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actividad paranormal, sucesos paranormales

Info7/4/2010
aca les vuelvo a traer otro post sobre casos paranormales.
despues comenten si les gusto!

El Chupa Cabras


CHUPA CABRAS
Que tipo de criatura es el Chupa Cabras ???. En 1995 en Puerto Rico, en los municipios Orocovis y Morovis se descubre que los animales de granja habian sido matados por alguna criatura extraña devido a los peculiares sintomas de agresion que presentaban los animales. Dicho signos de violencia denotaban que se trataba de un agresor desconocido, pues ni los animales salvajes ni el hombre podian hacer eso.
Los animales, conejos, pollos, cabras, obejas, vacas, aparecian totalmente desangrados, sin una gota de sangre en sus cuerpos y con un pequeño orificio, que normalmente estaba situado en la garganta.
Este ser que fue considerado incluso como un alienigena no fue visto hasta seis meses despues de la aparicion de las primeras victimas. Se le describia como una especie de canguro pequeño pero con unos tremendos colmillos y unos ojos rojizos y abultados.
El Ufologo Jorge Martin extendio atraves de Internet una imagen creada apartir de las descripciones de las personas que aseguraban haber visto a el Chupacabras.
Rapidamente la noticia corrio por los medios audio-visuales, escuchandose terminos como: Humanoide, depredadores de pata hendida y Retocidas gargolas de catedral. El miedo pronto se hizo eco por todas las zonas rurales.
Se realizaron partidas para capturar a esta bestia asesina e incluso se presiono al gobierno para que pusieran en marcha una investigacion oficial.
Por parte del sector cientifico, se dijo que el animal causante de estas muertes extrañas debia ser algun tipo de mono o animal exotico del pais. Entre las autopsias a los animales encontrados no se establecio ningun factor vinculante pues presentaban distintos sintomas como por ejemplo, traumas por todo el cuerto, infecciones bacterianas y perdida de sangre.
Nunca se llego a capturar a esta inusual criatura, nunca se supo que habia de cierto en todo lo que se contaba, nunca se supo nada totalmente certero...
¿Estara vivo aun el Chupa Cabras? ¿Sabremos algo mas de esta criatura algun dia?
Estamos a la espera, pero no nos gustaria toparnos en el campo con un bicho semejante.

Firmat la ciudad donde se mueven las hamacas

En Argentina se ubica la ciudad de Firmat que desde hace dos años se hizo conocida en el mundo entero por un extraño fenómeno paranormal que sucede en su plaza, donde se ubican las hamacas que son los juegos recreativos preferidos por los niños, quienes se reunían todas las tardes para disfrutar del juego y recreación.

De manera extraña y sin mediar razón alguna, empezaron a moverse como si alguna persona o fuerza extraña las moviera o estuviera balanceándose en ellas. Las personas no podían creer lo que pasaba ante sus ojos!
El suceso fue conocido rápidamente y de inmediato se llegaron parapsicólogos y antropólogos para estudiar la veracidad de los acontecimientos y poder establecer una hipótesis o explicación de lo que sucedía en Firmat.
Se presentan dos teorías de los acontecimientos, una que se asocia al plano científico diciendo que puede ser consecuencia de algún factor físico, como alguna corriente de aire, etc.
Otra teoría se inclina hacia lo paranormal, se cree que el fantasma de un niño fallecido hace varios años, llega todos los días a jugar con las hamacas y las mueve como lo hacía cuando vivía en el sector. Cuando empieza el movimiento de las hamacas no hay vientos fuertes que puedan provocar tal movimiento.
Son tres hamacas que están en sentido paralelo, al principio solo se movía una, luego empezaron a ser dos y luego las tres se movían al mismo tiempo, como si se tratara de tres amiguitos que se pasean mientras van conversando y pasando un buen momento.
Junto a los estudiosos de lo paranormal, llegaron al lugar varios periodistas que fueron atraídos por la noticia que rápidamente llegó a todo el país y fuera de Argentina, se ha filmado y documentado el fenómeno, pero lo cierto es que hasta ahora nadie puede decir que tiene una explicación que pueda satisfacer a los asustados pobladores de firmat.

camara oculta que le pusieron a la hamaca
https://ugc.kn3.net/s/http://www.youtube.com/v=aMfnh_pswxY


La historia de Amityville y la extraña foto del niño Fantasma

Esta historia tiene como escenario una casa ubicada en el 112 de Ocean Avenue, en Amityville, Nueva York. La madrugada del 15 de noviembre de 1974, el hijo mayor de la familia DeFeo, de tan sólo 17 años, asesinó a sangre fría a sus padres y hermanos, con un rifle, dejando un total de seis personas muertas.
Los investigadores no tenían ningún indicio que les permitiese sospechar de alguien en concreto, hasta que uno de los detectives que recorría las habitaciones de la casa en busca de alguna pista encontró en la pieza del único superviviente dos cajas de cartón de balas para un rifle.


Las investigaciones comenzaron a arrojar resultados asombrosos, como un robo que el joven habría cometido contra su abuelo y sus extraños cambios de humor. Después de largos interrogatorios, la policía consiguió la confesión, y el joven fue condenado a 25 años de prisión.

Retirada de los cadaveres del asesinato de Amityville.

UNA CASA POSEIDA POR EL ESPIRITU DEL MAL

Pero la verdadera historia de Amityville comienza días después, el 28 de diciembre de 1974, veintiocho días después de los asesinatos. Ese día, otra familia, compuesta por el matrimonio de George y Kathy Lutz, se mudó al lugar donde había ocurrido la masacre. La casa, espaciosa y de muy bonita arquitectura, estaba a la venta a un precio excepcionalmente barato, y los Lutz decidieron obviar los violentos hechos ocurridos con antelación y compraron el inmueble, aunque solamente pudieron ocuparlo 16 días debido a los extraños fenomenos que se sucedían…
Desde el primer momento en que ocuparon la casa, el matrimonio y sus hijas pequeñas sintieron una presencia sobrenatural, que se iba haciendo más fuerte cada día. Al principio, se escuchaban ruidos extraños a lo largo del día; luego, comenzaron a aparecer manchas en las paredes y malos olores sin motivo aparente, y las puertas y ventanas se abrían solas.
Kathy Lutz agregaría que en reiteradas ocasiones se sintió observada en ciertas partes de la casa, principalmente en las habitaciones, y que una vio unos ojos rojos que la miraban desde la oscuridad a través de la ventana. De repente, comenzó a tener pesadillas repetitivas con los crímenes sucedidos en la casa, pero soñando que las víctimas eran los componentes de su familia.
La suppuesta entidad que habitaba la vivienda trató incluso de apoderarse de los cuerpos de sus residentes, manipulándolos a su propia voluntad y obligándolos a cometer actos de naturaleza violenta, algo en lo cual los Lutz nunca han querido ahondar.
A los pocos días de habitar el lugar, el matrimonio se convenció de que la casa estaba poseída por una presencia demoníaca y recurririó al sacerdote de la iglesia más cercana, quien contaría después que al tratar de bendecir la casa, escuchó una voz que lo echaba, una voz que surgió de la nada desde la planta más alta de la casa y que gritó: ¡¡¡ LARGATE DE AQUÍ !!!. Según los relatos de la época, cuando el sacerdota ingresó a la casa, el ambiente se llenó de un olor putrefacto y una nube de moscar invadió el lugar. El religioso debió luchar con una fuerza física que le impedía acercarse a la casa y finalmente fue violentamente expulsado.
La visita del sacerdote marcó el punto en que los sucesos paranormales se incrementaron, George empezó a sentir presencias extrañas también, e incluso sentía miedo a abrir los grifos pues suponía que una presencia maligna podía salir de ellos si abría la llave de paso. Las alucinaciones se hacían más comunes y la desconfianza en la familia se acrecentaba, George afirmaba que su mujer se estaba tranformando en una bruja pués, según él, se le estaban cayendo los dientes y el pelo. Tal punto que los Lutz debieron abandonar para siempre la casa, que desde entonces se encuentra deshabitada y sobre la cual pesa el estigma de la leyenda de Amityville.

El panteon Chase

Al sur de las islas Bahamas y de Cuba se encuentran las Antillas Menores. Una de estas islas es la de Barbados , que fue una colonia británica hasta 1966, cuando obtuvo su independencia. Una de las criptas del viejo panteón de su capital está abandonada hace más de medio siglo, desde el día que tuvieron lugar en su interior fenómenos que aterrorizaron a los testigos y que aún no se pueden explicar. ...Esta curiosa tumba la mandó construir en 1742 la familia Walrond, propietaria de una plantación de caña de azúcar, que tanto abunda aún en la isla.
Todavía existe la tumba en la actualidad, con su enorme losa de piedra que sirve de bóveda a la cripta. La entrada se cierra con una puerta de hierro. En la actualidad el mausoleo está vacío. Nadie baja los pocos peldaños para abrir la puerta.

...Los Walrond vendieron el mausoleo, antes de ocuparlo, a sus amigos los Elliot. Iba a estrenar la tumba el coronel Thomas Elliot, pero en el último momento los familiares del difunto fueron a sepultarlo en el mar.

...La primera persona de la familia Elliot a quien correspondió el honor de inaugurar la tumba fue cierta señora Thomasina Goddard, indirectamente emparentada con la familia. Su cuerpo fue introducido el 31 de julio de 1807 en un sencillo ataúd de madera y pasó a ocupar uno de los anaqueles superiores de la cripta. A los pocos meses, el mausoleo fue cedido a los Chase , gente violenta que se había distinguido por sus raptos de locura y sus numerosos crímenes.

...Mary Ann Chase , hija menor del llamado honorable coronel Thomas Chase , fue conducida a la cripta el 22 de febrero de 1808. Era una niña que, según las malas lenguas, fue muerta por su propio padre en un ataque de furia homicida. El cuerpo de la pequeña fue inhumado dentro de un ataud de plomo. Transcurrieron cuatro años, y el 16 de julio de 1812 volvió a ser abierto el mausoleo para dar entrada a otro ataúd, también de plomo. Y se produjo la primera de las grandes sorpresas.

...Había muerto Dorcas Chase , hermano de Mary Ann, quien tuvo siempre fama de excéntrico. Lo demostró al dejarse morir de hambre en su cuarto, encerrado con llave. Dos esclavos de color cargaron el ataúd de plomo hasta la puerta de hierro de la tumba y esperaron a que otros dos abriesen y entrasen en primer lugar, provistos de antorchas. Se disponían los cuatro a descender por la escalera de piedra. Pero no llegaron a penetrar en la cripta. Lanzaron un grito de terror y abandonaron el lugar corriendo.
Era un espectáculo dantesco.

...El ataúd de Thomasina Goddard seguía en su sitio, pero el de Mary Ann Chase se encontraba cabeza abajo en el rincón opuesto al que debía ocupar durante los últimos cuatro años.
...Algunas personas valerosas regresaron el pesado ataúd de la niña a su lugar y acomodaron a su lado el nuevo huésped de la tumba: el hermano de Mary Ann. Estaba presente el coronel Chase , dirigiendo la macabra operación, sin imaginar que al siguiente mes le tocaría quitarse la vida.
...También al coronel lo enterraron en un ataúd de plomo. Y lo condujeron a la cripta de Christ Church, temblando los asistentes al acto ante la horrorosa perspectiva de contemplar de nuevo los ataúdes tirados por el suelo. Pero, afortunadamente, si alguien se ocupaba de mover los ataúdes, no tuvo tiempo ahora de realizar la tarea. Nada había cambiado. Se depositó la carga en un nicho, quedó cerrada la puerta de hierro y todos se fueron a su casa, pensando que aquel espectáculo que presenciaron el mes antes se debió a un sismo que se sintió con mayor intensidad en el panteón.

...Transcurrieron cuatro años. En 1816 falleció otro hijo del coronel Chase , el joven Samuel Brewster Ames Chase . El entierro tuvo lugar el 25 de setiembre. Los goznes de hierro se habían oxidado y dos esclavos tuvieron que trabajar largo rato antes de abrir la cerradura y la puerta. Cuatro hombres esperaban afuera cargando el ataúd, que también era de plomo.

...La puerta se abrió lentamente. Dos esclavos asomaron un rostro temeroso. Echaron una ojeada al interior de la cripta y salieron corriendo. Alguna persona con sangre fría se asomó y vio en su nicho el ataúd de la señora Thomasina Goddard, pero no podía decirse lo mismo de sus compañeros. estaban todos en el suelo, cabeza abajo, apoyados contra el muro. ¿Quién pudo mover los ataúdes, si cada uno de los mismo pesaba 200 kilos y eran precisos cuatro hombres forzudos para cargarlo?
...Por fortuna se encontraba aquel día en el entierro Lord Combermere, gobernador de la isla Barbados . Le habían contado algo acerca de las cosas extrañas que sucedían en el panteón familiar de los Chase y quería verlo con sus propios ojos. Al contemplar aquello, adoptó medidas tan severas como inteligentes.

...Se quedó con sus hombre de confianza y procedió a buscar un pasaje secreto. Seguro finalmente de que no existía más entrada al interior del mausoleo que la puerta de hierro conocida, dio el siguiente paso. Ordenó cubrir el suelo con arena fina, para que quedasen marcadas las pisadas de quien penetrase en la cripta. Dejó caer unos objetos de valor que pudiesen atraer la codicia de los ladrones y pidió a su secretaria que redactase un inventario de cuanto se hizo. A continuación ordenó colocar una cerradura nueva en la puerta y sellaron ésta con una capa de yeso y piedras. Apoyó su anillo en el mortero todavía húmedo y abandonó el lugar, para esperar que transcurriese el tiempo y muriese otro miembro de la familia Chese.

¿ACASO ESTABA EMBRUJADO EL PANTEÓN?

...Una señora que iba a depositar flores en una tumba cercana a la de los Chase escuchó el siguiente mes un fuerte crujido, seguido de gemidos lastimeros. El caballo que sujetaba de la brida comenzó a lanzar espuma por la boca y se le erizó la pelambre, a causa del terror que sentía. Tuvo la señora que llevar el animal al cirujano y nunca más se repuso. El mismo domingo, unos caballos que alguien dejó atados a un árbol, junto a la cercana a la iglesia, soltaron violentamente sus ligaduras, aterrados por algo que nadie supo decir qué era, y galoparon hacia el mar, donde murieron ahogados.

...La cripta tuvo que ser abierta el 18 de abril de 1820 para dar entrada a otro ataúd. Esta vez contenía los restos mortales de Thomasina Clarke, quien fue en vida hija de Thomasina Goddard. Se presentó en el entierro el gobernador Combermere y comprobó que nada había sido tocado. Unos esclavos echaron abajo la capa de mortero y se dispusieron a abrir la puerta. Dieron vuelta a la llave, pero no pudieron empujar la puerta. Varios hombres unieron sus fuerzas para hacer mayor presión y lograron finalmente abrirla. Y al mismo tiempo se dejó oír un fuerte ruido en el interior de la cripta, como si hubiese caído al suelo un objeto pesado... que sólo podía ser un ataúd.
...Los hombres que penetraron en la cripta ya sabían que algo muy extraño iban a encontrar. Y así sucedió. Vieron un ataúd quebrado y un hueso saliendo por un orificio. Era un antebrazo de Dorcas Chase . Los demás ataúdes de plomo estaban erguidos, cabeza abajo, apoyados en el muro. Solamente seguía en su nicho, reposando apaciblemente, el único ataúd no metálico de la tumba: el de madera de la señora Goddard.

...El gobernador comprobó que no habían huellas de pisadas en el suelo ni faltaba ningún objeto de valor. No había explicación posible para el enigma, así que sugirió a los familiares de los difuntos trasladar los ataúdes a otro sitio y dejar vacía la tumba de Christ Church. Y así ha seguido hasta nuestro días.

...Nadie pudo entrar a la cripta para mover los ataúdes. El gobernador Combermere estaba seguro de que solo un hombre no pudo desplazarlos. Además, hubiese dejado sus huellas en el suelo. No encontró señales de inundación. El lugar se encontraba unos treinta metros por encima del mar. No era fácil que agua hubiese movido los ataúdes. En cuanto a un temblor de tierra, habría cambiado de lugar con mayor facilidad el ataúd de madera que los de plomo. Y el de la señora Goddard seguía en su nicho, bastante maltratado por el tiempo, ajeno a cuanto había sucedido en torno suyo.

...Los investigadores de los fenómenos síquicos intentaron clasificar este caso dentro de un renglón especial. Fue tarea inútil, porque ni siquiera podían afirmar que se tratase de un fenómeno paranormal. Arthur Conan Doyle, quien se interesó a comienzos del presente siglo en el misterio de la isla de Barbados , declaró que eran fuerzas sobrenaturales las que movieron los ataúdes de plomo, en señal de protesta, porque en su interior se descomponían los cuerpos con mayor lentitud que en los de madera.

...Supuso también el creador Seherlock Holmes que con el arribo al panteón familiar del cuerpo de Thomas Chase se intensificó el fenómenos, en razón de los violentos efluvios que surgieron de él en vida y no logró atenuar la muerte.

...¿Estaba en lo cierto Conan Doyle? ¿Fue aquél de Barbados el único en la historia? El gobernador Combermere estaba seguro de que algo como aquello no había sucedido antes, ni se produciría después. Lord Combermere estaba precisamente en un error.
Sucedió algo semejante en el mismo panteón, un siglo después.- Los miembros de la logia masónica de Bridgetown acudieron el 24 de agosto de 1943 al mismo panteón donde el siglo pasado habían sucedido cosas tan extrañas. Se presentaron ante el mausoleo que contenía los restos de Alexander Irving, primer masón de la isla Barbados , dispuestos a abrirlo. En el mismo mausoleo se había depositado muchos años antes un ataúd de plomo con el cuerpo de cierto Sir Evan McGregor. A los señores de la logia no les interesaba este personaje, sino Irveng, cuyos restos pensaban trasladar a otro sitio.
Quitaron la losa y hallaron debajo una escalera de seis peldaños que conducían a una puerta tapiada con ladrillos. No existía la menor posibilidad de que alguien hubiese penetrado en la cripta desde la última vez que enterraron a alguien. Sin embargo, no tardaron los presentes en comprobar que no era así. Al quitar los obreros los ladrillos, vieron aparecer la punta de un ataúd de plomo. Se dieron cuenta sin tardar mucho que el ataúd estaba apoyado en parte contra la puerta y en parte contra el muro contiguo.
Una vez dentro de la cripta, descubrieron los masones que el ataúd era el de Sir Evan McGregor, que había abandonado su nicho, de manera por demás inexplicable. Pero no fue ésta la única sorpresa. Por más que buscaron os presentes en la cripta, no hallaron el otro. ¿Se habían equivocado de tumba quienes venían a recoger los restos de Alexander Irveng? Realizaron entonces una investigación en la iglesia contigua y verificaron que el cuerpo del masón debía hallarse en aquella cripta.
¿No era aquél caso muy superior, en cuanto a misterio se refiere, al de la familia Chase , puesto que aquí hubo traslado de ataúd de plomo además de faltar un inquilo importantede del mausoleo? ¿Qué explicación podía darse al fenómeno? ¿Por qué solo se desplazaban los ataúdes de plomo? ¿Fueron movidos los ataúdes, inconscientemente, por personas ajenas a la familia de los difuntos, por un simple fenómeno de sicocinesis que no ha logrado ser esclarecido?
Pero si pudiera aclararse por medio de la sicocinesis el movimiento de los ataúdes, ¿se explicaría la ausencia de otro?
Los inquietos ataúdes de Arensburgo.- Al otro lado del Océano Atlántico sucedió en el siglo pasado un caso que recuerda al de la isla Barbados . Fue en la ciudad de Arensburgo, situada en la isla de Oesel. Lo mismo los acontecimientos de Arensburgo que los de la isla Barbados respondían a idéntico patrón. podría decirse que, siendo iguales los síntomas, la enfermedad era idéntica en un caso y en otro.
Hubo, para empezar, el asunto de los caballos. Una señora que detuvo su carruaje a las puertas del cementerio el 22 de junio de 1844, a corta distancia del mausoleo de la familia Buxhoeden, fue la primera persona que pudo informar acerca de ciertas anomalías observadas. Depositó unas flores y regresó a su carruaje para encontrar el caballo terriblemente asustado e inquieto.
El siguiente domingo, otras personas que llegaron a depositar flores sorprendieron más tarde a los animales temblando de miedo. Hubo quien juró haber oído extraños ruidos procedentes del interior del mausoleo de los Buxhoeden y puso sobre aviso a los propietarios de la tumba. Estos se encogieron de hombros y dijeron que no iban a perder tiempo escuchando tonterías.. Pero como se repitiesen los ruidos en el mismo lugar y siguieran los caballos tan asustados, las autoridades intervinieron y exigieron a los Buxhoeden abrir su mausoleo.
Hallaron en su interior varios ataúdes amontonados en el suelo. Los acomodaron en sus respectivos nichos y cerraron la puerta sin buscar explicaciones para el fenómeno. El tercer domingo de julio volvieron a enloquecer los caballos uncidos a los carruajes. Unos echaron a correr y otros se dejaron caer al suelo, revolcándose y soltando espuma por la boca. Tres animales murieron.
La familia se sentía insegura, y su misma inseguridad les hizo negarse a abrir de nuevo el mausoleo. Pero tuvieron que acceder tres meses más tarde, cuando murió uno de ellos. Quitaron los sellos a la puerta y penetraron unos hombres en la cripta. Los ataúdes volvían a encontrarse en el centro, lejos de su sitio.
Depositaron el ataúd del difunto en uno de los nichos vacíos, pusieron orden en los demás, cerraron la puerta con varios sellos y abandonaron el panteón. Después se reunieron a discutir con las autoridades. No deseaban que nadie fuera a acusarlos en la ciudad de vampiros ni de profanadores de tumbas. Pidieron a las autoridades que solucionasen el misterio. El barón Goldenstubbe, presidente de la comisión investigadora, acudió al panteón acompañado por varios miembros de la familia Buxhoeden. Habían transcurrido tres días desde el sepelio. Los sellos seguían intactos. Abrieron la puerta y aparecieron los ataúdes fuera de su sitio.
El barón ordenó colocarlos otra vez cada uno en su nicho, cerró personalmente la puerta y designó un guardia para vigilar la tumba día y noche. A continuación pidió al obispo y a dos médicos que lo acompañasen al día siguiente al mausoleo.
Abrieron la puerta. Esta vez seguían en su sitio tres ataúdes. Los demás estaban ya amontonados en el suelo. Los médicos abrieron unos ataúdes al azar, en busca de huella de vampirismo. Verificaron el estado de los cuerpos y comprobaron que estaba todo en perfectas condiciones. Incluso los difuntos conservaban las alhajas con las que fueron enterrados.
Unos obreros abrieron los muros en busca de pasajes secretos. Cerraron finalmente la puerta y quedaron apostados varios guardianes. Días más tarde declararían que no oyeron ni vieron nada sospechoso. El barón Glodenstubbe ordenó abrir de nuevo el mausoleo. Volvían a estar revueltos los ataúdes. En vista de que el asunto no parecía tener solución, y para evitar males mayores, el barón ordenó trasladar los féretros a otro lugar y demoler la tumba de los Buxhoeden.
Regresó la paz al panteón de Arensburgo. Pero nunca logró averiguarse, igual que sucedió en la isla Barbados , por qué a los ataúdes de plomo les gusta danzar y asustar a la gente inocente .

TRÁGICO FINAL DE UNA POSESIÓN DEMONÍACA
¡BELLA CATEQUISTA SUCUMBIÓ A LAS FUERZAS DEL MAL!

Revista Revelación (Santiago) Nº 2. Diciembre 1995, pgs. 7-11
por Osvaldo Muray


Osvaldo Muray

N.U:
(*) La redacción ha preferido abreviar el nombre de la catequista poseída.

La población “Juanita Aguirre” es un armónico conjunto habitacional, erigido hace más de treinta años en lo que era el límite septentrional de Santiago. Por el oriente comienza en la avenida Independencia y su borde norte discurre a orillas de la avenida Huechuraba rumbo al oriente. Paralela a ésta corre, desde no hace mucho, la circunvalación Américo Vespucio. Y más al norte, cerros, cerros y más cerros. Desde cualquier punto de Huechuraba o Independencia los cerros están presentes a los ojos del transeúnte. Hace unos veinte años, todo el sector era de viñas generosas, que cada verano se convertían en las chichas más apreciadas de la zona central. Pero el crecimiento indetenible de la ciudad arrasó los viñedos y cubrió las oscuras y feraces tierras con cintas de cemento, casas y edificios de departamentos. Sólo la presencia de los cerros, ha impedido que ese rincón de la ciudad pierda su carácter aún campesino.
La "Juanita Aguirre", una de las poblaciones más grandes de Santiago, en el día es un apacible sector habitacional. Para el lado de Huechuraba viven funcionarios de la Fach, institución que posee alrededor de 500 casas para su personal. En el medio de este conglomerado se levantó, hace seis años, una capilla castrense, llamada "San Juan de Capistrano", con el fin de servir a las necesidades espirituales de los uniformados que allí moran. A cargo de la capilla se encuentra el diácono Gustavo Cerda Córdova, quien habita en frente mismo de su capilla. Para el diácono la tarea no es fácil. El personal uniformado de su grey -apegado al mismo materialismo que domina a toda la sociedad actual- es renuente al llamado de la Iglesia, y la capilla contabiliza un promedio de treinta familias -de 500 que concurren al oficio religioso de los domingos: Un magro seis por ciento de creyentes y un abrumador 94 por ciento de ovejas descarriadas. Un cercano templo mormón anota una concurrencia mucho más elevada que la capilla, los domingos.
Por ello, el diácono triplica sus esfuerzos tratando de regresar las ovejas al redil. Ese afán por evitar el colapso de la fe entre los feligreses de la "Juanita Aguirre", le llevó a crear todo un conjunto de catequistas que se dedican a evangelizar a los cristianos de su entorno.

LA ELEGIDA

Entre los catequistas de la capilla resaltaba la joven esposa de un cabo de la Fach, llamada N.U la que junto a su cónyuge conformaban un matrimonio ejemplar por su fidelidad por sus creencias religiosas.
De ese matrimonio, el diácono creó una pareja de catequistas que dedicados a brindar educación a los novios que se preparan para dar el “sí” ante Dios. Nada en la vida de ese matrimonio hacía presagiar que el destino les prepararía un final aciago e imprevisible, extrahumano.
N.U., madre de tres hijos, cuidaba de su hogar y su prole con el mismo fervor con que profesaba su tarea de consejera prematrimonial. La catequesis sorbía cada momento libre de su existencia y, por ello, nadie pudo imaginarse, ni remotamente, que el golpe fatal de su vida de piedad y fidelidad cristiana vendría desde el mundo de las tinieblas.
El primer signo premonitorio, y que nadie, por supuesto, pudo interpretar de esa manera ocurrió en los días en que el Papa Juan Pablo II estuvo de visita en Chile. Por esa visita, el esposo de N.U. fue trasladado a Puerto Montt. En esa fecha aún carecían de teléfono, por lo cual el esposo le pidió a un amigo y vecino de la población, que visitara de vez en cuando a su esposa para saber si afrontaba algún tipo de problema y le ayudara si era necesario.
Cierta noche, el amigo llegó a cumplir su encargo y conversó con N.U. desde la ventana. La joven le explicaba que estaba todo bien cuando el amigo se percató de algo muy extraño: En las ramas superiores de un álamo muy alto divisó, entre luces y sombras la presencia de un pájaro de desusado tamaño. Era un pájaro negro, pero más que pájaro parecía un hombre alado. El amigo se asustó, porque su “sexto sentido” le dijo que era algo muy extraño, anormal. Muy agitado le recomendó a N.U. que cerrara la ventana y se acostara. El mismo corrió apresurado a su auto y se marchó a su casa.

LA LLAMADA

Pero el asunto se olvidó hasta mediados de agosto de 1993. En la casa de pasaje Bahía esquina de Huechuraba ya había teléfono.
El esposo de N.U. se encontraba de guardia en su unidad esa noche. A las tres de la mañana sonó el teléfono. N.U. pensó que su esposo le llamaba por algo urgente y se levantó presta a contestar la llamada. Pero no era su cónyuge quien estaba al otro lado de la línea telefónica. Tras decir aló, llegó a sus oídos una voz ronca, de hombre, que le dijo: “Yo te voy a llevar, quédate tranquila, no te asustes”. Pero Nancy no se asustó. Al contrario, se indignó.
Cuando el esposo regresó, al día siguiente, le relató lo sucedido.
Desde ese momento pasaron varias noches en vela esperando que el misterioso llamador repitiera su “broma”, para darle una merecida respuesta. Pero el llamado no se repitió. Sin embargo, el tiempo de la joven y agraciada catequista se iba acortando en forma dramática.
Los hechos comenzaron a suceder con rapidez a partir del llamado telefónico. Pero hagamos un paréntesis para recordar de qué manera entré en posesión de esta increíble historia.

EL MAL RONDA LA CAPILLA

El “Mes de María” del año 1994 significó días de esplendor para la pequeña pero acogedora capilla castrense. Mujeres de edad avanzada ocupaban sus lustrosos bancos cada atardecer, rindiendo homenaje a la Madre del Salvador. El caso de N.U había finalizado trágicamente en julio, y ya en noviembre casi nadie se acordaba de sus terribles entretelones. Era de conocimiento sólo de la gente de la FACH y sus cónyuges. No había trascendido al resto de los civiles de la “Juanita Aguirre” que son la mayoría de los habitantes.
Cuando el mes de noviembre ya entraba en su último día, el diácono hizo su acostumbrado sermón, pero esta vez fue muy diferente. En pocas y nerviosas palabras dio a su feligresía que la falta de fe y el desapego de su grey le estaba dejando el campo libre a las fuerzas del mal. Y esta aseveración la ejemplificó con un relato extraordinario.
El día anterior al sermón, llegó hasta la capilla, a tempranas horas de la tarde, un grupo de alumnos de una escuela cercana. Los niños fueron atendidos por la esposa del diácono que, al escuchar su versión, los hizo entrar al templo y arrodillarse ante una hermosa imagen de Jesús, tallada en madera, que adorna un costado del altar. Enseguida fue en busca de su esposo y le puso al corriente de la singular visita. El diácono corrió a la capilla y pudo enterarse de una historia terriblemente fantástica.
Como todas las tardes, los niños entraron a clases, pero su profesora los dejó un momento para acudir a un llamado del director. Los niños de entre 10 y 11 años, comenzaron a jugar libremente alborotados, como es de esperar, en un grupo de inquietos adolescentes. De pronto uno de ellos –tal vez recordando algún film de la TV— propuso: “llamemos al Diablo”. Su propuesta encontró amplio eco y de alguna manera comenzaron un conjuro. Hasta ahí, todo entre risas y pullas.
De pronto, el conjuro pareció surtir efecto: un ruido atronador invadió la sala y un ventanal saltó hecho añicos. Un viento tempestuoso penetró al recinto, y los niños –más de una veintena—comenzaron a ser azotados unos contra otros y contra los bancos.
Una de las chicas recibió severos rasguños en una pierna, que alguna garra invisible le hizo al aferrarla. Obvio es decirlo, el pánico era terrible y nadie podía escapar de esa sala.
De pronto, el viento cesó y regresó la calma. Había varios niños contusos, pero lo principal era el pánico generalizado. Algunos de ellos propusieron ir a confesarse al templo más cercano, que resultó ser la capilla de San Juan de Capistrano.
El diácono escuchó el relato. Les hizo un sermón y los puso a rezar al Señor, mientras invocaba la ayuda divina para liberar a los niños de terror que los embargaba.
Hasta ahora, todos los conocedores de esta historia se han negado a revelar el establecimiento donde sucedieron estos hechos, pero desde luego es alguno cercano a la capilla. En sus alrededores funcionan a lo menos cinco escuelas. El secreto se mantiene hermético, porque estas escuelas son particulares subvencionadas y si se llega a conocer en cuál establecimiento tuvo lugar esta “película de pesadilla”, todos los padres van a retirar a sus hijos y será la ruina para los dueños del colegio.
Atraído por tan espectacular historia, acudí a entrevistar al diácono para un atrayente y novedoso periódico de Conchalí (desgraciadamente hoy desaparecido). En medio de la charla con el religioso castrense, le pregunté: ¿Han sucedido otros hechos semejantes entre sus feligreses?...
De esa manera conocí lo sucedido con la catequista N.U., que había sido sepultada hacía sólo cuatro meses, relato que superó largamente la historia de los niños.
Y aquí retomo el hilo de la tragedia de la catequista. Junto al diácono fui a entrevistar al cabo de la FACH esposo de N.U., quien me dijo que deseaba que esta historia fuera conocida por todos, con el objeto de evitar que haya otras víctimas de este mundo de tinieblas.

COMIENZA LA POSESIÓN

San Juan de Capistrano


Octubre de 1993. En el hogar de la catequista ya nadie se acuerda del hombre-pájaro ni de la extraña llamada nocturna. El dueño de casa está nuevamente en el sur, en comisión de servicio.
La penúltima noche, en Chillán, llama a su casa, para anunciarle a N.U., que al día siguiente regresaría a Santiago, tras más de una semana de ausencia. Esa conversación la recordó así:

“Era mi penúltima noche (en el sur) y tenía muchas ganas de regresar. Hablé con mi esposa y le encontré la voz muy rara. Estaba angustiada y llorando. Le dije: -“Mi amor, ¿qué te pasa?; por favor, ¡cálmate, ya voy a volver! Eran 17 años de matrimonio y –como dicen los lolos-- yo me pasaba cualquier rollo. Llegué al fin el día viernes.
--Al verme, me abrazó y se puso a llorar. Me contó que se sentía muy mal, que le dolían las piernas, la cara, los pómulos y tenía un decaimiento total. Le dije: “Vamos de inmediato al hospital. Pero no quiso ir y me respondió: --“No, debe ser donde te eché tanto de menos… mañana voy a amanecer mejor”.
El afligido esposo la trató de sacar de su estado, conversándole de proyectos futuros, de un viaje…

“—Pero me di cuenta que en realidad se sentía muy mal. La acosté y le sobé las piernas. Al otro día la llevé a pasear a Quillota, a casa de una abuelita. Pasamos un buen día, pero cuando veníamos de regreso a Santiago, estaba muy decaída. En la noche me dijo que sentía miedo, que estaba angustiada”.
Al acostarnos – como era costumbre cada noche –leímos la Biblia. En cuanto apagué la luz se puso a llorar y me dijo que se sentía mal. Volvimos a leer la Biblia. Apagué de nuevo la luz y me pidió agua. Yo estaba cansado, porque el viaje había sido agotador. En eso se sentó bruscamente en la cama, como si alguien la hubiese tomado y vi su cara desfigurada, tenía los ojos desorbitados, la cabeza le pesaba y me decía: --“¡El niño, cuídame el niño!” Yo le replicaba: “¡Mi amor, tú te vas a sanar, el niño no tiene nada!”
Frente a tal situación, el esposo despertó a sus hijas y llamó a una hermana. N.U., fue trasladada al hospital militar, donde el médico que la atendió le restó importancia al asunto. Dijo que necesitaba dormir y que a lo mejor habían tenido una pelea matrimonial y eso era todo. En vista de tal situación y como el mal persistiera, se consultó a un médico del hospital de la FACH. Allí se le sometió a numerosos exámenes pero no se le encontró ninguna enfermedad.
Como el extraño mal persistiera, se le llevó en varias ocasiones al hospital de la FACH. Un día le hicieron exámenes durante 24 horas, electroencefalogramas, electrocardiogramas, scanner, resonancia nuclear magnética y, a su término, se le negó hospitalización porque se encontraba sana. Pero N.U., decaía a ojos vistas.
Debido a esta situación, la joven poseída fue llevada a un siquiatra particular, quien dijo que podría ser un problema de depresión y comenzó a tratarla, pero sin resultados.
Llegaba el fin de año y N.U. iba de mal en peor. Sólo cuando era sacada por su esposo a dar vueltas en el auto, recuperaba la lucidez y mejoraba visiblemente, pero en cuanto entraba a su casa de pasaje Bahía, la fuerza maligna volvía a posesionarse de ella. Para la fiesta navideña la llevaron a casa de su cuñada, en Quilicura. Todo transcurrió normalmente. Por la noche, el esposo le pidió a su hija mayor que viera a su madre que estaba acostada en un dormitorio. La encontró de pie sobre la cama vociferando contra alguien. Fue necesaria la fuerza de varias de las personas presentes, para poder dominarla y calmarla. N.U exhibía fuerzas extra humanas.
A comienzos de enero, el diácono regresó de sus vacaciones en el sur. Se enteró que su mejor catequista estaba poseída de un extraño mal y la fue a visitar de inmediato. Gustavo Cerda recuerda ese momento:
“N.U. estaba sentada en un sillón cubierta con un chal, inmóvil. No reconocía a nadie. Le dije:
-¿Cómo estás?, y me respondió con una terrorífica voz de hombre:
-“Gus-ta-voo, ¿qué haces aquí?” Me estremecí por completo. Yo no soy miedoso, pero esto era algo aterrador. Le pregunté a su esposo qué había sucedido y me contó que unas vecinas del pasaje le habían hecho un mal.
Cuando el diácono estuvo al tanto de todos los avatares del caso, le recomendó al esposo de N.U. que visitaran al obispo castrense, monseñor Joaquín Matte Varas y le impusieran del asunto. El obispo le aconsejó tener mucha fe en Dios y emitió un decreto para ser cumplido por un sacerdote de Melipilla, experto en exorcismo. Pero lo extraño es que una vez que el sacerdote exorcista examinó a la enferma en su templo, se negó a realizar el exorcismo, diciendo que estaba muy asustado. Y debieron regresar a Santiago con N.U. y sus acompañantes (otro diácono, un sacerdote y un par de familiares).
Gustavo Cerda, el diácono, no desmayó y poco después la llevaron a ver a otro exorcista, el padre Angel, un sacerdote alemán de la orden dominica en Las Condes.
El diácono recuerda que ya N.U no hablaba ni reconocía a quienes le acompañaban. Estaba sumida en un mutismo total. Llegados al convento, conversaron con el padre y cuando éste se enteró del motivo de la visita los hizo pasar al interior del recinto y luego a un pequeño caminito que conduce a la parroquia. El sendero está adornado con alegorías católicas. Justo antes de entrar al templo hay una bella imagen de María, la Madre de Jesús. Al verla, N.U. comenzó a increparla con su terrible voz de hombre, fue espantoso. Cuando N.U. se calmó volvió a caer en su mutismo y fue posible realizar el exorcismo.
Al regreso, una vez en el auto, cuando el vehículo descendía por el escarpado camino, N.U. pareció volver en sí y lanzando una carcajada escalofriante les dijo con su gutural voz de hombre: --“No nos llevamos a quien vinimos a buscar”, y volvió a lanzar sus cavernosas carcajadas.

LA COLORINA

Ante el fracaso de la ciencia médica y de los fracasados exorcismos, el esposo de N.U. consultó a una espiritista de Talagante.
La mujer, al ver a la joven catequista, emitió su diagnóstico de inmediato: “Le hicieron un mal”.
Luego, aconsejó el sistema para identificar a quien le lanzara el maleficio a la catequista. Le dio siete velas de diferentes colores al marido y le dijo que cada noche debía rezar frente a una vela que debería encender sobre un papel.
Los rezos debían prolongarse tanto como durara la vela. Una vela cada día. Así se hizo. La esperma derretida se fue acumulando sobre el papel y al término del séptimo día, la esperma había dibujado el rostro inconfundible de una mujer, la larga cabellera colorida… toda una fotografía de una vecina de N.U, en el pasaje Bahía.
Una de las noches en que el esposo realizaba las oraciones frente a la vela respectiva, encontrándose el diácono y su esposa en la casa, acompañando a N.U, se sintieron fuertes golpes en la casa. Al término de la sesión, el diácono y su cónyuge abandonaron la casa y el esposo de N.U los acompañó hasta la puerta de calle. Sobre un mueble ardía el último cabo de una vela, formando la figura que después identificarían como la “colorida del pasaje”. Cuando el cabo de la FACH regresa a la habitación, la llama de la vela tiene dos formas muy extrañas: los pulmones y la tráquea. El hombre se aterró y llamó al diácono que vivía a tres cuadras de su casa. Gustavo Cerda le aconsejó que no tomara la vela con las manos, que la arrojara al W.C. y tirara la cadena y luego se lavara las manos concienzudamente.


JUGARRETAS DEL ESPACIO TIEMPO

Hasta ahí, nada entregaba resultados positivos. Al fracaso de la medicina moderna, de los exorcistas de la Iglesia, se sumaba el fracaso de la bruja talagantina, quien, aparte de identificar a una mujer colorida de pelo largo como la autora del maleficio, nada pudo hacer para mejorar a la catequista.
Por ello, cuando un matrimonio amigo del cabo le propone que N.U. sea vista por un espiritista de la misma población, el esposo acepta. Era el tiempo de recurrir a cualquier atisbo de solución.
De esta manera llega, hasta la casa de Quilicura donde N.U. había sido trasladada para sacarla del maléfico entorno del pasaje Bahía, una joven señora acompañada de los amigos del cabo.
No bien entran a la casa, la esposa del amigo se siente horriblemente mal y se le debe sacar a la calle, donde se repone de un mal repentino e inexplicable. La espiritista promete regresar esa noche. Lo hace, siempre acompañada del matrimonio. Pero no pide ver a la enferma sino desea conocer la casa donde comenzó este episodio de terror.
Son las once de la noche. Desde la casa de Quilicura hasta el pasaje Bahía median no más de quince minutos en auto, casi en línea recta, por avenidas pavimentadas y profusamente iluminadas. Es el mes de enero, el calor resulta insoportable aún cerca de la medianoche. Por lo mismo, es descabellado hablar de mal tiempo o neblina.
Se forman dos grupos. En el auto del cabo –un taxi- viaja éste y un primo. En un segundo auto, el matrimonio amigo y la espiritista. Adelante parte el taxi. Detrás, el segundo vehículo los sigue a muy corta distancia. En cierto momento algo muy curioso ocurre en el vehículo donde viaja la espiritista.
-“De pronto caímos en la nada” dijo a este periodista. El auto seguía andando, pero no sentíamos el roce de los neumáticos contra el pavimento. Afuera todo era neblina o algo así. Para donde miraran, la nada. Los faros alumbraban hacia una negrura espesa. Desaparecieron las casas, los árboles, los brillantes faroles de sodio de la avenida Manuel Antonio Matta. Tampoco encontraban vehículos en sentido contrario; menos en la Panamericana, a la cual no habrían tardado ni siete minutos en llegar.
En el interior del auto hacía frío (enero a esa hora, registraba veinte grados de temperatura). La espiritista recuerda que se hacían toda clase de conjeturas, pero no arribaban a ninguna conclusión. Sólo una cosa era muy clara. Ni arriba ni debajo ni en los costados del auto, tampoco en el frente o en la parte posterior había nada. Sólo una especie de neblina que se tragaba la luz de los faros.
El frío aumentaba y el auto seguía corriendo, pero… ¡sobre qué!
El esposo de N.U. y su primo esperaron más de una hora y se hacían toda clase de preguntas sobre qué les habría sucedido a sus acompañantes. Cuando había transcurrido una hora y media, e iban a salir en busca de los extraviados, éstos aparecieron. ¿Qué había sucedido?
En el interior del vehículo de la espiritista, la situación seguía invariable. El motor de auto ronroneando y el vehículo moviéndose, pero nadie sabía en qué dirección viajaban y por cuál misteriosa carretera en cuya superficie los neumáticos no rozaban. Cuando llevaban una hora viajando en la nada, de pronto se encontraron en tierra firme. Volvieron a distinguir el paisaje. Estaban sobre un camino de tierra, con la proa del auto contra un alambrado en un camino rural.
¿Camino de tierra? Reconocieron el terreno, retrocedieron y poco después estaban sobre el pavimento. A poco andar se ubicaron: se encontraban a la orilla del aeropuerto de Pudahuel, es decir, exactamente en el sentido contrario a donde se encaminaban al salir de Quilicura. Una vez reconocido el lugar, enfilaron en el sentido correcto y llegaron a la población Juanita Aguirre.

EL ÚLTIMO ATAQUE

En los días siguientes, N.U. fue llevada por su esposo a donde otro siquiatra. En su presencia, la joven catequista sufrió una especie de ataque de epilepsia. Mientras su esposo evitaba que se mordiera la lengua, el siquiatra miraba embobado, paralizado de miedo. Eso no era un ataque de epilepsia. Al fin, el médico reaccionó y pidió una ambulancia al hospital de la FACH. N.U. fue internada; eran los primeros días de enero de 1994. Permaneció inconsciente hasta el 4 de julio, sin reconocer ni menos hablar con nadie. El personal del hospital que debía atenderla le tenía miedo, porque a su alrededor sucedían hechos inexplicables.
El 4 de julio de ese año, N.U. entregó su alma al Creador.

SUCESOS POSTERIORES


LA VIGILIA INCONCLUSA.....


A finales de diciembre de 1993, cuando N.U. recién había sido trasladada desde su casa del pasaje Bahía a casa de su cuñada, en Quilicura, un grupo de catequistas compañeros de la víctima, decidieron realizar una vigilia. Para ello le comunicaron al esposo de la joven, que esa noche, desde las 21 a las 24 horas, se iban a reunir en una oración permanente en la capilla. Y le pidieron que desde las 00 horas a las seis de la mañana, ellos y sus familiares hicieran vigilia en la casa donde estaba N.U… Así se hizo.
Cerca de las 11 de la noche, cuando unas treinta personas oraban en el templo, en medio del mayor recogimiento, toda la construcción se remeció cuando algo golpeó sobre el techo. A todos los presentes, gente de la Fuerza Aérea, se les imaginó que un avión había caído en la capilla. Por supuesto, huyeron aterrorizados a la calle. Pero el ruido no cesó. Parecía que algún invisible bromista deslizaba con gran alboroto un tambor metálico sobre el techo y el edificio –una sólida construcción de madera- se estremecía entera mientras en su interior las lámparas se apagaban y prendían, todo esto en medio de un estrépito ensordecedor. Tras diez minutos –más o menos- y cuando todo el mundo rezaba e invocaba a Dios, el ruido cesó tan bruscamente como empezara.
Poco después, en Quilicura, familiares, vecinos y amigos de N.U., oraban por el restablecimiento de su salud. De pronto, las luces de una lámpara que iluminaba el living parpadearon y la lámpara cayó al suelo con gran estrépito, sumiendo la casa en la oscuridad.
Por supuesto, nunca hubo la menor explicación para estos fenómenos.

EXTRAÑOS EN LA NOCHE

Habían transcurrido poco más de tres meses del fallecimiento de N.U… Su viudo y sus tres hijos (dos niñas y un pequeñito) se encontraban durmiendo en su casa, una distinta, ya que la Fach los sacó de la casa maléfica, pero siempre en la población Juanita Aguirre y a unas seis cuadras de la vivienda anterior.
De pronto recuerda la hija mayor, alrededor de las tres se abrió la puerta de su dormitorio (donde dormía junto a su hermana) y alguien penetró a la habitación. Ese “alguien” se acercó a su cama, le destapó la cara corriendo las cobijas. Luego, se alejó hacia la puerta. La joven estaba paralizada.
Quien fuera que penetró a la casa, ahora abría la puerta del dormitorio del viudo, quien dormía con su hijo menor, se paseó por la habitación y salió. Enseguida, el nocturno e invisible visitante descendió por la escalera y en el primer piso ingresó al baño. La joven escuchaba desde su lecho todos los ruidos en medio del abrumador silencio de la madrugada. El visitante abrió la llave del agua, tiró la cadena del silencioso y se marchó. Fue evidente cuando salió de la casa, abriendo y cerrando la puerta… que estaba con llave.
Al día siguiente, el padre de la niña le preguntó: ¿Quién se levantó al baño anoche que metió tanta bulla?

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3@321AGANAR2/24/2011+0-0
yo soy de firmat es medio raro lo de las hamacas pero no le damos bola desde hace unos años
_@_Pato_Kapo_1/15/2011+0-0
Ahi estan tirando de un hilo o es el viendo lo de las hamacas
o@oscar1109757/5/2010+0-0
muchas gracias por los comentarios, y la verdad gracias por los puntos!!! a los que les guste la serie X-Files avisen que subo info y fotos!
f@ferferer7/5/2010+0-0
Muy bueno! +10 me encantan los miesterios
T@Turokx27/4/2010+0-0
genial amigo, como siempre mis +10 , en tus cosas misteriosas
m@morpheus5907/4/2010+0-0
éste suceso ocurrió 2 semanas después de que en otra parte del mundo (no recuerdo dónde) pasaba lo mismo, las hamacas se movían solas y se hizo público mediante internet... coincidencia? no lo creo, habrán querido llamar la atención con lo mismo en Argentina... me parece totalmente armado!
z@zzergio7/4/2010+0-0
es mucho!
i@iYaro7/4/2010+2-0
Fotos! Fotos! Fotos! Fotos! Fotos! Fotos!

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