Registrate y eliminá la publicidad! ADICCIONES Las adicciones como casos aislados existen desde siempre pero como fenómeno masivo, como enajenación colectiva que se extiende como un reguero de pólvora haciendo estragos en nuestra juventud, desde hace poco. Quizás apenas dos décadas. La cultura se inquieta con estas manifestaciones de irracional destructividad, con esa dependencia caricaturesca, con semejante desafío e interpelación. ¿Qué puede hacer?. Los jueces no saben como sancionarla con justeza, los legisladores oscilan entre tratarlas como enfermedad o como delito, los psicoanalistas nos encontramos más silenciosos que nunca a la hora de hablar de su patogénesis y, especialmente, de sus abordajes terapéuticos. Mientras tanto, los narcotraficantes hacen sus negocios, estan agradecidos a la cultura occidental que tanto ayuda a su floreciente emprendimiento. A tono con los valores predominantes en las épocas actuales, son "pragmáticos y operativos", no se interesan por lo que es verdad o mentira, por lo que es justo o injusto, legal o ilegal, sino por lo que es rentable. La cultura debe inquietarse por el problema de la drogas, de la violencia criminal y suicida, por el S.I.D.A., por el crecimiento de la prostitución infantil y la industria pornográfica entre las más llamativas patologías de fines del siglo veinte, pero no puede vacilar en reconocerlas como flagelos que son manifestaciones de su malestar, manifestaciones de algo -o mucho- que no funciona bien en su dinámica. Es que nadie puede dudar que estas patologías trascienden generosamente el marco de la biología o psicología individual emergiendo en las grietas de un contexto sociocultural que está fisurado en múltiples crisis: crisis demográfica, ecológica, familiar, educativa, creencial y de los ideales, para mencionar sólo algunas. Habrá que reconocer finalmente, que esas eflorescencias monstruosas que tanto rechazo provocan -que incluyen las adicciones aunque no se agoten con ellas- son síntomas, intentos de sutura desesperados, de grupos cada vez más extensos de sujetos frustrados antes de comenzar, sin trabajo ni esperanzas, sin un pasado donde apoyarse ni un futuro donde proyectarse, sin utopías ni confianza, sin educación ni comprensión; sujetos abandonados, traumatizados, sin una ilusión o una historia de amor que los acompañe, solos e incomunicados. La posmodernidad como conmoción cultural, como cambio de época, como punto de agonía del proyecto moderno, no sólo supone profundas transformaciones en las reglas de juego de las ciencias, del arte y la literatura contemporáneas, sino también de las instituciones formadoras del sujeto humano. Este registrará los cambios y los expresará en sus modos de pensar, sentir y comportarse. De los muchos rasgos críticos de la sociedad moderna, en este libro, centro mi atención en tres cuya influencia me parece decisiva en la producción y el mantenimiento de los comportamientos adictivos y violentos: el empobrecimiento y disgregación de la familia moderna, el acortamiento de los tiempos que imponen los medios de comunicación al procesamiento psíquico de tanta y tan variada información y, la universalización del modelo consumista acompañado de un crecimiento cada vez mayor de la cultura oral e imaginaria a expensas del ocaso de la cultura escrita y conceptual. Se insiste en destacar, con razón, la íntima conexión entre las adicciones y el desdibujamiento de la figura paterna como referente de la Ley, pero nadie puede poner en duda tampoco el papel fundamental que en ellas tiene, como condición predisponente, el déficit de la función materna. En las páginas que siguen se despliegan algunos de los principales resortes históricos y culturales que empujaron a hacer tan deficitarias estas funciones parentales situando en un lugar relevante la lucha por el poder entre los sexos a partir del notorio aumento de la participación femenina en todos los ámbitos de la vida social y de su liberación sexual El fracaso del grupo familiar como mediatizador de las contradicciones sociales, como productor de subjetividad, como promotor del proceso de simbolización y de la trasmisión histórica, así como el fracaso de la escuela como segunda instancia mediatizadora en el proceso de personalización, deja en los jóvenes una sensación de desamparo, inermidad y desaliento, que se refuerza con la pobre imagen que queda de los padres como modelos de hombre y mujer y como ideal de relación amorosa. De ellos pueden tomarse el nombre y unas pocas cosas más pero que no alcanzan como ingredientes cuando se tiene que definir, por parte del hijo, una identidad sexual y social. La ampliación extensiva del espacio y el acortamiento de los tiempos que plantean los nuevos medios de comunicación masivos al brindar mucha más información de lo que la gente pueden elaborar en un tiempo que se "achica" en forma progresiva, impregna su protagonismo de pasividad; ésta sobreexcitación que no puede tramitarse psíquicamente es equiparada aquí a las situaciones traumáticas donde el principio del placer que respalda el desear es gradualmente barrido por una compulsión a la repetición que manda gozar a cualquier precio. Hay al menos tres capítulos en que me ocupo de ahondar en la relación de dicho estado de sobreexcitación con el déficit elaborativo y la conducta adictiva: Adictos: sujetos traumatizados ; Adicciones, metáforas de nuestro tiempo y Las drogas como "suturas" de las crisis de la Modernidad. En ellos y en muchas de las páginas que los anteceden o suceden podrán encontrarse además subrayados los modos como participa la cultura con sus modelos consumistas en facilitar la emergencia del sujeto como un consumidor que se hace fácilmente adicto, no sólo a la cocaína, marihuana o heroína, también al alcohol, al tabaco, a la comida, al juego, al trabajo, a las personas, entre muchos otros. Estos caracteres, junto a la ambigüedad, la coexistencia de una diversidad a-histórica, el desencanto y la mayor parte de los rasgos que se suelen evocar cuando se habla de posmodernismo, marcan el contexto en que transcurre la adolescencia de nuestros días que, de ésta manera, vé debilitarse la estructura de sus ideales simbólicos (Ideal del Yo) que son rápidamente reeemplazados por ideales narcisistas (Yo Ideal). Frente al abismo generacional los jóvenes, en lugar de volcarse a incorporar al padre como ideal, como función paterna, reniegan por lo general de él, lo desafían reivindicativamente y se inclinan por un camino regresivo buscando refugio en bandas de pares semejantes que idolatran como becerro de oro a un nuevo líder :la droga. Ella calmará el dolor, disipará la angustia, disimulará los abandonos, hará reírse del desamparo, procurando la ilusión de omnipotencia, de excepcionalidad y de autosuficiencia. No importa que sea una "solución" química, que sea efímera, que degrade. Importa sobrevivir de cualquier manera al espanto. A modo de cierre provisorio me pregunto ¿cómo seguirá la historia? ¿cómo hará la ciencia para percatarse de que el problema de la adicción a las drogas y al alcohol no se resolverá descubriendo un gen adictivo o una vacuna contra la cocaína? ¿cómo hará la cultura para regenerar ciertas certidumbres que sean una promesa para el futuro rejerarquizando el valor del hombre en su infinito potencial, más allá de ser un anónimo, solitario, masivo y triste consumidor? ¿cómo se restablecerán los puentes amorosos dentro de la familia y la escuela y, entre ellas? ¿las mismas subsistirán o serán reemplazadas por otras instituciones más acordes a los nuevos tiempos? Frente a estos interrogantes se abren muchos otros, pero a la hora de las respuestas una cosa doy por segura y es mi convicción de que un camino ineludible que deberá transitar la cultura para contrarrestar la devastación que hace la patología social que acompaña al fin del milenio, en particular la que podemos atribuir a las adicciones, es el encaminado a fortalecer las funciones parentales (materna y paterna) y todas las instituciones que puedan contribuir a ello. En otras palabras, deberemos trabajar para trasmitir a nuestros hijos el privilegio de disfrutar de un amor responsable (objetal) y de una libertad que se edifique dentro de los contornos de la ley, para que ellos puedan re-encontrarse con sus deseos y con la capacidad de amar, trabajar, crear y compartir. Si bien abordo temas que suponen un amplio espectro desde la teoría y la clínica hasta algunos abordajes con especial énfasis en la Comunidad Terapéutica, no aspiro a otra cosa al presentar este texto, que ofrecer una introducción a un tema complejo y actual como pocos. Pretendo hacer además, un aporte a la elaboración de una salida superadora a las encrucijadas que plantean los resquebrajamientos de la sociedad moderna, principal fuente del malestar en la cultura hoy. Autor: Lic. Hugo Mayer Médico psiquiatra y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina Director del "Centro Gorriti" para la prevención y asistencia de las adicciones Vicepresidente de la Federación metropolitana de organizaciones en adicciones y conductas de riesgo social (en trámite de inscripción en la INGJ) - Relación droga – sujeto. mis otros post: http://www.taringa.net/buscador/?a_id=1579683
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