Caso Alejandro Flores: un accidente que se trasformó en una cultura del encubrimiento
Por Siloe Pereyra
(Cba Noticias - Río Cuarto) Hace dieciocho años atrás (16 de marzo de 1991), en la ciudad de Río Cuarto, Alejandro Flores de tan solo cinco años desaparece. Desde ese día su madre, Rosa Arias, nunca dejó de buscarlo, a pesar que en esa búsqueda se le presentaban muchos obstáculos que la desviaban de la verdad acerca de la desaparición de su hijo.
Durante los primeros tres años de desaparecido el niño, a Rosa no se le presentaban ningún tipo de pistas que la guiaran, lo único que persistía en ella era la inquietud que había sido raptado por un grupo de gitanos, en donde también estaría involucrado el padre del niño (Víctor Alejandro Flores).
Pareciera que esa inquietud de Rosa les hubiera favorecido a ciertas personas, ya que a razón de eso comenzaron a llegar a sus manos elementos anónimos, comentarios e información de que su hijo estaba vivo en algún lugar del mundo. Este tipo de cosas influyeron de tal manera en ella, que en su búsqueda no solo viajó a ciudades dentro de Argentina, si no también lo hizo fuera de la misma.
En febrero de 1994, Rosa viaja a Punta Arenas, ciudad de Chile, tras haber recibido el testimonio de una señora que no mostró su identidad, diciéndole que su hijo estaba allí conviviendo con una familia.
Su estadía en Punta Arena fue de un mes, en donde su caso conmovió tanto a la sociedad chilena, que ellos mismos formaron parte de la búsqueda de Ale.
En su vuelta a Río Cuarto, Rosa vino con la intención de recaudar fondos para regresar a Chile, pero en aquel entonces el agente Jorge Muo rompe el silencio diciendo la verdad de lo ocurrido con Ale.
¿Por qué callar la verdad tanto tiempo?
Jorge Muo, un joven policía que por haber escuchado rumores y comentarios entre sus compañeros de trabajo conocía el motivo de la desaparición de Alejandro Flores.
El oficial Muo declaró que el niño fue atropellado por un patrullero de la policía, conducido por Mario Gaumet y acompañado por Gustavo Funes.
Una declaración así tendría que haber sido más que suficiente para poner en marcha una investigación, pero Serioni (fiscal que llevaba la causa en aquel momento) no tuvo mejor opción que imputar a Jorge Muo por falso testimonio y como si esto fuera poco fue expulsado de la policía destituyéndolo de su puesto.
Ahora podemos entender por qué el oficial calló durante tres años, algunas de las amenazas que recibió para que no hablara se concretaron. Posterior a su declaración tuvo que irse de Río Cuarto ya que la sociedad misma se había convertido en una amenaza para él y su familia, creyéndolo también culpable del supuesto homicidio.
Actitudes como la de la fuerza policial, de expulsar a un oficial por contar la verdad, nos demuestran que es más fácil limpiar el problema que hacerse cargo de él. Actitudes como la del fiscal Serioni que en vez de cumplir su función buscando resolver el caso, decide abrir otra causa para tapar el caso mayor, nos demuestra como la justicia por momentos inclina su balanza para el lado del más fuerte.
Callar con esa verdad durante tres años tiene que tener un motivo muy fuerte, pero mucho más fuerte es el motivo que lo impulsó a romper el silencio.
Su conciencia no era solo con lo que tenía que cargar, si no también los reiterados sueños que tuvo a lo largo de ese tiempo, en los que el niño se le manifestaba pidiéndole ayuda.
Aquí nos enfrentamos a una situación, que en la vida de una persona pesó mucho más que varias amenazas.
Muchas cosas había que esconder
Posterior a la declaración de Muo, comenzaron a surgir muchas especulaciones de lo sucedido, pero también se supo que no solo Funes y Gaumet eran los únicos involucrados en el homicidio, existieron cómplices que ayudaron en el encubrimiento.
Norma Nieto una enfermera que dice haber estado en los últimos momentos de vida con Ale. A pesar de que ella nunca expresó correctamente si el día del accidente iba en el vehículo con los policías o la recogieron después de haber atropellado al niño y cargarlo en el auto, es la única testigo que después de varios años también se animó a contar lo ocurrido con Alejandro.
La enfermera confiesa haber asistido al niño, en un lugar oculto del viejo edificio donde se encontraba el hospital San Antonio de Padua en aquel entonces. Pero también intervinieron otras dos enfermeras, Margarita Castelli y Rosana Manazero, quienes ayudaron a ocultar el cuerpo del pequeño.
Jorge Muo en su declaración afirmó que los restos estaban enterrados en el patio de la casa de una de las enfermeras (Rosana Manazero). Pero misteriosamente en el momento de la excavación de ese lugar, no se encontró nada.
¿Por qué estas tres mujeres, sin haber formado parte del accidente, decidieron ayudar a los policías en una situación tan deshumana y comprometedora?
Rumores como los de ciertos tipos de relaciones entre los policías y las enfermeras, o los supuestos favores que se debían, era lo que había impulsado a ellas a convertirse en cómplices.
¿Por qué un accidente fue agravado con horrendo encubrimiento? ¿Por qué Funes y Gaumet no actuaron como lo que eran, funcionarios de la ley? ¿Siendo policías no existía manera de justificar el accidente e intentar salvar al pequeño Ale? Muchas preguntas para ninguna respuesta.
La enfermera Norma Nieto, en uno de sus tantos intentos de contar toda la verdad, dijo que al subir al vehículo no solo estaba el niño accidentado, sino también un fuerte cargamento de armas y drogas.
Se supo que en los registros policiales (los cuales fueron borrados), constataba que uno de los oficiales (Mario Gaumet) no debería encontrarse de servicio, sin embargo, era el que conducía el Renault 12 (halcón 5) del comando radioeléctrico, (vehículo que hicieron desaparecer igual que a Ale).
Tenemos justicia: ¿pero es justa?
¿Cómo respondió la justicia de Río Cuarto al presentársele dos testigos claves del caso? ¿Cómo actúo con los supuestos sospechosos del homicidio?
Los jueces de aquel momento, fiscales, opondrían llamarse personas que forman parte de algún tipo de justicia, no solo no respondieron ante las testificaciones, si no que tampoco actuaron sobre los homicidas.
¿Qué justificación tenían para no hacerlo? Entre ellos muchas (inmunidad, complicidad, favores, pesos pesados) pero a la mamá de Ale le dieron una sola respuesta, falta de pruebas, sumado a que la única prueba que iba a valer era la de encontrar el cuerpo de su hijo.
Desde el 1994 (cuando Jorge Muo rompió con el silencio), hasta julio del 2008 (tiempo en el que aparecen los restos de Alejandro Flores), para Rosa (mamá de Ale) fueron catorce años de dudar si su hijo estaba vivo o muerto, de creer o no creer en las confesiones ya dadas, catorce años de buscar dar con el paradero de los supuestos involucrados en el homicidio o alguien que le dijera cuáles fueron las últimas palabras de su niño, pero ellos no solo esquivaron e ignoraron su reclamo, si no que actuaron con total impunidad ,como si nadie los pudiera tocar o como si todo les hubiera salido tan perfecto que nunca tendrían la necesidad de dar ningún tipo de explicaciones.
En julio del 2008 un grupo de personas que pertenecían a un camping, trataban a hallar elementos que le habían robado la noche anterior en un lugar que se encontraba al oeste de la ciudad de Río Cuarto (al lado del polideportivo de Aatrac), fueron los que casualmente, si puede decirse, hallaron el cráneo de un niño medio enterrado en una alcantarilla.
Los estudios que realizaron (geólogos) determinaron que el lugar en donde se hallaron los restos, no fue un enterramiento primario. No obstante, esas pericias médicas realizadas sobre los restos óseos afirman que el niño no tuvo una muerte inmediata, se cree que duro dos o tres días con vida.
Posteriormente, el fiscal de la causa Javier Di Santo imputó a Funes y a Gaumet como autores de los delitos de homicidio culposo y encubrimiento, seguidamente pidió el sobreseimiento de ambos por considerar que los delitos están prescriptos.
El código penal argentino establece que una persona va a ser enjuiciada por un delito siempre y cuando las pruebas encontradas o el culpable en ciertos casos, no se excedan en un tiempo de 15 años, si no se tomara el caso como prescripto.
El fiscal Di Santo no dudo en aferrarse a la ley establecida como si el homicidio hubiera terminado el día del accidente, como si los años posteriores no hubieran estado manchados de encubrimiento, de engaño y principalmente de daño moral.
Finalmente el juez Daniel Muñoz en un acto de sentido común y humanismo rechazó la resolución y colocó el caso en crímenes de lesa humanidad.
Las diferencias entre Di Santo y Muñoz fueron terminadas por el fiscal de cámara Jorge Medina quien pidió el cambio de carátula en la causa, ya que un delito culposo como caratuló el expediente Di Santo, no puede ser declarado de lesa humanidad, pero el aberrante encubrimiento determinarían el dolo de la causa.
Acciones de este tipo dentro de una justicia que parecía haber estado ausente, nos demuestran como el derecho y la moral deben ir de la mano.
Un admirable ejemplo
Rosa Arias, un ejemplo a seguir, una madre que con el dolor de haber perdido a su hijo, se llenó de fuerzas para buscarlo, convirtiendo cada engaño en una pista, haciendo de las malas lenguas palabras que la llenaban de esperanzas, enfrentándose a personas tan vanidosas que creían que el poder que tenían los protegía, personas que a la hora de hacer lo correcto obtaron por el libre albedrío, de hacer con una vida lo que no debían.
Una mujer que recorrió su camino de búsqueda sola, asumiendo con total cordura la responsabilidad que tenía como madre, una mujer con un alto grado de coherencia que la llevó a nunca tomar la justicia por mano propia, si no a esperar y confiar que en algún momento llegaría algún tipo de justicia que se ajustara a su derecho.
Hace dieciocho años atrás pareciera que a las súplicas de Rosa por encontrar a su hijo, nadie las hubiere escuchado, ni los uniformados llamados policías que mientras simulaban buscar al niño, no perdían oportunidad para cada vez ocultarlo más. Y qué se puede decir de los encargados de hacer justicia, que les parecía más cómodo permanecer quietos en sus puestos que poner en marcha una investigación limpia.
Hoy gracias a la lucha incansable de una madre, la justicia parece haberse dado vuelta a favor de la víctima, desprotegiendo aunque sea por un instante a los victimarios.
Cómo es la situación actual de los implicados en el caso
Gustavo Funes: al ser imputado es despedido del ETER, la fuerza policial a la que pertenecía. Accede al juicio sin cuestión alguna pero exige una investigación a fondo.
Mario Gaumet: es jubilado un tiempo antes de ser imputado. Reclama que la causa sea prescripta.
Norma Nieto, Rosana Manazero y Margarita Castelli (enfermeras): no pueden ser citadas a declarar ya que las tres pasaron carpeta psiquiátrica.
Jorge Muo: por haber sido imputado por falso testimonio y expulsado de su trabajo injustamente, será Indemnizado con una fuerte suma de dinero y jubilado con el cargo más alto de la policía.
Rosa Arias: está a la espera de un juicio justo.