Ridículo de Boca
A Ischia lo echaban mañana, pero ahora aceptan que se vaya después de terminado el Clausura.
Si en la cancha es un equipo que transforma sólo en un minuto un partido parejo en una derrota consumada, también lo mismo es Boca afuera. La dirigencia desconcierta tanto, o más, que los futbolistas y el entrenador. Y sorprende para mal. Anoche, después de la caída contra Vélez, cambió de rumbo. Ahora, para cerrar el ciclo de Carlos Ischia como técnico, eligió un peligroso camino que roza el ridículo. Aunque todos coinciden que la etapa del entrenador se halla súper agotada y aunque el equipo necesita sumar puntos para que no corra riesgo su clasificación a la Libertadores 2010, el presidente Jorge Ameal acordó con Ischia que dirigirá hasta el final del Clausura y recién ahí dibujarán una rescisión consensuada.
Anoche, cerca de las 22, tras una reunión masiva de dirigentes en un complejo deportivo del barrio de Saavedra, Ameal le contó a Clarín: "Llegamos a un acuerdo. Ischia dirigirá hasta el final del campeonato por la relación que tiene con sus jugadores. Después se retira y nosotros quedamos liberados para contratar un nuevo entrenador". Y cerró: "El tema económico no es un problema y está totalmente resuelto". El presidente evitó profundizar en detalles. En el medio de tanta confusión, Ameal pronunció la palabra "renuncia", pero enseguida aclaró que era "de común acuerdo".
Lo concreto es que, para no romper la costumbre política respetada en los últimos años que consiste en no echar técnicos, Boca maquilla la realidad con un absurdo. Es que el jueves a la noche, apenas concretada la eliminación de la Copa, la dirigencia tenía una postura definida: Ischia debía dejar el cargo ya. Sin embargo, no lo resolvieron rápido y el técnico los sorprendió el viernes al mediodía con una conferencia de prensa en la que sentenció que no renunciará de ninguna manera. Ameal y compañía tomaron esas declaraciones como un desafío y se sintieron más que molestos. Tanto que revisaron el contrato del DT y repasaron las cifras para ver cuánto tendrían que pagarle si lo despedían: unos 400.000 dólares.
El sábado, en la concentración, hubo un encuentro Ameal-Ischia. ¿Resultado? El DT se mostró intransigente, con un firme "Me quedo. Y si me echan quiero cobrar hasta el final de mi contrato". Entonces, la dirigencia optó por anunciar su despido en la reunión de Comisión Directiva de mañana. Es más, los dirigentes no lo adelantaban para hoy porque es feriado. Era decisión tomada. Aunque como última esperanza, rogaban que Ischia ofreciera un cambio abrupto ayer y, tras el partido, presentara la renuncia.
Sin embargo, Ischia no sólo no habló con el periodismo tras el 0-2 ante Vélez. Ahí, con la derrota más que reciente, charlando en el vestuario visitante con los dirigentes Marcelo London y José Beraldi, se estacionó en el acuerdo menos pensado "para evitar más heridas", según contaron por lo bajo desde el entorno de Ameal. Entonces, hubo un pacto con cuatro puntos:
1) Ischia acepta irse, pero siempre y cuando le dejen dirigir el equipo hasta el final del torneo.
2) El 30 de junio firma la rescisión de común acuerdo,
3) El resto del contrato que vence en diciembre, Ischia lo cobra en su totalidad. Exige documentos en garantía. Sólo resignará ese dinero si es contratado por otro club. Por ejemplo: si consigue trabajo en octubre, Boca le pagará hasta setiembre.
4) Si en su nuevo club Ischia percibe un contrato menor, Boca se hará cargo de la diferencia.
Parece increíble, pero es real. El técnico que no aceptaba renunciar, ahora pacta una rescisión mentirosa. La dirigencia que no quería más al entrenador al frente del plantel a partir de mañana, ahora lo mantiene solamente hasta el final del torneo. ¿No era que hacía falta un cambio de aire inmediato porque el equipo debe sumar sí o sí para no quedarse afuera de la próxima Copa, si no es campeón del Apertura? Insólito.
A Ischia lo echaban mañana, pero ahora aceptan que se vaya después de terminado el Clausura.
Si en la cancha es un equipo que transforma sólo en un minuto un partido parejo en una derrota consumada, también lo mismo es Boca afuera. La dirigencia desconcierta tanto, o más, que los futbolistas y el entrenador. Y sorprende para mal. Anoche, después de la caída contra Vélez, cambió de rumbo. Ahora, para cerrar el ciclo de Carlos Ischia como técnico, eligió un peligroso camino que roza el ridículo. Aunque todos coinciden que la etapa del entrenador se halla súper agotada y aunque el equipo necesita sumar puntos para que no corra riesgo su clasificación a la Libertadores 2010, el presidente Jorge Ameal acordó con Ischia que dirigirá hasta el final del Clausura y recién ahí dibujarán una rescisión consensuada.
Anoche, cerca de las 22, tras una reunión masiva de dirigentes en un complejo deportivo del barrio de Saavedra, Ameal le contó a Clarín: "Llegamos a un acuerdo. Ischia dirigirá hasta el final del campeonato por la relación que tiene con sus jugadores. Después se retira y nosotros quedamos liberados para contratar un nuevo entrenador". Y cerró: "El tema económico no es un problema y está totalmente resuelto". El presidente evitó profundizar en detalles. En el medio de tanta confusión, Ameal pronunció la palabra "renuncia", pero enseguida aclaró que era "de común acuerdo".
Lo concreto es que, para no romper la costumbre política respetada en los últimos años que consiste en no echar técnicos, Boca maquilla la realidad con un absurdo. Es que el jueves a la noche, apenas concretada la eliminación de la Copa, la dirigencia tenía una postura definida: Ischia debía dejar el cargo ya. Sin embargo, no lo resolvieron rápido y el técnico los sorprendió el viernes al mediodía con una conferencia de prensa en la que sentenció que no renunciará de ninguna manera. Ameal y compañía tomaron esas declaraciones como un desafío y se sintieron más que molestos. Tanto que revisaron el contrato del DT y repasaron las cifras para ver cuánto tendrían que pagarle si lo despedían: unos 400.000 dólares.
El sábado, en la concentración, hubo un encuentro Ameal-Ischia. ¿Resultado? El DT se mostró intransigente, con un firme "Me quedo. Y si me echan quiero cobrar hasta el final de mi contrato". Entonces, la dirigencia optó por anunciar su despido en la reunión de Comisión Directiva de mañana. Es más, los dirigentes no lo adelantaban para hoy porque es feriado. Era decisión tomada. Aunque como última esperanza, rogaban que Ischia ofreciera un cambio abrupto ayer y, tras el partido, presentara la renuncia.
Sin embargo, Ischia no sólo no habló con el periodismo tras el 0-2 ante Vélez. Ahí, con la derrota más que reciente, charlando en el vestuario visitante con los dirigentes Marcelo London y José Beraldi, se estacionó en el acuerdo menos pensado "para evitar más heridas", según contaron por lo bajo desde el entorno de Ameal. Entonces, hubo un pacto con cuatro puntos:
1) Ischia acepta irse, pero siempre y cuando le dejen dirigir el equipo hasta el final del torneo.
2) El 30 de junio firma la rescisión de común acuerdo,
3) El resto del contrato que vence en diciembre, Ischia lo cobra en su totalidad. Exige documentos en garantía. Sólo resignará ese dinero si es contratado por otro club. Por ejemplo: si consigue trabajo en octubre, Boca le pagará hasta setiembre.
4) Si en su nuevo club Ischia percibe un contrato menor, Boca se hará cargo de la diferencia.
Parece increíble, pero es real. El técnico que no aceptaba renunciar, ahora pacta una rescisión mentirosa. La dirigencia que no quería más al entrenador al frente del plantel a partir de mañana, ahora lo mantiene solamente hasta el final del torneo. ¿No era que hacía falta un cambio de aire inmediato porque el equipo debe sumar sí o sí para no quedarse afuera de la próxima Copa, si no es campeón del Apertura? Insólito.
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