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La utilización militar de los niños: niños soldados

Info4/12/2010



Más de 300.000 menores combaten en todo el mundo . Pou Saboudy, lugarteniente-coronel y portavoz oficial del ejército camboyano, admitió el pasado diciembre que niños "probablemente de 14 años" habían participado bajo sus órdenes en una sangrienta ofensiva; pero según otros soldados y personal de ONG "algunos no tenían más de ocho". Se estima que más de 300.000 menores -una tercera parte niñas- combaten en una treintena de conflictos en todo el mundo y que varios cientos de miles más son miembros de los ejércitos estatales o de los grupos armados de oposición. Y lo peor es que estas cifras se están incrementando. Las ONG y los organismos de Naciones Unidas luchan directamente contra esta situación denunciando los abusos que cometen las facciones en guerra: propician el endurecimiento de la legislación internacional, evitan los reclutamientos y facilitan la desmovilización y la reintegración de los ex combatientes mediante programas psicológicos y sociales sobre ellos y sobre sus comunidades, porque los niños son, ante todo, víctimas de los problemas de los adultos.

Nada hay más horrible que la guerra. Y dentro de la guerra, nada hay más horrible que utilizar niños como soldados. Pero son muchos los gobiernos y grupos de oposición que incorporan menores de 18 años a sus huestes. Un reciente informe de UNICEF sobre los efectos de la guerra en la infancia sostiene que en la última década dos millones de niños han muerto en combate, cinco millones han quedado impedidos, doce millones han quedado sin hogar y diez millones más sufren traumas psicológicos.

Pero todos estos cálculos son orientativos. Es imposible conocer el número de niños víctimas de la guerra o el número real de menores soldados porque casi ningún Cañóndirigente admite una práctica tan deleznable y en el Tercer Mundo no suele haber documentos acreditativos de la edad. En Birmania, por ejemplo, observadores internacionales consideran que entre un 10 y un 60 por ciento del ejército y entre un 10 y un 40 por ciento de las fuerzas opositoras están integradas por menores de 18 años. Extrapolando estas cifras, podría decirse que hay 350.000 niños soldado sólo en ese país asiático.

Los ejércitos reclutan niños por varias razones; la escasez de adultos, como ocurrió en la Alemania nazi al final de la II Guerra Mundial, es la principal, pero hay otras. Un desertor de la Resistencia Nacional de Mozambique (RENAMO), hoy el principal partido de la oposición desde la paz lograda en 1992, afirmaba que "no empleamos muchos adultos en el combate porque no son buenos soldados... los niños tienen más vigor, luchan mejor por la supervivencia en los matorrales, no se quejan y siguen las directivas". Las armas modernas, baratas -en Uganda un fusil de asalto AK-47 cuesta lo que un pollo-, ligeras y sencillas de manejar, también facilitan la incorporación a filas de los menores. Además, rara vez exigen una paga, pueden llegar a ser fieros y sanguinarios combatientes y, en la refriega, el enemigo se encuentra con el dilema de matarles o no.

Ahora bien, cada conflicto tiene un origen y un desarrollo distintos que afectan a la participación de los menores. No es lo mismo ser hijo de guerrilleros del Frente Moro de Liberación de Filipinas, que ser kuwaití durante la Guerra del Golfo o quemar cabinas y autobuses en Euskadi. Ya sea por causas económicas, religiosas, étnicas, culturales o de cualquier otro tipo, cada guerra es diferente y tiene sus propias características.



||SECUESTRADOS Y TORTURADOS||

La RENAMO mozambiqueña -tan partidaria de utilizar niños soldado- tenía un método brutal para conseguir este tipo de tropa: raptaba a un muchacho, le torturaba física y psicológicamente y le obligaba a regresar a su aldea y matar a algún pariente o conocido; el asesinato se realizaba de forma que la comunidad supiera que él lo había cometido para descartar que pudiese regresar alguna vez. Después de eso, el nuevo recluta era capaz de cualquier cosa; estaba totalmente insensibilizado a la barbarie. Prácticas similares se han detectado en otros lugares, pero no son comunes y las perpetran grupos armados que no dependen del apoyo popular para sobrevivir.

El reclutamiento forzoso practicado por muchos gobiernos también puede ser una forma de secuestro. En Guatemala, hasta alcanzar la paz hace apenas dos años, el ejército organizaba batidas para completar sus filas apresando jóvenes en autobuses, mercados y vías públicas, los recluían en centros de adiestramiento y, desde allí, los trasladaban a destacamentos alejados de sus hogares. Si las familias lograban enterarse de lo ocurrido y querían recuperar a los muchachos, debían entregar una documentación -a menudo inexistente- que se perdía si no se acompañaba del pago de una "multa"; además estas reclamaciones siempre llegaban "fuera de plazo" si los mandos consideraban que el muchacho ya estaba integrado en la estructura militar.

En ocasiones -Perú, Colombia, Nicaragua...- los gobiernos han reclutado niños a la fuerza para establecer un cierto control sobre las poblaciones afines a las guerrillas; en otras ocasiones lo han hecho para expresar hostilidades de tipo religioso, étnico o Niñoideológico. Los opositores, a su vez, han raptado menores para garantizarse una futura reserva de combatientes; a finales de la década de los ochenta, unos 12.500 niños erraban por una franja de 2.000 kilómetros de desierto entre Sudán, Etiopía y Kenia; el Ejército Popular de Liberación de Sudán los había capturado a corta edad para incorporarlos a sus filas posteriormente; en febrero de 1992, tras varios años de deambular, fueron acogidos en campamentos de refugiados keniatas.

También puede producirse una asimilación imperceptible, como en El Salvador. Un ex combatiente del Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí anunciaba que la guerrilla organizaba "escuelas de menores" donde los niños eran alfabetizados e instruidos sobre los héroes locales y "las otras guerras de Nicaragua y Cuba". En cuanto cumplían 12 años pasaban a una escuela militar donde aprendían instrucción y a reconocer al enemigo. "Y yo ni siquiera sabía que tenía un enemigo! -añadía- Me creía demasiado joven para tener enemigos, pero en el Frente me enteré de que sí los tenía".

Hasta las propias leyes autorizan levas de muchachos muy jóvenes, como en Laos, donde la incorporación a filas es obligatoria a los 15 años, o en Namibia, donde lo es a los 16. Y si nos fijamos en la letra de la ley respecto a la incorporación voluntaria, no hace falta que nos alejemos de nuestro entorno: en Gran Bretaña y en Grecia se puede ser soldado con 16 años. En Irán, caso extremo, no hay límite de edad; en 1983, durante la guerra con Irak, un delegado iraní dijo ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU que "cuando un país es víctima de agresiones, no se hacen preguntas a los voluntarios que desean alistarse para defender la patria".




||¿AISLAMIENTO VOLUNTARIO?||

La gran mayoría de los niños soldado han ingresado voluntariamente en sus respectivos movimientos armados. La necesidad, las expectativas, el ambiente familiar, la ideología, la religión y otros componentes de su experiencia vital, sutiles y difíciles de resistir, acostumbran a ser las causas que les llevan a participar en las hostilidades.

Cuando un conflicto afecta a varias generaciones tiende a perpetuarse porque los menores lo consideran algo habitual. Y esto se puede exacerbar: en Sri Lanka, los Tigres de Liberación de laSoldados Tierra Tamil (TLTT), enfrentados al gobierno desde hace 15 años, empezaron en 1987 un programa de producción de soldados; así, transmitían por televisión películas de adiestramiento en combate, realizaban desfiles de soldados jóvenes ante los escolares, impartían entrenamiento militar en las escuelas e instalaban columpios con armas de juguete incorporadas. Hoy en día, el TLTT tiene batallones compuestos por mujeres, adolescentes y niños de apenas 10 años de edad.

En condiciones normales los valores de los adultos impregnan a los niños, y en situaciones bélicas también; para ellos no hay nada más gratificante que hacer aquello que les granjea la aprobación de sus mayores. Durante la Intifada, los niños palestinos -igual que sus amigos- lanzaban piedras a los soldados judíos a la salida de la escuela; estaban hartos de humillaciones, malos tratos, gases lacrimógenos, restricciones de movimiento y otros efectos de la ocupación militar israelí; percibían la impotencia de sus padres y reaccionaron de forma autónoma y violenta; los adultos, si no les apoyaban directamente, tampoco se atrevían a censurarles por algo que ellos mismos deseaban hacer.

La ideología también tiene un efecto importante, especialmente en conflictos de carácter nacionalista, étnico o religioso. Durante la ocupación soviética de Afganistán, miles de hijos de comunistas afganos fueron enviados a la URSS para ser adoctrinados y entrenados en técnicas de espionaje, sabotaje y asesinato; a su vez, los muyahidines dotaban a sus hijos de las "armas espirituales y emocionales" que necesitarían en los futuros combates. Hoy en día, 30 años después de aquello, se calcula que entre el 30 y el 45 por ciento de los fanáticos combatientes afganos tiene menos de 18 años.

Tristemente, la mayoría de niños soldado han sido testigos o víctimas de actuaciones extremas de violencia física: asesinatos, violaciones, torturas, bombardeos... Esto genera sentimientos de venganza, deseos de continuar la lucha de los seres queridos, necesidad de sustituir a la familia muerta y otros conflictos psicológicos que pueden llevarles a tomar las armas.

También hay ocasiones en que alistarse en una fuerza armada parece la única garantía para sobrevivir. En Liberia, soldados de siete años decían que "comen los que tienen armas" y en El Salvador los adolescentes sólo podían elegir entre enrolarse en la guerrilla o ser reclutados por el ejército. No es extraño que los orfanatos y campos de refugiados sean lugares típicos de reclutamiento.




||EL TRABAJO DE SOLDADO||

Por norma general, los niños comienzan realizando grandes tareas de apoyo: cargan y descargan, preparan la comida, vigilan a los prisioneros... Pero cuando hacen falta combatientes son enviados al frente sin miramientos. Irán mandaba batallones de niños mal armados y peor entrenados contra las tropas iraquíes sin que les faltaran cintas con consignas religiosas, una dosis de "jarabe de los mártires", el permiso del imán para entrar en el cielo escrito en sus casacas y, alrededor del cuello, una cadena con una llave para abrir las puertas del paraíso.

Las niñas sufren el trauma adicional del abuso sexual. En la ex Yugoslavia era frecuente la violación para obligarlas a "gestar un hijo del enemigo" y en otros conflictos se ven obligadas a convertirse en "esposas" de los soldados varones, independientemente de su edad, para "combatir el aburrimiento del campamento". En Ruanda llegaban a abandonar a sus hijos e, incluso, a suicidarse.

Los niños, por su pequeño tamaño y gran agilidad, son perfectos para ejercer de mensajeros o espías, pero también para avanzar delante de la tropa adulta por los campos minados -son los soldados más prescindibles-, la principal causa de su muerte en todo el mundo. Otra práctica común es el suministro de anfetaminas, crack y otras drogas -que a menudo consideran su paga- antes de la batalla para que no sientan miedo, remordimiento o dolor. Sin embargo, es inevitable que les ocurra como a los niños tamiles del TLTT, que "por momentos son tigres que luchan fieramente e instantes después se convierten en criaturas que llaman a su madre en la oscuridad", según un soldado que tuvo que combatirles.

Si son capturados y convertidos en prisioneros de guerra pueden acabar en cárceles masificadas como en Ruanda, o en campos de Niñoconcentración o exterminio como en la ex Yugoslavia. En Afganistán los muyahidines reeducaban a los niños sovietizados por la URSS y los enviaban de vuelta a sus antiguos campamentos para que hiciesen de espías. En Irak, en cambio, los menores iraníes fueron bien tratados por motivos propagandísticos, y cuando se propuso devolverles a sus hogares, Jomeini se negó afirmando que prefería mártires a héroes.

Los menores siempre llevan la peor parte, pero también pueden recibir un buen trato del ejército. En Uganda, el Ejército de Resistencia Nacional, que asumió el poder en 1986 tras el derrocamiento del presidente Obote, contaba en sus filas con más de 3.000 niños menores de 16 años. La mayoría habían quedado huérfanos tras las incursiones de Obote en las zonas rurales, causantes de 200.000 muertos en cuatro años y medio. Los comandantes se mostraban muy paternales con "sus chicos" y velaban de cerca por su bienestar. Varias horas al día los instruían sobre la importancia de la disciplina, la honestidad y el respeto de los derechos de los ciudadanos ordinarios.





||SECUELAS FÍSICAS Y PSÍQUICAS||

Estudios psicológicos con niños irlandeses y palestinos -víctimas de conflictos de baja intensidad- afirman que la situación de guerra podría ser positiva para ellos porque les da una misión en la vida, orden, jerarquía, buen estado físico y un sentimiento de importancia, además de reforzar sus relaciones de amistad y su estabilidad, exigida por los grupos armados. Otros estudios indican que los niños católicos del Ulster se incorporaban al IRA porque sufrían de angustia y terror crónicos debidos a la presión del entorno, que los palestinos padecían tensiones postraumáticas -falta de sueño, pesadillas, problemas de abstinencia...- y que, en ambos casos, habían perdido legitimidad los modelos tradicionales de formación de la personalidad, como la autoridad de los padres.

Inequívocamente, el paso por las armas resulta nefasto para los menores: pierden la posibilidad de recibir la necesaria enseñanza y la mayoría sufre traumas de difícil tratamiento. Después deTanque... un mes en un campamento de Tailandia, un niño de 15 años que había sido mando de los jemeres rojos durante cuatro años comenzó a oír dos voces "que discutían entre sí en mi cabeza"; la primera era un dirigente jemer enfadado porque el muchacho había desertado; la segunda, de un monje budista que le decía que "aún después de muerto, sería castigado por lo que había hecho". Al tratar de reintegrarse en la vida civil, los niños se reencuentran con códigos éticos y morales que han violado sistemáticamente, lo que les provoca graves trastornos psicológicos.

Es relativamente frecuente que, como en Etiopía, sean rechazados por sus propias comunidades, bien porque cometieron abusos contra ellas o bien porque tienen miedo a sus frecuentes reacciones violentas. Muchos se cambian de nombre e inventan otra historia personal que termina afectando a su identidad y a su percepción de sí mismos. Otros, como única salida, continúan dedicándose al pillaje y entran de lleno en el mundo de las mafias. No son extrañas las oleadas de delincuencia juvenil tras las desmovilizaciones.

Y las secuelas físicas son, lógicamente, importantísimas. En Liberia, la Comisión de Reconciliación Nacional indicó que los ex soldados de Charles Taylor, actual presidente del país, padecían de hernias debido al peso excesivo de sus armas. Pero hay cosas peores, como los supervivientes de la explosión de una mina antipersona o los que, también en Liberia, siguen bajo las órdenes de Roosevelt Johnson -otro "señor de la guerra"- convertidos en zombis: merodean alrededor de su mansión totalmente drogados e incapaces de hablar siquiera; al igual que durante el conflicto, toman una mezcla de jugo de caña de azúcar y pólvora o "burbujas", una anfetamina que aturde los sentidos.





||¿QUÉ SE PUEDE HACER?||

En primer lugar, aumentar la edad mínima de reclutamiento a los 18 años y establecer una serie de mecanismos de comprobación como las misiones de observación de la ONU. Una mejor y más amplia codificación del derecho internacional humanitario, del derecho de la guerra y de todos los demás instrumentos jurídicos, es troncal en esta estrategia. La presión que pueden ejercer los donantes e inversores internacionales -estados, organismos y empresas- sobre los gobiernos y grupos armados que utilicen niños soldado, y la persecución de los criminales de guerra que les recluten y dirijan son dos ejemplos de las medidas coactivas que deben tomarse. Para todo esto la movilización de la opinión pública internacional, cuestión sobre la que inciden las ONG, es imprescindible. Mientras tanto, sobre el terreno se puede actuar tanto en la prevención del aislamiento como en la ayuda a la desmovilización y a la posterior reintegración social.

¿?Los defensores de los Derechos Humanos y ONG consiguen resultados positivos. Indígenas del departamento guatemalteco de Sololá fundaron una ONG que reunió 9.845 firmas contra el reclutamiento obligatorio y las envió a las instituciones públicas; los jefes militares dijeron que era una medida inconstitucional y les presionaron para que la retiraran, pero cuando las comunidades ya se preparaban para un enfrentamiento armado, un representante del Defensor del Pueblo negoció con los militares el fin del reclutamiento en ese estado.

Los organismos internacionales son efectivos tanto con los gobiernos como con los grupos opositores, necesitados de legitimación y publicidad. En El Salvador, la misión de la ONU establecida en 1991, atendió las denuncias de reclutamiento forzado de las dos partes del conflicto; cualquiera podía presentar la denuncia y si quedaba verificada, la seguía una demanda al funcionario competente del ejército o ante las autoridades guerrilleras. Tuvo mucho éxito.

Editar materiales informativos acerca de la realidad de los combates, realizar actividades didácticas con los niños, conseguir el compromiso de los medios de comunicación, ubicar los campos de refugiados lejos de los frentes y bases armadas, seguir los procesos de detención y captura, actuar como consultoría jurídica, establecer líneas de contacto entre el niño desplazado y su familia, documentar los abusos y otras medidas similares, son iniciativas eficaces.

Pero cuando un muchacho forma parte de un grupo armado es casi imposible que escape de él. En Sri Lanka ni siquiera se puede abandonar el territorio controlado por el TLTT: el ejército detiene y encarcela o mata a los tamiles (se han documentado ejecuciones sumarias de niños de 12 y 14 años), y la guerrilla practica represalias contra la familia del desertor. Además, con un conflicto en marcha no hay trabajo, los combatientes acostumbran a estar lejos del hogar y la mendicidad es la única alternativa.

Y cuando finalmente se produce un proceso de paz el trabajo es monumental. El objetivo es reconstruir la normalidad de la vida pacífica comunitaria. En la franja palestina de Gaza se trabaja con los padres; en el sudeste asiático, con programas basados en la filosofía budista; en Liberia, Mozambique, Uganda y otros lugares "donde todo el mundo sabe quién ha hecho qué cosas", se actúa habilitando centros especiales para niños -en su mayoría huérfanos-, donde se les instruye y enseña un oficio.

Pero para que la solución sea definitiva hay que combatir las causas estructurales de los conflictos, especialmente la pobreza, porque sin guerras no hay niños soldado.









Un niño o niña soldado es cualquier persona menor de 18 años que forma parte de cualquier tipo de fuerza o movimiento armado, ya sea regular o irregular, en cualquier condición, incluyendo pero no limitado a, cocineros, porteros, mensajeros y cualquier otra persona que acompañe a dichos grupos y no sea solamente un familiar

Reclutar niños y niñas soldado es una práctica habitual en el seno de muchos conflictos en todo el mundo. En algunos, años y años de guerra han agotado a los adultos en edad de combatir: sólo quedan niños. Los niños sirven para todo en tiempo de guerra: combaten, cocinan, acarrean agua, actúan como señuelos, mensajeros o espías.

Estos niños y niñas han sido secuestrados en la calle, sacados de las aulas o campos de refugiados. Otros muchos son forzados a salir de sus casas a punta de pistola, mientras juegan cerca de casa o caminan por la carretera. Algunos niños se han unido de forma “voluntaria” ante la desintegración de las familias a causa del conflicto, las condiciones de pobreza y el desplome de servicios sociales básicos.







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