Poner los puntos sobre las íes: Durante el transcurso del siglo XVI, fueron introducidos los caracteres góticos en la escritura común. Entonces, los copistas -importantísima profesión en esa época- adoptaron la práctica de poner un pequeño tilde sobre la i minúscula, para evitar que la presencia de dos de estas letras seguidas fuese confundida con una "u" (como si hoy tuviéramos que escribir a mano y en letra cursiva el término compuesto antiinflacionario). Por supuesto, esta innovación no fue bien recibida por todos los escribas y por algunas de las personas letradas, de manera que comenzaron a discrepar con la medida; tanto fue así, que para muchos, la acción de poner los puntos sobre las íes no pasaba de ser una prolijidad ociosa, propia de personas excesivamente meticulosas y maniáticas del esmero. Con el correr del tiempo, este concepto fue desplazado por el que tiene la frase en la actualidad, es decir, ejecutar todo muy detalladamente, sobre todo lo que normalmente se hacía de manera imprecisa, aunque entre nosotros suele aplicarse a la persona que siente la necesidad de aclarar determinada situación porque prefiere las cosas transparentes. Poner pies en Polvorosa: A pesar de que no puede afirmarse con certeza, todo lleva a pensar que el origen de esta expresión alude a un hecho bélico histórico protagonizado por el rey de Asturias y León, don Alfonso III. Al parecer, este monarca estaba bastante preocupado por las incursiones de los moros en su territorio y un buen día resolvió poner punto final a las tropelías de los sarracenos, para lo cual, salió a cortarles el paso a orillas del río Orbigo, en una región conocida como los Campos Palestinos de Polvorosa. Luego de una compleja, cruenta y exitosa contraofensiva del monarca astur, el ejército islámico debió dispersarse en fuga desordenada, de donde la conocida expresión poner pies en Polvorosa comenzó a aplicarse con valor de huida brusca y precipitada. Otras versiones, un poco menos documentadas, remiten el origen de este dicho -en sentido figurado- a la polvareda que levanta alguien cuando huye; también aluden a que en el lenguaje de los delincuentes (germanía) se llama polvorosa a la calle. En la actualidad, aunque un poco menos difundida, esta expresión es utilizada en el mismo sentido. Poner sobre los cuernos de la luna: En la Antigüedad, la locución poner sobre la luna significaba alabar, ensalzar a una persona en grado superlativo. Ya en tiempos del poeta latino Virgilio se usaba esta expresión como imagen laudatoria y los autores clásicos españoles la incorporaron con el valor que actualmente conserva. Con el tiempo, la expresión fue embellecida con el poético agregado de "los cuernos", que algunos autores creían inspirada en el texto de cierta lápida que se conserva en la universidad de Salamanca y en la que, bajo el símbolo de la media luna invertida, se recuerda la memoria del antipapa Benedicto XIII, don Pedro de Luna, insigne protector de esa universidad. Sea como fuere, el dicho popular poner sobre los cuernos de la luna conservó por mucho tiempo su primitivo significado de ensalzar, alabar desmedidamente a alguien. Ponerse las botas: Hubo un tiempo en el que el calzado era signo distintivo de la clase social a la que pertenecía el individuo. Es más: entre los romanos y los bizantinos existían normas muy estrictas al respecto y de hecho, esas diferencias se mantuvieron vigentes por mucho tiempo. De manera que, mientras las botas eran de uso privativo de los caballeros ricos y poderosos, el zapato bajo estaba reservado al pueblo llano. De ahí nació la expresión ponerse las botas, utilizada para poner de manifiesto el progreso de quien, por virtud de un golpe de fortuna, accedía al uso de las botas. Por supuesto, ese progreso sólo podía verificarse en un integrante de la clase baja ya que los nobles siempre habían usado botas. En la actualidad, el dicho conserva el mismo sentido, aunque en los últimos años ha adquirido -metafóricamente- un relativo valor intencional, quizá debido a las personas que medran en base a hechos no del todo claros o lícitos, por eso, en la actualidad, la frase se aplica por lo general, cuando la persona que ha alcanzado el progreso es sospechada de ilicitudes. ¡Que los cumplas feliz...!: Es la expresión proverbial que se dirige al que cumple años en ese día. El origen hay que buscarlo en una canción más antigua, Good morning to all, compuesta en 1893 por las hermanas Mildred y Patty Hill, maestras de la Kentucky Sunday School de Nueva York. La canción es hoy en día una de las más cantadas en todo el mundo. Que me echen los galgos: Locución utilizada para expresar que alguien huye precipitidamente de un lugar, invitando a que lo persigan infructuosamente, lanzando tras de sí un grupo de galgos, perros célebres por su velocidad, pero que no suelen alcanzar a las liebres. Que patatín, que patatán...: Frase onomatopéyica que hace referencia a la persona que habla sin sentido, dando disculpas o argumentando para no entrar en razones. ¡Que si quieres arroz, Catalina!: Esta expresión se emplea familiarmente para ponderar cualquier dificultad invencible. La procedencia del dicho es poco conocida. Una curiosa versión apunta que hace mucho tiempo vivía en tierra de León un judío converso cuya esposa se llamaba Catalina. La mujer sentía una verdadera fascinación por el arroz, hasta el extremo de que lo recomendaba como remedio universal de todos los males. Un día Catalina cayó enferma y, como rechazaba todas las pócimas y medicinas que le facilitaban, los familiares decidieron ofrecerle un plato de arroz. Pero Catalina tampoco lo quiso tomar. Para animarla, los parientes desesperados empezaron a recitar a coro, una y otra vez, la siguiente frase: "¡Que si quieres arroz, Catalina!". Pero fue en vano. La mujer se negó a probar su alimento, antes predilecto, y murió. Que te garúe finito: Locución que, a manera de saludo de despedida, suele dedicarse a quien se va, aunque casi siempre dicha con intención irónica y peyorativa para quien parte. Qué le hace una mancha más al tigre: Como la piel del tigre está plagada de manchas, sería casi imposible detectar la presencia de una nueva; por lo mismo, en una persona que adolece de muchos defectos, uno nuevo pasaría inadvertido. Por supuesto, la frase no se limita a destacar solamente los defectos, sino cualquier otra característica de las personas. ¡Que va a haber hule!: Haber peligro grave o desgracia. Éste es el significado de esta expresión que proviene de algún cronista taurino que llamó hule a la mesa de operaciones de las plazas de toros. Parece ser que el mullido de la mesa quirúrgica estaba cubierto por un hule, especie de tela impermeable. Desde entonces, cuando hay muchas cogidas, durante la lidia se dice que fue una corrida con mucho hule. Y la expresión '¡Que va a haber hule!' se popularizó para decir que va a haber sangre y heridas, aun fuera del contexto taurino. Quedarse a la luna de Valencia: El origen del dicho, que equivale a decir que alguien no ha podido conseguir lo que esperaba o se prometía, está poco claro. Para algunos autores, pudo surgir del hecho de que, debido al mal estado de la mar, los barcos no podían atracar en la playa valenciana para desembarcar a los pasajeros, y éstos tenían que pasar la noche en alta mar, quedando a la luna de Valencia. Otros suponen que lo de la luna es por el nombre que los valencianos daban a su playa, en razón a su forma semicircular. Hay folcloristas que suponen que la frase en cuestión se decía porque a ciertas horas se cerraban las puertas de Valencia, y los que llegaban a destiempo tenían que pasar la noche en un banco con forma de media luna o herradura que había a pie de la muralla. Sin embargo, para José María Iribarren, autor del libro El porqué de los dichos, el origen de la expresión es mucho más sencillo. 'Dejar a la luna' es lo mismo que 'dejar en blanco'; es decir, dejar a uno sin lo que pretendía o esperaba. Lo de Valencia fue añadido más tarde a la primitiva frase 'dejar a la luna'. Quedarse algo en el tintero: Olvidar u omitir algo en determinada circunstancia y recordarlo luego, cuando ya pasó el momento. La frase proviene de la época en que se escribía con una pluma que recogía la tinta de un recipiente así llamado. Quedarse con el pan y con las tortas: Literalmente, quedarse con todo, sin participar a nadie de lo logrado. Quedarse con la sangre en el ojo: Guardar resentimiento por algo, mantener recelo, duda o escrúpulo de algo. Quedarse lo más campante: No reaccionar ante un contratiempo, como si no importara, cuando lo lógico sería lo contrario. Campante equivale a «ufano, satisfecho». Quedarse mosca: Es una invitación a que alguien se quede quieto, tranquilo, sin intervenir en un conflicto o discusión. Quedarse para vestir santos: Es una frase destinada a la mujer que no se casó, la típica «solterona», que en una época, cuando había pasado cierta edad, visitaba con más frecuencia la iglesia y se dedicaba a las tareas domésticas de la parrroquia, entre ellas, la de coser vestidos y mantas para las imágenes de los santos. Quedarse sin mosca: Literalmente, estar sin dinero, no tener ni un peso. La palabra mosca tuvo, desde siempre, el valor de "moneda corriente" o "dinero". Quemarse las cejas (o las pestañas): Leer o estudiar mucho, analizar profundamente un escrito. Querer es poder: Expresa el poder de la fuerza de voluntad para conseguir lo que se pretende, llevando a los dos verbos a la categoría de sinónimos. Quien bien tiene y mal escoge, del mal que le venga no se enoje: El que deja un bien cierto y seguro no debe quejarse de la desgracia que le sobreviene. Quien escucha, su mal oye: La persona que presta atención a sus errores puede corregirlos a tiempo. Quien hace lo que quiere, no hace lo que debe: Generalmente, nos inclinamos por hacer lo que nos da la gana y eso es precisamente lo que nos aleja de lo correcto, de nuestras obligaciones. Quien mal anda, mal acaba: El que vive desordenadamente tiene, por lo general, un triste final. Quién me quita lo bailado: Expresión típicamente rioplatense que hace referencia a la ventaja de haber vivido una existencia plena de alegrías y placeres, a pesar de que en la actualidad, se pasa por momentos más dramáticos. Circula la forma vulgar quién me quita lo «bailao». Quien paga manda: Expresa el poder que otorga el dinero a quien lo posee. Podría equivaler a la frase donde manda capitán no manda marinero, aunque en este caso, se hace hincapié en los bienes materiales. ¿Quién te dio vela en este entierro?: No tener nada que ver en determinada situación, ser ajeno a lo que está sucediendo o, si bien se puede tener injerencia en algo, permanecer excluido por los demás. La expresión proviene del derecho de uso de velas en un velatorio, derecho reservado a los familiares y amigos íntimos del fallecido. Quitarse el sombrero: La acción de descubrirse la cabeza fue siempre un gesto de respeto hacia el prójimo, particularmente, ante las señoras. Con la casi total extinción del uso de esa prenda, la expresión se mantuvo hasta nuestros días, aunque en sentido metafórico, para dar a entender el respeto y la admiración que se siente por una persona. Quién te ha visto y quién te ve: Según cuenta el obispo de Mondoñedo, fray Antonio de Guevara, en tiempos de las revueltas de las Comunidades de Castilla había en un pueblo de Ávila un clérigo de origen vasco, partidario y ferviente defensor del líder de la revuelta Juan de Padilla, a quien señalaba desde el púlpito como "verdadero rey de Castilla, y no el tirano que ahora nos gobierna". Pero resultó que, una vez, el propio rebelde Juan de Padilla apareció con sus tropas y, tal como era la costumbre de la época, devastó las bodegas del lugar para abastecer a sus huestes. Una vez que se fue, el clérigo del lugar subió de nuevo al púlpito y habló al pueblo, pero ahora con un mensaje distinto, diciendo "habéis visto cómo pasó por aquí don Juan de Padilla y cómo sus soldados no me dejaron gallina viva, no tocino, ni estaca, ni tinaja sana. Os digo esto porque, de aquí en adelante, no deberéis rogar a Dios por él, sino por el rey don Carlos y la reina doña Juana, únicos reyes verdaderos...". Como es de suponer, la gente comenzó a aplicar la frase ¡quién te ha visto y quién te ve! para referirse al sentimiento que despierta una persona que en un tiempo fue pujante, feliz, sana o rica y ahora se encuentra débil, triste, enferma o pobre. Rasgarse las vestiduras: Según las Sagradas Escrituras, era costumbre entre los antiguos desgarrarse las ropas en momentos de desconsuelo, como señal de reconocimiento de los errores cometidos. En la actualidad, se aplica como crítica a las personas que demuestran preocupación y arrepentimiento cuando es demasiado tarde. Recoger el guante: Modismo que se emplea para indicar que una persona ha aceptado un desafío. Su origen hay que buscarlo en el antiguo ritual de los duelos. Para desafiar o retar a un adversario, generalmente por razones de honor, el caballero ofendido arrojaba el guante. Si la otra persona lo recogía, daba a entender que aceptaba el reto. Roma no se hizo en un día: Las grandes empresas no pueden lograrse de un día para otro, para ello, se necesitan tiempo, paciencia y sacrificio, tal como sucedió con el crecimiento de la ciudad capital del Imperio Romano. Saber dónde le aprieta el zapato: Este es uno de los dichos más populares de nuestra lengua y su origen se remonta a la época de los romanos. Según cuenta Plutarco en su obra "Vidas paralelas", Paulo Emilio, un patricio romano que gozaba de respeto entre sus pares debido a su sentido de la Justicia, dispuso separarse aparentemente, sin ninguna razón de Pipiria (hija de Papirio Masón), su joven, bella y virtuosa esposa, madre de sus dos hijos. Cuando sus amigos, escandalizados por la actitud del patricio, le reprochaban su proceder, éste, sonriente y señalando uno de sus zapatos, respondía: -¿Han visto ustedes alguna pieza tan fina y primorosamente trabajada como esta? Pues yo, y sólo yo sé dónde me aprieta. Con el tiempo, la ejemplar respuesta pasó al lenguaje popular para ser usada como réplica, cuando se acusa a alguien de obrar con ligereza y desatino. Saber con qué bueyes se ara: Conocer muy bien con quién o quiénes se trabaja o se está hablando. Saber lo que es bueno: Conocer algo por propia experiencia, sobre todo lo que es positivo para uno. Solía usarse como frase intimidatoria la expresión ¡ahora vas a saber lo que es bueno, sinvergüenza...!, pronunciada inmediatamente antes de propinar una paliza a alguien. Sacar de mentira verdad: Lograr la verdad por medio de la estrategia de usar la mentira, induciendo al interlocutor a que se sincere, casi sin quererlo. Sacar fuerzas de flaqueza: Reaccionar, recuperarse, con el último aliento y recobrar la potencia, cuando parecía que todo estaba perdido. Sacar los trapitos al sol: La acción de «sacar los trapos al sol» es íntima y se hace en el tendedero interno de las casas, sobre todo cuando se trata de la ropa interior de las personas. Por eso, la frase es una sugerencia a no ventilar los problemas íntimos en público. Sacudir el polvo: Dar una paliza a alguien, castigarlo corporalmente. La expresión fue tomada de la costumbre de apalear las alfombras colgadas de un alambre o tirante, para quitarles el polvo o cualquier suciedad. Salir a la palestra: Antiguamente, la palestra era un lugar donde se practicaban por lo general deportes y combates. Pero también tenía otros usos. La palestra, que normalmente era un patio porticado, servía de lugar de encuentro para discutir acerca de asuntos de interés y para celebrar competiciones literarias públicas. Los participantes tenían que salir a la palestra para exponer oralmente sus obras. Es por ello por lo que la frase 'salir a la palestra' se utiliza cuando una persona tiene que actuar en público en cualquier terreno. Salir con un domingo siete: Expresión inspirada en un cuento de brujas, que califica a la persona que hace de aguafiestas en algún negocio o entretenimiento, por lo inesperado de su comentario. Salir de Guatemala y caer en Guatepeor: Expresa la contingencia de lograr salir de una situación crítica para inmediatamente caer en otra peor. Se hace con Guatemala debido a la terminación mala; respecto de Guatepeor, pasa a engrosar la lista de los lugares inventados por el hombre. Salir el tiro por la culata: Fracasar, resultar chasqueado, como si a un tirador realmente le saliera el tiro por la parte de atrás del arma. Salvando las distancias: Frase usada como justificación, en los casos en que se ha efectuado una comparación relacionada con una persona o un hecho que no tiene parangón con el que se lo compara. Salvarse por los pelos: En tiempos remotos, el oficio de marino no hacía descontar -como en la actualidad- que este profesional supiera nadar; más aún, había muchos hombres de mar que no podían siquiera mantenerse a flote en caso de naufragio debido a que la capacidad de nadar no era una condición "sine qua non" para ingresar como tripulante. De ahí que, cuando un día el jefe de cierto cuerpo de la Armada, quizá guiado por razones puramente higiénicas, dio orden de rapar la cabeza de todos sus hombres, estos se alzaron en clamor de protesta y rebeldía, llegando incluso a la superioridad, alegando que la medida atentaba contra su vida, debido a que de esa manera se les privaba, en caso de naufragio, de una forma de asidero, dado que muchas veces eran salvados de una muerte segura al ser tomados de los largos pelos de su cabeza. Este pedido formulado por los marinos fue curiosamente atendido por los superiores que, a través de una Real Orden expedida en 1809, decretaron la caducidad de la medida de exigir el pelo corto a los marinos. En la actualidad, la expresión salvarse por los pelos o la variante criolla salvarse por un pelito son usadas para dar a entender que alguien logra salir de un apuro extremo, justo en el último momento. ¡Salve César!, los que van a morir te saludan: Según Cayo Suetonio, eran las palabras que pronunciaban los gladiadores frente al palco del César, antes de comenzar los combates. ¡Sálvese quien pueda!: Expresión equivalente a una interjección que advierte sobre la inminencia de un peligro e invita a que cada uno tome la precaución de ponerse a salvo. La frase, que se originó en los naufragios de la Antigüedad, en la actualidad se utiliza en situaciones no tan apremiantes, pero sí delicadas. Santa Rita, rita, rita, lo que se da no se quita: Es una expresión familiar originada en una doncella poco agraciada que le pidió un novio a Santa Rita de Cassia, una santa especializada en la concesión de pedidos milagrosos. Cuentan que Santa Rita le concedió el deseo, pero después, cuando el novio se arrepintió, la joven le reclamaba a la santa con esta frase. Sarna con gusto, no pica: La sarna es una enfermedad contagiosa de la piel provocada por un ácaro y el proverbio se refiere a la molestia ocasionada por cosas voluntarias que nos producen efectos indeseables. La expresión solía completarse con la frase ... pero mortifica. Se armó la gorda: La Revolución Unionista de 1868, a causa de la cual la reina Isabel II se vio forzada a abandonar el poder, vino precedida de un insistente rumor callejero, en el que utilizando la muy castiza expresión de la Gorda, se proclamaba a los cuatro vientos la inevitabilidad de los acontecimientos. Es decir, la gente aludía a la Gorda como un hecho consumado, como una cosa ya hecha: la Gorda ya está en camino... se va armar la Gorda... hasta que, finalmente, en septiembre de ese año, verdaderamente, se armó la Gorda con el pronunciamiento militar del marino Juan Bautista Topete y Carballo en Cádiz y de Primo de Rivera en Madrid. Históricamente, el hecho tomó el ostentoso nombre de La Gloriosa, pero su duración fue efímera; no así el castizo alias que el pueblo le adjudicó: La Gorda, expresión que luego extendió su uso al lenguaje familiar, cuando alguien quiere referirse a cierto hecho ruidoso o de mucha trascendencia, o bien ante una situación de extrema gravedad. Sembrar cizaña: Causar malestar con comentarios que pretenden enfrentar a dos o más personas. La comparación proviene de la parábola incluida en el Evangelio que habla de la cizaña, que es una planta nociva. Ser carne y uña (to be hand and glove): Habla de la verdadera amistad, de la estrecha unión entre dos personas, a la manera de las uñas unidas a la carne de los dedos. Circulan las formas vulgares ser camisa y calzoncillo y ser culo y calzoncillo, debido a la proximidad de esa prenda con la camisa y con las nalgas. Ser de armas tomar. Ser belicoso, peleador. Ser de pocas pulgas: Tener mal carácter, no soportar nada que lo incomode. La expresión surge de la idea de que nadie se aguanta la presencia de pulgas en su cuerpo por pocas que sean. Ser de tiros largos: En la España antigua, cada quien era libre de colocar en su coche la cantidad de caballos que quisiera, pero en cambio, solamente el rey y algunos dignatarios de la Corte tenían derecho a colocar el tiro delantero a mayor distancia que los traseros, para lo cual, lo alargaban por medio de extensas correas y hubo una época en que eran tantos los alargamientos que los tirantes llegaron a medir cuatro o cinco varas (casi cuatro metros y medio). A esta clase de arreo se le llamaba tiros largos y el modismo pasó -por extensión- al lenguaje familiar para designar el vestido de gala o cualquier otro atuendo ocasional lujoso. Entre nosotros, por una deformación posterior, la expresión ser de tiros largos se aplica en el caso de las personas que soportan sin objeción largas esperas, viajes interminables o bien, se mantienen despiertos hasta horas muy avanzadas. Ser el caballito de batalla: Ser aquello en que se destaca el que practica una actividad o ejerce una habilidad manual o artística y, por eso, lo exhibe con mucha frecuencia. La frase procede de la Antigüedad, en la que guerreros y paladines se reservaban para el día del combate, al caballo más fuerte y seguro. Ser el chivo expiatorio: Este dicho proviene de una práctica ritual de los antiguos judíos, por la que el Gran Sacerdote, purificado y vestido de blanco para la celebración del Día de la Expiación (purificación de las culpas por medio de un sacrificio) elegía dos machos cabríos, echaba a suerte el sacrificio de uno, en nombre del pueblo de Israel y ponía las manos sobre la cabeza del animal elegido -llamado el Azazel- al que se le imputaban todos los pecados y abominaciones del pueblo israelita. Luego de esta ceremonia, el macho sobreviviente era devuelto al campo por un acólito y abandonado a su suerte, en el valle de Tofet, donde la gente lo perseguía entre gritos, insultos y pedradas. Por extensión, la expresión ser el chivo expiatorio adquirió entre nosotros el valor de hacer caer una culpa colectiva sobre alguien en particular, aun cuando no siempre éste haya sido el responsable de tal falta. Ser el último orejón del tarro: Sentirse postergado, sin que nadie repare en uno. El orejón -un trozo de durazno u otra fruta desecada- solía guardarse en tarros de boca estrecha, por lo que el último que quedaba era difícil de sacar con las manos. Ser Gardel, Lepera y los guitarristas: Ser el mejor en una actividad, destacarse. Originariamente, se decía de alguien que «era Gardel» por su máxima capacidad para una determinada actividad. Con el tiempo, para perfeccionar el alcance de la expresión, se agregó al co-autor del Zorzal y a sus acompañantes en guitarra. Ser la piel de Judas (o del Diablo): Ser una persona muy traviesa, inquieta. Curiosamente, la comparación con Judas o el Diablo surge porque son dos exponentes máximos de la maldad, aunque suele llamarse «piel de...» a los niños traviesos, pero no a las personas visceralmente malas. Ser más bueno que el pan (o el puré o el Quaker): Son todas frases válidas para calificar a la persona que se caracteriza por su bondad, que no tiene maldad ni sería capaz de dañar a nadie, en comparación con el pan, alimento básico del hombre o el puré, que se da preferentemente a los bebés para favorecer su crecimiento. Respecto del Quaker, es otro alimento imprescindible en la dieta alimentaria de los más pequeños. Entre nosotros, y con el mismo valor circula la variante es más bueno que Lassie... atada, en alusión a la popular perra Collie, protagonista de una serie de TV y de varios largometrajes, famosa por su mansedumbre. Ser más papista que el Papa: Originariamente, el dicho era ser más católico que el Papa, con lo que se daba a entender que alguien pretendía superar a todos en el cumplimiento de una ley, mandato, orden o edicto, actuando con mayor celo que si fuese el propio encargado de hacer cumplir la orden. Ser más el ruido que las nueces: No es muy segura la procedencia de este modismo, aunque circula por España una anécdota que podría explicar el origen del dicho. Según cuenta el conde de Clonard, en 1597 las tropas españolas tomaron la ciudad de Amiens merced a una treta urdida por el capitán Hernán Tello de Portocarrero, que vistió de labradores a dieciséis de sus soldados que hablaban muy bien en francés. Estos hombres penetraron en la ciudad provistos de sacos de nueces, cestos de manzanas y un carro de heno. Apenas entraron en la ciudad, uno de los soldados dejó caer voluntariamente uno de los sacos de nueces, lo que movió a los soldados franceses a recoger las nueces del piso. Esta situación permitió a los españoles que sacaran sus armas de la carreta de heno y así reducir a las tropas locales para permitir el ingreso de una columna invasora. Posteriormente, los franceses recobraron la plaza, pero la astucia de la estratagema habrían dado origen al dicho ser más el ruido que las nueces. Con el correr del tiempo, la frase pasó a ser parte del uso popular, como manifestación de exagerada demostración de un hecho que no tiene tanta trascendencia. Ser moneda corriente: Estar una cosa admitida y no sorprender a nadie, ser común, como sucede con la moneda de curso legal que todos conocen y nadie duda de su vigencia. Ser o no ser: Celebérrima frase de la obra "Hamlet", de William Shakespeare, tomada luego universalmente para indicar la presencia de una duda de gran peso. La expresión se completa con las palabras esa es la pregunta (that is the question). Ser palabras mayores: Ser algo de una importancia mayor de lo corriente. Antiguamente, se consideraban "palabras mayores" a las ofensas e injurias, cuya pronunciación pública daba lugar a procesos judiciales. Ser pan comido: Significa que una cosa resulta demasiado fácil, sin complicaciones, tan sencillo como el hecho de haber comido pan. La versión en inglés contiene la variante ser un pedazo de torta y tiene el mismo valor que la de nuestro idioma. Ser pura espuma: Aparentar más de lo que uno es. La comparación surge de algunas bebidas -como la cerveza- cuya espuma llega rápidamente al borde de la copa, pero el verdadero líquido no alcanza la mitad del recipiente. Ser sapo de otro pozo: Pertenecer a otro lugar. Ser un as: En nuestros tiempos, equivale a ser considerado el número uno en su profesión o actividad, en alusión al "as" de la baraja, pero antiguamente se utilizaba como insulto, pues se la interpretaba como sílaba inicial de la palabra asno. Posteriormente, durante la Primera Guerra Mundial, a causa de las acciones heroicas de los aviadores, se terminó de consolidar el sentido actual del vocablo. Ser un bodrio: Alude a algo pesado, insulso, aburrido, según de lo que se trate y procede del término latino bodrio, equivalente de "caldo", hecho con sobras de sopas, mendrugos, verduras y legumbres. Ser un cafre: El apelativo cafre se aplica a toda persona o situación que encarna lo opuesto a la civilización y la cultura. En realidad, se llaman cafres a los habitantes de Cafrería o País de los cafres, grupo de pueblos bantúes que habitaba la región oriental de África del Sur, en El Cabo y Natal. La Cafrería es un nombre de origen árabe con el que los geógrafos de los siglos XVII y XVIII denominaban a la parte de África situada al sur del ecuador poblada por infieles (kafir, en árabe), es decir, no musulmanes. La acepción de la palabra Cafrería se redujo gradualmente, primero a las regiones de lengua bantú, después a la zona marítima que se extiende a lo largo del Océano Índico, desde la colonia de El Cabo hasta las regiones del Zambeze y, finalmente, a zonas reducidas de esta región costera. Éstas son la antigua Cafrería británica o British Kaffaria, anexionada a la colonia de El Cabo en 1863, y la Cafrería propiamente dicha, que hoy coincide con Transkei. Ser un cero a la izquierda: No tener ningún valor, ser inútil, lo mismo que el cero que se pone a la izquierda de las cifras, por supuesto, sin ninguna coma ni otro signo. Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría: La tiña era una enfermedad de la piel, muy contagiosa, por eso, se la comparaba con la envidia, debido a la "propagación" de este defecto, padecido por la mayoría de los seres humanos. Si no puedes vencerlo(s), únete a él (ellos): Consejo para quien no es capaz de derrotar a un circunstancial enemigo, por lo que se le sugiere buscar una alianza con él. Si te he visto, no me acuerdo: Frase que, a manera de despedida lapidaria, utiliza quien quiere cortar una relación, debido a que no tiene deseos de mantenerla por ningún motivo. La despedida -en estos casos- es terminante y no admite reconsideraciones; de ahí, lo de "... no me acuerdo". Si sale con barbas... San Antón: Cuenta la tradición que había una vez un pintor aficionado, quien instalado ante el caballete dando forma a un boceto de cuadro, recibió la visita de un inoportuno espectador que le preguntó qué se proponía pintar en ese lienzo. El artista, que indudablemente tenía poca confianza en sus propias dotes, respondió socarronamente: -si sale con barbas, San Antón; si no... la Purísima Concepción. La ocurrencia tuvo una feliz repercusión y así pasó, de la forma proverbial al lenguaje popular, para dar a entender que se acomete una tarea sin muchas pretensiones de triunfo y, sobre todo, con indiferencia acerca del incierto resultado final. Sin comerla ni beberla: Recibir premio o castigo, sin haber tenido nada que ver con cierto asunto. La relación con la gastronomía alude a alguien que debe pagar por una comida, sin haber ingerido líquido ni sólido. Sin decir "¡agua va!": En la Edad Media, el sistema de alcantarillado y la presencia del cuarto de baño en las casas de familia españolas (lo mismo que en las francesas, inglesas, etcétera) no era tan común como en nuestros días; de hecho, para satisfacer las primarias necesidades fisiológicas, las familias de entonces utilizaban bacinillas (comúnmente llamadas hoy "escupideras", porque primitivamente cumplían esa función) dentro de las cuales depositaban sus abluciones. Era algo cotidiano, entonces, que por las mañanas, las señoras de la casa recogiesen estos recipientes y vaciasen su contenido simplemente arrojando desde las ventanas su contenido (en este caso, exclusivamente líquido) a la calle, pero poniendo mucho cuidado de advertir a los posibles transeúntes del peligro inminente, para lo cual exclamaban a viva voz: "¡Agua va...!". Con el tiempo, y cuando las instalaciones sanitarias progresaron, desapareció la costumbre, pero el dicho permaneció en el uso popular como sinónimo de advertencia. Claro que también surgió la variante sin decir "¡agua va!", equivalente al actuar sin la precaución de advertir a alguien sobre la acción que uno iba a acometer, muchas veces perjudicando al otro, tal como hubiera obrado una señora de aquellos tiempos que se dispusiera a arrojar el contenido de la bacinilla sin avisar... Sin pena ni gloria: Expresión utilizada para demostrar el desinterés de una persona por el resultado de una acción o emprendimiento, como si le diera lo mismo tener que sufrir una pena que gozar de la gloria. Sobre el pucho: Inmediatamente, ipso facto (expresión que algunos transforman en ipso pucho), como cuando alguien arroja el pucho de un cigarrillo para aplastarlo casi de inmediato con la punta del calzado. Sobre gustos no hay nada escrito: Habla de la diversidad de gustos dentro del género humano. Obsérvese que la versión en inglés dice la comida de un hombre es veneno para otro. También existe la variante en el libro de los gustos, todas las páginas están en blanco. Sobre llovido, mojado: Se usa esta frase en los momentos en que una persona sufre, sucesivamente, varias desgracias o males materiales, comparando esa sucesión con la seguidilla de lluvias sobre un terreno, el que luego es mojado artificialmente. Soldado que huye, sirve para otra guerra: Es la frase preferida de los que prefieren eludir la responsabilidad antes de enfrentar los problemas. El dicho encierra una realidad incontrastable. Sólo se vive una vez: Frase que advierte sobre lo efímero de la vida humana, muchas veces usada para justificar que lo que no se hace en cierto momento de la vida, jamás se podrá repetir. Una de las películas del célebre agente 007 James Bond -Sólo se vive "dos veces" (You only live twice)- parafrasea este proverbio. Somos todos honrados, pero el poncho no aparece: Expresión que se usa en los casos en que, dentro de un grupo, se ha cometido alguna ilicitud y todos claman por su inocencia, como si nadie pudiera ser responsable del delito o error cometido. Son las doce... y el pescado sin vender: Es una frase que sirve para ilustrar un momento de inacción, cuando lo que se necesita es resolver prácticamente los problemas antes de que avancen las horas. Antiguamente, el pescadero -vendedor de pescados- tenía su mercadería desde la mañana temprano y con el correr de las horas, los peces se iban deteriorando, por eso, si a las doce del mediodía no se habían vendido, el vendedor comenzaba a preocuparse. Hoy en día, merced a los modernos sistemas de refrigeración, eso no sucede, pero la frase conserva su vigencia. Tal para cual: Podría equipararse con la frase de tal palo, tal astilla, ya que refiere a las virtudes y defectos que hermanan a dos personas. Tanto va el cántaro a la fuente que, al final, se rompe: El cántaro es una gran vasija -generalmente, de barro- que las mujeres de la antigüedad llevaban a la fuente o al río para cargarlas con agua. Por supuesto, de tanto ir y venir desde y hacia la fuente, muchas veces se rompía debido al material de que estaba construido. En la actualidad, la frase se usa para recalcar que, ante la insistencia de una persona en determinada actitud, finalmente termina por provocar un contratiempo. Tener agallas: Ser osado o valiente ante cualquier situación; mostrar resistencia ante la adversidad. El término agallas no se refiere a las branquias de los peces, sino a las protuberancias de la corteza de algunos árbo-les, que tienen una forma parecida a los testículos del hombre. Tener cola de paja: Antiguamente, el dicho completo era "el que tiene cola de paja no debe acercarse al fuego", debido a que teniendo la cola de paja y al aproximarse al fuego, las probabilidades de combustión se acrecientan. En la actualidad, es una acusación a quien se siente responsable de algo que ha sucedido, sin haber recibido explícitamente el cargo. Tener cuerda para rato: Tener mucha vida por delante o tener mucho tiempo para dedicarle a una actividad o a una persona. Tener el rancho cascoteado/Tener la manzana rodeada: Ambas frases aluden a la circunstancia de sentirse acosado y seriamente comprometido. Tener el rancho cascoteado se usa con mayor frecuencia en el ámbito rural, debido a que menciona la clásica vivienda del gaucho; tener la manzana rodeada, en cambio, es más usada en la ciudad y la acción se compara con el procedimiento utilizado por la policía, cuando rodea la manzana para lograr la detención de un delincuente. Tener gancho: Locución usada preferentemente en el ámbito escolar, donde se la aplica al niño o niña que, por cuestiones de simpatía personal, goza de la preferencia de su maestra o maestro. Tener la vaca atada: Tener la riqueza asegurada, no pasar apremios. Tener malas (o pocas) pulgas: Ser una persona de mal carácter. Tener muchas horas de vuelo: En el ambiente de los pilotos de avión es muy importante la experiencia acumulada, y como la experiencia sólo se obtiene practicando el vuelo, es común que cuantas más "horas de vuelo" tenga un piloto, mayor será su posibilidad de progreso y reconocimiento. En sentido figurado, la expresión puede aplicarse en la vida cotidiana. Tener muchos humos: Existía entre los romanos, la tradicional costumbre de adornar el atrio de las viviendas con los bustos y retratos de toda su ascendencia, con el objeto de demostrar la longitud y la importancia de su linaje. Estos objetos, por efecto del humo y del paso del tiempo, adquirían una coloración oscura de la que los habitantes de la casa solían ufanarse, ya que cuanto más intensa era esa pátina de ranciedad, más crecía la respetabilidad de la familia, en base a la memoria de sus ancestros. Ese es el origen de la expresión tener muchos humos que hoy aplicamos análogamente para manifestar la fea actitud de quien actúa con engreimiento y presunción inmoderados. El mismo valor adquirió la locución subirse los humos a la cabeza. Tener ojos en la nuca: Estar muy prevenido y alerta, como si esa persona real-mente tuviera un par de ojos en la nuca y así pudiera observar lo que sucede a sus espaldas. Tener sangre de pato: Ser muy tranquilo, pusilánime, no reaccionar ante la adversidad o ante la agresión, comparado con el pato cuya pasividad es notable. Tener tupé: Tener atrevimiento, desfachatez, descaro. Tener un cocodrilo en el bolsillo: Ser amarrete, "agarrado", avaro, poco amigo de poner dinero propio, como si realmente dentro de su bolsillo tuviera un cocodrilo que le impidiera meter la mano. Tener un corazón de oro: Podría equivaler a tener un gran corazón, debido a que para nosotros, "tener corazón" tiene el valor de "ser bueno" y si además de tener corazón, decimos que es "de oro", estamos hablando de alguien cuya bondad merece destacarse. Tener un palenque donde rascarse: Locución extraída del Martín Fierro, una de cuyas estrofas dice Hacéte amigo del juez / no le des de qué quejarse / y cuando quiera enojarse / vos te debés encoger / pues siempre es bueno tener / palenque ande ir a rascarse". El palenque es el palo grueso clavado verticalmente a la tierra para amarrar animales bravos. ¿Tengo monos en la cara?: Expresión socarrona que advierte a quien está dirigida que quien habla no es un tonto del cual todos pueden reírse, como si realmente tuviera monos en la cara. Tiene razón, pero marche preso: Frase que se utiliza para descalificar cualquier justificación de alguna actitud equivocada de una persona, debido a que no importa lo que ella manifieste, lo mismo habrá de ser culpable de lo sucedido. Es como si le estuviera negada toda justificación. ¡Tierra, tragáme!: Locución que suele pronunciar aquella persona que, por vergüenza, quiere evitar ser visto en determinado lugar, como si en verdad deseara que la tierra lo hiciera desaparecer. Tira y afloja: Locución que, en sentido figurado, se aplica para dar a entender que las tratativas sobre un asunto parece que se definen en un sentido, luego en el otro y así sucesivamente. El origen es un juego infantil cuyos contendientes tomaban los extremos de cintas de colores y comenzaban a tirar hacia uno y otro lado. Tirar de la lengua: Tratar de hacer hablar a una persona para que devele secretos que nos interesan particularmente, como si uno literalmente tirara de su lengua para hacerla hablar. Tirar la casa por la ventana: Festejar de una manera desmedida, gastar con esplendidez. El origen del modismo podría ser una costumbre de principios del siglo XIX, por la que el ganador de la lotería tiraba -literalmente- la casa por la ventana, arrojando los enseres de su hogar, indicando que comenzaba una nueva vida. Tirar la manga: Literalmente, pedir plata o bienes materiales. La acción se la compara con el hecho de que cuando el limosnero pedía algo a una persona, lo hacía tirando de la manga de su saco. Tirar la piedra y esconder la mano: Causar daño a otro, tratando de ocultarse para eludir la responsabilidad. El modismo parece provenir de la obra del filósofo Platón "El banquete", en la que uno de los personajes la utiliza. Tirar la toalla: Expresión y acción propias del boxeo, por la cual los asistentes de un boxeador (segundos) arrojan la toalla, en señal de abandono de su pupilo quien está siendo sometido a una gran paliza. Originariamente, los segundos arrojaban la esponja con que se refresca el cuerpo del pugilista, pero después se optó por la toalla por ser más visible a los ojos del espectador. Tocar de oído: Hablar u opinar sin fundamento, particularmente hablando en base a lo que otras personas opinan. Se la puede comparar con la expresión hablar por boca de ganso. Tocar el cielo con las manos: Estar muy feliz; alcanzar la gloria, como si uno pudiera realmente llegar hasta el cielo con las manos. Tocar el piano: Robar, hurtar, quitar con habilidad manual, imitando el movimiento que realiza el ejecutante de piano, pero en este caso, practicado sobre la billetera de la víctima y no sobre el teclado. Tocar madera: Expresión familiar supersticiosa para alejar algún mal, consistente en dar un golpe suave en cualquier objeto de madera. Procede de una milenaria costumbre basada en la creencia de que en las vetas moradas de la madera reside el genio del Fuego y la Vitalidad. Todo bicho que camina va a parar al asador: Es una afirmación tomada del Martín Fierro, de José Hernández y está basada en el antiguo concepto de que cualquier animal es bueno para ser asado y comido. Con el tiempo, la expresión comenzó a aplicarse en referencia a algunas personas, cuyas actitudes las hacen merecedoras de un final previsible, aunque en las décadas de los años ‘40 y ‘50, la frase comenzó a ser utilizada en tono festivo, para subrayar la noticia del casamiento de algún joven, en alusión al inevitable final de todo soltero. Todo tiempo pasado fue mejor: Proverbio romántico que expresa una preferencia por las épocas pasadas, en comparación con las actuales. Todos los caminos conducen a Roma: En la época de los césares, la prevalencia de Roma era tal, que todos los caminos del Imperio llevaban a la capital. Posteriormente, la trascendencia de la máxima figura de la Iglesia católica -el Papa- dio lugar a la difusión de la frase. Trasladada a la actualidad, la locución representa la idea de que hay muchas maneras de llegar a un lugar. Todos los problemas se arreglan en la cama: Dicen muchos matrimonios que la solución a sus conflictos de pareja se halla en la cama. De los problemas extra matrimoniales, no hay tanta estadística. Tómalo o déjalo: Pone al hombre ante la opción de aceptar lo que se le ofrece o despreciar la oferta. Tomar la ocasión por los pelos / la ocasión la pintan calva: Son dos dichos que tienen la misma procedencia, aunque el primero es muy popular en España y el segundo, más usado entre nosotros. Los romanos personificaban a la diosa Ocasión como una mujer hermosa, desnuda y con alas, como símbolo de la fugacidad con que pasan ante el hombre las buenas ocasiones u oportunidades. Parada en puntas de pie sobre una rueda y con un cuchillo en la mano, la diosa Ocasión tenía una cabeza adornada por delante con abundante cabellera, mientras que por detrás, era totalmente calva. De manera que, al decir tomar la ocasión por los pelos, se entendía que debía esperársela de frente, cuando ella venía hacia uno, donde se tendría la oportunidad de tomarla, ya que una vez que había pasado -y al no tener pelos por detrás- sería imposible agarrarla. Con el tiempo, la expresión perdió algo de su sentido original y comenzó a ser utilizada para dar a entender que una cosa se logra más por suerte que por capacidad. Respecto de la variante (a) la ocasión la pintan calva, alude a la posibilidad inminente de alcanzar un logro y que por ninguna causa puede desperdiciarse la oportunidad. Tomar las de Villadiego: Si existe un dicho popular de origen español cuyo origen es controvertido, sin duda es este que nos ocupa ahora. Sobre lo que no se tiene ninguna duda es respecto de su antigüedad, ya que se lo menciona por primera vez en La Celestina, la célebre tragicomedia de Calisto y Melibea escrita en parte por Fernando de Rojas, donde se hace referencia a las "calzas de Villadiego". Pero los estudiosos no se ponen de acuerdo acerca de su procedencia: para algunos, alude a un determinado tipo de calzones -calzas- que se confeccionaban por entonces en el pueblo burgalés de Villadiego; para otros, evoca la figura del aventurero que llevaba ese apellido, quien por alguna razón que se desconoce, se vio obligado a escapar precipitadamente de determinado lugar. Existen otras versiones no menos contradictorias, una de las cuales sostiene que se refiere a las alforjas que se fabricaban en la ciudad de Villadiego, aludiendo a que éstas son lo primero que se toma cuando se huye de un lugar, pero en realidad, se trataría de las calzas, que sí son lo primero que uno toma en su huida. Pero sea como fuere, el significado de la frase tomarse las de Villadiego tiene en todos los casos el mismo sentido: huir, salir en estampida por efecto de una contingencia súbita e imprevista. Tomar a pecho: Tomarse alguna cosa muy en serio, con total responsabilidad. Si se trata de algo realmente trascendente, la frase vale como estímulo; si se trata de «tomarse a pecho» alguna broma, es algo criticable. Tomar el pelo: Lisa y llanamente, cargar a alguien, hacerle burlas, sin llegar a la ofensa grave. Tomar el toro por las astas: Ocuparse de solucionar un problema de manera personal y efectiva. Cuando se quiere derribar al toro sin elementos extraños, la única solución es tomarlo por las astas; con las dificultades sucede algo parecido. Traer a colación: Introducir un tema dentro de otro similar al que está siendo tratado. Antiguamente, se llamaba colación a la conferencia o debate que hacían los miembros de una congregación religiosa. Tropezar dos veces con la misma piedra: Es una crítica a la reincidencia. Es difícil que alguien tropiece dos veces con la misma piedra; de hecho, dicen que el hombre es el único ani-mal que lo hace. Se supone que también debe de ser difícil que alguien se encuentre dos veces con el mismo grave problema. Tarde piaste: Generalmente, cuando oímos una queja, pedido de auxilio o justificación algo tardíos, de manera que resulta prácticamente imposible atender, solemos utilizar irónicamente el dicho tarde piaste, integrado por el adverbio de tiempo y el participio del verbo "piar". En realidad, en el propio sentido de este verbo está contenido el significado del dicho, sobre cuyo origen se manejan varias versiones, aunque se coincide en lo más esencial. La más acertada habla de un par de estudiantes gallegos que, en ocasión de jugarle una broma a un tercero, apostaron a quién de los tres se atrevía a tragar un huevo cocido, de un solo trago. Aceptada la apuesta, los dos pícaros pusieron dos huevos cocidos y uno crudo, que se encargaron de dar al incauto. Este tomó el huevo y en el momento de pasar por la garganta del joven, el pollito pió, lo que hizo que aquel exclamara... ¡tarde piache! (forma gallega de decir ¡tarde piaste!). En la actualidad, lo seguimos utilizando con el mismo sentido que en sus orígenes. Tener buena (o mala) sombra: No importa si el origen de este dicho es andaluz o gitano, el caso es que proviene del valor que se da en esas latitudes -tan intensamente bañadas por el sol- a la sombra, especialmente durante los rigores del verano. Efectivamente, la sombra cumple allí un papel de primer orden y ello explica que el pueblo andaluz -siempre tan ocurrente- haya venido a atribuirle incluso valor sicológico, al decir buena (o mala) sombra. Así, tener buena sombra se volvió sinónimo de "tener gracia, donaire, ingenio", en tanto tener mala sombra equivale a "ser pesado, molesto, inoportuno y carente de todo atractivo". Tener buenas aldabas: Si bien no es éste un dicho muy difundido entre nosotros, su explicación merece ser incluida en esta selección, debido a que -de acuerdo con su significación- podría adaptarse perfectamente a las características de nuestra sociedad, sobre todo en nuestra época colonial. Aldaba es el nombre de la pieza de metal abatible que se instalaba (todavía hay casas que la tienen) para llamar por medio de la percusión, lo que nosotros denominaríamos un "llamador". Pues, aunque hoy este elemento ha caído en desuso debido a los cambios experimentados en la construcción de los modernos edificios y sólo se lo utiliza como motivo suntuario y decorativo, en el pasado era un adminículo inseparable de toda puerta principal de la vivienda, es decir, que no se concebía una casa de familia sin su correspondiente aldaba en la puerta. Y cuanto más caprichosas y artísticas eran sus formas, más distinguida era la mansión. El refrán primitivo dice a tal casa, tal aldaba, expresando precisamente esa idea de preeminencia que establecía la presencia de ese objeto. Del mismo modo, el dicho tener buenas aldabas, en el lenguaje coloquial significaba que esa familia contaba con amistades poderosas cuya influencia podía aportar, en determinadas circunstancias, protección o favores invalorables. Tener el baile de San Vito: Cuando una persona se muestra nerviosa e inquieta, le decimos despectivamente que parece que tiene el baile de san Vito o sambito. El origen de esta expresión está en la invocación que se hacía en la Edad Media a San Vito -o Guiodo- contra una grave afección nerviosa que recibió el nombre de este mártir. Caracterizada por movimientos involuntarios y sin propósito aparente, esta dolencia se conoce como corea reumática o corea de Sydenham. Según la leyenda, San Vito, mártir en el año 303, sufría terribles convulsiones causadas por las torturas a las que fue sometido en Lucania (Italia). Tener más cuento que Calleja: De las personas cuya fantasía les lleva a falsear la realidad de forma intencionada o no, se dice que tienen más cuento que Calleja. El origen de esta expresión está en la figura del editor Saturnino Calleja y Fernández (1855-1915). A la temprana edad de 20 años, este burgalés fundó en Madrid su editorial, casa que ha publicado gran cantidad de libros de carácter pedagógico y recreativo. Calleja y Fernández fue conocido sobre todo por su ingente producción de cuentos. Entre los más conocidos figuran: Las tres preguntas, Testigos con alas, El tesoro del Rey de Egipto, El anillo de Ginés y Chin-Pirri-Pi-Chin. Tener más orgullo que don Rodrigo en la horca: Cuentan que don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias, fue protegido del rey Felipe III, pero cuando accedió al trono Felipe IV y al obtener la preferencia de éste el conde-duque de Olivares, don Rodrigo no sólo cayó en desgracia sino que fue víctima de un proceso ruidoso en el que, entre otras gravísimas acusaciones, se le imputaba el envenenamiento de la reina Margarita, muerta en circunstancias muy extrañas. Condenado a morir decapitado, don Rodrigo recibió la noticia con impresionante entereza y así subió al cadalso, mientras la concurrencia se manifestaba con rumores y, sobre todo, con admiración. El condenado, entonces, abrazó al verdugo y entregó su alma pronunciando el nombre de Jesús. Esta arrogante actitud y compostura dio origen al dicho tener más orgullo que don Rodrigo en la horca con el que usualmente se pondera la actitud de quien, incluso en las circunstancias más adversas, mantiene inquebrantable su orgullo. Tener muchas ínfulas: En la Antigüedad, se llamaban "ínfulas" a unas tiras o vendas de las que pendían dos cintas llamadas "vittae", una a cada lado de la cabeza. Las "ínfulas" se usaban arrolladas en la cabeza a manera de diadema o corona, y solían lucirlas los príncipes y sacerdotes paganos, como señal distintiva de su dignidad. Con estas "ínfulas" se adornaban también los altares y -en algunas ocasiones- las víctimas que eran llevadas al sacrificio. Pero cuantas más eran las ínfulas y mejor la calidad de su confección, más importante era considerada la persona que las portaba, por lo que, era muy común escuchar hablar de víctima de muchas ínfulas. Con el tiempo, el dicho pasó a designar a todo aquel que actúa con habitual vanidad y orgullo desmedidos y, por lo general, despreciando al prójimo. Tener vista de Lince: Con este dicho, tenemos que admitir que se ha cometido un error histórico que se ha mantenido a través del tiempo. Y todo debido en parte a una equivocada transcripción (algo muy frecuente en nuestra lengua) así como a un acertado concepto científico que involucra a este felino. Existía un rey de Mesenia -antigua ciudad del Medio Oriente- llamado Alfareo, cuyo hijo era famoso por la capacidad visual de que gozaba, ya que era capaz de distinguir desde su atalaya en Libia, la partida de una flota enemiga desde Cartago. Y no sólo eso; se decía además, que era capaz de atravesar con su mirada toda clase de objetos sólidos. Sucedía que el nombre de este descendiente de nobles era Linceo y fue él quien dio origen al dicho popular tener vista de Lince, que era como se decía en los primeros tiempos y no tener vista de lince, como lo hacemos en la actualidad. Coincidentemente, el felino que nos ocupa ostenta con orgullo el mérito de ser uno de los animales con mejor visión entre todos los seres de la tierra, pero no fue él precisamente el que originó este dicho tan popular, usado hoy para destacar la capacidad visual de alguien. Tirar de la manta: En el siglo XV, los judíos fueron expulsados de Navarra, salvo los que se convirtieron al cristianismo. Para distinguir las familias conversas del resto de los fieles, se colgaron en las iglesias unos lienzos, llamados mantas, con los nombres de sus miembros. La expresión 'tirar de la manta', que hoy significa revelar un secreto, se empleó en un principio para buscar en los lienzos el origen converso de una persona. Tragar el paquete: Durante mucho tiempo, en España los cigarros puros se expendían en "atados" (y nunca mejor aplicado el término, debido a que estaban liados con una cinta) de seis unidades, desprovistos de cualquier envoltorio, lo que permitía al consumidor examinar minuciosamente el producto antes de comprarlo (observar el color, oler su aroma, contar las unidades...). Pero, sucedió que un buen día, la Compañía Arrendataria de Tabacos resolvió anular este sistema y ofrecer los cigarros guardados en estuches que mostraban el contenido sólo a través de una pequeña abertura. La innovación causó gran desagrado entre los fumadores, lo que motivó que se pusiera de moda la frase tragar el paquete, con la que se daba a entender que al usuario no le quedaba otra alternativa que aceptar como bueno -aunque no lo fuese- el tabaco empaquetado. El dicho se extendió luego al uso general, justificando toda actitud arbitraria e inconsulta. Parte 1: http://www.taringa.net/posts/info/18922633/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-1.html Parte 2: http://www.taringa.net/posts/info/18922715/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-2.html Parte 3: http://www.taringa.net/posts/info/18924563/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-3.html Parte 4: http://www.taringa.net/posts/info/18927192/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-4.html Parte 6: http://www.taringa.net/posts/info/18929903/Dichos-Populares-y-sus-Significados-Parte-6.html
Dichos Populares y sus Significados (Parte 5)
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