La Guerra Social, también conocida como Guerra Mársica, fue un conflicto armado entre la República Romana y sus aliados italianos, que deseaban que se les concediera la ciudadanía romana.
Antecedentes:
El origen de las causas de la guerra social hay que buscarlo en el período de los hermanos Graco, que habían nacido en el seno de una de las familias más importantes de Roma, nietos por parte de madre del mismísimo Escipión ”el Africano”, e hijos de Tiberio Sempronio Graco, que ostentó el consulado en dos ocasiones. El mayor Tiberio, se presentó al cargo de tribuno de la plebe en el año 134 AC. Una vez elegido presento una propuesta de reforma agraria que pretendía asegurar el tamaño de tierra cultivable por cada persona a 500 yugadas (250 ha), más 250 yugadas por hijo con un límite máximo de 1.000. La tierra sobrante se dividiría en parcelas de 20 acres iguales para distribuirse entre los ciudadanos sin recursos ni propiedades por la cual pagarían un arrendamiento casi simbólico al estado.
Cuando parecía que la propuesta iba a salir adelante, apoyada por el pueblo, el otro tribuno de la plebe, Marco Octavio, presionado por el senado y por su propia codicia, vetó la iniciativa. Tiberio quedó profundamente consternado pues Octavio era amigo íntimo suyo. Decidido a evitar un nuevo veto, Tiberio decidió expulsar a Octavio del tribunado alegando que un tribuno de la plebe tenía el deber sagrado de proteger al pueblo y los actos de este iban en contra de dicho deber, Tiberio intentó dar comienzo a la asamblea, pero los ánimos estaban tan caldeados que se inició una pelea generalizada entre los partidarios de uno y otro bando. Entre el tumulto, las cuchilladas y garrotazos se sucedían sin control, Tiberio temiendo por su vida intento huir sin éxito y fue muerto de una paliza con palos y varas de diversa índole. Se le negó la sepultura y las exequias pertinentes, y su cuerpo fue arrojado al Tiber con el resto de sus seguidores.
Cayo siguió el camino de su hermano y su siguiente ley contemplaba llevar a juicio a los magistrados que hubieran ejecutado a algún ciudadano sin juicio previo y sin oportunidad de defenderse ante el pueblo, precisamente lo que le había ocurrido a su hermano Tiberio, y siguió adelante con la ley agraria que era muy similar a la de Tiberio, la tierra cultivable de dividía en 500 yugadas por persona, más 200 por hijo hasta un límite de 1.000, la tierra sobrante se dividiría a partes iguales y sería entregada a los pobres para que trabajaran y vivieran de ella. No terminaba un proyecto cuando se enfrascaba en otro: reparación y construcción de calzadas y graneros, fundación de colonias en las provincias, etc. La plebe y los aliados itálicos estaban encantados con él, tanto, que cuando se acercaba la fecha de las nuevas elecciones fue el propio pueblo quien llevó en volandas a Cayo para que saliera elegido de nuevo tribuno.
El senado aprovechó la situación para otorgar poderes especiales a los cónsules y derogar la práctica totalidad de las leyes que se habían aprobado bajo el tribunado de Cayo Graco. La plebe se enfadó y mató a un lictor del cónsul, haciendo responsable a Graco. Opimio al mando del Senado, envió varios cientos de esclavos y una unidad de arqueros cretenses mercenarios para atacar la colina Aventino donde estaba Graco, este huyo pero fue asesinado en un bosque.
Muerte de Cayo Sempronio Graco. Autor François Topino-Lebrun (1.798). Museo de Bellas Artes de Marsella.
Los optimates habían conseguido una victoria, pero la república ya no fue la misma nunca más. la división de la clase senatorial era cada vez más profunda. Los Graco fueron la bandera que portarían los populares enemigos de los optimates, que se enfrentaron continuamente, quizás con los Graco por un pensamiento ideológico diferente, pero después declinó en un juego de influencias para sacar un provecho personal.
En el año 100 AC, fue elegido tribuno L. Apuleyo Saturnino, individuo con ganas de dar guerra. Su primera iniciativa, fue una nueva ley frumentaria con la que pretendía rebajar notablemente el precio del trigo, esta ley fracasó. Contraatacó después con una ley agraria para repartir lotes de tierra itálica entre los veteranos de Cayo Mario y fundar algunas colonias fuera de Italia, que sí fructificaría pese a las fuertes protestas de parte del senado.
Una ley posterior se inmiscuirá incluso en asuntos del gobierno de las provincias asiáticas, asunto hasta entonces competencia exclusiva del senado.
Al año siguiente, las crecientes tensiones entre parte de la oligarquía (optimates) y los partidarios de Saturnino terminaron conduciendo a violentos tumultos en la propia Roma. Mario no dudó a la hora de ganarse el favor de la oligarquía armando a algunas de sus tropas y persiguiendo y cercando a Saturnino y sus partidarios en el Capitolio. Saturnino decidió rendirse ante la promesa de que se le perdonaría la vida; promesa que no se cumplió pues una multitud anónima lo linchó hasta matarlo pocas horas después, sin que Mario hiciese nada por evitarlo.
La insurrección y la respuesta romana:
A principios del siglo I AC, Italia no estaba unificada bajo un mismo gobierno como en época del principado, sino que existía una confederación liderada por Roma. El senado concedía autonomía interna a sus componentes a cambio de impuestos, tributos y hombres para engrosar el ejército romano.
La sociedad romana estaba estructurada en ciudadanos y no ciudadanos (libertos y esclavos). Ser ciudadano (civis romanus) es un privilegio. Es ciudadano cualquier hombre libre, patricio o plebeyo, nacido de un padre ciudadano y tiene el derecho de ciudadanía (ius civitates). Los hay de dos clases:
- El romano, que es un ciudadano completo (civis optimo iure), luego disfruta del derecho completo de ciudadanía.
- Los que reciben ese derecho de ciudadanía por etapas (civis minuto iure)
Muchas de estas ciudades itálicas llevaban siglos federadas y habían sufrido las mismas derrotas que Roma frente a Aníbal, sin embargo muchas de ellas se mantuvieron fieles, a pesar de ello, su subordinación política era total y todavía carecían de la ciudadanía romana. Leyes como la ley Licinia Mucia aprobada en el año 95 AC, que eliminaba de las listas de ciudadanos a aquellos de los que se sospechara de haber conseguido la ciudadanía de manera fraudulenta, no ayudaba a rebajar la tensión.
Aliados de Roma y colonias latinas en el 100 AC. Se puede observar las vías de comunicación de la época
Los populares, abogaban por concedérsela, ya que en la práctica tenían las mismas obligaciones pero no así en los beneficios. Paradójicamente el personaje que intercedería por ellos como tribuno de la plebe en el 92 AC sería Livio Druso, hijo del antagonista de Cayo Graco. Druso intentó impulsar una reforma agraria aún más profunda que la de los Graco, por supuesto a los optimates o patricios de rancio abolengo que engrosaban las filas no les hacía ninguna gracia, como terratenientes que eran no estaban dispuestos a perder beneficios por gente que no era romana. Para conseguir el apoyo de los plebeyos, presentó una ley agraria más radical que la de los Gracos, pero la política romana estaba viciada por una contradicción profunda. Druso ofreció un acuerdo secreto a los aliados italianos, prometiendo la ciudadanía romana para todos, a cambio de que corrieran con los gastos de la nueva distribución de tierras. Sin embargo, se opusieron los terratenientes, que no querían perder sus tierras, y también la plebe, que no querían ver igualados sus derechos por los itálicos. La solución fue la estándar en estos casos, Druso fue asesinado en su propia casa por un desconocido en el 91 AC.
Este delito, sin embargo, no consiguió detener un proceso ya comenzado. Fue simplemente una señal de la rigidez de Roma, que no quería hacer ninguna concesión, pero no acalló la protesta que desembocó en la llamada Guerra Social.
En 91 AC los sublevados se prepararon a conciencia. Nada más conocerse la muerte de Druso realizaron un intercambio de rehenes entre las diversas ciudades para asegurarse de que todos se unirían a la revuelta una vez se iniciasen las hostilidades entre los rebeldes estaban los marsos, pelignos, picenos, marucinos, frentanios, vestinos, apulios, lucanos, campanios y samnitas crearon una república, basada en el ejemplo de la romana, y eligieron como capital Corfinio, rebautizada como Itálica. Etruscos y umbros permanecieron fieles a Roma, así como Venosa, Nola, Nocera, Nápoles, Reggio y casi todas las colonias latinas. A la semejanza romana nombraron dos cónsules, Pompedio Silón y Papio Mutilo, formaron un senado compuesto de 500 miembros y 12 generales al modo de pretores representando a cada una de las comunidades sublevadas y reunieron un ejército de casi 100.000 hombres.
Situación al comienzo de la Guerra Social.
Asesinaron en Ásculum (Ásculo) al pretor Servio, que había sido enviado como legado y, cerrando inmediatamente las puertas de la ciudad, condenaron a muerte y degollaron a todos los ciudadanos romanos. Los itálicos se dividieron en dos grupos:
Grupo marso o septemtrional: marsos, pelignos, vestinos, marrucinos, picentinos y frentanos.
Grupo samnita o meridional: hirpinos, pompeyanos, venusios, yapiges, lucanios y samnitas.
Lo inesperado de la insurrección cogió a Roma desprevenida, pero el senado romano respondió con un ejército formado por 14 legiones a toda prisa y lo puso a las órdenes de los dos cónsules electos, Publio Rutilio Lupo y Lucio Julio César (el padre de Cayo Julio Cesar). También se enviaron a los mejores hombres del momento como legados de los cónsules: a Rutilio se le asignó a Cneo Pompeyo, (padre de Pompeyo Magno), Quinto Cepión, Cayo Perpenna, Cayo Mario y Valerio Mésala. A Sexto César se le asignó Publio Léntulo, hermano del propio César, Tito Didio, Licinio Craso, Cornelio Sila y Marcelo. El cónsul Rutilio se encargaría del frente marso mientras que a su colega, Lucio Julio César, le correspondía el frente samnita.
Frente Marso o Septentrional 90 AC:
El objetivo romano era aislar Asculum, centro de la sublevación, para evitar alentar a los rebeldes del resto de territorios. Dicho cometido quedó reservado al legado Pompeyo Estrabón, mientras que Cayo Mario, Servilio Cepión y el mismo cónsul Publio Rutilio Lupo, se movieron en abanico, de norte a sur, para impedir el avance marso hacia la región más septentrional, evitando así el contacto de los rebeldes con Etruria e impedir la posibilidad de crear otro frente.
Frente Marso o Septentrional 90 y 89 AC. Marco de la Guerra Social Romana.
Batalla del Monte Falerno:
En algún momento los pretores itálicos Vidacilio, Tito Lafrenío y Publio Ventidio, que mandaban los contingentes de picenos, vestinos y marsos respectivamente, unieron sus fuerzas, derrotaron a Cneo Pompeyo cerca del monte Falerno y lo persiguieron hasta la ciudad de Firmo o Firmun. Mientras sus compañeros se encaminaron hacia otros lugares, Lafrenio puso cerco a Pompeyo que estaba encerrado en Firmo.
Batalla del río Toleno (Turano)
Mario, al darse cuenta de que los romanos estaban siendo superados por la veteranía de los rebeldes, apuntaba continuamente al cónsul Rutilio que sería útil la dilación de la guerra y la conveniencia de que los soldados bisoños fuesen poco a poco adiestrados en los cuarteles, pero Rutilio no le hizo caso.
Mario siguió insistiendo, pero Rutilio seguía negándose: “no le hizo caso porque pensaba que hacía esto con segundas intenciones“, ya que sospechaba que Mario albergaba la esperanza de ser nombrado cónsul por séptima vez.
Vetio Escatón, una vez derrotado el cónsul Lucio Julio César, se había apoderado de la ciudad de Esernia, abriendo de este modo las vías terrestres con el frente marso. El cónsul Publio Rutilio Lupo y Cayo Mario tendieron dos puentes sobre el río Toleno, a poca distancia uno de otro, para atravesarlo. Vetio Escatón acampó frente a ambos, más cerca del puente de Mario, y puso, durante la noche, sin ser visto, emboscó algunas tropas cerca del puente de Rutilio.
“Al amanecer, después de permitir que Rutilio lo atravesara, sacó a las tropas emboscadas y mató a muchos soldados en tierra firme y a otros muchos los arrojó desde el puente al río. El mismo Rutilio, herido en la cabeza por un dardo en el transcurso de la lucha, murió poco después. Mario, que estaba sobre el otro puente, conjeturando lo ocurrido por los cuerpos que arrastraba la corriente, hizo retroceder a las fuerzas que tenía ante sí y atravesando la corriente se apoderó del campamento de Escatón, que estaba custodiado por escasas tropas; por consiguiente, Escatón tuvo que pasar la noche allí mismo donde había obtenido la victoria, y al amanecer se retiró falto de provisiones. Los cadáveres de Rutilio y de muchos otros nobles fueron enviados a Roma para su entierro. El cónsul y tantos otros compañeros muertos ofrecían un triste espectáculo, y por este motivo hubo un duelo que duró muchos días. Y, desde entonces, el senado decretó que los que murieran en la guerra fueran enterrados en el mismo lugar en el que habían muerto para que los restantes no se abstuviesen de la milicia impresionados por el espectáculo de los muertos. Y los enemigos, al enterarse, tomaron la misma decisión para sí mismos“. Apiano
Orosio habla de 8.000 muertos romanos, quizás sea una exageración debido a la rápida reacción de Mario.
El senado decretó que no hubiera un sucesor para Rutilio Lupo, asignando los restos del ejército de Rutilio a Cayo Mario y a Quinto Cepión.
Batalla sin nombre sobre los marsos:
Hubo una batalla en la que pereció Quinto Cepión, no se dispone datos de la misma, “Quinto Cepión , legado de Rutilio, estando sitiado hizo una afortunada salida contra los enemigos, y como, debido a este éxito, se le dio un mando equivalente al de Cayo Mario, se volvió temerario, fue envuelto en una emboscada y cayó con la derrota de su ejército“. Periochae.
Apiano lo narra con más detalle: “Quinto Popedio, el general que se oponía a Cepión, se pasó a éste como si fuera un desertor y le dio como rehenes a dos niños esclavos que llevaba consigo, revestidos con una túnica de bordes teñidos de color púrpura, como si se trataran de sus propios hijos. En prueba de mayor garantía llevaba, además, unos panes de plomo recubiertos de oro y plata. Solicitó que Cepión le siguiera a toda prisa con el ejército a fin de apoderarse de su propio campamento, mientras estaba huérfano de un jefe. Y Cepión, plenamente convencido, le siguió. Cuando Popedio estuvo cerca de la emboscada que había preparado, corrió hacia una colina como para vigilar a los enemigos y les dio la señal a sus hombres. Estos salieron de su escondite y mataron a Cepión junto con muchos de los suyos. Y el senado asignó a Mario el resto del ejército de Cepión“.
Mario ahora como comandante de las fuerzas del frente Marso, parece ser que dejando a un lado sus diferencias unieron sus fuerzas en algún lugar contra los marsos, y los derrotaron según Apiano.
“Tras derrotar Cornelio Sila y Cayo Mario a los marsos, que les habían atacado, los persiguieron con tesón hasta el pie de los muros que protegían sus viñedos. Los marsos escalaron con dificultad los muros, y ni a Mario ni a Sila les pareció oportuno perseguirlos más allá. Sin embargo, Cornelio Sila, que estaba acampado hacia el otro lado de los viñedos, al darse cuenta de lo que ocurría, salió al encuentro de los marsos, que trataban de huir, y mató a gran número de ellos; hasta el punto de que en aquel día murieron más de 6.000 y fueron aprehendidas por los romanos un número de armas mayor aún.
Los marsos, furiosos como bestias salvajes por esta derrota, se armaron de nuevo y se prepararon para atacar a los romanos, que no se atrevían a tomar la iniciativa en el ataque ni a comenzar la batalla. Y es que se trataba de un pueblo muy belicoso, y dicen que sólo en virtud de este desastre se había obtenido un triunfo sobre ellos. Existía hasta aquel entonces un dicho de que no había triunfo sobre los marsos ni sin los marsos”.
Según Osorio situa a Sila en otro lugar: “Mario eliminó a 6.000 marsos y despojó de sus armas a 7.000. Sila, enviado con 24 cohortes a Esernia, donde los ciudadanos y soldados romanos estaban retenidos en angustioso asedio, salvó, en un gran combate y con grandes pérdidas por parte de los enemigos, a la ciudad y a los aliados“.
En las Periochae, la caída de Esernia y la victoria de Mario aparecen emparejadas: “Y, para que la suerte de la guerra fuese cambiante, la colonia de Esernia cayó, junto con Marco Marcelo, en poder de los samnitas, pero Caio Mario, por su parte, derrotó a los marsos en una batalla en la que resultó muerto Hierio Asinio, pretor de los marrucinos“.
Guerra Social Romana. Se enfrentaron las fuerzas de Roma contra las fuerzas de sus socios, ambos emplearon el mismo armamento, las mismas tácticas y tenían una instrucción similar. Las bajas fueron numerosas en ambos bandos.
Batalla de Firmo o Firmun:
Pompeyo Estrabón, estaba siendo asediado en la ciudad de Firmo por el marso Tito Lafrenio, había conseguido armar a sus tropas, pero no se atrevió a entablar combate. Sexto Julio Cesar (el hermano del cónsul) fue hacia el norte con refuerzos a la ciudad de Firmo. Cuando Pompeyo tuvo constancia de la llegada de Sexto César, hizo dos salidas desde Firmo, una bajo el mando de Sulpicio para que diera un rodeo y se situase detrás de Lafrenio, y otra dirigida por él en persona atacaría de frente. Una vez trabado el combate, ambos ejércitos pasaron dificultades, pero Sulpicio prendió fuego al campamento de los enemigos, y estos últimos, al percatarse del hecho y a la muerte de Lafrenio durante la lucha, huyeron a Ásculo en desorden y sin su general. Pompeyo, entonces, se dirigió hacia Ásculo y la puso bajo asedio.
Apiano lo describe “Pompeyo armó de inmediato al resto de sus tropas, pero no se atrevió a entablar combate. Sin embargo, cuando se aproximaba otro ejército, envió a Sulpicio para que, dando un rodeo, tomara posiciones detrás de Lafrenio, y él en persona atacó por el frente. Una vez trabado el combate, ambos ejércitos pasaron dificultades, pero Sulpicio prendió fuego al campamento de los enemigos, y estos últimos, al percatarse del hecho, huyeron a Ásculo en desorden y sin su general, pues Lafrenio había caído en la lucha. Pompeyo, entonces, se dirigió hacia Ásculo y la cercó“.
Sin embargo, el general itálico Vidacilio logró entrar en Asculum, proveniente de Apulia, antes de que las líneas de asedio estuvieran cerradas. Los romanos, a continuación, decidieron dar el mando a Sexto Julio César, probablemente para que Pompeyo pudiese ir a Roma a conseguir el consulado para el año 89 AC. Sin embargo, César murió de enfermedad y Gayo Bebio fue designado sucesor. Mientras tenía lugar aquel asedio al centro neurálgico rebelde, etruscos y umbrios parecían dispuestos a cambiar de bando.
“Mientras tenían lugar estos sucesos en la vertiente adriática de Italia, los pueblos que habitaban al otro lado de Roma, etruscos y umbros y otros pueblos vecinos suyos, al conocer estos hechos, se sintieron animados a hacer defección. Por consiguiente, el senado, temiendo que la guerra los rodeara por todas partes y fuera incontrolable, establecieron guarniciones en la zona costera entre Cumas y la ciudad a cargo de hombres libertos, que entonces por primera vez habían sido enrolados en el servicio militar a causa de la escasez de soldados. El senado decretó, además, que aquellos aliados itálicos que aún permanecían en la alianza obtuvieran el derecho de ciudadanía, lo cual era precisamente la cosa que más deseaban casi todos. Así pues, envió este decreto a los etruscos, quienes aceptaron encantados la ciudadanía. Con esta gracia, el senado hizo a los fieles, más fieles, confirmó a los que estaban dudosos, y dulcificó a los enemigos con una cierta esperanza de medidas similares“. Apiano.
Tras derrotar Mario a los marsos, no estaba dispuesto a aventurar a sus tropas en acciones de dudoso resultado, prefiriendo mantenerse sobre el terreno, mientras sometía a sus soldados a un riguroso entrenamiento, al parecer tuvo encuentros con el grueso de las tropas rebeldes al mando de Popedio Silón: Es fama también que Popedio Silón, el hombre que gozaba de mayor prestigio y autoridad entre los enemigos, le espetó lo siguiente: ¡Mario, si eres un gran general, baja y pelea!; a lo que Mario contestó: ¡Si lo eres tú, oblígame a hacerlo contra mi voluntad!.
En otra ocasión en la que el enemigo dio a los romanos la oportunidad de atacar, como éstos se acobardaron, Mario reunió en asamblea a sus hombres y les gritó: ¡No acierto a decir quién es más cobarde, si el enemigo o vosotros, porque ni ellos han sido capaces de ver vuestra espalda, ni vosotros su nuca!.
Según Plutarco “Cayo Mario combatió contra los marsos con resultados dudosos” y concluye “Al final, abandonó el mando del ejército alegando que se encontraba con sus capacidades físicas menguadas debido a su mala salud“.
Frente samnita o meridional 90 AC
El cónsul Lucio Julio César, con la ayuda de legados como Cornelio Sila, buscaba aislar a los samnitas del territorio vecino, sobre todo de las tierras ricas de la Campania, manteniendo de este modo las comunicaciones terrestres con Roma.
Frente Samnita o Meridional en el 90 AC. Marco de la Guerra Social Romana.