El último año se tomaron 4 litros menos de leche por persona. También cayeron yogures y quesos. Lo atribuyen a que se encarecieron 39%.
Con su poder adquisitivo muy deteriorado por la inflación, las familias argentinas recortaron gastos, y no sólo "gustitos" superfluos. Para que la plata alcance, millones de hogares debieron resignar incluso las compras de lácteos, alimentos esenciales de una dieta saludable. Y los limitaron con una intensidad que sólo encuentra antecedentes cercanos en la megacrisis de 2002 y 2003.
Estadísticas recientes del Ministerio de Agroindustria muestran que en 2016 el consumo de los principales lácteos sufrió un desplome récord, comenzando por el de leche líquida. Según los datos oficiales, cada argentino tomó cuatro litros menos de leche que un año antes, con una caída del 9,2%. La ingesta por persona se redujo así a 40,1 litros anuales -unos 101 mililitros diarios, menos de media taza-, el nivel más bajo desde 2003.
Mientras que en leche en polvo, la demanda se derrumbó un 45,2% interanual. Pasó a sólo 1,6 kilos por habitante, la marca más baja de todo el siglo. Hace 10 años, por ejemplo, se habían adquirido 4,43 kilos, casi el triple.
También en yogures hubo récords: con una caída anual del 9,4%, se compraron en 2016 menos de 10 kilos por persona, algo que no pasaba desde 2004. El consumo general de quesos, en tanto, bajó al mínimo de los últimos cinco años (11,92 kilos anuales per cápita), con una caída del 10% en los blandos, los más populares. Y en dulce de leche se perforó el piso de 3 kilos por habitante, algo que no se veía desde 2006.
La principal razón de la caída del consumo está en que los precios aumentaron mucho, en parte porque cayó fuertemente la producción de leche. Y eso justo en un año recesivo donde el salario real se deterioró", explicó David Miazzo, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina.
El retroceso de los lácteos en la mesa preocupa a los expertos en Nutrición. Ya en 2015, el Centro de Estudios sobre Política y Economía de la Alimentación (CEPEA) había calculado que el argentino promedio consumía un 43% menos de leche y derivados que lo ideal para cubrir su necesidad de calcio y otros nutrientes clave. Esa brecha, ahora, se habría ampliado.
"La inflación en alimentos y el deterioro de la situación social profundizaron una tendencia que ya no venía bien", sostuvo Sergio Britos, director del CEPEA, quien se refiere al calcio como "el nutriente de mayor deficiencia en la dieta". "Sacando a los menores de 4 años -detalló-, el 60% de la población no consume suficiente calcio. La falta de lácteos afecta la salud nutricional de chicos en edad escolar, mujeres y personas mayores, en ese orden.
Con su poder adquisitivo muy deteriorado por la inflación, las familias argentinas recortaron gastos, y no sólo "gustitos" superfluos. Para que la plata alcance, millones de hogares debieron resignar incluso las compras de lácteos, alimentos esenciales de una dieta saludable. Y los limitaron con una intensidad que sólo encuentra antecedentes cercanos en la megacrisis de 2002 y 2003.
Estadísticas recientes del Ministerio de Agroindustria muestran que en 2016 el consumo de los principales lácteos sufrió un desplome récord, comenzando por el de leche líquida. Según los datos oficiales, cada argentino tomó cuatro litros menos de leche que un año antes, con una caída del 9,2%. La ingesta por persona se redujo así a 40,1 litros anuales -unos 101 mililitros diarios, menos de media taza-, el nivel más bajo desde 2003.
Mientras que en leche en polvo, la demanda se derrumbó un 45,2% interanual. Pasó a sólo 1,6 kilos por habitante, la marca más baja de todo el siglo. Hace 10 años, por ejemplo, se habían adquirido 4,43 kilos, casi el triple.
También en yogures hubo récords: con una caída anual del 9,4%, se compraron en 2016 menos de 10 kilos por persona, algo que no pasaba desde 2004. El consumo general de quesos, en tanto, bajó al mínimo de los últimos cinco años (11,92 kilos anuales per cápita), con una caída del 10% en los blandos, los más populares. Y en dulce de leche se perforó el piso de 3 kilos por habitante, algo que no se veía desde 2006.
La principal razón de la caída del consumo está en que los precios aumentaron mucho, en parte porque cayó fuertemente la producción de leche. Y eso justo en un año recesivo donde el salario real se deterioró", explicó David Miazzo, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina.
El retroceso de los lácteos en la mesa preocupa a los expertos en Nutrición. Ya en 2015, el Centro de Estudios sobre Política y Economía de la Alimentación (CEPEA) había calculado que el argentino promedio consumía un 43% menos de leche y derivados que lo ideal para cubrir su necesidad de calcio y otros nutrientes clave. Esa brecha, ahora, se habría ampliado.
"La inflación en alimentos y el deterioro de la situación social profundizaron una tendencia que ya no venía bien", sostuvo Sergio Britos, director del CEPEA, quien se refiere al calcio como "el nutriente de mayor deficiencia en la dieta". "Sacando a los menores de 4 años -detalló-, el 60% de la población no consume suficiente calcio. La falta de lácteos afecta la salud nutricional de chicos en edad escolar, mujeres y personas mayores, en ese orden.