7 razones por las que los artículos de X razones son una mierda
Los has visto. Los hemos visto. Los has compartido. Te has reído, incluso. Con su colección de gifs estúpidos, gatos, situaciones con las que todos nos hemos identificado. Virales, ridículamente share-friendly, y no dejas de leerlos a pesar de que tu cerebro se encuentra al borde de la isquemia tras leerlos. Es formato de moda, que se inició gracias a publicaciones como Buzzfeed, que intentan imitar el flujo con el que se comparten chorradas en redes sociales.
Evidentemente, al genio que se le ocurrió esto habría que canonizarle, y lo digo totalmente en serio. Como al que creó MHyV, Gran Hermano, Adán y Eva, Quién quiere casarse con mi hijo, y demás shows televisivos de dudosa calidad humana, pero increíble rentabilidad. Y es que cada vez que tú, tonto a las tres, clicas en uno de esos “27 razones por las que es guay llegar a los 27" o “15 situaciones que a todos nos han ocurrido después de follar”, estás formando parte de un estupendo público al que venderle publicidad variada, y enriqueciendo enormemente a una empresa que no está contribuyendo, en absoluto, a que tú te informes, sino más bien todo lo contrario.
Sabiendo lo propensos que somos a clicar en esta clase de chorradas, el poder de la publicidad en internet les proporciona pingües beneficios a los creadores de estos portales. Viendo que son enormemente rentables las historias sobre “redes sociales”, al albur de medios como Buzzfeed, en España han surgido Cribeo (una copia casi tal cual de Buzzfeed, pero patrocinada por La Vanguardia) y Verne (bajo la dirección de Delia Rodríguez, una entendida en temas de memética en internet y el ¡oh! sorprendente mecenazgo de El País). Por no hablar de otras minoritarias en las que no nos vamos a entretener.
La calidad de sus publicaciones es lo de menos. Lo importante es ese formato, que se repite siempre. Si nos metemos ahora mismo en cualquiera de dichas publicaciones, vemos, a bote pronto: “27 lugares increíbles que tienes que ver antes de morir”. Sencillez de la información, total. 27 imágenes chorras, y no demasiado texto. El denominador común de esta clase de historias es simplemente esa forma de estructurar la información. Nadie sabe por qué, pero la convierte en extremadamente irresistible.
Son extremadamente fáciles de compartir en redes sociales (es más, casi te lo piden a gritos). Siempre contienen algún elemento emocional (la historia que cambió a un jubilado de Pennsylvania para siempre) y por supuesto, son extremadamente fáciles de leer. Nunca vas a encontrar un artículo que diga “15 razones por las que la mecánica cuántica se puede reconciliar con la teoría de la relatividad especial”.
¿Cuál es el problema? Pues es la evidente pérdida de calidad de los contenidos de internet, en beneficio de una exagerada llamada de atención. Mientras que algunos se desloman porque sus artículos se lean, una basura con gatitos, chorradas y topicazos obtiene miles de impresiones. Claramente, la publicidad no entiende de calidad sino de chorros. No importa que tu supercerebral artículo sobre Rafael Azcona sea posiblemente más pedagógico que el de los gatitos, pero este último se lee más.
El problema es que la mayor parte de publicaciones de referencia para jóvenes en internet, como Playground Mag, como Vice, están cayendo en dicho formato. No exactamente de la misma forma, pero se percibe que existe copia hasta la náusea de artículos ya publicados en otros medios estadounidenses, como por ejemplo Elite Daily. Son gente especializada en introducirse en grupos de tendencia en redes sociales, o percibir qué asuntos se clican y cuáles no, para crear contenidos altamente pinchables (y que les dan pingües beneficios, mientras que sus redactores cobran 5 euros por pieza o directamente, lo hacen por amor al arte).
¿Moraleja? Esta moda tiene que terminarse. Está perjudicando a miles de pequeños creadores que buscan calidad en sus contenidos. Todo por esa supuesta viralidad que no hace más que esconder la vacuidad de dichos artículos, que recuerdan a aquellos emails de hace 15 años llenos de presentaciones chuscas de Powerpoint. Desgraciadamente, parece que la tendencia va a ir a más. Para la desgracia de aquellos que intentamos currárnoslo, vaya.
Los has visto. Los hemos visto. Los has compartido. Te has reído, incluso. Con su colección de gifs estúpidos, gatos, situaciones con las que todos nos hemos identificado. Virales, ridículamente share-friendly, y no dejas de leerlos a pesar de que tu cerebro se encuentra al borde de la isquemia tras leerlos. Es formato de moda, que se inició gracias a publicaciones como Buzzfeed, que intentan imitar el flujo con el que se comparten chorradas en redes sociales.
Evidentemente, al genio que se le ocurrió esto habría que canonizarle, y lo digo totalmente en serio. Como al que creó MHyV, Gran Hermano, Adán y Eva, Quién quiere casarse con mi hijo, y demás shows televisivos de dudosa calidad humana, pero increíble rentabilidad. Y es que cada vez que tú, tonto a las tres, clicas en uno de esos “27 razones por las que es guay llegar a los 27" o “15 situaciones que a todos nos han ocurrido después de follar”, estás formando parte de un estupendo público al que venderle publicidad variada, y enriqueciendo enormemente a una empresa que no está contribuyendo, en absoluto, a que tú te informes, sino más bien todo lo contrario.
Sabiendo lo propensos que somos a clicar en esta clase de chorradas, el poder de la publicidad en internet les proporciona pingües beneficios a los creadores de estos portales. Viendo que son enormemente rentables las historias sobre “redes sociales”, al albur de medios como Buzzfeed, en España han surgido Cribeo (una copia casi tal cual de Buzzfeed, pero patrocinada por La Vanguardia) y Verne (bajo la dirección de Delia Rodríguez, una entendida en temas de memética en internet y el ¡oh! sorprendente mecenazgo de El País). Por no hablar de otras minoritarias en las que no nos vamos a entretener.
La calidad de sus publicaciones es lo de menos. Lo importante es ese formato, que se repite siempre. Si nos metemos ahora mismo en cualquiera de dichas publicaciones, vemos, a bote pronto: “27 lugares increíbles que tienes que ver antes de morir”. Sencillez de la información, total. 27 imágenes chorras, y no demasiado texto. El denominador común de esta clase de historias es simplemente esa forma de estructurar la información. Nadie sabe por qué, pero la convierte en extremadamente irresistible.
Son extremadamente fáciles de compartir en redes sociales (es más, casi te lo piden a gritos). Siempre contienen algún elemento emocional (la historia que cambió a un jubilado de Pennsylvania para siempre) y por supuesto, son extremadamente fáciles de leer. Nunca vas a encontrar un artículo que diga “15 razones por las que la mecánica cuántica se puede reconciliar con la teoría de la relatividad especial”.
¿Cuál es el problema? Pues es la evidente pérdida de calidad de los contenidos de internet, en beneficio de una exagerada llamada de atención. Mientras que algunos se desloman porque sus artículos se lean, una basura con gatitos, chorradas y topicazos obtiene miles de impresiones. Claramente, la publicidad no entiende de calidad sino de chorros. No importa que tu supercerebral artículo sobre Rafael Azcona sea posiblemente más pedagógico que el de los gatitos, pero este último se lee más.
El problema es que la mayor parte de publicaciones de referencia para jóvenes en internet, como Playground Mag, como Vice, están cayendo en dicho formato. No exactamente de la misma forma, pero se percibe que existe copia hasta la náusea de artículos ya publicados en otros medios estadounidenses, como por ejemplo Elite Daily. Son gente especializada en introducirse en grupos de tendencia en redes sociales, o percibir qué asuntos se clican y cuáles no, para crear contenidos altamente pinchables (y que les dan pingües beneficios, mientras que sus redactores cobran 5 euros por pieza o directamente, lo hacen por amor al arte).
¿Moraleja? Esta moda tiene que terminarse. Está perjudicando a miles de pequeños creadores que buscan calidad en sus contenidos. Todo por esa supuesta viralidad que no hace más que esconder la vacuidad de dichos artículos, que recuerdan a aquellos emails de hace 15 años llenos de presentaciones chuscas de Powerpoint. Desgraciadamente, parece que la tendencia va a ir a más. Para la desgracia de aquellos que intentamos currárnoslo, vaya.