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Usuario (Argentina)

Hoy, a 31 años del 10 de diciembre de 1983 cuando Raúl Alfonsín asumía como nuevo presidente de la recuperada democracia argentina tras haber triunfado en las elecciones del 30 de octubre de ese mismo añonzo, la vida democrática argentina ha consolidado una sociedad plural, que tramita sus demandas en libertad, que conquista derechos, que incluye, que discute, que consolida mayorías y respeta minorías; en definitiva, que vive plenamente aquello que en 1983 era una utopía hermosa por la que valía la pena luchar. El Día de la Democracia no debería ser una jornada más para todos los argentinos. Un 30 de octubre de 1983 todos los ciudadanos tuvieron la posibilidad de elegir el futuro en las urnas, en forma pacífica e imponiendo la voluntad popular a través del sufragio. En épocas de elecciones, donde poco se reflexiona acerca de la posibilidad de elegir autoridades mediante el voto libre, la clase política debería comenzar a dar el ejemplo de civismo hacia toda la sociedad. En especial, en los casos donde se descalifica la voluntad del pueblo o se genera un clima poco claro en búsqueda de desligitimar las preferencias optadas por el electorado. Raúl Alfonsín se impuso en las elecciones de aquel año, abriendo la apertura democrática, en elecciones libres, abiertas y competitivas. Si bien aquella temprana democracia poco tenía de una definición ideal de la misma, de todos modos la posibilidad de que sea el pueblo quien elija los representantes de conducir el país, manifestaba el derecho más valioso que tenemos cada uno de nosotros como ciudadanos plenos. Joven e imperfecta. Con deudas, pero estable. 32 años desde la histórica elección que abrió el camino a un periodo de libertades y le devolvió a los argentinos la posibilidad de ser ciudadanos. 32 años de democracia, 32 años de la entrada a la vida... link: https://www.youtube.com/watch?v=xnyNkBi2_YA link: https://www.youtube.com/watch?v=0epwiFA_bbA link: https://www.youtube.com/watch?v=Dh8AumD8Eqw link: https://www.youtube.com/watch?v=HYg2x_yZySI link: https://www.youtube.com/watch?v=wD3Y3abhM2c link: https://www.youtube.com/watch?v=OX751IEhHS4 link: https://www.youtube.com/watch?v=DonuOG3OZac
Las gubias son las herramientas con las que se talla la madera y dentro del mundo del Arte, se emplean en muchas técnicas como en xilografía o escultura. Son el elemento principal en estos procesos, por tanto siempre debe estar en perfecto estado para que el tallado sea perfecto. La gubia en V o "pico de gorrión" podría decirse que es el lápiz del tallista. Lo primero que hay que hacer es acostumbrarse a él y para ello la mejor manera es practicar una y otra vez hasta conseguir dominarlo. Las hay de distintos grados según el ángulo: 60º, 90º, 55º, 45º, 35º, etc Como Afilarlas Verter una gota de aceite sobre la piedra para afilar Es importante mantener el ángulo del bisel siempre que nos sea posible. Para ello debemos intentar friccionar la gubia contra la piedra intentando que toda la superficie biselada apoye por igual. Frotaremos siempre en la misma dirección, vertical (como si embistiéramos a la propia piedra). Este paso se debe hacer con cierta fuerza para evitar que las partículas de acero se acumulen en el extremo de la gubia, creado rebaba o viruta. Cuando veamos que ya tenemos una superficie medianamente lisa y lo consideremos oportuno, limpiamos el polvo de hierro con el trapo. ¡Y listo! Ahora falta comprobar el resultado, para ello puedes intentar cortar un pedacito de papel con la gubia,estará bien afilada cuando el corte quede limpio. El torneado de la madera constituye hoy un amplísimo mercado que ofrece una diversidad de tornos utilizados tanto en la industria maderera como en carpinterías, en la fabricación de muebles y artesanías en madera, y hasta en el hogar de un aficionado al bricolaje. Gubias: son pletinas de acero en forma de media caña. Presentan una sección transversal curva y están afiladas solamente por el borde exterior. Generalmente son largas y requieren un afilado periódico, razón por la cual su longitud va disminuyendo. Las hay de muy diversos anchos o radios, cada una para una función distinta, que veremos a continuación. Bedanos o escoplos: son similares a las gubias, pero de cuerpo rectangular o cuadrado y terminación biselada, que forma un ángulo agudo para atacar la madera. Se emplean especialmente para efectuar cortes más profundos en la madera. Si se trata de trabajos artesanales o para el hogar, los suele fabricar el propio tornero a partir de limas cuadradas en desuso, pero el comercio dispone de una gran variedad para una amplia gama de aplicaciones. Formones: son escoplos con hojas más anchas (de 4 a 40 mm) y más delgadas (entre 3 y 4 mm) que realizan cortes menos profundos que los escoplos y se emplean principalmente para el torneado de una superficie lisa.

Lucy es el esqueleto más famoso del mundo. Hace 41 años, un grupo de paleontólogos descubrió en Hadar, al noreste de Etiopía, el conjunto de restos fósiles de un australopiteco que vivió hace 3,2 millones de años. Era una hembra de 1,1 metros de altura y se trató del primer hallazgo de un humanoide en buen estado que logra explicar la relación entre los primates y los humanos. Los trabajos de rescate recuperaron el 40% del esqueleto y tras varios estudios se confirmó que esta Australopithecus afarensis ya caminaba en dos extremidades inferiores. Lucy tiene los pies arqueados como los humanos actuales, lo que indica que era bípeda y que su especie había dejado de trepar árboles como los primates. El hallazgo la ubica como un ancestro de los Homo sapiens y también como una conexión evolutiva con los primates. Era el 24 de noviembre de 1974 cuando se hizo el descubrimiento y en la radio sonaba Lucy in the sky with diamonds, el éxito de los Beatles, así que al paleontólogo Donald Johanson le pareció buena idea darle un nombre al grupo de huesos que, según indicaban las primeras investigaciones, pertenecían a una sola persona. La nombró Lucy y con el apelativo siguió la fama. Tras este descubrimiento se han encontrado más de 250 fósiles de al menos 17 individuos en la misma región. Los restos permanecen en el Museo Etíope de Historia Natural en Addis Abeba en una cámara de seguridad a la que el público no tiene acceso. Sin embargo, el Gobierno etíope decidió en 2007 sacar el esqueleto del resguardo para llevarlo en una gira por Estados Unidos. Durante siete años, Lucy viajó por varias ciudades y cientos de personas pudieron observar los trozos de cráneo, costillas, pelvis y fémur del ejemplar. En 2015, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visitó Etiopía y las autoridades le permitieron observar directamente el esqueleto y tocarlo. link: https://www.youtube.com/watch?v=JKJ64W9JEUk&feature=youtu.be Lucy la australopithecus andaba sobre sus pies. Costó saber de qué forma lo había conseguido, pero el estudio de los huesos de la pelvis y de sus rodillas permitieron confirmar que la homínido había conseguido dar un salto en la evolución. Aquel descubrimiento se entiende hoy como uno de los más grades de la historia del proceso evolutivo, pero la ciencia tardó tres años en reconocer a Lucy. Solo se hizo cuando la publicación Kirtlandia escribió sobre el nacimiento de un nuevo homínido, considerando a la nueva especie como la precursora del género homo. Lucy la australopithecus no fue la única homínido que se ha encontrado en Etiopía. De su misma especie, la Australopithecus afarensis, los científicos hallaron los restos de Selam a diez kilómetros de distancia de los de Lucy. Se trata del fósil más completo de un niño, ya que encontraron huesos de algunos dedos, de un pie, el tórax completo y sobre todo de la cara, que posee los rasgos similares a los de un simio. Lucy no tenía ninguno de esos huesos, pero lo hallado permitió establecer que andaba a dos patas, aunque no siempre. Los estudios posteriores hablaron de la posibilidad de que tanto Lucy como Selam se subieran a los árboles. Según los investigadores de la Universidad Midwestern y la Academia de Ciencias de California, sus fósiles muestran rasgos muy simiescos, lo que sugiere que nuestros ancestros tardaron mucho más de lo que se creía en dejar de colgarse de las ramas. link: https://www.youtube.com/watch?v=w_wvGfsz60s&feature=youtu.be
El Río de la Plata fue visitado por los españoles desde 1516, cuando lo descubre la expedición al mando de Juan Díaz de Solís. La más importante de todas las expediciones fue la de Sebastián Caboto. Este último, hipnotizado por la leyenda de la Sierra de la Plata y del Rey Blanco, había desviado su curso hacia las islas Molucas, en Asia, para adentrarse por el Plata en busca de grandes riquezas. Lo único que consiguió fue hambre y más leyendas. Solamente los mitos llegaron a España. La corona española decidió poblar la zona para defenderla de las ambiciones de los portugueses; pero el principal motivo de enviar un adelantado con mil quinientos hombres y trece barcos no era otro que el de alcanzar la mítica Sierra de la Plata. La expedición partió el 24 de agosto de 1535 desde Sanlúcar de Barrameda, al mando de don Pedro de Mendoza. Éste tenía el título de Adelantado y su labor consistía en fundar tres poblaciones y emprender la conquista de la mítica región del Rey Blanco. No sólo eso, también tenía que organizar un gobierno duradero. En la expedición iban muchas mujeres, aparte de los soldados. Algunas de ellas fueron conocidas por sus nombres: Isabel de Guevara, autora de una carta en la cual cuenta la labor de las mujeres en la conquista; la Maldonada y María Dávila, compañera y amante de don Pedro de Mendoza, quien lo acompañaría hasta el día de su muerte; y otras más. La expedición se detuvo en las islas Canarias para aprovisionarse, y allí se les unieron tres naves más, provistas por el gobernador de Santa Marta, don Pedro Fernández de Lugo. Este último había sido un aspirante al título de Adelantado del Río de la Plata. Don Pedro de Mendoza era un hombre viejo, con mucha experiencia militar. Pero estaba mortalmente enfermo de sífilis, una enfermedad que lo tuvo a maltraer durante todos los preparativos de la expedición, en el viaje y luego en el Río de la Plata. Este mal lo imposibilitó muchas veces para tomar decisiones, por lo cual la expedición careció de un buen líder desde el principio. Mendoza se detuvo en Río de Janeiro, donde enjuició y mandó a asesinar al maestre de campo Juan de Osorio por presunta rebelión, la que luego se comprobó nunca había existido. Mientras tanto el hermano del Adelantado, don Diego de Mendoza, siguió camino al Río de la Plata y desembarcó en las islas San Gabriel (frente a la actual Colonia, Uruguay). Allí se le reunió Pedro de Mendoza en enero de 1536. Construyeron unos barcos especiales para ríos bajos, y enviaron algunos bergantines con unos prácticos del río, veteranos de la expedición de Caboto, a fin de que eligieran el mejor lugar para levantar una población. El lugar elegido tenía grandes condiciones: un puerto cómodo, con un pequeño riachuelo que desembocaba en el gran Río de la Plata y una isla cubierta de sauces y juncos, que tapaba su desembocadura y lo protegía de los vientos. Allí, en ese riachuelo, se podrían cobijar varias embarcaciones. Mendoza trasladó a toda la gente hacia el punto elegido, y levantó una población en lo alto de una meseta bordeada por arroyos. Correspondía al llamado Alto de San Pedro, justo frente al lugar donde se guardaban los barcos, un canal que penetraba en el actual Riachuelo, este ultimo tenía en aquella época su desembocadura cubierta por la isla de los Pozos. El canal estaba escondido por un banco submarino que se extendía paralelo a la playa de la barranca, como continuación de la isla, y empezaba a hacerse visible en el punto llamado alto de San Pedro; sólo había una entrada a este canal, que estaba justo frente a la actual Retiro, o sea pasándose un poco al norte de donde estaría la ciudad. Había que embocar esta entrada al canal para poder entrar en el Riachuelo, si no los barcos se encallarían en el banco. A muy poca distancia de la barranca comenzaba la llanura interminable y completamente plana, sin vegetación; a la vista la pampa resultaba infinita. Ni una colina, ni un árbol, todo liso. A principios de febrero se fundó la ciudad que llamaron Nuestra Señora del Buen Aire. La fecha más aceptada es el 3 de febrero, pero no hay seguridad sobre ella: oficialmente se mantiene el 2 de febrero, aunque ni siquiera se sabe si hubo un acto de fundación. Lo más probable es que no haya existido dicho acto, ya que Mendoza estaba muy mal de su enfermedad en esa época. El lugar también es una incógnita, pero el más aceptado por los historiadores es el ya expuesto, que sería el final de la actual calle Humberto I. Donde comenzaba la parte visible del banco antes comentado. Apenas fundada la ciudad, los españoles entraron en tratos con los indígenas, que se acercaron con curiosidad a ver qué pasaba. Éstos les procuraron alimentos: pescado y carne de venado. En la zona de la ciudad no había ni árboles frutales ni muchos animales. Había perdices, algunos avestruces o ñandúes, armadillos, gatos monteses y venados. La pesca era imposible para los españoles ya que no habían traído anzuelos ni redes. Mendoza ordenó enseguida que lo aprovisionasen de perdices para alimentarse él y sus capitanes amigos; los soldados las cazaban con ballestas para no gastar las balas de los arcabuces. Los líderes de la expedición siempre tuvieron alimento suficiente, incluso cuando los hombres y mujeres que tenían a su cuidado morían de hambre. Comenzaron los trabajos para levantar la ciudad. Hicieron chozas que tenían paredes de barro mezclado con paja, y los techos eran completamente de paja y cañas. Las ventanas, si es que tenían, de madera que obtenían de los algarrobos silvestres que había a orillas del Riachuelo. Levantaron también una casa grande y maciza que sería destinada al Adelantado Mendoza. Algunos cronistas dicen que tenía techo de tejas, las cuales se habría traído Mendoza desde España, así como gran cantidad de ropas finas, libros, exquisitas vajillas, manteles y muebles. Se rodeó a la nueva población con un terraplén de “tres pies” de ancho y “de la altura de un hombre parado”, que había que reparar cada día, ya que se desarmaba. También un foso que rodeaba al terraplén. Con el tiempo a la "muralla" se le agregó una empalizada hecha con troncos de árbol. La extensión del poblado era de aproximadamente una manzana. Había también una fortaleza o casa de gobierno, que funcionaba como residencia de las autoridades, oficinas y prisión. En realidad era un barco encallado, que luego se deshizo para construir una iglesia y fue reemplazada por otra nave en las mismas condiciones, donde vivía en 1539 el teniente gobernador Ruiz Galán. Mientras los soldados construían la ciudad, los indígenas dejaron de procurarles comida. Se cree que estos últimos eran los querandíes, que habitaban las zonas aledañas. Los cronistas no cuentan por qué dejaron de abastecerlos, pero lo más probable es que se hartasen de los malos tratos y prepotencia de los españoles, quienes exigían los alimentos con argumentos “legales”, leyes que los indígenas no conocían ni les interesaban. Mendoza envió al alcalde Juan Pabón junto con dos soldados a pedir a los querandíes que siguiesen procurándoles alimentos. Pabón no se hizo entender o realizó su demanda a la fuerza, ya que los querandíes lo molieron a palos a él y a sus dos compañeros; igualmente se las ingeniaron para volver a Buenos Aires. Desde ese momento los indígenas se volvieron hostiles hacia los españoles. Se habían dado cuenta de las intenciones de ellos y no los querían cerca. Les tendieron varias emboscadas lo que hacía muy peligroso el salir de la empalizada que rodeaba al pequeño poblado. Otro peligro, no menor que el de los indígenas, lo presentaban las fieras, llamadas tigres por los españoles. Como sabrán no había tigres en la zona, pero sí gatos monteses. Muchos españoles murieron atacados por estos felinos. Se dice que los seis primeros hombres que se enviaron a recorrer la zona fueron atacados y despedazados por tigres. Mendoza envió a unos expedicionarios en barco al mando de Gonzalo de Acosta a explorar la zona y ver si conseguía víveres que ya estaban escaseando. Acosta era práctico en estas regiones a las que había visitado con Caboto. Llegaron hasta el actual río Luján, donde fueron atacados por los guaraníes que vivían en la zona; enseguida volvieron al poblado. La noticia de los malos tratos de los españoles corrían como el viento, y los indígenas ya los recibían con desconfianza y casi siempre en pie de guerra. Viendo truncadas sus salidas, Mendoza sólo acertó a mandar un galeón al Brasil en busca de alimentos. Éste salió el 3 de marzo, exactamente a un mes de la fundación del poblado, al mando de Gonzalo de Mendoza, con Gonzalo de Acosta. Luego Mendoza preparó siete navíos con doscientos hombres y los envió a explorar las islas del Delta del Paraná.. Esta incursión fue un fracaso total, apenas quedaron la mitad de los soldados; los otros murieron, ya sea por el hambre, las fieras, el ataque de los indígenas o las enfermedades. Volvieron a los dos meses. A fines de mayo de 1536, Mendoza decidió probar suerte por la zona en que Caboto había fundado el fuerte Sancti Spiritus, que decían era muy fértil. Envió a Juan de Ayolas al mando de noventa hombres en tres bergantines. Muchos murieron de hambre en el camino. Pero finalmente llegaron a la zona y fundaron un fuerte llamado Corpus Christi el 15 de junio. También consiguieron la ayuda de los indígenas; gracias a ellos no murieron de hambre. Como siempre, los únicos que pasaban hambre eran los soldados, ya que a los capitanes nunca les faltaba ración suficiente de alimento. Un expedicionario llamado Domingo Martínez, que era un simple estudiante, se las ingenió para fabricar anzuelos y así poder pescar. Con el tiempo, ese ingenioso hombre fabricaría peines, cuchillos y un sin fin de cosas para los pobladores de la futura Asunción. Mendoza pensó en regresar a España, ya que no tenía sentido seguir ahí si no podía casi pararse. Ya tenía listo el barco en el que se volvería, cuando llegó Ayolas de su expedición por el Delta, con las noticias de la fundación de Corpus Christi y con gran cantidad de provisiones. A fines de agosto, Mendoza partió con Ayolas hacia Corpus Christi. La ciudad estaba al mando de Francisco Ruiz Galán quien probaría ser un muy buen gobernante. En ausencia de Mendoza había hecho sembrar una huerta y construir tres iglesias; dos de ellas se incendiaron y a la otra la destruyó una crecida del río. Entonces Ruiz Galán mandó deshacer la nave Santa Catalina y con sus maderas construyó una iglesia, donde se decía misa todos los días; muchos eran los religiosos que había en la ciudad. Don Pedro llegó en noviembre de 1536 a Buenos Aires. La ciudad estaba tranquila, sin ataques y mejor defendida. Estaba rodeada por un foso, una empalizada y un muro de tierra. En medio de la población había una plaza y frente a ella la iglesia parroquial y la casa de Mendoza. Como se dijo más arriba, ésta era muy lujosa, comparada con las chozas de los soldados, en torno de las cuales había un terrenito sembrado con hortalizas traídas de España. Mendoza, abatido por su enfermedad y por los constantes desastres, decidió volverse a España. Nombró Teniente de Gobernador y Capitán General a Juan de Ayolas y Teniente de Gobernador de Buenos Aires, Corpus Christi y Buena Esperanza a Francisco Ruiz Galán. Pasó todos sus derechos de herencia a Ayolas y dejó Buenos Aires el 22 de abril de 1537. Sólo dejaba unas cuatrocientas personas de las más de mil quinientos que habían salido de España; en Buenos Aire quedaban ochenta. Mendoza murió en alta mar el 23 de junio de 1537. Nuestra Señora del Buen Aire, Nuestra Señora del Buen Ayre, Virgen del Buenaire o Virgen del Bonaire (Madonna di Bonaria) es una de las advocaciones marianas de la Bienaventurada Virgen María. Es una representación que iconográficamente representa a la Virgen de la Candelaria. Fue considerada por los navegantes españoles como la patrona de los navegantes y su nombre dio origen al de la ciudad de Buenos Aires. En su conmemoración se ha establecido la fiesta de la Virgen del Buen Aire, el día 25 de marzo. YAPA link: https://www.youtube.com/watch?v=D_Qjz4Rr_NM
Accidente ferroviario de Benavídez de 1970 El hecho se produjo a las 20:30 del 1 de febrero de 1970 cuando un convoy del Ferrocarril Mitre proveniente de San Miguel de Tucumán embistió a otro que se encontraba detenido cerca de Benavídez, en una zona despoblada y con escasa iluminación. Las investigaciones posteriores concluyeron que el maquinista del primero de los trenes no alcanzó a advertir que otra formación, que había salido de Zárate también con destino a Retiro, se hallaba detenida por una falla en mecanismos. La colisión fue advertida por vecinos del lugar quienes de inmediato iniciaron los pedidos de auxilio y los primeros auxilios. El tren número 1016 que viajaba desde Tucumán había partido con destino a Retiro a las 20:00 del día anterior y llevaba en el momento del accidente 48 minutos de atraso. El choque se produjo con el tren número 3832 que había partido de Zárate a las 18:50 y llevaba más de 40 minutos detenido mientras el maquinista y el mecánico trataban de reparar el inconveniente. La locomotora del tren 1016 se incrustó en el último vagón del tren 3832 destrozándolo casi totalmente y elevándolo sobre la cabina de motores. Como consecuencia del violento impacto no solamente descarrilaron locomotoras y vagones, sino que además el penúltimo y antepenúltimo vagón del tren que se encontraba detenido sólo detuvieron su marcha, separados del que quedó unido con la locomotora, a unos 80 m del lugar del accidente. El accidente ferroviario de Benavídez de 1970 fue la mayor tragedia sobre rieles de la historia de Argentina, produjo la muerte de 236 personas y heridas a más de 400.
En 1829 Juan Manuel de Rosas asumía la gobernación de Buenos Aires ejerciendo una enorme influencia sobre todo el país. A partir de entonces y hasta su caída en 1852, ejercerá el poder en forma autoritaria. Rosas se opuso durante toda su gestión a la organización nacional y a la sanción de una Constitución. Ello hubiera significado el reparto de las rentas aduaneras con el resto del país y la pérdida de la hegemonía porteña. A partir de 1851, Justo José de Urquiza, su ex aliado, había decido enfrentarse al gobierno bonaerense y alistó a sus hombres en el llamado Ejército Grande. Avanzó sobre Buenos Aires y derrotó a Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852. La caída de Rosas parecía poner fin a las disputas provinciales; sin embargo, los enfrentamientos se tornarían más encendidos que nunca. Año tras año, argumentando razones de salud, Rosas presentaba su renuncia a la conducción de las relaciones exteriores de la Confederación, en la seguridad de que no le sería aceptada. (…) En 1851 el gobernador de Entre Ríos emitió un decreto, conocido como el “pronunciamiento” de Urquiza, en el cual aceptaba la renuncia de Rosas y reasumía para Entre Ríos la conducción de las relaciones exteriores. El conflicto era en esencia económico: Entre Ríos venía reclamando la libre navegación de los ríos –necesaria para el florecimiento de su economía- lo que permitiría el intercambio de su producción con el exterior sin necesidad de pasar por Buenos Aires. Armado de alianzas internacionales, Urquiza decidió formar su ejército para enfrentar al gobierno bonaerense, al que llamó, a falta de mejor nombre, “Grande”. El emperador de Brasil, Pedro II, proveería infantería, caballería, artillería y todo lo necesario, incluso la escuadra. El tratado firmado entre Urquiza y los brasileños decía en una de sus partes: “Para poner a los estados de Entre Ríos y Corrientes en situación de sufragar los gastos extraordinarios que tendrá que hacer con el movimiento de su ejército, Su Majestad el Emperador del Brasil les proveerá en calidad de préstamo la suma mensual de cien mil patacones por el término de cuatro meses contados desde la fecha en que dichos estados ratifiquen el presente convenio”. Por supuesto que el emperador de Brasil no hacía esto en defensa de la libertad y los derechos humanos, y solicitó y obtuvo del gobernador Urquiza la hipoteca de territorio argentino en garantía a sus contribuciones: “Su Excelencia el señor Gobernador de Entre Ríos se obliga a obtener del gobierno que suceda inmediatamente al del general Rosas, el reconocimiento de aquel empréstito como deuda de la Confederación Argentina y que efectúe su pronto pago con el interés del seis por ciento al año. En el caso, no probable, de que esto no pueda obtenerse, la deuda quedará a cargo de los Estados de Entre Ríos y Corrientes y para garantía de su pago, con los intereses estipulados, sus Excelencias los señores Gobernadores de Entre Ríos y Corrientes, hipotecan desde ya las rentas y los terrenos de propiedad pública de los referidos estados”. En las provincias la actitud de Urquiza despertó diversas reacciones. Córdoba declaró que era una infame traición a la patria y que “Urquiza se había prostituido a servir de avanzada al gobierno brasileño”. ¡Al arma argentinos! ¡Cartucho al cañón! Que el Brasil regenta La negra traición. Triunfará de Rosas La negra traición Cuando la naranja Se vuelva limón. Por la callejuela, Por el callejón, Que a Urquiza compraron Por un patacón. Otras provincias reaccionaron e intentaron formar una coalición militar para defender a Rosas, pero ya era demasiado tarde. Urquiza alistó a sus hombres en el “Ejército Grande”, avanzó sobre Buenos Aires y derrotó a Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852. Horas después, Rosas escribía su renuncia: “Sres. Representantes: Es llegado el caso de devolveros la investidura de gobernador de la provincia y la suma del poder público con que os dignasteis honrarnos. Creo haber llenado mi deber como todos los señores representantes, nuestros conciudadanos los verdaderos federales y mis compañeros de armas. Si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra independencia, de nuestra integridad y de nuestro honor, es porque no hemos podido. Permitidme, Honorables representantes, que al despedirme de vosotros, os reitere el profundo agradecimiento con que os abrazo tiernamente y ruego a Dios por la gloria de V.H., de todos y de cada uno de vosotros. Herido en la mano derecha y en el campo, perdonad que os escriba con lápiz y en una letra trabajosa. Dios Guarde a V.H.” Rosas, vencido, se embarcó en el buque de guerra Conflict hacia Inglaterra. Al día siguiente de Caseros, terratenientes porteños, como los Anchorena, primos de Rosas, renegaban de su pasado rosista y trataban de congraciarse con las nuevas autoridades. (…) Mientras tanto, Rosas se instalaba en la chacra de Burguess, cerca de Southampton, acompañado por peones y criados ingleses. (…) Volvió a dedicarse a las tareas rurales hasta su muerte, ocurrida el 14 de marzo de 1877, a los ochenta y cuatro años. Unos años antes había escrito una especie de testamento político: “Durante el tiempo en que presidí el gobierno de Buenos Aires, encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, con la suma del poder por la ley, goberné según mi conciencia. Soy pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como los malos, de mis errores y de mis actos. Las circunstancias durante los años de mi administración fueron siempre extraordinarias, y no es justo que durante ellas se me juzgue como en tiempos tranquilos y serenos. Si he podido gobernar 30 años aquel país turbulento, a cuyo frente me puse en plena anarquía y al que dejé en orden perfecto, fue porque observé invariablemente esta regla de conducta: proteger a todo trance a mis amigos, hundir por cualquier medio a mis enemigos”.
Amelia Mary Earhart (Atchison, Kansas, 24 de julio de 1897 – desaparecida en el océano Pacífico, 2 de julio de 1937) fue una aviadora estadounidense, célebre por sus marcas de vuelo y por intentar el primer viaje aéreo alrededor del mundo sobre la línea ecuatorial. Amelia pasó buena parte de su infancia con sus abuelos maternos, quienes le proporcionaron un estilo de vida lleno de comodidades. Su abuelo, Alfred Otis, era un prominente juez retirado, que pensaba que el padre de Amelia, Edwin Earhart, abogado de empresas del ferrocarril, no estaba en condiciones de proveer a su familia un estilo de vida lo suficientemente holgado. Amelia dio muestras de una personalidad inquieta y audaz, pues se involucraba en actividades atribuidas a los chicos: escalaba árboles, se deslizaba en trineo y disparaba a ratas con un rifle. También tenía como pasatiempo reunir recortes de periódicos de mujeres famosas que sobresalían en actividades tradicionalmente protagonizadas por hombres. Durante la Primera Guerra Mundial se enroló como voluntaria en labores de enfermería junto a su hermana en la ciudad de Toronto, Canadá, donde atendió a los pilotos heridos en combate. También aprovechó la ocasión para visitar un campo del Cuerpo Aéreo Real. En sus propias palabras, fue allí donde terminó «picada por el gusanillo de la aviación». En 1920 su familia pudo reunirse nuevamente en California. Para ese tiempo Amelia asistió a un espectáculo aéreo en Long Beach y quedó prendada definitivamente de los aviones. Consiguió que la llevaran a bordo de un biplano en el que voló durante diez minutos sobre Los Ángeles. Sus palabras acerca de esta experiencia fueron: «Tan pronto como despegamos sabía que tendría que volar de ahora en adelante». Sus primeras clases de aviación las obtuvo de la instructora Neta Snook, otra piloto pionera. Durante esa época logró adquirir un prototipo del aeroplano Kinner al que llamó «el Canario», en el que sufrió algún que otro accidente, cosa común en esa época por la poca fiabilidad de los motores y la lentitud de las naves; en octubre de 1922 consiguió su primer récord de altitud al volar a 14 000 pies (4267 metros) de altura.8 Para 1923 obtuvo la licencia de piloto de la Federación Aeronáutica Internacional, siendo la decimosexta mujer en recibirla. En 1927 se unió a la Asociación Aeronáutica Nacional (capítulo Boston). Se dedicó a invertir dinero para construir una pista de aterrizaje, vendió aviones Kinner y promovió la aviación, especialmente entre mujeres. Ya comenzaba a hacerse un nombre en la sociedad. El Boston Globe la reconocía como una de las mejores pilotos de Estados Unidos. En abril de 1928, Amelia recibió una llamada que cambiaría su vida: el capitán H.H. Railey le preguntó si quería ser la primera mujer en cruzar el océano Atlántico. La idea de la aventura había sido de Amy Guest, una aristócrata estadounidense que había adquirido un Fokker F.VII. En un primer momento, ella era quien pilotaría la nave, pero, por presiones de su familia, había desistido. Entonces, la familia Guest contrató a George Putnam, un publicista de Nueva York, para que encontrase la mujer indicada. Después de conocer a los coordinadores de la travesía, se decidió que Amelia acompañara al piloto Wilmer Stultz y al mecánico Louis Gordon. La nave fue bautizada como Friendship (amistad), y despegó el 3 de junio de 1928 hacia Halifax, Nueva Escocia. Tras esperar a que mejorase el tiempo, partieron hasta el 18 rumbo a Europa. Llegaron a Burry Port, en el sur de Gales, (con poca gasolina) y no a Irlanda, como habían planeado. La misma Amelia reconoció que todo el trabajo lo hicieron los pilotos, pero al llegar los reporteros los ignoraron y la abordaron a ella. Después recibió felicitaciones del mismo presidente Calvin Coolidge. Su fama creció en los medios de comunicación y comenzó a dar conferencias gracias al trabajo de Putnam. Él la ayudó a publicar su libro Veinte horas, cuarenta minutos, y también la acompañaba a todas partes. Fue tal la afinidad entre ambos que contrajeron matrimonio en 1931. Fue la primera mujer en hacer un vuelo solitario en el Atlántico, primera persona en hacerlo dos veces, la distancia más larga volada por una mujer sin parar y récord por cruzarlo en el menor tiempo. Los reconocimientos se acumularon. Hizo un tour por Europa; en Nueva York hizo un recorrido bajo lluvia de papeles; el presidente Hoover le condecoró con la medalla dorada especial de la National Geographic Society; recibió las llaves de varias ciudades; fue votada la mujer más destacada el año. El congreso la condecoró con la Distinguished Flying Cross, otorgada por primera vez a una mujer. En 1934 anunció a George que la próxima aventura seria un vuelo a través del Pacífico, desde Hawái a California, y después a Washington. Diez pilotos lo habían intentado y murieron. Salió de Honolulu el 11 de enero de 1935 y aterrizó en Oakland, California, ante una multitud que la vitoreaba. Roosevelt le envió sus felicitaciones. Ese mismo año realizó el primer viaje solitario de Los Ángeles a Ciudad de México, y de allí a Newark, Nueva Jersey. Ya en 1935 comenzó a planear hacer un viaje alrededor del mundo. El Lockheed Electra 10E fue la máquina elegida. De realizarlo marcaría dos hitos: la primera mujer en hacerlo y la mayor distancia posible circunnavegando el globo en su ecuador. Según ella era el vuelo que le quedaba por realizar. La primera etapa sería de Oakland, California, a Hawái el 17 de marzo de 1937. Sin embargo, cuando despegaba cerca de Pearl Harbor tuvo problemas y el aeroplano se deslizó fuera de control. Hubo daños considerables. Uno de los tripulantes atribuyó a Amelia la responsabilidad del accidente. El Electra fue enviado de regreso a California para reparaciones y Amelia continuó los planes para hacer otro intento. Esta vez el curso del viaje sería hacia el este. De ahora en adelante sólo viajarían Noonan y Earhart. Después de recibir al Electra partió de Los Ángeles hacia Florida el 21 de mayo de 1937. El 1 de junio salieron de Miami, y su primer destino fue San Juan, Puerto Rico, de ahí voló a Caripito, al oriente de Venezuela, bordeando luego Sur América con rumbo a África y el Mar Rojo. Desde allí realizó un vuelo inédito en la historia de la aviación, hacia Karachi en Pakistán. Después se dirigieron rumbo a Calcuta el 17 de junio. Posteriormente su destinos fueron Rangún (Birmania), Bangkok, Singapur y Bandung. En Bandung en la isla de Indonesia ocurrieron algunos percances. Hubo retraso por el mal tiempo y a la aeronave se le realizaron reparaciones. Pero lo más grave fue que Amelia enfermó de disentería. Partieron de allí el 27 de junio hacia Darwin en Australia, donde mandó los paracaídas de regreso por que no serían necesarios —según ella—en lo que restaba del viaje. Mapa del océano Pacífico con la isla Howland al centro y la posible ruta de Earhart en la zona, antes de su desaparición. Llegó a Lae, Papúa Nueva Guinea el 29 de junio con 35.405 kilómetros volados y 11.265 por recorrer. En ese lugar se comunicó con el Herald Tribune. Las fotos la mostraban enferma y cansada. Partió a las 0:00 GMT el 2 de julio. Se cree que el avión tenía 2.000 galones de combustible para 20 ó 21 horas de vuelo, pero la situación atmosférica no era la más favorable pues estaba nuboso y con lluvias intermitentes. En lo restante mantendría comunicación con el guardacosta estadounidense Itasca. A las 7:20 GMT reportó su posición a 232 kilómetros al suroeste de las Islas Nukumanu. A las 8:00 GMT hizo su último contacto de radio con Lae donde se les comunicó que el avión volaba en curso a la Isla Howland a 3.657 metros de altura. Sin embargo nunca se supo el rumbo que siguió tras alcanzar Nukumanu. Después hubo algunas transmisiones cortas al Itasca, pero no pudo averiguarse su posición porque los mensajes eran demasiado breves. A las 19:30 GMT se recibió el siguiente reporte: «KHAQQ llamando al Itasca. Debemos estar encima de ustedes, pero no los vemos... El combustible se está agotando...» A las 20:14 GMT el guardacosta recibió el último mensaje dando su posición; hacia las 21:30 GMT determinaron que el avión pudo haberse estrellado en el mar y entonces comenzó la búsqueda. Se ha establecido que el aeroplano cayó de 56 a 160 kilómetros de la costa de la isla Howland. Se vislumbró una chalupa, pero al final no se encontró nada. De acuerdo con los expertos se cree que el avión pudo haber flotado debido a los tanques vacíos. El presidente Franklin D. Roosevelt autorizó la búsqueda con 9 barcos y 66 aviones, una operación de un costo de 4 millones de dólares. Alrededor del 18 de julio el rastreo fue abandonado en el área de Howland. George Putnam buscó más ayuda para continuar, pero las esperanzas de encontrarlos fueron ya inexistentes. Un faro fue construido en 1938 en la isla Howland en su honor.
La Inquisición española o Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición fue una institución fundada en 1478 por los Reyes Católicos para mantener la ortodoxia católica en sus reinos. La Inquisición española tiene precedentes en instituciones similares existentes en Europa desde el siglo XII, especialmente en la fundada en Francia en el año 1184. La Inquisición española estaba bajo el control directo de la monarquía. No se abolió definitivamente hasta 1834, durante el reinado de Isabel II. Pero su abolición fue aprobada en las Cortes de Cádiz en 1812 por mayoría absoluta. La Inquisición, como tribunal eclesiástico, sólo tenía competencia sobre cristianos bautizados. Durante la mayor parte de su historia, sin embargo, al no existir libertad de culto ni en España ni en sus territorios dependientes, su jurisdicción se extendió a la práctica totalidad de los súbditos del rey de España. La primera inquisición, la episcopal, fue creada por medio de la bula papal Ad abolendam, promulgada a finales del siglo XII por el papa Lucio III como un instrumento para combatir la herejía albigense en el sur de Francia. Cincuenta años después, en 1231-1233, el papa Gregorio IX creó mediante la bula Excommunicamus la inquisición pontificia que se estableció en varios reinos cristianos europeos durante la Edad Media. En cuanto a los reinos cristianos de la península ibérica, la inquisición pontificia sólo se instauró en la Corona de Aragón, donde los dominicos catalanes Raimundo de Peñafort y Nicholas Eymerich fueron destacados miembros de la misma. Con el tiempo, su importancia se fue diluyendo, y a mediados del siglo XV era una institución casi olvidada, aunque legalmente vigente. En la Corona de Castilla la represión de la herejía corrió a cargo de los príncipes seculares basándose en una legislación también secular aunque reproducía en gran medida los estatutos de la inquisición pontificia. En Las Partidas se admitió «la persecución de los herejes, pero conducirlos, ante todo, a la abjuración; sólo en caso de que persistieran en sus creencias podían ser entregados al verdugo. Los condenados perdían sus bienes y eran desposeídos de toda dignidad y cargo público». En el reinado de Fernando III de Castilla fue cuando se impusieron las penas más duras a los herejes. El propio rey ordenó marcarlos con hierros al rojo vivo, y una crónica habla de que «enforcó muchos home e coció en calderas». El apartado de supersticiones incluye los procesos relacionados con la brujería. La caza de brujas en España tuvo una intensidad mucho menor que en otros países europeos. Un caso destacado fue el proceso de Logroño, en que se juzgó a las brujas de Zugarramurdi (Navarra). En el auto de fe que tuvo lugar en Logroño los días 7 y 8 de noviembre de 1610 fueron quemadas seis personas, y otras cinco en efigie. La Inquisición mantuvo una actitud escéptica hacia los casos de brujería, considerando, a diferencia de los inquisidores medievales, que se trataba de una mera superstición sin base alguna. Aunque la Inquisición fue creada para evitar los avances de la herejía, se ocupó también de una amplia variedad de delitos que sólo indirectamente pueden relacionarse con la heterodoxia religiosa; no sólo fueron perseguidos por la Inquisición los cristianos nuevos (judeoconversos y moriscos) y los protestantes, sino que muchos cristianos viejos sufrieron su actividad por diferentes motivos (se incluían todos los delitos verbales, desde la blasfemia hasta afirmaciones relacionadas con las creencias religiosas, la moral sexual o el clero). La Inquisición fue un instrumento al servicio de la monarquía. En general, sin embargo, esto no significaba que fuese absolutamente independiente de la autoridad papal, ya que para su actividad debía contar, en varios aspectos, con la aprobación de Roma. Aunque el Inquisidor General, máximo responsable del Santo Oficio, era designado por el rey, su nombramiento debía ser aprobado por el Papa. El Inquisidor General era el único cargo público cuya competencia alcanzaba a todos los reinos de España (incluyendo los virreinatos americanos). Para interrogar a los reos, la Inquisición hizo uso de la tortura, pero no de forma sistemática. Se aplicó sobre todo contra los sospechosos de judaísmo y protestantismo, especialmente en el siglo XVI. La tortura era siempre un medio de obtener la confesión del reo, no un castigo propiamente dicho. Se aplicaba sin distinción de sexo ni edad, incluyendo tanto a niños mayores de 14 años como a ancianos. La llegada de la Ilustración a España desaceleró la actividad inquisitorial en la segunda mitad del siglo XVIII. Con el Siglo de las Luces la Inquisición se reconvirtió: las nuevas ideas ilustradas eran la amenaza más próxima y debían ser combatidas. Las principales figuras de la Ilustración Española fueron partidarias de la reforma de la Inquisición y en algún caso de su abolición. La Inquisición fue definitivamente abolida el 15 de julio de 1834 por un Real Decreto firmado por la regente María Cristina de Borbón.
Alan Rickman, uno de los actores británicos más prestigiosos de su generación, ha muerto en Londres a los 69 años, víctima de un cáncer, según ha confirmado su familia. Pocas veces un intérprete famoso por encarnar a villanos en la gran pantalla ha sido tan querido por su público. Rickman, poseedor de una larga carrera en las tablas y ante las cámaras, pasará a la historia por un trío de malos cinematográficos memorables. Primero fue Hans Grube, el enemigo de Bruce Willis en Jungla de Cristal (1988), un papel que se le ofreció a los dos días de llegar a Holywood con 41 años. Después vino el profesor Snape, malvado pero con mucho que rascar en su interior de la exitosísima saga Harry Potter. Y por último, el despótico sheriff de Nottingham que persigue a Kevin Costner en Robin Hood: príncipe de los ladrones, papel que le valió un premio Bafta en 1991. A ese terrorífico trío habría que añadir su más reciente papel de Rasputín en el telefilme de HBO de 1996, que le valió un Globo de Oro y un Emmy, y el no menos malvado juez Turpin de Sweeney Todd, en 2007.
En la mañana del 24 de agosto del año 79 d. C., una columna de humo comenzó a ascender del volcán Vesubio. La población pensó que se trataba de un escape más de humo, pues ya había pasado en años anteriores. Pero esta vez la erupción se manifestó de dos maneras: en Herculano, una especie de fango, mezcla de cenizas, lava y lluvia, inundó las calzadas y callejuelas de la ciudad, cubrió los tejados y penetró por ventanas y rendijas. La gente salió horrorizada de sus casas y muy pocos pudieron huir de aquella ciudad italiana. En Pompeya se inició como una finísima lluvia de cenizas que nadie sentía. Luego cayeron los lapilli, pequeñas piedras volcánicas que se parecen a las normales, piedras pómez de varios kilogramos de peso. La ciudad quedó envuelta en vapores de azufre que penetraron por las rendijas y hendiduras de las casas y villas y se filtraron en las togas que la población se ponía en nariz y boca para protegerse. Los pompeyanos comenzaron a pasar angustiosos minutos, replegados en los rincones que podían encontrar. Cuando en el último momento trataron de huir, muchos murieron lapidados por las piedras pómez. Aterrorizada, la población retrocedía y se encerraba en sus casas. Pero era demasiado tarde. En algunos casos, los techos se derrumbaban, dejando sepultados a los inquilinos. El 26 de agosto, el sol volvió a salir. Del Vesubio solo salía una débil columna de humo y este volcán se encontraba rodeado por un enorme pedrisco, del que apenas salía alguna columna o algún tejado. En una distancia de 18 kilómetros, el paisaje quedó asolado: los jardines no eran más que un terregal, los campos estaban llenos de ramas ennegrecidas. Las partículas de cenizas se extendieron por África, Siria y Egipto. En menos de 24 horas, el monte Vesubio había cobrado las vidas de (aproximadamente) unas 5000 personas.