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(Propio) Cuento: La secretaria y yo

Info2/26/2009
Este fue un cuento recien hecho que explica un par de cosas interesantes.. Los insto a que lo lean. Saliendo de clase de medios con el entrenamiento de voleibol próximo y con la gente de la carrera ocupada preparando quices y exposiciones decidí matar el tiempo en la oficina de la secretaria del programa. Los hombres buscamos los desafíos, lo lejano y a veces el dolor. Poseemos una naturaleza sadomasoquista compleja, animal, que nos obliga a pedir siempre más de cierto dulce veneno. Algo así era lo que buscaba esa tarde al “escalar” hasta la oficina. Cruce el umbral de la facultad y entre al patio interior, donde siempre hay mesas, sillas y sombrillas y una escultura hecha de residuos metálicos con significado ambiguo. Me aproximé a la oficina y seguí. Ahí estaba ella con un alumno de un semestre superior arreglando un horario. La apariencia prolija del muchacho no tenía nada de rescatable, y su rostro podía ser el de cualquier parroquiano, estudiante, soldado o desocupado. En cambio, el otro rostro brillaba entre la montaña de papeles que la rodeaba, su tez blanca, sus ojos semi-rasgados, sus pómulos salidos y una blanca sonrisa se aproximaba detrás de un portátil DELL rojo. Entré y no hubo reacción aparente; ella estaba concentrada en su horario y el estudiante y su rostro genérico estaban exasperados por el calor de aquella tarde. Saludé y ella paro por un momento lo que estaba haciendo y me respondió con un simpático hola, y me preguntó que necesitaba. La respuesta instantánea fue decirle que podía seguir con lo que estaba haciendo y yo esperaba a que acabara. Ella asintió y volvió a otro computador que estaba a un extremo de su “cubículo” de 5x5 metros. Esto me dio un poco más de tiempo para pensar en que decirle. Por lo general buscaba pretextos ridículos para ir y verle la cara; pero no de una manera enamorada, sino curiosa. Ella se muestra seria ante todos nosotros, seria y estricta, y yo quería (todavía quiero) saber qué había detrás de esa seriedad. Desgraciadamente me había aproximado de las maneras mas amateurs posibles y creía firmemente que ninguna carta que sacara o ningún libro que escribiera me iba a sacar de esa situación. Ese dia no era la excepción. Por lo general no me preparo nunca para hablarle a una mujer, pero la ausencia de precedentes era lo destacable. Cada vez que iba a buscarle conversa me decía que estaba ocupada… Ella estaba demorada en acabar su trabajo. Según escuché había borrado lo que recién había hecho y estaba algo frustrada por el reinicio inminente. Ignoré eso y seguí a la oficina de la directora de programa, una mujer muy activa y jovial, y discuti con ella unos minutos sobre unos textos que había publicado: -Bueno, profe, ¿y cuál te gustó o qué? -Camilo, la verdad pienso que te falta mucho. -¿En serio? Tiráme duro. -Tienes que recordar que te metiste a estudiar periodismo. Tus textos tienen algo bueno, pero hay que hacerse responsable de las opiniones propias, y no puedes sacar afirmaciones y frases sin saber si son ciertas. En algunos textos leo y sales con algo que… ¡Guau! -Pues en eso hay algo de razón. Acordáte de lo que dijo la profesora Martha al respecto hablando de las instancias mediante las cuales se puede analizar un texto: “La tercera instancia está está determinada por el lector a quien te diriges y la información suficiente y necesaria que das para que el lector comprenda, respete y acepte tus posiciones. Allí veo que hay que hacer un trabajo mayor para que no termines escribiendo para tu alter ego”. Vos sabes que yo soy de esas personas que escribe exponiéndose a si mismo, tanto que escribe a su propio alter ego. Te lo juro que leyéndome he aprendido mucho de mi mismo, como un acto de reconocimiento de ideas y de propuestas… -¿Es algo a cambiar, no? Opinando sin sustentar argumentos no te va a llevar a ningún lado. Tienes que recordar que escribir es trabajar con una materia escurridiza y de difícil acercamiento y que la palabra es esquiva. También noté en tus artículos que había ideas sueltas cuya conexión era poco explicita con el texto. Hay que ser coherentes, Camilo Andrés… -Es Camilo Alejandro, profesora. Y bueno, yo te dije que me andaras duro y eso, pero también hay que destacar que eran intentos, al fin y al cabo se aprende a escribir escribiendo. Yo se que la arquitectura de un texto merece especial cuidado y que definitivamente no puedo usar mal un conector ni una preposición, ni caer en vicios del lenguaje y como recién dijiste: sustentar bien los argumentos. Vos sabés que yo quiero que la gente me oiga y que tengo que trabajar bien la redacción para –me puse poético- “que la creación salga a la luz con mayor facilidad”. Mientras hablábamos ella se alistaba para su clase. Me impresiono especialmente su manera de hablar y meter hojas, cerrar ventanas y hablar conmigo mientras hacía mil cosas más. Iba con algo de afán y se despidió de mi y de la secretaria, que justo unos segundos antes había acabado. Antes de irse me guiñó el ojo y la señaló a ella con la boca con un gesto burlon. Yo olvide por un momento a que había ido, pero como me había quedado parado a la vista de ella me miró algo inquietada y me preguntó que quería, de nuevo. Le dije: -Bueno, ¿que mas? ¿cómo va todo? -Pues todo bien, mucho trabajo como siempre. Ahora si, ¿en que te puedo ayudar? Ahí entraron los nervios extraños, donde no sale nada interesante por decir. Recordaba entonces sus llegadas a la clase y su exclamación clásica: “¡Niños!”, y sentía que siempre ponía una brecha entre nosotros los primíparos y ella, o si era entre ella y yo, pero la verdad no consideré el mío un caso especial… Entonces le dije que venia a hacerle conversación. La respuesta fue bastante normal y daba pie a mas cosas. -Bueno, ¿y como te ha ido? Yo empecé a hablar de un par de cosas. Del voleibol, de la nueva ciudad, de la adaptación y de una que otra salida. Ella era escueta y respondía con un esporádico “Aja” a cada comentario. Y yo hablaba y la miraba, mientras respondía correos, enviaba faxes, corría papeles. Cuando articulaba más de 3 palabras yo hacía silencio y montaba después conversación de eso si podía, pero no daba resultado. En esos momentos lo que menos me importaba era el entrenamiento de voleibol. De todas maneras no me iban a meter a jugar, y eso era casi tan frustrante como el esfuerzo poco remunerado de intentar sacarle palabras a la agraciada secretaria. Pensaba mientras hablaba que por lo menos esta vez no me había dicho que no tenía tiempo, como para darme ánimos, pero era inútil. Después de 7 minutos y medio de hablar casi ininterrumpidamente decidí irme, ¿para qué mas tortura?. Me despedí y embebida en su trabajo no me dijo nada. Ya me aproximaba al patio interior de la facultad cuando escuché su voz diciéndome: -Camilo, ven. No lo dijo con una voz ni sugestiva ni nada, pero se sintió agradable ser llamado, necesitado, requerido, lo que fuera en ese momento. Muy casual desande mis pasos y me enfrente a ella. -Claro, decime. –le dije adoptando una postura toda aventurera. -Por ahí estuve leyendo uno de tus escritos, la profesora Martha me lo mostró. –Sentí mucho orgullo.- ¿De dónde sacas tantas cosas? -Leyendo. Pues llevo en eso muchos años y siempre consigo cosas nuevas e interesantes... Es que es algo que engloba diversión y aprehensión del conocimiento… Cuando lees e intentas descifrar lo que estás leyendo sucede algo similar a lo que pasa cuando haces un mapa conceptual, que te apegas al conocimiento y lo aplicas en la vida diaria por la asociación que haces. No es por tirármelas de mucho pero es algo que hago automáticamente y queda plasmado en esos escritos. Ella sabía a qué me refería, al fin y al cabo con más de 20 años y una carrera encima no podía ignorar esos matices extraños que tiene esta clase de conocimientos, que pasan desapercibidos, pero uno sabe que están ahí, y apenas uno se toma la molestia de aprender o de recordar o de concientizarse se da cuenta de lo práctico que es saber esta clase de cosas. Y pues en esos segundos en que ella miraba al vacio tratando de recordar o de atrapar lo que recién le decía aplicándolo a si misma yo pensaba en que podría hacer para darle continuidad a esta conversación. En el momento era una ventanita, una trampilla en el suelo, una pequeña entrada y yo pensaba que era la única posible. Afortunadamente llegó otro gris estudiante a pedir otro horario y ella se disculpo y dijo que tenía que hacer esto rápido, que era urgente, algo asi. No le preste mucha atención y busque una silla para ver si me podía concentrar mas en lo que podía decir y de alguna manera recordé un consejo de cierto libro de seducción que me había leído hace tiempo: “Un buen conquistador maneja su propia realidad”. De pronto la solución estaba en seguir hablando de lo mismo e incluirla, y como había un estrecho limite de tiempo tomé esa decisión rápido. No hubo problema al seguir el hilo anterior, porque ella simplemente me dijo que siguiera. -Es que la lectura, así como la escritura, es una actividad relacionada con el lenguaje, y según un ruso de apellido Vigotsky la acción del pensamiento depende de la capacidad lingüística, entonces leer es, de alguna manera, aprender a pensar. Mientras hablaba estaba mirando a otro sitio, visualizando el pequeño discurso y ella miraba hacia donde yo miraba y me miraba a mi extrañada. No creía mucho que estuviera pendiente. La verdad estaba completamente seguro de que estaba firmemente aburrida y esperando que yo acabara para entrar a facebook o seguir con lo que tuviera de trabajo acumulado. A muchas personas simplemente no les interesa la lingüística y hasta ese punto no había pensado por qué razón había llegado hasta allá después de que ella me preguntara de dónde sacaba lo de mis escritos y psicológicamente me estaba preparando para irme a voleibol, pero miro hacia ella y parece intrigada por lo que le acabo de decir. Y me dice: -Bueno, ¿pero no es el pensamiento el que produce el lenguaje? Al fin y al cabo si no piensas no vas a poder hablar ni expresarte. ¿Y tú crees que sea algo congénito lo de la lectura? Muchas veces hay hijos inteligentes de padres inteligentes… -Con respecto a lo primero hay varias teorías de ese tema, y la que vos me nombras es la de Jean Piaget. Yo creo un poco más en esa teoría, pero por ahora estamos viendo la de Vigotsky que es la que te decía ahora, la que supedita el pensamiento a la capacidad lingüística. Acá entra perfectamente lo que me preguntabas de la inteligencia congénita y yo te digo que puede ser por la metodología usada por los padres o por algunas escuelas al enseñar a leer a los pequeños. Gracias a la metodología usada te abres o te cierras a la cultura, potencias o debilitas el pensamiento. Pero también salen hijos dispersos de padres intelectuales y gente bastante inteligente de las barriadas. Va mas por el lado del aprendizaje a leer que por la sangre. En este punto creí tener el toro por los cuernos pero me entro la desconfianza sin razón particular y pensé que un cambio brusco de conversación no se vería nada agradable, y todo eso que uno piensa cuando no está tan acostumbrado a actuar instintivamente. Para no perder el terreno ganado (comparativamente eran como 20 metros en un decatlón) dije que tenia que entrenar, que hoy se definía la titular de voleibol y que tocaba lucirse. Dije cualquier babosada para no embarrarla tan rápido. Ella me dijo de nuevo en la salida de la oficina que podía volver y que la conversa había sido interesante. Salí a entrenamiento de voleibol y las cosas fueron insólitamente bien. Ciertamente no era la elección de titulares ese día, pero me lucí durante los entrenamientos y no me banquearon. Incluso remate varias veces y jugué un buen partido. Todo termina siendo un asunto de actitud, por más que los nervios nos llenen.
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