Ante las displasias cerebrales de nacionalistas de uno y otro cariz, conviene recordar que tanto centralistas "españolistas" como separatistas, "catalanistas" en este caso, son hijos de la misma herejía descomponedora de la Sociedad y de España: el nacionalismo como fruto de las ideas liberales y a la sazón idolatria postrera de nuestra época. En el caso de los actuales ocultos intereses de los promotores de esta farsa electoral, que nada decidirá, a nadie pensamos que se le escapa el intento de tapar una gestión corrupta y caciquil de la administración de la Generalitat de la égira Puyol, así como de cortina de humo de una de las políticas más neoliberales y salvajes de toda España, cual fué y es la dictada y auspiciada por CIU (ahora fracionada en dos), dignos sucesores de la burguesa Lliga de Cambó. Respecto a los republicanos y otros nuevos actores de la politica disolvente en Cataluña, en vano independizarían Cataluña de la Historia española si olvidan que es un Principado y por tanto jamás podría ser una República sin faltar ni prostituir los afanes y la obra de todos los catalanes que han sido y están por ser. La Tradición exige un obrar en el presente en compromiso con el pasado para garantizar el futuro y a la vista está que estos suetos sólo buscan el interes temporal y presente y el medre personal. Poco más podemos decir que no se haya dicho ya... El gran Vázquez de Mella en profética prosa ya argumentó la cuestión en estos términos El espíritu nacional no es contrario al regional, porque no es más que la síntesis de los espíritus regionales. ¡Ay de aquel que queriendo favorecer el espíritu de una nación y de una raza histórica trate de mermar los atributos y caracteres de los espíritus regionales que al comunicarse y unirse la han engendrado! Tenemos una vida peculiar, propia, que cada región en mayor o menor grado conserva; y tiene cada región rasgos comunes con todas las demás. Hay una historia colectiva común y otra propia, particular. Hay que afirmar íntegramente las dos. Yo afirmo el espíritu regional en toda su pureza; pero también digo que si se arrancase una sola historia regional, la común de España queda mutilada y se hace incomprensible. Sin la historia de Cataluña, por ejemplo, y aún no teniendo en cuenta más que la política externa, habría que suprimir no sólo uno de los ejércitos de la Reconquista, el que salió de la Marca hispánica, sino la conquista de las Baleares, la dominación del Mediterráneo; y quedarían sin su base principal las expediciones a Orán, a Túnez y a Argel y la influencia en Africa; habría que restar las conquistas de Italia, y, por lo tanto, las rivalidades que ocasionaron con Francia, que nos llevaron a Pavía y a San Quintín, y que influyeron tan decisivamente en toda la historia posterior, y hasta habría de prescindir de la jura sagrada de Gerona y de las hazañas del Bruch, y la historia general de España quedaría cercenada e incomprensible. Cuando aquí se trata de poner en antagonismo a Cataluña y a España -!qué absurdo!- parece que se ignora la Historia de España y que no se quiere conocer la grandeza de la de Cataluña, que puede figurar como primogénita entre las que se extienden por las orillas del Mediterráneo. Pues qué, señores, sin la tradición catalana, sin lo que ella incorporó a la Monarquía aragonesa, ¿hubiera ido Gonzalo de Córdoba a Nápoles si antes no hubiesen ido Alfonso V y Pedro III a Catania y a Palermo? ¿hubiéramos luchado con los angevinos y extendido nuestra dominación por el Milanesado? ¿Hubiéramos luchado y vencido en París? ¿Hubiéramos tenido el duelo a muerte, que no era de dos reyes ni de dos dinastías, sino de dos pueblos que representaban intereses diferentes en el siglo XVI, entre Carlos V y Francisco I? No; tendríamos que arrancar una parte de nuestra historia nacional del siglo XVI; tendríamos que arrancar la dominación del Mediterráneo, que se debió a la cooperación de la historia catalana a la nuestra general; sin el concurso de ese pueblo ilustre, tendríamos que arrancar el recuerdo llameante de Gerona y el tesón heroico de los soldados del Bruch, y no podríamos comprender ni siquiera la guerra de independencia en los comienzos del siglo pasado. La historia de Cataluña, como la de todas las regiones de España, tiene dos partes; una primitiva, particular, que responde al modo de ser que marca a cada región, al tiempo que sella su personalidad tradicional; una historia sagrada que nosotros debemos respetar y amar, no solo en lo que se refiere a la región en que nacimos, sino a todas las demás regiones peninsulares que, por una convivencia, varias veces secular, y por análogas necesidades y composición étnica, mantienen vínculos extremos; pero hay otra parte común a la que cooperan con su vida esas regiones, y esa parte en que cooperan, que es la historia general, es la que propiamente y en el más alto sentido constituye a España. Juan Vázquez de Mella (Discurso en el Teatro Nacional de Barcelona, el 24 de abril de 1903) ¿Queda alguien aun con la sapiencia necesaria que no comprenda el engaño de los nacionalismos? FUENTE
Sin Cataluña no hay España, manifiesta la ultraderecha españ
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