Conscientes del significado fundamental de
la Palabra de Dios en relación con el Verbo eterno
de Dios hecho carne, único salvador y mediador
entre Dios y el hombre,22 y en la escucha de esta
Palabra, la revelación bíblica nos lleva a reconocer
que ella es el fundamento de toda la realidad. El
Prólogo de san Juan afi rma con relación al Logos
divino, que « por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho »
( Jn 1,3); en la Carta a los Colosenses, se afi rma también
con relación a Cristo, « primogénito de toda
criatura » (1,15), que « todo fue creado por él y
para él » (1,16). Y el autor de la Carta a los Hebreos
recuerda que « por la fe sabemos que la Palabra de
Dios confi guró el universo, de manera que lo que
está a la vista no proviene de nada visible » (11,3).
Este anuncio es para nosotros una palabra
liberadora. En efecto, las afi rmaciones escriturísticas
señalan que todo lo que existe no es fruto
del azar irracional, sino que ha sido querido por
Dios, está en sus planes, en cuyo centro está la invitación
a participar en la vida divina en Cristo. La
creación nace del Logos y lleva la marca imborrable
de la Razón creadora que ordena y guía. Los salmos
cantan esta gozosa certeza: « La palabra del Señor
hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos »
(Sal 33,6); y de nuevo: « Él lo dijo, y existió, él lo
mandó, y surgió » (Sal 33,9). Toda realidad expresa
este misterio: « El cielo proclama la gloria de Dios,
el fi rmamento pregona la obra de sus manos » (Sal
19,2). Por eso, la misma Sagrada Escritura nos invita
a conocer al Creador observando la creación
(cf. Sb 13,5; Rm 1,19-20). La tradición del pensamiento
cristiano supo profundizar en este elemento
clave de la sinfonía de la Palabra cuando,
por ejemplo, san Buenaventura, junto con la gran
tradición de los Padres griegos, ve en el Logos todas
las posibilidades de la creación,23 y dice que
« toda criatura es Palabra de Dios, en cuanto que
proclama a Dios ».24 La Constitución dogmática
Dei Verbum había sintetizado esto declarando que
« Dios, creando y conservando el universo por
su Palabra (cf. Jn 1,3), ofrece a los hombres en la
creación un testimonio perenne de sí mismo ».