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Los muertos de la invasión a Iraq

Info9/1/2010
"Esta noche estoy anunciando que la misión de combate estadounidense en Irak ha terminado. La Operación Libertad Iraquí ha terminado y el pueblo iraquí ahora tiene que asumir la responsabilidad por la seguridad en su país"





"EE.UU. ha pagado un precio enorme para poner el futuro de Irak en manos de su pueblo. Hemos enviado a nuestros jóvenes a hacer enormes sacrificios y hemos gastado muchos recursos en el extranjero en una época de presupuestos ajustados en casa, ahora la tarea más urgente mi gobierno es restaurar la economía y dar un trabajo a los millones de estadounidenses que han perdido su empleo"




El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, declaró oficialmente el fin de "la misión estadounidense de combate en Irak".
Esa misión, ordenada por el ex presidente George W. Bush, concluyó así tras más de 7 años de duración.



Al entonces presidente George W. Bush. en el año 2005 se le pregunta “¿Cuántos ciudadanos iraquíes han muerto en esta guerra? Yo diría que 30.000″, dijo el mandatario.

En contraste, la estimación más alta es de 2008 y dice que tras la operación liderada por Estados Unidos perdieron la vida más de un millón de iraquíes.

Las diferencias se deben a los distintos períodos de tiempo y las diversas definiciones de muertos en guerra. Pero aún así, las discrepancias son gigantescas.

Al igual que el gobierno de EE.UU., las autoridades iraquíes prefieren citar cifras bajas, como el viceministro de Salud, Amer Al Khuzai, quien dijo que los muertos son “alrededor de 80.000″.

Esa es una estimación reducida, en comparación con todas las otras disponibles, sin contar la del ex presidente Bush. ¿Cómo se llegó a esa cifra? Según le dijo Khuzai a la BBC, los muertos se contabilizan en los hospitales, donde se expiden sus certificados de defunción.



Sin embargo, aunque el viceministro se lo negó oficialmente a la BBC, es evidente que muchas personas son enterradas sin que los funcionarios lo notifiquen.

Una cosa es la burocracia y otra la realidad. El médico iraquí Alí Husseini, que vive en Londres, ha visitado Irak dos o tres veces al año desde que comenzó la guerra en 2003.

Para él, las estadísticas no son fiables pues algunos cuerpos nunca llegan al hospital, dado que los familiares o amigos de las víctimas saben que allí no se va a hacer nada por ellas.

Cita como ejemplo áreas como el oeste de Irak, donde sólo las personas que viven allí saben sobre sus muertos, que no aparecerán en ningún registro.

Los políticos británicos también usan cifras bajas. Cuando a Tony Blair se le preguntó en enero pasado sobre las muertes de la guerra de Irak en la investigación de Sir John Chilcot, citó dos organizaciones independientes, Iraq Body Count y el Instituto Brookings de EE.UU., cuyas estimaciones son de 106.000 y 112.000, respectivamente.



La cifra de Iraq Body Count ha sido ampliamente citada, no sólo por Blair, sino también por la prensa internacional. ¿Cómo se calcula? Josh Dougherty, investigador de Iraq Body Count, le explicó a la BBC que utilizan varias fuentes: informes de prensa, de organizaciones no gubernamentales, cifras oficiales, informes internos de los gobiernos y toda información “que afecte a las víctimas civiles de alguna manera”.

Sin embargo, en su página de internet se aclara que las “deficiencias en el registro y las denuncias indican que las cifras pueden ser mucho más altas”. La pregunta es ¿cuánto más altas?

Para Dougherty, si se incluyen los muertos en combate y los no declarados, el número real podría llegar a ser el doble o el triple. Es decir, entre 200.000 y 300.000.

Michael O’Hanlon, del Instituto Brookings, usó técnicas de investigación similares a Irak Body Count y llegó a un número similar de 112.000.

La principal crítica a estas mediciones es que se realizan con métodos pasivos, en los que sólo se recopilan datos en lugar de estudiar la situación sobre el terreno, como lo han hecho otros investigadores cuyos resultados son mucho más altos.



Pero para O’Hanlon éstas no son fidedignas pues en el terreno influyen las percepciones de la gente, los recuerdos y los diferentes criterios para considerar quiénes son los familiares, y que por estos obstáculos metodológicos los números resultan “inflados”.

Las cifras más altas corresponden a tres mediciones hechas sobre el terreno. Una, de la Universidad Johns Hopkins, publicada en 2006 en la prestigiosa revista The Lancet, estima los muertos en 655.000, tanto producto de la violencia de la invasión como de las malas condiciones sanitarias provocadas por ésta.

El gobierno de George W. Bush y el de Irak rechazaron esa cifra. No obstante, una solicitud de libertad de la información hecha por la BBC concluyó que altos funcionarios del ministerio de Defensa británico creían que el estudio de The Lancet era, en efecto, sólido y realizado en base a buenas prácticas.
Más de un millón

Un estudio de la Organización Mundial de la Salud publicado en 2008 evita dar cifras concretas, pero sugiere cerca de 400.000 muertos. Y una tercera medición de 2008 realizada por la encuestadora Opinion Research Business, con sede en Londres, arroja más de un millón de muertos.



Francesco Cecchi, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, dice que esa cifra es demasiado alta y señala que la gran limitación de esa investigación fue la definición de familia: no queda claro si los encuestados daban información sobre los muertos de propia su casa o los del núcleo familiar más amplio.

Para Cecchi, la cifra se ubica entre los 200.000 y 500.000 muertos.

A pesar de la reticencia de los gobernantes a dar cifras altas, algunas figuras importantes apoyan esos cálculos. Cuando era candidato a presidente de Estados Unidos, John McCain le dijo al presentador David Letterman en una entrevista televisiva que para él los muertos son “cientos de miles“.

Muchos investigadores -aunque de ninguna manera todos– coinciden con esa estimación. Pero sigue siendo cierto que la gente suele citar la cifra que refleja no tanto su punto de vista sobre la calidad de la investigación sino, más bien, su visión de la invasión.



En la prestigiosa revista médica The New England Journal of Medicine un estudio indicando del número de muertes violentas producidas en Irak desde la invasión angloamericana en el año 2003 hasta el mes de junio del 2006, habría sido de 151.000.

El estudio se suma a los diversos intentos que se han llevado a cabo para cuantificar el daño sobre la salud de la población y el impacto demográfico de la invasión de Irak. Pero para valorarlo habría que ir mucho más atrás. A parte de las guerras con Irán (1980-1988) y la guerra del Golfo (1990-1991), Irak sufrió 12 años de embargo que ya imposibilitó mantener la estructura productiva del país, generando gravísimos problemas de desnutrición, la aniquilación de los programas de prevención y vacunación, así como la destrucción de un sistema sanitario considerado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como muy correcto antes de la guerra del Golfo.
Se estima que en aquel período murieron medio millón de niños menores de cinco años y que la tasa de mortalidad en este grupo de edad se multiplicó por 2,5. Teniendo en cuenta que el Ejército norteamericano ya confirmó que no contabilizaba las bajas de la población iraquí, varios organismos han intentado monitorizar este indicador.

La organización británica Iraq Body Count lo ha hecho de forma consistente desde el inicio y actualmente estima que el número de muertes civiles se sitúa entre las 80.510 y las 87.929. En el año 2006 The Lancet publicó un estudio realizado por un equipo de la Universidad de John Hopkins (Baltimore, EEUU) indicando que entre marzo del 2003 y junio del 2006 habrían muerto 601.027 personas más de las que habitualmente morían en el país. El estudio se convirtió en bandera de los movimientos antiinvasión y fue fuertemente criticado por los gobiernos americano y británico. El trabajo publicado en estos días ha sido realizado por administraciones iraquíes con el apoyo de la OMS y rebaja casi en un cuarto las estimaciones previas.



El número de muertos es un indicador políticamente rotundo, pero metodológicamente difícil, puesto que a falta de estadísticas fiables tiene que hacerse con encuestas personales en una muestra aleatoria y representativa del conjunto de la población. Esto, en un contexto desestructurado e inseguro y donde el impacto del conflicto no es geográficamente homogéneo, no es fácil de conseguir. Las cifras de muertos –no siempre desinteresadas– libran pues su propia guerra.

Pero, a parte de que incluso 151.000 muertos en tres años y pico (una media de 3.775 muertos cada mes) ya es una cifra aterradora, los efectos colaterales del conflicto van mucho más allá. El impacto sobre la salud pública de esta guerra ni lo conocemos ni se ha acabado. A las muertes directas ya producidas y que a buen seguro seguirán produciéndose, hay que sumar las enfermedades y secuelas a largo plazo, consecuencia de la falta de estructuras, de la inadecuada atención médica a los miles de heridos, de posibles epidemias y de la pobreza y desnutrición que afectan a crecientes bolsas de población. Todo ello sin contar a los casi dos millones de desplazados y las consecuencias psicológicas y sociales del conflicto que durarán generaciones. Por ello, el conflicto de Irak ha tenido una contundente respuesta por parte de los colectivos de profesionales sanitarios y en concreto de profesionales e instituciones de salud pública.
Profesores y estudiantes de la prestigiosa London School of Hygiene and Medicine, redactaron una carta pública denunciando estos aspectos, y el presidente del Gobierno español, José Maria Aznar, recibió una carta de profesionales españoles trabajando en organismos internacionales y otra de profesionales sanitarios del Estado, pidiéndole con los mismos argumentos que no apoyara la invasión.



En el inicio de la invasión en Mick, un norteamericano bromeaba diciendo que como los objetivos de la guerra con Irak eran instaurar allí la democracia y facilitar su prosperidad, ante las dificultades de expresar determinadas opiniones y del deterioro de la economía americana, una conclusión lógica de muchos norteamericanos sería irse a vivir a Irak una vez acabada la guerra. Una paradoja más de una guerra más, en este caso motivada porque un país decidió jugar al Monopoly siguiendo sus propias reglas y, principalmente, con tal de seguir controlando el acceso y el precio del barril de petróleo, que ya se ha aproximado a los míticos 100 dólares. ¿Pero cuál sería su precio si pudiésemos tener en cuenta a los miles de muertos y discapacitados que se han acumulando en las orillas del Tigris?

EEUU



http://www.patriagrande.com.ve/temas/internacionales/%C2%BFcuantos-civiles-han-muerto-en-irak-el-costo-humano-de-la-ocupacion-militar/


http://www.bbc.co.uk/mundo/internacional/2010/09/100831_eeuu_irak_retirada_obama_lav.shtml

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