El Estado Nacional Justicialista
Todas las autoridades doctrinales del Nacional Justicialismo eran netamente Nacionalsocialistas y todos la gente de confianza del fundador del Nacional Justicialismo (Juan Domingo Perón) eran Nacionalsocialistas, por lo tanto a lo que se pretendía llegar era al Nacionalsocialismo y todo esto sin contar que entre ambas doctrinas no se encuentra contradicción alguna y quién forjó el Nacional Justicialismo fue el Teniente de la Schutzstaffel Jacques De Mahieu (*).
Por lo tanto podemos concluir que quien es verdaderamente Nacional Justicialista y persigue un auténtico ideal de Tercera Posición, debe volver el rostro hacia la autenticidad ideológica del Nacionalsocialismo, todo lo demás fue una simple herramienta partidaria para llegar a ésta ideología y los hechos históricos nos lo demuestran con claridad.
(*) Jacques De Mahieu fué Teniente de la Schutzstaffel (en español, escuadrón de defensa) fué una organización militar, política, policial y de seguridad de la Alemania NacionalSocialista. Jacques De Mahieu peleo en la división francesa Carlomagno, una de las que combatió contra los soviéticos frente a la Cancillería de Berlín, hasta la última gota de sangre y hasta no quedarle más municiones.
Introducción
La Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista, conteste que las circunstancias políticas actuales nos llevan inexorablemente a la gran decisión de la toma del poder político - cualquiera sea su método -; que, frente a la intencionalidad de las fuerzas antinacionales - liberales y marxistas - encuadradas en la sinarquía, tantas veces denunciadas por el General Perón, de soslayar los intereses supremos del país, en aras a las cosmocracia, cree firmemente que el Movimiento no sólo debe poner en juego todos sus hombres, sino también su programática política general que inspire la Conducción en ésta lucha definitiva por la liberación real del pueblo argentino y la grandeza de la Patria.
En su querer redimir la Patria, el Movimiento Nacional Justicialista, se afirma en tres sentidos inconmovibles: Cristiano auténtico, Nacional y Revolucionario. La fe cristiana es su valor espiritual más elevado; el nacionalismo su expresión política más legítima y relevante y, su sentido revolucionario su aptitud más decidida y que lo lleva más allá del perimido demoliberalismo y de su lógica consecuencia, el marxismo, falaz panacea de la “liberación de los pueblos".
El Justicialismo, como versión vernácula del Socialismo Nacional, rompe con su idea revolucionaria el esquema vicioso y desnaturalizante del Capitalismo tanto liberal como en su faz marxistizante, y los enfrenta como enemigo de la Patria.
En la lucha por una Patria grande, libre y soberana, ayer, fueron San Martín, Rosas, Facundo o el Chacho; los granaderos, los federales y las montoneras. Hoy es Perón, son los peronistas, somos nosotros.
El Estado Nacional Justicialista
1) Enfoque Preliminar
Los trabajos de la Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista contemplan la formulación de las tesis fundamentales sobre las que deberá asentarse el nuevo orden de nuestra Comunidad Nacional, en procura de bosquejar el futuro Estado Nacional Justicialista.
Su realidad será posible, no sólo en la medida en que el Estado burgués continúe su autodescomposición, la cual ya estamos presenciando, sino también en la medida en que estemos animados por una resolución revolucionaria de vertebrar las estructuras y jerarquías del futuro Estado Nacional Justicialista. Esta denominación: Estado Nacional Justicialista, responde a la convicción de que el Justicialismo, por su configuración mental, sentimental e ideológica, será el principal artífice de la grandeza nacional.
Esta creencia, esta fe, está avalada por la rica experiencia peronista de antes y de ahora y, por el hecho de que este Movimiento, al mismo tiempo de ser una legítima expresión telúrica sin aditamentos ideológicos extranjerizantes, guarda en su seno tendenciales predisposiciones revolucionarias aptas para la elaboración de las nuevas estructuras políticas, económicas y sociales que van empujando al pueblo hacia una Justicia Social concreta. Es decir, el Movimiento Nacional Justicialista es el que auna la fidelidad de la autenticidad nacional y la posibilidad de la revolución social en el marco nacional socialista, pues en él confluyen lo nacional y social, en él se dan la mano la expresión nacional y la expresión social en la lucha por la liberación.
Una comunidad naturalmente funcionalizada implica la abolición del Capitalismo, la eliminación de un régimen que se basa en la explotación del hombre por el hombre o del hombre por el Estado en cualquiera de sus matices, como en el caso del comunismo. No habrá entonces ni explotados ni explotadores, es decir, no habrá clases sociales económicas. Habrá desaparecido el salario, o sea el régimen del hombre - mercancía que vende miserablemente su destreza y su esfuerzo.
Habrá, por el contrario, grupos sociales dedicados a la producción que posean sus instrumentos de trabajo, como habrá otros grupos organizados según otras actividades (profesionales, universitarias, culturales, etctéra) donde el hombre nacional pueda realizarse.
“Nosotros vamos hacia el Estado Sindicalista (esto no quiere decir un gobierno de sindicatos), viejo sueño de la comunidad humana. Y entonces todos estarán representados en la legislación y el gobierno por sus propios hombres. Yo mantengo todavía las formas políticas porque estamos a caballo de la evolución, pero ya llegará el día en que todo se haga por el sindicalismo” (Juan Domingo Perón, 1952).
Capitalismo y Democracia
Durante los siglos XVI, XVII y XVIII fueron creciendo fuerzas económicas desconocidas por su magnitud, las que desencadenaron una serie de dinamismos que tendían a romper los delimitados marcos impuestos por una sociedad simple. Gigantescos poderes económicos nacieron por la creación de los bancos, el comercio con el Levante, los descubrimientos de nuevos continentes, las nuevas vías de comunicaciones, la técnica y la revolución industrial. Sin embargo, esas fuerzas económicas carecían de poder político y, por lo tanto, la afirmación y expansión de la burguesía siguió siendo controlada por el viejo Estado tradicional.
A estas fuerzas económicas les era necesario entonces alcanzar la ciudadela política, es decir, el Estado, para lograr su plenitud e institucionalización. Y es la revolución francesa la que marca ese tránsito y la legalización del sistema capitalista. La burguesía ocupa el Estado y proclama las hipócritas consignas de "libertad, igualdad y fraternidad". La verdad sería muy otra. Pues la Comunidad, ocupado su órgano de conducción, termina sometida por las fuerzas económicas y la Historia conoció no sólo la nueva tiranía del dinero, sino también una nueva esclavitud, la del asalariado.
No hay duda que la armazón del viejo Estado Jerárquico no era bastante sólida para resistir los vertiginosos cambios que introduce el fabuloso desenvolvimiento industrial y financiero con sus embates consiguientes. De ahí que sea quimérico pensar que el mantenimiento de las antiguas estructuras hubiera bastado para detener el ascenso de la burguesía al poder político. Quizás la permanencia de los antiguos moldes hubiera opuesto al dominio económico de una clase un freno eficaz, pero sólo eso, porque el enfrentamiento hubiera continuado, postergándose por un momento el triunfo de los nuevos instrumentos económicos aparecidos. Finalmente, éstos triunfaron sobre el Estado jerárquico y lo ocuparon. La burguesía ya dueña del poder político, destruye las organizaciones intermedias de la comunidad, con el propósito de facilitar la expansión de las nuevas fuerzas económicas. La Ley de Chapelier, continuadora del Decreto de Turgot, elimina definitivamente las corporaciones gremiales, que eran organismos profesionales de oficios que acondicionaban lo económico y lo jurídico en función social.
El nuevo Estado burgués proclama el “laisser faire, laisser passer” que es la orden de mando para la acumulación indiscriminada de la riqueza por el régimen capitalista, como asimismo, para la apropiación individualista, por el empresario, de los instrumentos de producción. El Estado termina así siendo cancerbero de los intereses de una clase, y la comunidad pasa a depender de los dueños del dinero. Es precisamente en estos momentos cuando se proclama la era de la democracia y nacen los partidos políticos como elementos divisorios de la comunidad, o mejor aún, como elementos atomizadores de la unidad nacional.
El Estado burgués, débil a fuer de de patológico, además de dividido, trataba así, no sin éxito, aplastar la nación atomizándola.
Adviértase que las nuevas formas institucionales y el sufragio son proclamados un instante después que los ciudadanos han caído bajo la dependencia de los detentadores del poder económico.
Mediante el sufragio censal, el voto es reservado a sólo los burgueses, a los que tienen renta o aportan con impuestos directos. La gran masa de la población, ahora proletaria, no vota. Posteriormente va extendiéndose este procedimiento electoral, pero cuando al pueblo se lo ha adoctrinado en los mitos liberales gracias al monopolio que el nuevo Estado ejerce sobre los medios de difusión, escuela y prensa, domesticando cultural e ideológicamente a todos los miembros de la comunidad.
Si una elección daba, a pesar de todo, resultados no satisfactorios, siempre se la podía anular.
Estructurado en función de lo económico, el régimen capitalista, convierte el dinero en fuente exclusiva de poder y en suprema valoración humana, consolidado teológicamente por el protestantismo en especial, es decir, un fin en sí mismo.
La legalización del préstamo a interés, o sea la usura; el código civil, la consolidación de la propiedad individualista abusiva e irrestricta, operan como soportes del nuevo orden burgués.
Se abren manufacturas de todo orden, y el artesano de antaño se convierte forzosamente en asalariado tras un impresionante descenso social. No es más dueño de sus herramientas ni del producto de su labor. Se limita a vender su trabajo al capitalista, quien fija arbitrariamente el precio de su esfuerzo en función de la supuesta ley de la oferta y de la demanda.
Se perfecciona y generaliza el régimen de salarios en todo el ámbito productivo, o sea la explotación del hombre pobre por el hombre rico. Nacen así las nuevas clases sociales económicas. Por un lado, los detentadores de los medios de producción -máquinas, técnica, herramientas, talleres-, es decir, la burguesía capitalista; por otro lado, los asalariados o proletariados que deben entregar a los primeros el fruto de sus esfuerzos creadores.
El hombre convertido así en un número, sin la corporación gremial, sin los fueros profesionales, sin la protección y representatividad de su estamento, de la que disfrutaba el artesano, termina en el partido político, estructura afuncional que sirve para llevar al ciudadano por caminos trazados de antemano por la burguesía en el poder y servidora de los intereses extracomunitarios.
Pero, además, de ser un instrumento de la burguesía, el partido político, carece de función natural y no representa necesidades orgánicas. Efectivamente, el hombre, no es un esquema abstracto, un número. Por el contrario, el hombre, es un ente espiritual y material que forma parte de una familia, que como estructura, es un este espiritual y material que forma parte de una familia, que tiene actividades de carácter laboral, profesional, intelectual, artístico, religioso y, por lo tanto, es integrante de un primer grupo biológico social (familia), y de otro grupo socio económico (empresa), de otros grupos y organizaciones profesionales o de comunidades intermedias en donde se desarrolla su personalidad y sus esfuerzos creadores; también integra la primera comunidad política: El municipio, y es parte de la máxima comunidad política: La Nación. El hombre se desenvuelve y juega en distintos planos diferenciales y funcionales. Además, dentro de cada una de estar organizaciones naturales que, aquí en nuestro país, sólo la Constitución Nacional de 1949 y las constituciones provinciales del Chaco y La Pampa, comenzaron a reconocer, se realiza todo un proceso de diferenciación y multiplicidad.
En efecto, en nuestro movimiento está incubada la síntesis ideal sin la cual no habrá posibilidad alguna de realizar la gran Revolución Nacional Social pendiente en nuestra Patria. Es claro que la conciencia de esta síntesis surge en su primera etapa, aunque intuitiva, vaga e imprecisa, pero que el esclarecimiento paulatino y seguro de sus cuadros y la precipitación de los acontecimientos lo harán madurar, originando la resolución revolucionaria que sepa, además de liquidar al Estado liberal capitalista, crear las nuevas estructuras dinamizadas por un Estado con capacidad de conducción y de mando. Aquellos que han buscado prolijamente en el pensamiento del Jefe del Movimiento Nacional Justicialista, General Juan Perón, habrán encontrado en el meollo de sus discursos, libros y escritos, la imagen clara de los fundamentos ideológicos sobre los que estará asentado en el nuevo ordenamiento nacional.
El primer aporte del jefe de nuestro Movimiento, titulado “Una Comunidad Organizada”, fue el inicio de otros trabajos que, con la “Doctrina Peronista” (que indica la forma de ejecución de los lineamientos ideológicos), y su libro “Conducción Política” (estableciendo principios sobre la acción orgánica funcional del Estado), constituyeron las primeras bases de irradiación doctrinaria cultural y puntos de partida de un esclarecimiento ideológico doctrinario al que la Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista, se dedica con exclusividad. Este esclarecimiento ideológico que incluye indudablemente una actualización permanente, teniendo en cuenta las necesidades históricas de los tiempos, será el presupuesto y la garantía de la transformación de nuestra Comunidad. Esta transformación, ¿será violenta?, o, ¿será pacífica?. Esta es una circunstancia que no debe preocuparnos, lo importante es estar resueltos a llevarla a cabo. Por otra parte, en mucho dependerá de la actitud que adopten nuestros enemigos, que lo son, por supuesto, de la Patria misma, porque en el peor de los casos, si, agotadas las instancias pacíficas, la salvación de la Patria y la liberación del pueblo frente a la tendenciosidad liberal-marxista lo exigen, no quedará otro remedio que hacerlo a sangre y fuego.
2) Teoría
Una Argentina políticamente soberana, económicamente independiente y socialmente justa, supone un Estado liberado de las fuerzas que lo ocupan y lo distorsionan. Supone un Estado al cual se le ha devuelto su natural condición de órgano de mando y de conducción de toda la Comunidad Nacional.
El Estado es un órgano eminentemente político porque debe conducir a toda la Nación y no puede ser expresión de predominio de una clase sobre otra. Las distintas y múltiples fuerzas que proceden de la comunidad, necesitan indudablemente de un órgano especializado - el Estado -, que sepa interpretar y dirigir el haz de fuerzas que provienen del conjunto nacional, pudiendo así proyectar la intención histórica de la Nación.
No se nos escapa que para poner orden a las desorbitadas fuerzas económicas que hoy ejercen un despotismo inapelable sobre el Pueblo y el País, será necesario, por lo menos, en una primera etapa de la Revolución Nacional, ejercer el poder a través de una dictadura nacional popular, ante los riesgos que supone la conjuración internacional y local de las fuerzas subversivas financieras extranjeras y cipayos.
Tampoco se nos escapa la necesidad de la presencia de un Movimiento único que actúe como celoso custodio del proceso revolucionario hasta que la comunidad nacional se organice sobre las bases de funcionabilidad natural.
El Movimiento Nacional Justicialista nada tendrá que ver con el partido político del sistema liberal que desconoce la realidad estructural de la Nación, y desvincula al hombre de sus naturales actividades y funciones, vocaciones y jerarquías, convirtiéndolo, dentro de una suma de individuos indiferenciados, en un esquema abstracto y vacío.
La Nación es multiplicidad dinámica de grupos y comunidades intermedias. Eliminada la distorsión provocada por el democapitalismo individualista, el Estado tendrá que ser órgano de síntesis de todas las fuerzas internas del Cuerpo Social, representadas ante él del modo orgánico. La Nación no es una suma de individuos o personas. Tampoco la suma de partidos políticos que puedan arrogarse la identificación total de la misma.
3) Fisonomía del Estado Nacional Justicialista
A) 1) Libre de toda tutela o compromiso de intereses que no sean nacionales y al servicio de la comunidad, y de intereses foráneos; de pactos o alianzas que comprometan la libertad, la seguridad y la felicidad política del pueblo argentino y de sus comunidades intermedias.
2) Absoluta independencia de sus decisiones, tanto en el orden interno, como en los problemas y relaciones internacionales.
B) Sus caracteristicas fundamentales
1) Organo de conducción, es decir de mando.
2) Organo soberano, o sea que nada hay sobre él políticamente.
3) Estado de plena autoridad, siempre que desempeñe de modo satisfactorio sus funciones propias y solamente éstas.
4) Estado legítimo en cuanto está al servicio de toda la Nación, sin distingos sobre sus ciudadanos honestos; en cuanto respeta al hombre en todos sus atributos, derechos y trascendencia metafísica; en cuanto provee con auxilio al bien particular de los individuos, los grupos y las comunidades intermedias y al bien común nacional.
C) Estado Fuerte
1) Para llevar a cabo la Revolución Nacional.
2) Para coadyuvar a la liberación de todos los pueblos de Latinoamérica, evitar las intervenciones extrañas, y constituir con el tiempo la gran Nación Latinoamericana a través de la Confederación de todos los pueblos hermanos de este hemisferio, y donde cada uno conservará sus características propias.
D) Estado Activo
1) Para preservar la seguridad social de las personas y de los grupos que componen nuestra totalidad social.
2) Para imponer los intereses superiores de la Comunidad por sobre los intereses de unos pocos que pueden constituir entidades de dominio en el propio seno nacional.
3) Para proteger el derecho natural de la propiedad, de tal modo que el individuo, el grupo social, la comunidad intermedia, y la Comunidad Nacional disponga libremente, dentro de las disponibilidades existentes, de los bienes que necesitan para cumplir con sus respectivas funciones y afirmarse plenamente. Es decir, preservar la propiedad privada como derecho natural, pero en función social y sin que ella constituya un poder dentro del Estado ni sea motivo de explotación sobre los argentinos ni prevalezca sobre los intereses supremos de la comunidad nacional.
4) Para realizar la Justicia Social y con ello concretar la concordancia nacional y la felicidad del Pueblo.
5) Para promover y estimular el enriquecimiento argentino por el trabajo fecundo; el acrecentamiento de la producción y de los bienes materiales como medios para alcanzar los bienes espirituales que hacen a la perfección del hombre.
El poder y la autoridad del Estado Nacional Justicialista emergen de su representatividad profunda de las comunidades reales que componen la Nación, y de las cuales es síntesis, como asimismo, de la voluntad y fuerzas nacionales del pueblo argentino en su anhelo de querer realizar sus destinos, de acuerdo a su estirpe, historia y cultura.
En su conformación general, el Estado Nacional Justicialista, guarda estrictamente la Tercera Posición frente a las superpotencias que bipolarizan el mundo actual, o sea frente al Estado liberal capitalista inocuo y ausente del suceso social fundamental, y el Estado marxista absorbente, tiránico y extrema segregación del sistema Capitalista que aherroja al hombre. El Estado Nacional Justicialista expresa y proyecta la intención histórica de ser argentino en su afán de realizar su destino.
Afirmación del Estado Nacional Justicialista
Conforme a los postulados fundamentales de la Doctrina Nacional Justicialista, sintetizada por el Jefe Supremo del Movimiento, General Juan Perón, en aquellos invariables principios: Una Nación políticamente Soberana, económicamente indepediente y Socialmente justa, el Estado Nacional Justicialista, para lograr la felicidad política del Pueblo Nacional y concretar los grandes destinos de la Patria, debe asegurar:
1) Economía: Una economía en función social, donde los intereses supremos de la Comunidad estén por encima de los intereses de unos pocos privilegiados, y que tienda:
a) A fortalecer los núcleos económicos débiles;
b) A proteger la industria nacional en todos sus escalones - pequeña, media y pesada -, creando sus bases y otorgando los medios necesarios para su gran desarrollo, junto con el acceso a la ciencia y a la técnica;
c) Movilizar racional, pero totalmente, los recursos del país a los efectos de alcanzar, hasta donde sea posible, una autarquía que dibuje una nación económicamente independiente;
d) Nacionalizar los bancos y ejercer el control de la política económico-financiera cuyo poder debe ser canalizado prioritariamente a favor de la satisfacción de las necesidades del pueblo;
e) A desarrollar una política crediticia a largos plazos y bajos ingresos a favor de la industria y el campo argentinos en aquellos sectores carentes de los medios necesarios;
f) A reafirmar el Artículo 40 de la Constitución Nacional de 1949;
g) A nacionalizar todas aquellas empresas extranjeras que no colaboren en la grandeza nacional y en la aplicación de la Justicia Social y que constituyan un poder dentro del Estado;
h) A asegurar la prevalencia en sus áreas específicas de las grandes empresas del Estado Argentino, tales como YPF, YCF, Agua y Energía, Gas del Estado, Reaseguros, Comunicaciones, Transportes, Marina Mercante, Aerolíneas, etcétera.
2) Gremios: Asegurar a las organizaciones gremiales el papel protagónico que les corresponde por constituir grupos sociales fundamentales y vertebrales de la comunidad nacional. Asimismo su paulatina transformación en federaciones de las empresas de una misma rama de la producción, de tal suerte que se conviertan en comunidades intermedias económico - sociales y desempeñen en su campo el papel que les corresponde dentro de la Nación. Esto durante el período de transición necesario para transformar la empresa capitalista actual en una asociación de productores jerarquizados y mancomunados que dispongan de sus medios de producción, su parasitismo de ninguna especie.
3) Dentro del Estado Nacional Justicialista, los trabajadores (productores) siempre recibirán una remuneración que comporte medios aptos para adquirir una suficiencia de vida acorde con las exigencias de la dignidad del hombre, para ellos y sus familias.
4) Población: Una política demográfica destinada:
a) A poblar el gran territorio nacional, proveyendo las medidas necesarias que hagan fácil y llevadera la constitución de grandes familias aún en las más remotas zonas del país;
b) Proveer todos los medios pertinentes para el perfeccionamiento del hombre argentino;
c) Atraer corrientes migratorias afines con nuestra estirpe, las que se tamizarán y orientarán conforme al interés nacional.
d) Hacer que los niños, como lo quiso Eva Perón, sean los únicos privilegiados y objeto de especial protección por el Estado Nacional Justicialista, como el capital más preciado de la Nación.
5) Cultura: Asegurar la enseñanza gratuita en todos los niveles; la formación universitaria con sentido y responsabilidad nacional; las Universidades al servicio de los altos intereses del País; la multiplicación de los centros culturales que hagan a la formación nacional y moral, como asimismo, a la responsabilidad de los argentinos como componentes de un país libre y soberano, líder natural en Latinoamérica.
6) Viviendas: Conforme a las exigencias de la dignidad humana cada familia argentina debe tener su propio techo. A estos efectos, se hace necesaria la existencia de un Ministerio de Vivienda, el que se encargará de la solución del grave problema de la provisión de los créditos necesarios a largo plazo y bajos intereses. No deben existir las llamadas “villas miseria”, testigos ominosos de la inoperancia social del sistema capitalista.
III) Política de Socialización
“Sólo dos filosofías existen actualmente que pueden dar fundamento ideológico a un reordenamiento social: la cristiana y la marxista. La primera nos está impulsando hacia un socialismo nacional; la segunda, hacia una internacional dogmática marxista. El mundo del futuro será socialista; los hombres dirán en cual de sus acepciones. El Justicialismo no es sino un socialismo nacional cristiano; los que se oponen a ello trabajan consciente o inconscientemente por el comunismo.” (Juan Domingo Perón)
1) Situación
Desembarazado el país del colonialismo capitalista internacional, previo análisis de posibilidades, se procederá a modificar la estructura del área de producción, distribución y comercialización. Para ello es necesario dejar sentadas las premisas en las que se fundamenta el cambio que el Justicialismo propugna.
2) Enfoque Preliminar
Cuando la producción era artesanal, la propiedad de los medios de producción era pequeña, familiar y circunscripta a la actividad, recursos, técnica y herramientas del propio productor. Cuando la industria, superando lo artesanal, pasó a gran organización en sentido moderno, la propiedad se agigantó con el esfuerzo mancomunado y técnico de muchos productores, pero no llegó a concretarse en propiedad comunitaria - función social -, pues la burguesía lo apropió y acaparó. Así, de la propiedad individual - familiar se arribó a la propiedad individualista adquirida a través del acaparamiento del capital, no respondiendo éste a las necesidades de los grupos sociales.
El capitalismo que, en ascendente proceso y en virtud del pura poder financiero y del aval de leyes represivas contra los productores (trabajadores), creó un deprimente cuadro sociológico, apoderándose de los medios de producción y monopolizando la técnica a la que pone al servicio de la explotación del hombre, crea de este modo una nueva y lamentable clase social, el proletariado. Los ciclos de la distribución y comercialización siguieron este camino. Hoy, la sociedad capitalista se hunde para dar paso a su consecuencia: el marxismo, como última segregación del sistema, o a la Revolución Socialista Nacional que acertadamente apunta nuestro Caudillo, el General Perón, y cuya versión aquí y en América Latina es el Justicialismo.
3) La empresa Industrial
En la empresa industrial, que es la resultante del esfuerzo solidario y jerarquizado de todos los trabajadores que la realizan con su aporte físico e intelectual - obreros y técnicos -, las estructuras basadas en la propiedad individualista no tienen sentido. El Estado Nacional Justicialista, a través de sus órganos competentes, estudiará y analizará la cuestión, procurando rescatar los medios de producción para restituirlos a los trabajadores a través de los correspondientes grupos de producción. De esta manera, la propiedad dejará de ser un motivo de conflicto social y una fuente de poder patológico.
4) La empresa Agraria
La tierra no es un bien de uso y consumo, sino un instrumento de producción social. Por lo tanto, legítimamente no puede ser propiedad individualista. A ello se opone el principio justicialista: “La tierra debe ser de quienes la trabajan”. No se trata de dividir los latifundios ni las estancias en minifundios, sino de reconocer las unidades económicas agropecuarias, existentes o a crear, como entes jurídicos, dueños de sus instrumentos de producción y, en primer lugar, de la tierra. Así los trabajadores del campo, cualquiera sea su jerarquía, dispondrán, en forma mancomunada, de los bienes que les son imprescindibles para producir libremente, dentro de las exigencias de la planificación nacional, y disponer del fruto de su esfuerzo.
IV) La Nueva Constitución Nacional Justicialista
La Nueva Constitución Nacional Justicialista garantizará una auténtica representación popular a través de todas las comunidades intermedias y Cuerpos constituidos de la Nación real. Por encima de esta verdadera representación y presencia del Pueblo nacional en todas las actividades y energía de la comunidad entera, estará el Jefe del Estado encarnando la intención directriz de la Nación. Esto supone la supresión del Capitalismo y del sistema partidocrático que constituyen los instrumentos del engaño demoliberal. Pues ni la comunidad está hecha orgánicamente de partidos políticos, ni de una parte de la Nación que está en pugna con las demás, puede expresar válidamente la intención histórica, unitaria y compleja a la vez. Sólo el Estado soberano, liberado de la ocupación clasista y partidaria, podrá conducir a la comunidad con vistas a su cada vez mayor afirmación.
El único Movimiento que podrá transformar en este sentido a nuestra Patria es el Movimiento Nacional Justicialista. Pues sólo él tiene la vocación nacional, la representatividad popular y las aptitudes revolucionarias para el cambio.
Efectivamente, el Movimiento Nacional Justicialista es la expresión de aquellas corrientes político-históricas que nacen con la nacionalidad misma y se mantiene filiado por los lazos culturales, espirituales y hasta raciales con la Argentina de ayer, de hoy y de siempre. Es, por lo tanto, la expresión más fiel de la Argentina histórica, con sus sombras, pero también con su hermosa carga de grandezas que imponen una misión histórica que cumplir.
Y es por esta razón, por su autenticidad y conciencia histórica, que el Movimiento Nacional Justicialista tiene aptitud revolucionaria para transformar las estructuras socio económicas y culturales, sin acudir a remedios o esquemas estereotipados. Es decir, que lo nacional y social concluyen naturalmente en el Movimiento Nacional Justicialista.
Cuando esta poderosa síntesis llegue a su madurez y se ponga en marcha, el triunfo será inevitable y estaremos por encima del Capitalismo y del Comunismo. El Estado Nacional Justicialista levantando los guiones revolucionarios creados por nuestro Caudillo, el General Perón, dejará atrás un pasado de miserias y oprobios.
El Hombre
“En medio de un mundo cuyas doctrinas opuestas sumergen al hombre en la chata horizontalidad del materialismo, que es para ellos un fin y un objetivo supremo, nuestra doctrina levanta para el hombre la verticalidad de sus objetivos espirituales, y el hombre adquiere - por nosotros y entre nosotros - la estatura que Dios le ha asignado en el concierto universal, y puede sentir de nuevo el optimismo de su eternidad. Nuestra finalidad es el hombre, pero no el hombre aislado, puesto al término de nuestros afanes, sino el hombre que vive plenamente en la comunidad.” (Juan Domingo Perón)
El hombre es una unidad sustancial de alma y cuerpo. Entre las criaturas visibles, es la única que posee la independencia y la dignidad propia de la persona. Es un verdadero microcosmos, como decían los antiguos, un pequeño mundo que excede en valor a todo el mundo inanimado. Y siendo la persona humana lo más perfecto de toda la naturaleza, el destino del hombre no puede ser, por consiguiente, sólo del tiempo, sino de la eternidad, constituyendo, por lo tanto, una unidad trascendente. Pues su dimensión metafísica así lo indica y lo exige. Creado a imagen y semejanza de Dios, es debido a Dios. Pero esta unidad trascendente es por naturaleza un ser social: Nace de una familia (hombre y mujer) primer grupo social básico que constituyen sus padres y de los meros cuidados imprescindibles, sin los cuales no podrían subsistir. Se desarrolla en el seno de una comunidad más amplia que se fue constituyendo a lo largo de los siglos y, por lo tanto, le proporciona el bagage y la impronta de una civilización y de una cultura histórica. Se desenvuelve en algunas comunidades intermedias productivas, culturales, profesionales, etctéra.
Por lo tanto, el hombre está orientado y ligado a la sociedad por una exigencia esencial para vivir y poder alcanzar plenitud de realización humana y, por eso, al depender de la sociedad que le da vida y medios de aprovecharla totalmente, tiene la obligación de aportar a la comunidad todo lo que es capaz de darle y eventualmente de sacrificarse por ella. En ella debe encontrar la posibilidad de ejercer sus vocaciones, habilidades y destrezas; de desempeñar las funciones que su capacidad y virtud le asignan desde las más encumbradas, como las de mando y conducción, hasta las más elementales y subordinadas para afirmarse en grado máximo, pero nunca aceptando posivamente la existencia.
La comunidad no es un rebaño. Para progresar en la medida de lo posible, necesita que todos los miembros, cada uno en el lugar que capacidad y función le destine, luchen constantemente. No se transforma la naturaleza con gozadores, no se vencen los obstáculos con cobardes. El heroísmo es la primera virtud del hombre. Vivir peligrosamente es vivir como ser humano; vivir tranquilamente, sin dinamismo ni acción, es meramente subsistir. Los hombres y las comunidades heroicas hacen fuertes a sus pueblos. Y sólo los pueblos fuertes hacen la historia, son libres y soberanos.
La filosofía del individualismo y el iluminismo asentada en la estructura política del liberalismo, concibió al hombre desvinculado del espíritu nacional y del espacio histórico. El hombre abstracto reemplazó al hombre concreto de carne y hueso. Por eso, el hombre argentino, además de los valores trascendentes del espíritu, debe estar indisolublemente comprometido con el destino nacional. Es ésta la tónica del Movimiento Nacional Justicialista.
La Comunidad
“La senda hegeliana condujo a ciertos grupos al desvarío de subordinar tan por entero la individualidad a la organización ideal que, auténticamente, el concepto de comunidad quedaba reducido a una palabra vacía: La omnipotencia del Estado sobre una infinita suma de ceros. La manera de entender al hombre o divisarle mejor en el marco de esa comunidad que lo realiza, será en su propia jerarquía, atento a sus fines propios y conciente de su participación en lo general.” (Juan Domingo Perón)
El ser humano es una substancia completa y distinta de las demás substancias de la misma especie. Se trata de una substancia que tiene conciencia de ser, de darse cuenta de sus actos y de sus estados, de apropiárselos como suyos; que puede decir “soy yo”. Pero hemos visto que por sí solo el hombre es incompleto, precario y deficiente. Por eso precisa suplir sus indigencias mediante su inserción en la sociedad, en la comunidad. Así la naturaleza del hombre se proyecta por medio de su vida activa, cuyo fin es su actitud vital en permanente afirmación que se corresponda con la mayor perfección posible a la idea del hombre. Dentro de la Comunidad lo podrá lograr. Fuera de ella le será imposible.
La vida social que implica vivir en comunidad con sus semejantes, es una necesidad que no proviene de un simple deseo, sino que radica y lo exige la propia naturaleza humana que opera como causa eficiente de la sociedad, es decir, que su naturaleza lo impulsa a la convivencia social. Esto hace evidente que la sociedad, la comunidad es una forma intencional de vida para la persona.
Comunidad la utilizamos aquí, no en un sentido general, impreciso, como un indefinido modo de vivir, sino por el contrario en el sentido de formas sociales que tiene connotaciones definidas y concretas.
El hombre es miembro de una familia, de un taller, de una parroquia, de un club, etctéra, fuera de los cuales no podría procrear, producir, ni rezar o divertirse. Estas comunidades concretas responden a distintas necesidades y exigencias de la vida humana. Las familias agrupadas en cierto territorio constituyen un grupo geosocial, el municipio, que es la prolongación política o comunidad política de una familia. El municipio es la reunión de muchas familias. Varios municipios constituyen las provincias, la agrupación de provincias hacen la Nación o sea la Comunidad Nacional, de la que el Estado, como sociedad política más perfecta, es su órgano de síntesis, conciencia y mando para procurar el bien común o la felicidad política del pueblo.
Teniendo el hombre que vivir, necesita producir, de ahí que también pertenezca a una estructura de producción: Talles o empresa, fábrica, etctéra.
Nosotros presentamos la Comunidad nacional como una pirámide compuesta por una empresa, ésta unida a otras empresas constituyendo una federación de entidades afines y de una misma actividad y naturaleza cada cual desempeñando su papel particular y responsable en el seno de todo el organismo social: una empresa, una federación de empresas, según sus ramas o actividades, una federación de federaciones hasta llegar a la federación nacional, es decir, a la comunidad organizada. Estos grupos intermedios que no son conglomerados automáticos o yuxtapuestos, sino dinámicos, orgánicos y vitales con fines propios cuya conjunción general tiende a realizar el bien común.
De ahí que los gobernantes que conduzcan la comunidad nacional han de aplicar no sólo el arte de gobernar sino también la Ciencia Política como ciencia arquitectónica que conjunta todos los fines particulares hacia el fin último, o sea el bien común de la Nación, para nosotros los justicialistas, sintetizado en la soberanía política, en la independencia económica y en la justicia social, base fundamental del socialismo nacional que pone todos los bienes y todas las cosa en función social, esto es, para el disfrute de todos y no de unos pocos privilegiados, o en manos del Estado para el goce de la tecnoburocracia, como ocurre con el liberalismo y el marxismo respectivamente.
El Estado Nacional Justicialista, como órgano de mando y conducción de la comunidad nacional total, armonizará y sintetizará los dos con frecuencia antagónicos intereses de las comunidades intermedias que componen la nación entera, bajo el signo constante de la afirmación nacional.
Pero esta imagen de comunidad organizada no podríamos lograrla, ni la Nación tampoco dar lo mejor de sí para felicidad del pueblo, si los gobiernos sólo representan fracciones y conducen para provecho propio y de intereses foráneos, soslayando el interés supremo de la totalidad social nacional, como asimismo abstrayéndose de la justicia social como principio formal de toda acción gubernativa.
No hay Comunidad Nacional sin soberanía política, independencia económica, ni Justicia Social.