. Enroscar la víbora: Engañar a alguien, hacerle creer que es verdad algo que es falso o tratar de convencerlo de la calidad de algún producto o servicio. La expresión proviene de la época en que los vendedores ambulantes de la ciudad de Buenos Aires utilizaban -a manera de mascota- una serpiente (por lo general, una pacífica boa constrictor) que llevaban enrollada al cuello y acariciaban mientras recitaban su discurso. Como la fama de esos vendedores, a causa de la baja calidad de los productos que vendían, los hizo merecedores del mote de embusteros, la frase comenzó a aplicarse en los casos de intento de engaño. Entrar en razón: Simplemente razonar, recapacitar, usar el raciocinio, sobre todo cuando alguien es remiso a comprender un razonamiento o análisis que no puede o no quiere aceptar. Entre bastidores: Es el lugar en el que se preparan las representaciones teatrales, las de televisión, los desfiles de modas y suelen transitar por él artistas y técnicos. En esos lugares, se dicen y hacen cosas que no trascienden al público. En la Argentina, circula la deformación entre bambalinas, en la que se confunde a estos elementos con los bastidores. Las "bambalinas" son las tiras de lienzo que cuelgan del telar del teatro y representan la parte superior del decorado, no el piso. La expresión entre bastidores, en el lenguaje general, alude a la trama secreta que llevan a cabo algunas personas sobre ciertos temas. Entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera: Frase familiar usada para censurar a quien trata de sacar ventaja de personas de su misma condición o profesión, como si realmente un bombero entorpeciera la función de un colega, pisándole la manguera. Circulan muchas variantes de esta frase , entre las que se destaca entre gitanos, no nos vamos a adivinar la suerte, con idéntico valor. Entre gallos y medianoches: Algo hecho a escondidas, sin advertir a nadie lo que está sucediendo. La expresión se basa en la hora del día en que suelen hacerse ciertos arreglos, por lo general, protegido por la oscuridad de la medianoche que se extiende casi hasta que el gallo canta, al alba. Entre la espada y la pared: Estar en una situación delicada, sin una salida aparente, como los antiguos espadachines que se encontraban entre la espada de su oponente y la pared contra la que habían sido acorralados. Era de noche y, sin embargo, llovía: Es una absurda frase proverbial con la que se hace burla a los que dicen cosas incongruentes. Su creador habría sido el costumbrista y satírico Antonio Neira de Mosquera. Éramos pocos y parió mi abuela: Frase aplicada para expresar la presencia de gran cantidad de personas o hechos inesperados cuando y donde menos se lo espera. La referencia a la abuela está basada en el hecho de la infrecuencia de los embarazos en las mujeres que son abuelas. Errar es humano; perdonar es divino: Es una frase proverbial que alude a la falibilidad del ser humano, pero al mismo tiempo, reconoce que el don de perdonar es digno de un Ser superior, Dios, por lo que cuando el hombre perdona, debería sentirse más cerca del Creador. Es la caraba: Se usa para para dar a entender que algo o alguien es muy divertido, bromista, jolgorioso... El origen de esta frase está en una anécdota sucedida durante el transcurso de una feria. En una de las casetas se anunciaba algo extraordinario "La Caraba". El que siempre estaba dispuesto a asombrarse, lógicamente entraba y cuál no sería su sorpresa cuando el "fenómeno" que encontraba era una burra muy vieja y flaca. El dueño de la caseta decía que no existía ningún engaño ya que la burra era "La Caraba", es decir "la que araba y ya no ara". Escoba nueva barre bien: Nadie duda de esta afirmación, por eso se la aplica en referencia a la persona que comenzó a desempeñarse recientemente en una tarea. Un nuevo empleado, por lo general, en los primeros días trabaja arduamente y es capaz incluso de quedarse a hacer horas extras. Con el tiempo, al igual que la escoba que ha sido desgastada por el uso... Ese es el quid de la cuestión: Frase usada para señalar dónde está el punto esencial o central de un problema o cuestión. El término latino quid (que debe pronunciarse /kid/ y no /kuid/) significa "qué cosa". Esperar la cigüeña: Modismo utilizado para decir que una mujer está embarazada. La procedencia hay que buscarla en la mitología escandinava y está basada en las sanas costumbres de esta ave: monógama, vive siempre en el mismo nido, protege mucho a sus descendientes y cuida de igual manera a sus padres. Por otra parte, en Europa, su reaparición anual es considerada símbolo de buen augurio. Esquivar el bulto: Eludir la responsabilidad, no comprometerse con algo. Estar a dos velas: Es lo mismo que estar sin parné, sin dinero. La procedencia de esta frase es incierta. El folclorista José María Sbarbi en su obra Gran diccionario de refranes, comenta acerca de esta expresión: "Como en las iglesias, después de terminadas las funciones religiosas, se apagaban todas las luces menos 2 que quedaban delante del sagrario, y como éstas alumbran poco para el espacio tan grande de aquéllas (las iglesias), puede decirse que quedan tristes y medrosas y, por lo tanto, se compara con el ánimo del individuo que no tiene dinero". Al experto José María Iribarren esta explicación no le convence y sitúa el origen del dicho en las timbas y partidas de naipes antiguas, donde el banquero solía colocarse entre un par de velas. En este supuesto, dejar al banquero a dos velas o quedarse a dos velas equivaldría a dejarle sin un céntimo. Estar a la luna de Valencia: El dicho se aplicaba antiguamente a la gente que tenía que dormir fuera de las murallas de la ciudad por llegar tarde. Estar alunado: Estar de mal humor, enojado con motivo o sin él. La expresión tiene origen en la influencia que la luna ejerce sobre la conducta de las personas y las cosas. Estar como pez en el agua: Sentirse cómodo en un lugar o en una situación. Estar con un pie en el cajón: Estar a punto de morir, como las personas que padecen largas y penosas enfermedades y cuyo final es previsible. Estar curado de espanto: No asustarse, ni escandalizarse por nada de lo que pudiera ocurrir u ocurrirle, a causa de la experiencia acumulada, como si "ya lo hubiera visto o vivido todo". Estar en bolas: Equivale, literalmente, a estar desnudo y, metafóricamente, a quedarse sin ningún recurso para afrontar gastos o sin conocimiento para responder a determinada cuestión. El origen es la palabra bolas que en germanía significaba "feria" o "mercado público", con lo que la expresión estar en bolas equivalía a "exponerse públicamente". Estar en capilla: Hallarse alguien en el trance de pasar una prueba difícil o de conocer el resultado de algo que le preocupa. El rey Felipe II fue el primero que dispuso que en las cárceles se habilitaran capillas para que los reos condenados a muerte pudiesen confesarse y comulgar el día anterior a su ejecución. Estar en la cuerda floja: Permanecer en una situación delicada, comprometida o sometido a una amenaza en la realización de un asunto. La comparación surge de la actividad de los equilibristas o volatineros que realizaban exhibiciones caminando sobre una cuerda o alambre no tenso, muchas veces a varios metros de altura. Estar en las Batuecas: Significa estar distraído, tener el pensamiento en cosa diferente de la que se trata. También es sinónimo de ignorancia y simplicidad. Las Batuecas es un valle de la provincia de Salamanca (España) que linda con las Hurdes. Se trata de un enclave paradisíaco entre dos estribaciones de la sierra de Francia, cercado por montañas y con una vegetación exuberante. En tiempos pasados, sus habitantes tenían fama de salvajes. Eran llamados los beocios de España, o sea, los ignorantes o estúpidos de España. Hace 150 años, decir que uno se había criado en las Batuecas era ponerle al nivel de un cafre. Antiguamente corrían por la Península Ibérica mil fábulas sobre este valle, desde que sus habitantes andaban desnudos hasta que adoraban al diablo. Una vieja tradición aseguraba que las Batuecas habían permanecido en el olvido durante siglos, hasta que una doncella y un paje de la casa de Alba descubrieron el lugar. Para algunos, el fabuloso hallazgo tuvo lugar en el reinado de los Reyes Católicos. Según otros, ocurrió durante el mandato de Felipe II. El padre Feijoo contribuyó de forma decisiva a desmontar las leyendas sobre las Batuecas con su obra Fábula de las Batuecas y países imaginarios. Estar en Babia: La comarca leonesa de Babia era el lugar al que iban los reyes de León a descansar. Cuando el rey estaba en Babia, no quería saber nada de la corte. Estar en un brete: Estar en un aprieto, permanecer acotado. El brete es una especie de cerco por donde transita el ganado vacuno y sólo le permite dirigirse hacia donde lo guía el camino, pero también era un cepo de hierro que se ponía a los reos en los pies, para que no pudieran huir. Estar entre dos fuegos: Es una frase equivalente de la expresión entre la espada y la pared (ver), por la que se advierte de la situación comprometida de alguien que se encuentra cercado por el peligro. Estar hasta el tope: En el lenguaje del marino, la palabra tope designa el punto más alto de cualquier mástil y particularmente, de los masteleros o palos menores que se colocan sobre la cabeza de los mayores. Pero también recibe el nombre de tope el vigía que va ubicado en lo alto de la arboladura. De ahí, que en la jerga naval, para hacer alusión a la sobrecarga ocasional de un buque se diga "que el barco va (o está) hasta el tope". La expresión, por analogía, pasó al uso popular para hacer referencia a todo lo que se halla cargado excesivamente e, incluso metafóricamente, se la utiliza para dar a entender la situación límite a la que ha llegado una persona. Estar loco como una cabra: Equivale a estar muy loco, chiflado. La comparación proviene de la actitud de las cabras o de las crías que destetaron (dejaron de mamar) y andan por los montes dando saltos y efectuando movimientos bruscos que, para el ser humano, resultan totalmente inexplicables. Estar sobre ascuas: Estar sobresaltado, inquieto, esperando una noticia o respuesta Como las ascuas son materias sólidas penetradas por el fuego, sin llamas -algo así como las brasas-, la expresión alude a la inquieta sensación de estar pisándolas. Estirar la pata: Una de las tantas formas de hablar de la muerte, en este caso, haciendo clara referencia a la acción de extender las piernas, propia de quienes fallecen. Echar con cajas destempladas: En el pasado, cuando un militar incurría en delito de infamia y los superiores disponían separarlo del Cuerpo, se procedía a destemplar (destruir la concordancia o armonía con que están templados los instrumentos musicales) el parche de las cajas o tambores y, redoblando así sobre ellos, se realizaba la degradación pública del acusado. Asimismo, de esta manera -con el acompañamiento de cajas destempladas o desafinadas- eran conducidos los reos condenados a muerte al cadalso donde iban a ser ajusticiados. En la actualidad, la expresión echar con cajas destempladas se aplica para despedir a alguien (sin necesidad de que sea exclusivamente militar) de determinado lugar, pero acompañado de acritud y malos modos, cuando no con gritos e insultos. El hilo de la vida: De acuerdo con la mitología griega, las Parcas o Moiras -diosas de la Vida y de la Muerte- estaban representadas por tres hermanas, hijas de Nix, que era una personificación de la Noche: Clotho, Láchesis y Átropo. Estas eran las ejecutoras del destino que regulaban la vida de cada mortal con la ayuda de un hilo y tenían repartida la tarea: Clotho se encargaba de hilarlo; Láchesis o Láquesis lo enrollaba y Átropo, la implacable, lo cortaba cuando la correspondiente existencia llegaba a su fin. El hilo de la felicidad estaba hecho de lana blanca; el de la desgracia era de lana negra y aquellas personas en cuya existencia habían alternado los buenos momentos con los aciagos, estaba formado por una mezcla de ambas lanas. De manera que, en realidad, se trataba del hilo del sostén de la vida y de él dependíamos todos los mortales. De ahí nació la expresión el hilo de la vida, utilizada hoy con sentido metafórico, para dar a entender lo frágil, débil y quebradizo de nuestra existencia. El oro y el moro: Esta es una locución bastante difundida en nuestro lenguaje coloquial y, por lo general, se la usa para ponderar el precio y el aprecio (a veces, bastante exagerado) de una cosa o persona. El origen del dicho fue un hecho de armas protagonizado por un grupo de caballeros jerezanos durante las guerras de la Reconquista. Sucedió que, durante una incursión afortunada, estos caballeros lograron capturar a unos cincuenta moros notables, entre los que se encontraban Abdalá, el alcalde de la ciudad malagueña de Ronda y un sobrino de éste, llamado Hamet. El alcaide obtuvo muy pronto su rescate, mediante el pago de una fuerte suma de dinero, pero no así los demás -ni siquiera su sobrino Hamet-, pese a los enérgicos requerimientos del propio rey Juan II de Castilla. Los caballeros -y particularmente, la esposa de uno de ellos- exigían la entrega de cien doblas (monedas castellanas de oro) por la liberación del cautivo. En virtud de esto, el rey ordenó que Hamet fuese trasladado a la Corte, pero debido al forcejeo entre el soberano y los caballeros por el cobro del rescate, la malicia del pueblo no tardó en acuñar la frase quedarse con el oro y el moro, aplicada a la aparente intención negociadora (en su favor) del rey. Con el tiempo, el dicho comenzó a aplicarse para censurar a toda persona que pretende retener más de lo que le corresponde por derecho, y así es como lo usamos en la actualidad. Parte 1: Parte 3: Parte 4: Parte 5: Parte 6:
#1 Bruce Lee se entrenó a sí mismo para que sus movimientos fuesen extremadamente rápidos. El podía atrapar granos de arroz en el aire usando sólo palillos chinos. Su velocidad era tal que tuvieron que ralentizar una de sus películas para que los espectadores pudiesen ver sus movimientos. #2 Él podía arrebatarle una moneda de 10 centavos a otra persona de la palma de la mano (antes de que la persona cerrara la mano) y dejarle 1 centavo en su mano al mismo tiempo. Nunca dejó de experimentar con su entrenamiento para exprimir al máximo todo el potencial que su cuerpo tenía. #3 En 1962, Bruce Lee noqueó a su oponente de 15 puñetazos y 1 patada en una pelea que duró 11 segundos. #4 Bruce Lee podía hacer lagartijas usando sólo los dedos pulgar e índice de una sola mano. link: https://www.youtube.com/watch?v=3WCQGghedDM #5 Venció a una muy complicada lesión espinal. El cuarto nervio sacro en su médula espinal fue dañado. Eso significaría el fin de la carrwra de cualquier deportista. Pero Lee no se rindió y aprendió a caminar de vuelta. Él creó su propia filosofía de sanación y abandonó el hospital para volverse más fuerte y rápido que antes. #6 En una oportunidad le dió a Jackie Chan una patada demasiado fuerte. A Chan no le importó y más tarde recordaría el hecho con humor, diciendo que disfrutó haber conocido y abrazado a la persona que el más admiraba. #7 Él podía atravesar con sus dedos latas sin abrir de Coca-Cola. Las latas de ese entonces eran mas gruesas que las de ahora. #8 Bruce Lee podía romper tablas de madera de 15 cm de grosor. Él solía decir "Las tablas no devuelven el golpe", por lo que prefería golpear personas. #9 Mientras entrenaba con James Coburn rompió un saco de boxeo de 68 kilos. #10 Bruce Lee fue mas duro que Chuck Norris. A Chuck no le gustaba hablar de eso pero una vez admitió que su amigo le podría ganar en una pelea. #11 Una estatua de Bruce Lee fue erigida en la ciudad de Mostar, Bosnia-Herzegovina. La razón fue simple: el era algo que todas las etnias respetaban. Más tarde fue destruída por vándalos. #12 Su tiempo de reacción + golpear desde una distancia de 90 cm era de 0.05 segundos

Mal de muchos, consuelo de tontos: No podemos consolarnos ante una desgracia evitable, justificándonos diciendo que eso les sucede a muchos otros. Mandar a freír espárragos: Entre nosotros, equivale a insultar a una persona, "mandándola" a un lugar muy alejado, aunque en realidad, la idea original debería ser otra, debido a que los espárragos no se fríen, por lo que se supone que la expresión estaría destinada a "mandar a una persona a cumplir con algo imposible". En inglés, por su parte, el sentido sería "anda a tirarte al lago". Entre nosotros, existen las variantes anda a freír churros y anda a freír buñuelos. Mandar al otro mundo: Matar, eliminar a una persona. Mambrú se fue a la guerra: Es el título de una canción popular compuesta por los franceses durante la guerra de la Independencia, suponiendo que había muerto su archienemigo John Churchill, duque de Marlborough, militar inglés que había participado también en la Guerra de Sucesión española. La pronunciación popular del difícil nombre Marlborough dio origen a la palabra Mambrú, con la que se tituló la canción que primero fue cantada por los soldados y patriotas franceses. El tema pasó muy pronto al olvido, hasta que la nodriza del delfín francés, contratada por María Antonieta -esposa de Luis XVI- comenzó a arrullar al niño con esta canción, lo que causó mucha gracia a los reyes y muy pronto, todos la entonaban en el palacio de Versailles. Por influencia de los Borbones, en España volvió a difundirse la canción y recobró su popularidad, sobre todo, entre las niñas, que la cantaban mientras jugaban a la rayuela. En nuestro país, Mambrú se fue a la guerra identifica una de las canciones infantiles más populares desde la época de la Colonia. Mandar a la porra: Antiguamente, en el ámbito militar, el soldado que ejecutaba el tambor mayor del regimiento llevaba un largo bastón, con el puño de plata y mucha historia detrás, al que se llamaba "porra". Por lo general, este bastón era clavado en un lugar alejado del campamento y señalaba el lugar al que debía acudir el soldado que era castigado con arresto: "Vaya usted a la porra", le gritaba el oficial y el soldado, efectivamente, se dirigía a ese lugar y permanecía allí durante el tiempo que se mantenía el castigo. Posteriormente, fue cambiada la forma de castigo, pero la expresión mandar a la porra quedó en el uso del lenguaje del pueblo con un matiz netamente despectivo. Mantenerse en sus trece: Este es otro de los dichos sobre cuyo origen hay opiniones encontradas. Mientras algunos sostienen que proviene de la obstinación con que el antipapa español Pedro de Luna, durante el cisma de Occidente, mantuvo sus derechos al trono bajo el nombre de Benedicto XIII, para otros es simplemente un modismo residual de cierto antiguo juego de naipes, en el que, a la manera del que nosotros conocemos como el siete y medio, la cantidad de tantos máximos para poder ganar el juego era "quince". De esta forma, sucedía con mucha frecuencia que el jugador, al alcanzar ocasionalmente los trece puntos y por temor a pasarse de la cantidad ideal, se rehusaba a pedir otra carta y se plantaba en ese número. Sea cual fuere el origen del dicho, la expresión mantenerse en sus trece ha pasado al lenguaje popular como sinónimo de terquedad y persistencia porfiada en mantener una opinión o en cumplir una tarea determinada. Mañana será otro día: Frase usada como consuelo o amenaza ante la adversidad y también como pretexto para no hacer una cosa en el día de la fecha, originada en un cuento que narra la historia de un tuerto que salió de noche a recoger espárragos y como no veía nada, desistió y exclamó -a manera de excusa- mañana será otro día. Marchar a la francesa: Durante el transcurso del siglo XVIII, existía entre las personas de la alta sociedad francesa una moda que consistía en retirarse de un lugar en el que se estaba realizando una reunión o velada, sin despedirse, sin siquiera saludar a los anfitriones. Llegó a tal punto este hábito, que era considerado un rasgo de mala educación saludar en el momento de la partida. No se objetaba, por ejemplo, que la persona mirase el reloj para dar a entender las circunstancias por las que ella debía retirarse, pero de ninguna manera se veía con buenos ojos que el asistente saludase antes de ausentarse. Esta costumbre, en Francia dio origen al dicho sans adieu (sin adiós), que el lenguaje coloquial español acuñó en la forma marchar a la francesa, pero en este caso como equivalente de reprobación del comportamiento de alguien que, sin despedida ni saludo alguno, se retira de una reunión. Más "cornás" da el hambre: Respuesta del torero Manuel García, El Espartero, cuando le preguntaban si no temía arriesgarse tanto en la plaza. Murió de una mala corná. Más feo que Pico: En el siglo XIX, Picio fue un zapatero granadino condenado a muerte que, de pronto, fue indultado. De la impresión, perdió pelo, cejas y pestañas y se convirtió en paradigma de fealdad. Más vale malo conocido que bueno por conocer: Es preferible tratar con alguien conocido a quien se le señalan los defectos y no con alguien que viene precedido de excelentes referencias, pero que aún no hemos visto desempeñarse. Más vale maña que fuerza: Se obtiene mayor partido de la suavidad y la destreza que de la violencia y el rigor. Más vale pájaro en mano que ciento volando: Es preferible conservar lo poco que se tiene y no quedarse lamentando lo que podría haberse obtenido. El uso ha apocopado la palabra ciento en cien, desconociendo que la palabra ciento sólo puede acortarse delante de un sustantivo (cien pájaros). Más vale prevenir que curar: Podría asimilarse esta frase con su equivalente hombre prevenido vale por dos, debido a que la prevención es la mejor consejera para evitar consecuencias lamentables. Más vale ser cabeza de ratón que cola de león: Siempre es mejor ser el primero en un lugar humilde que el último en un lugar notable. Más vale tarde que nunca: Es una frase que sirve como consuelo y justifica la demora en llegar a un lugar o en obtener un logro. Matar dos pájaros de un tiro: Equivale a obtener un logro por partida doble, como si uno realmente pudiera abatir a dos pájaros con un solo disparo (o con una sola piedra, como dice la versión en inglés). Matar la gallina de los huevos de oro: Frase basada en una fábula de Esopo que cuenta la historia de un hombre que poseía una maravillosa gallina que ponía huevos de oro. Suponiendo que su interior estaría lleno del preciado metal, la mató y se encontró con la cruel realidad. Matrimonio y mortaja del cielo bajan: En esta locución, se habla de dos sacramentos de la Iglesia católica: el Matrimonio y la Extremaunción y, como tales, deben ser considerados recibidos de la propia mano de Dios. La rima festiva se ha hecho en base a que, en ambos casos, el hombre debe tomarlos como hechos del destino y acatar lo dispuesto por el Creador. Me lo contó un pajarito: En general, las aves siempre han tenido fama de ser portadoras excepcionales de buenas y malas noticias. Tanto en la Biblia cuanto en la literatura clásica abundan ejemplos de esta afirmación que certifican la vigencia del dicho. Una de las muestras antiquísimas de esa creencia es el difundido arte de predecir el futuro por el vuelo y el canto de los pájaros (augur, augurio...). Otra, más cercana en el tiempo, está representada por el uso de las palomas mensajeras, que han prestado siempre valiosos servicios a las tareas de información y comunicación. Todo ello explica la antigüedad de la frase me lo contó un pajarito, con la que solemos ocultar risueñamente el conocimiento del origen de alguna noticia llegada a nosotros de manera confidencial. Mear fuera del tarro: Irse de una cuestión, salirse del tema, como quien realmente orina fuera del recipiente. Mear fuera del tiesto: En la mayoría de las regiones españolas, un tiesto es un vaso de barro cocido que sirve para criar plantas. Pero en Castilla también equivale a orinal. Así pues, mearse fuera del tiesto significa orinarse fuera del orinal y, en sentido figurado, salirse de la discusión, y hacer o decir un despropósito. Media naranja: Equivale a la esposa (o novia) o al esposo (o novio), uno respecto del otro. El origen podría ser el hermoso mito de la aparición de los dos sexos humanos, según lo cuenta Platón, por el que al principio el ser humano era sólo uno, asexuado, que vivía en perfecta armonía. Pero, un día desobedeció a los dioses y éstos lo castigaron separándolo en dos mitades (como a una naranja): hombre y mujer, y los condenó a vagar eternamente buscando la otra mitad para recuperar su completa felicidad. Mejorando lo presente: Locución que, a modo de cortesía, se usa para alabar o hablar bien de alguien que se encuentra presente en ese lugar. Memoria de elefante: En realidad, dicen que la memoria del elefante no es muy buena, debido al tamaño de su cráneo, pero que sí recuerda muy bien a la persona o cosa que le ha hecho daño. De ahí, la aplicación de la frase . Menos averigua Dios y perdona: Frase que expresa la idea de que, hasta el mismo Dios perdona a quienes somos pecadores, sin necesidad de conocer nada más que nuestro arrepentimiento, por lo cual nadie puede exigirnos saber más de nosotros. La frase habría sido la respuesta de un diácono al cura -célebre éste, por su gran apego a las monedas- quien una vez le preguntó de dónde había sacado dinero para hacer las compras para la parroquia. Menos lobos: Un andaluz llamado Pinto decía haber visto una manada de l00 lobos. Sin creer el relato, sus amigos le decían "¡Menos lobos, tío Pinto!". El hombre fue rebajando la cifra hasta reconocer que sólo había visto la cola de un animal. Mens sana in corpore sano: Aforismo latino extraído de la Sátira X, de Juvenal, cuyo significado es alma sana en cuerpo sano y señala la ventaja de una buena salud del cuerpo para gozar de un buen espíritu. La locución completa es oremos para que haya una mente sana en cuerpo sano. Meter la mula: Hacer trampa, tratar de engañar a alguien, con una treta. El origen de la frase se remonta a la época en que los cargamentos de cereales y forrajeras se trasladaban en mula y, cuando llegaba el momento de pesar la carga, el productor o su representante introducían en la balanza -además del cargamento- la mula que lo portaba, para así aumentar el peso total. Meter la pata: Equivocarse, cometer errores, generalmente, por torpeza o descuido, como cuando alguien «mete» literalmente la pierna en un agujero, grieta o zanja. Meter violín en bolsa: Equivale a la expresión irse con la música a otra parte y se aplica en referencia a la bolsa en la que el violinista guardaba su instrumento. Meterse en camisa de once varas: La locución tuvo su origen en el ritual de adopción de un niño, en la Edad Media. El padre adoptante debía meter al niño adoptado dentro de una manga muy holgada de una camisa de gran tamaño tejida al efecto, sacando al pequeño por la cabeza o cuello de la prenda. Una vez recuperado el niño, el padre le daba un fuerte beso en la frente como prueba de su paternidad aceptada. La vara (835,9 mm) era una barra de madera o metal que servía para medir cualquier cosa y la alusión a las once varas es para exagerar la dimensión de la camisa que, si bien era grande, no podía medir tanto como once varas (serían más de nueve metros). La expresión meterse en camisa de once varas se aplica para advertir sobre la inconveniencia de complicarse innecesariamente la vida. Meterse en la boca del lobo: Entrar en un lugar que representa un serio riesgo para nuestra integridad, como si realmente uno hubiera metido la cabeza dentro de la boca del lobo. En inglés, se usa el león para el mismo dicho. Mezclar la hacienda: Entreverarse las amistades de alguien con otras que pertenecen a distinto estrato social, actividad profesional o preferencia ideológica, como si realmente la hacienda de uno se mezclara con la de otro. Mientras hay vida, hay esperanza: Podríamos decir también la esperanza es lo último que se pierde y estaríamos afirmando una de las frases más optimistas y positivas que existen en nuestra lengua. Mira quién habla: Frase utilizada para recriminar a quien señala o critica en los otros, defectos que él también tiene. Modestia aparte: Expresión usada a modo de justificación, cuando uno habla bien de sí mismo, para no pecar de inmodesto. Mojar la oreja: Frase que simboliza el reto a pelear con alguien. Por extensión, la expresión se utiliza para aludir a cualquier acción de desafío, real o simbólica. El gesto procede de una parodia sacrílega del ritual del bautismo por el que el sacerdote mojaba la oreja del niño, mientras exclamaba "¡Ábrete!", ordenando simbólicamente que se abrieran los oídos para escuchar las verdades de la fe. Montar en cólera: Estar enojado, con mucha rabia, con ira. "La" cólera -no "el" cólera, la enfermedad- es sinónimo de "ira, enojo, enfado". Morderse la lengua: Es una frase que expresa la idea de mantenerse callado, no hablar, sobre todo cuando es imprescindible permanecer en silencio para no comprometer a alguien o no cometer indiscreciones. Literalmente, si nos mordiésemos la lengua, no podríamos hablar; por eso, la sugerencia de hacerlo antes que decir una palabra. Morir con las botas puestas: Equivale a morir en pleno trabajo y la comparación surge de la característica de los soldados que morían en la guerra en medio de la lucha y con el calzado puesto. Moros en la costa: Divulgaron el dicho las milicias populares que se dedicaban a frenar los ataques de los piratas berberiscos. Mosquita muerta: Sirve para designar a la persona de ánimo o temperamento apocado, pero que suele sacar provecho de su situación, a través de actitudes poco frecuentes en ella. Mostrar la hilacha: Descubrir la verdadera personalidad de uno, mostrarse tal cual es, exponiendo los defectos de que se adolece, como si uno realmente estuviera en la intimidad de su casa vistiendo ropas de entre casa en las que se ven las hilachas de la costura. Mover cielo y tierra: Revolver todo, agotar hasta el último recurso para conseguir algo, como si realmente "moviera" el cielo y la tierra. Muchas manos en un plato hacen mucho garabato: Cuando muchas personas tienen injerencia en un tema, el resultado no puede ser positivo. Mucho ruido y pocas nueces: Expresión tomada del título de una pieza clásica de William Shakespeare, que se aplica a la situación en que se produce mucho alboroto sin ningún resultado positivo. Muerto el perro, se acabó la rabia: Frase digna del razonamiento de Perogrullo por la que se expresa que una vez que se extinguió la causa que producía un efecto, éste desaparece, lo mismo que sucede al morir un perro enfermo de rabia: la enfermedad deja de existir. Música celestial: En tiempos remotos, era muy debatido el tema de la existencia o no, de tres clases de música: la instrumental, conocida por todos; la música humana, que reflejaría la armonía entre el cuerpo y el espíritu y la música celestial o mundana, también llamada "música de las esferas", considerada inaudible para los sentidos, pero que estaba determinada por la velocidad y distancia de los astros. Incluso, se llegó a afirmar que las siete notas de la escala musical se correspondían con los siete planetas del sistema Solar, mientras que las doce consonancias o series de acordes equivalían a los doce signos del Zodíaco. Para algunos, hasta se volvió motivo de preocupación averiguar si en el Cielo se cantaría esa música. Todas estas quiméricas conjeturas acabaron por dar origen a la expresión música celestial, que con el correr del tiempo se aplicó para desdeñar -por vanas e inútiles- aquellas promesas que se hacen envueltas en palabras sonoras y engañosas. Nada del otro mundo: Se supone que una cosa «del otro mundo» sería algo digno de sor-prender y conmocionar a los habitantes de este planeta, por eso, cuando se trata de algo que no alcanza ese nivel, usamos esta frase . Nadar contra la corriente: Avanzar en la vida en el sentido contrario al que van todos, pelear para conseguir algo, luchando contra todas las graves dificultades, como si uno tratara realmente de avanzar en el río pero haciéndolo no a favor de la corriente. Nadie diga, de esta agua no beberé: Frase que afirma que ninguno está libre de que le suceda lo que a otro semejante, por lo general, aplicada cuando se trata de consecuencias negativas para la persona. Nadie es héroe para su ayuda de cámara: Según algunos, la expresión pertenece a los Ensayos, de Montaigne; para otros, habría sido pronunciada por Madame Carnuel, aludiendo a lo difícil que es conservar el prestigio de la intimidad. En nuestra lengua, circula la forma nadie es un señor delante de su criado. Nadie es perfecto: Una de las frases más veraces de nuestra selección, por la cual se justifica la falibilidad del ser humano que, por más que se considere sin defectos, siempre habrá de demostrar que no es perfecto. Nadie es profeta en su tierra: Expresión tomada del Evangelio según San Lucas, IV, 24, que en la actualidad suele aplicarse a toda persona que logra un éxito profesional fuera de su país, muchas veces habiendo sido ignorado en él. ¡Naranjas de la China!: Se usa para negar lo que otro acaba de afirmar. Viene de la época en que el pueblo no creía que las naranjas procedieran de tan lejano lugar. Ni chicha ni limonada: Ni una cosa ni la otra, permanecer indefinido. La chicha es una bebida alcohólica obtenida de la fermentación del maíz con azúcar, mientras la limonada -como todos sabemos- se extrae del limón. Por lo tanto, el dicho alude a lo que no es ni una cosa (bebida alcohólica) ni la otra (bebida refrescante). Ni ebrio ni dormido: Expresión que se habría originado en un episodio vivido por el general Belgrano, al hallar a un centinela que se había quedado dormido luego de una borrachera. Desde entonces, habría dictado una norma por la que se establecía que "ningún vigía podía estar ni ebrio no dormido en su puesto". Posteriormente, la locución pasó a ser sinónimo de terminante negativa ante cualquier hecho. Ni están todos los que son, ni son todos los que están: La frase está tomada de una cuarteta de Ramón de Campoamor, por la que se asegura que muchas veces, en los manicomios no están internados todos los que deberían estar y los que sí están, a veces, no merecerían estarlo. Ni fu ni fa: Ni una cosa ni la otra; no tener definición. Podría equivaler a ni chicha ni limonada. Ni lerdo ni perezoso: De una manera rápida, decisiva, sin tardar tiempo. Generalmente, se usa como elogio a alguien que ha tomado una decisión trascendental. No abrir el paraguas antes de que llueva (o antes de tiempo): Si bien es aconsejable prevenir los males, no es conveniente ser excesivamente precavido, pecando de obsesivo. No basta que la mujer del César sea honesta... ...también tiene que parecerlo: dice el proverbio. Según cuenta Plutarco en sus "Vidas paralelas", un patricio romano llamado Publio Clodio Pulcro, dueño de una gran fortuna y dotado con el don de la elocuencia, estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César. Tal era su enamoramiento, que en cierta oportunidad, durante la fiesta de la Buena Diosa -celebración a la que sólo podían asistir las mujeres- el patricio entró en la casa de César disfrazado de ejecutante de lira, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado por la doble acusación de engaño y sacrilegio. Como consecuencia de este hecho, César reprobó a Pompeya, a pesar de estar seguro de que ella no había cometido ningún hecho indecoroso y que no le había sido infiel, pero afirmando que no le agradaba el hecho de que su mujer fuera sospechada de infidelidad, porque no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo. La expresión, con el tiempo, comenzó a aplicarse en todo caso en el que alguien es sospechado de haber cometido alguna ilicitud, aun cuando no hubiera dudas respecto de su inocencia. No caber ni un alfiler: No quedar un lugar libre, ni siquiera para estar de pie, como suele suceder en algunos partidos clásicos de fútbol, en ciertas carreras de caballo y en algunos recitales musicales. No cambiar de caballo en medio del río: Es un consejo práctico para el hombre de campo: es contraproducente intentar el cambio de montura en medio del río. Pero, aplicado a la vida cotidiana, este refrán aconseja a las personas no variar la forma de encarar los proyectos y mucho menos, cambiar a sus colaboradores en momentos cruciales. No cantar victoria antes de tiempo: En inglés, equivale a no contar los pollos antes de que estén empollados, con lo que se advierte claramente la necesidad de ser prudente en la consideración de los logros y no darlos por obtenidos antes de tiempo. No dar el brazo a torcer: No ceder, no darse por vencido, por analogía con la acción de los pulseadores, que tratan de mantener firme su brazo ante la resistencia del oponente que intenta doblegarlo. No dar por el pito más de lo que el pito vale: No adjudicar a las cosas más valor del que realmente tienen. No dar puntada sin nudo: Para coser, es necesaria tanto la aguja cuanto el hilo, pero si al hilo no se le hace el nudito típico en su extremo, se escaparía por el ojo de la aguja. Por eso, la referencia a que la persona es muy cuidadosa en su accionar. La frase sufrió la deformación no dar puntada sin "hilo". No decir esta boca es mía: No hablar palabra, permanecer callado. A veces, se la utiliza como sinónimo de prudencia, para no decir algo de lo que podamos arrepentirnos luego. No dejó títere con cabeza: Todos sabemos que los títeres son figuras hechas en pasta, madera u otro material que, revestidas y adornadas caprichosamente, se accionan con hilos mediante algún artificio manual. En la actualidad, los títeres son un espectáculo para niños, pero en otras épocas, las representaciones se hacían también para recreo de los adultos, lo que explica que el célebre Don Quijote haya podido arremeter como lo hizo, contra el retablo del maese Pedro, en el que -en efecto- no dejó títere con cabeza. La expresión quedó en el lenguaje popular para calificar el destrozo que, por motivos airados, se hace de algo o alguien involuntaria e indiscriminadamente, aunque por analogía, la frase puede aplicarse también en el caso en que no haya ningún daño material, sino una severa reprimenda manifestada en forma oral contra una o más personas. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy: Habla de la conveniencia de hacer las cosas en el momento actual y no postergarlas para mañana, debido a que nadie puede predecir lo que habrá de suceder en el futuro. No es moco de pavo: El dicho tiene origen en la jerga de germanías, es decir, el habla española propia del hampa de los siglos XVI y XVII. En esta jerga, los rufianes y ladrones llamaban moco al trozo de cadena que quedaba después de robar el reloj de bolsillo de la víctima, que era conocido como pavo. Así, cuando éste iba a sacar su reloj para ver la hora, se encontraba entre sus dedos aquella especie de moquillo, bailando fláccido en el interior del bolsillo. La frase 'no ser moco de pavo' se usa hoy para dar a entender a alguien que el valor y estimación de una cosa es más importante que lo que él considera. No es nada lo del ojo: Según cuenta la tradición, alguien, como consecuencia de una riña callejera, tuvo la mala suerte de resultar herido en el rostro y perder uno de sus ojos. Entonces, lo recogió en su propia mano y comenzó a correr por las calles de la ciudad, en busca de ayuda. Mientras iba a toda velocidad por la vía pública y para darse valor ante la gente que lo miraba con preocupación por tan grave accidente, iba diciendo ... no sufro nada... no pasa nada... en realidad, no es nada lo del ojo... Claro, esta afirmación ante tan grave hecho, cayó muy bien en el jocoso espíritu popular y la gente, tomando al pie de la letra la expresión, la completó diciendo no es nada lo del ojo... y lo llevaba en la mano, cuya parte final suele omitirse. Posteriormente, parece ser que la escena volvió a repetirse, esta vez protagonizada por el célebre torero Manuel Domínguez "Desperdicios", toreando en la Plaza de Puerto de Santa María, en 1857. De todas formas, la locución quedó en el uso popular para subrayar burlonamente la actitud de quien, ante un grave trance, trata de minimizar la urgencia de una situación. No es oro todo lo que reluce: A veces, las apariencias engañan. El oro, todos lo sabemos, brilla como muchos metales, pero no todo lo que brilla es metal precioso. En la vida, sucede algo similar: no todo es como nos parece. No es tan fiero el león como lo pintan: Modismo utilizado para expresar que, aun cuando algunas personas tienen fama de duras, malas o agresivas, llegado el momento, suelen tener actitudes propias de una buena persona. No está muerto quien pelea: Expresión que -a la manera de mientras hay vida, hay esperanza- alude a la fuerza que pone una persona que, aunque se encuentra casi derrotada por la adversidad, sigue dando pelea. No faltaba más: Locución de cortesía, utilizada para aceptar una disculpa o gentileza, como si dijéramos "¡no hacía falta que se molestara por mí!". No hay dos sin tres: Tomando el número cabalístico "tres", se creó este dicho que refleja la constante relación entre la cifra y los hechos del hombre. Es como estar esperando la invariable llegada de la tercera vez. No hay mal que dure cien años: Por más que una persona esté padeciendo una mala racha, su supone que ésta no debería durar mucho tiempo. No hay mal que por bien no venga: Frase conformista que justifica el padecimiento de un mal o daño actual, suponiendo que detrás de cada mal o daño hay una esperanza de futuro mejor, que hace olvidar el mal momento pasado. No hay mejor defensa que un buen ataque: Frase aplicada en el ámbito deportivo -particularmente, en el fútbol- por la que se afirma que la mejor manera de defenderse es atacando y consiguiendo marcar goles y, de esta manera, restarles importancia a las probables deficiencias defensivas. No hay nada nuevo bajo el sol: La locución alude a que ya ha sido dicho todo y su origen estaría expresado en un pensamiento de Salomón, luego tomado por el comediógrafo Terencio. No hay peor sordo que el que no quiere oír: La sordera es un mal físico lamentable y la persona hipoacúsica lo sufre y supera como puede. Pero, hay algo peor: el sordo que no quiere oír, o sea, la persona que no padece esa enfermedad y que pudiendo escuchar, ignora lo que se le está diciendo. No hay que jugar con fuego: Advierte sobre el peligro de las empresas riesgosas al compararlas con el manipuleo del fuego. En este caso, la persona que lo hace, puede sufrir quemaduras; en el anterior, puede "quemar" sus posibilidades. No hay tu tía: En la medicina antigua, el hollín que resultaba de la fundición y purificación del cobre (óxido de cinc) era procesado para transformarlo en ungüento, al que le atribuían excepcionales virtudes curativas para determinadas enfermedades de la vista. El ungüento era llamado -según la región de que se tratara y del elemento del que derivaba- tutía, atutia o atutía y parece que era muy citado por los publicistas de la época, debido a sus aparentes buenos resultados en los tratamientos de las enfermedades oculares. Fue tal el prestigio de esta panacea que el lenguaje popular, basándose en ello, terminó por acuñar la frase -algo deformada, por cierto- no hay tu tía (como si en realidad, se tratase de la "tía" de alguien), para dar a entender que algo, por su dificultad o por su obstinación e intransigencia, es imposible de resolver. No llegar la sangre al río: Significa que una situación complicada no tuvo finalmente las graves consecuencias que se preveían. No mezclar aserrín con pan rallado: Frase aplicada a las personas que suelen mezclar temas que no tiene relación entre sí, en una misma conversación. La comparación surge de la idea de confundir el pan rallado con el aserrín, por lo similar de su apariencia. No pega ni con cola: Ser una cosa totalmente incongruente, no tener sentido, ser de tal manera inadecuado que -en sentido figurado- ni siquiera con la ayuda de algún pegamento podría encajar. No pegar un ojo: No poder dormir en toda la noche, estar desvelado. No pincha ni corta: No decide, no tiene poder, no resuelve. No es una cosa ni la otra, es indefinido. La frase es la última parte del dicho, como la espada de Bernardo, que ni pincha ni corta, usado antiguamente en España. No por mucho madrugar amanece más temprano: Por más temprano que nos levantemos, no vamos a lograr adelantar los relojes de la naturaleza. Aplicado a la vida cotidiana, significa que no debemos apresurarnos en nuestras decisiones. No querer más Lola: Lola era una marca argentina de galletitas de principio de siglo, famosas por el cuidado puesto en su elaboración, llevada a cabo con los mejores ingredientes y sin ningún tipo de agregado artificial, lo que las convirtió en las preferidas de los grandes médicos especialistas que las recomendaban para la inclusión en las dietas de sus pacientes, sobre todo los que no podían ingerir alimentos convencionales. Tanto fue así, que en los sanatorios, clínicas y hospitales comenzaron a incluirlas en la alimentación de enfermos de toda clase. Cuenta la tradición que, estando de visita alguien en un sanatorio de la ciudad de Buenos Aires y mientras recorría junto a un amigo las instalaciones del nosocomio, fue a dar a la puerta de la morgue, de donde precisamente salía un enfermero empujando una camilla que portaba un cadáver. Ante tal escena, el visitante, luego de mirar pasar al macabro cargamento, giró, miró a su ocasional acompañante y le dijo: Ese, no quiere más Lola..., aludiendo obviamente a la condición del fiambre, que ya no comería ni esa ni ninguna otra marca de galletitas. Con el tiempo, la expresión vino a significar que alguien desiste en su intento por alcanzar un logro que se le presenta inaccesible o, lisa y llanamente, abandona una tarea. No saber a qué santo encomendarse: Estar desorientado, sin saber a quién acudir. En la fe religiosa, cada persona acude al santo de su devoción o a aquel cuya particularidad le ofrece al creyente mayor confianza. No saber ni jota: Según el diccionario, no saber una jota o no saber ni jota se aplica a toda persona que es muy ignorante en una materia determinada. Este modismo alude a la letra jota y a sus antecesoras, la iod hebrea y la iota griega. Así nos lo cuenta el lingüista García Blanco en su obra Filosofía vulgar. El folklore andaluz (1882-83): "Era y es la iod hebrea, caldea y satírica la letra más pequeña de las 22 que usaban aquellos idiomas; era además en hebreo el principio o el primer trazo de toda letra, como puede verse en cualquier diccionario o gramática de aquellas lenguas: la jota española o castellana es la iota griega en cuanto al nombre, y ésta es la iod hebrea. Decir, pues, no sabe ni jota equivale a decir no conoce ni sabe la más pequeña letra, no sabe hacer el primer perfil o trazo de ninguna letra pequeña, es un ignorante." No se ganó Zamora en una hora: Se ganó en siete meses. Los que estuvo la ciudad asediada por Sancho II, que fue traicionado al final por Bellido Dolfos. La ciudad volvió a manos de la reina Doña Urraca. No se puede escupir al cielo: Proverbio que señala lo vano del insulto o la ofensa al Creador y que, por extensión, se aplica a todo acto de rebelión o descontento hacia las personas que están por encima de nosotros. Cuando uno escupe hacia arriba, ineluctablemente la saliva vuelve a caer y, por lo general, en la propia cara del que escupió. Lo mismo sucede con las cosas en la vida. No se puede estar bien con Dios y con el Diablo – No se puede estar en la procesión y tocando la campana: Ambas frases aluden a la misma situación, es decir, que no se puede servir a dos amos, que no se puede estar en dos lugares al mismo tiempo, a menos que uno sea Dios. No ser moco de pavo: Tener una cosa importancia y valor. No se refiere, obviamente, a ninguna secreción de la nariz del pavo sino a una especie de apéndice carnoso y eréctil que tiene el pavo sobre el pico; también se llama moco de pavo una planta amarantácea. De cualquier forma, en ninguno de los casos el moco de pavo tiene alguna utilidad y de ahí la expresión. No ser santo de mi (su) devoción: No sentir ninguna simpatía por alguien, no soportarlo, todo lo contrario de lo que uno siente por determinado santo. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios: Expresión tomada del Evangelio según San Mateo, IV, 4, que muchas personas suelen utilizar parcialmente, al decir no sólo de pan vive el hombre, omitiendo la segunda parte, quizá la más importante. No tener dónde caerse muerto: Expresa la idea de pobreza total, indigencia, a tal grado que la persona no podría siquiera darse el "lujo" de morirse. No tener gollete: Carecer de sensatez o de buen sentido. El gollete es la parte superior de la garganta por donde se une a la cabeza. No tener pelos en la lengua: Hablar las cosas claramente, sin ningún tipo de temor. Se supone que, si tuviéramos pelos en la lengua, nuestra habla se vería dificultada. No tener uña pa’ guitarrero: No estar capacitado para determinada actividad. Es sabido que, para una mejor ejecución de la guitarra, es necesario tener además de ágiles manos, buenas uñas para poder puntear bien las cuerdas (de ahí, que algunos toquen con púa), por eso, quien no las tiene no puede ser un buen guitarrero. En la vida, sucede lo mismo. No tenerlas todas consigo: Este modismo que solemos utilizar frecuentemente como justificación de la suerte adversa de una persona, proviene del lenguaje de los naipes, en el que el hecho de no estar en posesión de las cartas necesarias para afrontar una mano con probabilidad de fortuna, provoca la consiguiente incertidumbre del jugador. Hay quienes relacionan la locución no tenerlas todas consigo con el hecho de acudir a la batalla sin las armas necesarias para la lucha. Lo mismo sucede con otras expresiones equivalentes, como llevar las de ganar y llevar las de perder, que se refieren -respectivamente- a la expectativa razonada de obtener éxito en un empleo, o de no tenerlo. No tienes abuela: Con esta expresión irónica se censura a la persona que se alaba mucho a sí mismo y está tomada de la costumbre de las abuelas de elogiar desmedidamente a sus nietos. No todo es soplar y hacer botellas: La elaboración de botellas, desde tiempos remotos, está basada en la habilidad del artesano para soplar el vidrio, pero a pesar de lo difícil de la labor, siempre se supuso que, comparando el resultado final (la botella terminada) con la forma de elaborarlo (soplar), era muy sencillo "soplar y hacer botellas". Paradójicamente, la expresión pasó a utilizarse para advertir sobre lo dificultoso de cierta tarea por emprender. No valer ni la bula de Meco: Meco es un pueblo cercano a Alcalá de Henares, en la provincia de Madrid. En cierta oportunidad, el papa Inocencio VIII, en recompensa por los servicios prestados al papa y a la Corte romana por Iñigo López de Mendoza, segundo conde de Tendilla y señor de Meco, expidió una bula (documento pontificio autorizado por la firma del papa, en tinta roja). En ella, el Sumo Pontífice otorgaba una serie de favores para los habitantes de Meco y varios pueblos vecinos, que entre otros, les permitía saltarse determinados preceptos del ayuno de los viernes y de algunos otros anuales. Había sido el propio conde quien solicitó al papa la exención, en atención a que Meco y las otras localidades, al estar situadas en el centro de la península, no podían abastecerse de pescado fresco y por lo tanto, no podrían cumplir con el ayuno preceptivo. Todo ello, motivó que la expresión no valer ni la bula de Meco adquiriera carácter proverbial para subrayar la situación de quien, en un apuro extremo, no encuentra salida ni protección posibles. No valerle a uno ni la paz ni la caridad: En la Edad Media, existía en Castilla la Archicofradía de la Caridad, creada por María de Aragón, primera esposa del rey Juan II de Castilla, cuyo cometido consistía en asistir piadosamente a los necesitados y a los reos condenados a muerte desde que estos entraban en capilla hasta que eran conducidos al cadalso. Generalmente, eran ejecutados en la horca, pero existía una regla que establecía que, si por casualidad la soga se cortaba o fallaba eventualmente un mecanismo durante la ejecución y en ese momento, un hermano de la Cofradía alcanzaba a tocar o cubrir con su capa el cuerpo del condenado antes de que interviniese el verdugo, entonces el reo se libraba del ajusticiamiento y su pena era conmutada por la de prisión perpetua en una cárcel del norte de África. Por supuesto, esta regla daba lugar a numerosos hechos de corrupción protagonizados por familiares de los condenados, funcionarios y verdugos, que en más de una oportunidad a cambio de sobornos, corroían la cuerda de la horca para que en el momento de la ejecución, ésta cediera ante el peso del condenado. Esto dio lugar a que se dictaran normas para poner coto a la maniobra y fue entonces cuando se acuñó la frase a este no lo salva ni la paz ni la caridad, en relación a la Cofradía que no podría hacer nada por el reo. El dicho, posteriormente comenzó a aplicarse a todo aquel que, por hallarse en situación de extrema adversidad, no tiene posibilidades de escapar al castigo. Nobleza obliga: Frase proverbial atribuida al duque de Levis en su libro "Maxims et réflexions". Durante mucho tiempo, solía aplicarse como prueba de reconocimiento a un buen gesto o a un triunfo del ocasional adversario. Nombrar la soga en la casa del ahorcado: Expresa la inoportunidad de mencionar personas o hechos delante de quien puede sentirse molesto por esa mención. Nunca es tarde cuando la dicha llega: La felicidad de un logro, por más que haya tardado mucho en llegar, debe hacernos olvidar de los sinsabores. Circula una versión de este refrán -nunca es tarde cuando la dicha «es buena»- que es una redundante deformación de la original: la «dicha» no puede ser «buena» ni «mala». Nunca segundas partes fueron buenas: Crítica abierta a las imitaciones o continuaciones de obras que, en su primera parte lograron éxito, pero en la segunda no lo obtuvieron, por diversas razones. Obras son amores y no buenas razones: Los resultados son los que mandan y no las razones que se esgrimen para justificar un fracaso. La frase podría equipararse con la expresión el camino del Infierno está lleno de buenas intenciones. Ojo por ojo, diente por diente: Fórmula de la Ley del Talión (Éxodo, XXI, 24) por la que se insta a la venganza. Ojos que no ven, corazón que no siente: Las penas que están lejos o no son percibidas se sienten menos que las que se tienen a la vista. Otro que bien baila: Expresión irónica con la que se establece la comparación entre una persona y otra que adolece de los mismos defectos. Otro gallo cantaría: En las últimas horas de vida de Jesucristo, cuando estaban en el Cenáculo, el Señor había dicho a Pedro que él lo negaría tres veces antes de que cantase el gallo dos, al amanecer. Por supuesto, Pedro negó que tal situación fuese a cumplirse, pero quizá por la flaqueza humana del apóstol, el hecho se cumplió y Pedro negó tres veces consecutivas que conocía al Maestro. El curso de los hechos que condujeron a Jesús al Gólgota engendró en los creyentes el sentimiento de que otro habría sido el desenlace de la historia sagrada si el valor de Pedro no hubiese flaqueado. De ahí, que la expresión otro gallo cantaría se aplique para dar a entender que, de haberse planteado de otra manera, las cosas habrían resultado diferentes. Entre nosotros, circula la variante otro gallo le cantara, con idéntica función. Pagar con la misma moneda: Devolver el favor, retribuir a alguien una actitud anterior. Puede referirse a hechos buenos - corresponder a una gentileza- o a hechos desagradables -tomarse desquite de una ofensa-. Pagar el pato: Padecer una pena o castigo, sin merecerlo o por culpa de otro. El origen hay que buscarlo en la burla que hacían los viejos cristianos a los judeoespañoles debido al "pacto" (deformado irónicamente en la forma pato) que habían hecho estos con Dios. Pagar justos por pecadores: Hacer recaer la responsabilidad de una culpa sobre los inocentes. Pagar los platos rotos: Ser castigado injustamente por un delito que no cometió. ¡Palabras, palabras, palabras!: Frase con la que, en la obra de Shakespeare, Hamlet responde a Polonio, cuando éste le pregunta qué está leyendo (acto II, escena I). Luego, la expresión se aplicó a la verborragia o a la utilización de palabras sin sentido. Pan con pan, comida de zonzo: Alude a lo aburrido de las cosas de idénticas características, lo mismo que si una persona comiera pan y, para acompañarlo, también pan. Pan para hoy y hambre para mañana: Locución que se usa para justificar las decisiones que aseguran la resolución momentánea de un asunto, aunque las posibilidades para el futuro sean poco favorables, como si uno tuviera asegurado el pan pero solamente para el día presente, sabiendo que no alcanza para el futuro. Pan y circo: Frase tomada del latín panem et circences, expresión del poeta romano Juvenal quien, en sus Sátiras criticaba la corrupción en Roma en los tiempos de César. Actualmente, sirve para ilustrar las únicas aspiraciones de las masas populares. Papita p’al loro: Expresión de triunfo, sobre todo en lo referente al resultado exitoso de una inversión en la que quien la dice ha salido muy beneficiado. Está dicha en lenguaje rural que equivale a papita pa(ra e)l loro, en donde la palabra "papita" (diminutivo de papa) tiene el valor de alimento para el ave. Para hacer una tortilla, hay que romper varios huevos: Para obtener lo que deseamos hay que hacer sacrificios; sin esfuerzo no hay manera de alcanzar logros, lo mismo que sin romper algunos huevos no sería posible preparar una tortilla. Para pelear se necesitan dos: Podríamos usar la frase cuando uno no quiere, dos no pueden, porque expresa claramente la imposibilidad de enfrentamiento entre dos personas cuando una lo elude. Parar el carro: Literalmente, frenar a alguien, con una respuesta cortante o una reacción inesperada, como cuando se detenía un carro, impidiendo el avance del caballo. Parar la olla: Aportar para la comida en una casa, llevar lo necesario para la alimentación de la familia. Era costumbre, antiguamente, acostar la olla cuando no se cocinaba o en las épocas malas, pero cuando se cocinaba, la olla volvía a "pararse" para mantener la comida caliente. París bien vale una misa: Frase atribuida a Enrique IV, cuando le fue exigida su conversión al catolicismo para poder ser rey de Francia. Con el tiempo, la expresión se aplicó para justificar la realización de una tarea desagradable con el objeto de alcanzar un logro. Partir es morir un poco: Frase que expresa el dolor de la partida y provendría de las palabras iniciales de un poema del poeta francés Edmond Haracourt. Partir la diferencia: En una controversia, significa ceder cada una de las partes, algo de lo que le corresponde por derecho, con tal de lograr un acuerdo. Partir por el eje: Equivale a dejar a alguien inutilizado, prácticamente arruinado, como cuando a un vehículo se le parte uno de los ejes y queda totalmente imposibilitado de funcionar. Pasar la noche en blanco: Según los antiguos usos de la Orden de Caballería, el neófito (aspirante a integrar la Orden) debía permanecer en vela toda la noche anterior a la ceremonia, cubierto con una especie de sayal blanco, que simbolizaba la pureza de intenciones que se le exigía, para poder recibir dignamente el espaldarazo ritual. El dicho de los antiguos caballeros acabó por incorporarse al habla popular como frase sinónima de "pasar la noche desvelado, sin dormir, a causa de cualquier dolor, molestia o pesar ocasional", aunque el traje de dormir o el camisón no sean precisamente blancos. Pasar las de Caín: Padecer grandes contratiempos y sinsabores. La comparación surge de las vicisitudes que, según la Biblia, sufrió Caín luego de matar -por envidia- a su hermano Abel. Pasarse al patio: Tomarse excesiva confianza, más de la que se le otorgó. En las casas -a diferencia de la mayoría de los departamentos- suele haber un patio al que sólo acceden las personas que gozan de la confianza de los dueños de casa. Pasarse de rosca: Extralimitarse, excederse en lo que se dice, se hace o se pretende, como cuando la tuerca no encaja en el tornillo porque está desgastada la rosca y, entonces, "se pasa". Pedir peras al olmo: Pedir lo imposible. El olmo es un árbol que da excelente madera, pero no peras. Pelado por alcahuete: Frase originada en una costumbre-castigo nacida durante la Segunda Guerra Mundial, por la cual los colaboracionistas locales de los nazis eran literalmente rapados por sus compatriotas como señal de advertencia para quienes se sintieran tentados de imitar esa actitud. Lo mismo sucedía con las amantes nativas de los oficiales alemanes. En nuestro país, en la década del 50, la frase se popularizó con un sentido festivo, ignorando muchas veces su cruel origen. Peor es nada: Expresión usada a manera de consuelo, por la que se manifiesta que uno se conforma con lo poco (o de escasa calidad) que tiene, teniendo en cuenta que podría haberse quedado sin nada. Y eso es peor. La locución peor es nada se ha convertido en una expresión sustantiva, al usársela en oraciones como él (o ella) es mi "peor es nada", casi con el mismo valor de media naranja (ver). Perder el tren: Dejar pasar la oportunidad, como quien llega tarde a la estación y el tren que debía tomar ya partió. Perro que ladra no muerde: Los que hablan demasiado suelen hacer poco, tal como suele suceder con algunos perros que ladran excesivamente pero nunca atacan. Por supuesto, hay excepciones. Piano, piano, si va lontano: Es una frase de origen italiano que invita a la prudencia. Su traducción sería despacio, despacio, se llega lejos, aunque en su lengua de origen la frase es chi va piano, va lontano («el que va despacio, llega lejos»). Pisar el palito: Caer en una trampa, sobre todo, cuando ésta fue urdida con toda la intención de hacer caer a uno. La expresión proviene de las viejas trampas para pajaritos en las que, cuando el ave literalmente pisaba un palito colocado en ellas, éste dejaba caer el resto de la trampa encima del ave. Pisar los talones: Seguir muy de cerca, sobre todo emulando a alguien en su actividad. Poderoso caballero don Dinero: ¿Alguien duda del poder del dinero? ¿Alguno pone en duda la importancia que la sociedad actual les da a los bienes materiales? Tanto es así, que en inglés lo llaman el único monarca... El refrán español se hizo popular merced a la glosa que de él hizo el poeta Francisco de Quevedo. Ponle la firma: Dalo por hecho, es seguro. La frase está tomada de la costumbre de firmar los documentos importantes, en particular las solicitudes de créditos personales a sola firma -muy frecuentes en los años 40 y 50- que eran avalados por la firma del interesado y su garante. Poner cara de circunstancia: Mostrarse serio, circunspecto, a veces, fingiendo la expresión; otras, con real sentimiento. Poner como trapo de piso (o de cocina): Maltratar a alguien, humillarlo pública o privadamente, dejarlo con mal aspecto, tal como quedan el trapo de cocina y el de piso luego de haber sido utilizados en una tarea de limpieza. Poner de chupa de dómine: En la portada del diario 'La Razón' del 2 de febrero de 1999 podía leerse el siguiente titular: "Mónica Lewinsky pone a Clinton de chupa de dómine". El modismo poner de chupa de dómine se emplea cuando alguien habla muy mal de otra persona, con o sin razón, para causarle el mayor daño posible. La chupa era una prenda de tela que a modo de chaleco cubría el torso, con 4 faldillas de la cintura para abajo y con mangas ajustadas. Los soldados utilizaban la chupa debajo de la casaca. La expresión, que equivale a poner a alguien como un trapo, proviene del hecho de que algunas personas vestían unas chupas fabricadas con tejidos de pésima calidad. Entre los usuarios de éstas destacaban los dómines, nombre latino con el que se designaba a los profesores de gramática, que ganaban bastante poco. Poner el arado delante de los bueyes: Es hacer las cosas al revés, de manera que no puede obtenerse ningún resultado positivo, tal como sucedería si alguien colocara primero el arado y luego los bueyes. Poner el dedo en la llaga: La llaga es la parte más dolorosa y molesta de una herida, por lo tanto, poner el dedo en ella, significa causar mucha molestia y dolor a quien la padece. Figuradamente, la expresión se aplica a la acción de señalar e insistir en el punto que más preocupa a una persona. Poner el grito en el cielo: Gritar exageradamente, clamar quejándose con vehemencia de una cosa, como si uno realmente gritara tan alto que su voz llegara al cielo. Poner en tela de juicio: Dudar acerca de una afirmación hecha por otro y someterla a exhaustivo examen. En al antiguo Derecho procesal, el uso de esta locución señalaba que un asunto estaba pendiente de resolución. Poner la otra mejilla: Consejo bíblico (Mateos 5, 39; Lucas 6, 29) por el cual se nos invita a ofrecer la otra mejilla, cuando hemos sido abofeteados en una de ellas. Metafóricamente, la expresión se utiliza para dar a entender que una persona queda a merced de su agresor, sin atinar a ninguna defensa, una vez que ha sido ofendido. Poner las barbas en remojo: Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar, dice la tradición, a manera de advertencia sobre lo que es inminente que nos suceda cuando lo propio le ha ocurrido a nuestro vecino. Poner las cartas sobre la mesa: Sincerarse, decir la verdad ante alguien, sin guardarse nada, como quien, en el juego de naipes juega todas sus cartas y sólo le queda ver lo que sus adversarios presentan en la mesa para saber si ha ganado o perdido. Poner los pelos de punta: Aterrorizarse, estar extremadamente nervioso, alterado. Cuando alguien sufre un gran susto, la piel se eriza y los pelos se paran. Poner toda la carne al asador: Jugarse el todo por el todo, no dejar nada para más adelante, como cuando quien prepara el asado pone toda la carne al fuego porque ya es tarde y, además, el fuego se está extinguiendo. Ponerle el cascabel al gato: Atreverse a acometer una acción peligrosa o difícil. Surgió de un cuento anónimo llamado "De los mures con el gato", colección de cuentos satíricos. Posteriormente, la expresión fue popularizada por Félix María de Samaniego en "El congreso de los ratones", en la que los roedores de Ratópolis, para tratar de detener los pies de su perseguidor, el gato Miauragato, acordaron en ponerle un cascabel para prever cuando se acercaba. Pero el problema surgió cuando hubo que llevar a cabo la hazaña: nadie se animaba. Poniendo estaba la gansa: Expresión vulgar tomada de un primitivo juego infantil cuya frase completa era poniendo estaba la gansa, que era gorda y era mansa. La expresión, acompañada de un gesto hecho con la mano, invita a la persona a quien se la dice a pagar una deuda. En este caso, se asocia el verbo "poner" en dos de sus significados más comunes: por un lado, en el sentido de "deponer o soltar el huevo las aves"; por otro, el hecho de "apostar o abonar una cantidad de dinero". Con el tiempo, el verbo poner o su forma ponerse tomaron el valor de "pagar con dinero". Por arte de bilibirloque: El vocablo bilibirloque tiene su origen en el verbo birlar, que en el juego de los bolos significa tirar por segunda vez la bola. Vulgarmente, este verbo también equivale a hurtar a uno algo valiéndose de alguna intriga. En germania o caló, birlar significa estafar, y birloque o birbesco, ladrón. Se puede presumir pues que 'por arte de bilibirloque' es una frase equivalente a dejarse hurtar o estafar de repente por un hábil ladronzuelo. Por bajo cuerda: De manera reservada, ocultándolo de la vista de los demás. La expresión está basada en una treta aplicada en un antiguo juego de pelota en el que había que pasar el balón por encima de una cuerda colocada en medio de la cancha. La trampa consistía en pasar la pelota por debajo de la cuerda, de manera que si el ardid no había sido percibido por nadie, el tramposo se adjudicaba el tanto. Por hache o por be: Por una razón u otra. Se usa esta locución para dar entender que siempre que sucede algo, hay una causa, importante o no. Por la boca muere el pez: Es perjudicial hablar indiscriminadamente, y el dicho nos recuerda que el pez es atrapado por la boca, al morder el anzuelo. Lo mismo le sucede a la persona que habla en exceso. Por la plata baila el mono: Es una crítica a las personas que lo hacen todo por interés, que sólo persiguen la obtención de dinero. El origen se remonta a la época en que los organilleros y músicos ambulantes llevaban un monito para que realizara "monerías" al público. Luego de terminada la función -que podía ser musical o de adivinación- el simio pasaba a recoger las monedas en una latita. Por la puerta grande: Lograr hacer algo exitosa, triunfalmente. La comparación hace referencia a la mayor gloria del torero quien, luego de haber realizado una faena exitosa, es sacado en andas por la "puerta grande" de la plaza de toros. ¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo?: Palabras con las que Jesús (Evangelio según San Mateo, VII, 3) censura a los que reprenden los defectos ajenos y no ven los propios. Por un quita de ahí esas pajas: Por una cosa sin importancia, de poco fundamento. Predicar en el desierto, como San Juan: Hablar en vano, hacer las cosas para nada, sin ningún resultado. En este caso, debemos hacer la advertencia de que cuando San Juan el Bautista predicaba en el desierto de Judea, lo acompañaba una inmensa muchedumbre que no sólo lo escuchaba y seguía sino que además, se hacía bautizar por él, con lo que queda descartada la idea de "predicar en vano". Prender el ventilador: Equivale a hablar, contar todo lo que se sabe, con el objeto de perjudicar a una o más persona descubriendo secretos que estas personas se cuidan muy bien de guardar. La expresión completa es prender el ventilador y echar mierda para todos lados, comparando la ventilación de secretos con la actitud de acercar estiércol al ventilador para que se propague hacia todos lados. Pueblo chico, infierno grande: Crítica a las sociedades de los pueblos pequeños, en donde todos sus habitantes se conocen y suelen propiciar grandes escándalos, precisamente por conocerse tan bien. Pelitos a la mar: Desde tiempos remotos, el hecho de arrancarse algunos pelos de la cabeza y arrojarlos al viento ha tenido un significado de reconciliación, ya que así la hacían los griegos del período clásico (se lo menciona en la "Iliada", de Homero durante las ceremonias del rapado de corderos y el aventado de sus pelos). Y aún hoy lo hacen, por ejemplo, los niños andaluces cuando quieren sellar sus diferencias: ponen los pelos en la palma de la mano y, soplando, exclaman: "Pelitos a la mar", en alusión a que el viento habría de llevarse también las disputas hacia el inmenso mar, lo mismo que se llevaba los pelitos. Trasladada al lenguaje común, la frase mantiene su primitivo significado y se la usa para allanar diferencias. Entre nosotros, esa significación no tuvo jamás aplicación práctica, pero circulaba hace muchos años la variante Pelito pa’ la vieja, claro que como exclamación de júbilo luego de haber obtenido provecho en alguna operación ventajosa (cambio de figuritas, canicas, etcétera). Picar muy alto: Esta es una expresión tomada del arte de la tauromaquia (corrida de toros), donde el acto de picar tiene mucho que ver con la habilidad del alanceador de toros. Pero, su origen nos remonta a una corrida de toros realizada en la Plaza Mayor de Madrid durante el reinado de Felipe IV, celebrando el día de su onomástico. Sucede que uno de los más destacados picadores era don Juan de Tassis y Peralta, conde de Villamediana, que también era conocido por una relación amorosa con la reina. Ese día, el conde tuvo una actuación destacada, lo que hizo que la soberana exclamara: "¡Qué bien pica el conde!", a lo que el rey replicó, con toda ironía: "Sí, pica muy bien... pero pica muy alto", sugiriendo lo excesivo de las aspiraciones del noble súbdito. El conde, finalmente, murió asesinado a manos de un desconocido, instigado o pagado según dicen, por algún cortesano ofendido o, muy probablemente por el propio rey, no sin antes haber salvado a la reina de un incendio producido en el palacio de Aranjuez, aunque había quienes sostenían que fue el propio don Juan el que habría provocado el fuego, para poder "salvar" a la reina. Con el tiempo, la expresión pasó al uso popular para dar a entender que alguien pone su mira en objetivos muy por encima de sus posibilidades. Poner las manos en el fuego: Para explicar la procedencia de este dicho, hay que remontarse a la época en que se practicaba el llamado "juicio de Dios" u "Ordalía" que era una institución jurídica por medio de la cual se dictaminaba la inocencia de una persona o cosa (podía ser un libro u otra obra de arte) acusada de haber cometido algún delito, pecado o falta y de cuyo resultado se podía deducir qué juicio merecía ella de Dios. Muchas veces, el juicio de Dios se practicaba para aclarar una desavenencia entre dos personas. Originariamente, era una costumbre pagana practicada por numerosos pueblos antiguos -en particular, por tribus germánicas-, pero con la llegada del cristianismo, la costumbre fue asimilada por la Iglesia. Estos juicios de Dios tenían muchas formas de ejecución, pero las que más se practicaban eran las que consistían en el combate y el fuego, forma ésta que consistía en tomar hierros candentes o poner en la mano (u otra parte del cuerpo) una hoguera o lumbre: si la persona salía indemne o con poco daño de la prueba, era considerada inocente. La frase , con el tiempo, comenzó a aplicarse, en sentido figurado, para manifestar respaldo total por alguien o algo, dando a entender que uno estaría dispuesto incluso a poner las manos en el fuego, para dar testimonio de la conducta de una persona. Parte 1: Parte 2: Parte 3: Parte 5: Parte 6:
El que se fue a Sevilla, perdió su silla: Cuentan que durante el reinado en Castilla de Enrique IV de Trastámara, un sobrino de don Alonso de Fonseca -arzobispo de Sevilla- fue a su vez designado arzobispo de Compostela, pero suponiendo el tío que, a causa de las revueltas que agitaban Galicia, a su sobrino le costaría mucho tomar posesión de su cargo, se ofreció para adelantarse a Santiago para allanarle las dificultades, pero a cambio, le pidió a su sobrino que lo reemplazase en los negocios de su sede en Sevilla. Efectivamente, así se hizo y con el mejor resultado, de manera que una vez que don Alonso, concluida la gestión, regresó a Sevilla, se halló con la desagradable sorpresa de que su sobrino se resistía a abandonar la sede que regenteaba, alegando que el arreglo había sido permanente. Para reducirlo, se hizo necesaria la intervención del Papa y hasta la del propio rey Enrique. El joven, una vez que regresó a Santiago, terminó preso y sentenciado a cinco años de condena por otros delitos, pero su carrera continuó y llegó a ocupar los más altos cargos eclesiásticos, teniendo que ceder su arzobispado a su propio hijo. De aquel suceso, muy comentado en su tiempo, nació el dicho que seguramente en su origen debió ser el que se fue "de" Sevilla, perdió su silla y no como lo conocemos hoy, el que se fue "a" Sevilla, perdió su silla, porque en realidad, don Alonso no fue a Sevilla sino a Santiago de Compostela, para lo cual debió irse de Sevilla y... dejar su silla. El tiempo de las vacas gordas: Según cuenta la Biblia (Génesis), cierta vez el faraón tuvo un sueño singular e inquietante: vio cómo siete vacas gordas eran devoradas por otras tantas vacas extremadamente flacas. Desconcertado por tal visión, convocó a los adivinos y agoreros más afamados del país, pero ninguno de ellos supo interpretar satisfactoriamente la pesadilla. Ante tal circunstancia, hizo comparecer ante sí a José, hijo de Jacob y Raquel, que se hallaba en prisión y éste le explicó que las siete vacas flacas simbolizaban "los siete próximos años, que serían de abundancia y prosperidad", mientras que las siete vacas flacas representaban la "escasez y penurias que harán que se olvide toda la abundancia de la tierra de Egipto durante otros siete años, y el hambre consumirá la tierra". Con el tiempo, la frase el tiempo de las vacas gordas adquirió el valor de aludir a cualquier período de prosperidad material, pero con la advertencia implícita de que a ese período habrá de sucederle otro de necesidades y apremios. Entrar con el pie derecho: Esta es una expresión que desde hace mucho tiempo solemos utilizar para significar el comienzo favorable de una empresa, aunque comúnmente se sostiene que la locución es una forma residual de alguna práctica supersticiosa. Lo cierto es que tiene su origen en la rúbrica de los Misales donde, por motivos arcanos se prescribe que el celebrante, una vez comenzado el introito y al disponerse a subir las gradas del altar, debe iniciar su marcha con el pie derecho, esto es, entrar con el pie derecho. Curiosamente, esta costumbre se ha mantenido a pesar de su procedencia pagana. Por extensión, comenzó a aplicarse el dicho para referirse a la acción que prenuncia la buena suerte necesaria en la iniciación de una tarea y su culminación con éxito. Estar a la cuarta pregunta: Antiguamente, en los interrogatorios judiciales, era de fórmula realizar cuatro preguntas al imputado: ¿tenemos salud?, ¿tenemos ingenio?, ¿tenemos amores? y la temida cuarta pregunta: ¿tenemos dinero? Aparentemente, los novatos iban contestando afirmativamente a todo, salvo cuando oían la cuarta pregunta. Cuando la indagación concernía a persona desheredada o indigente, ésta, naturalmente respondía siempre negativamente, declarándose pobre de solemnidad y si el juez, deseoso de aclarar la situación, insistía por ese lado, el interesado podía abstenerse o, mejor dicho, estar a la cuarta pregunta. La expresión, con el tiempo, vino a hacerse homóloga del estado de suma pobreza o indigencia de determinada persona. Estar en Babia: Aunque al lector le parezca mentira, Babia existe y es una apartada comarca de la provincia de León, en España, poco fértil y bastante alejada de las zonas pobladas en cuyo territorio hoy se encuentran importantes pantanos de aprovechamiento hídrico. Durante la Edad Media, al parecer, abundaba la caza en ese lugar y los reyes de León lo eligieron como punto de reposo, particularmente para alejarse de los problemas de la corte, complicada con las intrigas palaciegas de los nobles, empeñados en instaurar un régimen feudal semejante al de la Europa septentrional. Además, los reyes aprovechaban las bondades del lugar para -como diríamos en nuestros días- "desenchufarse" de la tarea estresante, que no era poca. Estas ausencias del rey motivaban a menudo la inquietud de los súbditos a quienes, cuando preguntaban por él, se les respondía evasivamente que el rey estaba en Babia. La expresión se hizo coloquial y pasó al lenguaje común para significar toda disposición de ánimo desentendida, de propósito o involuntariamente, ante cualquier tarea apremiante. Hoy en día, nosotros la utilizamos específicamente para hacer referencia a toda persona distraída o que parece ausente en el momento en que más se necesita de su concentración. Estar en la palmera: Este es un dicho que pertenece a los argentinos y está ligado con los tiempos en que eran habituales los garitos o lugares de juego prohibidos, uno de los cuales, alejado del centro de la ciudad, albergaba una orgullosa palmera que se erguía en los fondos de la casa. Como la palmera estaba alejada del lugar de reunión de los jugadores, los que perdían o no la venían llevando bien con los números, se sentaban en el cantero que circundaba la planta y meditaban sobre la esquiva fortuna. Con el tiempo, y una vez que el lugar se hizo más y más popular, la planta también acrecentó su fama y dio origen al nacimiento del dicho estar en la palmera, en directa alusión a los que se hallaban junto a la planta porque ya habían perdido todo su capital. Posteriormente, la expresión comenzó a utilizarse en otros ámbitos en los que se debía justificar que alguien estaba totalmente quebrado económicamente. Estar erre que erre: Este es un modismo cuyo origen no está muy definido, aunque todo hace suponer que, como suele aplicarse para explicar la actitud porfiada y tenaz de una persona en la ejecución de determinada tarea, su procedencia tiene que ver con la dificultad propia de los niños -y particularmente de los extranjeros- para pronunciar la letra erre castellana. Debido a que eso se logra mediante una ejercitación fonética tenaz y perseverante, parece lógico suponer que el dicho estar erre que erre, por analogía, provenga de esa dificultad. Esto es Jauja: Jauja es la capital de la provincia peruana de Junín, famosa desde la época de la colonia por la fertilidad de su suelo y por los privilegiados dones de salubridad que le atribuían. Durante los tiempos de la colonización, era un codiciado lugar de reposo, sobre todo para los enfermos del aparato respiratorio, por lo que su fama se hizo legendaria y llegó a España, traída por los peruleros o emigrantes enriquecidos en aquel país. El escritor Lope de Rueda, por su parte, influido por las noticias que de esa tierra traían los viajeros, dio el nombre de Jauja a una ciudad ficticia llamada "La tierra de Jauja", en la que describe el lugar como la isla del oro en la que los árboles dan buñuelos, los ríos, leche; las fuentes, manteca y las montañas, queso. Por supuesto, la fantasía popular terminó por identificar a la ciudad de Jauja con el Paraíso, de manera que las expresiones esto es Jauja y vivir en Jauja quedaron para siempre como equivalentes de pasar una vida sin sobresaltos y con el bienestar asegurado. Faltaría más: Es una locución de cortesía que se usa para rechazar amablemente una invitación o propuesta, sin ofender a nuestro interlocutor. Favor con favor se paga: Cuando alguien recibe el favor de una persona, es probable que deba pagar de la misma forma, llegado el momento oportuno. Irónicamente, suele usarse la misma frase para devolver agravios y ofensas. Fulano y Zutano: Para algunos autores, estos dos vocablos, que se usan para referirse a unas personas indeterminadas o imaginarias, derivan de la corrupción de Fabulano y Statano, que eran, entre los gentiles, dioses de los niños. El primero era invocado para que les enseñase a hablar, y el otro, a andar. Fumar la pipa de la Paz: Tradicional hábito de los indios de Norteamérica, como señal inequívoca de tregua, que consistía en sentarse en el suelo junto a sus visitantes, formando una rueda cuyos integrantes pitaban una vez de la pipa y la iban pasando. En inglés, equivale a enterrar el hacha, otro signo de pacificación. Gajes del oficio: Son las molestias, perjuicios o preocupaciones que se experimentan con motivo del empleo o profesión. Antiguamente, se llamaba gaje a la "paga que se percibía por un empleo determinado". Circula una deformación festiva que dice gajos del oficio, aplicado en broma a los productores de "cítricos". Gastar pólvora en chimangos: Desperdiciar tiempo o esfuerzo inútilmente. El chimango es un ave de rapiña propia del Río de la Plata cuya carne no es aprovechable debido a su dureza y feo sabor. Gastar saliva: Hablar inútilmente. Gato con guantes no caza ratones: Es obvio que un felino calzado de guantes no podría lograr capturar ninguna presa. Aplicada en la vida cotidiana, la expresión advierte que debemos estar preparados adecuadamente para realizar determinada actividad y de no hacerlo así, fracasaremos en nuestro emprendimiento. Gato encerrado: Los gatos eran bolsas para guardar el dinero que se llevaban encerradas, es decir, ocultas entre la ropa. Genio y figura hasta la sepultura: No es fácil cambiar de modos de pensar, vivir y actuar. La persona que nace con ciertas características, difícilmente las altere a lo largo de su vida. Ha corrido mucha agua bajo el puente: Significa que ha pasado mucho tiempo. Como el agua corre debajo de los puentes desde tiempo inmemorial, se compara el paso del tiempo con la cantidad de agua que ha corrido por ese lugar. Hablando de Roma, el burro se asoma: Expresión que se aplica para justificar la coincidencia de la aparición de una persona, justo en el preciso momento en que se la estaba mencionando. Hablando se entiende la gente: Frase que justifica el empleo persuasivo de la palabra para evitar que los conflictos lleguen a mayores. Hablar a calzón quitado: Decir la verdad, sin eufemismos, como quien se desnuda (quitarse los calzones) ante otra persona, esperando la misma actitud de ella. Hablar bien... no cuesta nada: Invitación a que las personas utilicen nuestro idioma como corresponde, tratando de evitar el uso de términos vulgares y soeces. A propósito de esto, en la Argentina circula la versión vulgar festiva hablar bien, no cuesta un carajo... y reporta un beneficio de la gran p... Hablar hasta por los codos: Hablar demasiado, sin sentido, muchas veces sin saber lo que se dice. Lo de los codos se agrega porque esa persona, además, suele gesticular con sus manos mientras habla y habla... Hablar por boca de ganso: Según Sebastián de Covarrubias, experto en frases proverbiales y refranes, con el vocablo ganso eran llamados, por alusión, "los pedagogos -o ayos- que crían algunos niños, porque cuando los sacan de casa para las escuelas, u otra parte, los llevan delante de sí, como hace el ganso a sus pollos cuando son chicos y los lleva a pacer al campo". Estos ayos o gansos ejercían una función a la par educativa y pedagógica, por lo general tan rígida como dogmática. No es pues de extrañar que obligaran a los niños a su cargo a que repitiesen las ideas y juicios que habían aprendido del preceptor. De ahí nació el dicho 'hablar por boca de ganso', con el que se suele apostrofar a quien repite lo que otro ha sugerido. Hacer alarde: Hacer ostentación, ufanarse de algo. La expresión proviene del árabe al hard, equivalente de "revista de tropas". Antiguamente, en el ámbito militar, se utilizaba la palabra alarde para designar la parada o desfile militar en que se pasaba revista a los soldados y sus armas. Hacer buenas migas: Fomentar la amistad y el buen trato entre dos o más personas. La comparación surge de la calidad homogénea que deben tener la miga de dos panes utilizados para preparar un plato llamado, precisamente, migas (pan picado, humedecido con agua y sal, rehogado en aceite muy frito y condimentado con ajo y pimentón). Hacer causa común: Unirse a otra u otras personas para obtener un mismo fin. Hacer el campo orégano: Facilitar las cosas, dejar el terreno liso para determinada actividad. No hay nada más prolijo que un campo florecido de orégano, debido a que esta planta -cuyo significado en griego es «adorno»- deja el campo hermoso, liso, suave y perfumado. Hacer hincapié: Insistir en algo de lo que se afirma, recalcar una idea. La palabra hincapié, está formada por el verbo hincar ("apoyar una cosa en otra como para clavarla" y el vocablo pie, es decir que equivale a apoyar el pie. Hacer la pata ancha: Podría provenir de la expresión porteña copar la parada, propia del juego de naipes, por la que se admite la posibilidad de responder por una apuesta; aplicada en la vida cotidiana, tiene un significado similar. Hacer la pera: Incumplir, dejar a alguien esperando. Hacer la vista gorda: Significa no querer ver algo, fingirse ciego, cuando en realidad uno ha observado todo perfectamente. Hacer leña del árbol caído: Aprovecharse de la desgracia ajena para caer sobre alguien y agravar más aún el castigo recibido o la desgracia sufrida por esa persona. Hacer oídos sordos: No querer escuchar, no prestar atención, sobre todo cuando se trata de quejas o reclamos de una persona. Hacer pucheros: Es el típico gesto que hacen los niños antes de largarse a llorar. Aparentemente, la expresión proviene de la época de los romanos, en la que solían besar a los niños levantándolos por las orejas, igual que levantaban las ollas que contenían el puchero, tomándolas de las asas. Esta acción provocaba dolor y llanto en los pequeños, quienes lo expresaban con esa inconfundible mueca. Hacer rancho aparte: Alejarse del resto una o más personas y permanecer aislados. El rancho es la comida que suele darse a los soldados y a los presos, por lo que la expresión alude a los soldados que preferían comer apartados de sus compañeros. Hacerle la cama a alguien: Preparar una trampa para provocar que una persona caiga en ella. Según algunos, el término cama sería una interpretación de "sepulcro". Hacerle morder el polvo a alguien: Vencer, derrotar física o espiritualmente a alguien, humillarlo. El modismo se basa en un antiguo rito de los caballeros del Medioevo quienes, cuando se sentían mortalmente heridos en batalla, tomaban un puñado de tierra y lo mordían simbólicamente, a la manera de un postrer beso a la madre Tierra. Hacerse añicos: Literalmente, equivale a "quedar destrozado"; en sentido figurado, se aplica a la persona que está física o moralmente destruida. El término añicos proviene del árabe y designa los pequeños pedazos o piezas en que se divide una cosa que se rompe. Hacerse el chancho rengo: Disimular, fingir un defecto que no se tiene, sobre todo, para eludir la responsabilidad de una tarea o trabajo encomendado. Hacerse el remolón: Intentar evitar o dilatar la realización de una tarea que nos fue encomendada y que no es de nuestro agrado. La palabra remolón quiere decir "flojo, perezoso". Hacerse el tonto: Disimular, tratar de pasar inadvertido. Hacerse humo: Evadirse, escapar de una situación antes que enfrentarla; desaparecer como lo hace el humo en la atmósfera. Hallarse en estado interesante: Es una forma elegante de decir que una mujer está embarazada. Harina de otro costal: El costal es la bolsa en la que se guarda la harina antes de ser transportada al lugar de distribución para su venta. La expresión se usa, en la conversación, para diferenciar claramente un tema de otro. Hasta aquí llegó mi amor: Frase terminante que se utiliza para expresar el enojo de alguien por una situación que se ha tornado insostenible. Con ella, quien la dice anticipa su propósito de abandonar un lugar, un emprendimiento, un trabajo. Hasta que la muerte nos separe: Frase que establece la indisolubilidad del sacramento del matrimonio y que integra la fórmula del ritual que en la Iglesia Católica pronuncia el sacerdote y en otras, los propios contrayentes. La locución se basa en una frase bíblica (Mateos, 10, 9) que dice el celebrante: Que el hombre no separe lo que ha unido Dios. Hasta que las velas no ardan: Hasta muy tarde. Todos sabemos que las velas suelen arder por muchas horas, incluso toda una noche, por eso, la locución quiere expresar la idea de una larga duración, como cuando se habla de reuniones festivas, de entretenimientos o jornadas de trabajo muy intensas. Hay gato encerrado: Existir una causa o razón oculta o secreta, que permite sospechar la presencia de manejos espurios. El origen parece ser una costumbre de la Edad Media, por la que solían confeccionarse monederos hechos en cuero de gato, que se llevaban ocultos entre las ropas (de ahí, lo de encerrado). Hay mentiras piadosas: Dicen que no hay nada más desagradable que la mentira; sin embargo, en algunos casos -enfermedades terminales, delicadas situaciones con niños- suele hacerse uso de lo que se llama «mentiras piadosas», o sea, mentiras que tienen una justificación. Hay que comer para vivir y no vivir para comer: Viejo aforismo de la "Rethorica ad Herennium", de Cicerón, dedicado a quienes creen que en la vida sólo hay que pensar en comer y comer, en lugar de usar la comida como una forma de alimentar el organismo para seguir vivos. Hay ropa tendida: Su origen es el argot carcelario y originariamente, cuando los reclusos estaban conversando sobre algún tema que era solamente de su incumbencia y no querían que los guardas se enterasen, al acercarse alguno de los vigilantes, decían ojo... hay ropa tendida, dando a entender que era el momento de cambiar de tema. Con el tiempo, el dicho pasó al uso popular y suele utilizárselo como llamada al silencio o a la discreción cuando, en medio de una reunión donde se hallan niños o personas de cierta sensibilidad, alguno de ellos pudieran escandalizarse por lo que podría ser dicho en ese momento. Haz el bien sin mirar a quién: Las obras buenas deben hacerse desinteresadamente. Hecha la ley, hecha la trampa: Así como casi todas las reglas tienen su excepción, las leyes padecen la existencia de un recurso que permite el incumplimiento de la norma legal. Por lo general, la frase se aplica para justificar la falta de ceñimiento a una disposición. Hecho un cascajo: Estar físicamente impresentable, decrépito. Como la palabra cascajo define todo lo que resulta de la rotura o restos de cualquier elemento (piedras, ladrillos; cáscaras de frutas secas; vajilla; muebles viejos, etc.), la comparación es válida. Hilar fino: Analizar con sumo cuidado, sin perder ningún detalle de lo que se está tratando, como si uno estuviera realmente hilando de esa manera. Hogar, dulce hogar: Famosa frase traducida del inglés, tomada del estribillo de la canción compuesta por el autor neoyorquino Howard Payne, incluida en el musical La doncella de Milán. Hombre prevenido vale por dos: La persona que obra con precaución lleva ventaja sobre la que no lo hace. Hoy por ti; mañana por mí: Frase que se usa a manera de acuerdo espontáneo y por la cual el que solicita ayuda de alguien, promete retribuir el favor de la misma manera cuando le sea requerido. Hueso duro de roer: A la manera de los animales que roen huesos para alimentarse, el hombre aplica este dicho para justificar lo difícil de una situación. Hundirse el barco: Pasar por una situación muy delicada, como cuando realmente se hunde una nave. Hablar por boca de ganso: Si usted, estimado lector, supone que este dicho tiene que ver con el animal que todo conocemos como ganso... se equivoca. Antiguamente, los hijos de los nobles y de los ricos eran formados y educados por una especie de monitor o ayo llamado, precisamente, ganso. Estos gansos o ayos ejercían una función educativa y pedagógica, por lo general rígida y dogmática, es decir, algo equivalente a lo que hoy llamamos "enseñanza enciclopedista". De manera que, los niños repetían casi memoriosa y literalmente lo que habían escuchado de boca del ganso, y como casualmente estos gansos solían caminar por los caminos de palacio seguidos por los niños en fila india -tal como marchan los gansos con sus crías- la tradición popular se encargó de acuñar la frase hablar por boca de ganso, para dar a entender que alguien repite lo que otro ha dicho, como si fuera propio, pero sin el correspondiente discernimiento. Otro factor que ayudó a confundir el "ganso-ayo" con el "ganso-animal" es el hecho de que el ganso es un animal que tiene fama de tonto, ya sea por su escasa inteligencia o por el sonido de su voz gutural, elementos que han dado origen a la expresión "la risa abunda en la boca de los gansos", generalmente aplicada a la persona que se ríe tonta y constantemente, sin motivo. Hacer Capitán Araña: Hubo una época, en que la agitación emancipadora desencadenada en los territorios españoles de ultramar, obligó al gobierno a reclutar grandes cantidades de hombres de la Península, para hacer frente a aquellos movimientos de insurrección. Una de las figuras de ese reclutamiento iba a ser -sin duda- un tal Capitán Arana o Araña, personaje de origen oscuro, pero que llegó a desempeñar su tarea con diligencia y eficacia extraordinarias. Pero, sucedió que a la hora de embarcarse él mismo, desapareció como tragado por la tierra. El hecho despertó los más variados comentarios y, desde entonces, la expresión ser (o hacer de) Capitán Araña, que embarca a otros y él se escapa, se aplica para calificar la conducta de quien, tras inducir a otros a realizar una tarea dificultosa, personalmente se abstrae de participar del trabajo. Hacerse agua la boca: Es por todos sabido que la presencia de un manjar apetitoso no sólo despierta el deseo de saborearlo, sino que activa de manera automática la secreción de las glándulas salivales, ubicadas en nuestra boca. Tanto es así, que a veces, la sola mención de un plato determinado es suficiente para producir ese efecto; y lo mismo sucede cuando estamos presenciando una película o un programa de televisión y en la pantalla se nos presenta un delicioso platillo: automáticamente, nuestras glándulas salivales comienzan a secretar su líquido. Este fenómeno que más de una vez hemos experimentado, da origen a la frase que metafóricamente utilizamos para aludir a algo que nos produce esa sensación de saborear cierto manjar. Pero, atención, la expresión hacerse agua la boca no se limita a la ingestión y saboreo de una comida, sino que se extiende al sentido figurado y suele aplicárselo en referencia a un hecho muy deseado y de inminente realización, aunque no tenga relación alguna con la comida. Hay (o no hay) moros en la costa: La historia relata que, durante varios siglos el Levante español (la zona mediterránea que abarca Valencia y Murcia) fue objeto de frecuentes invasiones por parte de los piratas berberiscos (habitantes de la región noroeste de África, entre el Mediterráneo y el Sahara). Los pueblos que vivían en la ribera, a causa de ello, se encontraban en constante zozobra y para prevenir el peligro, se levantaron a lo largo de la costa numerosas atalayas de mampostería ciega, a las que se ascendía por medio de escalas de cuerda que luego eran retiradas. Desde lo alto de esas torres se vigilaba el ancho horizonte y, no bien se avizoraban las velas de las naves berberiscas, el centinela de turno comenzaba a gritar: "¡hay moros en la costa!". Sonaba entonces la campana, se encendían las hogueras de señal y la gente - alertada- se preparaba para la defensa. El sistema perduró hasta muchos años después, cuando se firmó la paz con los reyes de Berbería, pero el proverbial grito de ¡hay moros en la costa! pasó a ser expresión de uso familiar para advertir a alguien sobre la presencia de quien representa cierto peligro, o bien no conviene que escuche algo de lo que estamos diciendo. En sentido opuesto, se usa la expresión antónima no hay moros en la costa, para dar a entender que no existe peligro inminente para una persona que debe realizar determinada tarea. Herrar o quitar el banco: Cuenta la leyenda (¿o la historia?) que un herrero obtuvo cierta vez, a través del pedido de un permiso especial a sus vecinos, el privilegio de instalar sus elementos de trabajo -potro, bramadero, etcétera- en medio de la calle. Pero después, por razones que se desconocen, aunque se supone que debido a la distracción que le causaba permanecer casi todo el día en medio de la calle, el buen hombre no ejercía su profesión, con lo cual, sin rendir ninguna utilidad a la sociedad, los pesados aparejos seguían entorpeciendo la circulación por la calle de la población. Por supuesto, esta actitud irritó a los vecinos quienes finalmente acabaron por conminar al artesano a herrar o quitar el banco, frase que se hizo proverbial para señalar cualquier disyuntiva en virtud de la cual una persona es obligada a cumplir con los deberes de un cargo o función, o bien, a renunciar a ello. Ir de la Ceca a la Meca: Transitar de una parte hacia otra, de acá para allá. Los lugares que se mencionan son la Ceca, lugar donde se acuñaban monedas y la Meca, topónimo de la ciudad santuario de todos los musulmanes, ambos lugares que señalan -respectivamente- matices materiales y espirituales. Ir de mal en peor: Pasar momentos de zozobra. Se podría comparar con la frase salir de Guatemala y caer en Guatepeor. Ir por lana y volver trasquilado: Ser sorprendido con un resultado inesperado, opuesto al que uno esperaba. La comparación surge del acto de trasquilar -«cortar el pelo a algunos animales»- y, según cuenta la tradición, la frase original habría sido ir como el carnero encantado, que fue por lana y volvió trasquilado, en referencia a un carnero que se metió en un rebaño ajeno y tuvo que volver al suyo, trasquilado. Irse a las manos: Lisa y llanamente, pelear, acudir al recurso de la agresión física, sin siquiera intentar la persuasión de la palabra, o luego de haber agotado esa instancia. Irse cantando: Alude a la actitud de quien se retira de un lugar tratando de pasar inadvertido (por eso, lo de "silbando bajito" ya sea por haber cometido un grueso error ante otras personas o luego de haber recibido un reprimenda. Irse con la música a otra parte: Emigrar, partir, irse a otra parte, como cuando el músico es despedido de un lugar porque molesta y debe dirigirse hacia otro destino. Irse de picos pardos: Antiguamente la ley obligaba a las prostitutas a vestir un jubón con picos o ribetes de color pardo. LA CARAVINA DE AMBROSIO. Era un bandolero andaluz del siglo XIX, tan inofensivo que su carabina ni siquiera tenía pólvora. De ahí que originalmente la expresión irse de picos pardos significara irse con una mujer de la vida. Hoy, sin embargo, el modismo se usa como sinónimo de diversión y juerga, pero no necesariamente con mujeres de mala fama. Ir de punta en blanco: Esta expresión, que en la actualidad solemos utilizar para elogiar la elegancia y pulcritud de la vestimenta de alguna persona, tiene su origen en los antiguos usos de la caballería. En ese tiempo, en cambio, el dicho se aplicaba a los caballeros que solían llevar todas las armas del arnés desnudas y listas para el combate y como estas eran de acero bruñido, centelleaban al sol con una blancura resplandeciente, es decir, los caballeros iban de punta en blanco. Esta expresión es la misma que da origen a la frase armas blancas, aludiendo a que son cortantes, en contraposición con las llamadas armas negras, que eran las que se utilizaban en la práctica de la esgrima y que no eran cortantes ni punzantes; asimismo, eran también llamadas armas negras las que permanecían envainadas. Por analogía, con el correr del tiempo, el modismo ir de punta en blanco vino a aplicarse también al acto de vestir suntuariamente -ya sea de uniforme o etiqueta- y con el máximo esmero, tal como lo hacen en la actualidad muchas personas. Irse por los cerros de Úbeda: En la época de la Reconquista, Fernando III, el Santo, contó con la ayuda de un noble caballero para asistirle en la toma de Úbeda, hacia el año 1234. Parece ser que el noble se presentó después de efectuada la toma de la villa jienense, poniendo como disculpa que se había perdido por los cerros de Úbeda. Así surgió esta locución, que se usa para decir que alguien está extraviado o perdido. Juego de manos, juego de villanos: Advertencia sobre los peligros de abusar del manoseo entre dos o más personas, por lo cual, se puede terminar a los golpes, a la manera de los villanos, en alusión a los primitivos habitantes de las villas. Juntarse el hambre y las ganas de comer: Estar juntas dos personas de iguales defectos o características. Juventud, divino tesoro: ... ya te vas para no volver, terminaba diciendo la frase nostálgica de Rubén Darío, extraída de un verso del poema "Canción de otoño en primavera". La Biblia en verso: En el año 1839, nació en Igualada (Barcelona) un hombre llamado José María Carulla, que se destacó por ser abogado, servidor del papa Pío IX y fecundo versificador que, entre otras cosas, fue fundador y director del periódico "La civilización" y célebre polemista católico. La Santa Sede lo distinguió con la Cruz de Mérito, en reconocimiento a su ambicioso empeño en trasladar el texto en prosa de la Biblia (o parte de ella) a la forma en verso. Desafortunadamente, la ardua tarea de versificar tan magna obra fue mucho más dura para él, que evidentemente no había sido favorecido por Dios en el reparto de talentos, particularmente en el arte de la poesía. De manera que, el resultado del esfuerzo -concretado en setenta y tres gruesos volúmenes- terminó por ser un fárrago inaudito de rispideces que durante mucho tiempo fue motivo de broma en todos los cenáculos literarios y tanto fue así, que desde entonces, el dicho la Biblia en verso se usó como equivalente de todo aquello que, por su desprolijidad y confusión, resulta difícil de digerir. La carabina de Ambrosio: Ser la carabina de Ambrosio significa no servir para nada. ¿Pero quién fue el tal Ambrosio del dicho proverbial? No se sabe. Una leyenda poco fiable dice que Ambrosio era un mísero labriego que vivió a principios del siglo XIX. Debido a que las faenas agrícolas no le marchaban bien, el hombre decidió cambiar los aperos de labranza por una carabina y echarse al monte. En su nuevo oficio de bandolero y salteador de caminos tampoco consiguió fortuna. Ambrosio era un hombre menguado de carácter y tan bonachón que a cuantos caminantes detenía lo tomaban a broma. El pobre caco echaba la culpa de sus desdenes a la carabina que portaba, ya que no infundía respeto. La caridad bien entendida empieza por casa: Lo natural es pensar en las necesidades propias antes que en las ajenas. La casa invita: Frase que sirve para indicar que el dueño de casa se hace cargo de los gastos de una reunión o agasajo. La procedencia de esta expresión son los bares y pubs de Europa y Estados Unidos en donde sus propietarios invitan a los clientes con una ronda de bebidas. La cuestión es pasar el rato: Frase que habría difundido el comediógrafo español Eusebio Blasco, con motivo de la respuesta de un señor llamado Sáinz Pardo, Sanz Pardo o Sáenz Pardo, a quien le preguntaban, precisamente, cuál era su nombre y habría respondido: Mire... Sáinz Pardo, Sanz Pardo o Sáenz Pardo da lo mismo... la cuestión es pasar el rato. La cuadratura del círculo: Famoso problema irresoluble que, sin embargo, generó en el pasado abundante literatura. La culpa no es del cerdo, sino del que le da de comer: No debemos culpar a ciertas personas por sus fallas; muchas veces, la responsabilidad no es de ellos, sino de quienes les dan las órdenes que ellos deben cumplir. La curiosidad mató al gato: Frase usada para criticar la curiosidad humana y está basada en el hecho de que el gato doméstico suele ser víctima de trampas mortales, precisamente por ser tan curioso. La espada de Damocles: Según cuentan Horacio en una de sus "Odas" y Cicerón, en sus "Tusculanas", Damocles era cortesano de Dionisio I, El Viejo (siglo IV, AC), tirano de Siracusa, a quien envidiaba por su vida aparentemente afortunada y cómoda. El rey, con el propósito de escarmentarlo, decidió que Damocles lo sustituyera durante un festín, pero para ello dispuso que sobre su cabeza pendiera una afilada espada desnuda suspendida de una crin de caballo. De esta manera, Damocles pudo comprender lo efímero e inestable de la prosperidad y del lujoso modo de vivir del monarca. La frase la espada de Damocles se utiliza desde hace mucho tiempo, para expresar la presencia de un peligro inminente o de una amenaza. La excepción hace (o confirma) la regla: Casi todas las reglas -particularmente las de ortografía- tienen una excepción que sirve para confirmarlas. La fe mueve montañas: Frase bíblica que sostiene que cuando alguien posee una fe inquebrantable, puede lograr lo que se propone, por más difícil que sea el emprendimiento, incluso movilizar una montaña. La gota de agua orada la roca cayendo no dos veces, sino siempre: Es la frase que con mayor claridad simboliza la perseverancia, debido a que efectivamente, una gota de agua puede, con el correr de los siglos, llegar a modificar la roca. Lo mismo una persona que persiste en su actitud, puede alcanzar el fin perseguido. La gota que colmó (o rebasó) el vaso: Se aplica para calificar lo que viene a colmar la medida de la paciencia y la comprensión. Cuando la persona usa esta expresión quiere decir que ya no soporta más una situación. La imprudencia es la hija de la ignorancia: Una crítica a dos defectos del hombre, por la que se desprende que quien es ignorante, puede cometer -como lógica consecuencia- imprudencias irreparables. En inglés, equivale a los tontos se animan donde los ángeles no se aventuran. La letra, con sangre entra: Dicho que se aplica cuando se le quiere hacer comprender una cosa a alguien, dando a entender que cualquier sacrificio es bueno para que esa persona entre en razones. Lo de "sangre", es metafórico aunque válido. La ley es pareja para todos: No debe haber excepciones para nadie respecto del cumplimiento de la ley. Si todos cumplen con ella por igual, mejores serán los resultados obtenidos por la acción de la Justicia. La mar en coche: Locución festiva utilizada luego de una enumeración en la que se ha incluido gran cantidad de elementos, muchas veces de carácter suntuario, para destacar las comodidades de que disfruta determinada persona. Nuestra investigación nos llevó a concluir que podría provenir de la expresión Lamarr en coche, en alusión a la célebre actriz de Hollywood Hedy Lamarr (nacida en Viena como Hedwig Kiessler) famosa por su vida suntuosa. La mentira tiene patas cortas: Con la mentira no se puede llegar lejos. Siempre, tarde o temprano, se descubre la verdad. La necesidad tiene cara de hereje: Cuando alguien padece necesidades, no conoce de leyes ni razonamientos y actúa por impulsos, ignorando las normas, como hace el hereje con las creencias religiosas. La noche se hizo para dormir: Frase alusiva a la conveniencia de aprovechar las horas de la noche para descansar, para luego no andar durante el día padeciendo las consecuencias de haber trasnochado. La ocasión hace al ladrón: No todas las personas practican el hurto, no todos son ladrones, pero esta frase afirma que en muchos casos, aun la persona que habitualmente no roba, si se le presenta la ocasión, puede ceder a la tentación. La ocasión la pintan calva: Los romanos personificaban a la diosa Ocasión como una mujer hermosa y con alas, como símbolo de la fugacidad con que pasan ante el hombre las buenas ocasiones u oportunidades. Parada en puntas de pie sobre una rueda y con un cuchillo en la mano, la diosa Ocasión tenía una cabeza adornada por delante con abundante cabellera, mientras que por detrás, era totalmente calva. De manera que, al decir "tomar la ocasión por los pelos", se entendía que debía esperársela de frente, cuando ella venía hacia uno, donde se tendría la oportunidad de tomarla, ya que una vez que había pasado -y al no tener pelos por detrás- sería imposible agarrarla. Con el tiempo, la expresión perdió algo de su sentido original y comenzó a ser utilizada para dar a entender que una cosa se logra más por suerte que por capacidad. Respecto de la variante "(a) la ocasión la pintan calva", alude a la posibilidad inminente de alcanzar un logro y que por ninguna causa puede desperdiciarse la oportunidad. La parte del león: Es una reminiscencia de la fábula de Esopo "El león y el onagro" (una especie de asno salvaje). Según cuenta el fabulista griego, los dos animales colaboraban en una jornada de caza hasta que cobraron una pieza y llegó el momento del reparto, en la que el león llevaba la voz cantante. Lo primero que hizo fue dividir el animal en tres partes y comenzó a efectuar el reparto: la primera parte era para él, por ser el rey; la segunda, también para él, en su condición de "socio a partes iguales" y, a llegar a la tercera, se detuvo, miró al onagro y le dijo: "Si no te vas de acá, la vas a pasar muy mal". Posteriormente, el modismo quedarse con la parte del león pasó a expresar el abuso de poder y la falta de equidad en el reparto, cuando uno se asocia con alguien más poderoso. La procesión va por dentro: Habla de la aparente serenidad de alguien, aun cuando sabemos que íntimamente, esa persona está pasando un momento delicado. Por fuera, es una persona medida, serena e incluso puede aparecer divertida, pero por dentro, seguramente está seria -como se marcha en las procesiones- porque está sufriendo. La renguera del perro: El perro es uno de los pocos animales que pueden fingir una renguera, cuando se ve comprometido. Por extensión, la frase se aplica a la persona que suele simular un malestar con tal de librarse de una responsabilidad. La risa abunda en la boca de los gansos: El ganso es un ave ingenua cuyo sonido -el graznido- aparece como una «risa tonta». Hay personas que están continuamente riendo sin motivo aparente, por eso, el dicho compara esa risa superflua con la de los gansos y como entre nosotros, la palabra «ganso» tiene una connotación peyorativa... La ropa sucia se lava en casa: Es una frase equivalente de sacar los trapitos al sol (ver), por la que se sugiere tratar de solucionar los problemas en la intimidad de la familia o empresa, sin necesidad de exponerlos públicamente. La locución pertenecería a Napoleón Bonaparte y habría estado dirigida al vizconde Lainé que criticó públicamente al gobierno de Napoleón. La sartén por el mango: Tener el poder, manejar las decisiones. La frase es además, el título de una obra de teatro escrita por el destacado actor Javier Portales y el nombre de una canción de la genial compositora María Elena Walsh, cuya letra dice que hay quienes tienen la sartén por el mango... y el mango también. En inglés, equivale a estar sentado en el asiento del que maneja. La suerte está echada: Frase tomada del latín alea jacta est, expresión que, según Suetonio, fue pronunciada por Julio César cuando se decidió a pasar el río Rubicón (hoy, Fiumicino). Se la emplea para referirse a una decisión extrema que se adopta luego de haber meditado sobre sus probables consecuencias. La sopa boba: La que daban a los pobres en los conventos. Hoy, vivir de la sopa boba es llevar una vida a expensas de otros. La tercera, era la vencida: Expresión de tono optimista que asegura que, luego de haber fracasado en dos intentos, la próxima vez se logrará lo propuesto, por lo que se exhorta a la persona a perseverar en su esfuerzo. El origen parece estar en el vocabulario de la lucha cuerpo a cuerpo (y en otras clases de enfrentamientos), en la que el luchador que derribaba tres veces a su adversario ganaba, aunque algunos sostienen que, primitivamente, se consideraba ganador al que mejor se desempeñaba en un total de tres juegos. Como vemos, siempre era el número tres el elegido. En el ámbito de la Justicia de los siglos XVI y XVII, en la práctica procesal del derecho penal, se establecía la muerte al tercer robo, con lo que para el reo, al igual que para el luchador, la tercera, era la vencida. La unión hace la fuerza: Lema que figura en el escudo de armas de la República de Bélgica y expresa la idea del esfuerzo mancomunado, del que se realiza en forma colectiva, uniendo las individualidades en procura de un logro. La vida comienza a los cuarenta: Vieja afirmación que adjudica al hombre de esa edad la madurez necesaria para -en base a su experiencia- comenzar a disfrutar de la vida. Las águilas no cazan moscas: Proverbio de origen latino que solía ser utilizado desde la época de los romanos, para expresar que el hombre superior no debe perder tiempo en pequeñeces. Las armas las carga el Diablo: Advertencia sobre el uso de armas de fuego. Existe una versión vulgar que la completa con la frase ... y las descargan los tontos, en directa alusión a las personas descuidadas que suelen provocar graves e irreparables accidentes. Las apariencias engañan: En inglés, equivale a no juzgues un libro por su tapa y es la mejor definición para no caer en el error de juzgar equivocadamente a una persona a través de su apariencia. Las cuentas claras conservan la amistad: Frase utilizada particularmente cuando hay una deuda o aclaración de cuentas de por medio. En ella, se asegura que los amigos han de mantener la relación en tanto y en cuanto no haya deudas de dinero pendientes. Las cuentas del gran capitán: Indudablemente, el rey Fernando, el Católico, fue un monarca que, junto con su esposa Isabel, sentó las bases de la grandeza de España. Cuentan los cronistas de la época que, además de sus dotes de político eminente, el rey tenía cierta recelosa inclinación por el control de los gastos. Así, una vez le pidió a don Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran Capitán, las cuentas detalladas de los gastos durante las victoriosas campañas de Italia que culminaron con la conquista del reino de Nápoles. Don Gonzalo, dueño de un gran sentido del humor pero al mismo tiempo, molesto por lo que consideraba una mezquindad después de haber conquistado un reino para su soberano, respondió al rey con las famosas "cuentas", exorbitantes e irónicas, que la leyenda se encargó de magnificar, en la que figuraban conceptos tan variados como extraños. De manera que, una vez llegado al país, don Gonzalo se encargó de confeccionar una lista semejante a esta: Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados... por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados... por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados... por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados... y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados... Ciertas o no, estas cuentas del Gran Capitán corrieron de boca en boca y llegaron a nuestros días como expresión irónica de toda justificación de gastos desorbitados, incoherentes y arbitrarios. Las cosas claras y chocolate espeso: Cuando desde América, el monje español fray Aguilar envió las primeras muestras de la planta de cacao a sus colegas de congregación al Monasterio de Piedra, para que la dieran a conocer, al principio no gustó, a causa de su sabor amargo, por lo que fue utilizado exclusivamente con fines medicinales. Posteriormente, cuando a unas monjas del convento de Guajaca se les ocurrió agregarle azúcar al preparado de cacao, ese nuevo producto causó furor, primero en España y luego en toda Europa. En esos tiempos, mientras la Iglesia se debatía sobre si esa bebida rompía o no el ayuno pascual, el pueblo discutía acerca de cuál era la mejor forma de tomarlo: espeso o claro. Para algunos, el chocolate se debía beber muy cargado de cacao, por lo que preferían el chocolate espeso, o sea, "a la española"; para otros, el gusto se inclinaba por la forma "a la francesa", esto es, más claro y diluido en leche. Los ganadores, finalmente, fueron los que se inclinaron por el chocolate cargado, por lo que la expresión las cosas claras y chocolate espeso se popularizó en el sentido de llamar a las cosas por su nombre. Entre nosotros, circulaba hace algunos años la variante las "cuentas" claras y el chocolate espeso, usada en relación con las deudas (sobre todo de dinero) que suelen mantener las personas. Las cuentas del Gran Capitán: Indudablemente, el rey Fernando, el Católico, fue un monarca que, junto con su esposa Isabel, sentó las bases de la grandeza de España. Cuentan los cronistas de la época que, además de sus dotes de político eminente, el rey tenía cierta recelosa inclinación por el control de los gastos. Así, una vez le pidió a don Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran Capitán, las cuentas detalladas de los gastos durante las victoriosas campañas de Italia que culminaron con la conquista del reino de Nápoles. Don Gonzalo, dueño de un gran sentido del humor pero al mismo tiempo, molesto por lo que consideraba una mezquindad después de haber conquistado un reino para su soberano, respondió al rey con las famosas "cuentas", exorbitantes e irónicas, que la leyenda se encargó de magnificar, en la que figuraban conceptos tan variados como extraños. De manera que, una vez llegado al país, don Gonzalo se encargó de confeccionar una lista semejante a esta: Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados... por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados... por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados... por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados... y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados... Ciertas o no, estas cuentas del Gran Capitán corrieron de boca en boca y llegaron a nuestros días como expresión irónica de toda justificación de gastos desorbitados, incoherentes y arbitrarios. Las desgracias nunca vienen solas: Justifica la seguidilla de inconvenientes sufridos por una persona, como si el destino se hubiera ensañado con ella. Las palabras se las lleva el viento: Proverbio que se basa en el concepto de que lo único seguro es lo que está escrito aplicado sobre todo a contratos y promesas de trabajo o algún tipo de bienes, dando a entender que lo que simplemente se promete por medio de las palabras puede no ser cumplido después. Las paredes oyen: Es un modismo que procede de Francia, del tiempo de las persecuciones contra los hugonotes que culminó en la histórica "Noche de San Bartolomé" o "Noche de los cuchillos largos", episodio sangriento de las luchas religiosas que asolaron Francia en la segunda mitad del siglo XVI. El hecho fue promovido por Catalina de Médicis y el duque de Guisa quienes instigaron a los católicos a llevar a cabo una matanza de hugonotes (seguidores de Calvino), la noche del 24 de agosto de 1572. Según algunos historiadores, en aquellos tiempo, la reina Catalina de Médicis mandó construir, en las paredes de sus palacios, conductos acústicos secretos que permitieran oír lo que se hablaba en las distintas habitaciones, para así poder controlar cualquier conspiración en su contra. La frase las paredes oyen, con el tiempo, pasó a ser utilizada como señal de advertencia acerca de lo que se dice en determinado momento y lugar. Las ratas son las primeras en abandonar el barco: Es una frase que expresa la realidad: cuando un barco zozobra, son las ratas las primeras que se arrojan al agua. Por eso, el proverbio, trasladado a la vida práctica, se aplica a las personas de bajos sentimientos que huyen ante la primera dificultad y no se enfrentan con el peligro y abandonan a quien deberían acompañar en momentos difíciles. Le das la mano y se toma el brazo: Frase crítica que se aplica a la persona que comete exceso de confianza, sobrepasando los límites impuestos por el buen gusto y la discreción. Leer entre líneas: Saber interpretar lo que se dice, aun cuando no esté explícitamente dicho en el texto. La expresión también suele usarse en referencia a lo que se manifiesta en forma oral. Levantar cabeza: Recobrarse o reestablecerse luego de una enfermedad o de haber pasado un momento económico difícil. Salir de la pobreza. Ley draconiana: Esta expresión se aplica a las leyes o circunstancias excesivamente severas. Su origen se encuentra en las leyes de Dracón, primer legislador ateniense que vivió a finales del siglo VIII a. de C. Dracón, célebre por la crueldad de sus leyes, recibió el encargo del emperador de Grecia de redactar el código criminal ya entonces vigente sólo por la tradición. Es pues de suponer que la crueldad de Dracón, más que personal, fuera el fiel reflejo de la época bárbara e inhumana que le tocó vivir. La legislación draconiana castigaba casi todos los delitos con la pena de muerte. Popularmente se decía que las leyes de este legislador no estaban escritas con tinta, sino con sangre. Liar los bártulos: Este modismo, que hace referencia a los preparativos necesarios para emprender un viaje, una mudanza u otra empresa, nace en la figura de Bártolo Sasso-Ferrato (1314-1357), jurisconsulto italiano y consejero del emperador Carlos IV. Sus obras, comprendidas en 13 volúmenes, sirvieron de base de estudio, durante 3 siglos, a los estudiantes de toda Europa. Los estudiantes de Derecho de la Universidad de Salamanca tomaban sus notas de la obra del ilustre tratadista, y una vez concluida la clase, ataban los apuntes por medio de cintas o correas. Al conjunto de estas notas se la conocía familiarmente como bártulos. De aquí que en el argot estudiantil la tarea de reagruparlos y atarlos una vez utilizados viniera a llamarse liar los bártulos. Lágrimas de cocodrilo: Por motivos que se ignoran o quizá porque la imagen del reptil ha estado siempre ligada a hechos misteriosos, muchas son las leyendas que se cuentan acerca de la conducta del cocodrilo, algunas de ellas relacionadas con su actitud ante sus presas. Desde tiempos remotos, se sostenía que el saurio, para atraer a sus víctimas emitía un extraño e insinuante gemido. Otros autores añadían que, una vez devorada la presa, el temible reptil lloraba sobre los despojos de su comida, quizás afligido porque el festín hubiese terminado tan de prisa y no falta quien asegura que suele comerse a sus propias crías, desconociendo en este caso que la hembra acomoda a los más pequeños dentro de sus fauces para llevarlos al río, donde luego los suelta para que comiencen a nadar por sus propios medios. Asimismo, se sabe que las famosas lágrimas de cocodrilo son una secreción acuosa que mantiene húmedos los ojos del animal, fuera del agua, pero no tienen nada que ver con el llanto, debido a que las glándulas salivales y las lacrimales de este animal están situadas muy cerca unas de las otras y por eso, se estimulan constantemente, lo que hace que al animal mientras llore mientras come. Todo esto, sumado a la fantasía popular sirvió para dar origen a la expresión lágrimas de cocodrilo, con la que se alude al dolor fingido de alguien ante cualquier suceso desgraciado, dolor que no es tomado en serio por ninguna de las personas que lo contemplan. Llámale hache no saber ni jota: Hemos reunido dos dichos en una explicación, debido a que ambos tienen relación con letras de nuestro alfabeto. Hasta el siglo XVI, la letra "h" en nuestro idioma, tenía un valor fricativo laríngeo y se la pronunciaba casi como una jota, lo que hoy solemos decir una "hache aspirada". Pero, al hacerse átona por pérdida de ese sonido, cayó en menosprecio de la gente sencilla, de donde, como consecuencia nació el modismo llámale hache, como equivalente en el lenguaje familiar de es lo mismo, da lo mismo una cosa que otra, o sea, que da igual la presencia o ausencia de la letra hache. Entre nosotros, se la usa como expresión de justificación similar a la que dio origen al dicho. La letra "j" proviene de las lenguas primitivas del Medio Oriente, como el hebreo, el caldeo y el siríaco, y era la más pequeña de esos alfabetos, por lo que su nombre llegó hasta nosotros como equivalente de cosa pequeña o insignificante. En la escritura hebrea, por otra parte, la iod -o sea, la jota- participaba como rasgo inicial de todas las demás letras. De ahí que el modismo no saber ni jota alude a la extrema ignorancia de alguien en una cosa determinada y así es como lo utilizamos en la actualidad. Llamarse Andana: Antiguamente, la persona que había cometido delito y alcanzaba a refugiarse en una iglesia (o antana como se la llamaba en germanía) quedaba fuera del alcance de la Justicia, siempre y cuando permaneciese en ese lugar. Asimismo, cuando a un malhechor se le preguntaba su nombre durante un interrogatorio, aludiendo al derecho de asilo, respondía: Me lamo Antana. Con el tiempo, por un proceso lógico del término, antana, vino a transformarse en andana, de donde la frase hecha llamarse Andana acabó por ser expresión de ese raro derecho de asilo, que la ley reconocía y admitía. Por afinidad, el modismo pasó posteriormente al lenguaje común como equivalente de eludir o excusarse de obligaciones o de cumplir castigos. Llevar al huerto: Se dice desde que la Celestina consiguió llevar a Melibea al huerto en que esperaba Calixto. Llover a cántaros: El cántaro es una vasija grande de barro o metal, por eso, las lluvias intensas son calificadas de esa manera, como si desde el cielo, alguien estuviera arrojando el contenido de millones y millones de cántaros. Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre: La expresión se utiliza para recriminar la falta de firmeza de un hombre en sus actitudes. La frase la pronunció la madre de Boabdil -último rey moro de España- cuando éste se detuvo llorando sobre un montículo (llamado desde entonces El suspiro del Moro), a contemplar por última vez la ciudad de Granada. Según fray Antonio de Guevara, la frase habría sido justa cosa es que el rey y los caballeros lloren como mujeres pues no pelearon como caballeros. Llorar sobre la leche derramada: Cuando a alguien se le derrama leche que ya ha hervido, no tiene sentido lamentarse. Aplicado en la vida cotidiana, este proverbio aconseja no quejarse luego de sucedida la desgracia. Lo barato sale caro: Muchas veces, pagamos muy poco por algo que nos es imprescindible, pero con el tiempo ese objeto nos demuestra que su calidad es realmente inferior al producto que nos hubiera resultado más caro. Lo bueno, si breve, dos veces bueno: Clásico proverbio de Gracián, en el que se demuestra el valor de ser breve, conciso y, sobre todo, preciso en nuestras manifestaciones tanto orales cuanto escritas. Lo conocen hasta los perros: El dicho alude a la figura de don Francisco de Chinchilla, alcalde de Madrid a fines del siglo XVIII. Este buen señor acostumbraba a presentarse en los mercados, acompañado de sus alguaciles y guardias, al menor signo de disputa o riña, logrando -con su sola presencia- calmar los ánimos de los presuntos contendientes, de manera que la calma volvía a reinar en el lugar. También se cuenta de don Chinchilla que, en cierta oportunidad, con el propósito de mejorar las condiciones de salud de los madrileños, dictó una ordenanza que autorizaba a los alguaciles a matar a pedradas a todos los perros abandonados y vagabundos. La orden fue cumplida al pie de la letra y muy pronto se pudo ver por las calles Madrid un gran número de lapidaciones de perros vagabundos. Y llegó a tal punto la cuestión, que la gente comenzó a decir que los animales realmente conocían a su verdugo, ya que con la sola presencia de don Chinchilla, los canes empezaban a aullar y salían corriendo. Con el tiempo, la expresión lo conocen hasta los perros se aplicó para dar a entender que alguien es muy popular. Lo cortés no quita la valiente: Se puede ser atento y comprensivo con una persona, sin dejar de ser exigente con ella. Lo mejor es enemigo de lo bueno: Cuando se pretende la excelencia, suele dejarse de lado la eficiencia, por eso el dicho que parece un contrasentido. Lo mismo digo: Frase hecha que tuvo su origen en los velatorios, entierros y funerales de fines del siglo XVIII a la hora de expresar el pésame. Una vez que el primero de los asistentes expresaban su condolencia a los deudos del muerto, para no repetir conceptos, los que seguían en la fila pronunciaban esta frase. Lo pasado pisado: Es una invitación a olvidar lo que sucedió hace tiempo, como si se sugiriera a la persona dar vuelta la página para no quedar atrapado por los recuerdos, no importa si buenos o malos. Lo prometido es deuda: Es una invitación a cumplir con lo que se promete, debido a que muchas personas no le dan a su palabra el valor que corresponde. Se supone que la palabra de una persona debe valer tanto, que el solo hecho de prometer algo significa contraer una deuda. Aunque a alguno le parezca mentira, hubo una época en que esto se cumplía y no eran necesarios los contratos. Lo que abunda no daña: Expresión familiar que prefiere el exceso de cosas buenas sobre la carencia de ellas. Entre nosotros, circula la forma mejor que sobre y no que falte, con idéntico valor. Lo que cuesta, vale: Podría considerarse a esta frase el complemento de lo barato sale caro, ya que cuando una cosa es considerada cara por su valor monetario, debe reconocerse que en la misma medida, ese objeto debe tener más valor que otro. Lo que es moda no incomoda: Frase que sirve para justificar el uso de cualquier prenda de vestir o adorno, debido a que cuando es «moda», es decir, lo usa la mayoría de las personas de determinado grupo social, a nadie le importa si es lindo o feo, si le queda bien o mal, etcétera. Lo que Natura no da, Salamanca no presta: Frase con la que -supuestamente- los encargados de administrar los bienes de la célebre Universidad de Salamanca le negaron ayuda a Cristóbal Colón, quien luego la recibió de los reyes Fernando e Isabel. La expresión se aplicó posteriormente para justificar, en una persona, la carencia de algún talento, como si dijéramos que lo que no se trae de nacimiento, no se obtiene con la práctica. Lo que se hereda no se hurta: Cuando una persona hereda algo de un familiar, se dice que le corresponde, que no lo robó. Esta frase se aplica, generalmente, para hacer referencia a algunas virtudes heredadas de un antecesor. Lo que viene fácil, fácil se va: Es una crítica al poder, el éxito o la riqueza que se obtienen de una manera fácil, sin esfuerzo. De la misma forma que se lograron, se pueden perder Loro viejo no aprende a hablar: Por más que una persona pretenda cambiar de hábitos a una edad avanzada, no va a lograr mayores progresos, debido a que por lo general, el ser humano adquiere a lo largo de su vida, hábitos y costumbres difíciles de erradicar. Los amantes de Teruel: Leyenda del siglo XIII que narra el amor imposible entre Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura. Varios autores, como Tirso de Molina, la recogieron en sus obras. Se suele añadir la coletilla "tonta ella y tonto él". Los amigos de mis amigos son mis amigos: Afirmación que aplica el carácter transitivo en las relaciones humanas. En realidad, la frase alude a la confianza que nos merecen nuestros verdaderos amigos en cuyas amistades confiamos como si fueran ellos mismos. Los de afuera son de palo: Es una invitación al silencio y a abstenerse de intervenir, para las personas que son ajenas a una discusión, conflicto o juego, debido a que no tienen parte activa en la cuestión. Ser de palo (o su equivalente ser de madera, por lo inerte de este material) representa la idea de la marginación total de una o varias personas en un tema. Paradójicamente, la expresión ser "del" palo se difundió últimamente como equivalente de "pertenecer a la misma actividad, profesión, ideología política o preferencia deportiva". Los últimos serán los primeros: Promesa de las Sagradas Escrituras (Mateo 20, 16) para quienes se sienten postergados en este mundo, por la cual se les asegura que dejarán de ocupar ese lugar cuando se encuentren ante la presencia del Creador. Parte 1: http://www.taringa.net/posts/info/18922633/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-1.html Parte 2: http://www.taringa.net/posts/info/18922715/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-2.html [/b

1. Gimnasia de hermanos siameses tipo Alien 2. Karate con la cabeza 3. Competición de cavar agujeros 4. Lanzamiento de portátiles 5. Patinaje artístico + Air guitar 6. Salto de trampolín humano 7. Pressing catch con fluorescentes, como los que tienes en tu cocina 8. Y la joyita de esta lista: Atletismo con spray de pimienta en el culo

El martes 11 de noviembre del 2014 decidí dejar por unas horas mi conurbano bonaerense natal para darme una vuelta por CABA. Después de recorrer peatonales como un loco llegué a un lugar que me llamó la atención: Me metí y le pregunté a un viejito que estaba sentado en un escritorio cuanto costaba la entrada, me dijo que salía $10 o $20, no me acuerdo bien. Como me pareció muy barato compré una entrada y me mandé. Estuvo buenísimo y saque más de 100 fotos con mi pedorro Nokia 208. Fotos que no voy a postear porque @ea86 ya hizo un post del Museo de Armas con imágenes de muy buena calidad http://www.taringa.net/posts/imagenes/18860792/Museo-de-armas-de-la-nacion-Argentina.html En el Museo había de todo, esperaba encontrarme sólo con armamento, pero terminé viendo armaduras medievales y samurai: Pero nada de eso me preparó para esto: Si señores, el único e irrepetible atendedor de boludos