Esto es lo que el amor es capaz de hacerle a tu cerebro
En los últimos años, numerosos científicos han orientado sus investigaciones a responder una enigmática pregunta: ¿Qué es lo que nos pasa cuando nos enamoramos?
A menos que seas un caso perdido, seguramente alguna vez en tu vida estuviste enamorado, así que no vas a tener problema en identificarte con estas son cinco cosas, más o menos insólitas, que el amor hace con la mente de sus víctimas.
1. Crea adicción
“El aumento de dopamina es muy grande al principio de las relaciones”, comenta Larry Young, investigador de la neurociencia del comportamiento en la Universidad de Emory, en Atlanta (EE.UU.). “De hecho, hemos visto que los ratones que pierden a su compañero se deprimen de una forma muy parecida a como lo hace un adicto al que se le retira la cocaína o la heroína”, añade.
Pero no solo eso: el amor estimula las áreas cerebrales que forman el circuito de recompensa. Este es el que se activa especialmente cuando recibimos un premio, cuando tenemos sed y la saciamos bebiendo agua o cuando consumimos prácticamente cualquier tipo de droga. ¿Un dato curioso? Este circuito es también el de la adicción. Ahora entendemos por qué durante las primeras etapas del amor nos la pasamos usando la frase "no puedo vivir sin vos".
2. Manipula tus hormonas a su antojo
La oxitocina y la vasopresina son dos pequeñas hormonas cuya máxima producción tiene lugar en momentos aparentemente lejanos al enamoramiento: en el parto y durante la lactancia (a medida que el bebé succiona del pezón). Entre sus muchas funciones están la de fortalecer el vínculo entre la madre y el hijo. Y de ello se aprovecha también el amor (romántico). En el enamoramiento parece aumentar la producción de oxitocina y vasopresina, contribuyendo así a robustecer el nexo de la pareja.
Esto tiene mucho sentido desde el punto de vista de la evolución de las especies: gastamos tanto tiempo y energía en encontrar una pareja idónea que, una vez conseguida, el lazo debe reforzarse para garantizar que ambos cuidarán juntos a la posible descendencia. Así es al menos como la naturaleza tiende a “pensar”... Bastante sabia, ¿no te parece?
3. Nubla el juicio y la razón
Para identificar las zonas del cerebro que se activan en el enamoramiento, los científicos suelen usar lo que se conoce como "resonancia magnética funcional". Aunque es un procedimiento un tanto problemático, varios trabajos han llegado a conclusiones parecidas. Por ejemplo, se pudo observar que durante el enamoramiento, el circuito de recompensa trabaja con especial fervor, y que la corteza prefrontal parece “apagarse”. Esta última es el área del cerebro más propiamente humana, la responsable fundamental de nuestra capacidad de razonar y emitir juicios elaborados.
Las consecuencias son evidentes: el amor nubla la capacidad crítica, al menos en todo lo que tiene que ver con la pareja amada. Eso explicaría la creencia de que “el amor es ciego”, o incluso la sentencia de Ortega y Gasset, que definió al amor como “un estado de imbecilidad transitorio”.
4. Produce estrés y da valor
Aunque no lo creas, el amor produce una ola de estrés a lo largo del tiempo. En un principio se trata de una activación del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, lo que viene a querer decir, entre otras cosas, que el cerebro manda señales para que se produzca más adrenalina.
Una interpretación que se hace es que ese grado de estrés permite superar el miedo inicial, lo que se conoce como neofobia. Con los meses, sin embargo, el mecanismo disminuye, dando lugar a una sensación de tranquilidad (el resto de hormonas y circuitos implicados también se modulan con el tiempo).
5. Te hace monógamo... o no.
Alrededor de este punto existe mucha polémica. La ciencia no ha sido capaz de determinar aún si por naturaleza somos monógamos o polígamos, pero sí se saben algunas de las cosas que influyen en esta realidad. Al menos en ratones. Los roedores de campo son monógamos, totalmente fieles a su pareja. Los de monte, por el contrario, son muy promiscuos. ¿La explicación? Los primeros tienen muchos más receptores de oxitocina y vasopresina en las áreas de recompensa.
Sin embargo, dado que los humanos no somos tan simples como los ratones, es evidente que nuestra fidelidad depende de mucho más factores que en estos animales. Pero tampoco parecemos inmunes. Algunas variantes de los receptores de vasopresina, por ejemplo, se han asociado con una mayor o menor promiscuidad. Ni mucho menos la determinan, pero es un factor que puede llegar a influir.
Puede, en fin, que la ciencia haya descubierto un par de cosas sobre el amor, la química y los mecanismos cerebrales implicados, pero ¿no te parece sólo alguien que estuvo enamorado puede realmente entender lo que sucede?
En los últimos años, numerosos científicos han orientado sus investigaciones a responder una enigmática pregunta: ¿Qué es lo que nos pasa cuando nos enamoramos?
A menos que seas un caso perdido, seguramente alguna vez en tu vida estuviste enamorado, así que no vas a tener problema en identificarte con estas son cinco cosas, más o menos insólitas, que el amor hace con la mente de sus víctimas.
1. Crea adicción
“El aumento de dopamina es muy grande al principio de las relaciones”, comenta Larry Young, investigador de la neurociencia del comportamiento en la Universidad de Emory, en Atlanta (EE.UU.). “De hecho, hemos visto que los ratones que pierden a su compañero se deprimen de una forma muy parecida a como lo hace un adicto al que se le retira la cocaína o la heroína”, añade.
Pero no solo eso: el amor estimula las áreas cerebrales que forman el circuito de recompensa. Este es el que se activa especialmente cuando recibimos un premio, cuando tenemos sed y la saciamos bebiendo agua o cuando consumimos prácticamente cualquier tipo de droga. ¿Un dato curioso? Este circuito es también el de la adicción. Ahora entendemos por qué durante las primeras etapas del amor nos la pasamos usando la frase "no puedo vivir sin vos".
2. Manipula tus hormonas a su antojo
La oxitocina y la vasopresina son dos pequeñas hormonas cuya máxima producción tiene lugar en momentos aparentemente lejanos al enamoramiento: en el parto y durante la lactancia (a medida que el bebé succiona del pezón). Entre sus muchas funciones están la de fortalecer el vínculo entre la madre y el hijo. Y de ello se aprovecha también el amor (romántico). En el enamoramiento parece aumentar la producción de oxitocina y vasopresina, contribuyendo así a robustecer el nexo de la pareja.
Esto tiene mucho sentido desde el punto de vista de la evolución de las especies: gastamos tanto tiempo y energía en encontrar una pareja idónea que, una vez conseguida, el lazo debe reforzarse para garantizar que ambos cuidarán juntos a la posible descendencia. Así es al menos como la naturaleza tiende a “pensar”... Bastante sabia, ¿no te parece?
3. Nubla el juicio y la razón
Para identificar las zonas del cerebro que se activan en el enamoramiento, los científicos suelen usar lo que se conoce como "resonancia magnética funcional". Aunque es un procedimiento un tanto problemático, varios trabajos han llegado a conclusiones parecidas. Por ejemplo, se pudo observar que durante el enamoramiento, el circuito de recompensa trabaja con especial fervor, y que la corteza prefrontal parece “apagarse”. Esta última es el área del cerebro más propiamente humana, la responsable fundamental de nuestra capacidad de razonar y emitir juicios elaborados.
Las consecuencias son evidentes: el amor nubla la capacidad crítica, al menos en todo lo que tiene que ver con la pareja amada. Eso explicaría la creencia de que “el amor es ciego”, o incluso la sentencia de Ortega y Gasset, que definió al amor como “un estado de imbecilidad transitorio”.
4. Produce estrés y da valor
Aunque no lo creas, el amor produce una ola de estrés a lo largo del tiempo. En un principio se trata de una activación del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, lo que viene a querer decir, entre otras cosas, que el cerebro manda señales para que se produzca más adrenalina.
Una interpretación que se hace es que ese grado de estrés permite superar el miedo inicial, lo que se conoce como neofobia. Con los meses, sin embargo, el mecanismo disminuye, dando lugar a una sensación de tranquilidad (el resto de hormonas y circuitos implicados también se modulan con el tiempo).
5. Te hace monógamo... o no.
Alrededor de este punto existe mucha polémica. La ciencia no ha sido capaz de determinar aún si por naturaleza somos monógamos o polígamos, pero sí se saben algunas de las cosas que influyen en esta realidad. Al menos en ratones. Los roedores de campo son monógamos, totalmente fieles a su pareja. Los de monte, por el contrario, son muy promiscuos. ¿La explicación? Los primeros tienen muchos más receptores de oxitocina y vasopresina en las áreas de recompensa.
Sin embargo, dado que los humanos no somos tan simples como los ratones, es evidente que nuestra fidelidad depende de mucho más factores que en estos animales. Pero tampoco parecemos inmunes. Algunas variantes de los receptores de vasopresina, por ejemplo, se han asociado con una mayor o menor promiscuidad. Ni mucho menos la determinan, pero es un factor que puede llegar a influir.
Puede, en fin, que la ciencia haya descubierto un par de cosas sobre el amor, la química y los mecanismos cerebrales implicados, pero ¿no te parece sólo alguien que estuvo enamorado puede realmente entender lo que sucede?