Hola en esta segunda del post Taringa! astronomico segunda parte les traje informaciones Galaxia Andromeda y formas de vida en planetas y lunas:
Diferencia entre los satelites Naturales y Artificiales:
La diferencia entre esos satelites son
Naturales: que son creados solo es decir por la naturaleza o como lo piensen pero no lo crea ninigun humano ni animal Etc...solamente es natural creado por la naturaleza
Artificiales: son creado por el hombre y despues enviado al universo desde la tierra:
Aqui imagenes:
Satelites naturales
La tierra no cuenta como satelite natural jeje
Satelites artificiales
LOS SATELITES NATURALES:
Como mencionamos, además de los planetas principales, el Sistema Solar está compuesto por muchos más cuerpos celestes. Alrededor de la mayoría de los planetas giran satélites, de manera similar a la Luna en torno de la Tierra. En Astronomía, el término satélite se aplica en general a aquellos objetos en rotación alrededor de un astro, este último es de mayor dimensión que el primero; ambos cuerpos están vinculados entre sí por fuerzas de gravedad recíproca.
Existe una diferenciación entre satélites naturales y artificiales. Los artificiales son los construidos por el hombre, y por lo tanto es factible, de alguna manera, de modificar su trayectoria. En las últimas décadas se han puesto en órbita una gran variedad de satélites artificiales alrededor de la Tierra y también de varios planetas.
Un satélite natural, en cambio, es cualquier astro que se encuentra desplazándose alrededor de otro; no es factible modificar sus trayectorias artificialmente.
En general, a los satélites de los planetas principales se les llama lunas, por asociación con el nombre del satélite natural de la Tierra.
Los diferentes planetas poseen distinta cantidad de lunas. El número total en el Sistema Solar es alto y aún se considera incompleto, ya que se continúa encontrándose nuevas lunas. No se conocen lunas en Mercurio ni en Venus y tampoco ningún satélite que posea una luna.
A pesar de estar acostumbrados a que la visión de nuestra Luna como un cuerpo esferoidal, debe pensarse que, en general, los satélites de los planetas principales pueden ser bien diferentes, presentar formas irregulares o ser sumamente achatados.
En la actualidad (junio de 2003) el número total de satélites conocidos en cada planeta se indica a continuación.EL total de satélites es de 128. Seguramente en los próximos años un número mayor de pequeños satélites serán descubiertos.
Número de Satélites de los Planetas
Número de Satélites
Planeta
Tierra 1
Marte 2
Júpiter 60
Saturno 31
Urano 22
Neptuno 11
Plutón 1
Las lunas de los planetas se mueven alrededor del mismo soportando diversas fuerzas; si los planetas fueran esferas perfectas, se desplazarían en órbitas perfectamente elípticas. Como los planetas están deformados a causa de su rotación, presentan un abultamiento ecuatorial. Este efecto, conjuntamente con las fuerzas de atracción de otras lunas del mismo planeta y la acción gravitatoria del Sol, determinan que cada satélite posea un movimiento complejo denominado movimiento perturbado.
En la siguiente tabla se indican el período sidéreo y el diámetro medio de algunas lunas de los planetas principales y de nuestra Luna.
Datos de los Satélites más importantes
Planeta Satélite PS(días) D(km)
Tierra Luna 27,32 3.476
Marte Fobos 0,31 21
Deimos 1,26 12
Júpiter Ganímedes 7,15 5.262
Io 1.77 3.630
Europa 3.55 3.140
Calixto 16,69 4.800
Leda 239 16
Saturno Atlas 0,60 40
Titán
15,95 5.150
Urano Cordelia 0,33 15
Titania
8,71 1.590
Neptuno Naiad 0,3 60
Nereida
360,2 340
Plutón Caronte 6,38 1.200
El período sidéreo PS está dado en días y fracciones de día (terrestres) y el diámetro D en kilómetros.
Respecto al origen de estos astros se han sugerido diferentes teorías: (a) se formaron junto con el planeta principal; (b) se desprendieron del planeta principal a lo largo de su evolución; o bien (c) se trata de un cuerpo capturado por el planeta principal (por ejemplo Febe en Saturno, o bien Fobos y Deimos en Marte).
Como también se ha verificado que existen asteroides que tienen su propia luna, por ejemplo, Herculina, un planetita de 217 km de diámetro con una luna de apenas 50 km. Hay quienes sospechan que el propio Plutón y su luna, son en realidad dos asteroides bastante grandes muy alejados del resto, en los confines del Sistema Solar.
El análisis detallado de las fotografías y los datos astrofísicos enviados por naves espaciales, han mostrado que los satélites son cuerpos opacos y sólidos, muy diferentes unos de otros. Algunos de ellos son tan grandes como el planeta Mercurio.
Excepto nuestra luna, los satélites planetarios no son visibles a simple vista y sólo las cuatro mayores lunas de Júpiter, cuyos nombres son Europa, Io, Calixto y Ganímedes, se pueden observar a través de binoculares o con un pequeño telescopio. Los restantes satélites precisan de poderosos instrumentos para ser detectados.
Historia de los Satelites artificiales:
El origen de los satélites artificiales está íntimamente ligado al desarrollo de los cohetes que fueron creados, primero, como armas de larga distancia; después, utilizados para explorar el espacio y luego, con su evolución, convertidos en instrumentos para colocar satélites en el espacio.
Las actividades en el espacio, incluyendo la tecnología satelital, se remonta a tiempos muy remotos, cuando el hombre empezó a medir los movimientos de las estrellas, dando origen a una de las ramas más antiguas de la ciencia, la Mecánica Celeste. Mucho después, se empezaron a realizar los primeros cálculos científicos sobre la tasa de velocidad necesaria para superar el tirón gravitacional de la Tierra.
No fue sino hasta 1945, cuando el entonces Secretario de la Sociedad Interplanetaria Británica, Arthur C. Clarke, publicó un artículo -que muchos calificaron como fantasioso- acerca de la posibilidad de transmitir señales de radio y televisión a través de largas distancias (transatlánticas) sin la necesidad de cables coaxiales (en el caso de la televisión o relevadores en el de la radio), proponiendo un satélite artificial ubicado a una altura de 36 mil km, que girara alrededor de la Tierra una vez cada 24 horas, de tal forma que se percibiera como fijo sobre un punto determinado y, por lo tanto, cubriendo en su transmisión una fracción de la superficie terrestre. Este artefacto estaría equipado con instrumentos para recibir y transmitir señales entre él mismo y uno o varios puntos desde tierra; también, añadía que para hacer posible la cobertura de todo el planeta habrían de colocarse tres de estos satélites de manera equidistante a la altura mencionada, en la línea del Ecuador. El artículo presentaba, además, algunos cálculos sobre la energía que se requeriría para que dichos satélites funcionaran, y para ello proponía el aprovechamiento de la energía solar.
Con esos elementos en mente, la Marina de los Estados Unidos de América (E.U), unos años más tarde, utilizó con éxito el satélite natural de la Tierra -la Luna- para establecer comunicación entre dos puntos lejanos en el planeta, transmitiendo señales de radar que dicho cuerpo celeste reflejaba, logrando con ello comunicar a la ciudad de Washington con la Isla de Hawai. Esto comprobó que se podrían utilizar satélites artificiales con los mismos fines, pero salvando la desventaja de depender de la hora del día para obtener las señales reflejadas. Se emprendió, un ambicioso proyecto denominado Echo, el cual consistía en utilizar un enorme globo recubierto de aluminio para que sirviera como espejo y reflejara las señales emitidas desde la Tierra. El artefacto, visible a simple vista, fue el primer satélite artificial de tipo pasivo -por su característica de servir solamente como reflejo y no tener aparatos para retransmisión-; los llamados satélites activos vendrían después, con los avances tecnológicos y las experiencias que poco a poco fueron enriqueciendo el conocimiento en este campo.
En la siguiente década, el Año Geofísico Internacional (1957-1958), marcó el banderazo de salida de una carrera espacial que durante muchos años protagonizaron E.U. y la Unión Soviética, siendo está última la que se llevó la primicia al lanzar al espacio, el 4 de octubre de 1957, el satélite Sputnik I, el cual era una esfera metálica de tan solo 58 cm de diámetro. En diciembre de ese mismo año, E.U. también lanzó su propio satélite, el Vanguard, aunque sin éxito, pues se incendió en el momento de su lanzamiento.
La Unión Soviética siguió su camino e instaló en órbita la segunda versión del Sputnik, en noviembre de 1957, ahora con un ser vivo como pasajero: la perra Laika. Después, hubo una tercera versión del Sputnik que se lanzó en 1958.
Unos meses antes, E.U. -continuando con el reto impuesto- lanzó el satélite Explorer l, y con ello se apuntó un tanto en el mundo de la ciencia al descubrir los cinturones de radiación que rodean a la Tierra, a los que llamaron Van Allen en honor al líder de los científicos responsables de esa misión. Posterior a ese satélite, siguieron sus versiones II, III y IV, de los cuales el Explorer II falló.
El primer experimento en comunicaciones desde el espacio también fue en 1958, cuando un cohete Atlas-B, equipado con un transmisor y un reproductor, emitió hacia la Tierra un mensaje grabado con anterioridad por el presidente Eisenhower. El Atlas-Score permitió demostrar que la voz humana podía propagarse superando la considerable distancia existente entre el planeta y el satélite. El concepto fundamental era sencillo: un repetidor colocado en un lugar suficientemente elevado podría dominar mucha mayor superficie que sus homólogos terrestres. El repetidor, por supuesto, sería colocado en órbita, aunque su limitación principal sería la movilidad del objeto en el espacio.
Todos esos satélites aportaron importantes conocimientos al mundo científico, pues al ser equipados cada vez con mejores y más sofisticados instrumentos de medición, permitieron conocer las condiciones del espacio que rodea a la Tierra y, con ello, promover nuevos experimentos.
Fue así que el primer satélite activo que se puso en órbita fue el Courier, de propiedad estadounidense (lanzado en 1960), equipado con un paquete de comunicaciones o repetidor que recibía las señales de la Tierra, las traducía a frecuencias determinadas, las amplificaba y después las retransmitía al punto emisor.
Así, se sucedieron muchos otros lanzamientos de satélites con fines experimentales en el campo de las comunicaciones para transmisiones de radioaficionados y señales de televisión en diversas bandas de frecuencia o con propósitos militares, de tal forma que al terminar 1962, EU. contaba ya con 120 satélites puestos en órbita, mientras que Rusia tenía 33.
En 1963, en Estados Unidos de América se fundó la primera compañía dedicada a telecomunicaciones por satélite (COMSAT). También, en ese mismo año la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), durante una conferencia sobre radiocomunicaciones, expidió las primeras normas en materia de telecomunicaciones por satélite.
Gracias a la construcción de cohetes más potentes -que llevaron satélites a la altura adecuada- y al desarrollo de la electrónica como un elemento importante relacionado con muchas funciones de un satélite, en 1964 se logró colocar en órbita geoestacionaria o Cinturón de Clarke primer satélite de este tipo (geoestacionario): el Syncom 3, que permitió en Europa la transmisión de los juegos olímpicos de Tokio.
En agosto de 1964 se formó el consorcio internacional Intelsat, encargado de administrar una nueva serie de satélites geoestacionarios disponibles para todo el mundo, el primero de sus satélites fue el Early Bird o Intelsat-1. En la actualidad, existen alrededor de 200 de esta clase, en su mayoría geoestacionarios, conectando lugares de todo el mundo y que, además de servir para la telecomunicación internacional, se emplean para servicios como televisión y observación meteorológica, entre otras aplicaciones.
Esos acontecimientos marcaron el inicio de la era espacial, desarrollándose con rapidez la capacidad de fabricar una gran variedad de naves que al principio parecían modestas, pues sólo lanzaban satélites experimentales de investigación relativamente sencillos, que después, en la década de los años 70, se convirtieron en sofisticados prototipos de vehículos espaciales para comunicaciones y meteorología y, más adelante, para sondeos lunares y planetarios.
Satelites Naturales de la Tierra:
Galaxia andromeda
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=ASimH02uRmo
La galaxia de Andrómeda, o M31, es un sistema de miles de millones de estrellas, similar a la Vía Láctea. La distancia de M31 es de "sólo" 2,5 millones de años-luz, haciéndola la galaxia espiral más cercana a la nuestra.
El mapa de las velocidades del gas parece una foto de una gigantesca rueda de fuego. En uno de los lados, el gas CO (monóxido de carbono) se mueve a 500 kilómetros por segundo hacia nosotros, mientras que en el otro lado lo hace a "sólo" 100 kilómetros por segundo. La galaxia de Andrómeda se está moviendo hacia nosotros a una velocidad de cerca de 300 kilómetros por segundo. Aparte de eso, M31 está rotando a unos 200 kilómetros por segundo alrededor de su eje central.
La densidad del gas molecular frío en los brazos espirales de M31 es mucho mayor que en las regiones entre los brazos, lo que implica que el gas atómico está distribuido más uniformemente. Esto sugiere que el gas molecular está formado a partir del gas atómico en los brazos espirales, especialmente en el estrecho anillo de formación estelar. El origen de este anillo aún es incierto. Podría ser que el gas de dicho anillo fuese sólo material aún no usado por las estrellas. O tal vez el campo magnético muy regular de M31 activa la formación de estrellas en los brazos espirales.
El anillo de formación estelar (zona de nacimiento de estrellas) en nuestra galaxia, la Vía Láctea, se extiende desde 10.000 hasta 20.000 años-luz de distancia al centro galáctico, siendo mucho más pequeño que el de M31. A pesar de esto, contiene unas diez veces más gas molecular. Como todas las galaxias son casi de la misma edad, la Vía Láctea ha sido, por tanto, más "ahorradora" con su gasto de materia prima. Por otra parte, las numerosas estrellas viejas cerca del centro de M31 indican que en el pasado el ritmo de formación de estrellas fue mucho más alto que en el presente: aquí la mayoría del gas ha sido procesado ya.
El nuevo mapa de CO nos muestra que Andrómeda fue muy efectiva en la formación de estrellas en el pasado. En algunos miles de millones de años a partir de ahora, nuestra Vía Láctea puede presentar un aspecto similar al que hoy tiene Andrómeda.
Andromeda a simple vista
Formas de Vida en planetas y lunas:
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=wkMm7IY0-xY&feature=player_embedded
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=z4b-fEl_xfU&feature=player_embedded
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=5MbB5RDujYg&feature=player_embedded
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=tNt6eVe1ia4&feature=player_embedded
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Hb2C0NBCqQw&feature=player_embedded
Bueno eso fue todo espero que les haya interesado astronomos jejeje adios a todos!!!
Diferencia entre los satelites Naturales y Artificiales:
La diferencia entre esos satelites son
Naturales: que son creados solo es decir por la naturaleza o como lo piensen pero no lo crea ninigun humano ni animal Etc...solamente es natural creado por la naturaleza
Artificiales: son creado por el hombre y despues enviado al universo desde la tierra:
Aqui imagenes:
Satelites naturales
La tierra no cuenta como satelite natural jeje
Satelites artificiales
LOS SATELITES NATURALES:
Como mencionamos, además de los planetas principales, el Sistema Solar está compuesto por muchos más cuerpos celestes. Alrededor de la mayoría de los planetas giran satélites, de manera similar a la Luna en torno de la Tierra. En Astronomía, el término satélite se aplica en general a aquellos objetos en rotación alrededor de un astro, este último es de mayor dimensión que el primero; ambos cuerpos están vinculados entre sí por fuerzas de gravedad recíproca.
Existe una diferenciación entre satélites naturales y artificiales. Los artificiales son los construidos por el hombre, y por lo tanto es factible, de alguna manera, de modificar su trayectoria. En las últimas décadas se han puesto en órbita una gran variedad de satélites artificiales alrededor de la Tierra y también de varios planetas.
Un satélite natural, en cambio, es cualquier astro que se encuentra desplazándose alrededor de otro; no es factible modificar sus trayectorias artificialmente.
En general, a los satélites de los planetas principales se les llama lunas, por asociación con el nombre del satélite natural de la Tierra.
Los diferentes planetas poseen distinta cantidad de lunas. El número total en el Sistema Solar es alto y aún se considera incompleto, ya que se continúa encontrándose nuevas lunas. No se conocen lunas en Mercurio ni en Venus y tampoco ningún satélite que posea una luna.
A pesar de estar acostumbrados a que la visión de nuestra Luna como un cuerpo esferoidal, debe pensarse que, en general, los satélites de los planetas principales pueden ser bien diferentes, presentar formas irregulares o ser sumamente achatados.
En la actualidad (junio de 2003) el número total de satélites conocidos en cada planeta se indica a continuación.EL total de satélites es de 128. Seguramente en los próximos años un número mayor de pequeños satélites serán descubiertos.
Número de Satélites de los Planetas
Número de Satélites
Planeta
Tierra 1
Marte 2
Júpiter 60
Saturno 31
Urano 22
Neptuno 11
Plutón 1
Las lunas de los planetas se mueven alrededor del mismo soportando diversas fuerzas; si los planetas fueran esferas perfectas, se desplazarían en órbitas perfectamente elípticas. Como los planetas están deformados a causa de su rotación, presentan un abultamiento ecuatorial. Este efecto, conjuntamente con las fuerzas de atracción de otras lunas del mismo planeta y la acción gravitatoria del Sol, determinan que cada satélite posea un movimiento complejo denominado movimiento perturbado.
En la siguiente tabla se indican el período sidéreo y el diámetro medio de algunas lunas de los planetas principales y de nuestra Luna.
Datos de los Satélites más importantes
Planeta Satélite PS(días) D(km)
Tierra Luna 27,32 3.476
Marte Fobos 0,31 21
Deimos 1,26 12
Júpiter Ganímedes 7,15 5.262
Io 1.77 3.630
Europa 3.55 3.140
Calixto 16,69 4.800
Leda 239 16
Saturno Atlas 0,60 40
Titán
15,95 5.150
Urano Cordelia 0,33 15
Titania
8,71 1.590
Neptuno Naiad 0,3 60
Nereida
360,2 340
Plutón Caronte 6,38 1.200
El período sidéreo PS está dado en días y fracciones de día (terrestres) y el diámetro D en kilómetros.
Respecto al origen de estos astros se han sugerido diferentes teorías: (a) se formaron junto con el planeta principal; (b) se desprendieron del planeta principal a lo largo de su evolución; o bien (c) se trata de un cuerpo capturado por el planeta principal (por ejemplo Febe en Saturno, o bien Fobos y Deimos en Marte).
Como también se ha verificado que existen asteroides que tienen su propia luna, por ejemplo, Herculina, un planetita de 217 km de diámetro con una luna de apenas 50 km. Hay quienes sospechan que el propio Plutón y su luna, son en realidad dos asteroides bastante grandes muy alejados del resto, en los confines del Sistema Solar.
El análisis detallado de las fotografías y los datos astrofísicos enviados por naves espaciales, han mostrado que los satélites son cuerpos opacos y sólidos, muy diferentes unos de otros. Algunos de ellos son tan grandes como el planeta Mercurio.
Excepto nuestra luna, los satélites planetarios no son visibles a simple vista y sólo las cuatro mayores lunas de Júpiter, cuyos nombres son Europa, Io, Calixto y Ganímedes, se pueden observar a través de binoculares o con un pequeño telescopio. Los restantes satélites precisan de poderosos instrumentos para ser detectados.
Historia de los Satelites artificiales:
El origen de los satélites artificiales está íntimamente ligado al desarrollo de los cohetes que fueron creados, primero, como armas de larga distancia; después, utilizados para explorar el espacio y luego, con su evolución, convertidos en instrumentos para colocar satélites en el espacio.
Las actividades en el espacio, incluyendo la tecnología satelital, se remonta a tiempos muy remotos, cuando el hombre empezó a medir los movimientos de las estrellas, dando origen a una de las ramas más antiguas de la ciencia, la Mecánica Celeste. Mucho después, se empezaron a realizar los primeros cálculos científicos sobre la tasa de velocidad necesaria para superar el tirón gravitacional de la Tierra.
No fue sino hasta 1945, cuando el entonces Secretario de la Sociedad Interplanetaria Británica, Arthur C. Clarke, publicó un artículo -que muchos calificaron como fantasioso- acerca de la posibilidad de transmitir señales de radio y televisión a través de largas distancias (transatlánticas) sin la necesidad de cables coaxiales (en el caso de la televisión o relevadores en el de la radio), proponiendo un satélite artificial ubicado a una altura de 36 mil km, que girara alrededor de la Tierra una vez cada 24 horas, de tal forma que se percibiera como fijo sobre un punto determinado y, por lo tanto, cubriendo en su transmisión una fracción de la superficie terrestre. Este artefacto estaría equipado con instrumentos para recibir y transmitir señales entre él mismo y uno o varios puntos desde tierra; también, añadía que para hacer posible la cobertura de todo el planeta habrían de colocarse tres de estos satélites de manera equidistante a la altura mencionada, en la línea del Ecuador. El artículo presentaba, además, algunos cálculos sobre la energía que se requeriría para que dichos satélites funcionaran, y para ello proponía el aprovechamiento de la energía solar.
Con esos elementos en mente, la Marina de los Estados Unidos de América (E.U), unos años más tarde, utilizó con éxito el satélite natural de la Tierra -la Luna- para establecer comunicación entre dos puntos lejanos en el planeta, transmitiendo señales de radar que dicho cuerpo celeste reflejaba, logrando con ello comunicar a la ciudad de Washington con la Isla de Hawai. Esto comprobó que se podrían utilizar satélites artificiales con los mismos fines, pero salvando la desventaja de depender de la hora del día para obtener las señales reflejadas. Se emprendió, un ambicioso proyecto denominado Echo, el cual consistía en utilizar un enorme globo recubierto de aluminio para que sirviera como espejo y reflejara las señales emitidas desde la Tierra. El artefacto, visible a simple vista, fue el primer satélite artificial de tipo pasivo -por su característica de servir solamente como reflejo y no tener aparatos para retransmisión-; los llamados satélites activos vendrían después, con los avances tecnológicos y las experiencias que poco a poco fueron enriqueciendo el conocimiento en este campo.
En la siguiente década, el Año Geofísico Internacional (1957-1958), marcó el banderazo de salida de una carrera espacial que durante muchos años protagonizaron E.U. y la Unión Soviética, siendo está última la que se llevó la primicia al lanzar al espacio, el 4 de octubre de 1957, el satélite Sputnik I, el cual era una esfera metálica de tan solo 58 cm de diámetro. En diciembre de ese mismo año, E.U. también lanzó su propio satélite, el Vanguard, aunque sin éxito, pues se incendió en el momento de su lanzamiento.
La Unión Soviética siguió su camino e instaló en órbita la segunda versión del Sputnik, en noviembre de 1957, ahora con un ser vivo como pasajero: la perra Laika. Después, hubo una tercera versión del Sputnik que se lanzó en 1958.
Unos meses antes, E.U. -continuando con el reto impuesto- lanzó el satélite Explorer l, y con ello se apuntó un tanto en el mundo de la ciencia al descubrir los cinturones de radiación que rodean a la Tierra, a los que llamaron Van Allen en honor al líder de los científicos responsables de esa misión. Posterior a ese satélite, siguieron sus versiones II, III y IV, de los cuales el Explorer II falló.
El primer experimento en comunicaciones desde el espacio también fue en 1958, cuando un cohete Atlas-B, equipado con un transmisor y un reproductor, emitió hacia la Tierra un mensaje grabado con anterioridad por el presidente Eisenhower. El Atlas-Score permitió demostrar que la voz humana podía propagarse superando la considerable distancia existente entre el planeta y el satélite. El concepto fundamental era sencillo: un repetidor colocado en un lugar suficientemente elevado podría dominar mucha mayor superficie que sus homólogos terrestres. El repetidor, por supuesto, sería colocado en órbita, aunque su limitación principal sería la movilidad del objeto en el espacio.
Todos esos satélites aportaron importantes conocimientos al mundo científico, pues al ser equipados cada vez con mejores y más sofisticados instrumentos de medición, permitieron conocer las condiciones del espacio que rodea a la Tierra y, con ello, promover nuevos experimentos.
Fue así que el primer satélite activo que se puso en órbita fue el Courier, de propiedad estadounidense (lanzado en 1960), equipado con un paquete de comunicaciones o repetidor que recibía las señales de la Tierra, las traducía a frecuencias determinadas, las amplificaba y después las retransmitía al punto emisor.
Así, se sucedieron muchos otros lanzamientos de satélites con fines experimentales en el campo de las comunicaciones para transmisiones de radioaficionados y señales de televisión en diversas bandas de frecuencia o con propósitos militares, de tal forma que al terminar 1962, EU. contaba ya con 120 satélites puestos en órbita, mientras que Rusia tenía 33.
En 1963, en Estados Unidos de América se fundó la primera compañía dedicada a telecomunicaciones por satélite (COMSAT). También, en ese mismo año la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), durante una conferencia sobre radiocomunicaciones, expidió las primeras normas en materia de telecomunicaciones por satélite.
Gracias a la construcción de cohetes más potentes -que llevaron satélites a la altura adecuada- y al desarrollo de la electrónica como un elemento importante relacionado con muchas funciones de un satélite, en 1964 se logró colocar en órbita geoestacionaria o Cinturón de Clarke primer satélite de este tipo (geoestacionario): el Syncom 3, que permitió en Europa la transmisión de los juegos olímpicos de Tokio.
En agosto de 1964 se formó el consorcio internacional Intelsat, encargado de administrar una nueva serie de satélites geoestacionarios disponibles para todo el mundo, el primero de sus satélites fue el Early Bird o Intelsat-1. En la actualidad, existen alrededor de 200 de esta clase, en su mayoría geoestacionarios, conectando lugares de todo el mundo y que, además de servir para la telecomunicación internacional, se emplean para servicios como televisión y observación meteorológica, entre otras aplicaciones.
Esos acontecimientos marcaron el inicio de la era espacial, desarrollándose con rapidez la capacidad de fabricar una gran variedad de naves que al principio parecían modestas, pues sólo lanzaban satélites experimentales de investigación relativamente sencillos, que después, en la década de los años 70, se convirtieron en sofisticados prototipos de vehículos espaciales para comunicaciones y meteorología y, más adelante, para sondeos lunares y planetarios.
Satelites Naturales de la Tierra:
Galaxia andromeda
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=ASimH02uRmo
La galaxia de Andrómeda, o M31, es un sistema de miles de millones de estrellas, similar a la Vía Láctea. La distancia de M31 es de "sólo" 2,5 millones de años-luz, haciéndola la galaxia espiral más cercana a la nuestra.
El mapa de las velocidades del gas parece una foto de una gigantesca rueda de fuego. En uno de los lados, el gas CO (monóxido de carbono) se mueve a 500 kilómetros por segundo hacia nosotros, mientras que en el otro lado lo hace a "sólo" 100 kilómetros por segundo. La galaxia de Andrómeda se está moviendo hacia nosotros a una velocidad de cerca de 300 kilómetros por segundo. Aparte de eso, M31 está rotando a unos 200 kilómetros por segundo alrededor de su eje central.
La densidad del gas molecular frío en los brazos espirales de M31 es mucho mayor que en las regiones entre los brazos, lo que implica que el gas atómico está distribuido más uniformemente. Esto sugiere que el gas molecular está formado a partir del gas atómico en los brazos espirales, especialmente en el estrecho anillo de formación estelar. El origen de este anillo aún es incierto. Podría ser que el gas de dicho anillo fuese sólo material aún no usado por las estrellas. O tal vez el campo magnético muy regular de M31 activa la formación de estrellas en los brazos espirales.
El anillo de formación estelar (zona de nacimiento de estrellas) en nuestra galaxia, la Vía Láctea, se extiende desde 10.000 hasta 20.000 años-luz de distancia al centro galáctico, siendo mucho más pequeño que el de M31. A pesar de esto, contiene unas diez veces más gas molecular. Como todas las galaxias son casi de la misma edad, la Vía Láctea ha sido, por tanto, más "ahorradora" con su gasto de materia prima. Por otra parte, las numerosas estrellas viejas cerca del centro de M31 indican que en el pasado el ritmo de formación de estrellas fue mucho más alto que en el presente: aquí la mayoría del gas ha sido procesado ya.
El nuevo mapa de CO nos muestra que Andrómeda fue muy efectiva en la formación de estrellas en el pasado. En algunos miles de millones de años a partir de ahora, nuestra Vía Láctea puede presentar un aspecto similar al que hoy tiene Andrómeda.
Andromeda a simple vista
Formas de Vida en planetas y lunas:
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=wkMm7IY0-xY&feature=player_embedded
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=z4b-fEl_xfU&feature=player_embedded
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=5MbB5RDujYg&feature=player_embedded
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=tNt6eVe1ia4&feature=player_embedded
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Hb2C0NBCqQw&feature=player_embedded
Bueno eso fue todo espero que les haya interesado astronomos jejeje adios a todos!!!


