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Ya Casi 2 años sin Jorge Guinzburg . . .

Info2/21/2010
Jorgue Guinzburg Jorge Ariel Guinzburg (Buenos Aires, 3 de febrero de 1949 - 12 de marzo de 2008),ue un periodista, humorista, productor teatral y conductor de televisión y radio argentino. Se crió en el barrio porteño de Flores. Terminó la escuela secundaria en 1966 junto con Carlos Abrevaya (1949 - 8 de julio de 1994). En 1967 iniciaron la carrera de Derecho y más tarde la de Filosofía, "abandonando las dos carreras, como corresponde". En 1971, buscando algo creativo para hacer, terminaron ambos como libretistas de Juan Carlos Mareco (quien quería dejar de ser el simpático presentador "Pinocho". Luego fueron libretistas de Fontana Show (con Cacho Fontana). En 1972 entraron al staff de la revista Satiricón. "Él era muy joven; vino con otro chico, Jorge , en el 72 diciendo que eran "chisteros". Al poco tiempo empezaron a trabajar. Eran geniales, simpáticos y buenas personas", cuenta el escritor Carlos Ulanovsky. En 1977 ambos comenzaron a publicar la tira cómica "Diógenes y el Linyera" en el diario Clarín (con dibujos de Tabaré). En 1978 entraron en la revista Humor. En 1982, cuando Tato Bores reapareció en la pantalla chica, el dúo se encargó de escribir los libretos del "actor cómico de la nación". El 2 de abril de 1984 inauguraron el programa de radio En ayunas, que duró hasta diciembre de 1988. Desde su irrupción en 1986, La noticia rebelde se convirtió en un programa de culto, con alto rating. En aquella época -primavera alfonsinista- decían no tener rivales "salvo Nuevediario, nuestra competencia". En una emisión de La noticia rebelde de 1988 declaró: "Las mejores ideas son sencillamente irrealizables, no tanto por falta de medios sino porque no se nos ocurre cómo hacerlas". Sus comentarios en La noticia rebelde eran sutiles e incisivos, y cambiaron las reglas de contar en tele. Un problema de asma desde su juventud, lo llevó a hacerse psicoanalizar. A partir de su experiencia personal durante las sesiones de psicoanálisis, publicó una columna dominical en el diario porteño Clarín titulada "Desde el diván" donde relataba y analizaba la realidad. Su análisis duró más de treinta años. En el año 2006 publicó el libro Sesiones extraordinarias (desde el diván) (ISBN 987-545-349-8) que reúne sus columnas publicadas. En radio, creó más de veinte programas entre los que se encuentran: * En ayunas (en conjunto con Carlos Abrevaya) * El ventilador * Vitamina G. Se desempeñó en varias agencias de publicidad, actividad que le redituó varios premios. En teatro creó, dirigió, produjo y/o protagonizó diversas obras: * Gracias por venir (productor), con Moria Casán. * La era del pingüino (que tuvo la mayor recaudación del verano en 2007 en Villa Carlos Paz). * "Planeta Show", en Villa Carlos Paz, nuevamente primera en recaudaciones de la temporada veraniega de 2008 en esta ciudad. En gráfica trabajó en las famosas revistas Satiricón y Humor. Además, fue guionista, junto a Héctor García Blanco, de la tira cómica "Diógenes y el linyera" en el mismo diario Clarín. En televisión, fue autor, conductor de numerosos ciclos humorísticos y periodísticos: * Semanario Insólito * La noticia rebelde * Sin Red * Notishow * Penúltimo Momento * Trapitos Al Sol * Peor es nada * Sex A Pilas * Ilustres Y Desconocidos * Buenos Muchachos * Tres Tristes Tigres Del Trece * La Biblia Y El Calefón * El Club De La Comedia * Capocómicos * Guinzburg & Kids * El Legado * El Legado Kids * La Biblia y el Calefón * Mañanas informales (en Canal 13). En una de las emisiones de este último programa el conductor perdió una apuesta y tuvo que afeitarse el bigote en cámara, después de 30 años llevándolo consigo. Todo comenzó el 23 de marzo del 2007 cuando Gastón Recondo (columnista deportivo del programa) manifestó estar cansado de sus kilos de más (96, 8 kg) entonces decidió ponerse a dieta. Prometió que el viernes 4 de mayo, día de su cumpleaños, iba a pesar 83 kg o menos. Jorge, sin creer que Recondo logre su cometido, le dijo: "Si vos pesás 83 kilos o menos, yo me saco el bigote". Luego de corroborar que Recondo había logrado su objetivo, tuvo que cumplir con lo pactado. Sus filosas entrevistas fueron uno de los puntos más reconocidos de su trayectoria y le valieron el mote de "enano maldito", por su baja estatura y su rol implacable a la hora de preguntar lo que fuera necesario. Vida Privada. Estaba casado en segundas nupcias con Andrea Stivel. Guinzburg y Stivel -14 años menor que él, hija del recordado productor y director David Stivel, en palabras del conductor "el tipo más importante que tuvo la TV argentina"- se conocieron en 1986, en los pasillos de ATC, cuando él hacía La noticia rebelde y ella Mesa de noticias. Cuenta la leyenda que cuando ella, con su físico imponente y su metro setenta y cinco, pasaba por la puerta de su oficina, él gritaba "salió la grande", aunque siempre se ocupó de aclarar que, aunque su belleza lo había impresionado desde el primer momento, lo que lo enamoró fue su "inteligencia y su sentido del humor". Para entonces él tenía un matrimonio y dos hijas, Soledad (hoy de 32) y Malena (30). Pero el flechazo fue mutuo y en 1987 ya se habían mudado juntos. En diciembre de ese año nació el primer hijo de la pareja, Sasha (20), y en octubre de 1989 el segundo, Ian (19). Era hincha fanático del Club Atlético Vélez Sarsfield desde la infancia. En reiteradas oportunidades realizaba reportajes o invitaba en sus programas a personajes relacionados a la institución; además de referir constante y publicamente su pasión por "El Fortín".Desde abril de 2008, en su conmemoración, en el Estadio José Amalfitani, el remodelado sector para la prensa escrita lleva su nombre. Premios. A lo largo de su trayectoria, recibió numerosos reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos, el Premio Konex de Platino como mejor conductor de la década (1991/2000), el Martín Fierro en varias oportunidades por la conducción, creación y producción de distintos ciclos, los Premios Broadcasting, Prensario, Argentores, el Premio Media de la televisión española, el Clío, la Medalla de Oro en los festivales de Cannes y Nueva York, y el Premio INTE 2003 en Miami. * Premios Martín Fierro 2005 o Mejor conductor (por Mañanas informales). * Premios Clarín Espectáculos 2005, 2006, 2007 y 2008 (este último póstumamente) o Mejor conductor (por Mañanas informales). Nominaciones * Premios Martín Fierro 2006 o Mejor labor en conducción masculina (por Mañanas informales). * Premios Martín Fierro 2007 o Mejor labor en conducción masculina (por Mañanas informales). Nominación póstuma. Fallecimiento. Jorge Guinzburg falleció el miércoles 12 de marzo de 2008 después de las 10:30 h (hora de verano de Argentina [GMT -2]), luego de haber sido internado en la clínica Mater Dei seis días antes por la fractura de una vértebra. Tenía 59 años de edad, y estaba afectado por una enfermedad pulmonar (un derrame pleural y una neumonía generados a partir de un cáncer pulmonar). Si bien desde hacía mucho tiempo sufría esta enfermedad y la gran mayoría de personas, entre ellos periodistas que trabajaban en los medios de comunicaciones lo sabían, nunca nadie informó sobre esto, ya que él no lo quería decir. A fines de 2007 en una entrevista con el periodista Samuel "Chiche" Gelblung, éste le pregunto sobre su enfermedad y Jorge sólo contestó que tenía una infección pulmonar pero nunca quiso decir que padecía de cáncer. Se encontraba internado en el sanatorio Mater Dei en Buenos Aires. Guinzburg falleció 4 días antes del comienzo previsto para la cuarta temporada del exitoso programa Mañanas Informales. La señal de noticias del Grupo Artear, TN, el canal Volver y Canal 13 al igual que en la oportunidad cuando falleció el periodista Mario Mazzone, el cronista policial Enrique Sdrech y Raúl Alfonsín lució un lazo negro sobreimpreso en el margen superior derecho de la pantalla. Definir a Jorge Guinzburg no resulta fácil. Periodista, conductor, guionista, humorista, publicista. Su ductilidad lo llevó casi por todos los recovecos profesionales de los medios. Entrevistador sagaz, incisivo, pero al mismo tiempo simpático, fue una marca que instaló desde sus primeros programas. Pero tenía dos cualidades que lo diferenciaban de los demás: era inteligente e informado. El problema radica en que hay que usar el verbo en pasado. Murió esta mañana en una clínica de Buenos Aires, a los 59 años. Desde hace unos días estaba internado en Mater Dei con diagnóstico de infección pulmonar. Allí estaba acompañado por su mujer, Andrea Stivel, y sus dos hijos: Sasha, de 19, e Ian, de 17. Cuando tuvo que explicar su enfermedad, en una entrevista contó: "Es consecuencia de un tema histórico, mi viejo problema bronquial. Un resabio de mi infancia que cada tanto, me juega una mala pasada. Y este año (2007) me afectó más que de costumbre". Guinzburg era porteño. "No sé exactamente de qué barrio soy. Unos dicen que se llama Santa Rita, otros dicen Villa Mitre... Digamos que queda entre Flores y Villa del Parque. Lo que sé es que nací en el Hospital Israelita, donde mi abuela trabajaba de enfermera", explicó a Clarín el año pasado. . Creció escuchando radio, tal vez un fuerte impulso para definir su profesión . "Los radioteatros que escuchaba mi vieja mientras yo hacía la tarea, a las 6 llegaba El Zorro, a las 6 y media Sandokán, a las 7 Qué pareja, a las 7 y media El Glostora tango club, a las 8 Los Pérez García— y los juegos asociados", recordaba con precisión de fanático. Cuando creció y tuvo que elegir una carrera, se anotó en Derecho, junto a su amigo del colegio —y luego compañero profesional— Carlos Abrevaya (murió en 1994). Pero también juntos decidieron abandonar la carrera: "Dimos un examen, nos sacamos un 3 y dijimos No tiene sentido seguir con esto. Bajamos las escalinatas de la facultad, tomamos el 124, fuimos al Café la Humedad, jugamos al billar y nos sentimos aliviados". Más tarde, Abrevaya eligió Filosofía y Guinzburg el Profesorado de Arte Dramático. Jorge se ganaba la vida con un taxi. Pero ambos, en las horas que tenían libres, escribían textos que más tarde se convertiría en guión. Le llevaron material a Juan Carlos Mareco, quien necesitaba un libretista. A los pocos días ya eran parte de Pinocheando por Rivadavia. Ahí comenzó el camino que quería y buscaba. Hubo título emblemáticos: Satiricón y la historieta Diógenes y el linyera (en la contratapa de Clarín) en gráfica, El ventilador y Punto G en radio. Un lugar aparte merece La Noticia Rebelde, un programa que revolucionó la televisión y la forma de hacer humor. Ya sobre el final llegarían La Biblia y el Calefón y Mañanas Informales. El reconocimiento lo tuvo en audiencias masivas. Pero también en galardones. Ocho Premios Clarín Espectáculos y diez Martín Fierro muestran el nivel que había adquirido. El 2007 lo castigó duro. Tuvo una neumonía y un "derrame pleural" que lo alejaron de la pantalla. "Fue un año difícil, con dos meses en los que me agitaba con sólo vestirme. Uno de los peores días fue el 9 de julio: yo acostado, el médico al lado y la nieve a través de la ventana. La gente armaba muñecos y yo estaba hecho bolsa", contó. Hasta último momento le peleó a su enfermedad. "Soy un luchador en todo, no soy de rendirme". La muerte le llegó hoy, una de las últimas mañana de este verano porteño. Reportaje en pagina 12 el dia 25/09/2000 Por Juan Castro –Si pudieras hacer un clon de Jorge Guinzburg, ¿qué cosas le cambiarías? –Lo haría más tolerante. Suelo ser efervescente y me enojo y me arrepiento. Cuando me enojo tengo razón, pero es tal el grado de enojo que le quita la razón. –¿Qué cosas te sacan? –Muchas, desde las más estúpidas y chiquitas hasta cosas grandes. Soy desproporcionado en los enojos. –Por ejemplo: tener que ir tres veces a un negocio y que no tengan la talla de tu traje que ya te lo habías ido a medir tres veces, ¿te saca? –A lo mejor empezaría a tirar todos los trajes del negocio como lo hice en su momento. Me decían: “sí, vení a medirte”, y llegaba y no estaba hecho. En un momento pensé que me estaban tomando por pelotudo y empecé a tirar todos los trajes que veía. Castelo y Becerra miraban con los ojos azorados porque no podían creer tal manto de furia de un enano. (Muchas risas.) –¿Te paró alguien? –Nadie se animó, porque debo haber estado... y éste es un tema de familia (de abuelo, padre y tío). Se me ponen los ojos absolutamente rojos y debo paralizar por la furia. La gente debe pensar que soy un asesino serial desatado. –Si viene de familia, ¿qué pasa cuando tus hijos se enojan con vos? –Una diferencia a favor mío respecto de mi viejo es que yo les pido perdón a mis hijos. Yo sé pedir perdón. Mi viejo nunca me pidió perdón y me hubiera encantado. –¿En algún momento caminando por la calle y mirando a alguien pidiendo no te pusiste a pensar que, más allá del esfuerzo y el trabajo, hay una lotería que te tocó a vos y otra al otro? –De chico vivía en un pueblo (Capilla del Monte, Córdoba), en donde pasaba que a veces se regalaban los chicos cuando la familia no podía alimentarlos. A casa venía el que hacía el reparto del vino, porque era una hostería, y el tipo no podía tener hijos, entonces le decía a mi papá que me regale. El tipo le decía: “si usted tiene dos”. Yo debía ser un pibe que lo enternecía, andá a saber. Entonces cuando yo me portaba mal, la parte sádica era que mi viejo me decía “al final voy a terminar regalándote”. Muchas veces pensé, como fantasía, mas allá de que yo sabía que mi viejo no me iba a regalar, qué hubiera pasado si en lugar de educarme la familia que me educó, me educaba el que hacía el reparto del vino. –¿Y qué fantaseabas? –Estaba convencido de que algunos de los problemas que puedo tener, o de las cosas que tengo no tendría y otras sí. No es que la gente simple es más feliz, a lo sumo tiene el mismo grado de infelicidad por cosas más simples. –¿En qué cosas creés? –Por empezar, en Dios y hacia abajo en mi familia, en mis amigos y en la gente en general también. –¿En qué no creés? –Detesto los dobles discursos... los detesto. En nuestro medio está lleno de aquellos que por ejemplo critican a Chiche Gelblung por el desnudo de Graciela Alfano y para certificar lo que dicen pasan las imágenes. Si los criticás, no pases las imágenes. –No creés en los hipócritas. –No, en absoluto. –¿Viste cosas que te hicieron dudar en tu creencia en Dios a lo largo de tu vida? –Yo imagino que el dios de cada uno debe tener ligeros matices. El es una parte del mundo. Lo dotó de árboles, por ejemplo, y si viene alguien y los corta y después hay desastres naturales, la culpa no la tiene Dios, pobrecito, la culpa la tienen los imbéciles que se suicidan sin darse cuenta por qué están destruyendo un planeta en el que viven. –Alguna vez leí en un reportaje que llegan a ser presidente en la Argentina aquellos que uno invitaría a comer un asado. –¡¡Absolutamente!! –¿Te pasó con Alfonsín o con Menem? –¡Y con Perón también! –¿A De la Rúa lo invitarías a comer un asado? –Sí, lo invitaría a comer un asado sobre todo ahora que es presidente. –¿Qué cosas te motivan? –¿Para qué? –Para lo que quieras. –Y bueno, hay cosas distintas. Por ejemplo, la fotógrafa está sacando unas fotos, está con la pancita al aire. Eso me motiva para una cosa que no es lo mismo que si miro un papel en blanco y una lapicera. –Los ombligos te motivan. –Los ombligos son muy lindos. –¿Qué cosas te motivan para levantarte a la mañana? –Dieciocho millones de cosas. Me da placer levantarme y siento que estoy viviendo. Soy un afortunado porque no son muchos los que pueden vivir bien de lo que les gusta. Algo hice para ser el afortunado. Además me pelo el ojete tal cual un obrero portuario. Porque la verdad laburo una cantidad de horas. –¿Te da la sensación de que la gente piensa que trabajás sólo los viernes? –Sí. También quiero decir que hay muchos que se pelan el tujes tanto como uno o más que uno y no tienen esa cuota de tujes como para que les vaya bien. Yo no soy de los que cree que, si te esforzás te va bien, hay mucha gente que se esfuerza y no le va bien. –Te jodió mucho el tema del asma. –Sí, sí. –¿Sustos? –Sí... y momentos desagradables. La sensación más fea que tuve en mi vida fue sentir que no podía respirar. –¿Con “La Biblia y el Calefón” encontraste un proyecto televisivo para diez años por ejemplo? –Alguna vez Gustavo Yankelevich me dijo: “Tenés programa para 20 años”. Yo tengo una cosa que tal vez no es profesional en televisión y es que me aburro antes que la gente. Eso hace que en los programas, aun en medio del éxito, les haga cambios. En “Peor es nada” todas las semanas estrenaba un sketch. Hice como 200. –¿Extrañás la actuación? –Sí, a veces sí. –¿Qué te divertía de actuar? –Y... es disfrazarse, es la patente de jugar a ser nene y, además, extraño encuentros de actuación. Extraño la química con el Negrito Fontova. Me acuerdo de que el sketch de “Super Mario y Luigi” era una diversión, es laburar con un hermano, entenderse y divertirse y cagarse de risa. Eso lo extraño. –¿Encontraste en los medios dos hermanos: Fontova, el menor, y Castelo el mayor? –Sí, los dos son mayores que yo, pero en mi actitud creo que con el Negrito Fontova yo hago de hermano mayor severo y con Adolfo muchas veces hago de hermano menor. –Vos sos auténtico. ¿Cómo conservás eso cuando se prende la cámara, porque no es fácil? –Creo que parte de mi psicopatía es no tener conciencia de cámara en muchos casos. Pero, a la vez, uno sabe que hay una cámara, uno sabe que no está en el living de su casa aunque se divierta como si así fuera. –En un momento se decía “¡Ah! Guinzburg sólo hace programas que tengan que ver con el sexo”. ¿Por qué le molesta tanto a cierta gente que se hable de sexo? –Es muy loco eso. Creo que no molesta de la misma forma que se hable de sexo a que se bromee de sexo. Y eso es lo loco, les molesta mucho menos el sexo explícito que una broma sobre sexo. Lo que sí me gustó siempre es jugar con esas cosas que no se animan a jugar. Eso sí: si eso no se toca, me gusta tocarlo, si eso no se dice, me gusta decirlo. –¿Estás más bueno con los invitados? –Creo que sí. Porque me divierte otra cosa. Me divierte el encuentro, me divierte que se genere un hecho humorístico de cinco y no gastar a alguien. –Es cierto la anécdota de que Sabina estaba fumando en un estudio de América donde no se puede fumar y pidieron que se fuera y vos dijiste “si se va él porque está fumando, levanto todo”. –Sí, sí. Terminaba el programa ahí. Eso se lo podés preguntar a Lucía Suárez, que fue quien vino a decir “este señor no puede fumar acá”. Entonces dije “bueno, si por fumar él se tiene que ir, me voy yo, no se hace más el programa y chau, a la mierda”. –Y se quedó. –Se quedó, obvio. –Cuando va Rodrigo a “La Biblia...” y después tiene el accidente, tanto el canal como vos tenían que decidir si se ponía o no el programa al aire. ¿Cuál fue tu posición frente al canal? –El canal estuvo muy bien. Cuando me enteré de la muerte de Rodrigo, la llamé a la productora ejecutiva del programa y le dije “andá al canal y secuestrá el material” porque no quería una utilización. Después me llama Ulanovsky y me dice “¿vas a pasar el programa?”. Le digo “¿vos qué harías?”. “Yo lo pasaría porque no es que vos vas a pasar un programa que se hizo hace diez meses, es el programa que tenés –no tenía otro– ¿por qué no lo vas a pasar?”. Me tomé unos días para decidirlo y después pensé que cuando veo los programas del Negro Olmedo siento que por un rato está vivo. Recupero lo mejor del Negro, que fue la alegría que dio. Entonces dije: lo voy a pasar. Tenía miedo de que a la gente le joda lo alegre que estaba Rodrigo, que aceptara sólo lo morboso que se mostró en los medios en esa semana y no aceptara la alegría de un tipo que murió. –Claro, se tenía que morir triste. –Pero afortunadamente la gente me lo agradeció. –¿Sos cabulero? –Vos sabes que sí (risitas). –Contame alguna. –Es raro porque no tengo las cábalas tradicionales. Por ejemplo hoy me olvidé el teléfono en casa y me di cuenta a 5 cuadras de casa y no volví. Yo no vuelvo. Entonces llegué a la oficina e hice llamar a casa para que me traigan el teléfono. –¿Creés en los “yetatores”? –Sí. Creo en la energía negativa así como creo que hay gente que tiene energía positiva. ¿Viste que a veces estás con gente que te da vitalidad? Bueno, hay gente que te debe tirar para atrás. –¿Si te nombro cinco? –No, no tengo problema. Pero en este ambiente, cuando querés garcar a alguien, le hacés fama de mufa. Entonces hasta le quitás posibilidades detrabajo, por eso no vale la pena nombrarlos. Porque digo, puta que alguien por la fama de mufa pierda posibilidades de trabajo, es sangriento. –¿Cuántos Martín Fierro tenés? –Siete creo. –¿Te falta alguno? –Sí. El de “La Biblia y el Calefón”. –¿Te jodió que no te nominaran este año? –Me extrañó que todos aquellos periodistas que me felicitaban por el programa no hayan pensado en nominarme. –De las grandes figuras nacionales que tenemos, sólo Suar y vos faltan para el Martín Fierro de Oro. –No, creo que falta más gente. –¿Quiénes por ejemplo? –¿”Telenoche” lo recibió? –Todavía no. –Yo creo que hace tres años que vengo imaginado que lo recibe “Telenoche”. –Pregunta que te deben hacer todo el tiempo por la calle: ¿cuándo vuelve “El Ventilador” a la radio? –Me encantaría que vuelva. Es el proyecto más antieconómico que puedo llegar a encarar. Pero nos dimos gustos maravillosos. Y, además, creo que es el ejemplo más claro de un equipo en donde nadie afanaba micrófono ni sentía que se lo estaban afanando. –¿Es cierto que en “El Ventilador” un día terminaste en calzoncillos en el estudio? –Sí. –¿Cómo fue? –Sabés que no me acuerdo cómo fue. Me acuerdo de que termine así, pero no cómo. –¿Estaba tu hija trabajando en la producción? –Estaba mi hija trabajando en la producción (risitas). –¿Y qué te dice tu hija cuando te ve en calzoncillos en el estudio? –Ya está acostumbrada. –Si uno habla de programas de culto de la radio, piensa en “9PM”, “Radio Bangkok”, “Malas compañías” y “El Ventilador”. –Yo creo que algún otro, “Modart en la Noche” que no tiene nada que ver, pero para mí en mi adolescencia fue un programa importantísimo. –¿Lo escuchabas todas las noches? –Exactamente. –¿Y grababas temas para después? –Claro. Con un grabador de cinta abierta efectivamente. (Risotadas.) Un Philips enorme que era una porquería así de grande (abre los brazos). –Ahora en esa época que grababas los temas para bailar lento aparte de grabar tenías que leer, porque era una época en que se leía para levantarse minas. –Sí, sí. En distintas disciplinas. Se estudiaba grafología para decir (toma un papel y hace que lee y dice) “ahh... vos sos muy intuitiva” (risotadas). –Y entraban (risas). –Y después había cosas que no lo decía la grafología, pero a cualquier mina que le digas “vos necesitas protección”, siente que necesita sobre todo a los 15, 16 o 17 años (risas). –¿Cómo seducís aparte de hacerte el grafólogo? –Estoy retirado. Trato de seducir a la misma persona siempre. Uno aprende más o menos cuáles son sus virtudes y no quiere engrupir, trata en todo caso de que se noten. –Te saco de la veda voluntaria y te pongo una situación hipotética. Viene un grupo de marcianos, la rapta a Andrea (su esposa) durante 24 horas y te dice que la única manera de rescatarla es que vos organices una “Gran Fiesta Gran”. ¿Qué armás? –¿Fiesta de qué tipo? –De la que quieras. –Bien. ¿Andrea la ve a la fiesta? (Risas.) –No, Andrea no la ve y no se entera. –Y... por las dudas que las marcianas sean alcahuetas, armo una fiesta con globos, guirnaldas y piñatas... muchas piñatas para romper. –¿Qué programas de tele mirás? –Te diría que los programas que más me gustan son “Vulnerables” y “Fútbol de primera”. Veo “Todo por dos pesos”. Los lunes me da pena porque hay más de un programa que vería. Me da mucha pena que no le vaya bien a “Por ese Palpitar”, sería una pena que ese esfuerzo no se mantenga. –¿Qué tienen en común Woody Allen, los Hermanos Marx y Jorge Corona? –Que son exponentes de humor, es lo primero que tiene en común. Y los tres son queribles. Jorge Corona es uno de los tipos más queribles que yo conozco. Soy muy amplio en el gusto humorístico. Disfruto La Pistola Desnuda, disfruto a Woody Allen, disfruto a Jorge Corona, a los Hermanos Marx, a Chaplin y a Buster Keaton. Me parece que hay gente que dice: “o elegís lo popular o elegís lo intelectual”; conmigo no es así. Soy bastante amplio. –¿Te vamos a tener sentado en la silla de director de cine algún día? –No sé, creo que no. A lo sumo codirigiré alguna vez, pero no creo que dirija. Disfruto otros aspectos. –¿Qué te pasa si un día salís a la calle y no te reconoce nadie? –Te diría que, si no soy anónimo en un lugar que tenga mar y no tenga invierno, es porque todavía necesito laburar. –¿Te ves en Miami retirado y escribiendo? –Sí, claro. No estaría todo el año en Miami, huiría del invierno, no quisiera pasar el invierno, diría Alsogaray. El otro día un amigo medio esotérico decía que los asmáticos son la reencarnación de gente que murió de frío. Yo no sé si es cierto, pero por lo que detesto el frío me hace pensar que a lo mejor tienen razón. –¿Qué te falta? –La verdad, mantener lo que tengo. ¿POR QUE JORGE GUINZBURG? Por Juan Castro ¡Queremos más! Hace un par de años, si ibas como invitado a un programa de Jorge Guinzburg y tenías un productor amigo entre su gente, te decía: “Guarda con Jorge, no quieras jugar al tenis al aire, porque en cualquier momento te devuelve un smash y salís de la cancha lesionado...” Hoy ves una emisión de “La Biblia y el Calefón” y, si bien no hay duda de que el anfitrión es casi siempre uno de los más rápidos de los 5 en pantalla, Guinzburg ahora juega al tenis con todos y hasta les permite unos cuantos tantos a sus entrevistados, incluso a la “chica bonita con pocas luces” que históricamente va sentada a la izquierda del conductor. Guinzburg no necesita a esta altura cerrar todos los chistes, pero como telespectador agradezco tanto cuando lo hace... como cuando aparecen esos chispazos de maldad, ironía y humor negro. En este momento verlo en acción es ver a un señor que puede combinar lo mejor de la paleta de colores que el humor ofrece y sabe en qué momento elegir el rojo o el azul (estoy inspirado, tiembla Narovsky). En algún momento tuvo que pelearla contra los censores-hipócritas-mal dormidos que no soportaban los contenidos de programas como “Peor es nada” e intentaron boicotear la torta publicitaria del envío; hoy Guinzburg sigue haciendo lo que quiere y ellos lo miran por TV (sabemos que a los iluminados les gusta sufrir o se les traba el control remoto). Guinzburg es también un publicitario de tan buenas ideas que Ramiro Agulla y Carlos Baccetti deberían pagarle hoy por los derechos del slogan “El sabor del encuentro”, idea original de Jorge cuando trabajaba bajo relación de dependencia en una agencia de publicidad hace 20 años. Intuitivo, creativo y multifunción, hablando con unos cuantos conocidos en común antes de realizar la entrevista, me dijeron que ellos sienten que Guinzburg está pegando la vuelta y que se viene un período prolífico en: publicidad, televisión, cine, gráfica, ficción, actuación y que puede encararlos con la tranquilidad de los que no necesitan trabajar para comer y con la pasión de los que necesitan crear para vivir. Jorge Guinzburg entrevista a Roberto Gomez Bolaños link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=_I8sRrdlAWI Reportaje a Araceli Gonzalez por Jorge Guinzburg - 1991 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=XivI9R5jUHc Enrique Pinti entrevistado por Jorge Guinzburg - 1996 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=eqH4QcOMN2w Homenaje A Jorge Guinzburg - Parte 1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=VnwuesBfnCw Homenaje A Jorge Guinzburg - Parte 2 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=fy600QZqkxg&feature=related El fallecido productor teatral obtuvo el premio póstumo, Carlos de Oro 2009, en Villa Carlos Paz. También ganaron Florencia de la V y Emilio Disi, entre otros Jorge Guinzburg ganó anoche el premio póstumo Carlos de oro 2009 por su obra Revista Latina que está encabezada por Iliana Calabró, Jésica Cirio, Hugo Varela, Marcos Bicho Gómez, Campi , Florencia Tesouro y María Marta Serra Lima. "Más que un premio es un tributo a una trayectoria", señaló Sergio Zuliani, uno de los conductores (junto a Gabriela Tessio) de la fiesta, al dar a conocer la distinción. Sin embargo el premio generó una polémica entre Marcos Bicho Gómez, director y actor de la obra y el intendente carlospacense, Carlos Felpetto. Según publica lavoz.com.ar, al recibir el premio de Guinzburg, Gómez dejó entrever que "los premios debían darse en vida y no cuando la persona ya falleció", algo que fue duramente criticado por el jefe municipal, quien dijo que el actor "es un personaje de circo y no de teatro". "Él debería volver de donde salió, no pertenece al mundo del teatro. El hecho de que el jurado entregara el premio Carlos de Oro fue un homenaje", aseguró Felpetto. Por su parte Florencia de la V, protagonista de La fiesta está en el lago, se llevó el premio a la Vedette de la temporada. "¡Yo vedette, no lo puedo creer!", gritó eufórica al recibir el premio. La obra producida por Gerardo Sofovich, y que además de Florencia de la V está protagonizada por el Negro Álvarez, se llevó también el premio como Mejor revista de 2009. El premio al mejor protagónico femenino en comedia fue para la actriz Cristina Alberó por su actuación en Flores de acero, mientras que el mejor protagónico masculino en comedia se lo llevó Emilio Disi, uno de los protagonistas de La jaula de las locas. La jaula de las de las locas se llevó también los premios a mejor comedia, mejor diseño de vestuario, y les permitió a Guillermo Gramuglia y a Roberto Antier ganar como la revelación en comedia y mejor director de comedia respectivamente. Gustavo Conti ganó el premio como Actor de reparto en comedia por su actuación en Dos más dos... estrés, mientras que Luciana Ulrich se llevó el galardón a la mejor actriz de reparto por su trabajo en Flores de acero. Revista Latina ganó un premio Carlos como mejor diseño escenográfico en revista o music hall. También hubo distinciones del jurado para Jorge Corona, María Martha Serra Lima y Moria Casán. Sus filosas entrevistas fueron uno de los puntos más reconocidos de su trayectoria y le valieron el mote de «enano maldito», por su baja estatura y su rol implacable a la hora de preguntar lo que fuera necesario. Uno, desde el oficio o la admiración, se imagina qué festival informativo se hubiera hecho con las recientes declaraciones de Susana Giménez, o con el conflicto del campo, o con las estivales penas de Nazarena Vélez. O con las típicas noticias rebeldes que él sabía domar como pocos. Un año pasó desde la triste mañana del 12 de marzo del 2008, en la que una afección pulmonar terminó con la vida de Jorge Guinzburg, un tipo de esos que cuando están se notan. Y cuando faltan se hacen notar. Su ausencia en los medios potencia la necesidad de volver a contarlo como aliado para despejar de maleza la actualidad y encontrar el humor donde uno menos lo espera. Era inteligente, Guinzburg, entre otros calificativos que lo convirtieron en una pieza clave de la gráfica, la radio y la TV. Era imbatible en el terreno de la réplica. Iba por las entrevistas, como quien dice, cortando semáforos. Sobre la respuesta, el tipo doblaba la apuesta. No de guapo. De listo. Hijo de una familia de clase media, se las ingenió para formarse con más vocación que recursos. "Detesto que la gente que trabaja en los medios no esté informada. No pido preciosismos, sí cultura general", decía seguido cuando se entregaba al juego del cambio de roles. Sabía contestar, disfrazar de frase al pasar palabras con destino de título. De un lado o del otro, le importaba el producto final. El sostenía, con conocimiento de causa, que "un reportaje se cons truye entre dos: si no te dan tela, no hay dónde bordar". Pero Guinzburg, comprobado está, con más de mil entrevistas -según una cuenta que ensayó mentalmente con Clarín poco antes de morir-, sabía bordar en el aire. Y, entonces, con las noticias y los personajes de estos últimos 12 meses, la utópica postal de verlo con su estilo implacable y su ironía afilada insiste en hacerle jaque a la muerte. Y, más, cuando se recuerda cuáles eran sus planes para el 2008 que no pudo transitar hasta el final: "Escaparle al frío, comprarme una bufanda y tomar más vino". Sueños de un hombre que conocía la vida plena. A la que había tenido que conquistar. "Nada me resultó fácil... Cosa que agradezco. Reivindico la pelea... pero si me aseguran que gano", reconocía, poniendo en práctica en cada bocadillo su talento para cerrar el juego que había abierto. Sabía de remates, herramienta que se animó a pulir de purrete, con manuscritos y sketches de entrecasa que, el 1º de septiembre del 77, se hicieron públicos ("algunos, los más dignos" en Pinocheando por Rivadavia, el ciclo de Juan Carlos Mareco al que él y su amigo Carlos Abrevaya llegaron por recomendación de un mozo. Ahí comenzó el largo camino que se articuló entre la radio (con programas como El ventilador o En ayunas), la gráfica (desde el 77 fue guionista de la historieta Diógenes y el linyera) y la televisión, con joyas emblemáticas como La noticia rebelde, La Biblia y el calefón o Mañanas informales, su arma infalible para despabilar las primeras horas de la tele. Tenía cuatro hijos, una mujer leal -Andrea Stivel, que prefiere, en un día como hoy, preservar la tristeza para su intimidad- y una gracia divina. Tal vez por eso, cuando se cumple un año o un día más de su muerte, vuelve con fuerza esa frase de la canción que Fito Páez le compuso al Negro Olmedo: Nada nos deja más en soledad que la alegría si se va. Nada. Desde el Divan , por Jorge. Entré al consultorio, me quité el abrigo y avancé hasta el diván. Me senté; no estaba en condiciones de acostarme. Si en esa sesión no miraba a la cara a mi analista, no hubiera sido capaz de emitir una palabra. Sabía que lo que había descubierto podía cambiar el curso de mi terapia. Percibía que por primera vez estaba a punto de descifrar por qué me afectaba tanto no entender la realidad, algo que les pasa también a muchos políticos, sólo que a ellos no les importa. Mirándolo a los ojos, le dije a mi terapeuta: "Mi mamá y mi papá me engañaron todo el tiempo". Y sin dejarlo pestañear fui desarrollando el nudo de mi angustia. "...Y no fueron mentiras así nomás. Yo puedo perdonarles que me hayan asegurado que si tomaba la sopa iba a crecer, pero NO esas calumnias que afectaron mi vida para siempre..." Con la carga adicional de saber que no estaba recordándolas todas, comencé a enumerar las que aún resonaban en mi atormentado cerebro: Si te pasa algo en la calle, llamá a un policía, él te va a ayudar. Los ladrones le tienen miedo a la Policía. Juez no es cualquiera, primero tiene que demostrar su honestidad . Para integrar un partido político tenés que tener la misma línea de pensamiento que el resto de tus compañeros. Si querés ganar mucha plata tenés que trabajar muy duro. El que roba va a la cárcel. Los periodistas tienen que ser objetivos y en ningún momento mostrar su ideología, sólo tienen que informar y eso sirve para formar. Si lo dijeron por la tele, es verdad. Al final siempre ganan los buenos. La Argentina es un país rico, vos plantás un palo de escoba y crece una planta, por eso acá nadie se muere de hambre. Acá no trabaja el que no quiere. Este es un país de inmigrantes, el que llega no se quiere ir . El banco es el lugar más seguro para guardar la plata. El cliente siempre tiene razón. Si sos honesto siempre te va a ir bien en la vida. Mis derechos terminan donde comienzan los de los demás y viceversa. Los políticos son los representantes del pueblo. La escuela pública es la mejor, a las privadas van aquellos a los que no les da la cabeza para estudiar. Un presidente, cuando asume, declara su patrimonio, y cuando termina su mandato no puede tener más que cuando asumió. Después de las elecciones, el candidato que perdió se pone a disposición del que ganó para ayudarlo. Ningún país se puede inmiscuir en asuntos internos de otro. Todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y obligaciones. Nos tienen bronca porque somos los mejores. Como se come acá, no se come en ningún lado. Los países ricos ayudan a los países pobres. La esclavitud se terminó hace rato y está prohibido que los chicos trabajen. Después de trabajar toda la vida, el premio es que podés jubilarte y vivir sin trabajar. Al llegar a ese punto, me arrepentí de verle la cara a mi terapeuta... él también estaba llorando mientras hacía añicos el retrato familiar que hasta ese día cuidaba como un tesoro. ¡¡ Cuánto crecimos engañados en el país de mamá y papá !! Entrevista a Jorge Guinzburg: 'El humor desestructura y desestabiliza'. A duras penas, Jorge Guinzburg consigue llegar al final de la entrevista. Ya bostezó un par de veces, espió el reloj, se reacomodó sobre la butaca, fue abreviando las respuestas. Y ahora el grabador está apagado, pero Guinzburg revive mágicamente con una palabra: Vélez. "Prendélo", pide. Y se despacha con una apología del subcampeonato, su indignación ante el exitismo argentino, su desprecio hacia los hinchas de los 18 equipos que quedaron debajo de Vélez y así y todo lo cargan por haber dejado escapar el Apertura en la última fecha. Recién ahí, cuando dirige encendidas palabras contra Alberto Fanesi, último técnico del equipo de Villa Luro, muestra algo de esa energía que contradice su estatura y lo lleva a desplegar proyectos surtidos cada año. Porque Guinzburg se mueve hábilmente por distintos frentes. Esa esquizofrenia, como la llama él, abarca el periodismo gráfico (entre otros, escribió en Satiricón, Chaupinela, Viva y ahora tiene una columna en Clarín), radio (fue libretista y conductor de varios programas), televisión (se hizo famoso con La noticia rebelde en 1985 y desde entonces estuvo en la pantalla casi sin pausa) y hasta publicidad (trabajó en diversas agencias del 77 al 83). Y el teatro: ayer en Carlos Paz estrenó Terminestor, la revista sucesora de La era del pingüino, que marcó su debut en el género. "No pensaba actuar —recuerda—, pero me divertía en las reuniones y se me ocurrían cosas que quería hacer. Una vez que decidí subirme al escenario, fuimos madurando cosas y cada vez me divertí más. Realmente la pasé bárbaro. Me gustó la experiencia, a tal punto que la repito". - ¿Nunca tuviste prejuicios contra el teatro de revista? No, jamás. Es más: me acuerdo de que en la época de Peor es nada algunas críticas hablaban de "humor revisteril"; era algo dicho en tono peyorativo, pero a mí me resultaba elogioso, porque no hubo nada más jugado en un teatro —en términos de bajada de línea, de osadía, de transgresión— que el teatro de revista. Para los actores cómicos, la revista era una especie de condecoración. Si pensás de Parravicini para acá, el humor más jugado políticamente salió de ahí. De hecho, cuando se intentó hacer humor político en televisión, los primeros que lo hicieron, Dringue Farías y Tato Bores, se destacaron en revista. - Los actores siempre dicen que lo que más les gusta es hacer teatro. ¿A vos te pasa lo mismo? Lo que más me divierte es el mix. Cada medio te da algo que no te da ningún otro. La gráfica, posibilidad de reflexión; la televisión, penetración; la radio, la respuesta inmediata de la gente; supongo que el cine te debe dar el poder entremezclarte con tu público. El teatro te muestra la cara del receptor. Sabés si entendieron el chiste, si falló, si fue desopilante... Es fantástico. Cuando algo no había sido bien recibido, Verdaguer decía "falló el público". Uno lo miraba con cara rara y él explicaba: "Yo siempre digo el mismo chiste; si siempre se ríen y alguna vez no, es que falló el público". Yo no coincido, porque uno no siempre dice todo igual. - ¿Cómo superás un bache? Debería decirte que jamás me pasó, pero no me atrevo a mentir tanto. Cuentan que Osvaldo Miranda decía "ahora los hago aplaudir en esto", y en cualquier frase que eligiera lograba que el público aplaudiera. Hay actores que tienen la percepción y sensibilidad tan desarrolladas que lo pueden hacer: calculo que China Zorrilla, el Beto Brandoni, la Campoy... Yo sé que puedo defender bien un buen chiste, pero no se me ocurre que no estando seguro de un texto pueda decirlo con convicción. No sé si soy actor o un conductor haciendo de actor, y no sé si soy bueno o malo; sé que soy gracioso. Uno de mis hijos adolescentes siempre dice: "Lo que dijiste no es gracioso, se ríen porque sos vos". Tal vez algo de razón tiene, porque uno no es gracioso tanto por lo que dice sino por cómo lo dice. - ¿Cambiás el tipo de humor según hagas revista u otros productos? Si me atengo a las críticas, debo estar haciendo siempre revista porque siempre hablaron del "humor revisteril de Guinzburg". ¿Qué tiene de revista? Puede tener lo picaresco, que es algo que me divierte siempre, desde La Biblia... hasta la revista, pasando por Peor es nada y La noticia rebelde. Por otro lado, si escribo la columna de Clarín o Diógenes y el linyera, cambio. Afortunadamente, uno toca más de una cuerda. Después está mi sello: en televisión todos elogiaban mi repentización, y en teatro me permito salirme del libreto. - ¿Tenés un público propio? Mucha gente que te admiraba desde "La noticia rebelde" dice: "¿qué le pasó a Guinzburg, que está haciendo revista?" La gente que vino al teatro se divirtió, salvo quizás algún periodista que estaba esperando no sé qué. En el 2004 no debe haber habido otro lugar humorístico donde se haya dicho lo que se dijo a nivel de crítica política en La era del pingüino. En ese sentido, creo no haber defraudado a nadie. En cuanto a creatividad y recursos, era Hollywood al lado de lo que hay. El género te puede molestar o no, pero ¿qué le pasó a Guinzburg?... No decían eso cuando hacía Peor es nada, porque me siguen pidiendo que lo vuelva a hacer. ¿Cuál es la diferencia, en términos de lenguaje? Yo hacía La Biblia y el calefón y algunos me decían "aflojá, zarpado". Ahora no pasa un día sin que me pregunten si vuelve. - Entonces cambia el público. Si el que lo dice no vio el espectáculo, es prejuicioso y etiquetador. Si lo pregunta el que lo vio, por ahí no recuerda qué hago. Puede decirse que tengo distintos públicos: no era lo mismo el de El ventilador, el de Peor es nada o el de La Biblia... que el de Ilustres y desconocidos o Capocómicos o Guinzburg and kids. Uno puede decir ¿Guinzburg es esquizofrénico? Ante eso no tengo respuesta, porque me gustan cosas muy diferentes. - Hablabas del humor sexual. ¿Nunca temiste ser chabacano, pasar cierto límite? Uno siempre está en la cuerda floja. En el 99, en el segundo programa de La Biblia y el calefón por Canal 13, una invitada contó que ella cuando tiene ganas no se aguanta, y que una vez iba a un boliche con el novio, puso una bolsita en el asiento de atrás del auto y fue de cuerpo ahí. La anécdota es escatológica; todos los que estaban en el piso se morían de risa, a mí me divirtió mucho y en la calle al día siguiente todos me hablaban de eso. Pero me llamaron del canal y me dijeron "aflojá un poco". Y no lo cuento por criticar al canal, sino para mostrar que algo te puede causar gracia pero desde lo políticamente correcto no es lo que tiene que ser. Cuando intentás ampliar los márgenes y dar un paso adelante, ese paso puede ser en falso. Me he equivocado muchas veces, pero me lamenté mucho más cuando hice un híbrido que cuando intenté dar un paso adelante. - Una vez dijiste que respetás el humor de Groucho Marx hasta el de Jorge Corona... Lo respeto y me divierte. A ver: escucho una canción de Arjona y siento que puedo escribir diez de ésas por noche. Y escucho Pueblo blanco, de Serrat, y pienso que encerrado en un cuarto toda la vida no se me ocurriría nunca. Eso pasa con el humor: no es igual Groucho o Woody Allen que otras cosas que te divierten, pero no son inalcanzables. - ¿Sos una combinación de Pinti y Corona, por la mezcla de lo político y lo sexual? No podría ser un Corona porque tendría pudor. Podríamos decir que no llego a ser ni Pinti ni Corona, los dos me quedan grandes (risas). En cualquier disciplina creativa, los moldes son únicos. Y yo tengo el mío. Toco varias cuerdas y lo vivo como un mérito: puedo escribir un monólogo político, un sketch de revista o una nota periodística. Volvemos con la esquizofrenia... El problema es estar orgulloso (risas). Es el título de la nota: "Estoy orgulloso de mi esquizofrenia". - Tu mujer (Andrea Stivel) dijo que cuando te desenchufás sos un tipo más melancólico que lo normal. ¿Eso dijo? Puedo ser algo melancólico, pero no tanto. Con mi terapeuta coincidimos en que soy un autista expansivo... Hay cómicos que fuera de cámara son tristes, pero no es mi caso. - Al ser tan bajito, ¿el humor fue tu arma para sobrevivir en el barrio? El humor es un arma que desestructura y desestabiliza. Con las minas, el humor acerca, pero no excita. En el barrio, lo que me ayudó fue haber hecho años de artes marciales. Como decía un profesor de taekwondo (no mío, yo hice sipalki): "Cuídense de los petisos: son más sanguinarios". Yo tenía un amigo, grandote, que decía que de chico no se peleaba porque tenía miedo de lastimar. Y yo decía: "Yo me peleaba todos los días porque necesitaba probar que era tan fuerte como los grandotes". Pero no me peleo más. Lo cambié por la terapia. - Igual que en las entrevistas. En La noticia rebelde el reportaje era salvaje; hoy no me sentiría bien haciéndolo, quizás porque a medida que pasa el tiempo uno tiene más amigos, y hoy hacerle un reportaje como aquél a alguien por el que siento afecto me haría sentir mal conmigo mismo. Traté de modificar la contienda por un hecho humorístico de dos; convertir el reportaje en un hecho humorístico que además informe. - Hace cinco años decías que estás pensando en retirarte. Mucha gente del medio lo dice, pero nunca lo cumple. Mi mujer se ríe, pero lo pienso de verdad. Te lo digo cuando estoy por empezar cosas que me van a llevar todo el día, pero no será por mucho tiempo. Quiero escribir cerca del mar. Y no creo que el retiro esté muy lejos. Por Gaspar Zimerman Por MARIANO MURPHY NO SE VA, JORGE NO SE VA Petiso picarón e irreverente, enamorado de su Vélez, capo del humor hasta para ponerse a jugar ¡al básquet! Un gigante de 1,59. Jorge Guinzburg perdió una final, pero ganó el Premio Maradona: la gratitud de la gente. Parece joda pero no. Antes de ser capocómico, antes de ser productor y empresario exitoso, antes de ser bochado en la facu de Derecho y antes de manejar un taxi para ganarse la vida, Jorge Guinzburg jugó al básquet. Y eso que todavía no había llegado al 1,59 metro. Lo contó él mismo: "Vivíamos en Capilla del Monte, y cuando veníamos a Buenos Aires las vacaciones eran ir a Vélez, porque mi viejo era hincha. Ahí practiqué judo, ping-pong e incluso básquet, ja... Pero a los 12 años me di cuenta de que el resto pegaba el estirón y entonces dejé". Gigante (gigante no en el sentido, claro, de capturar rebotes en el poste bajo a lo Yao Ming), capturó lo mejor de nuestro humor y fue un jugador de toda la cancha. Trabajó en las célebres Satiricón y Humor (con nuestro Tomás Sanz); fue autor y guionista de la tira cómica Diógenes y el Linyera de Clarín; incursionó en el teatro, en la radio y en la tele fue autor, conductor y productor de infinidad de ciclos humorísticos y periodísticos, como La Noticia Rebelde, Peor es Nada, Guinzburg & Kids (programa con chicos, "donde por primera vez fui más alto que mis compañeros", La Biblia y el Calefón, y Mañanas Informales, donde perdió el bigote en una apuesta, pero no perdió las mañas al "reinventar", según sus propios colegas, el horario de la mañana. Con ese programa viajó al Mundial 2006 de Alemania y a la final de la Copa Davis en Rusia, donde lo vimos por la tele alentando al lado del mismísimo Diego. Ahora basta con prender esa misma tele, escuchar la radio o navegar por Internet para entender lo querido que Jorge Guinzburg es. Hay anécdotas, recuerdos, homenajes. Hay bronca y dolor. Voces quebradas. También hay rabia. Rabia y sabor a injusticia. Porque acaso como pasó con el Negro Fontanarrosa, con Castelo, es difícil no preguntarse por qué. Por qué se nos va tanto tipo lindo, tanta sonrisa y talento. Petiso bendito. Hoy, como diría su amigo Sabina, la vida sabe a trucha. Sabe a mañanas que serán algo más formales, a Amalfitani sin petiso bendito. Bendito porque, fana como pocos, estuvo en las mayores gestas del Fortín. En cada foto en que Vélez esté con una Copa, Jorge aparece ahí. Poniéndose en puntitas de pie. Inflando el pecho con la V azulada. Cuando pocos creían, viajó a Brasil en el 94 y festejó en el Morumbí ante el San Pablo de Telé Santana. Y, somos locales otra vez, también sacó pasaje a Tokio. Todo por Vélez. Su Vélez. El cuadro que heredó de su papá y que dio en herencia. "Una vez, un amigo mío le regaló a uno de mis hijos una camiseta de Boca. Y yo le dije: 'Si llega a hacerse de Boca, nosotros dejamos de ser amigos'. Sentí que me estaba traicionando". Cuál es el significado de ser del Fortín, le preguntó Olé alguna vez: "El tema es así. A determinados hinchas, el destino no les depara ser campeones. Siempre ganaban Boca, River, de vez en cuando Racing, Independiente o San Lorenzo. Entonces, cuando Vélez salió campeón, estoy seguro de que lo disfruté diez veces más que cualquier hincha de River o de Boca. Si Brad Pitt se levanta a Julia Roberts, y, bueno, es lógico... Ahora, si es el mecánico de la esquina el que se la levanta, para él es diez veces más placentero. Y cuando Vélez fue considerado como el mejor de la época, e incluso del mundo, fue como una fiestita con las diez mejores mujeres del mundo". Si salvo Carlitos Bianchi, Margarita, los jugadores y el cuerpo técnico, casi nadie creía en que Vélez podía ganarle al San Pablo, lo de Japón fue aún más inverosímil. Tanto creyó que no sólo viajó sino que además, cuando en aquel entonces las apuestas futboleras no eran comunes, en Japón se jugó varios billetes por el equipo del Turco, el Turu, Chila, Trotta, Bassedas... Y ganó, claro que ganó. Fue en ese viaje, además, donde se afianzó la relación con Bianchi. "A partir de ahí --contó Jorge--, nuestras familias se empezaron a conocer. En ese viaje, entre jugadores, cuerpo técnico y dirigentes estaba copada la primera clase, y viajábamos en turista. Pero como iba el papá de Bianchi, Carlos le dejó el lugar y se sentó con nosotros. Fuimos de punto, nadie daba dos mangos. Y salvo los diez primeros minutos, los pasamos por arriba". Petiso maldito. Entrevistó desde Diego hasta Pelé, pasando por los presidentes. Maldito e irreverente, se animó a preguntarle al reservado Bianchi su clásico: ¿cómo fue tu primera vez en el amor? Fue en 1996 (no la primera vez de Bianchi, sino cuando Guinzburg se lo preguntó). Era en la cena-despedida del técnico, que se iba a la Roma. Bianchi, tal vez sólo porque Jorge era el que se lo preguntaba, se animó a contar: "Fue en mi noche de bodas y tras cinco años de noviazgo. Esa contención desembocó en mi hijo que mide 1,96 y calza 46". Y apuntó a la altura de jockey del conductor: "Mirá si tus viejos se hubiesen contenido cinco años...". Ayer, la noticia de su muerte conmovió a todos. Jorge estaba internado desde el jueves en el sanatorio Mater Dei. Sufría una afección pulmonar. En febrero había cumplido 59 años. Pocos. Muy pocos. Parece joda, pero no. FUENTE. http://www.perfil.com/contenidos/2008/03/12/noticia_0031.html http://www.pagina12.com.ar/2000/00-09/00-09-25/pag13.htm http://www.infobae.com/contenidos/432059-600795-0-Jorge-Guinzburg-Oro http://www.gacemail.com.ar/Detalle.asp?NotaID=1286
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