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Brasil en camino de ser “o maior do mundo”

Info5/1/2009
Brasil en el camino de ser “o maior do mundo” 28-01-2009 Razones no le faltan por sus dimensiones, tanto territorial, demográfica y económica, a lo que se le ha sumado una muy prolija continuidad de políticas de largo plazo que contribuyeron a este ascenso estelar. Luis Rosales Brasil ya está jugando en las ligas mayores. Una mezcla de buena suerte, con oportunidad histórica y gran inteligencia institucional de sus gobernantes han contribuido para que el gigante sudamericano complete la ficha de inscripción al club de los poderosos de la Tierra. Razones no le faltan por sus dimensiones, tanto territorial, demográfica y económica, a lo que se le ha sumado una muy prolija continuidad de políticas de largo plazo que contribuyeron a este ascenso estelar. Muchos de los planes que están dando resultado en estos momentos fueron concebidos en los duros años de los últimos gobiernos militares; aunque también hay que decir que aquellos no fueron sino la continuidad de un presidencialismo algo imperial que siempre rigió en el país que, durante casi todo el siglo XIX, fue precisamente el Imperio del Brasil de los Braganza. Como un certificado de nacimiento a la grandeza, en 1808 y mientras el rey español caía prisionero de los franceses y sus dominios americanos se partían en mil pedazos independientes, la corona portuguesa hizo las valijas y junto a casi 11.000 personas de la corte emprendió el largo cruce del Atlántico, dejando el puerto de Lisboa justo cuando la bandera napoleónica comenzaba a ser izada en los mástiles del último reducto europeo. El rey Juan gobernó así el mundo portugués desde Río de Janeiro y pacientemente esperó la derrota del gran corso. Parece que estaba muy cómodo al pie del Pan de Azúcar, porque una vez que se firmó la rendición francesa, decidió quedarse por algunos años más en su nueva capital tropical. Cuando las internas cortesanas en su madre patria se tornaron insoportables y peligrosas decidió regresar pero dejando a su hijo Pedro como Emperador del Brasil, cargo que heredó años después su nieto, también Pedro, conservándolo hasta 1888. Ésta es la razón principal de ese espíritu imperial brasileño y de esa increíble unidad territorial mantenida mientras sus vecinos de habla hispana se partían en una veintena de repúblicas independientes. Tal vez otro hubiera sido el destino de esta parte de América si el Rey Fernando en vez de permanecer en Madrid se hubiera trasladado a México o a Lima, para desde allí seguir gobernando y garantizando esa unidad. A la inversa, qué le hubiera deparado el destino al Brasil si la corte de los Braganza hubiera terminado en una prisión francesa. Seguramente tendríamos tres o cuatro países diferentes. Pero la historia es la que fue y Brasil permaneció unido y con un espíritu de grandeza propio de los grandes regímenes europeos. Su dirigencia tuvo que esperar mucho hasta que su tiempo llegara. La gloria argentina de principios del siglo XX empalideció a su vecino enorme y tropical. Pero con la declinación de Buenos Aires y su proyecto comenzó un ascenso lento pero seguro y sostenido. Ahora vivimos la maduración de los frutos de las semillas sembradas en aquellos tiempos. Estabilidad en los objetivos, una diplomacia seria y persistente que siempre busca el intersticio por donde se pueda filtrar y asegurarse el interés nacional, políticas de largo plazo que aseguran la continuidad, cualquiera que sea el tenor o el color de la administración de turno. La última prueba ya fue superada. Mientras algunos temían que la llegada de un genuino representante de los sectores sociales históricamente postergados a lo alto del poder podía arriesgar esta constancia, el humilde obrero paulista que ganó en el 2002, Lula, ha demostrado hasta el hartazgo que intentará, por todos los medios, integrar a los pobres pero sin sacar los pies del plato. Nada de revolución a la cubana ni planteos bolivarianos. Avances sociales sí y muchos, pero enmarcados en los grandes objetivos nacionales. Ahora Brasil disfruta su liderazgo continental. Su canciller Celso Amorín viaja por el Medio Oriente tratando de componer a los bandos en pugna al mejor estilo que los jefes de la diplomacia norteamericana o europea. Human Right Watch sostiene que el gobierno de Brasilia podría acoger a presos indeseados de la fallida prisión de Guantánamo. Lula, por su parte, dialoga con Obama los temas estratégicos precisamente a través de su ministro de Asuntos Estratégicos, Roberto de Mangabeira Unger, el profesor que más influyó intelectualmente en el estudiante de Harvard negro que hace días llegó al Salón Oval. Al coloso tropical sólo le resta alcanzar un asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un objetivo que según los especialistas, está más cerca que nunca. Consultor político y analista internacional. Coautor junto con Dick Morris de “El Poder, como usarlo en beneficio para la América Latina” Editorial Sudamericana. http://www.elargentino.com/nota-26153-La-potencialidad-de-Brasil.html
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