Una de las curiosidades de las religiones cristianas es la exigencia de que tengamos fe en Dios, es decir, de que creamos en su existencia sin disponer de evidencia sólida que la avale. Recibimos esa demanda a través de sus "representantes" e "intermediarios" (sacerdotes, pastores), quienes exhiben ciertos escritos milenarios como evidencia de la existencia de Dios y de su extraño mandato, cuya desobediencia se pagaría (en el cristianismo occidental) con el castigo eterno.
Ascención de Cristo resucitado
En esencia, se nos pide que creamos que un hombre que estuvo muerto durante tres días resucitó y que luego se elevó al cielo sin ayuda mecánica. Ambas afirmaciones son contrarias a la evidencia de la que disponemos, ya que:
Cuando un ser humano muere su cuerpo se descompone y no puede volver a funcionar tres días después. Minutos después de la detención del corazón mueren las neuronas del cerebro por privación de oxígeno. A los tres días las bacterias del intestino ya han destruido parcialmente las vísceras; el cuerpo está hinchado por los gases de la descomposición y apesta. No hay vuelta atrás.
Los seres humanos son más pesados que el aire y no pueden elevarse al cielo sin la ayuda de algún dispositivo artificial. La ley de gravedad imposibilita los vuelos humanos no asistidos, y se cumple rigurosamente todo el tiempo y en todas partes, tal como lo demuestra la predictibilidad de las órbitas de los planetas y de las trayectorias de las naves espaciales.
Naturalmente, las objeciones anteriores no son válidas para los creyentes, ya que para ellos la resurrección y la ascensión son obras de Dios, quien puede suspender las leyes de la naturaleza cuando se le antoja. Sin embargo, para algunos creyentes esos sucesos son también la evidencia que prueba la existencia de Dios, por lo que caen sin percatarse en el siguiente círculo vicioso:
La resurrección y ascensión de Cristo prueban la existencia de Dios.
Como Dios existe, la resurrección y ascensión de Cristo son posibles.
Si la resurrección y la ascensión se examinan sin presuponer la existencia de Dios, se debiera aceptar que se trata de afirmaciones inverosímiles, ya que corresponden a violaciones flagrantes de leyes de la naturaleza, respaldadas solamente por escritos milenarios y por la tradición oral. Aún así, centenares de millones de seres humanos aceptan que Dios suspende de vez en cuando algunas de esas leyes, lo cual no deja de ser sorprendente, ya que (por ejemplo) muchos de ellos viajan tranquilamente en aviones sin temer que Dios pueda suspender el mecanismo de sustentación de la aeronave por alguna razón (como la presencia de muchos pecadores a bordo, u otra).
Por otro lado, si para Dios es tan importante que creamos en su existencia, ¿por qué no deja evidencia universal y permanente? Si se examina la eficacia de la estrategia divina para convencer a los seres humanos de su existencia, se debiera reconocer que es bastante pobre. Tras dos mil años de guerras, de quema de herejes, de adoctrinamiento de niños, etc., todavía el cristianismo no logra extenderse siquiera a la mitad de la humanidad. Dios queda entonces expuesto como un estratega inepto, incompetente.
Pero no habría sido nada difícil para Dios dejar evidencia universal y permanente. Voy a sugerir dos ejemplos.
1.- Cruces gigantes en órbita geoestacionaria a baja altura
Cruz gigante en el cielo Dios podría haber colocado un enjambre de cruces con mástiles de varios kilómetros de longitud orbitando la Tierra a su misma velocidad de rotación (geoestacionarias) y a baja altura (400 km, por ejemplo). Dichas cruces violarían permanentemente la ley de gravedad, ya que la débil fuerza centrífuga resultante de una rotación tan lenta (una revolución cada 24 horas) sería insuficiente para contrarrestar la atracción gravitatoria a tan corta distancia de la superficie del globo, obligando a las cruces a caer a tierra (independientemente de su masa).
Todos los seres humanos, en cualquier parte del planeta y en cualquier época, podrían observar algunas de esas cruces resplandecer sobre sus cabezas, desafiando la ley de gravedad. Los astronautas podrían aproximarse a ellas y constatar la perfección de sus líneas absolutamente rectas, las superficies reflectantes perfectamente pulidas y la ausencia de mecanismos de sustentación.
Para hacer menos creíble la intervención de alienígenas, las cruces podrían cambiar de apariencia en forma sincronizada con fechas importantes para la cristiandad; por ejemplo, podrían teñirse de rojo el "Viernes Santo" y resplandecer el domingo siguiente.
2.- Biblias que aparecen junto a recién nacidos
Biblia proveniente de la "editorial celestial" Cada vez que naciera un niño, una copia de la Biblia podría materializarse a su lado, apareciendo de la nada. Sería algo así como el "manual del televisor nuevo", una guía para la vida. El fenómeno ocurriría en todo el mundo, y el libro estaría escrito en el idioma predominante en la región del suceso.
No sería necesario depender de versiones traducidas una y otra vez, copiadas a mano infinidad de veces, parchadas o censuradas por quién sabe quién. Los libros provendrían directamente de la "editorial celestial", sin intermediarios ni intérpretes. Para todos resultaría claro que el libro debería ser tomado en serio.
Se puede imaginar la estupefacción que embargaría a los clérigos islámicos al ver las Biblias aparecer de la nada junto a cada recién nacido. Seguramente abandonarían el Corán, el Yihad, y el mundo sería un lugar mucho más pacifico.
Si Dios hubiese seguido alguna de mis sugerencias todos los seres humanos podríamos ser testigos de sucesos inexplicables, sobrenaturales, milagrosos, y nos maravillaríamos ante la gloria divina. No dependeríamos de las "enseñanzas" de los autodenominados representantes o intermediarios de Dios, algunos de los cuales dejan bastante que desear, por lo que le hacen un flaco favor. La evidencia estaría al alcance de todos.
Pero nada parecido ocurre. ¿Por qué?
Los sacerdotes y pastores afirman que Dios nos pide que creamos en violaciones de las leyes de la naturaleza sin disponer de pruebas sólidas, y que el Creador nos condenará por toda la eternidad si no creemos en esos sucesos.
Pero Dios debiera haber anticipado que muchos seres humanos no iban a aceptar escritos milenarios o prédicas de sujetos vestidos con ropajes especiales como prueba de acontecimientos fantásticos. Es una actitud lógica, racional, especialmente cuando se examina el gran número de religiones activas o extintas con sus respectivas historias sobrenaturales, carentes de evidencia proporcional. Si se cree en una de esas narraciones, ¿por qué no en las otras?
La resistencia a creer en esas historias es una señal de honestidad intelectual. Pero Dios, que según sus defensores es un ser bondadoso, castiga dicha honestidad con la perdición eterna. ¿Cómo se puede conciliar tal conducta con su supuesta bondad?
Si para Dios es tan importante que creamos en su existencia, ¿por qué no deja evidencia clara, permanente y verificable independientemente por todos los seres humanos?
Si no deja tal evidencia, ¿por qué castiga en forma tan despiadada a quienes no creen en historias fantásticas?
Si no proporciona las pruebas y castiga a personas intelectualmente honestas, ¿cómo puede ser bondadoso?
Si Dios existe, no veo justificación a su conducta, que me parece deshonesta, traicionera y malvada.
¿Alguien la ve?
HASTA LA PROXIMA!