supersticiones gauchescas El hombre de campo vive con relativa tranquilidad su existencia diaria. Lejos está de la alineación de los tiempos escasos, de los ruidos ensordecedores, del apresuramiento cotidiano y de las tentaciones inteligentemente expuestas por los mercaderes de la sociedad de consumo. Su relación con el medio es mucho más intensa, más íntima si se quiere. Dispone de tiempo para observar la naturaleza, para conocer sus secretos, hasta para predecirla. Es por eso quizá que haya desarrollado una serie de técnicas para interpretar signos que cree le envía ésta, para su comprensión y convivencia. Así entonces, nuestro hombre de campo, al que llamo “gaucho”, interpreta señales que anuncian futuros acontecimientos. Por ejemplo, para nuestro campesino las visitas tienen gran importancia. Recuérdese que él no pasa la mayor parte de su vida inmerso en grandes conglomeraciones. Generalmente tiene su casa distanciada de las de sus vecinos y su contacto más permanente es con su esposa, hijos y sus animales. De ahí que si un inocente teru teru pasa volando sobre su rancho gritando, un gallo caprichosamente canta parado frente a la puerta de entrada de la casa o un gato se “lava” (lame) la cara para él, es señal infalible de que alguien lo visitará. En algunas regiones el ocasional vuelo de un colibrí en las cercanías donde está mateando o compartiendo una charla, anuncia la llegada de visitantes. Esto generalmente produce júbilo, aunque no siempre las visitas son las deseadas. Si el visitante es bienvenido producirá gran júbilo, constituyéndose en un acontecimiento social, sin embargo, si es indeseada la presencia del recién llegado, las mujeres especialmente, a escondidas, suelen echar un poco de sal sobre el asiento de la silla que se ofrece al paseante para forzar su rápida partida. La lluvia es para el hombre de campo vital. De ella dependen sus buenas cosechas y el buen desarrollo de su ganado. La sequía es uno de los males mayores que suele afrontar, junto a las plagas, aunque a éstas se las puede combatir. Por eso realiza ceremonias en soledad para producir aguaceros o escudriña el cielo, las plantas y el comportamiento de los animales para descubrir alguna señal que le indique la bendición de la lluvia. Entonces le causará alegría cuando observe que un toro se revuelca en la tierra como lo hacen los caballos (actitud poco frecuente) o cuando los potrillos, los corderos, los cabritos retozan más de lo habitual en el camino de regreso a los corrales, hecho que se produce todas las tardes. También cuando algunas nubes alivian el efecto implacable del sol, y las perdices silban fuera de los horarios habituales, entonces es seguro que vendrá agua. Claro que no siempre la lluvia es serena. Suele llegar la bendición del agua junto con truenos relámpagos y a veces de mortales rayos. Entonces mientras observa el avance de los nubarrones, clava un hacha en cruz en el patio, recitando oraciones católicas, pidiendo protección a Dios. Quizá debido a la constante vida de sacrificios, a la indefensión ante los caprichos del clima, o exposición a los peligros de alimañas, el hombre de campo tenga una sensación fatalista de las cosas. Entonces le producirá un sentimiento de inquietud, cuando rompa un espejo o vuelque sal sin quererlo. He observado la preocupación de mujeres y rudos hombres cuando el gallo canta en los primeros tramos de la noche, cuando una gallina quiere imitar al gallo, o cuando una lechuza cruza volando raudamente sobre su casa emitiendo su clásico chistido. Es señal de desgracia también cuando algún ave acuática se posa en lugares donde no hay espejos de agua (viudas negras, biguás, pacaás, etc) Enumerar las señales que el gaucho interpreta de las conductas de sus animales, del comportamiento climático, o de los animales salvajes, no tiene sentido práctico. Con los ejemplos dados queda expuesta una muestra de la conducta cultural de nuestro habitante rural. La superstición es parte del hombre de todas las latitudes, siendo las camperas más llamativas. el origen del nombre Chaco El nombre actual de mi provincia, es la antigua denominación dada por los españoles, cuando se establecieron en las primeras poblaciones de la región (Asunción, Salta, Corrientes, Esteco, Tucumán, Santiago del Estero) cuando hablaban de la enorme porción de territorio boscoso alrededor de cuya periferia erigieron sus poblados. Más tarde, un presidente "democrático" impuso su nombre al territorio que acababa de provincializar, cosa demagógica que felizmente fue abolida. Para los íberos, el casi inexpugnable CHACO GUALAMBA resultó un desafío, por lo difícil de su tránsito y por la belicosidad de sus habitantes naturales. Sus acciones para el poblamiento pasaron desde la firma de tratados de paz con los naturales, hasta la fundación de encomiendas, reducciones y pueblos habitados por mestizos, aborígenes y españoles. Recién a finales del siglo XVIII comenzó la ocupación efectiva del Chaco, con la llegada de oleadas de inmigrantes europeos, que sumaban su esfuerzo agrícola a la actividad forestal ya instalada por correntinos. El vocablo CHACO es una deformación fonética de CHACÚ, término con el que se denominada a una práctica ceremonial de caza de los habitantes del sur del Imperio Inca. La influencia cultural ejercida por los quechuas en el norte de nuestro país, hizo que esta costumbre también se practicara en el Chaco Austral, en aquellos lugares donde había sabana. Consistía en formar grandes rondas, con el concurso de varias tribus, que alcanzaban kilómetros de diámetro, para luego estrechar la formación gritando y produciendo el mayor ruido posible. Cuando el círculo se había cerrado lo suficiente, los cazadores más diestros ingresaban en él, provistos de armas para realizar la matanza de los animales que les eran útiles. Este procedimiento se realizaba en forma anual una vez, excepcionalmente dos. Tenía significado ritual, por lo tanto no debe entenderse como hábito de caza de los chaquenses. Aunque no tienen relación aparente, por lo menos en cuanto al significado aplicado en la toponimia, se hace imperioso recordar que en el estado de Nuevo México de los Estados Unidos de Norteamérica, al sur de ese país se desarrolló una civilización llamada Chaco. Existen importantes yacimientos arqueológicos en la actualidad, donde se puede medianamente reconstruir la historia de este pueblo de agricultores y pescadores, de cuyos asentamientos se conservan restos a lo largo del cauce del río Chaco. Este curso de agua, que permanece seco la mayor parte del año, fue el hábitat donde un pueblo ya desaparecido, construyó edificios de piedra, utilizados para vivienda y los más importantes para ceremoniales de tipo religioso. mate cosido David Segundo Peralta, nacido en Monteros, provincia de Tucumán, que ingresa al Chaco en 1926 proveniente de la ciudad de Corrientes, se constituyó también en un adalid de amplios sectores marginales de la sociedad chaqueña. Al igual que Los Velásquez, se afirma que robaban a las multinacionales para ayudar a los desposeídos. Nada más alejado de la realidad. Prueba esta afirmación hechos como el de tener una cuenta en Caja Nacional de Ahorro y Seguros donde iban a parar los fondos obtenidos en los robos o secuestros y propiedades costosas en Córdoba, todas registradas con nombres falsos, además de comprobarse que utilizando un testaferro invirtió capital para la compra venta de ganado, luego de retirarse de la vida pública, a disfrutar de las pingues ganancias. Fotografía de Julio del Prado, alias MATE COSIDO, difundida en los medios gráficos provinciales por la Policía. Corresponde la presente a una copia escaneada tomada del desaparecido diario EL TERRITORIO. Julio del Prado es uno de nombres falsos que utilizó David Segundo Peralta, y de los cuales tenía documentos apócrifos otorgados por funcionarios corruptos de la época. Respecto del alias se han tejido muchas conjeturas, y existen dos versiones sobre el origen de éste. El más conocido es aquel que intuyó un periodista del diario CRITICA de Buenos Aires, que observó una cicatriz en la frente. Asoció "mate" porque en el norte así se le llama a la cabeza. Esto ocurría en la década del 30. Es de hacer notar que en los prontuarios policiales de Tucumán, Córdoba y Santiago del Estero se registra la detención de David Segundo Peralta alias "Mate Cosido" y esto ocurría entre 1916 y 1924. Algunos investigadores serios, deducen que se le llamó así porque en su niñez, la madre llamaba a él y sus hermanos anunciando que la infusión estaba lista para tomar la merienda, ¡ mate cosido... mate cosido... ! Durante su vida delictiva, utilizó varios nombres falsos, que se respaldaban en documentos apócrifos, otorgados por funcionarios corruptos. Entre ellos se puede citar: Julio del Prado, Manuel Bertolatti, José Amaya, Julio Blanco. Fue su característica no utilizar la violencia. Varias veces abortó asaltos, para evitar enfrentamientos abiertos con la policía. No por temor, simplemente era su manera de operar. Gozó siempre de la simpatía de mucha gente, que hasta deseaban que los visitara. Como se comportaba con humildad y educación, además de pagar generosamente los mínimos servicios recibidos, ganó popularidad y afecto. Sus escondites favoritos fueron la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, y Gancedo, aunque fue escenario de sus correrías toda la provincia del Chaco. La mayoría de las poblaciones importantes, fueron testigos de alguna acción de Mate Cosido. Organizó una banda donde se rendía culto a la autoridad del jefe. Contó con muchos colaboradores, algunos: Eusebio Zamacola, Antonio Rossi, el Catalán Noy, el Chileno, Francisco Malatesta, Casimiro Ifrán, Pampita, el Tata Miño, Marcelino Peralta, Cardocito. Además de robar tendiendo emboscadas en los caminos o trenes a pagadores de grandes empresas multinacionales acopiadoras de algodón y del sector forestal, a fuertes ganaderos o comerciantes, realizó secuestros que le reportaron importantes sumas de dinero. Se desplazaba por los caminos vestido a la usanza de peones rurales o como viajante de joyería en las ciudades, lo cual no despertaba sospechas. El bandido pampeano Juan Bautista Bairoletto tuvo un encuentro con él para asaltar una fábrica de tanino, que abortó Peralta por diferencias en los métodos a utilizar. El pampeano realizó igual el asalto que no dejó ganancias y sí un empleado muerto en el tiroteo. Sorpresivamente en 1939 abandona la vida pública, perdiéndose todo rastro de su paradero. Solo se conocen especulaciones respecto de su destino. El cancionero popular le ha dedicado varios chamamés en su honor, que lograron singular repercusión. el lobison La creencia de la transformación del hombre en animal es antiquísima. Herodoto registra historias recogidas en sus viajes, sobre un pueblo que en determinada época del año se transforma en lobos. Cuando Sebastián Gaboto toma contacto con aborígenes guaraníes en las cercanías de la actual Itatí, su cronista anota la conversión de hombres en tigre. La acción de los jesuitas en el mundo guaraní, dejó profundas huellas en la cultura desarrollada después de su partida. Estos misioneros, disfrazaron muchas creencias nativas con ropaje religioso para facilitar la transferencia de la nueva doctrina. Entonces, determinados valores o reglas sociales eran transmitidas como tabúes, relatando historias fantásticas. Si nacían 7 hijos varones, seguidos, el último sería maldito, transformándose en lobo o perro los días viernes a la medianoche. Si el séptimo hijo era mujer, esta sería bruja. En estas fabulaciones, que llegaron a nuestros días con pocas variantes, Dios castigaba a los transgresores de la regla, condenándolos a sufrir horrendos castigos. Dicen nuestros paisanos, que el hombre lobisón, los días sábado tiene apariencia macilenta, que sufre fuertes dolores de estómago, que su olor es insoportable. Es que el viernes a la noche vagó por los basurales, se revolcó en las osamentas, comió carne podrida, engulló algún niño sin bautizar, y atacó a cuanto caminante encontró, largando fuego por los ojos y la boca. Los que afirman haberlo visto en mi provincia, dicen que es un perro negro, grande, sin cabeza, o si la tiene luce una oreja cortita y una larga hasta el piso, que arrastra cadenas. Produce tanto terror su presencia, que los perros gimen y se esconden al solo olfatear su presencia. Los lugareños cuidan que el Lobisón no pase entre sus piernas, porque de esa manera, les transfiere la maldición. No debe atacarse al Lobisón, porque no muere, y luego la venganza es terrible. La única manera de eliminarlo es utilizar una bala bendecida, o hacerle una muesca en forma de cruz en la punta. En las pequeñas poblaciones, cuando una persona es rechazada socialmente, se le endilga la maldición de ser Lobisón. Esto es causa de marginación sin vueltas. Las incontables historias acerca de este ser maldito, dicen por ejemplo que al momento de transformarse, el hombre siente fuertes dolores de estómago, comienza a revolcarse dando siete vueltas al derecho y siete vueltas al revés. Mientras va girando sobre su cuerpo reza de ida 7 credos al derecho y al volver 7 credos al revés. Luego sale a atacar, primero a sus enemigos y luego al que encuentra. La reacción de los pobladores ha sido tan violenta en el pasado, que llegó a lincharse a personas inocentes. Para frenar esa paranoia, en nuestro país se estableció el padrinazgo presidencial de todo séptimo hijo. el mate Entre los muchos signos distintivos de los argentinos, paraguayos, uruguayos y algunos brasileños sobresale la costumbre de tomar mate. Nadie imagina a los habitantes de los países mencionados que no consuman esta bebida en forma de té o simplemente chupando la infusión de un calabacín con yerba mate molida, a través de una bombilla. Es compañero de estudiantes en sus vigilias preparando materias, acompañó a nuestros gauchos en los dilatados campos de la pampa, fue fiel amigo de los reseros, dio calor a los montañeses en las interminables noches, los guaraníes lo usaron para amenguar el cansancio y hasta sus hechiceros lo incorporaron en sus rituales, lo cierto es que él está íntimamente ligado a la vida de sus consumidores. “Me duele la cabeza porque no tomé mate” le escuché decir a más de un gringo cuando venían de sus chacras a diligenciar al poblado y debían quedarse durante todo el día. Muchas criollas aconsejaban a sus hijas, madres primerizas, tomar mate cosido “para tener leche” con qué alimentar a sus bebés. Daniel Granada en su Vocabulario rioplatense razonado confirma el saber popular cuando describe la costumbre de los gauchos y chinas, quienes al amanecer tomaban mate amargo (cimarrón) acompañado con un poco de carne (charque) si había, para comenzar sus rudas tareas y no volver a ingerir alimento hasta el almuerzo. El cronista español Ruiz de Montoya anotó que en la provincia del Guayrá los guaraníes ponderaban la excelencia de la hierba: Alienta el trabajo, sirve de sustento, purga las flemas del estómago, despierta los sentidos y que los españoles la usaban para curar el mal de orina. Se atribuye a Hernando Arias de Saavedra haber descubierto la yerba mate en 1592. Tomado conocimiento de las propiedades, los Jesuitas edificaron su imperio convirtiéndola en el “oro verde”, porque se dedicaron al cultivo intensivo, utilizando la mano de obra gratuita de los aborígenes. Tanta bondad asignada por sus seguidores tiene como corresponde la respectiva leyenda. Recordemos que los pueblos antiguos (americanos y europeos) apelaban al recurso de la fabulación para explicarse el origen de las cosas. Personalmente conozco dos leyendas “creíbles” (hay fabulaciones más emparentadas con el romanticismo que con el pensamiento mágico de los pueblos primitivos) que brevemente les relataré. Una corresponde a la etapa guaraní anterior a la llegada del conquistador y la última ya vestida con el ropaje colocado por los jesuitas. * Yasí (la luna) quiso recorrer la tierra, entonces tomó forma humana y junto a la nube Araí caminaron por los montes admirando los paisajes. Era el mediodía, el ruido del bosque no les permitió escuchar los pasos sigilosos del yaguareté que las acorraló presto a comerlas. Apareció entonces un guerrero guaraní que mató de un flechazo al animal. Yasí agradecida, se acercó al bravo hombre y le dijo que como premio por salvarle la vida, encontraría al levantarse al día siguiente frente a su choza una nueva planta, la que debía arrancarle hojas, tostarlas, colocarles en un recipiente para luego agregar agua caliente y chupar con una cañita el líquido. De ese modo obtendría alivio a su cansancio, durante las largas jornadas de marcha tras una presa. Así lo hizo el hombre dando nacimiento a la Yerba Mate. * Cierto día, Dios quiso probar el comportamiento de sus ciervos, entonces descendió a la tierra acompañado de San Juan y San Pedro. Se internó en lejanos bosques llegando hasta el rancho de un viejito que lo habitaba acompañado de su hija, una joven virgen de singular belleza. La tenía escondida, para que su alma argentina no se contamine con la maldad de los hombres. Los recién llegados piden asilo al viejo que no duda en hacerlo compartiendo con ellos su mísera comida. En agradecimiento Dios convierte a la joven en la planta de Yerba Mate, que aunque la corten, vuelve a rebrotar, permaneciendo siempre verde y ofrece una bebida generosa para la salud. Alrededor del mate, nuestro hombre de campo antiguo que solamente podía hablar y tener contacto directo con su enamorada luego del casamiento, se elaboró un lenguaje simbólico. En las visitas la china apelaba al mate para trasmitir su pensamiento al aspirante a su corazón. Era imposible hablar a solas, entonces el mensaje venía en la cebadura. Algunos de los más comunes: Lenguaje del mate * Mate amargo: indiferencia, no esperes nada, se acabaron las ilusiones. * Mate dulce: amistad. * Mate muy dulce: hablá con mis padres. * Mate con canela: me estás interesando. * Mate con café: estuve enojada pero te perdono. * Mate con leche: amistad respetuosa, estima. * Mate con melaza: me preocupa verte triste. * Mate con miel: casamiento. * Mate con cedrón: acepto. * Mate con limón: prefiero no verte. * Mate con té: indiferencia. * Mate con azúcar quemada: simpatía, estoy pensando en vos. * Mate con cáscara de naranja: vení a buscarme, quiero que vuelvas. * Mate con ombú: tu visita es indeseable. * Mate con toronjil: disgusto. * Mate muy caliente: yo también estoy ardiendo de amor. * Mate frío: desprecio. * Mate hirviendo: odio. * Mate tapado: buscate otra. * Mate espumoso: te amo demasiado. * Mate lavado: andate a tomar a otro lugar. * Mate largo: visita poco grata. * Mate corto: quiero verte más seguido. * Mate encimado: mala gana. Encontramos en las leyendas americanas un grado alto de ingenuidad en cuanto a la construcción de la historia, pero se lee siempre entre líneas una enseñanza destinada a afianzar los valores esenciales de las comunidades. el mal de ojo El ojeo es una de las supersticiones más arraigadas en las zonas rurales, sectores periféricos de las grandes urbes y pequeños poblados de nuestro país. La mirada fuerte y dañina es una creencia que tiene sus antecedentes europeos, según testimonio de W. Born en su obra Fetiche, Amuleto y Talismán, donde da incluso una serie de recetas para conjurar el poder de aquellas personas que tiene el poder del Basilisco en la mirada. Los estudiosos del Siglo XVI arribaron a la conclusión de que el vicio fascinador de los brujos se debía a la colaboración del diablo, que las brujas tenían doble pupila en la misma órbita (única manera de tener tanto poder en la mirada) por lo tanto debía evitarse mirarlas fijamente. Tanta divagación intelectual tenía un trasfondo religioso, que llegó a nuestras costas con el desembarco de Cristóbal Colón en 1492. Siguiendo con los antecedentes europeos de esta superstición, afirmaban los eruditos del tema que la peligrosidad de los brujos variaba según fuera el país al que pertenecían. De los brujos italianos se decía eran terribles, que causaban la muerte de personas, plantas y animales aún sin desearlo, bastaba que se los cruzaran en el camino (es decir si se enemistaban con ellos). No menos temibles eran los españoles. El fluido que emitían sus ojos era de tal poder, que con mirar fijamente las ventanas de una casa los cristales se hacían añicos. Los irlandeses hablaban de los eye-biters, literalmente: mordedores de ojos. Brujos poderosísimos que diezmaban el número de hijos y de cabezas de ganado que poseían las familias campesinas. Un brujo ojeador podía producir infinitas calamidades en un pueblo. Las vacas quedaban sin leche, se prendían fuego los pajares sin causa aparente, las casas enloquecían con ruidos y movimientos que terminaban por enloquecer a sus moradores. Y si a alguno se le ocurría mojar su escoba en el agua, en luna llena, cerca de un poblado, sobrevenía entonces un verdadero diluvio. Nótese, como esta creencia está relacionada con el rechazo social que provocaban algunas personas excéntricas entre sus comunidades. Durante la Edad Media numerosas piedras eran tenidas por eficaces contra el mal de ojo. Entre ellas la más buscada era el coral. En el siglo XVIII, el rey de Nápoles, Fernando I, llevaba entre sus ropas, a modo de amuleto un pedacito de coral. Cuando estaba frente a alguien que le hiciera sospechar que fuera jettatore, sacaba el coral y se lo ponía en la cara, anulando así la fuerza de esa mirada. También por esa época eran apreciados anti mal de ojos algunos insectos, fundamentalmente los escarabajos. A tal punto que en Francia, hacia el fin del reinado de Napoleón, era sumamente raro encontrar en las fiestas del pueblo a algún ciudadano que no llevara prendido del chaleco o de la camisa a alguno de estos coleópteros a manera de talismán. Tal vez el amuleto más conocido para alejar la yeta o el mal de ojo sea la mano cornuda, los populares cuernitos, en realidad una mano talismánica. Esta manera de defenderse puede llevarse encima, como un colgante, en general de coral, o realizar el gesto a la manera italiana (el dedo índice y el anular extendidos y el resto contenidos por el pulgar) en el momento en que se haga necesario. También el cuerno (uno solo) es llevado como colgante para preservar de ojeaduras a los niños o las embarazadas. En Calabria se pintaban cuernos retorcidos en la fachada de las casas o de los establecimientos comerciales. La evolución de las creencias populares, hizo que en la actualidad, en el mundo latino, se asocien los cuernos con la infidelidad de la pareja. En Toscana, el coral es la fórmula mágica para alejar el mal de ojo. Se ata una pequeña bola de ese material al cuello de los niños recién nacidos, y a veces las madres llegan a beber agua con coral molido o hervido, antes de dar de mamar a sus pequeños. Para saber si alguien ha sido presa del Mal de Ojo, se procede de la siguiente manera: se sienta al supuesto “ojeado” frente a un plato con agua y se dejan caer unas gotas de aceite en el agua. Si el aceite se disgrega en una cantidad de pequeñas gotas (se corta) el veredicto es clarísimo: esa persona está ojeada. Para curarlo, de inmediato debe hacerse un brebaje con 3 dientes de ajo pelados, la miga de un pan y 2 litros de vino. Todo esto se cocina hasta que hierva y espese al punto de poder usarlo como un emplasto. La mezcla se coloca entonces sobre el pecho del enfermo y éste recuperará el vigor. Se supone que uno de los efectos de Mal de Ojo consiste en “enfriar” la sangre del ojeado, quitándole la energía, produciéndole sueño y abulia, además de la consabida mala suerte. Según la creencia un defecto en la vista, por ejemplo ser bizco o estrábico, es un signo claro de ser portador de esta mirada nefasta. Pero también puede hacerse mal de ojo cuando la mirada expresa amor o admiración elocuentemente, por eso tal vez las madres campesinas cuidan de no exponerlos a miradas curiosas a sus hijos cuando son hermosos. Por supuesto que la realidad desmiente toda lógica de estas creencias. Se imaginan que los actores, actrices, vedettes, cantantes, o personas expuestas a la admiración masiva encontrarían en algún momento algún portador de la mirada fascinadora y les causaría un daño enorme porque éste actuaría en el anonimato. Es común en las zonas rurales de Argentina, y en pequeñas poblaciones, que las madres lleven a sus hijos a consulta al “médico” (curandero) cuando sospechan que están ojeados. Dicen que los “doctores” (médicos diplomados) no pueden curar este mal y que muchas veces ellos mismos le aconsejan que los lleven ante un médico. Escuché decir que si sus hijos son ojeados no se les cierra la “mollera”, que lloran ininterrumpidamente debido a los fuertes dolores de cabeza que provoca el ojeo. El conocimiento de estas manifestaciones folclóricas permitirá sin dudas conocer los intrincados vericuetos del pensamiento popular, influenciados la más de las veces cuando crea sus fabulaciones, por con conocimientos previos de tipo religioso. San la muerte Tradicionalmente todas las culturas, sin importar su grado de desarrollo, tienen miedo a la muerte, lo que ha originado una serie de ritos que forman el culto popular. Entiéndase como “popular” no lo marginal, sino cuando la creencia se convierte en una adquisición colectiva, es decir es creída o temida por un porcentaje muy alto de los conglomerados humanos o de las poblaciones regionales. En toda el área de influencia de la cultura guaranítica (Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones, Paraguay y parte de Brasil), hay un “santo” muy popular, llamada cariñosamente EL PIRUCHO (flaco) al que se rinde culto con demostraciones públicas de fe incluso. Él es SAN LA MUERTE. En Presidencia Roque Sáenz Peña, lugar de residencia actual del autor, hay un santuario muy visitado en el Barrio Obrero. Se lo representa de varias formas. Suele ser un esqueleto parado, tapado con una capa negra o roja (para tapar su fealdad), corona de oro portando una guadaña. Otras veces es un esqueleto sentado en posición dubitativa sentado sobre un tronco siempre con la guadaña. Otra forma de representarlo es un esqueleto dentro de un ataúd, pero la más popular, la más querida, es una talla en distintos materiales de un cráneo humano. El San La Muerte de nuestros días, es producto del sincretismo entre las vertientes culturales de los guaraníes y las enseñanzas religiosas de los misioneros Jesuitas (se comprueba la influencia decisiva de la Iglesia Católica, en la comprobación que hice de las oraciones y algunos ornamentos utilizados que son de esta confesión religiosa). No olvidemos que estos intrépidos hombres de fe tomaban muchas veces las creencias de los nativos, la reformaban y adaptaban para transmitir su doctrina. (El caso palpable de esto es el afianzamiento del quechua entre los aborígenes que habitaron Santiago del Estero. Los Franciscanos y Jesuitas utilizaron este idioma aprendido en el Perú por ellos para enseñar la nueva doctrina, y que ya había sido trasladado por los miembros del imperio Inca a nuestro país) También el rito actual tiene como ingredientes las características de la idiosincrasia de cada región donde se asienta el Mito. Esta variante la observamos en la fecha de celebración. Cuando los Jesuitas se asientan en la Provincia Guaranítica del Paraguay, traen desde Europa el culto al Señor de la Resignación y la Paciencia. Se lo representaba como un ser muy flaco, esquelético, sentado sobre una piedra en actitud dubitativa. Era Jesucristo quien a pesar de poseer el poder de cambiar el rumbo de la historia, esperaba con resignación y paciencia se cumpla su destino de suplicio. De esta manera la Iglesia Católica destacaba el valor y la humildad de un poderoso para afrontar el sufrimiento, y por supuesto la profundidad de sus convicciones. El respeto por el coraje y valor era una pauta cultural de los guaraníes, por lo que este culto encajaba a los fines del adoctrinamiento. Entre los nativos donde se originó este mito, los personajes más respetados socialmente eran los Caciques (cacicazgo hereditario) y los Chamanes (brujos o curanderos). Su ciencia se trasmitía a una persona por él elegida. El Chamán (brujo) debía cumplir la altísima misión encomendada por Tupá (Dios), de administrar la vida y la muerte de sus contemporáneos, mediante la realización de curaciones o daño. Cuando envejecía, debía elegir entre los jóvenes de su tribu que consideraba merecedor de cumplir tan alto designio. Entonces el elegido debía internarse en el bosque, sentarse sobre un tronco y permanecer sin comer ni beber 7 días. Si resistía la prueba, la que además tenía el ingrediente de ser tentado para abandonar la empresa, y aguantar el miedo a las horrorosas apariciones que vería, estaría en condiciones de ejercer su trabajo como ayudante de Tupá. En una ocasión, ya elegido el sucesor, el joven se despide de su novia y a pesar que estaba prohibido le revela el lugar donde cumpliría la prueba. Se interna en el monte, elige el lugar para soportar la prueba y espera. Pasados los 7 días no regresa a la tribu. Su novia va a buscarlo y lo encuentra esquelético y muerto. (Por eso es un esqueleto o muy flaco) Llora desconsoladamente y se lleva de recuerdo una falange (hueso de los dedos) como reliquia. Al llegar a su choza encuentra a su madre enferma. Entre lamentos ruega a su amado, aferrándose al huesito, que desde el más allá sane a su madre. Milagrosamente la señora cura. Es otra explicación del porqué un muerto o esqueleto hace el bien. Suele representarse de distintas maneras. Unas veces viste capa roja, a veces negra. En algunos santuarios el devoto hace el pedido frente a la imagen diciendo oraciones como el Padre Nuestro, el Credo u oraciones especialmente creadas para el Pirucho, por supuesto haciendo siempre la señal de la cruz (persignándose) al entrar y salir de la capillita. Otras el poseedor de la imagen hace de intermediario ante el poderoso Señor de La Muerte, pidiendo por el sufriente de males físicos y del alma. En ambos casos debe ofrecer una ofrenda a cambio del favor. De no hacerlo el santo es implacable con sus fieles incumplidores y los castiga de manera que el sufrimiento se duplica. Cuando San La Muerte está vestido con capa roja, se lo exhibe públicamente. Parado con su guadaña a veces está al lado de él Santa Catalina. Otras veces a los pies de la imagen de esta santa está incrustada una calavera que representa al santo. En este caso solo se le pide el “bien”. Es decir que sane algún ser querido enfermo, algún animal, un campo, que los novios se reconcilien, que la esposa vuelva a prestarle atención al marido, etc. El solicitante pide en persona el favor. Cuando está vestido de capa negra, la mayoría de las veces lo utilizan para hacer el mal. No permite el dueño del santuario que se lo vea porque pierde el poder. En estos casos el curandero hace de mediador y él diagnostica el “daño” que lleva la persona encargándose de tramitar ante el santo. La fiesta principal la hacen en la mayoría de los santuarios cada 15 de agosto. (día de la ascensión del Virgen María) No solo se rezan rosarios y novenarios a la imagen. También se realizan multitudinarias procesiones. Mientras dura el paseo de la imagen por el barrio, una batería de rezadoras van orando casi en forma de letanías y grupos chamameceros interpretan música. Nunca debe parar la música mientras dure el circuito, porque se disgustaría el santo. Entonces cuando un grupo finaliza una interpretación, inmediatamente comienza otro de manera que no haya silencios entre cada canción. En Sáenz Peña los festejos comienzan antes del 15 y finalizan después. Se organizan comilonas, bailes, sesiones de rezo. En cuanto a la fabricación de amuletos (para portarlo como elemento protector) existe una gran variedad de prácticas. He visto esqueletos construidos en madera de yerba mate, quebracho colorado, palo santo, huesos de animales o humanos. Tanto esqueletos parados con capa y guadaña, como acostados dentro de un ataúd o simplemente la calavera. El portátil es infalible cuando se lo construye un Viernes Santo a las 12 de la noche. Le sigue en efectividad la calavera fabricada con el plomo de una bala servida que haya dado muerte o herido a un humano y por último la que se talla con el hueso de la cabeza de un pajarito. Algunas personas se lo colocan debajo de la piel para que no le penetren las balas, o para tener suerte siempre en todo terreno y cualquier actividad. Siempre el que visita la imagen le enciende velas rojas o negras según corresponda. También en las procesiones se portan velas desnudas o en forma de luminarias. León Cadogan en su libro “Literatura de los guaraníes” publicado en 1965, dice los Jesuitas en su lucha por desterrar el paganismo autóctono, a menudo vestían los mitos indígenas con ropaje cristiano. Esto explica la presencia de oraciones de la Iglesia Católica en los rezos y la liturgia muy parecida, como la procesión, rezar novenarios, encender velas, santiguarse ante la presencia de la imagen, pronunciar Amén al final de una oración, etc. el origen del nombre de patagonia Llamamos Patagonia a la vasta región que extendida en forma de punta triangular entre los dos grandes Océanos, cubre el extremo del Continente Sudamericano, partiendo del límite natural que es el Río Colorado.. Hablar del origen de su denominación es entrar en el terreno de la fantasía. La etimología de Patagonia no debe buscarse en su geografía natural sino en la histórica. Con tal nombre, en efecto, se designa al país habitado por unos aborígenes que Magallanes, en su expedición descubridora de 1520 habría bautizado de Patagones. ¿Cuál es el verdadero significado de Patagón? Generalmente se considera que tal denominación la lograron por el tamaño de sus pies, que parecían enormes debido a las abarcas u hojotas de cuero de guanaco que los cubrían, dejando en su trajinar en la arena o en la nieve unas huellas desmedidas. Pero la palabra Patagón no es aumentativo de “pata”. En castellano la “pata” puede dar lugar, si es excesiva, al apelativo de patón o patudo; pero nunca a patagón. Retrocediendo en el tiempo para suerte y gloria de Magallanes se había embarcado en la Trinidad, nave capitana, en calidad de supernumerario, un joven italiano natural de Vicenza, que se enroló como Antonio Lombardo por ser de Lombardía, que se apellidaba Pigafetta. Al correr de los azarosos tres años que duró aquel viaje (del cual fue uno de los escasos sobrevivientes) Pigafetta llevó cuenta minuciosa de todo lo que contemplaban sus ojos deslumbrados, y en base a estos apuntes redactó años después en una mezcla de italiano y veneciano con alguna salpicadura de español, un relato titulado “NAVEGACIÓN Y DESCUBRIMIENTO DE LA INDIA SUPERIOR”, cuya primera copia manuscrita donó a Felipe de Villers de I’Isle Adam, gran maestre de Rodas su superior entonces, pues Pigafetta abría de alcanzar el grado de caballero de aquella orden. Cuando la escuadrilla yace fondeada en el Puerto de San Julián, en disposición de invernar, Pigafetta relata lo que sigue: ...”nos demoramos allí dos meses enteros sin ver jamás habitante alguno; un día cuando menos lo esperábamos vimos un gigante que estaba al borde del mar casi desnudo y bailaba, saltaba y cantaba, y al mismo tiempo se echaba arena y polvo sobre la cabeza ...”. Más adelante, y como los naturales empezaran a llegar, Pigafetta se extiende sobre la figura de éstos, su vestimenta, mujeres y ceremonias, los usos y costumbres, para terminar señalando: nuestro capitán (Magallanes) llamó a esta gente Patagoni. Así dice la versión manuscrita en italiano, de la cual pocos años después aparecieron copias manuscritas vertidas al francés, y en ellas figura el vocablo Patagons. Respecto al origen del nombre las opiniones están muy divididas. Algún historiador asegura que el nombre de Patagón no fue dado a los aborígenes por sus grandes pies (lo que parece ser la tesis más difundida) sino a causa de la apariencia deforma que le daba esa especie de grosera polaina de piel de guanaco mal ajustada, semejante a los mocasines de los pieles rojas; para concluir que la palabra Patagón derivaría de “pata de cao” (pata de perro). Otros se inclinan a ver en Patagón a “pata de oso”, a causa de esa ojota que le cubría el pie dándole un aspecto de ser redondo. Otros en cambio (más verosímilmente) se inclinan al termino originario de “pata gao”, que en portugués significa pie grande. También han pretendido encontrar la etimología de la palabra en la deformación fonética de términos quechuas, y hasta pretender que se bautizó con ese nombre a los naturales del sur avistado en San Julián, porque los navegantes tomaron el nombre de Pathagon (monstruo con cabeza de perro) de una novela de caballería española. Pero estas afirmaciones no son fáciles de asimilar porque Hernando de Magallanes no era, que sepamos, afecto a los libros de caballería y sus monstruos de cabeza de perro; ni conocía la civilización y el idioma quechua, como tampoco el pampa. Su bautismo de los aborígenes debe haberse originado en cualquiera de éstos dos adjetivos calificativos que cruzaron su mente: patán o patón, como que ambos apelativos les calzaba bien, términos que en portugués el idioma nativo del descubridor, se pronuncia patao y pata-goa que con sus plurales de pataoes o patagoes, respectivamente. Pigafetta y los primeros cronistas que le siguieron serían los causantes de la deformación o variación fonética de cualquiera de dichos términos en Patagones, el que pronto se generalizó ganando adeptos para introducirse definitivamente en el léxico argentino y en la historia. el gaucho lega Del mismo modo que es inexplicable a la luz de la razón corriente, la actitud de la casta política que vive a espaldas de la dura realidad de sus representados, nadie puede decir qué secreto mecanismo dispara la devoción popular hacia personas que viven trasgrediendo las leyes, que son perseguidos, marginados, y sin embargo se constituyen en paladines de amplios sectores populares. Los ejemplos cunden en todo el territorio nacional. Bazán Frías en Tucumán, Bairoletto en La Pampa, Mate Cosido en el Chaco, Antonio Gil en Corrientes, Juan Moreira en Buenos Aires, entre otros. Como una demostración de su religiosidad, a veces negada, surgen espontáneamente en las conciencias colectivas estas devociones y también hacia personas que sí constituyeron un ejemplo durante su vida, como Ceferino Namuncurá, Deolinda Correa, Pancho Sierra., etc. Olegario Álvarez, muerto el 2 de mayo de 1906 en un enfrentamiento con la policía de Corrientes, a la edad de 35 años, rápidamente se erigió en un referente espiritual de muchísimos correntinos, que le rinden culto en casi todo el territorio guaraní. El santuario más importante está en la localidad de Saladas, lugar visitado el 2 de mayo y para la festividad de los fieles difuntos por mayor número de creyentes. Recibe su sepultura, ofrendas de velas, cintas rojas, flores del mismo color especialmente claveles, algunas placas de metal donde se perpetúa el agradecimiento por los “favores” recibidos, estolas con la inscripción O. A. bordada primorosamente. Esta mezcla de supersticiones ancestrales con devociones religiosas implantadas por la conquista española, han creado en torno de la figura de Olegario Álvarez, el Gaucho Lega, un culto pagano de grandes dimensiones, que constituye un elemento de esperanza, alegría y valor para muchos integrantes del pueblo correntino. En diversas localidades de la provincia mesopotámica se erigen pequeños santuarios, visitados en soledad por los devotos. Al de Saladas, le sigue un altar en la balnearia Empedrado, donde se afirma, se guarda o guardaba, como reliquia una falange de Olegario Álvarez, en el domicilio de la señora Claudelina Fernández. Esta mujer que vivió en los primeros tramos el siglo XX, relataba extraordinarias experiencias vividas por el Gaucho Lega, dando detalles sobre todo de la trágica muerte del bandido. Recibía la obligada visita de los correntinos del interior provincial, cuando pasaban en tránsito por esa localidad. Esta sencilla gente otorgaba a la reliquia poderes sobrenaturales, y a la cuidadora, curaciones milagrosas. La tumba pintada de rojo en Saladas, es el símbolo de su fe. Quien esto les relata, no visitó el lugar, pero recibió el valioso testimonio del artista plástico Menoldo Díaz de Presidencia Roque Sáenz Peña, quien presenció el imponente acto de fe, y la ornamentación toda de color rojo que ostenta el lugar. Este color, es típico en las devociones paganas de todo el nordeste, quizá porque Olegario Álvarez haya pertenecido al Partido Colorado de su tiempo. En su vida, este gaucho común no realizó actos extraordinarios que justifiquen su privilegiado lugar en la valoración popular. Perteneció a una clase social marginada, activos militantes en política en su época (claro que como carne de cañón), lo que les valió muchas persecuciones, llevándolos al pillaje para sobrevivir. Rápidamente ganaron el afecto de sus contemporáneos y compañeros de desgracias, tal vez porque reivindicaban su vasallaje a los señores feudales, en la actitud desafiante y libertaria de estos hombres de valor sin límites. Al respecto dice Carlos Dellepiane en su libro Olegario Álvarez. Un Santo correntino: En los primeros años de este siglo merodeaba por los campos de la provincia de Corrientes gran número de gauchos alzados, huidos de la autoridad y guarecidos en los espesos montes y pantanosos esteros de los departamentos de Saladas, Concepción, San Roque y Mburucuyá. Las Lagunas del Iberá con sus vastos y accidentados terrenos fueron escondite propicio para quienes en Corrientes vivieron al margen de la ley. Las vidas de estos oscuros personajes, alrededor de cuyas figuras se tejieron múltiples historias, no difiere mucho de la leyendas que acompañan a muchos de los santos religiosos, anclados en esta parte de América, a partir de 1500. La actitud de los seguidores obedece quizá, a que eligen líderes naturales entres sus pares (los líderes políticos surgen por mecanismos menos aplaudibles), para canalizar su religiosidad natural, distinta a la doctrina impuesta, sin tantas complicaciones, acorde a su sencilla cosmovisión. el gualicho La imaginería popular al igual que las religiones organizadas y administradas convenientemente, han creado para sus Dioses una serie de símbolos y también ha ideado ritos que adquieren características litúrgicas. Quiero aquí rescatar la importancia del conocimiento de los mitos llamados paganos, porque en ellos está implícita la idiosincrasia y la estructura cultural de quien los asume como verdaderos. Es conveniente remarcar esto porque muchos sectores “cultos” restan importancia al conocimiento de las manifestaciones culturales espontáneas de amplios segmentos sociales argentinos. Lo popular, no necesariamente es inculto. En la cosmogonía americana siempre el mal estuvo representado en algún símbolo muy temido. Un ejemplo claro es el Walichú ó Gualicho a quien no se esquiva, por el contrario, se le rinden tributos para aplacar su espíritu levantisco. La representación del mal tiene distintos nombres según la región donde se la conozca. Para los Tehuelches Háleksem había nacido en las Sierras de Tandil y desde allí el espíritu maligno extendió su mal a toda la Patagonia, para traerles todo tipo de sufrimientos. Especialmente roba niños y asusta a las mujeres razón por la cual viejos tehuelches dicen que Gualicho en realidad era una diableza. Establecido al sur del Río Colorado recibió distintos nombres: Huecué para los Mapuches, Halpén para los Onas, Háleksem para los Tehuelches, Ieblon para los patagones. Algunos sitios sagrados también recibieron esta categorización, es decir creen que son las moradas de Gualicho. Tal vez por eso le ofrendan piedras de colores o rasgones de sus vestimentas al árbol maldito (un viejo caldén) solitario y seco que está a la vera de una de sus transitadas sendas. Igual tratamiento reciben la Piedra del Collón Curá, La Piedra Saltona de Cajón Chico, las estribaciones del Cerro Yanquenao, la Cueva de las Manos, el Cañadón de las Pinturas. Creen los sureños que en esos lugares acecha Gualicho mimetizado en sendas, travesías, piedras, vientos interminables o árboles secos. Fuera de las ofrendas comunes a los santuarios “paganos” de la Patagonia, para no despertar la ira del genio del mal, no se canta durante la noche, no se usa sombrero dentro del rancho, se evita el humo del molle. Llevan consigo como protección amuletos fabricados por las Machis (hechiceras), cintas rojas, cabezas de ajo, ramas de ruda macho, lociones fabricadas con hierbas especiales o le encienden velas(esto último luego de la irrupción del cristianismo). Gualicho es invisible y no se le asigna una forma definitiva. Se le atribuyen todos los males y desgracias. Cuando se sentían amenazados por una enfermedad o un peligro cualquiera, los hombres buscaban sus armas y montaban a caballo para partir en busca del Gualicho. Prorrumpían entonces en gritos desaforados y arremetían contra esta deidad incorpórea, echando al aire furiosos tajos, estocadas y golpes con la esperanza de acertarle. El propósito era alejarlo de las tolderías, por lo que sólo dejaban la ceremonia cuando creían haberlo conseguido. Este ser gusta de introducirse en las mujeres viejas, las que engualichadas padecen todos los males imaginables, razón por la que antiguamente se les daba muerte. Además de dolor de cabeza y vientre, produce ceguera y parálisis en las piernas. Antiguamente para quedar bien con él, sacrificábanle periódicamente yeguas, caballos, vacas, ovejas o cabras. Es común que en estos tiempos modernos (hablamos del año 2004) que se confunda gualicho con amuleto. Está muy arraigada en el norte argentino, la creencia de que los amuletos que preparan especialmente los imagineros guaraníes se llaman payé o Gualicho. Nada tienen que ver ambos. El payé es una preparación realizada para conseguir determinados resultados de manera sobrenatural, con ayuda del más allá. Por ejemplo el amor de una mujer, suerte en el juego, protección contra la yeta, los enemigos o los malos espíritus. Cuando se dice que alguien está engualichado, no significa que actúa bajo la influencia del amuleto, sino que en su interior está metido el genio del mal patagónico Gualicho. La poca información sobre las cuestiones folclóricas facilita la confusión. Todavía se cree en todo el país que es folclorista quien canta, toca la guitarra u otro instrumento, o baila danzas tradicionales. Esta confusión es fácil de detectar. Por ejemplo, nuestros paisanos habitantes al sur, al norte y oeste de Presidencia Roque Sáenz Peña hablan de hombres engualichados cuando el amor por una mujer es insobornable. Las mujeres que todo perdonan a su hombre están engualichadas. El estado de éxtasis no les permite ver la realidad, (cuando son engañados) y es cuando se sospecha del embrujo. También se hace gualicho para producir “daño” al enemigo, o simplemente para despertar la admiración del sexo opuesto. Estos amuletos tienen distintas formas y funciones. Se lo lleva oculto entre las ropas, colgados a manera de medalla, colocados debajo de la piel, como anillo, se toman determinados brebajes o se espolvorea el interior de los calzados con polvos mágicos antes de iniciar un viaje o tarea. Siempre debe estar el oficio de hechiceros que conocen los secretos transmitidos a ellos por los más viejos los viernes en luna llena o vísperas de San Juan, preferentemente a las doce de la noche. Los únicos que conocen la forma de comunicarse con las fuerzas del bien y del mal son ellos, por lo tanto sin su concurso no hay payé o gualicho posible. Algunos simplemente son portados, otros en cambio necesitan de oraciones para activar sus poderes y éstas la mayoría de las veces son tomadas de la liturgia católica. Gualicho deriva de Hualichú, palabra araucana, que significa “alrededor de la gente”. Es una deidad maléfica parecida al diablo cristiano, razón por la cual fue fácil para los misioneros, asociarlo con el demonio. la culebrilla Los habitantes de zonas alejadas de grandes centros urbanos, cuando contraen enfermedades, apelan a los servicios del “médico”, en reemplazo del profesional al que ellos llaman doctor. Generalmente, se trata de señoras ancianas, o viejitos carismáticos, conocedores de los secretos de la medicina natural, que recetan los remedios más insólitos. Entre los males que deben combatir se halla la culebrilla, una infección dérmica, que según una creencia generalizada entre nuestra gente campesina, solo la cura el “médico”. Esta enfermedad provoca una erupción en la piel siguiendo una línea. Se cree que cuando la línea (culebra) une sus dos puntas (la cabeza se junta con la cola) tiene consecuencias fatales para el portador. Una forma de curarla es frotando un sapo sobre la culebrilla para que este absorba el veneno. También se suele escribir con tinta en ambos extremos las palabras Jesús, María y José. En nuestro Chaco, en la región noroeste, simplemente se traza una línea con tinta china rodeando la afección, cuidando de encerrarla y así evitar que se unan las puntas. He visto trazar la defensa con una pluma de ave, con una lapicera fuente, y hasta con una simple palito. Consultadas las personas entendidas que realizaban la curación, afirmaron que no debe utilizarse bolígrafo. De recopilaciones efectuadas por otros estudiosos del tema, he tomado conocimiento que para realizar la cura se debe tomar un jarro con un poco de agua y asiendo tres ramitas recitar la siguiente oración tres veces por día durante tres días: "Yo iba por un caminito, me encontré con San Pablo, me preguntó que tenía, contesté que era culebrilla, ¿con qué se curaría? Respondió San Pablo: con agua de la fuente y rama de... (nombre del enfermo)". Es probable que el nombre provenga de la creencia de los antiguos gauchos de la Pampa Húmeda (Sur de la Provincia de Buenos Aires y zona Este de La Pampa) quienes suponían que su contaminación proviene del paso de una víbora o culebra sobre la ropa extendida para su secado sobre los cultivos (generalmente de trigo), o cuando durante los descansos nocturnos de los reseros, extendían los componentes del apero y su propia ropa para su oreado. La medicina científica afirma que el HERPES ZOSTER es una infección aguda usualmente autolimitada topográficamente, que se produce por activación del virus latente del que la mayoría somos portadores VARICELLA-ZOSTER o Virus del herpes humano 3, del que se puede tener inmunidad parcial luego de haberse enfermado con la secreción de las pústulas de los pollos "chickenpox". Esta afección ataca a los ganglios de las raíces posteriores de los nervios espinales (sensitivos) y su área de inervación, produciendo dolor neurálgico a lo largo del nervio afectado y la erupción cutánea del área correspondiente a dicho nervio. Es habitual que los “médicos” o “médicas” (curanderos) del norte argentino aconsejen a sus pacientes asistir durante tres jornadas a las sesiones de curación para que el remedio sea eficaz. Éstos suelen recitar oraciones mentalmente para fortalecer sus poderes, solicitando la asistencia de sus referentes religiosos. Está muy arraigada en los ambientes folk la creencia de que el doctor no tiene conocimientos para combatir la enfermedad. Por esta sencilla razón siempre que alguien contrae el mal se solicita el concurso de un curandero. Sucede lo mismo con el empacho y el ojeo, que según una tradición urbana y rural de estos tiempos, los mismos doctores aconsejan llevar al enfermo ante la presencia del “médico”. Comparando la explicación que se dan nuestros paisanos respecto a los orígenes de la mayoría de las enfermedades, con las de los europeos, no he escuchado que asignen la presencia de estos males a la acción de espíritus malignos, o brujas. En la Europa antigua (especialmente la Edad Media) se justificaban las enfermedades achacándoles la causal a la acción de brujas o espíritus traviesos, sobre todo en los tiempos de mayor rigidez religiosa operada por el cristianismo. Nuestra gente campesina o montañés, ha desarrollado un conocimiento (folclórico) extenso sobre las propiedades curativas de las plantas, y una batería de prácticas rituales para combatir las enfermedades, como la culebrilla, cuya verdadera causa desconocen. la viuda Según la superstición del gaucho la viuda era un fantasma que se aparecía en medio de la noche, vestida de blanco, envuelta en una sábana y generalmente usaba zancos. Representa el ánima de la viuda, y al confuso viajero que lo enfrenta lo desvalija de todo lo que lleva encima. A veces aparece bajo la forma de un potrillo o ternero y aún de un perro. También se le llama la llorona. Una de las versiones catamarqueñas representa a la viuda como mujer de alta talla, vestida de negro y con los pies desnudos y blancos y si habla despide llamas por la boca. Persigue a los mozos que andan en amoríos y cuando pasan jineteando, monta en las ancas de sus caballos, y les abraza mortalmente. Algunos que han conseguido zafarse, dicen que han sentido a sus espaldas algo así como el ruido de una bolsa de huesos. En Santiago del Estero, según Feijóo, se presenta como una mujer alta, delgada, y se la ve por los puentes, en los caminos, por los lugares más apartados y siempre de noche. O bien en las mismas calles de la ciudad, siempre a mitad de cuadra, parada, como si esperara a alguien, o como si viviera en el aire, sin importarle a nadie, aunque mostrando sus sonrisas a los hombres, no a las mujeres, a las que aborrece y esquiva con andar ligero. Y cuentan que hasta llega a acom pañar a los hombres o se cruza de improviso por delante de toda persona, produciéndole el consiguiente espanto. El origen de la viuda debe buscarse en el mal que le hizo su propio hijo para colmar su ambición y cumplir con los requisitos de la magia. A los chicos se los amenazaba con la viuda si no se portaban bien o no querían dormirse. la luz mala La Luz Mala, Fuego Fatuo, o Farol de Mandinga es una de las creencias populares más arraigadas en el norte argentino. Finalizada la conquista territorial y espiritual de esta parte de América a mano de los españoles, las huellas que dejaron son indelebles, y este se verifica en la conformación de muchas leyendas que circulan aún la actualidad. En cuanto a la Luz Mala, dicen se trataría de antiguos tesoros en oro y plata perdidos por los conquistadores, cuando fueron asesinados en emboscadas por los nativos. Esos bienes se enterraron producto de la erosión, o simplemente fueron escondidos por sus dueños, cuya ubicación algunos afirman conocer, tejiéndose cuentos del tío victimando a cándidos paisanos. En el noroeste argentino, afirman que las luces son los brillos del metal dirigidos por las almas de sus antiguos dueños, que intentan atemorizar a quien acierta a pasar por el lugar donde está ubicado. Se afirma que el día de San Bartolomé (fecha en que el diablo no tiene la vigilancia de los ángeles) es el propicio para descubrir el lugar de ubicación de un "Tapado" (Tesoro) Ese día Satán busca almas ingenuas que se aventuren movidos por la codicia a esos lugares. Indudablemente el miedo a la muerte, y la concepción religiosa del mal, generan en la intimidad del pensamiento estas fabulaciones. En nuestra provincia, esos avistamientos de luces serían almas en pena, que buscan contar sus cuitas a quien quiera escucharlos, pidiendo eleven oraciones que ayuden a obtener el perdón divino. Por supuesto que producen terror a quien la divisa. En las regiones central y sur del Chaco son moneda corriente las historias de apariciones de Luces Malas. Incluso yo he tenido la oportunidad de observar su presencia, de distintas formas, experiencia que resume todo lo referente a esta creencia. Es decir nunca fui molestado, ni observé extrañas formas o ruidos. Escuché relatos de golpizas, de asustar cabalgaduras, de frenar violentamente los biciclos, y floridas especulaciones respecto de contratiempos sufridos a causa de la luz. Quizá se deba a algún sentimiento de culpa muy íntimo, que actuó sobre la psiquis del paisano instalándose en su sector consciente, una ficticia experiencia de castigo por la falta que carga. La explicación más corriente a este fenómeno real, es el de creer que se trata de gases fosforescentes generados por la descomposición de huesos o metales nobles. Serían gases con esa propiedad física, que por tener una densidad distinta al aire que lo contiene no adopta su forma, aglutinándose en forma de bolas, y por su peso específico infinitesimalmente distinto al aire de la atmósfera, serían movidos por la menor brisa. Nuestro organismo no siempre percibe el movimiento de la masa de aire, lo que explicaría el movimiento de traslación del fenómeno. También nuestro territorio fue surcado por españoles portadores de cargamentos de metales preciosos traídos del sur del Imperio Inca. Además podría haber acumulación de huesos de animales producto de sequías, o de cementerios de nativos. Todas especulaciones de dan fuerza a la creencia de la descomposición de estos elementos, como generadoras de la Luz Mala.
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