Surgió como personaje secundario, hace ya 50 años, y pronto se convirtió en el icono mundial de la historieta de aventuras para adultos. Algunos lo vieron como el verdadero continuador de la tradición de Oesterheld, otros como el primer héroe cínico y desencantado, pionero de la posmodernidad, millones lo consagraron como la obra fundamental de Hugo Pratt. Y como uno de los personajes mas exitosos de todos los tiempos.
Segunda parte del informe que conmemora los 50 años del legendario personaje de Hugo Pratt.
Corto Maltés: 50 años (parte 1):
CUESTA ABAJO
Paradójicamente, cuando Corto Maltés tiene tanta chapa que en Italia comienza a editarse una revista con su nombre, Pratt nos castiga con las entregas más flojas de la serie. La primera, de 1985, se llamó Tango (en Argentina, Todo a Media Luz) y nos muestra al Corto de vuelta en nuestro país, esta vez involucrado con el tráfico de prostitutas polacas que hicieron las delicias de los inmigrantes en la Buenos Aires de principios del Siglo XX. La historia se sitúa en 1923 y exuda tango, arrabal y acción, con mucho olor al Palermo malevo de Borges. Además, Corto ve la luna doble, se reencuentra con Butch Cassidy y Esmeralda y venga la muerte de Louise Brookzowyc (a quien conocimos en Fábula de Venecia).
Acá es donde se ve muy claro el viraje gradual del maestro hacia un estilo de dibujo más sintético, más despojado, hacia un dibujo casi caligráfico. Esto contrasta de un modo bastante grosero con el trabajo detallado perfectamente documentado que realizan sus asistentes (principalmente el gran Lele Vianello) en las viñetas en las que sólo vemos casas o vehículos, elementos que para esta altura Pratt ya se había cansado de dibujar y delegaba en su equipo. Fuera del guiño a la Valentina de Guido Crépax y el atractivo que puede tener para los porteños ver a Corto Maltés en las calles de la Buenos Aires antigua, la de los tangos, los malevos y las putas (que tanto inspiraron a Jorge Luis Borges, Arturo Pérez-Reverte y tantos otros), la historia no tiene demasiados méritos más.
Elvetiche: Rosa Alchemica (o Las Helvéticas) se serializa en Corto Maltese durante 1987. Se trata de una obra rara, repleta de los elementos que años después usó Neil Gaiman para convertir a Sandman en un clásico instantáneo: entidades conceptuales con sentimientos humanos, gente que entra y sale de los libros, juegos de meta-lenguaje, personajes que en el plano “real” son una cosa y en el de los sueños otra, mortales que rosquean con seres legendarios o míticos y se llevan de regalo la inmortalidad, o la posibilidad de meterse en los sueños de los otros; la búsqueda de algo místico y trascendental que no se sabe bien qué es, pero se intuye; la extraña relación entre los sueños, la realidad y la ficción; la constante referencia a personajes del folklore, la leyenda y la literatura germánicas; y por si faltara algo… aparece el mismísimo Sandman. No se parece a Robert Smith, pero comparte unas hermosas viñetas con el aventurero de Malta. Esta saga data de 1987, un año y moneditas antes que el Sandman de Gaiman, pero la cantidad de elementos en común no deja de sorprender.
Lamentablemente, entre tantas secuencias oníricas y chamuyos místicos, queda cero espacio para que Pratt desarrolle algo así como una tensión dramática. Es un comic 100 % hablado, donde los momentos “jodidos” se resuelven con más chamuyo o a lo sumo bailando (!). No hay un tiro ni una trompada, que son dos de las cosas que Hugo Pratt dibujaba mejor que nadie. No hay peligro, porque todo el tiempo sabés que todo es un sueño y que, a la larga, Corto se va a despertar y va a estar todo bien. La saga habla de temas interesantes (la propia Rosa Alquímica, la búsqueda del Santo Grial, etc.) pero en un tono casi displicente, donde no sólo no entra la épica sino ni siquiera la más básica aventura, que siempre fue la marca de fábrica del maestro veneciano.
Bastante más extensa que las dos sagas anteriores es Mu, también serializada en la revista Corto Maltese, entre 1988 y 1991. Esta aventura (ambientada en 1925) es la última que llega a completar Pratt antes de su muerte, ocurrida en 1995. Sin ser excelente, Mu levanta un poco la puntería. En esta búsqueda del continente perdido, Corto se ve rodeado de Levi Columbia, Tristan Bantam y Rasputín, y la aventura vuelve a ocupar el rol protagónico, aunque se empantana un poco entre tanta información (Pratt estudia la arquitectura de la supuesta civilización de Mu como si fuese real y explica un sinfín de detalles que no suman a la trama) y, no podía fallar, se desvirtúa con la proliferación de elementos místicos y diálogos sumamente extensos.
EL LEGADO
Desparramadas entre historias anteriores, posteriores y apócrifas, entre acuarelas y entrevistas, hay algunos datos más sobre Corto que permiten trazar su biografía más allá de 1925. Se sabe, por ejemplo, que en 1928 vuelve a Etiopía, y que en 1936 se alista en las brigadas que combaten para el bando republicano en la Guerra Civil Española, donde desaparece, pero no muere. En la propia Balada del Mar Salado aparece una carta escrita por Pandora Groovesnore, fechada en 1965, que se refiere a Corto como si estuviese vivo.
Sin embargo, a partir de la muerte de Hugo Pratt tendríamos por delante nada menos que 20 años sin nuevas apariciones del popular personaje, condenado al limbo de las infinitas reediciones y las muestras en homenaje a su creador.
En 2007, cuando el personaje cumplía 40 años (y 12 en el freezer), volvía a entrar en escena Patrizia Zanotti, quien fuera durante muchos años colaboradora y colorista de Pratt. Tras la muerte del maestro, Zanotti se convirtió en la encargada de negociar los derechos para reeditar sus obras y participó también en la coordinación de decenas de estos eventos y muestras en homenaje a Pratt. Zanotti sacudió al mundo declarando que dos dibujantes (cuyos nombres no reveló) estaban trabajando en un nuevo álbum de Corto Maltés, que vería la luz en un par de años, en la editorial francesa Casterman.
“Hugo me confío su expresa voluntad de que las aventuras de Corto continuaran incluso después de su muerte”, dijo Patrizia, “y yo llevo varios años pensando como revivir al querido Corto”. Aparentemente, los nuevos dibujantes habían tomado como base ideas y bocetos creados por Pratt durante sus años en París. “Hugo quería dibujar a Corto en París”, dijo Zanotti, “con su esoterismo y sus catacumbas, y de ahí llevarlo de vuelta a Venecia, para una aventura ligada al mundo de los hebreos”. Por supuesto, eso nunca sucedió.
VOLVER A EMPEZAR
A principios de 2015, el año en que se conmemoraba el 20º aniversario de la muerte de Hugo Pratt, se anunció finalmente el regreso de Corto Maltés a las páginas del comic. Los herederos del legendario Tano llegaron a un acuerdo para que las nuevas aventuras se editen simultáneamente en cinco países, a través de las editoriales Norma (España), Rizzoli (Italia) y Casterman (Francia, Bélgica y Holanda). Y será España el país de donde surgirá la nueva dupla creativa, integrada por el guionista Juan Díaz Canales (Blacksad) y el dibujante Rubén Pellejero (Dieter Lumpen).
Por fin el 30 de Septiembre de 2015, cuando Corto Maltés llevaba 23 años sin embarcarse en nuevas aventuras, Díaz Canales y Pellejero debutan con un primer álbum titulado Bajo el Sol de Medianoche, ambientado poco después de La Balada del Mar Salado, en el extremo noroeste del continente americano, en los mares que rodean a Alaska y los bosques nevados de Canadá.
Díaz Canales capta perfectamente el espíritu de las aventuras de Corto Maltés, para bien y para mal. Como la mayoría de las historias extensas de Pratt, Bajo el Sol… tiene viajes, silencios, momentos en los que la narración se vuelve muy parsimoniosa, personajes que existieron en la realidad mezclados con creaciones ficticias, promesas inquebrantables que explican comportamientos medio extraños, lealtades, traiciones, convicciones que parecen férreas y loables pero finalmente responden a un interés mezquino, personajes que reciben muchísima atención para después morir o desaparecer sorpresivamente, diálogos ingeniosos repletos de ironía, in crescendos en la tensión que aparecen en el momento justo, mujeres que encandilan a los hombres, bajadas de línea acerca de cómo la modernidad mostraba la hilacha desde temprano y amenazaba (allá por 1915) con llevarse todo puesto…
No aparece realmente nada en este álbum que no podría haber aparecido en una de las historias del Corto escritas por Pratt. Eso sólo no alcanza para convertir a Bajo el Sol… en una gran aventura del Corto, porque Pratt también escribió algunas bastante flojas. Pero sí para convencernos de que Díaz Canales fue una excelente opción a la hora de buscar un guionista capaz de reflotar esta serie.
Y lo que hace Pellejero con el dibujo es increíble. Es cierto, viene de la misma escuela gráfica que Pratt, y desde sus primeros trabajos tomó elementos de la narrativa del veneciano… pero eso no hace menos asombrosa la fusión molecularmente perfecta entre los rostros, los paisajes, el lenguaje corporal y el manejo de la mancha típicos de Pellejero con los de Pratt. Por momentos pareciera que Corto y Rasputín están atrapados en una historieta de Pellejero, por momentos parece que los dibujos del catalán se cuelan en una obra del Tano… es una danza visual absolutamente cautivante, y con un trabajo formidable en el color, añadido por el propio Pellejero.
BAJO EL SOL DEL EXITO
Tras el éxito de Bajo un Sol de Medianoche (Casterman imprimió 300.000 ejemplares sólo en francés y vendió más de 25.000 en los primeros cuatro días) era obvio que Corto Maltés iba a volver, y más en este año en el que se cumplen cinco décadas de su primera aparición. El 29 de Septiembre de este año salió a la venta Equatoria, nuevo álbum a cargo de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Una vez más, Casterman apostó fuerte, con una primera tirada de 250.000 ejemplares. Previamente, a partir del 7 de Julio, la historieta se pre-publicó por entregas en Le Figaro Magazine, la revista de interés general que se edita semanalmente junto al diario francés Le Figaro. También para generar expectativa previa, en Junio las editoriales Casterman y Rizzoli Lizard publicaron gratuitamente en redes sociales una nueva aventura corta de cuatro páginas, Cuento Chino () , también a cargo de Díaz Canales y Pellejero, aunque visualmente bastante distinta de lo que veríamos luego en Equatoria.
En este nuevo álbum (considerado en Francia el Vol.14 de la serie), Corto Maltés se encuentra en su amada Venecia tras los pasos del espejo del Preste Juan, legendario monarca cuyo reino se hallaba en algún lugar impreciso entre África y la India. Según la leyenda, sus vastos dominios estaban poblados de amazonas, unicornios y toda clase de prodigios. Sin embargo, su mayor tesoro era un espejo a través del cual podía observar cualquier parte del reino. La búsqueda de este objeto mágico llevará a Corto a recorrer un continente africano agitado por el colonialismo europeo de comienzos del siglo XX. La historia transcurre en unos años que Pratt dejó sin explorar. “Es un escenario apasionante porque es un cambio de era –declaró Díaz Canales-. Hay tensiones prebélicas en Alemania, Inglaterra, con los nacionalismos… Es el fin del colonialismo en África a un minuto de la colisión de todos los imperios en la primera guerra mundial. Es el fin de la era de los exploradores, de Stanley, de Livingstone, es un mundo romántico que se acaba. Y es un momento de cambio en cuanto a derechos humanos porque se ponen en cuestión el esclavismo y la explotación de los recursos del tercer mundo”.
Además, siguiendo el ejemplo de Pratt, los nuevos autores siguen imbricando personajes reales con la ficción. En Equatoria aparecen también el traficante de esclavos Tippu Tip, el escritor, aventurero y contrabandista Henry de Monfreid (autor del autobiográfico ‘Los secretos del mar Rojo’) o el sanguinario coronel británico Richard Meinertzhagen: “Una eminencia en ornitología que fue llevado a juicio por masacrar a un pueblo africano. Es un ejemplo de que la realidad supera la ficción. Y, como hacía Pratt, el reto es estimular la curiosidad sin ser didáctico sino dejando pistas sobre esos personajes históricos, muchos borrados por la historia, o referencias culturales y literarias”, señala Díaz Canales.
Equatoria está llegando recién ahora a las comiquerías argentinas, así que a estar atentos. Y lo más importante: ya se están barajando contratos, argumento y fecha de salida tentativa para un tercer álbum de Corto Maltés a cargo de la misma dupla creativa que reflotó a la icónica creación de Hugo Pratt cuyos 50 años celebramos desde este espacio.
Segunda parte del informe que conmemora los 50 años del legendario personaje de Hugo Pratt.
Corto Maltés: 50 años (parte 1):
CUESTA ABAJO
Paradójicamente, cuando Corto Maltés tiene tanta chapa que en Italia comienza a editarse una revista con su nombre, Pratt nos castiga con las entregas más flojas de la serie. La primera, de 1985, se llamó Tango (en Argentina, Todo a Media Luz) y nos muestra al Corto de vuelta en nuestro país, esta vez involucrado con el tráfico de prostitutas polacas que hicieron las delicias de los inmigrantes en la Buenos Aires de principios del Siglo XX. La historia se sitúa en 1923 y exuda tango, arrabal y acción, con mucho olor al Palermo malevo de Borges. Además, Corto ve la luna doble, se reencuentra con Butch Cassidy y Esmeralda y venga la muerte de Louise Brookzowyc (a quien conocimos en Fábula de Venecia).
Acá es donde se ve muy claro el viraje gradual del maestro hacia un estilo de dibujo más sintético, más despojado, hacia un dibujo casi caligráfico. Esto contrasta de un modo bastante grosero con el trabajo detallado perfectamente documentado que realizan sus asistentes (principalmente el gran Lele Vianello) en las viñetas en las que sólo vemos casas o vehículos, elementos que para esta altura Pratt ya se había cansado de dibujar y delegaba en su equipo. Fuera del guiño a la Valentina de Guido Crépax y el atractivo que puede tener para los porteños ver a Corto Maltés en las calles de la Buenos Aires antigua, la de los tangos, los malevos y las putas (que tanto inspiraron a Jorge Luis Borges, Arturo Pérez-Reverte y tantos otros), la historia no tiene demasiados méritos más.
Elvetiche: Rosa Alchemica (o Las Helvéticas) se serializa en Corto Maltese durante 1987. Se trata de una obra rara, repleta de los elementos que años después usó Neil Gaiman para convertir a Sandman en un clásico instantáneo: entidades conceptuales con sentimientos humanos, gente que entra y sale de los libros, juegos de meta-lenguaje, personajes que en el plano “real” son una cosa y en el de los sueños otra, mortales que rosquean con seres legendarios o míticos y se llevan de regalo la inmortalidad, o la posibilidad de meterse en los sueños de los otros; la búsqueda de algo místico y trascendental que no se sabe bien qué es, pero se intuye; la extraña relación entre los sueños, la realidad y la ficción; la constante referencia a personajes del folklore, la leyenda y la literatura germánicas; y por si faltara algo… aparece el mismísimo Sandman. No se parece a Robert Smith, pero comparte unas hermosas viñetas con el aventurero de Malta. Esta saga data de 1987, un año y moneditas antes que el Sandman de Gaiman, pero la cantidad de elementos en común no deja de sorprender.
Lamentablemente, entre tantas secuencias oníricas y chamuyos místicos, queda cero espacio para que Pratt desarrolle algo así como una tensión dramática. Es un comic 100 % hablado, donde los momentos “jodidos” se resuelven con más chamuyo o a lo sumo bailando (!). No hay un tiro ni una trompada, que son dos de las cosas que Hugo Pratt dibujaba mejor que nadie. No hay peligro, porque todo el tiempo sabés que todo es un sueño y que, a la larga, Corto se va a despertar y va a estar todo bien. La saga habla de temas interesantes (la propia Rosa Alquímica, la búsqueda del Santo Grial, etc.) pero en un tono casi displicente, donde no sólo no entra la épica sino ni siquiera la más básica aventura, que siempre fue la marca de fábrica del maestro veneciano.
Bastante más extensa que las dos sagas anteriores es Mu, también serializada en la revista Corto Maltese, entre 1988 y 1991. Esta aventura (ambientada en 1925) es la última que llega a completar Pratt antes de su muerte, ocurrida en 1995. Sin ser excelente, Mu levanta un poco la puntería. En esta búsqueda del continente perdido, Corto se ve rodeado de Levi Columbia, Tristan Bantam y Rasputín, y la aventura vuelve a ocupar el rol protagónico, aunque se empantana un poco entre tanta información (Pratt estudia la arquitectura de la supuesta civilización de Mu como si fuese real y explica un sinfín de detalles que no suman a la trama) y, no podía fallar, se desvirtúa con la proliferación de elementos místicos y diálogos sumamente extensos.
EL LEGADO
Desparramadas entre historias anteriores, posteriores y apócrifas, entre acuarelas y entrevistas, hay algunos datos más sobre Corto que permiten trazar su biografía más allá de 1925. Se sabe, por ejemplo, que en 1928 vuelve a Etiopía, y que en 1936 se alista en las brigadas que combaten para el bando republicano en la Guerra Civil Española, donde desaparece, pero no muere. En la propia Balada del Mar Salado aparece una carta escrita por Pandora Groovesnore, fechada en 1965, que se refiere a Corto como si estuviese vivo.
Sin embargo, a partir de la muerte de Hugo Pratt tendríamos por delante nada menos que 20 años sin nuevas apariciones del popular personaje, condenado al limbo de las infinitas reediciones y las muestras en homenaje a su creador.
En 2007, cuando el personaje cumplía 40 años (y 12 en el freezer), volvía a entrar en escena Patrizia Zanotti, quien fuera durante muchos años colaboradora y colorista de Pratt. Tras la muerte del maestro, Zanotti se convirtió en la encargada de negociar los derechos para reeditar sus obras y participó también en la coordinación de decenas de estos eventos y muestras en homenaje a Pratt. Zanotti sacudió al mundo declarando que dos dibujantes (cuyos nombres no reveló) estaban trabajando en un nuevo álbum de Corto Maltés, que vería la luz en un par de años, en la editorial francesa Casterman.
“Hugo me confío su expresa voluntad de que las aventuras de Corto continuaran incluso después de su muerte”, dijo Patrizia, “y yo llevo varios años pensando como revivir al querido Corto”. Aparentemente, los nuevos dibujantes habían tomado como base ideas y bocetos creados por Pratt durante sus años en París. “Hugo quería dibujar a Corto en París”, dijo Zanotti, “con su esoterismo y sus catacumbas, y de ahí llevarlo de vuelta a Venecia, para una aventura ligada al mundo de los hebreos”. Por supuesto, eso nunca sucedió.
VOLVER A EMPEZAR
A principios de 2015, el año en que se conmemoraba el 20º aniversario de la muerte de Hugo Pratt, se anunció finalmente el regreso de Corto Maltés a las páginas del comic. Los herederos del legendario Tano llegaron a un acuerdo para que las nuevas aventuras se editen simultáneamente en cinco países, a través de las editoriales Norma (España), Rizzoli (Italia) y Casterman (Francia, Bélgica y Holanda). Y será España el país de donde surgirá la nueva dupla creativa, integrada por el guionista Juan Díaz Canales (Blacksad) y el dibujante Rubén Pellejero (Dieter Lumpen).
Por fin el 30 de Septiembre de 2015, cuando Corto Maltés llevaba 23 años sin embarcarse en nuevas aventuras, Díaz Canales y Pellejero debutan con un primer álbum titulado Bajo el Sol de Medianoche, ambientado poco después de La Balada del Mar Salado, en el extremo noroeste del continente americano, en los mares que rodean a Alaska y los bosques nevados de Canadá.
Díaz Canales capta perfectamente el espíritu de las aventuras de Corto Maltés, para bien y para mal. Como la mayoría de las historias extensas de Pratt, Bajo el Sol… tiene viajes, silencios, momentos en los que la narración se vuelve muy parsimoniosa, personajes que existieron en la realidad mezclados con creaciones ficticias, promesas inquebrantables que explican comportamientos medio extraños, lealtades, traiciones, convicciones que parecen férreas y loables pero finalmente responden a un interés mezquino, personajes que reciben muchísima atención para después morir o desaparecer sorpresivamente, diálogos ingeniosos repletos de ironía, in crescendos en la tensión que aparecen en el momento justo, mujeres que encandilan a los hombres, bajadas de línea acerca de cómo la modernidad mostraba la hilacha desde temprano y amenazaba (allá por 1915) con llevarse todo puesto…
No aparece realmente nada en este álbum que no podría haber aparecido en una de las historias del Corto escritas por Pratt. Eso sólo no alcanza para convertir a Bajo el Sol… en una gran aventura del Corto, porque Pratt también escribió algunas bastante flojas. Pero sí para convencernos de que Díaz Canales fue una excelente opción a la hora de buscar un guionista capaz de reflotar esta serie.
Y lo que hace Pellejero con el dibujo es increíble. Es cierto, viene de la misma escuela gráfica que Pratt, y desde sus primeros trabajos tomó elementos de la narrativa del veneciano… pero eso no hace menos asombrosa la fusión molecularmente perfecta entre los rostros, los paisajes, el lenguaje corporal y el manejo de la mancha típicos de Pellejero con los de Pratt. Por momentos pareciera que Corto y Rasputín están atrapados en una historieta de Pellejero, por momentos parece que los dibujos del catalán se cuelan en una obra del Tano… es una danza visual absolutamente cautivante, y con un trabajo formidable en el color, añadido por el propio Pellejero.
BAJO EL SOL DEL EXITO
Tras el éxito de Bajo un Sol de Medianoche (Casterman imprimió 300.000 ejemplares sólo en francés y vendió más de 25.000 en los primeros cuatro días) era obvio que Corto Maltés iba a volver, y más en este año en el que se cumplen cinco décadas de su primera aparición. El 29 de Septiembre de este año salió a la venta Equatoria, nuevo álbum a cargo de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Una vez más, Casterman apostó fuerte, con una primera tirada de 250.000 ejemplares. Previamente, a partir del 7 de Julio, la historieta se pre-publicó por entregas en Le Figaro Magazine, la revista de interés general que se edita semanalmente junto al diario francés Le Figaro. También para generar expectativa previa, en Junio las editoriales Casterman y Rizzoli Lizard publicaron gratuitamente en redes sociales una nueva aventura corta de cuatro páginas, Cuento Chino () , también a cargo de Díaz Canales y Pellejero, aunque visualmente bastante distinta de lo que veríamos luego en Equatoria.
En este nuevo álbum (considerado en Francia el Vol.14 de la serie), Corto Maltés se encuentra en su amada Venecia tras los pasos del espejo del Preste Juan, legendario monarca cuyo reino se hallaba en algún lugar impreciso entre África y la India. Según la leyenda, sus vastos dominios estaban poblados de amazonas, unicornios y toda clase de prodigios. Sin embargo, su mayor tesoro era un espejo a través del cual podía observar cualquier parte del reino. La búsqueda de este objeto mágico llevará a Corto a recorrer un continente africano agitado por el colonialismo europeo de comienzos del siglo XX. La historia transcurre en unos años que Pratt dejó sin explorar. “Es un escenario apasionante porque es un cambio de era –declaró Díaz Canales-. Hay tensiones prebélicas en Alemania, Inglaterra, con los nacionalismos… Es el fin del colonialismo en África a un minuto de la colisión de todos los imperios en la primera guerra mundial. Es el fin de la era de los exploradores, de Stanley, de Livingstone, es un mundo romántico que se acaba. Y es un momento de cambio en cuanto a derechos humanos porque se ponen en cuestión el esclavismo y la explotación de los recursos del tercer mundo”.
Además, siguiendo el ejemplo de Pratt, los nuevos autores siguen imbricando personajes reales con la ficción. En Equatoria aparecen también el traficante de esclavos Tippu Tip, el escritor, aventurero y contrabandista Henry de Monfreid (autor del autobiográfico ‘Los secretos del mar Rojo’) o el sanguinario coronel británico Richard Meinertzhagen: “Una eminencia en ornitología que fue llevado a juicio por masacrar a un pueblo africano. Es un ejemplo de que la realidad supera la ficción. Y, como hacía Pratt, el reto es estimular la curiosidad sin ser didáctico sino dejando pistas sobre esos personajes históricos, muchos borrados por la historia, o referencias culturales y literarias”, señala Díaz Canales.
Equatoria está llegando recién ahora a las comiquerías argentinas, así que a estar atentos. Y lo más importante: ya se están barajando contratos, argumento y fecha de salida tentativa para un tercer álbum de Corto Maltés a cargo de la misma dupla creativa que reflotó a la icónica creación de Hugo Pratt cuyos 50 años celebramos desde este espacio.