InicioInfoLibertad para decidir. (2)
Moral Cristiana o Caretofobia Pero el legado resuena: ya sea el del progresismo que quiere ver en el aborto (incluso estando de acuerdo) un gravísimo error donde, como decía mi madre, “algo hay que pagar” para expurgarlo, ya sea con esa moral cristiana secularizada que todo lo invade. Interrumpir un embarazo, estén a favor o en contra es materia de opinión donde todo el mundo tiene algo que decir al respecto. A simple vista, se puede advertir la falacia de quienes sostienen “a la vez” el criterio de prohibirlo y, de permitirlo. NO EXISTE LA POSIBILIDAD DE CREER QUE EN ALGUNOS CASOS EL ABORTO DEBE PERMITIRSE. O que algunos abortos son más válidos que otros, menos condenables. Incluso el anarquismo, tenemos que decirlo para poder asumirlo y modificarlo, cuyas posiciones dogmáticas muchas veces son rayanas con las de los fundamentalistas de derecha: quien se embaraza debe hacerse responsable del producto de ese embarazo ya sea pariéndolo, incluso contra la voluntad, ya sea dándolo en adopción. Cada día me extraña más que personas que se dicen a sí misma anarquistas cuando hablamos del derecho al aborto se pongan ríspidas. Pero la peor parte tiene que ver con el tema de la adopción. Sin ningún conocimiento de como funcionan los cruentos aparatos estatales, y sus instituciones con respecto a los menores de edad, claman “Si no lo quieren tener que los den en adopción”, como si esa fuera la solución. Como anarquista pregunto ¿entregaríamos una vida humana recién nacida atada de pies y manos al control del Estado, más absoluto y total, para que le encuentre una familia? De solo pensarlo me recorren escalofríos. Ya ni pretendo que entiendan que no es tan fácil cargar 9 meses con un ser no deseado, ni parirlo, ni voy a cuestiones que son del orden de los imaginarios sociales o de la institucionalización. Ni tampoco pido que discutamos qué es vida, y cuáles son dignas y a qué nos referimos con el derecho a vivir (¿quienes claman déjenles vivir, acaso se harían cargo de una vida que ellos y ellas no engendraron?) Simplemente digo que entre una cárcel y un instituto de menores, un hogar temporal, una familia sustituta, es decir aquellos reductos carcelarios de confinamiento estatal que el Estado tiene a disposición para niños y niñas recién nacidos (y no tanto), no hay mayor diferencia. Asimismo, probado es para nuestra barricada que la Familia Moderna y el Estado no solo son solidarias, sino prácticamente funcionan de manera análoga, siendo la primera mucho más susceptible de perversidades que el segundo, de hecho (7). ¿Qué personas elige, de hecho y para colmo de males, a través de sus instituciones, es decir sus aparatos represivos, de disciplinamiento y control, para encargarse del cuidado y de la sociabilidad de una persona recién nacida o de un menor de edad? ¿Qué tipos de familias el Estado selecciona para niñas y niñas a adoptar? ¿Cómo podemos creer como anarquistas en el concepto de familia después de todo el avasallamiento de nuestras sexualidades y nuestras individualidades perpetrados por los progenitores en la Modernidad en el interior de esos lugares donde hemos sido criadxs? ¿Incluso creemos que el Estado debe encargarse de distribuir cuerpos no deseados venidos al mundo entre las familias “de bien” (la célula base de la sociedad)? Por eso quienes se reclaman anti-sistema y afirman “denlos en adopción”, quizás deberían repensarse, porque es bastante similar a predicar, como he intentado demostrar mayeuticamente, a decir “que los metan presos”. Mi Lucha, tu Lucha Antígona funciona como una contra-figura frente a la tendencia defendida por algunas feministas actuales que buscan apoyo y autoridad del Estado para poner en práctica objetivos políticos feministas Judith Butler ¿Es válido encarar una lucha sin sopesar medios y fines, prácticas y devenires que hagan de la lucha no solo un objetivo a alcanzar sino una tecnología de re-apropiación del Yo y un movimiento de construcción y deconstrucción de quienes somos para devenir seres distintos? Esta pregunta, en mi opinión clave e inmanente al anarquismo, que lo define en su mismidad, no exime a las luchas en torno a la despenalización y/o legalización del aborto, y todas las acciones directas a su alrededor. No es la intención de este apartado criticar la acción de mujeres probablemente infinitamente más valientes y tenaces que yo –aunque en muchos casos profundamente erradas-, sino la de polemizar, debatir y discutir activamente para llegar a nociones superadoras puesto que parece que siempre chocamos, al final del día contra los mismos muros: Estado, prácticas de dominación, jerarquías. Hasta donde tengo conocimiento de causa, las luchas (tanto individuales como por parte de grupos u organizaciones) en relación al aborto en nuestra región ratifican y hacen más fuerte al Estado (con muy honrosas excepciones que de todas formas se manejan con prácticas de verticalidad propias de los partidos de izquierda que las impulsan, aunque más no sea subrepticiamente). En los años que llevan haciendo lobby político no han logrado ningún avance más que su propia promoción como políticas o miembros de ONG. De hecho, desde la conformación de la comisión general por el derecho al aborto en los 80 hasta hoy sus prácticas se vieron desmejoradas e influenciadas por un activismo rentado a partir de ingresos de subsidios extranjeros del capital provisto por los fondos de la cooperación europea o de otros Lares. En general, lo que intentan es mostrarle al Gobierno lo que ya se sabe: las mujeres están todas de acuerdo, o en su gran mayoría, con el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, incluyendo el derecho al aborto. Las encuestas de apoyo salen hasta en los medios masivos. Con lo cual no se explica porque siguen juntando firmas, en folios que prolijamente entregan al Ministerio de Salud, o a los legisladores. También la izquierda se llevó su tajada cuando formó en su momento parte de esta misma campaña, y aunque se diferencia por su crítica al gobierno, sus métodos autoritarios y/o sectarios son también inconducentes, como ya hemos dicho. Lo han visto, históricamente, como un buen nicho de mercado para captar nuevas militantes para la lucha principal, es decir la toma del Estado para establecer una dictadura del proletariado, en el mejor de los casos. A nivel de activistas sueltas, autónomas o independientes, llamémoslas así, ha habido iniciativas, por ejemplo el colectivo De Boca en Boca o Mujeres Libres en Argentina, que hicieron folletos informativos sobre el uso del Oxaprost/Misoprostol, o llegaron incluso a tejer redes de apoyo para aquellas que se practicaron un aborto casero con esta sustancia. En la actualidad, una coalición de lesbianas de izquierda con cierto sector marginal del marxismo impulsa una línea gratuita de apoyo e información para el uso de esta droga en la interrupción del embarazo. Esta agrupación contaría con un financiamiento exterior que formaría parte de las corajudas iniciativas de Rebecca Gomperts y Mujeres en Olas. La iniciativa se vio inmersa en toda suerte de pleitos internos, y un tendal de reproches que tenían como objetivo ver quién llevaba la batuta en el concierto de la prensa, con roles fijos asignados para la implementacion de medidas (comisión de medios, de telecomunicaciones, etc.). El saldo fue, entre otros desde activistas fuera del proyecto hasta alguna “líder” con un brote psicótico. Asimismo, detalle no menor, todas las luchas encaradas en torno al aborto hoy se unen y se encarnan en torno al género común y no en torno a objetivos, al espontaneísmo, o los principios de libre asociación por afinidad, dejando afuera a los varones que gustosamente desean participar y activar en este campo. Y, puesto que el activismo pasó a ser rentado, muchas veces esta decisión solo se sustenta porque para cobrar un subsidio de algunas de las organizaciones feministas del mundo hay que contar con un grupo de solo mujeres. Mientras la cuestión del aborto legal, gratuito, seguro y de los anticonceptivos y la información sobre sexualidad (hoy en la agenda del feminismo institucional, autónomo o de izquierda) no revise las prácticas sustentables y comunales a partir de la cual se implementen acciones directas solo podremos esperar magros resultados que no redunden en una superación de los modelos de vida instituidos inconscientemente por este sistema. De un modo u otro, solo podrán ser apoyados con un optimismo crítico y escueto dado que no solo no cuestionan sino que fortalecen la intervención del Estado sobre las decisiones individuales y la vida de las mujeres (el Estado visible o el Estado inconsciente, encarnado en las prácticas que se desprenden y que ponen en juego esos grupos). En muchos casos, canalizan la rebeldía y el descontento popular, que podría ser utilizado tanto para iniciativas de lucha individual o autónoma, como para insurrección, y llevan ese descontento hacia un lugar donde finalmente no se logra nada. Para que nuestros resultados sean holístico, y posibiliten la creación de un nuevo ecosistema libertario, tenemos que tender a acciones que nos permitan re-pensarnos por entero en aquellas prácticas que tenemos incorporadas y encarnadas hasta en los pelos del pubis -la lucha por el poder, el deseo desaforado de figurar y ser protagonista- para poder ejercer verdaderas praxis vital contra la dominación en todo momento en todo lugar. ANARQUISTA Desde una óptica anarquista aggiornada lectora del post-estructuralismo, no considero que sea conducente y productivo mendigarle derechos al Estado. Más aun, este diálogo con el Estado, reclamándole que legisle y controle nuestras existencias, lo legitima como interlocutor válido, e invisibiliza el hecho de que el Estado todo es una construcción improcedente que está ahí para someternos (es decir, para embarazarnos no deseadamente, y luego negarnos el acceso a un aborto gratuito). Asimismo, y como ya dejé entrever, solo prácticas que no solo remienden con parches nuestra situación actual sino que permita socavar a todo nivel (comunal, personal, individual) los dispositivo de la heterosexualidad obligatoria, la heteronormatividad, y la división sexual en el capitalismo en varones y mujeres, con pactos éticos que no nos encuentren peleando por quién atiende el teléfono, sino destruyendo el sistema y construyendo y viviendo el futuro hoy, podremos licuar las estructuras psíquicas donde los poderes se apoyan por completo. La lucha por derechos, sean de las mujeres o de los varones, o de las clases, está entrampada en los presupuestos liberales e iluministas que, como hemos visto, incluso con las mejores intenciones, no han hecho más que aumentar en las últimas décadas, la mortandad por hambre, guerras, miseria, exterminio y abortos clandestinos de embarazos no deseados. El paso es, desde algún paso, previo: deshaciendo los géneros, la alianza y los imperativos de poder médico jurídico y económico, se establecerían nuevas posibilidades de interacción entre las aun inimaginables corporalidades que entre otras cosas no redundarían en embarazos no deseados, para poder formar redes de afinidad desde donde y a partir de las cuales apoyarnos mutuamente. 7) Sobre la diferencia entre perversión y perversidad, Cf. Elisabeth Roudinesco, Nuestro lado oscuro, una historia de los perversos. F: http://www.cde.org.py/informativomujer/?p=1096 http://sexoamorrockandroll.blogspot.com/2009/12/especial-aborto-sobre-los-abortos.html
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