
Hoy, a 31 años del 10 de diciembre de 1983 cuando Raúl Alfonsín asumía como nuevo presidente de la recuperada democracia argentina tras haber triunfado en las elecciones del 30 de octubre de ese mismo añonzo, la vida democrática argentina ha consolidado una sociedad plural, que tramita sus demandas en libertad, que conquista derechos, que incluye, que discute, que consolida mayorías y respeta minorías; en definitiva, que vive plenamente aquello que en 1983 era una utopía hermosa por la que valía la pena luchar.

El Día de la Democracia no debería ser una jornada más para todos los argentinos. Un 30 de octubre de 1983 todos los ciudadanos tuvieron la posibilidad de elegir el futuro en las urnas, en forma pacífica e imponiendo la voluntad popular a través del sufragio.

En épocas de elecciones, donde poco se reflexiona acerca de la posibilidad de elegir autoridades mediante el voto libre, la clase política debería comenzar a dar el ejemplo de civismo hacia toda la sociedad. En especial, en los casos donde se descalifica la voluntad del pueblo o se genera un clima poco claro en búsqueda de desligitimar las preferencias optadas por el electorado.

Raúl Alfonsín se impuso en las elecciones de aquel año, abriendo la apertura democrática, en elecciones libres, abiertas y competitivas. Si bien aquella temprana democracia poco tenía de una definición ideal de la misma, de todos modos la posibilidad de que sea el pueblo quien elija los representantes de conducir el país, manifestaba el derecho más valioso que tenemos cada uno de nosotros como ciudadanos plenos.

Joven e imperfecta. Con deudas, pero estable. 32 años desde la histórica elección que abrió el camino a un periodo de libertades y le devolvió a los argentinos la posibilidad de ser ciudadanos. 32 años de democracia, 32 años de la entrada a la vida...

