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Los jinetes de la cocaína: Nacen las familias, parte 2

InfoFecha desconocida
B. El Clan Ochoa

En momentos en que Escobar Gaviria libraba su batalla por consolidar un poder dentro de la mafia, en 1976, luego de la caída de los dos primeros capos de Medellín, el familiar de los Ochoa, Fabio Restrepo Ochoa, estuvo a punto de ser capturado en el aeropuerto de Bogotá, en episodio relatado al principio de este capítulo.

Restrepo Ochoa logró la libertad con alguna argucia jurídica un mes más tarde, pero llegó a Medellín para ser destronado. literalmente hablando, a manos de su pariente Jorge luis Ochoa Vásquez.

El Clan de los Ochoa había empezado a estructurar su propio negocio desde un principio. Conformado por el viejo 1'abio Ochoa Restrepo, y sus hijos Jorge Luis, Juan David, Fabio, Cristina María. Angela María y Martha Nieves Ochoa Vásquez, el Clan pergeñaba lo que sabían era una importante fuente de ingresos fáciles.

Jorge Luis tras la caída de su pariente , el más osado de todos, asumió el liderazgo, y dispuso la estrategia: empezar a colonizar los mercados de la cocaína en Estados Unidos.

¿Era una organización fuerte entonces? Aparentemente no, pues estaría conformada por la misma familia. Prueba de ello, es que Ángel María Ochoa Vásquez fue arrestada en Miami el
12 de octubre de 1977 en posesión de kilo y medio de cocaína, que transportaba oculto en su sostén.

El viejo Ochoa era ya conocido en Antioquia por su afición a los caballos de paso, hobby que no se podía pagar con el producto de una pequeña finca que poseía en Antioquia, La Loma, Aún conserva este nombre para su criadero, que anuncia en el directorio telefónico con una foto donde el mismo aparece montado en un caballo.

Su hijo, Jorge Luis, vivía hasta entonces de transacciones menores sobre vehículos usados. Son muchos los paisas que alegan haberle vendido carros populares como un Simca o un Renault 4, a este Ochoa que luego se convertiría en uno de los hombres más ricos, pero también más peligrosos, no solo del país sino del mundo.

En un período que se localiza entre el 24 de agosto y el 24 de noviembre de 1978, Jorge Ochoa ordenó a su hermano Fabio que se trasladara a Miami, donde debía iniciar los contactos para la distribución de la droga. Su enlace sería desde de ese momento Rafael Cardona Salazar quien, pese a ser colombiano, no posee registros en el país.

Alquilaron un apartamento en el distrito sur de la Florida, situado en el 9320 S.W. de la l6th Street.

Desde su residencia. Ochoa y Cardona distribuyeron 101 kilogramos de cocaína, según registros de la UFA.

Por problemas surgidos con ese cargamento, Cardona Salazar está acusado de haber asesinado, el 25 de diciembre de 1978, a Antonio Arles Vargas (El Chino) en el Condado de Dade, Florida.

Jolin Doe el estadounidense que llegaría ser el contador del Cartel , en compañía de Jorge Ochoa montó también su propia red de distribución de cocaína en el mismo Condado.

Los dueños del negocio en realidad los negocios, porque cada uno actuaba por separado empezaban a ser desde entonces los Ochoa y Pablo Escobar.

Por sus antecedentes en Antioquia, se debería mencionar ahora a los hermanos Javier, Rodolfo y Mariano Ospina Baraya. En este departamento invierten su dinero, pero la cocaína

se afirma la sacan en las cajas de flores de la finca de la ex senadora Bertha Hernández de Ospina Pérez cuya inocencia se proclama a mil voces, pese a que en alguna ocasión escribió uno de sus Tábanos doliéndose por la suerte de los animales del zoológico de Pablo Escobar

Mariano Ospina Baraya fue detenido en Miami el 6 de septiembre de 1984, cuando se realizó la operación "Green Back", para localizar lavadores de dólares.

Entre mayo y junio del 84, Ospina y Mauricio Lehrer entregaron a un agente encubierto. León Guin. US$1.5 millones en efectivo para que los lavara en una empresa de fachada. mantenida por la Aduana de E. U.

Al ser detenido en Miami. Ospina invocó en su favor ser nieto del ex presidente colombiano Mariano Ospina Pérez.

Rodolfo Ospina Baraya fue condenado a 33 meses de prisión por un juez de Aduanas de Medellín, en 1985, por la introducción de contrabando de 9 vehículos Mercedes Benz. Cursan ocho procesos más por delitos similares.

Los carros, pese a. ser de contrabando, fueron matriculados en Envigado

La importación de vehículos a Colombia, es una de las formas usuales de ingresar dinero de la mafia al país.

En Medellín, también opera Héctor Meza, quien era empleado del Banco Cafetero, cargo del que renunció a raíz de un desfalco que se encontró en su agencia.

De repente, apareció con una capacidad económica inusitada, que bien pronto le permitió convertirse en el mayor accionista del equipo de fútbol Deportivo Independiente Medellín, a través del cual se apoderó de los pases de varios jugadores.

Mesa también es propietario de una fábrica de pinturas. Mundocolor. una floristería, un grill, una distribuidora de sudaderas deportivas, y de una elegante casa de banquetes, donde alquila desde las sillas hasta los meseros.

José "Pelusa" Ocampo. era un taxista de Medellín que empezó a viajar a los Estados Unidos y de repente compró el estadero Las Lomas, en la carretera Las Palmas cerca al Hotel Intercontinental de Medellín. Lo convirtió en la discoteca

Kevin's, ala que promociona como "una de las mejores del país", por tener varias pistas de baile y un ostentoso juego de luces. Para su inauguración contrató a dos cantantes de fama internacional, el español Raphael y el brasileño Roberto Car los.

Ocampo, conocido en los bajos fondos como "Caliche", le regaló en un aniversario de matrimonio a su esposa, la taberna y restaurante Natarlima, en el centro comercial Oviedo de Medellín. También es dueño del supermercado Seppy, su medio habitual para lavar dinero.

El infortunio le llegó a Ocampo cuando su esposa fue capturada en los Estados Unidos con un cargamento de cocaína que le ameritó una fianza de un millón de dólares.

Posee en Necoclí una gigantesca hacienda llamada Virgen del Cobre y otra, mas modesta. Villa Milena.

"La Fiesta del Coco no seria nada sin el apoyo de don José". dijo el párroco de Necoclí. Luis Ángel Gutiérrez, en declaraciones al periódico Heraldo de Urabá: "Las gentes han fijado la mirada en este hombre (Pelusa) que como obra de Dios llegó a Necoclí para ayudar en torno a las obras de desarrollo", precisaba con irreverente desparpajo el sacerdote.

José "Pelusa" Ocampo condujo vehículos de carreras en los autódromos de Bogotá y México con Pablo Escobar y su primo, Gustavo Gaviria Su vehículo era patrocinado por dos empresas de mafiosos. Pilotos Ejecutivos y Servirepuestos de Medellín.

Darío Ocampo (quien no es familiar de otros narcotraficantes como Santiago Ocampo Zuluaga, el dueño de la Rinconada, ni de Pelusa Ocampo, (el de Kevin's), es propietario de la finca Villa Salsa, donde posee la réplica de cinco tipos de discoteca: Aquarios, de música moderna. Recuerdos, de música vieja Pachanguera, de salsa. El Relajo, de música guasca, y Stardust. con música disco.

En 1983 trajo a su finca la Sonora Matancera, para despertar del letargo de un fin de semana aburrido. Se afirma que un amigo le ofreció $600 millones por Villa Salsa, pero Ocampo rechazó la oferta por carecer de interés en venderla.

Ocampo se convirtió en el mecenas del Deportivo Independiente Medellín luego de la quiebra de Meza. Este equipo termino controlado por Pablo Correa.

Los hermanos Correa Arroyave. Pablo (de la Banda de los Pablos). (arlos, Arturo y Rigoberto, desaparecieron ya del mundo del narcotráfico, con excepción del segundo.

Ellos le adquirieron el ex embajador J. Emilio Valderrama su finca Las Catas, en Copacabana. Son dueños de la firma Conasfaltos, importante contratista de obras públicas en Antioquia. y especialmente en Bello y Copacabana.

Pablo Correa fue asesinado luego del secuestro de un cuñado de los Ochoa, en el marco de una guerra que se relata más adelante. Rigoberto y Arturo fueron capturados meses más tarde, el 9 de agosto de 1986, en Pennsilvania. Fueron acusados y condenados por la introducción de 7.5 toneladas de cocaína a ese Estado, y del lavado de US$25 millones. Utilizaron para su negocio una empresa de transporte aéreo de Estados Unidos, la American Inc.

Últimamente se tuvo conocimiento de las actividades de los esposos Felipe Eljach y Esperanza Ruiz de Eljach, quienes con el narcotraficante Gustavo Hernán Ordóñez le pidieron un préstamo a Pablo Escobar en mayo de 1986, para la adquisición de unos predios en torno a Cartagena, y controlar la futura expansión de la ciudad.

Escobar les prestó el dinero, a unos plazos e intereses mutuamente convenidos. Ordóñez, quien era el primer garante de la deuda, no pudo pagar oportunamente. Fue invitado a Medellín para acordar una prórroga y apareció asesinado.

Felipe Eljach, preocupado, llamó para anunciar que asumía la deuda, con todas sus consecuencias, pero que pedia un plazo. Lo invitaron a Medellín para que expusiera su plan, y también fue asesinado.

La esposa de Eljach. Esperanza Ruiz, quien figuraba como propietaria de una Joyería Felipe de Cartagena, decidió esconderse mientras le aconsejaban qué hacer Conocedores de su afición por el juego, la esperaron durante varios a la salida del Casino del Caribe de Cartagena.

El sábado primero de agosto de 1987, cuando salía del Centro Comercial Pierino Gallo, de esa misma ciudad, fue acribillada.

A su nombre sólo se encontraba la Hacienda La Fe, el Aserrío Montecarmelo, y la casa campestre "Villa Esperanza" a la salida de Cartagena.

La joyería era fachada de los hermanos Murillo de Medellín, los mayores lavadores de dólares de esa ciudad.

Hay otra versión sobre estos asesinatos: el Cartel de Medellín, en vista de que sus hombres en Estados Unidos empezaban a ser fácilmente localizados por el departamento de procedencia, Antioquia, empezaron a relevar contactos con amigos de la Costa Atlántica.

Los Eljach y Ordóñez habrían intentado apoderarse de las utilidades de un cargamento. Pablo Escobar habría decidido su muerte como advertencia para quienes pretendieron empezar a trabajar con ellos.

Un episodio de violencia similar se vivió luego de la captura del narcotraficante hondureño José Ramón Matta Ballesteros, Frank Gutiérrez y los hermanos Ospina Baraya le advirtieron a la esposa de Matta sobre supuestos peligros de expropiación de tierras en el evento de que Matta fuera extraditado a su país, y propusieron comprarle varias de sus fincas. Ella aceptó, y se las pagaron a precios ínfimos.

Cuando Matta Ballesteros logró escapar de una cárcel de Bogotá ("Dios me abrió las puertas", fue su explicación), se enteró de la forma como Gutiérrez y los Ospina Baraya se habían aprovechado de la ingenuidad de su esposa. Los llamó y fijó un plazo perentorio para que le pagaran.

En demostración de que hablaba en serio, Matta Ballesteros mandó asesinar, uno a uno, a los familiares de Frank Gutiérrez. Como no diera resultado la estrategia, asesinó al propio Gutiérrez, a quien dispararon hombres disfrazados de agentes de la Policía, en la clínica El Rosario de Medellín. Estaba internado en el hospital, recuperándose de un atentado anterior.

Su esposa viajó a Bogotá con un excomandante de la Policía de Antioquia. Los dos aparecieron baleados y sus cuerpos incinerados, en febrero de 1987, en una vía a la salida de Bogotá.

Sólo queda un Gutiérrez vivo, de 16 años.

En junio de 1987 el narcotraficante hondureño propuso entonces una reunión con los Ospina Baraya, Javier y Rodolfo, en la que estuvieron presentes Bertha Hernández de Ospina Pérez, el tío de aquellos, Fernando Ospina Hernández y su hija Bertha Olga Ospina Duque, cónsul de Colombia en Boston.

Cuando se le» expuso la única forma de arreglo, Rodolfo sacó una subametralladora, y empezó a disparar al aire. Se trenzaron en una balacera que concluyó con una sentencia: "cumplan sus tratos".

El disgusto se generó porque los negociadores de Matta Ballesteros sabían que Rodolfo Ospina acababa de comprar una finca en el corregimiento de La Pintada, municipio de Santa Bárbara, por $1.200 millones, de los cuales pagó $n()0. y como garante en el pago del remanente se comprometió a Mariano Ospina Hernández. La finca fue de propiedad dr un exécrente el Fondo Ganadero de Antioquia. En esas circunstancias, Ospina no podía alegar que afrontaba una escasez de dinero.

Luego del atentado, los Ospina Baraya abandonaron el país.

También es oriundo de Antioquia el senador Alvaro Uribe Velez,. cuyo padre, Alberto Uribe Sierra, era un reconocido narcotraficante, quien le otorgó licencia a muchos de los pilotos de los narcos, cuando fue director de Aerocivil.

Uribe estuvo detenido en una ocasión para ser extraditado, pero Jesús Aristizabal Guevara, entonces secretario de Gobierno de Medellín, logro que lo pusieran en libertad.

Al entierro de Uribe Sierra, asesinado cerca de su finca en Antioquia, asistió el entonces presidente de la República, Belisario Betancur, y buena parte de la crema y nata de la sociedad antioquena. en medio de veladas protestas de quienes conocían sus vínculos con la cocaína.

Hay en Medellín otros traficantes muy peligrosos, como WiIliam Halahy y los hermanos Miguel Ángel, Jaime y Joaquín Builes. que no lo piensan dos veces para mandar matar, si con ello solucionan un problema.

Curiosamente ellos terminaron vinculados a un diario de Medellín. También era socio de ese periódico, un Vélez, que fue contador de los Ochoa, y de quien se asegura es testaferro de sus dineros. Llegó incluso a presidir la Cámara de Comercio de Medellín.

El primero, Halaby, fue obligado a vender sus acciones en el periódico por el gobierno Barco ante las denuncias en el Foro por la Vida Guillermo Cano. El intermediario de la orden fue Gustavo Vasco. Halaby vendió su participación a fundaciones sin ánimo de lucro o de pulcro -, que encabeza el senador Bernardo Guerra Serna, .uno de los grandes caciques de la política colombiana. Entre los diputados de Guerra en Antioquía, se encuentra el abogado Feiser Humberto Buitrago Mustafá, quien en sociedad con su padre maneja los negocios de Pablo Escobar Gaviria. También un concejal suyo de Medellín, Luis Javier Castaño Ochoa, fue detenido en los Estados Unidos portando varios kilos de cocaína.

Guerra Sema propuso, el 7 de octubre de 1987, que el gobierno entrara a dialogar con los narcotraficantes.

El segundo, Builes, comprometió al diario con el otorgamiento de un crédito $300 millones, y que los utilizó para presionarlo a fin de que mantuviera su oposición a la reapertura del aeropuerto Olaya Herrera, situado en el centro de Medellín, donde adquirió los terrenos vecinos para construir condominios.

A través de este aeropuerto, antes hangar de los centenares de avionetas de la mafia antioqueña, sale buena parte de la cocaína, aprovechando que luego de su cierre, apenas se dejó una patrulla menor de la Policía Antinarcóticos, que se coloca en el extremo opuesto al sitio por donde despegan las aeronaves.

La explicación para este hecho, consiste en que la pista que antes utilizaban para el tráfico de cocaína, la de Santa Fe de Antioquía, se convirtió en punto de mira de los grupos guerrilleros, que cobran una alta tarifa por cada despegue. (impuesto al gramaje lo llaman indistintamente).

Los hermanos Builes negociaron, en octubre de 1987, los hoteles más grandes de la Isla de San Andrés, El Gran Hotel, Mariú y Palace, imitando al narcotraficante Evaristo Porras, quien dos años atrás había hecho lo mismo con el Hotel Bahía Marina de San Andrés.

Es casi desconocida en Colombia la historia de una mujer, a quien se señala como dueña de todo un emporio del tráfico de cocaína: Martha María üpegui de Uribe. Es propietaria de una finca en Jurado, en cercanías al municipio de Curiche, donde tiene una pista de 2.000 metros, con permiso de la Aerocivil. A ella llegan las avionetas que controla, identificadas con las matrículas HK544, HK1922, HK2225, HK2283; HK1758; HK1210, HK1661 y HK2046, que figuran a nombre de su preferido, Fernando Correa.

Marta María Upegui se identifica con las cédulas de ciudadanía números 21'299.901 y 21'287.599. En la primera aparece con el nombre de María Upegui, y en la segunda como Marta Ospina de Gómez. Pero la película de microfilmación con la cédula correspondiente a su verdadero nombre fue destruida en la Registraduría Nacional del Estado Civil, y desapareció la tarjeta de identificación dactiloscópica.

La Upegui, quien figura como residente en Medellín, es prófuga de la justicia norteamericana, donde tiene pendientes más de 50 investigaciones por narcotráfico, incluyendo una que se inició por su arresto en Nueva York. Es propietaria de una finca en San Juan de La Estrella y saca a la cocaína hacia Estados Unidos por Bahía Solano, Florencia y Mitú. Opera con dos empresas de pantalla. Alterar del Pacífico Ltda. e Incupar Ltda. Su abogado habitual es José Arturo Gaviria, quien también ha representado intereses de Pablo Escobar y de Gustavo Gaviria, de donde se infieren estrechos vínculos entre las dos organizaciones.

Sus principales socios son Femando Correa Gómez, Benjamín Herrera Zuleta, apodado en sus inicios en Cali como el "Papa Negro de la cocaína", pues afirmaba ser cabeza de su propia mafia de narcotráfico, Darío Moreno, Germán Arango, Gabriel Jaime Botero, Gregorio Ramírez Henao, Jorge León (El Mico), Víctor Rodríguez, María Luz Gaviria, El Padrino Jaime Cardona Vargas. Jaime Cárdenas, Giovani Bordé y Diego Gómez Delgado.

Hay otra organización casi desconocida en el país, dedicada por igual, al tráfico de narcóticos, y al lavado de dólares, conformada por Julio César Triviño Peláez, Luis Carlos Correa. Luis Carlos Molina Yepes, Gerson Suárez, Joaquín Jorge Solano y Manuel Antonio Caicedo Y . quienes trabajaban como lugartenientes de una organización no plenamente identificada de narcotraficantes del Brasil, que tuvo mucha importancia en 1979.

Posteriormente se independizarían, y Triviño Peláez entró en sociedad con Luis Echeverry. quienes a bordo de las aeronaves HK1977-W y HK2282-P. terminaron vinculados al tráfico de 300 kilos de cocaína procedente de Bolivia, que introdujeron a Colombia

En Antioquia también opera el Clan Lopera Vallejo. en una de cuyas fincas caería en febrero de 1987 Carlos Lehder Rivas, y uno de cuyos más importantes hombres es Héctor Cárdenas Eusse.

A partir de 1979, Antioquia se convirtió en el paraíso de los narcos. La mayor venta de éter para la cocaína se hizo a través de Hernán Botero Moreno y sus representaciones Nutibara.

Por problemas originados en la inscripción de aeronaves ya había sido asesinado Osiris de J. Maldonado, alto funcionario de la Aeronáutica Civil, enfrentado con los hermanos Bordé, uno de los cuales fue mencionado antes como integrante de la organización de Martha Upegui de Uribe.

Medellín es llamado El Santuario porque los narcos están protegidos en esa capital y son Humados Los Monjes, pues aparentan no ser capaces de hacer daño a nadie

Los coqueros buscaron la solidaridad social a través de programas que aparentaban tener un sentido cívico, como Medellín sin Tugurios, plan lanzado públicamente en Bogotá por el Alcalde Alvaro Oribe Velez, y que consistió; según se supo luego, en las mil casas en obra negra que fueron donadas a los residentes en un basurero de la ciudad, financiadas por Pablo Escobar también adelantó el programa Medellín Cívico, en el que el narcotraficante dono miles de arbustos para ser plantados en los antejardines y los parques

Vale la pena recordar que. siendo Rodrigo Lara. Ministro de Justicia, ordenó paralizar 30 aeronaves a los Ochoa. 10 a Pablo Escobar. 10 a Gonzalo Rodríguez Gacha y cuatro a Carlos Lehder Rivas Y sin embargo dijo que sólo se había inmovilizado una pequeña parte de la gran flota aérea de los narcotraficantes de Medellín.

3. La Organización en Bogotá

En Bogotá, el negocio del narcotráfico fue explotado en sus inicios por delincuentes provenientes de actividades como el secuestro, y el contrabando de esmeraldas.

Primero se conoció la organización dirigida desde Medellín. y que controlaba en Bogotá Aguirre Ardila (Hl Coronel), con una inmensa capacidad de armamento y de hombres.

En abril de 1975 fue capturado Ivan Darío Carvalho, un brasileño con papeles de colombiano, que combinaba la falsificación y la estafa con el narcotráfico. En la casa donde fue detenido, se encontró cocaína por valor de $150 millones, más de un centenar de pasaportes y sellos de caucho para imprimir visas. Figuraba como "químico farmacéutico". oriundo de Medellín A los pocos días de detenido, fue allanada su finca en el municipio de San Antonio de Tena, que disfrazaba como una distribuidora de huevus. "Avícola Alcántara" Quedó virtualmente destruido pese a que se aseguró que poseía nexos con la "reina de la coa". Verónica Rivera de Vargas.

La historia de esta reina en los anales judiciales colombianos hay más de cinco mujeres que adoptaron, el mismo mote se conoció en medio de una guerra de singular violencia. que se prolongó hasta los Estados Unidos. A raíz de este episodio, los narcotraficantes colombianos empezaron a ser llamados "los "jinetes de la cocaína", en referencia a los tiempos del Far West, cuando toda diferencia personal se resolvía a plomo, sin temor por principio alguno. Porque, por ejemplo, una de las reglas de oro de la mafia italo-norteamericana, es el respeto a la familia de su asociado Los narcotraficantes colombianos, por el contrario, empiezan casi siempre por asesinar a los familiares de su rival, y sólo si no logran amedrentarlo, concluyen asesinándolo a él.

A. La Guerra del 78

La guerra trascendió a la prensa en la noche del 28 de diciembre de 1976, cuando fue secuestrada Bersey Espinoza de Gil. una bella dama antioquena, que conmovió a los periodistas por las tiernas cartas que escribía, de su puño y letra, su pequeña hija de 5 anos. "Mami, nosotros te queremos mucho. Pídele a esos señores que no te maten, porque mi papito Mario y yo quedaríamos sufriendo para toda la vida", decía una de esas notas. Que en principio se creyó habían surtido efecto, pues el 8 de enero siguiente fue dejada en libertad.

La prensa se volcó a cubrir el feliz encuentro de madre e hija, pero le esperaban muchas sorpresas.

La versión del secuestro, según Bersey Espinoza, incluía a más de una veintena de hombres fuertemente armados y vestidos de agentes de la Policía, que la mantuvieron en una casa de familia. La cena de navidad que le brindaron sus captores se inició con un suculento pavo, al que le agregaron numerosas botellas de champaña.

Varios de los habitantes de su casa, como el padre de Bersey. Conrado Espinoza, pedía no ser fotografiados, y cuando un desprevenido reportero le tomó una foto a aquel, le protestó primero y luego trató de comprarle la película.

Pero ante todo, hizo dudar la radiante jovialidad de Bersey Espinoza de Gil, quien a las pocas horas de liberada, hablaba en todas partes, bailaba y tomaba aguardiente, lo que ella justificaba con su ancestro paisa.

Bien pronto los hechos empezarían a dar la razón a los suspicaces periodistas bogotanos. El I 5 de enero de 1977 fue descubierta, por una llamada anónima, una finca. Casa Vieja, en el Municipio de Cogua, Cundinamarca, de propiedad de Verónica Rivera de Vargas. Allí se encontró un moderno laboratorio para el procesamiento de cocaína y varias libras del alcaloide. Fueron detenidos el peruano Guillermo Cárdenas, y dos familiares de Verónica: su hermana, nacionalizada en Venezuela, Esther Rivera de Sosa, y el esposo de la "reina" Julio César Vargas Torres. Los dos quedaron en libertad a los pocos días, pues alegaron que estaban de visita en la finca.

El 7 de marzo siguiente. Vargas Torres se encontraba escuchando mariachis en un grill de Bogotá, Los Doce Césares, cuando repentinamente se fue la luz. Dos mesas atrás se encontraba Mario Gil, el esposo de Bersey Espinoza. Tranquilamente se levantó y le hizo cinco disparos por la espalda a Vargas Torres.

Doce días más tarde, Conrado Espinoza -- quien una semana antes había contratado para su casa los servicio de una agencia privada de seguridad --, estaban en su vehículo junto con su esposa Marleni Grajales, esperando a uno de sus hijos. Un hombre bajó de un vehículo que se estacionó metros adelante, e hizo 10 disparos al parabrisas. Fue la primera vez en que la crónica roja bogotana habló de balas dum-dum o blindadas, con las que se hizo el atentado. Espinoza apenas recibió una lesión menor en el brazo derecho, pero su esposa pereció.

El 28 de marzo, los dos hijos del mismo narcotraficante, Conrado y Alvaro Espinoza Grajales, fueron objeto de un nuevo atentado, del que salieron ilesos.

La guerra, cuyos motivos reales se imputan al desconocimiento de porcentajes en el reparto de las utilidades de un cargamento de cocaína, prosiguió el 17 de julio de ese año, cuando Mario Gil Ramírez y su esposa, Bersey Espinoza se encontraban escuchando mariachis en un grill de Bogotá, El Canecao. Gil observó que tres hombres y una mujer llevaban más de una hora parados frente a la puerta del establecimiento. Pidió entonces a su mujer que sacara su vehículo de un parqueadero cercano y lo colocara en frente, con la puerta trasera abierta y que mantuviera prendido el motor. Bersey Espinoza lo hizo, pero cuando su esposo salió a la puerta para lanzarse dentro del vehículo, le hicieron quince disparos.

Un mes más tarde apareció incinerado en un parque de Bogotá el supuesto autor de los disparos, José Nicasio Tangarife.

Empezó la lucha por la consolidación del poder. Era la guerra de Miami y Nueva York.

En La Florida su protagonista fue Gonzalo Jiménez Panesso, asesinado el 23 de abril de 1978 desde un carro blindado con camuflaje de una empresa de reparto de productos alimenticios y dotado con un arsenal cuyo valor estimaron las autoridades en US$14.000. Muchos otros hombres importantes en el tráfico de cocaína fueron asesinados entonces: Rubén Echeverría, Julio Gaona, Jorge Luis de Campo, Osear Penagos Ríos, Gerardo Araque, Manuel Delgado, José Ramón Ruiz. Fueron más de 28 colombianos asesinados en solo 1978.

"Español es el idioma, dinero el motivo y la cocaína el rey", fueron los términos en que resumió un investigador norteamericano la guerra del 78.

En ese momento empezó a conocerse un nuevo nombre, José Hader Alvarez Moreno, quien figuraba como un empresario, que incluso, vendió lanchas de fibra de vidrio a la Policía Nacional, a través de su sociedad, Mafivi Ltda. Se preciaba de ser amigo del expresidente Belisario Betancur, y para demostrarlo exhibía a quien se lo solicitara una foto a color donde aparecían brindando con champaña.

El hermano del expresidente, Juvenal Betancur Cuartas, resulto involucrado en la Operación Pez Espada, adelantada por la Dea en La Florida para identificar las cuentas de narcotraficantes colombianos en Miami. Su familia explicaría luego que se trataba de un préstamo de US$12.000 que le hizo algún amigo para atender los gastos clínicos de su hijo, a quien le habían pasado las llantas de un camión sobre sus piernas. El dinero provenía de una de las cuentas congeladas a Háder Alvarez.

Su red cayó cuando se incautaron, en 1982, 700 kilos de cocaína en Bogotá, en Villa Zamora (Suba).

Detectado su nombre en la Operación Pez Espada, Alvarez Moreno decidió colocar sus bienes a nombre de su amante, Marina Murillo Moreno a quien de todas maneras el Consejo de Estupefacientes le negó permisos para la compra de aeronaves, porque "se tiene sospechas" de sus vínculos con el narcotráfico.

Tres pequeños hijos de Háder Alvarez fueron secuestrados por una célula del M-19, al parecer dirigida por los hermanos Joya. La investigación por el secuestro la inició el F-2, y diversas fuentes aseguran que a bordo de una patrulla de la Policía fueron "desaparecidos" los supuestos plagiarios. Este episodio es conocido como la historia de un Mercedes Benz rojo, a bordo del cual los detectives se movilizaron para seguir a los presuntos secuestradores, algunos de los cuales aparecieron asesinados en una finca de los Llanos Orientales.

El proceso penal que se inició en un juzgado de Bogotá para tratar de determinar responsabilidades en los asesinatos, no condujo a ninguna pista. Lo único evidente, era la forma como el F-2 laboraba horas extras, que Alvarez Moreno pagaba con muy buenos honorarios.

En el tráfico de cocaína, Háder Alvarez trabajó en sociedad con Víctor Manuel Barreto Coll, quien aprovechando su virtual anonimato, utilizó a su hermano Carlos para la adquisición de dos avionetas, identificadas con las matrículas HK2499-P y HK2751-P. Con ellas iniciaron una de las redes de transporte de cocaína más importante de Bogotá.

En sus últimos años de narcotraficante, antes de ser extraditado a los Estados Unidos, Háder Alvarez terminó estrechamente vinculado a Pablo Escobar. En la empresa Servicios Aeroejecutivos, eran propietarios comunes de las avionetas HK2482, HK1862, HK2658, HK2550 y HK2722.

Contemporáneo suyo es otro narcotraficante de Zipaquirá, municipio cercano a Bogotá, Severo Escobar Ortega, quien hasta 1962 figuró como un mando medio de la Oficina de Tránsito de Cundinamarca.

De allí salió para dirigir el Comité Pro-rehabilitación de la zona de Rionegro, en Cundinamarca, afectada por una cruda ola invernal. De este cargo fue relevado, cuando se descubrió que alquilaba las camionetas para asistencia de los campesinos, a los finqueros que necesitaban transportar su carga a Bogotá.

Pero Escobar Ortega era un combativo dirigente conservador, inclinado por el grupo ospinista, de la exsenadora Bertha Hernández de Ospina Pérez, y fue nombrado en un cargo directivo de la Empresa de Licores de Cundinamarca.

Poco después sus entronques políticos le permitieron ganar un contrato para el suministro de alimentos en todos los parques de Bogotá. Este favor lo pagó a su partido con el montaje de un lujoso restaurante privado, que funcionaba en la sede del Directorio Nacional Conservador, entonces ubicado en el Palacio Echeverry, al que llamó "El Mesón Azul".

Severo Escobar fue diputado a la Asamblea y representante a la Cámara, suplente, por Cundinamarca por ese movimiento luego de ofrecer aportes por $10 millones para la lista oficial. Entre 1978 y 1982 ocupó el cargo de secretario de Agricultura de Cundinamarca. La designación fue hecha por el gobernador, el senador conservador Miguel Santamaría Dávila. Este controvertido político aparece registrado en archivos de la Unidad Antinarcóticos de la Policía, como visitante de los hermanos Rivera González (narcotraficantes) en Leticia, junto con otro senador, Zamir Silva Amín, el sobrino de Julio Roberto Silva.

Escobar Ortega, con dineros de la Secretaría de Agricultura, construyó una lujosa piscina en el municipio de Medina, a pocos kilómetros de donde se hallaría más tarde el gigantesco laboratorio de refinamiento de cocaína de su propiedad.

En una placa de bronce colocada a la entrada de la vieja sede del Directorio Conservador, donde hoy funciona el Ministerio de Gobierno, aparecía el nombre de Severo Escobar al lado de los próceres de su partido.

En las actividades de narcotráfico trabajó con Víctor Eduardo Mera Mosquera y los nietos de su jefe político, Rodolfo y Javier Ospina Baraya. Se afirma que la cocaína la exportaban mimetizada en las cajas de flores de la finca La Clarita, de Bertha de Ospina, en cercanías de Bogotá.

Severo Escobar es dueño de una finca en Santa Marta, el motel Snoopy, de Melgar, las discotecas Pecados y Travesuras, en Bogotá, y varios restaurantes y panaderías en Zipaquirá.

Escobar Ortega brindó apoyo económico a los candidatos conservadores a la Presidencia de la República, incluido Belisario Betancur, a quien le correspondería años más tarde firmar su extradición.

Su esposa, Evidaliny Garzón de Escobar participó en la red de distribución de cocaína en Nueva York. Hoy es administradora de los restaurantes de propiedad de su cónyuge, el más conocido de los cuales es la pescadería El Pargo Rojo.

La organización de Escobar Ortega en Nueva York fue puesta al descubierto por una dolida madre, Martha Torres, cuyo hijo fue enviciado a la cocaína. Ella se involucró con Mera, a quien le pidió le dejara ser su distribuidora. La madre entró en contacto con la DEA, que le señaló la estrategia a seguir, hasta lograr la captura de Escobar y Mera. Un "descuidado" policía de Nueva York los dejó en libertad, al colocar un sello "equivocado" en su expediente.

El presidente Barco y uno de sus efímeros ministros de Justicia, José Manuel Arias Carrizosa, revocaron la orden de extraditar a Evidaliny Garzón de Escobar, como antes habían hecho con otra veintena de narcotraficantes.

B. Coca y Mariachis

En Cundinamarca opera uno de los miembros del Cartel de Medellín, Gonzalo Rodríguez Gacha, el más folclórico y despiadado de los narcos del interior, conocido como El Mejicano.

En ningún archivo oficial le figura cédula de ciudadanía, libreta militar o pase de conducción. Se podría decir que jurídicamente Rodríguez Gacha no existe para el Estado. Pero él mismo se ha encargado de demostrar que si, con sus múltiples excentricidades.

A sus propiedades las bautiza con nombres relacionados con Méjico: discoteca Chihuahua, Bar Mi Tenampa, Rancho Hermosillo, ele.

Las circunstancias lo colocaron como aliado de los conservadores y se autoproclamó benefactor de primera línea en la campaña presidencial de Betancur. Le gusta ser llamado El Intocable, luego de haber contraído compromisos de apoyo con lo militares contra la guerrilla, lo que le otorgó implícitamente una "patente de corso" para movilizarse por el país. Rodríguez Gacha nació en Pacho, Cundinamarca, en mayo de 1947. Según los archivos oficiales sus vínculos con el narcotráfico se remontan a 1976.

Su imperio económico lo controla desde la sociedad Rodríguez G. & Compañía, S. en C.S., cuyo logotipo, la silueta de la cabeza de un caballo, adorna la entrada a la casa principal de Rodríguez Gacha en Pacho. La sociedad la integran el mejicano, su esposa, Gladys Alvarez Pimentel, y sus hijos, Douglas Gonzalo, José Fabián, y Justo David.

A partir de esta firma, el narcotraficante controla su empresa agroindustrial, Inverganaderas, con la que surte de ganado a sus haciendas Cuernavaca, Mazatlán, Jalisco, Santa Rosa, Quinta La Chihuahua y Rancho Hermosillo. También financia su criadero de caballos Chihuahua, donde exhibe con particular petulancia los caballos La Electra, Brujita, Platino, y hasta l987 a Tupac Amarú.

En Bogotá figuran a su nombre ocho apartamentos, y un centro recreacional en cercanías al aeropuerto de Guaymaral, por donde sale la cocaína de Cundinamarca. En esta pista tiene asignado su propio hangar, Aeroganaderas, con varias aeronaves.

En Medellín posee una casa-finca y varios predios en el Magdalena Medio y los Llanos Orientales.

En 1986 celebró su cumpleaños con una gran fiesta en el municipio de La Dorada. Gracias al capitán Yesid Parra Vera, Rodríguez Gacha estuvo protegido por agentes de la Policía Nacional tanto como los otros capos que invitó, entre los cuales se encontraban Pablo Escobar, Fabio Ochoa, Francisco Barbosa, Jairo Correa, Flaminio Ortiz, Gabriel Matiz y Gilberto Molina.

Rodríguez Gacha colocó la mayoría de sus propiedades a nombre de su hermano, Justo Pastor -- sin ser lo uno ni lo otro --, y de su primo Ramón Rodríguez Muñoz.

Siendo ministro de Justicia, Rodrigo Lara paralizó las avionetas registradas a nombre de algunos de los tres, de matrículas HK2896-P, HK2874-P, HK2235-P, HK2688-P, HK2674-P, y los helicópteros HK2775-P y HK2488-P.

Señalado como uno de los hombres más peligrosos de la mafia, terminó aliado con el Cartel de Medellín. En una entrevista concedida al periodista Germán Castro Caycedo para un programa de televisión. Rodríguez Gacha reconoció públicamente sus actividades de narcotraficante, exhibió ostentosamente las propiedades que posee en el municipio de Pacho, y lanzó una virulenta diatriba contra quienes censuran el narcotráfico, a pesar de lo cual el Gobierno de Betancur no tomó medida alguna para evitar la emisión del programa.

Es propietario de las mejores tierras en Pacho, a cuya entrada hay una humilde cancha de tejo que se llama "el coquero pobre".

El párroco del municipio organizó una protesta ciudadana contra Rodríguez Gacha, frente a una de las lujosas discotecas que posee allí, el mayor centro de distribución de basuco.

Para congraciarse con la comunidad, ofreció arreglar la Iglesia, a lo que se opuso abiertamente el sacerdote. Poco tiempo después el templo se desplomó, y los habitantes casi expulsan al párroco del pueblo.

Otro reconocido narcotraficante de Bogotá es el propietario del Castillo Marroquín, en las afueras de la ciudad. Su nombre es Camilo Zapata Vásquez. En los predios del castillo hay grandes caballerizas, donde pacen finos ejemplares donados a un exembajador en España y a un excanciller conservador.

Zatapa Vásquez estuvo sindicado por el robo al Banco de la República de Cartagena, de donde salió absuelto. Está involucrado en una investigación por oscuras transacciones de dólares negros en Panamá.

En Bogotá se intentó crear una aerolínea para el narcotráfico, Aerolíneas Especiales de Colombia, pero no lograron el certificado de carencia de antecedentes, porque el padre de quienes figuraban como solicitantes, Luis Eduardo Guarnizo, era propietario de dos aeronaves que cayeron en Estados unidos con cocaína.

Guarnizo tiene librada una orden de captura, a raíz de la incautación de 630 libras de cocaína en Turbo, en hechos registrados el 22 de febrero de 1979. Vale la pena mencionar lo sucedido en 1976 en Bucaramanga, ciudad caracterizada por lo reservada.

En febrero de ese año fue secuestrada la menor Claudia Juliana Serrano. Del delito, se responsabilizó al socio de su padre, Hernando Cristancho Guevara, cuyos antecedentes como narcotraficante serían hechos públicos más tarde.

La niña Claudia Juliana apareció asesinada el 24 de febrero del 76, ante la determinación de su padre de no negociar los términos de un convenio sobre el tránsito de cocaína hacia Venezuela.

Cristancho fue denunciado ante el Ejército, que en ese momento conocía de los delitos de secuestro, por hallarse el país bajo el régimen del estado de sitio.

El Ejército lo detuvo y lo sometió a un espectacular Consejo de Guerra Verbal. El calificativo de espectacular se justifica en este caso, porque los dos bandos en conflictos representaban la alta sociedad santandereana que, si bien es de origen campesino, defiende la posición que genera el dinero como pocas otras en el país.

A los pocos días se descubrió que en la finca donde Hernando Cristancho tenía secuestrada a la menor Claudia Juliana, en La Mesa de Ruitoque, funcionaba un laboratorio para el procesamiento de cocaína, en el que fueron incautados 10 kilos del alcaloide.

Una semana más tarde fue allanada otra finca en Santander, Santa Teresa, donde también se hallaron grandes cantidades de cocaína, cuyo valor y peso nunca fueron relevados a la prensa.

¿Se trataba de aventureros metidos en el tráfico de cocaína, que distribuían directamente o a través de la discoteca de su propiedad, Skorpios, en Bucaramanga, o pertenecían a una red de mayor envergadura? La versión más difundida los vincula con la organización que montó José Háder Alvarez, oriundo de ese departamento, pero la prensa ni las autoridades volvieron a hablar de este caso.

Las familias Cristancho y Serrano siguen ocupando un alto sitial en la sociedad santandereana, que ve crecer su fortuna de manera inusitada, pese a que sólo está representada en almacenes de importación de juguetes y de productos de ferretería.
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