Malentendidos sobre el vínculo de los humanos con el resto de los primates
La mala comprensión de la ciencia ha llevado que muchas personas consideren que los simios actuales fueron los antecesores de los humanos o, peor aún, que la evolución biológica es errónea porque aún existen otros primates diferentes al humano
Comúnmente se han generalizado algunas equivocaciones sobre la relación de los humanos con los primates no humanos. La primera de ellas es considerar a los chimpancés como la especie ancestral de la cual desciende el hombre. Lo correcto es afirmar que los humanos y los chimpancés actuales comparten un antepasado común cuyo aspecto y forma de locomoción es similar a este último. Pero, ninguna especie de primate actual es antecesora de los humanos. Algunos libros y medios de comunicación se refieren a los primates no humanos como “nuestros antepasados”. Tal afirmación es incorrecta por dos razones. Primero, el hombre es sin lugar a dudas un primate, y la segunda ya se mencionó anteriormente. Otra confusión se da al intentar aclarar el anterior mal entendido. Este error afirma que “los humanos no vienen de los simios sino que comparten un antepasado común con ellos”. El término simio (en inglés se utiliza el término ape) se aplica a los orangutanes, gorilas, chimpancés, bonobos y gibones. Si bien es cierto que el humano comparte antepasados comunes con todos los simios, y que ninguna de las especies actuales puede considerarse antecesora del hombre, también lo es que si se hiciera la reconstrucción científica del antepasado común del hombre con los demás simios este sin duda sería denominado popularmente como un “simio” (por ejemplo, el propuesto Pierolapithecus catalaunicus). Por lo tanto, la expresión “el hombre desciende del simio” es correcta, siendo conveniente aclarar que nuestros antepasados simios eran especies extintas de las cuales descienden también los demás simios actuales.
En otros casos el malentendido confuso reza “los humanos no vienen de los monos sino que comparten un antepasado común con ellos.” Aquí el malentendido se inicia con el uso del término poco taxonómico de “mono”. Algunas veces el término mono se utiliza para referirse a todos los haplorrinos a excepción de los tarseros y el hombre. En otros casos el término se utiliza para referirse a los platirrinos y catarrinos a excepción de los hominoides (simios y humanos). La expresión “el hombre desciende del mono” es, igualmente correcta, mientras se hagan las aclaraciones, pocas veces hechas, que se trata de especies de primates ya extintas, y que no hubo una sola especie de "mono" ancestral, sino que en realidad venimos de cientos o miles de especies de "monos". Por ejemplo, al revisar la apariencia y conducta del primate que dio origen a los platirrinos y catarrinos, se encontraría un primate que en términos corrientes podría llamarse como “mono”. Tal es el caso del Aegyptopithecus. De igual manera, si se revisara la apariencia de un ancestro nuestro que viviera antes de la separación hominoideos y cercopitecoideos encontraríamos otra especie que en términos coloquiales recibiría el nombre de "mono".
En otros casos la falta de una adecuada comunicación de la ciencia puede llevar a otro tipo de confusiones. Muchas personas se preguntan que si el hombre desciende de los monos por qué aún existen estos últimos. Aquí el problema se debe a la mala comprensión de la evolución biológica. El proceso evolutivo no es una cadena lineal que va de las bacterias al hombre, o del “simio” al hombre. Es un proceso que genera en últimas diferentes especies adaptadas a diferentes ambientes. En la evolución biológica no hay teleología o un fin predeterminado, como tampoco obedece a la idea aristotélica de “la gran cadena del ser”, conocida también como “la escala natural”. Existen aún monos porque la evolución ha adaptado a diferentes especies a diferentes ambientes. Los monos narigudos (Nasalis larvatus) existen porque han podido adaptarse a explotar los manglares de Borneo, mientras que los monos de noche existen porque han logrado adaptarse a explotar el bosque sudamericano de noche, evadiendo la competencia y las grandes rapaces, al igual, el hombre existe porque adquirió las adaptaciones para explotar grandes zonas modificando su ambiente hace aproximadamente 2 millones de años en las amplias sábanas africanas.
FUENTE:
La mala comprensión de la ciencia ha llevado que muchas personas consideren que los simios actuales fueron los antecesores de los humanos o, peor aún, que la evolución biológica es errónea porque aún existen otros primates diferentes al humano
Comúnmente se han generalizado algunas equivocaciones sobre la relación de los humanos con los primates no humanos. La primera de ellas es considerar a los chimpancés como la especie ancestral de la cual desciende el hombre. Lo correcto es afirmar que los humanos y los chimpancés actuales comparten un antepasado común cuyo aspecto y forma de locomoción es similar a este último. Pero, ninguna especie de primate actual es antecesora de los humanos. Algunos libros y medios de comunicación se refieren a los primates no humanos como “nuestros antepasados”. Tal afirmación es incorrecta por dos razones. Primero, el hombre es sin lugar a dudas un primate, y la segunda ya se mencionó anteriormente. Otra confusión se da al intentar aclarar el anterior mal entendido. Este error afirma que “los humanos no vienen de los simios sino que comparten un antepasado común con ellos”. El término simio (en inglés se utiliza el término ape) se aplica a los orangutanes, gorilas, chimpancés, bonobos y gibones. Si bien es cierto que el humano comparte antepasados comunes con todos los simios, y que ninguna de las especies actuales puede considerarse antecesora del hombre, también lo es que si se hiciera la reconstrucción científica del antepasado común del hombre con los demás simios este sin duda sería denominado popularmente como un “simio” (por ejemplo, el propuesto Pierolapithecus catalaunicus). Por lo tanto, la expresión “el hombre desciende del simio” es correcta, siendo conveniente aclarar que nuestros antepasados simios eran especies extintas de las cuales descienden también los demás simios actuales.
En otros casos el malentendido confuso reza “los humanos no vienen de los monos sino que comparten un antepasado común con ellos.” Aquí el malentendido se inicia con el uso del término poco taxonómico de “mono”. Algunas veces el término mono se utiliza para referirse a todos los haplorrinos a excepción de los tarseros y el hombre. En otros casos el término se utiliza para referirse a los platirrinos y catarrinos a excepción de los hominoides (simios y humanos). La expresión “el hombre desciende del mono” es, igualmente correcta, mientras se hagan las aclaraciones, pocas veces hechas, que se trata de especies de primates ya extintas, y que no hubo una sola especie de "mono" ancestral, sino que en realidad venimos de cientos o miles de especies de "monos". Por ejemplo, al revisar la apariencia y conducta del primate que dio origen a los platirrinos y catarrinos, se encontraría un primate que en términos corrientes podría llamarse como “mono”. Tal es el caso del Aegyptopithecus. De igual manera, si se revisara la apariencia de un ancestro nuestro que viviera antes de la separación hominoideos y cercopitecoideos encontraríamos otra especie que en términos coloquiales recibiría el nombre de "mono".
En otros casos la falta de una adecuada comunicación de la ciencia puede llevar a otro tipo de confusiones. Muchas personas se preguntan que si el hombre desciende de los monos por qué aún existen estos últimos. Aquí el problema se debe a la mala comprensión de la evolución biológica. El proceso evolutivo no es una cadena lineal que va de las bacterias al hombre, o del “simio” al hombre. Es un proceso que genera en últimas diferentes especies adaptadas a diferentes ambientes. En la evolución biológica no hay teleología o un fin predeterminado, como tampoco obedece a la idea aristotélica de “la gran cadena del ser”, conocida también como “la escala natural”. Existen aún monos porque la evolución ha adaptado a diferentes especies a diferentes ambientes. Los monos narigudos (Nasalis larvatus) existen porque han podido adaptarse a explotar los manglares de Borneo, mientras que los monos de noche existen porque han logrado adaptarse a explotar el bosque sudamericano de noche, evadiendo la competencia y las grandes rapaces, al igual, el hombre existe porque adquirió las adaptaciones para explotar grandes zonas modificando su ambiente hace aproximadamente 2 millones de años en las amplias sábanas africanas.
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