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FIFA como explotar el negocio de la pasión

Info6/14/2010
En realidad este post es una mezcla de lo que considero mas relevante de artículos brillantes (Pepe Escobar - Guillermo Almeyra - Matteo Patrono) sobre los negocios fabulosos que la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) hace a partir de un deporte que es pasión mundial, creo que es bueno tenerlo en cuenta cuando nos amargamos porque pierde nuestro equipo, recordemos que el verdadero deporte solo lo vamos a encontrar en los partidos que podemos jugar con nuestros amigos y que el resto es todo un gran aparato de empresas, medios, y corruptos que explotan espectacularmente el ocio de las masas y sino recordemos al gobierno con su aprovechamiento del fútbol para todos, en fin CONOZCAN LA FIFA





Vosotros jugáis, nosotros cobramos

El destacado escritor uruguayo –y fanático del fútbol– Eduardo Galeano, dijo una vez: “La FIFA es el FMI del fútbol”. De manera muy parecida al Fondo Monetario Internacional, la Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol es obscenamente rica, extremadamente poderosa y está dirigida como un club hiperexclusivo.

La FIFA se fundó en 1904. Sólo 310 personas trabajan en la sede en Zúrich. Y sólo unos 1.000 trabajan en los asombrosos 208 países miembros (“sólo” 192 naciones son miembros de la ONU, que emplea a más de 40.000). Los 24 miembros del consejo de la FIFA –a los que paga unos 50.000 dólares al mes– pasan su precioso tiempo viajando por el mundo y haciendo tratos con Estados-naciones y corporaciones. De un modo muy similar al FMI, la rotación de personal es mínima. La mayoría de los empleados de la FIFA han ocupado sus puestos durante más de 15 años.

La FIFA es responsable de la comercialización de cada producto vinculado al fútbol profesional, el patrocinio y los derechos de la televisión. Está en el epicentro de un mercado de 250.000 millones de dólares. En 2009, la FIFA ganó 1.000 millones de dólares. Sólo con la Copa del Mundo en Sudáfrica, la FIFA recibió 3.800 millones de dólares.

Como ícono del capitalismo salvaje, la FIFA nunca pierde dinero. Está totalmente asegurada. Para esta Copa del Mundo y la próxima en 2014 en Brasil, eso asciende a 650 millones de dólares. En cuanto a los gobiernos nacionales, esos tratos no son tan ventajosos. El Gobierno sudafricano planificó el gasto de 450 millones de dólares para esta Copa del Mundo. Los costes crecieron a no menos de 6.000 millones; y siguen aumentando. Esto incluye la construcción de nueve estadios nuevos y la reconstrucción de otros cinco. Se espera que el de Durban se convierta en un hito al estilo del museo Guggenheim de Bilbao.

Sin embargo, el muy elogiado tren de alta velocidad de Pretoria a Johannesburgo está retrasado. Sólo se ha abierto un tramo entre el aeropuerto de Johannesburgo y el lujoso vecindario Sandton, la milla cuadrada más acaudalada (sobre todo blanca) en África, donde residirán los cerca de 200 delegados de la FIFA, y su presidente el superburócrata Sepp Blatter, dormirá en las falsas Torres Michelangelo protegido por cinco guardaespaldas, con acceso a un baño en suite al estilo Disney, así como a un mini bar personalizado con el mejor chardonnay sudafricano y con cubos de hielo hechos con agua de Evian.

Cualquier país que desee organizar una Copa del Mundo debe someterse virtualmente a la autoridad de la FIFA, lo que incluye cambios en la legislación nacional. Hace cuatro años, el Parlamento de Sudáfrica atribuyó a la Copa del Mundo el estatus de “evento protegido” regido por una legislación específica. El país organizador debe ceder a la FIFA los derechos para todo, desde la publicidad y el mercadeo hasta el control del perímetro que rodea los estadios (La FIFA es de hecho un Estado soberano en todos los estadios en Sudáfrica). De un modo muy similar al FMI, la FIFA no es un organismo humanitario. Para las corporaciones asociadas, la tarea de la FIFA es abrir mercados, África en el caso actual. A continuación describo un ejemplo de cómo trabaja realmente la FIFA.

Un estadio en Athlone, un suburbio pobre de Ciudad del Cabo de mayoría “de color”, habría podido asegurar numerosos puestos de trabajo en el área y ser el catalizador de un proceso de pavimentación de calles, construcción de nuevas casas y la mejora del transporte público. En su lugar, la FIFA prefirió el estadio Green Point construido entre el mar y la tarjeta postal favorita de Ciudad del Cabo, Table Mountain, a cinco minutos de un centro comercial de lujo y cerca de un campo de golf –y financiado con fondos públicos-.

Un inspector de la FIFA dijo al periódico sudafricano Mail and Guardian que miles de millones de espectadores no desearían ver “chabolas y pobreza” en la televisión. Como si la Copa del Mundo no se estuviera celebrando en un país con casi 40% de desempleo, en el cual la mitad de la población vive con menos de un dólar al día. El semanario alemán Der Spiegel por lo menos puso una parte en perspectiva, con la publicación de un informe especial en el que compara la sed de Europa por jóvenes futbolistas africanos con una nueva trata de esclavos.


Ante todo, las garantías concedidas por el Gobierno de Pretoria a la FIFA, en el momento de asignarle el Mundial en el 2004, son 17, confirmadas por los diferentes ministros del ejecutivo conducido en esa época por Thabo Mbeki y destruyen la soberanía del país, ni que la FIFA fuera el Fondo Monetario Internacional.

Para comenzar ,tanto la FIFA como sus sociedades y delegaciones están exentas del pago de impuestos. Entre ellas Host, la empresa del nieto de Blatter, que administró la venta de entradas del Mundial, los hoteles oficiales y los paquetes receptivos (aunque para las Federaciones internacionales y sus amigos se asegurara un descuento del 20% en todos los hoteles).

No habrá restricciones para nadie en cuanto a la importación y exportación de moneda extranjera. En un país donde sin seguro privado nadie puede atenderse en un hospital, el Gobierno ofreció al ejército del Coronel Blatter cobertura médica integral además de seguridad privada 24 horas al día.

Una importante fracción de las fuerzas del orden fue comprometida y redirigida a lo que más urge al corazón del jefe de la FIFA: proteger la exclusividad de sus socios comerciales, los generosos y fidelísimos patrocinadores en términos de marketing, marcas, derechos televisivos, propiedad intelectual. En caso de controversias legales, Sudáfrica se ha comprometido incluso a pagar a la FIFA una indemnización además de los honorarios de los abogados.


Es inútil aclarar que las causas intentadas contra los falsificadores y los vendedores no autorizados del logo del Mundial proliferaron: sólo 450 en Sudáfrica, 2.500 en todo el planeta. Algunos realmente risibles: un pub de Pretoria fue enjuiciado por haber pintado en su propio techo la Copa del Mundo, una fábrica de caramelos por haber impreso sobre el envoltorio de su mercadería una pelota de fútbol y la bandera sudafricana.

A los vendedores de bebidas fuera del estadio se les obligó a transferir a botellas neutras cualquier bebida que compitiera con aquella archifamosa de las burbujas que desde hace 40 años llena las arcas de la FIFA.

Pero el caso más sonado es el de la línea áerea de bajo costo Kulula que recibió una carta de apercibimiento con objeto de que retirase inmediatamente la genial publicidad lanzada en los diarios locales en febrero : “La compañía no oficial de ustedes saben qué”.

Según la FIFA una emboscada al derecho de autor dada la presencia de vuvuzelas, pelotas y banderas sobre las que el Gobierno suizo del fútbol pretende tener el copyright absoluto.

La cosa apareció rápidamente en Twiter desencadenando debates y protestas bien resumidas por Heidi Brauer, directora de marketing de Kulula: “Es algo exagerado creer que todo lo relativo a la Copa del Mundo pertenece a la FIFA, las vuvuzelas, la bandera nacional, el fútbol, pertenecen a Sudáfrica. Y Sudáfrica pertenece a Sudáfrica. Parece en cambio que hemos vendido los símbolos y la economía al señor Blatter”.

Numerosos estudios académicos coinciden en que es más razonable que un país anfitrión de la Copa del Mundo construya lo que necesita en infraestructura que gastar una fortuna en un evento que en última instancia sólo beneficia a los organizadores y a los patrocinadores corporativos. Los productos autorizados disponibles en el país durante el Mundial son todos importados de China. Cuando la Copa del Mundo haya terminado el 11 de julio, no menos de 150.000 trabajadores en Sudáfrica perderán sus puestos de trabajo.


No es necesario recordar la promoción del deporte de Estado por Mussolini, Hitler o Stalin, o lo que fue para la dictadura el Mundial de Fútbol que Argentina ganó en Buenos Aires, mientras fuera de los estadios desaparecían decenas de miles de los mejores jóvenes y otros luchadores, entre ellos cientos de deportistas y atletas profesionales.

Ese fútbol donde unos cuantos muy bien pagados juegan ante millones de personas que jamás podrán practicar un deporte porque no tienen campos, salarios ni alimentación suficientes, ni tiempo libre al terminar sus trabajos extenuantes y mal pagados, y por eso simplemente miran la caja idiota que, de paso, se populariza y redime cada tanto de sus crímenes contra la conciencia política y la cultura populares, aunque aparezca como una diversión es, en realidad, una maniobra diversionista.

Como en la época de los emperadores romanos, si no hay mucho pan se da circo para que la gente no piense o, mejor dicho, que piense en cosas sin importancia, creyendo participar y ser sujeto en un espectáculo promovido por los dueños del poder para controlar incluso los sentimientos y dar una falsa sensación de alegría a las víctimas del capital, desviando su atención de las crisis, las matanzas, el desastre ecológico, la desocupación, las hambrunas, la explotación y la opresión.

Como las drogas, este tipo de fútbol crea una burbuja, un mundo ficticio. Es más, hoy, en la mayoría de los países el fútbol profesional es el verdadero opio del pueblo, mucho más que la religión, pues ésta no llena la vida de los hinchas desde el lunes hasta el miércoles y desde el viernes hasta el fin de semana con la misma intensidad ni de la misma manera absoluta. También como las drogas, la prostitución o las industrias del juego y de los entretenimientos (o sea, de los instrumentos cotidianos de dominación del capital y de encarrilamiento del tiempo libre de las clases dominadas), ese tipo de deporte pasivo y tramposo es un excelente negocio.

La FIFA (Federación Internacional del Fútbol Asociado) posee más de mil millones de dólares y el año pasado ganó 300 millones simplemente cobrando comisiones a las federaciones integrantes. Y la compra-venta de jugadores –quienes encuentran en un mundial una vidriera para su exposición– mueven cientos de millones de dólares que quedan en manos de los dirigentes de los clubes, de los intermediarios y representantes, y de otros tantos coyotes, y sólo en muy pequeña medida llegan a los modernos gladiadores de este circo.

Por supuesto, aunque en todas partes del mundo se presenta la utilización capitalista de un deporte popular (Silvio Berlusconi es propietario del Milán y en ese carácter obtiene votos de imbéciles, y Mauricio Macri, el gobernador de la ciudad de Buenos Aires, fue elegido porque fue presidente del Boca Juniors, con el voto de miles de hinchas despistados), la magnitud de esa utilización varía de acuerdo con la orientación política de los diversos gobiernos.

En efecto, en todas partes se cuecen habas, pero, como decía Juan Gelman, en algunas se cuecen sólo habas… Los gobiernos mal llamados populistas en particular, intentan hacer del deporte (pasivo, televisivo) una herramienta ideológica para construir una efímera unión nacional y una fuente de gloria moderna y barata, de cartón pintado.



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