En los Estados Unidos, al final de la II Guerra Mundial quedaban 511 campos (de un total de 666) que contenían sobre 425.000 prisioneros de guerra alemanes. Estaban localizados en todos los Estados, con la excepción de Nevada, Dakota del Norte y Vermont, pero preferentemente en los del Sur porque así se ahorraban la calefacción.
La red de 666 campos de prisioneros en los EE.UU. (En Canadá hubo 21)
En 1942, el Departamento de guerra estadounidense había decidido llevar a los Estados Unidos a sus prisioneros para destinar la totalidad de sus efectivos a zonas de combate. Influyeron muchos factores en esta decisión; la principal fue el economizar soldados. Para esa fecha se estaban recién iniciando las grandes operaciones en el Pacífico y los estrategas norteamericanos suponían que se iba a necesitar una gran dotación de soldados para combatir a los japoneses en los territorios que habían conquistado. Se tuvo además en consideración las advertencias de los jefes norteamericanos en zonas de combate que no querían distraer sus tropas ni escasos recursos en la custodia de prisioneros.
Para los prisioneros, el viaje a los campos fue una sorprendente presentación de los Estados Unidos; los barcos que transportaban a los prisioneros atracaron en varios puertos de la costa este y para llegar a los campos asignados la mayoría de los prisioneros tuvieron que recorrer grandes distancias en tren. Este viaje permitió a muchos ver por primera vez la opulenta abundancia estadounidense. Viajaban en vagones de pasajeros (en lugar de los vagones de carga que se utilizaban para transportar a las tropas del ejercito alemán en Europa) y se les servia café y sándwiches.
Desembarcando en un puerto norteamericano
Oficiales viajando en 1ª clase
En vez de ver ciudades destruidas por las bombas, algunos vieron los magníficos rascacielos de Nueva York y todos ellos luego las fértiles tierras de cultivo, los enormes bosques, las inmensas cantidades de ganado, las redes de carreteras, una exhibición a toda escala de la formidable riqueza de los Estados Unidos. Para unos pocos fanáticos nazis la experiencia fue tan increíble que dijeron a sus compañeros que no se dejaran engañar y que el viaje era un truco, una ilusión creada de algún modo en un estudio cinematográfico de Hollywood para impresionarlos.
Tomando la huellas a un prisionero
Respetando la Convención de Ginebra, el ejército, sin embargo, construyo los campos lo más económicamente posible: madera de pino, papel alquitranado y cemento para evitar la calefacción y ubico muchos en los estados del sur, donde el clima era demasiado caluroso para la mayoría de los europeos.
Un campo en el estado de Missisipi
El Campo Shelby
Lo que descubrieron los alemanes les sorprendió: barracas nuevas y limpias, hospitales con médicos, dentistas y la comida abundante. Un prisionero alemán escribió a su casa desde campo Trinidad en Colorado: "Después de todo lo que pasamos, estar aquí es como una cura de reposo".
Tomando una Coca–Cola, en Alemania durante la guerra se tomaba Fanta
Ese tratamiento indujo a la prensa y al Congreso a criticar al Departamento de Guerra por el trato con el enemigo, pero este defendió su política haciendo ver que la recompensa estratégica de tratar bien a los prisioneros tenía su fruto en los comentarios en las cartas que escribían a sus familias describiendo su cautividad. Estas se difundían entre las tropas alemanas e inducían a que muchos más se rindieran y así habría menos bajas norteamericanas. Con este argumento se convenció al Congreso. Y cuando un reportero de un servicio nacional de noticias manifestó después de un recorrido por los campos en 1944 que los prisioneros recibían solamente lo que exigía la Convención de Ginebra, la opinión pública empezó a cambiar.
Equipo de fútbol en 1944, Camp Shelby
El fútbol era el pasatiempo mas popular y los prisioneros organizaron una liga de fútbol y a poco a poco consiguieron que se les permitiera competir con los seleccionados de otros campamentos.
En Junio de 1943, ya dos millones de estadounidenses estaban sirviendo en el extranjero, como resultado, se produjo una escasez de mano de obra en sectores esenciales de la economía americana al tiempo que la población de prisioneros aumentaba. Los prisioneros empezaron a trabajar en bases militares, granjas, la elaboración de alimentos, explotaciones forestales y minería. A la mayoría de los estadounidenses no les gustaban los trabajadores prisioneros, pero cooperaban.
Un economato
Los prisioneros de guerra fueron alojados en barracas con capacidad para cincuenta hombres. Cada cinco barracas había un comedor con cocina, platos, cubiertos, y sobre todo muy buena comida. De hecho, la mayoría de la comida era preparada por los propios cocineros alemanes con ingredientes suministrados por el Ejército de los EE.UU. Un alemán escribió a su casa diciendo: "Aquí comemos mas en un solo día que allí durante toda la semana".
Comedor de Camp Shelby
Los campos estadounidenses para prisioneros de guerra alemanes e italianos eran incomparablemente mejores, en todos sus aspectos, que los campos de concentración destinados a sus propios compatriotas norteamericanos de origen japonés. Aparece como una contradicción absurda que miembros de fuerzas armadas enemigas, muchos de los cuales habían provocado en combate la muerte o graves heridas a soldados norteamericanos la estuvieran pasando mucho mejor que ciudadanos civiles norteamericanos, del todo inocentes y cuyo único pecado era el ser descendientes de japoneses.
En algunos campos se les permitió salir bajo custodia, como en Inglaterra, para asistir a algunos espectáculos, y así los alemanes, soldados de un país enemigo. Iban a lugares a los que americanos por el hecho de ser negros no podían entrar. Este hecho, especialmente evidente en los racistas estados sureños estadounidenses plantea una situación tan absurda y vergonzante para la opinión pública actual que se llega a poner en duda su veracidad. Pero así fue, un soldado enemigo alemán cuando salía a la calle tenía más puertas abiertas por el solo hecho de ser blanco que los guardias de color que custodiaban el campo donde ese mismo alemán era prisionero.
Viendo un documental sobre las atrocidades de los campos de concentración Nazis
En junio de 1945, los prisioneros alemanes fueron obligados a ver un documental sobre las atrocidades de los campos de concentración nazis, la mayoría no se creyeron que estas películas fueran autenticas y se autoconvencieron de que era sólo una maniobra propagandística para desacreditar al nacionalsocialismo y al gobierno de Hitler.[/align][/b]
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