InicioInfoEl asedio de Alesia!








Los galos posicionaron su caballería en una colina cercana a Bibracte, habían dividido la caballería en tres partes, dos a las dos alas, y el tercero de mayor entidad al frente para cortarles el paso. Enterado César dio también orden que su caballería en formara en tres partes, y ocultó una legión con auxiliares arqueros y honderos, esperando el ataque enemigo. Cuando los jinetes enemigos atacaron, los legionarios se dejaron ver, y con sus arqueros y honderos mataron a muchos de los galos, en el ala derecha la caballería germana se impuso en la derecha a la gala, y temiendo ser envueltos huyeron en desbandada al campamento de la infantería de Vercingetórix. Este, viendo la derrota de sus jinetes, decidió refugiarse en Alesia, esperando que pasara lo mismo que en Gergovia.




Asedio de Alexia 52 AC: los dos muros de circunvalación y contra circunvalación rodeaban la ciudad, se establecieron 7 campamentos (3 infantería y 4 de caballería), así como 23 fuertes o castellum.



La ciudad de Alexia se encontraba en una meseta de 47 hectáreas denominada monte Auxois que estaba a una altura de 407 m, cuyas paredes caían casi verticalmente hasta los 150 m, estaba bordeada por tres ríos (Oze, Ozerain y Brenne) y cuatro colinas o montes (Flavigni 420 m, Rea 385 m, Bussy 430 y Penevelle 405 m), sus murallas eran fuertes , las tropas galas acamparon junto a las murallas y habían escavado un foso y construido un muro de seis pies de altura delante del campamento.




Despliegue de fuerzas.



Cesar llegó a Alexia y vio las defensas de la ciudad, y decidió no podía asaltar el oppidum debido a la fortaleza de sus defensas y al elevado número de sus defensores, que eran 80.000 infantes y unos 15.000 jinetes más la población civil, el hambre y la sed forzarían rápidamente la rendición de los galos.

Comenzó inmediatamente la construcción de siete campamentos fortificados (4 de caballería y 3 de infantería), apoyados por 23 fuertes en los puntos clave, los construyó un muro de tres pasos (4 m) de altura con una longitud de 17 Km alrededor de Alexia para impedir la huida de los sitiados, a continuación los rodeó de dos fosos de 4,5 metros de ancho por 1 m de profundidad, el más cercano a la fortificación se llenó de agua procedente de los ríos cercanos, y todo esto lo hizo en tres semanas.




Llegionarios realizando trabajos de fortificación.




Trabajos de fortificación.




Muro de circunvalación con sus obstáculos.



Cesar contaba con 10 legiones (50.000 legionarios), 15.000 tropas auxiliares y 8.000 jinetes germánicos.

Vercingétorix para dificultar los trabajos, envió su toda poderosa caballería, Cesar mandó a las legiones para bloquear toda súbita irrupción de la infantería contraria, y con el resto atacó a la caballería gala, que comenzó a huir, los jinetes germanos los persiguen hasta las fortificaciones. Los galos se apretujaron delante de las puertas para entrar, César mandó avanzar las legiones, y Vercingetórix mandó cerrar las puertas, muchos quedaron fuera y fueron muertos y cogieron un buen número de caballos.

Tras dos semanas de trabajo, Vercingetórix, teniendo problemas para alimentar a los caballos y aprovechar antes de que se completase el cerco, ordenó despachar una noche parte de sus jinetes, ordenándoles al partir para que cada cual fuera a su patria y forzase a la guerra a todos los que tuvieren edad y acudiesen en su ayuda, dado que solo le quedaban víveres para 30 días. Todas las tropas acampadas delante de la fortaleza las metió dentro y se dispuso aguardar los refuerzos.




Jinetes galos abandonando la fortaleza de noche antes de que se completase el cerco para pedir ayuda.



César enterado por prisioneros y desertores de las intenciones del enemigo, previendo la llegada de tropas de refuerzo, mandó construir una segunda línea defensiva exterior protegiendo sus tropas. El nuevo perímetro era de 21 km, contaba con un muro situado encima de un terraplén y tres fosos con trampas entre ellos, con una torre de madera cada cierta distancia. Dentro del recinto estableció 3 campamentos de infantería y 4 de caballería que serían sus fuerzas de reacción. En total tuvieron que escavar cuatro millones de metros cúbicos de tierra en las trincheras.

Para entonces, las condiciones de vida en Alesia iban empeorando cada vez más. Con los 80.000 guerreros que aún quedaban, más la población local, había demasiada gente dentro de la fortaleza para tan escasa comida. A Vercingetórix le dieron los jefes galos atrincherados dos opciones para evitar la capitulación por hambre. Sacrificar los 10.000 caballos que aún tenían dentro o enviar a los civiles con los romanos. El caudillo galo optó por expulsar de la ciudad a los no combatientes, ya que esperaba usar a los animales en la batalla y así podría ahorrar las provisiones para los combatientes y forzar a los romanos a agotar las suyas en alimentarlos. Sin embargo, César ordenó que no se hiciese nada por esos civiles, y los ancianos, mujeres y niños se quedaron esperando a morir de hambre en la tierra de nadie entre las paredes de la ciudad y la circunvalación, ya que Vercingetórix se negó también a recibirlos de nuevo.

Se conoce el caso de un centurión que se había dejado llevar por sentimientos compasivos e intentó apoderarse de una hermosa joven poniéndola bajo su protección, con lo que enterado el procónsul, ya que contaba con una eficaz red de espías por todas partes, ordenó que lo azotaran y lo degradaran a la categoría de legionario raso que cuida las mulas de los pertechos, y a la joven bellísima gala, la hizo azotar igualmente, obligándola a que volviera con el resto de su gente para que continuara muriéndose de hambre.

Solo se abrieron las puertas de la fortaleza de Alesia, para que entraran los hambrientos niños, mujeres y ancianos adentro cuando vieron los refuerzos galos en el exterior.

Según Julio César, la asamblea de jefes reunidos antes de Alesia pidieron 240.000 efectivos y los contingentes asignados a cada tribu fueron


  • Héduos, segusiavos, ambivaretos, aulercos branovices y blanovios: 35.000 guerreros.
  • Arvernos: 35.000.
  • Eleutetos, cadurcos, gábalos, velavios, sécuanos, senones, bituriges, sántonos, rutenos y carnutes: 12.000.
  • Belóvacos: ofrecieron 10.000 (aunque al final sólo aportaron 2.000).
  • Lemovices: 10.000.
  • Pictones, incluyendo túronos, parisios y suesiones eleuterios: 32.000. Ambianos, mediomátricos, petrocorios, nervios, mórinos y nitióbroges: 35.000.
  • Aulercos cenómanos: 5.000.
  • Atrebates: 4.000.
  • Veliocases, lexovios y aulercos eburovices: 9.000.
  • Ráuracos y boyos: 30.000.
  • Arémoricos (coriosolites, redones, ambibarios, cáletes, osismos, vénetos y unelos): 6.000.




Tras varias semanas, hacia finales de septiembre, llegaron 8.000 jinetes y 240.000 infantes de refuerzo mandados por Comio rey de los atrebates, un aliado de Vercingetórix, también de origen arverno, ocuparon una colina denominada Mussy-la Fosse a unos 2 km de las fortificaciones y separada por la llanura de las Laumes. Vercingetorix al verlos ordenó que empezasen a rellenar los fosos interiores para atacar desde dentro.




Las fuerzas de auxilio haciendo señales a los sitiados con las carnix o trompetas verticales.



Al día siguiente Comio, salió del campamento y desplegó sus fuerzas en la llanura de Laumes, la caballería delante y la infantería detrás ocupando un frente de unos 5 km, posiblemente su intención era hacer una demostración de fuerza. Vercingétorix condujo a sus hombres hacia abajo desde Alesia y comenzó a rellenar tramo del para atacar la circunvalación. Cesar ordenó ocupar las trincheras y salir la caballería acompañados de infantería ligera. Ambas caballerías chocaron, y los galos fueron derrotados y perseguidos hasta su campamento.




Los galos asaltando un fuerte o castellum que albergaba una cohorte.



Los galos estuvieron un día sin atacar, decidieron utilizar su inmensa infantería para atacar a César. A media noche, avanzaron los 240.000 infantes de Comio hasta la muralla que guarnecían los 50.000 legionarios de César. Al llegar, hicieron ruido, para que los sitiados salieran de Alesia y atacaran en ese mismo punto. Esta vez iban equipados con fajinas para rellenar los fosos, escaleras de asalto, postes, planchas para pasar las zanjas, algunos llevaban lo César llamó ”musculi”, una especie de escudo pesado o pavés para protegerse de los proyectiles romanos. Sin embargo, César hábilmente hizo uso máximo de sus líneas internas, sus fortificaciones y la mayor formación y disciplina de sus hombres para compensar la superioridad numérica gala. que envió a sus hombres a la batalla. En la oscuridad brutal, se produjo una gran confusión sobre todo en los asaltantes y muchos cayeron por los proyectiles de sus compañeros (lo que actualmente se llama fuego amigo). Los romanos causaron estragos en las filas enemigas con sus escorpiones y las pila. Los galos consiguieron cegar los fosos y llegar hasta las empalizadas, comenzando su asalto, los legados Marco Antonio y Cayo Trebonio, que defendían sectores que no habían sido atacados, enviaron refuerzos a los sectores más comprometidos. La situación del ejército romano también era difícil, habían agotado sus proyectiles y defendían cuerpo a cuerpo el asalto galo. Al amanecer los galos decidieron retirarse después de haber cegado algunos fosos y asaltado la empalizada en algunas partes pero sin éxito.




Ataque nocturno galo. Se puede apreciar los galos protegiéndose con los musculi o escudos, llevan fajinas para cegar los fosos. Los romanos disparan sus escorpiones desde las torres.




Asalto nocturno galo. Se puede observar que los galos llevan tablones para cruzar los fosos, fajinas para cegar los fosos, escaleras de asedio para escalar los muros, los romanos disparan arcos y escorpiones desde las torres de observación, y lanzan las pila desde las empalizadas, algunos galos alcanzan el muro y luchan cuerpo a cuerpo.




Los galos tras el fracaso del asalto nocturno sin haber roto las líneas defensivas romanas, al amanecer se retiran.



Al día siguiente 2 de octubre, Comio dividió a su ejército en dos, para que uno atacara a la muralla romana por donde habían cegado la noche anterior, y el otro con 60.000 efectivos bajo el mando de Vercasivelauno marchó hacia una parte de la circunvalación que, por la naturaleza del terreno, los romanos no la habían podido fortificar conocida como el monte Rea, partió de noche y terminada su marcha cerca del amanecer, se ocultó tras del monte, y ordenó a los soldados que descansen, mientras que Vercingetórix saldría de la ciudad, obligando a Julio César a combatir, no solo quintuplicado en número, sino a hacerlo por ambos flancos.




Ataque final galo.



El monte Rea estaba guarnecido por dos legiones mandadas por los legados Cayo Antistio Regino y Cayo Caninio Rehilo, Vercasivelauno ordenó el asalto y consiguió incendiar la empalizada, comenzando el asalto de la misma. Los galos consiguieron entrar entre las dos líneas defensivas, Cesar ordenó a Lavieno que reforzara el sector por su lado y en caso necesario que hiciese un contraataque, Lavieno envió inmediatamente 4 cohortes el sector, y César por su parte envió primero al joven Bruto con 6 cohortes, y tras él al legado Fabio con otras 7 consiguiendo restablecer la situación, la lucha en el interior favorecía a los romanos al emplear mejor el cuerpo a cuerpo.

Los galos debido a su superioridad nmérica, consiguieron romper las las líneas de contracircunvalación y entrar entre las dos líneas, el propio Cesar finalmente acudió a la zona con 4 cohortes y animó a los suyos a seguir combatiendo.




Lucha cuerpo a cuerpo entre las empalizadas.




Lucha entre las empalizadas. Los galos rompen las defensas romanas combaten cuerpo a cuerpo entre las empalizadas, se ve la caballería gala tratando de romper la defensa romana.



Finalmente Lavieno con 11 cohortes de la zona no atacada contraatacó y ordenó al mismo tiempo al legado Marco Antonio que con la caballería (unos 6.000 jinetes) saliese del campamento por la parte que no estaba siendo atacada, y que atacase por la retaguardia a los galos de Vercasivelauno por retaguardia, quienes, al ver a Antonio y sus jinetes atacándoles por retaguardia, huyeron en desbandada, Vercasivelauno fue hacho prisionero, y se capturaron 74 estandartes. Los sitiados al ver la huida perdieron toda esperanza.




Contraataque de Lavieno con 11 cohortes y Marco Antonio con la caballería.




a caballería romana sale del muro por la parte no atacada.




Ataque final, los galos asaltando las empalizadas romanas se ve a Cesar animando a sus hombres y al fondo se ve a los jinetes germanos dirigidos por Marco Antonio atacando a los galos por retaguardia.



Las bajas de la batalla fueron 12.500 romanos entre muertos y heridos, los sitiadores sufrieron unos 60.000 muertos y 40.000 prisioneros.

El rey galo se dio cuenta de la inutilidad de la lucha, y de lo hambriento que estaba todo su pueblo encerrado en Alesia, ya presto a morir de hambre, y estuvo meditando sobre rendirse. Convocó a sus nobles, que les expuso que como rey de los galos tenían la opción de matarle allí mismo, o entregarse a César. Los nobles no quisieron matarle, por lo que el rey de los galos optó entregarse a César con la condición de que perdonara a su pueblo, pues el suicidio no era tradición de los galos, como lo había sido el de los hispanos sitiados en Numancia, por ejemplo, antes de rendirse y exponerse a ser rebajados como esclavos. El rey de los galos consideró que su pueblo debía de sobrevivir para poder alcanzar la independencia y liberación algún día. Vercingetorix procedió enviarle mensajeros a César para negociar su rendición.

La respuesta de César fue que se levantaría una gran trinchera en un lugar señalado del anillo interior romano, donde debían cruzar en primer lo que quedaba de los 80.000 infantes y 10.000 jinetes de Vercingetorix, llevarían allí todas sus armas y armaduras, para arrojarlas ahí en aquel gigantesco hoyo, y se pondrían a un lado para recibir un poco de alimento y de paso organizarlos para enviarlos al mercado de esclavos de Marsella.

A continuación el resto de los civiles de Alesia, reservándose las mujeres galas más hermosas para regalárselas como esclavas a sus mejores legionarios, y con cuyo botín obtenido del mercado de esclavos, repartir importantes primas en recompensa a todos sus legionarios, ya que preveía que iba a necesitar en el futuro para otras guerras y batallas; y en último lugar lo que quedaba de los nobles y el propio príncipe Vercingetórix. Y eso debería de hacerse nada más empezara el alba. Se hizo construir un estrado de poco más de medio metro de alto, donde recibiría la rendición de Vercingetorix, y como Roma aceptaba la rendición, oficialmente le recibiría con la toga consular, símbolo de su imperium, en vez de con su armadura de oro guerrera. El rey de los galos fue el último en salir de Alesia, y ataviado con sus mejores galas guerreras, se acercó ala silla curul de César, bajó de su caballo, empezó a quitarse su corona, sus armaduras y sus armas, y las arrojó al suelo, diciendo con ademán orgulloso: ”Me has vencido, César, pido clemencia para mi pueblo”. ”La tendrás, príncipe Vercingetorix”, le respondió César. Acto seguido un funcionario romano se acercó al rey de los galos, para que firmara el documento de la rendición, y hecho esto, los generales que estaban a ambos lados del estrado, y los legionarios de atrás y desde el resto de la muralla del anillo romano, lanzaron vítores y vivas a César, por lo que consideraban el fin de la guerra de las Galias. El rey de los galos empezó a arrodillarse al suelo ante el vencedor, en señal de sumisión, y César se levantó de su silla curul para acercarse y ofreciendo su brazo al humillado rey galo para ayudarle a levantarse. ”Has luchado como has podido, y eso te honra, espero que esta vez hayas aprendido que no es nada bueno desafiar a Roma” le dijo César.




Rendición de Vercingétorix. El caudillo galo arrojando sus armas a los pies de Julio César por Lionel Noel Royer (1.899). Museo Crozatier, en Le Puy-en-Velay.



Se le comunicó que inmediatamente se le llevaría prisionero a Roma, con buen trato y en buenas condiciones alojado como rehén, para estar disponible en el día del desfile triunfal. Después del desfile se le daría una muerte limpia y rápida en la cárcel de Tullianum.

Poco después los héduos y arvernos enviaron embajadas para someterse. Les ordenó entregar un gran número de rehenes y les restituyó cerca de 20.000 prisioneros.

Envió las legiones a cuarteles de invierno. A Tito Labieno mandó ir con dos legiones y caballería al país de los secuanos; a Cayo Fabio y a Lucio Minucio Basilo al país de los remos, para defenderlos de los belovacos; a Cayo Antistio Regino al país de los ambivaretos con una legión; a Tito Sestio al país de los bitúrigos con una legión; a Cayo Caninio Rebilo al país los rodenses con una legión. A Quinto Tulio Cicerón y a Publio Sulpicio los acuarteló el país de los héduos, para el acopio y distribución del trigo. Cesar determinó pasar el invierno en Bilbracte.

El Senado Romano, manipulado por Catón y Pompeyo, declaró 20 días de acción de gracias (supplicatio) por esta victoria, pero denegó el honor a César de celebrar un triunfo, incrementando la tensión política.







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