Por: Luis Enrique Gavazut
Todo el mundo sabe qué es el monopolio. Es un mercado donde hay un solo vendedor u oferente. El monopsonio es un mercado donde hay un solo comprador o demandante. Cuando en lugar de un solo actor hay unos pocos que se reparten la mayor parte del mercado, se habla de oligopolio y oligopsonio, respectivamente.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela reserva al Estado el monopolio de la industria petrolera a través de PDVSA, quien no obstante puede conformar empresas mixtas, hacer concesiones y establecer otros arreglos o acuerdos según mejor considere a los más altos intereses estratégicos de la nación en materia petrolera.
Todos sabemos, porque lo hemos experimentado en carne propia, que gracias a ese monopolio estatal o derecho exclusivo de explotación, la renta petrolera nacional fluye hacia la sociedad en su conjunto, para bienestar colectivo.
Y también todos sabemos, porque igualmente lo hemos experimentado en carne propia, que por culpa del monopolio que de hecho ejerce el sector privado –aunque la Constitución lo prohíbe expresamente y la Ley Antimonopolio lo persigue– en el sector de los alimentos esenciales, el pueblo pasa muchas penurias para conseguir su sustento diario y debe pagar precios exorbitantes por la comida. Lo propio cabe decir de lo que sucede en el caso de los medicamentos, por culpa del monopolio que de hecho ejerce el sector privado en la industria farmacéutica.
En el siguiente cuadro se presenta un claro análisis que devela la situación oligopólica de los principales productos de marca del Grupo Polar, en sus correspondientes mercados. Incluso, en algunos rubros, como cerveza, malta, harina precocida de maíz y margarina, el elevado porcentaje de participación del Grupo Polar en el mercado configura claramente una situación de monopolio o tendencia al monopolio.
Cuadro 1. Grupo Polar / cuota (share) de mercado de algunos productos/marcas principales (julio 2009).
Fuente: datos tomados de SoftLine Ratings (2009): Resumen del Dictamen de Calificación de Riesgo para Emisión de Papeles Comerciales de Provencesa, S.A. Tomado de: Informe – Grupo de Empresas Polar. Ministerio del Poder Popular para el Comercio. 2014, octubre 15. p.13.
Por su parte, la situación reportada por el entonces Viceministerio de Comercio Interior del Ministerio del Poder Popular para el Comercio, para el 3 de octubre de 2014, es la siguiente:
Cuadro 2. Grupo Polar / cuota (share) de mercado de algunos productos/marcas principales (octubre 2014).
Fuente: adaptado de Viceministerio de Comercio Interior (2014): Ficha Técnica Empresas Polar, 3 de octubre de 2014. Ministerio del Poder Popular para el Comercio. Tomado de: Informe – Grupo de Empresas Polar. Ministerio del Poder Popular para el Comercio. 2014, octubre 15. pp. 14-15.
Resulta significativo y alarmante que en el lapso de cinco años comprendidos entre 2009 y 2014, la situación descrita evidencia una nítida tendencia a su profundización con rumbo franco hacia mercados totalmente monopolizados por el Grupo Polar o en situación de duopolio con respecto a su más inmediato competidor en cada mercado. Nótese, en particular las siguientes evoluciones:
Cuadro 3. Grupo Polar / Evolución de la cuota (share) de mercado de algunos productos/marcas principales 2009-2014.
Fuente: elaboración propia con datos tomados de SoftLine Ratings (2009) y Viceministerio de Comercio Interior (2014). Tomado de: Informe – Grupo de Empresas Polar. Ministerio del Poder Popular para el Comercio. 2014, octubre 15. p. 16.
Aun cuando en los rubros de maltas y refrescos el Grupo Polar retrocedió ligeramente entre 2009-2014, sigue manteniendo su condición de monopolio/oligopolio en ambos casos. No obstante, en los rubros de cervezas, mayonesa y salsa de tomate, ocurrió una profundización del índice de concentración de mercado del Grupo Polar en esos cinco años. Es previsible que esta tendencia se haya mantenido a lo largo de los tres últimos años, lo que colocaría los niveles de concentración de mercado del Grupo Polar muy cercanos al monopolio o cuasimonopolio en los momentos actuales.
A continuación se cita la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en materia de monopolio y oligopolio:
“Artículo 113. No se permitirán monopolios. Se declaran contrarios a los principios fundamentales de esta Constitución cualesquier acto, actividad, conducta o acuerdo de los y las particulares que tengan por objeto el establecimiento de un monopolio o que conduzcan, por sus efectos reales e independientemente de la voluntad de aquellos o aquellas, a su existencia, cualquiera que fuere la forma que adoptare en la realidad. También es contrario a dichos principios el abuso de la posición de dominio que un o una particular, un conjunto de ellos o de ellas, o una empresa o conjunto de empresas, adquiera o haya adquirido en un determinado mercado de bienes o de servicios, con independencia de la causa determinante de tal posición de dominio, así como cuando se trate de una demanda concentrada. En todos los casos antes indicados, el Estado adoptará las medidas que fueren necesarias para evitar los efectos nocivos y restrictivos del monopolio, del abuso de la posición de dominio y de las demandas concentradas, teniendo como finalidad la protección del público consumidor, de los productores y productoras y el aseguramiento de condiciones efectivas de competencia en la economía”. (Subrayado propio).
Por lo tanto, es evidente que el Grupo Polar prefigura el tipo legal nítido de un monopolio u oligopolio, al menos en sus principales productos de marca comercializados en el mercado venezolano.
Pero la perversión del sector privado no se agota en el monopolio. La otra cara de la moneda es el monopsonio, que en Venezuela ha sido muy poco estudiado, pero existe y ha demostrado ser extremadamente nocivo. Cuando una sola empresa o unas pocas empresas concentran todo el poder de compra de un bien o servicio estamos en presencia del monopsonio. En Venezuela se sabe que ese es precisamente el caso en la mayoría de los bienes importados, porque una sola empresa o un número reducido de ellas monopsonizan las importaciones, que en el caso de bienes para consumo intermedio (materias primas e insumos para la producción) suelen ser las mismas que ejercen el monopolio en cada sector de actividad. Esto hace de los monopolios transnacionales instalados en el país y los de gran capital nacional, agentes económicos de mucho más poder del que cabría imaginar, porque también ejercen simultáneamente el monopsonio en sus cadenas de suministros.
Tomando nuevamente al Grupo Polar, se sabe que el mismo ejerce el monopsonio en la compra de maíz, dejando por fuera de la posibilidad de abastecerse de esa materia prima a cualquier posible competidor. Los productores de maíz se ven forzados a venderle al monopsonista porque este impide que otros compradores potenciales tengan opción real dentro del mercado. Los productores agrícolas en Venezuela saben bien de lo que se está hablando aquí. Cuando el monopsonista desea obtener para sí toda la producción agrícola disponible en el mercado, coopta a los productores ofreciéndoles un precio que ningún otro comprador puede ofrecer, favoreciendo solo ilusoriamente a los productores, los cuales luego ven cómo ese mayor ingreso se convierte en sal y agua al tener que pagar el precio en los anaqueles que impone el monopolista en los productos de consumo final. Los casos del café y el cacao han sido ejemplos emblemáticos de estas perversiones monopsonistas terribles que ocurren en nuestro país. Es así, por mencionar solo un ejemplo, como la empresa procesadora de cacao del Estado, Oderí, ha sido anulada por los monopolios competidores del sector privado, que monopsonizan la compra de la materia prima (cacao) cooptando a los productores agrícolas mediante un mayor precio ilusorio, que luego trasladan al consumidor final, generando la inflación de los productos de chocolate en los anaqueles y dejando al competidor estatal sin materia prima.
Pero la tendencia al monopsonio perverso del sector privado no se agota en lo expuesto hasta aquí. En la comercialización de los productos finales también se observa. Las grandes cadenas de supermercados que operan en Venezuela de hecho constituyen un oligopsonio, es decir, concentran la práctica totalidad de la demanda de bienes destinados al consumo final de los hogares, utilizando su inmenso poder de compra para favorecer sus enormes ganancias especulativas. Por cierto, un actor principal en este oligopsonio es, nuevamente, el Grupo Polar, quien lo ejerce a través de la cadena de tiendas Makro, que son de su propiedad (dato poco conocido por el público venezolano).
Típicamente, un monopsonio comercial es perjudicial para los pequeños y medianos productores, porque el precio que paga el monopsonio por sus productos es muy bajo, llevándolos a la quiebra. En Venezuela ocurre un fenómeno diferente, porque resulta que los proveedores de los monopsonios comerciales no son pequeños y medianos productores, sino los propios monopolios manufactureros, tal como es el ya mencionado caso del Grupo Polar, quien ejerce el monopolio productivo (Alimentos Polar) y al mismo tiempo el monopsonio comercial (Makro). Así que lo que suele ocurrir en otras economías con los grandes monopsonios comerciales, que es una bajada de precios al consumidor final, en Venezuela ocurre justamente al contrario, una subida de precios que están totalmente a merced de la voluntad y las agallas especulativas del monopolista-monopsonista.
Un ejemplo muy conocido de monopsonio comercial gigantesco es la cadena de tiendas WalMart en Estados Unidos. WalMart tiene en nómina más de 2,1 millones de empleados en sus superficies minoristas; sin embargo, su tamaño efectivo es extraordinariamente mayor. Más de 6.000 fábricas chinas, con decenas de millones de empleados, trabajan, bajo contrato exclusivo, para llenar los kilómetros de estanterías de WalMart. En 2003, el 18% de todas las importaciones de Estados Unidos procedentes de China fueron a parar a WalMart. En la actualidad, estos niveles de concentración son previsiblemente mayores.
En Europa Noroccidental más de 70% de todos los alimentos solo pueden ser adquiridos en 4 o 5 grandes cadenas de supermercados. En Suecia, Irlanda y Dinamarca la cifra es superior en más del 80%. Europa del Este entre el 50 o 60%. En el sur de Europa el 30 o 40% (aunque España estaba ya en el 65,2% en 2006). La tendencia sigue siendo al alza. En todos los países de Europa la tendencia es hacia un puñado de grandes cadenas que venden los productos más cotidianos, y ampliando cada vez más la gama hacia otros productos, como la electrónica, ropa, productos farmacéuticos, juguetes, libros, banca, servicios financieros, seguros…
El equivalente de WalMart en el Reino Unido es la cadena de tiendas Tesco, y en Francia el gran monopsonista es Carrefour.
Ahora bien, y al igual que ocurre en el caso del monopolio, también el Estado puede ejercer el monopsonio. Casos naturales, por tratarse de actividades de interés público donde los beneficios son prácticamente imposibles de privatizar, son típicamente el mercado de armamento pesado y el mercado de obras públicas, en los que el Estado es el único comprador.
Pero también puede el Estado ejercer el monopsonio en sectores de actividad no naturales. Un ejemplo muy notable por sus efectos benéficos sobre la sociedad en su conjunto es el monopsonio ejercido por el Estado en Europa Occidental en el caso de la compra de productos farmacéuticos. En este caso, siendo el Estado el único comprador, puede sentarse de tú a tú con el monopolista y negociar el precio. Algunos expertos señalan que este es el factor decisivo que permite explicar por qué en Europa las mismas marcas de medicamentos transnacionales son mucho más baratas que en Estados Unidos. La razón es que en Europa los estados ejercen el monopsonio comprando la totalidad de la producción de medicamentos de marca en forma directa e indirecta a través del monopsonio de las pólizas de seguro médico en los programas de seguridad social. De hecho, esto es lo que se está sugiriendo que haga la Administración Trump en este momento, en lugar de eliminar los avances que en esa dirección adelantó la Administración Obama con su programa de salud pública Obama Care.
Yo he propuesto lo mismo para el caso de los rubros de consumo esencial en el hogar venezolano: que el Estado instrumente el monopsonio, convirtiéndose en el único comprador del 100% de toda la mercancía producida por los monopolistas. Por ejemplo, harina de maíz precocida. Esto implica que toda la producción de harina de Alimentos Polar, por mencionar el monopolista principal en este rubro, tendría obligatoriamente que ser vendida al Estado, quien se encargaría de su distribución a la población por su cuenta. De esta manera, ya Alimentos Polar no podría desviar la mercancía hacia el contrabando de extracción, el bachaqueo corporativo, el acaparamiento o la producción del mismo rubro con ligeras variantes para saltarse la regulación de precios. También se dificultaría muchísimo la sobrefacturación de importaciones o el desvío de las divisas asignadas para materia prima, porque el Estado tendría muy claro el cálculo de la relación volumen-valor de cada lote de producción.
La desviación de una mercancía (contrabando, acaparamiento, bachaqueo) es posible solo por el hecho de que la propiedad de la misma va pasando de manos de un eslabón de la cadena de distribución y comercialización al siguiente, dado que cada nuevo actor en la cadena compra la mercancía y por lo tanto pasa a ser su propietario o dueño legítimo (y de esta manera puede hacer con su mercancía lo que le venga en gana). Si el Estado es el único comprador posible, la desviación es imposible, excepto por corrupción, lo que ciertamente es un grave problema, pero de otro tipo.
Esta estrategia, junto con la GMAS y los CLAP, que conforman un sistema nacional de distribución programada, a diferencia de la distribución por demanda típica de la comercialización capitalista, podría configurar un poderoso músculo estatal-popular y cívico-militar para torcerle el pescuezo a los monopolistas y su guerra económica. Para que funcione, solo habría que ceñirse estrictamente al siguiente principio: ningún productor puede vender excepto al Estado y ningún consumidor puede comprar excepto a su CLAP (o cualquier otro agente de despacho al consumidor final, tanto social, como público o incluso privado). Es decir, las mercancías que entren dentro de este sistema, SALEN POR COMPLETO DEL MERCADO CAPITALISTA, ya no pueden comprarse en ninguna otra parte que no sea en el agente territorial de despacho al cual haya sido asignado cada uno de los hogares del país.
Esta propuesta, con lujo de detalles técnico-operativos, incluyendo cómo impedir la desviación por corrupción, está plasmada en mi artículo: “Estrategia para la Red Pública y Popular de Abastecimiento Protegido por el Estado”.
Otra ventaja importante de la adopción de un sistema como este, es que toda la responsabilidad por el abastecimiento de un determinado bien esencial para la población recae exclusivamente sobre el Estado, quien por ello mismo no puede camuflar sus propias ineficiencias, corruptelas y procesos burocráticos, echándole la culpa a nadie más. Esta es una forma en la que el Estado puede presionarse y obligarse a sí mismo a ser eficiente, probo y expedito en el abastecimiento de bienes esenciales que demanda la población. Es el método ancestral como los padres enseñan a sus hijos a nadar: lo lanzan al agua y el niño no tiene más alternativa que nadar, o si no se ahoga. A veces uno tiene que colocarse a sí mismo en una situación de todo o nada, para poder aprender, revolucionar y avanzar…
Todo el mundo sabe qué es el monopolio. Es un mercado donde hay un solo vendedor u oferente. El monopsonio es un mercado donde hay un solo comprador o demandante. Cuando en lugar de un solo actor hay unos pocos que se reparten la mayor parte del mercado, se habla de oligopolio y oligopsonio, respectivamente.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela reserva al Estado el monopolio de la industria petrolera a través de PDVSA, quien no obstante puede conformar empresas mixtas, hacer concesiones y establecer otros arreglos o acuerdos según mejor considere a los más altos intereses estratégicos de la nación en materia petrolera.
Todos sabemos, porque lo hemos experimentado en carne propia, que gracias a ese monopolio estatal o derecho exclusivo de explotación, la renta petrolera nacional fluye hacia la sociedad en su conjunto, para bienestar colectivo.
Y también todos sabemos, porque igualmente lo hemos experimentado en carne propia, que por culpa del monopolio que de hecho ejerce el sector privado –aunque la Constitución lo prohíbe expresamente y la Ley Antimonopolio lo persigue– en el sector de los alimentos esenciales, el pueblo pasa muchas penurias para conseguir su sustento diario y debe pagar precios exorbitantes por la comida. Lo propio cabe decir de lo que sucede en el caso de los medicamentos, por culpa del monopolio que de hecho ejerce el sector privado en la industria farmacéutica.
En el siguiente cuadro se presenta un claro análisis que devela la situación oligopólica de los principales productos de marca del Grupo Polar, en sus correspondientes mercados. Incluso, en algunos rubros, como cerveza, malta, harina precocida de maíz y margarina, el elevado porcentaje de participación del Grupo Polar en el mercado configura claramente una situación de monopolio o tendencia al monopolio.
Cuadro 1. Grupo Polar / cuota (share) de mercado de algunos productos/marcas principales (julio 2009).
Fuente: datos tomados de SoftLine Ratings (2009): Resumen del Dictamen de Calificación de Riesgo para Emisión de Papeles Comerciales de Provencesa, S.A. Tomado de: Informe – Grupo de Empresas Polar. Ministerio del Poder Popular para el Comercio. 2014, octubre 15. p.13.
Por su parte, la situación reportada por el entonces Viceministerio de Comercio Interior del Ministerio del Poder Popular para el Comercio, para el 3 de octubre de 2014, es la siguiente:
Cuadro 2. Grupo Polar / cuota (share) de mercado de algunos productos/marcas principales (octubre 2014).
Fuente: adaptado de Viceministerio de Comercio Interior (2014): Ficha Técnica Empresas Polar, 3 de octubre de 2014. Ministerio del Poder Popular para el Comercio. Tomado de: Informe – Grupo de Empresas Polar. Ministerio del Poder Popular para el Comercio. 2014, octubre 15. pp. 14-15.
Resulta significativo y alarmante que en el lapso de cinco años comprendidos entre 2009 y 2014, la situación descrita evidencia una nítida tendencia a su profundización con rumbo franco hacia mercados totalmente monopolizados por el Grupo Polar o en situación de duopolio con respecto a su más inmediato competidor en cada mercado. Nótese, en particular las siguientes evoluciones:
Cuadro 3. Grupo Polar / Evolución de la cuota (share) de mercado de algunos productos/marcas principales 2009-2014.
Fuente: elaboración propia con datos tomados de SoftLine Ratings (2009) y Viceministerio de Comercio Interior (2014). Tomado de: Informe – Grupo de Empresas Polar. Ministerio del Poder Popular para el Comercio. 2014, octubre 15. p. 16.
Aun cuando en los rubros de maltas y refrescos el Grupo Polar retrocedió ligeramente entre 2009-2014, sigue manteniendo su condición de monopolio/oligopolio en ambos casos. No obstante, en los rubros de cervezas, mayonesa y salsa de tomate, ocurrió una profundización del índice de concentración de mercado del Grupo Polar en esos cinco años. Es previsible que esta tendencia se haya mantenido a lo largo de los tres últimos años, lo que colocaría los niveles de concentración de mercado del Grupo Polar muy cercanos al monopolio o cuasimonopolio en los momentos actuales.
A continuación se cita la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en materia de monopolio y oligopolio:
“Artículo 113. No se permitirán monopolios. Se declaran contrarios a los principios fundamentales de esta Constitución cualesquier acto, actividad, conducta o acuerdo de los y las particulares que tengan por objeto el establecimiento de un monopolio o que conduzcan, por sus efectos reales e independientemente de la voluntad de aquellos o aquellas, a su existencia, cualquiera que fuere la forma que adoptare en la realidad. También es contrario a dichos principios el abuso de la posición de dominio que un o una particular, un conjunto de ellos o de ellas, o una empresa o conjunto de empresas, adquiera o haya adquirido en un determinado mercado de bienes o de servicios, con independencia de la causa determinante de tal posición de dominio, así como cuando se trate de una demanda concentrada. En todos los casos antes indicados, el Estado adoptará las medidas que fueren necesarias para evitar los efectos nocivos y restrictivos del monopolio, del abuso de la posición de dominio y de las demandas concentradas, teniendo como finalidad la protección del público consumidor, de los productores y productoras y el aseguramiento de condiciones efectivas de competencia en la economía”. (Subrayado propio).
Por lo tanto, es evidente que el Grupo Polar prefigura el tipo legal nítido de un monopolio u oligopolio, al menos en sus principales productos de marca comercializados en el mercado venezolano.
Pero la perversión del sector privado no se agota en el monopolio. La otra cara de la moneda es el monopsonio, que en Venezuela ha sido muy poco estudiado, pero existe y ha demostrado ser extremadamente nocivo. Cuando una sola empresa o unas pocas empresas concentran todo el poder de compra de un bien o servicio estamos en presencia del monopsonio. En Venezuela se sabe que ese es precisamente el caso en la mayoría de los bienes importados, porque una sola empresa o un número reducido de ellas monopsonizan las importaciones, que en el caso de bienes para consumo intermedio (materias primas e insumos para la producción) suelen ser las mismas que ejercen el monopolio en cada sector de actividad. Esto hace de los monopolios transnacionales instalados en el país y los de gran capital nacional, agentes económicos de mucho más poder del que cabría imaginar, porque también ejercen simultáneamente el monopsonio en sus cadenas de suministros.
Tomando nuevamente al Grupo Polar, se sabe que el mismo ejerce el monopsonio en la compra de maíz, dejando por fuera de la posibilidad de abastecerse de esa materia prima a cualquier posible competidor. Los productores de maíz se ven forzados a venderle al monopsonista porque este impide que otros compradores potenciales tengan opción real dentro del mercado. Los productores agrícolas en Venezuela saben bien de lo que se está hablando aquí. Cuando el monopsonista desea obtener para sí toda la producción agrícola disponible en el mercado, coopta a los productores ofreciéndoles un precio que ningún otro comprador puede ofrecer, favoreciendo solo ilusoriamente a los productores, los cuales luego ven cómo ese mayor ingreso se convierte en sal y agua al tener que pagar el precio en los anaqueles que impone el monopolista en los productos de consumo final. Los casos del café y el cacao han sido ejemplos emblemáticos de estas perversiones monopsonistas terribles que ocurren en nuestro país. Es así, por mencionar solo un ejemplo, como la empresa procesadora de cacao del Estado, Oderí, ha sido anulada por los monopolios competidores del sector privado, que monopsonizan la compra de la materia prima (cacao) cooptando a los productores agrícolas mediante un mayor precio ilusorio, que luego trasladan al consumidor final, generando la inflación de los productos de chocolate en los anaqueles y dejando al competidor estatal sin materia prima.
Pero la tendencia al monopsonio perverso del sector privado no se agota en lo expuesto hasta aquí. En la comercialización de los productos finales también se observa. Las grandes cadenas de supermercados que operan en Venezuela de hecho constituyen un oligopsonio, es decir, concentran la práctica totalidad de la demanda de bienes destinados al consumo final de los hogares, utilizando su inmenso poder de compra para favorecer sus enormes ganancias especulativas. Por cierto, un actor principal en este oligopsonio es, nuevamente, el Grupo Polar, quien lo ejerce a través de la cadena de tiendas Makro, que son de su propiedad (dato poco conocido por el público venezolano).
Típicamente, un monopsonio comercial es perjudicial para los pequeños y medianos productores, porque el precio que paga el monopsonio por sus productos es muy bajo, llevándolos a la quiebra. En Venezuela ocurre un fenómeno diferente, porque resulta que los proveedores de los monopsonios comerciales no son pequeños y medianos productores, sino los propios monopolios manufactureros, tal como es el ya mencionado caso del Grupo Polar, quien ejerce el monopolio productivo (Alimentos Polar) y al mismo tiempo el monopsonio comercial (Makro). Así que lo que suele ocurrir en otras economías con los grandes monopsonios comerciales, que es una bajada de precios al consumidor final, en Venezuela ocurre justamente al contrario, una subida de precios que están totalmente a merced de la voluntad y las agallas especulativas del monopolista-monopsonista.
Un ejemplo muy conocido de monopsonio comercial gigantesco es la cadena de tiendas WalMart en Estados Unidos. WalMart tiene en nómina más de 2,1 millones de empleados en sus superficies minoristas; sin embargo, su tamaño efectivo es extraordinariamente mayor. Más de 6.000 fábricas chinas, con decenas de millones de empleados, trabajan, bajo contrato exclusivo, para llenar los kilómetros de estanterías de WalMart. En 2003, el 18% de todas las importaciones de Estados Unidos procedentes de China fueron a parar a WalMart. En la actualidad, estos niveles de concentración son previsiblemente mayores.
En Europa Noroccidental más de 70% de todos los alimentos solo pueden ser adquiridos en 4 o 5 grandes cadenas de supermercados. En Suecia, Irlanda y Dinamarca la cifra es superior en más del 80%. Europa del Este entre el 50 o 60%. En el sur de Europa el 30 o 40% (aunque España estaba ya en el 65,2% en 2006). La tendencia sigue siendo al alza. En todos los países de Europa la tendencia es hacia un puñado de grandes cadenas que venden los productos más cotidianos, y ampliando cada vez más la gama hacia otros productos, como la electrónica, ropa, productos farmacéuticos, juguetes, libros, banca, servicios financieros, seguros…
El equivalente de WalMart en el Reino Unido es la cadena de tiendas Tesco, y en Francia el gran monopsonista es Carrefour.
Ahora bien, y al igual que ocurre en el caso del monopolio, también el Estado puede ejercer el monopsonio. Casos naturales, por tratarse de actividades de interés público donde los beneficios son prácticamente imposibles de privatizar, son típicamente el mercado de armamento pesado y el mercado de obras públicas, en los que el Estado es el único comprador.
Pero también puede el Estado ejercer el monopsonio en sectores de actividad no naturales. Un ejemplo muy notable por sus efectos benéficos sobre la sociedad en su conjunto es el monopsonio ejercido por el Estado en Europa Occidental en el caso de la compra de productos farmacéuticos. En este caso, siendo el Estado el único comprador, puede sentarse de tú a tú con el monopolista y negociar el precio. Algunos expertos señalan que este es el factor decisivo que permite explicar por qué en Europa las mismas marcas de medicamentos transnacionales son mucho más baratas que en Estados Unidos. La razón es que en Europa los estados ejercen el monopsonio comprando la totalidad de la producción de medicamentos de marca en forma directa e indirecta a través del monopsonio de las pólizas de seguro médico en los programas de seguridad social. De hecho, esto es lo que se está sugiriendo que haga la Administración Trump en este momento, en lugar de eliminar los avances que en esa dirección adelantó la Administración Obama con su programa de salud pública Obama Care.
Yo he propuesto lo mismo para el caso de los rubros de consumo esencial en el hogar venezolano: que el Estado instrumente el monopsonio, convirtiéndose en el único comprador del 100% de toda la mercancía producida por los monopolistas. Por ejemplo, harina de maíz precocida. Esto implica que toda la producción de harina de Alimentos Polar, por mencionar el monopolista principal en este rubro, tendría obligatoriamente que ser vendida al Estado, quien se encargaría de su distribución a la población por su cuenta. De esta manera, ya Alimentos Polar no podría desviar la mercancía hacia el contrabando de extracción, el bachaqueo corporativo, el acaparamiento o la producción del mismo rubro con ligeras variantes para saltarse la regulación de precios. También se dificultaría muchísimo la sobrefacturación de importaciones o el desvío de las divisas asignadas para materia prima, porque el Estado tendría muy claro el cálculo de la relación volumen-valor de cada lote de producción.
La desviación de una mercancía (contrabando, acaparamiento, bachaqueo) es posible solo por el hecho de que la propiedad de la misma va pasando de manos de un eslabón de la cadena de distribución y comercialización al siguiente, dado que cada nuevo actor en la cadena compra la mercancía y por lo tanto pasa a ser su propietario o dueño legítimo (y de esta manera puede hacer con su mercancía lo que le venga en gana). Si el Estado es el único comprador posible, la desviación es imposible, excepto por corrupción, lo que ciertamente es un grave problema, pero de otro tipo.
Esta estrategia, junto con la GMAS y los CLAP, que conforman un sistema nacional de distribución programada, a diferencia de la distribución por demanda típica de la comercialización capitalista, podría configurar un poderoso músculo estatal-popular y cívico-militar para torcerle el pescuezo a los monopolistas y su guerra económica. Para que funcione, solo habría que ceñirse estrictamente al siguiente principio: ningún productor puede vender excepto al Estado y ningún consumidor puede comprar excepto a su CLAP (o cualquier otro agente de despacho al consumidor final, tanto social, como público o incluso privado). Es decir, las mercancías que entren dentro de este sistema, SALEN POR COMPLETO DEL MERCADO CAPITALISTA, ya no pueden comprarse en ninguna otra parte que no sea en el agente territorial de despacho al cual haya sido asignado cada uno de los hogares del país.
Esta propuesta, con lujo de detalles técnico-operativos, incluyendo cómo impedir la desviación por corrupción, está plasmada en mi artículo: “Estrategia para la Red Pública y Popular de Abastecimiento Protegido por el Estado”.
Otra ventaja importante de la adopción de un sistema como este, es que toda la responsabilidad por el abastecimiento de un determinado bien esencial para la población recae exclusivamente sobre el Estado, quien por ello mismo no puede camuflar sus propias ineficiencias, corruptelas y procesos burocráticos, echándole la culpa a nadie más. Esta es una forma en la que el Estado puede presionarse y obligarse a sí mismo a ser eficiente, probo y expedito en el abastecimiento de bienes esenciales que demanda la población. Es el método ancestral como los padres enseñan a sus hijos a nadar: lo lanzan al agua y el niño no tiene más alternativa que nadar, o si no se ahoga. A veces uno tiene que colocarse a sí mismo en una situación de todo o nada, para poder aprender, revolucionar y avanzar…