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Chavismo: proyecto para salvar a la humanidad

Info8/11/2015
Chavismo: proyecto para salvar a la humanidad


Estas sucintas líneas no serán aprovechadas para tratar de definir teóricamente lo que ha sido el chavismo en esta ya década y media, ni será para hacer los respectivos señalamientos de los tantos aciertos y espinosas torpezas de la acción política, o inéditas teorías signada por nuestra idiosincrasia caribeña suramericana. No, este breve mensaje será para dirigirme a los millones de connacionales, a la numerosa familia que tengo para reconocerles la valentía, el aguante, la disposición de sobrepasar todos los inconvenientes naturales y ficticios a la cual estamos sometidos hoy día: crisis del sistema capitalista y guerra económica. Sin exageración alguna, podría afirmar que hasta el momento hemos soportado cientos de bombas atómicas psicológicas –superior en impacto a las que se lanzaron bestialmente contra Hiroshima y Nagasaki– que procuran dar justo en la esperanza, en la nueva narrativa de tener cultura propia que el Comandante Chávez nos delineó o configuró. Impactos duros pero que no han hecho la mella esperada en la consciencia de que la idea de cambiar el sistema pasa por mirarle a los ojos y torcerle su pretendido odio a la humanidad, a los muchos, a la mayoría expoliada, pues.

Para la redefinición de ver el hecho político, de ver a la humanidad no desde la óptica farandulera sino desde la dignidad, el chavismo se ha constituido como proyecto cultural que desborda fronteras, supera las barreras idiomáticas, el color de piel, se acopla a las historias acumuladas por las distintas civilizaciones y se va transformado en algo concreto que se alimenta del amor, de la verdad, de justicia y valores elementales que estaban enterrados en el desierto que es la antipatía. Esto hasta lo percibe mi padre que padece del mal de Alzhéimer, lo sabe mi madre que le cuesta dar un paso más, mis hermanos amantes del trabajo duro, los primos, amigos, la comunidad que transito. Se los veo en la voz, se los escucho en cada paso que dan, esos que uno tras otro van en búsqueda de soportar la columna más importante de toda: la familia.

A mi suegra, esposa y sobrina –con quienes vivo– que han tenido calma y han hecho un plan solidario para que comamos bien y sano, vestirnos de acuerdo a la ocasión y valorar lo que ya se tiene en casa; y, sobre todo, no caer en crisis nerviosa y desesperanzada que genera la tan deshuesada guerra económica; a mis hijas que juegan como si no estuviese pasando nada, a que todo está a como debe ser en revolución. A mi grupo de politólogos que interactuamos por las redes sociales, en donde hacemos catarsis y de vez en cuando aportamos una que otras buenas ideas. En donde nos damos cuenta de que la obsolescencia programada es real y está en nuestras narices y que los objetos robustos los tenemos que producir nosotros mismo para aliviar el duro golpe que nos ha dado –desde afuera– la crisis sistémica del modelo capitalista y la guerra económica dada internamente por los comerciantes más flojos del mundo, pero muy activos en lo que a nivel de maldad se refiere.

Ahora bien, con ese discutir a diario con mis compañeros y compañeras estudiosos de la política, forjados en la "Casa de los saberes", nos hemos dichos cosas como por ejemplo: "El Gobierno y el Estado es su conjunto deben tomar medidas de guerra, es decir, expropiar, confiscar e inhabilitar pero en el ámbito económico. Traducidos así: toda la banca debe ser pública […] A los que más ganan dinero un impuesto mayor que al de los mortales […] Se debe confiscar a Mendoza y a los otros apelliditos que nos han robado desde el mismo nacimiento de la República […] Se debe inhabilitar al dueño de una ferretería, de una bodega, de un mini mercado que especule, acapare y lo venda exclusivamente a los bachaqueros para ellos librarse de culpa alguna y, con ello, contribuir con el boicot más descarado jamás nunca antes visto".

En fin, lo que pretendo decirles, con evidente dificultad, es que convoquémonos en el hecho común de decirnos que resistamos estratégicamente, que avancemos amorosamente amparados en el mejor escudo que nos haya legado Chávez: la esperanza. Es, sencillamente, que hagamos un plan de difusión chavista para ser solidario en estas dificultades; este como máximo valor, que eleve, repare o reconstruya lo afirmativo de ser venezolano, el aguante caribeño, la valentía zamorana, la entereza bolivariana.

Ya vamos por dos años continuos de intensa guerra. Hoy escribo esto porque anoche soñé que estaba con mi madre y hermanos hablando en tiempo pasado sobre lo que estamos inmersos. Vi a mis hijas jugando a las palmas rodeada con una intensa luz diciendo: Una república que ama: punto y coma/ Que vivió al límite: punto y aparte/Se levantó de un zumbido: punto y seguido/Es un pueblo memorial: punto final/Es un colibrí: punto feliz. También veo a mi padre encorvado en su silla sonriendo diciéndonos con sus ojos nublados de azul envejecido: "Solo recuerden lo bueno".
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