DESERTIFICACIÓN EN LA ARGENTINA La República Argentina suscribió en 1994 – y ratificó en 1996 - la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), atendiendo así al grave proceso de desertificación que sufre el país. En el marco de lo estipulado por la Convención, la Argentina lleva a cabo numerosos programas nacionales y regionales a fin de lidiar con esta problemática. A saber; el Programa de Acción Nacional (PAN) de Lucha contra la Desertificación, el Proyecto de Prevención y Control de la Desertificación en Patagonia, entre otros. Participa activamente del Programa de Acción Subregional de Desarrollo Sostenible de la Puna Americana que involucra a: Argentina, Bolivia, Chile, Perú y Ecuador. A la vez que esta a cargo de la coordinación del Programa de Acción Subregional de Desarrollo Sostenible del Gran Chaco Americano (PAS). En este programa participan Paraguay y Bolivia e involucra prácticamente a todas las provincias del Norte Argentino. Ante la necesidad de revertir la pobreza, preservar el ecosistema y detener la grave degradación de los recursos naturales, las Repúblicas de Argentina, Bolivia y Paraguay consideran al Gran Chaco Americano como una unidad para la promoción del Desarrollo Sostenible y manifiestan la necesidad de trabajar en forma conjunta en el marco de la Convención Internacional de Lucha contra la Desertificación, de Conservación de la Biodiversidad y Cambio Climático. AMÉRICA LATINA En las tierras secas de América del Sur, según datos de PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente -1991), el problema de la desertificación alcanza cifras alarmantes: del total de 420,67 millones de ha de las tierras utilizadas para fines agrícolas, 305,81 m. ha están degradadas, lo que representa un porcentaje del 72,7%. Entre éstas, las tierras cubiertas por pastizales, dedicadas a la producción animal (390,90 m. ha) son las que tienen mayor superficie afectada: 297,75 m. ha., o sea un 76% del total. Le siguen las tierras de cultivo de secano (21,35 m. ha) de las cuales 6,64 m. ha están degradadas (31%). Finalmente, de las 8,42 m. de ha de las tierras de regadío, 1,42 m. de ha están degradadas (17%). Es evidente que revertir esta situación será no solamente muy difícil sino sobre todo muy costoso. Las principales medidas preventivas, correctivas o de rehabilitación tienen un alto costo por ha. Siempre de acuerdo con los datos aportados por los expertos del PNUMA -que aunque de 1991, no han perdido vigencia- se puede calcular los costos indicativos de las medidas de lucha contra la desertificación en las tierras agrícolas (regadío, cultivos de secano, y pastizales dedicados a la ganadería) de las zonas secas de América del Sur (PNUMA; 1991, p.91-94). Costo medio estimado de las medidas directas de lucha contra la desertificación en tierras secas de América del Sur (Fuente: UNEP 1990). Ante estas cifras ¿Cómo puede esperarse que las naciones más pobres de América Latina, agobiadas por el endeudamiento y la crisis se sustenten sin inversiones similares? ¿Cómo pueden responder a las crecientes presiones de la declinación socioeconómica, la pobreza y la migración y al mismo tiempo mantener la estabilidad? Estas fueron las preguntas que se formularon los países latinoamericanos que participan en la UN CCD, organizados en el GRULAC (Grupo de Países de América Latina y El Caribe). La única respuesta posible es dedicar más atención a las necesidades de los habitantes de las tierras secas, para asegurar que reciban el apoyo necesario para mantener medios de vida sostenibles en sus tierras, invirtiendo no sólo en la tierra sino en la gente. La única manera es revertir el círculo vicioso de pobreza y degradación, con una decidida acción política desde cada uno de los países afectados y por otra parte, lograr el trabajo conjunto de grupos de países enfocados a ejecutar acciones en común. LA DESERTIFICACIÓN EN LA ARGENTINA La dramática disminución de las formaciones boscosas de la Argentina ha acompañado a la desertificación En los últimos 75 años ha disminuido el 66 % de la superficie forestal natural (mayoritariamente en las zonas secas), por la sobreexplotación para la producción de madera, leña o carbón, el sobrepastoreo y la expansión de la frontera agropecuaria. De 106 m. de ha de bosque nativo que existían en 1914, en 1996 quedan solamente 36 m. de ha, lo que significa sólo el 33% del potencial original. Se calcula una tasa de deforestación del bosque nativo de alrededor de 850.000 ha/año. De continuar a este ritmo, perderemos este valioso recurso en el año 2036. En cuanto a la biodiversidad, el 40 % de las especies vegetales y animales de las regiones marginales se encuentra en peligro de desaparición.También las actividades mineras e industriales producen desertificación, especialmente la exploración y explotación petroleras. En realidad, la erosión que más preocupa no es la del suelo, sino la “erosión humana” que producen los procesos de desertificación. Los pobladores de las zonas áridas enfrentan problemas muy serios lo que unido al bajo valor de la producción primaria y a las dificultades de comercialización, generan pobreza y migración. Muchos de los estados provinciales presentan ingresos per capita promedio inferiores a la media nacional, y los porcentajes de hogares con necesidades básicas insatisfechas duplican la media nacional. Problemas graves como el ausentismo, bajo valor de la producción primaria, dificultades en la comercialización y escasas alternativas productivas, presionan sobre los procesos de desertificación, originando problemas de marginalidad y exclusión en la periferia de las grandes ciudades, lo que provoca que el 83 % de la población argentina sea urbana. Sorprende verificar que uno de los mayores problemas de desertificación de Argentina es el generado por el crecimiento desordenado y anárquico de las zonas urbanas sobre tierras frágiles. La desertificación de áreas periurbanas tiene su origen en la presión social de grupos marginados y migrantes de las áreas rurales. El proceso de deterioro es agravado por el el hecho que los productores tradicionales y minifundistas carecen de una política de protección ó promoción por lo que en las condiciones actuales sobreexplotan los recursos como estrategia de supervivencia. Las zonas del deterioro en la Republica Argentina Conforme al Diagnóstico de la Desertificación del Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación - PAN-, la República Argentina ocupa más del 80% de su territorio con actividades agrícolas, ganaderas y forestales, generando un impacto importante en la base de sus recursos naturales, que se expresa en la actualidad con más de 60.000.000 de hectáreas sujetas a procesos erosivos de moderados a graves. Cada año se agregan 650.000 ha, con distintos grados de erosión. Estos hábitats frágiles afectados por la ganadería, prácticas agrícolas inapropiadas, el manejo inadecuado de los recursos naturales, la pérdida de la biodiversidad de los bosques y del suelo, la caída de la productividad con el consiguiente empobrecimiento de la condiciones de vida llevaron al deterioro y la desertificación. Se suma a esto, la degradación a través de los procesos erosivos (erosión hídrica y eólica) . Esta situación es particularmente aguda y crítica en las zonas áridas y semiáridas, donde la pérdida de productividad se traduce en el consiguiente deterioro de las condiciones de vida y expulsión de población. La población urbana y rural establecida en esta región árida/semiárida es aproximadamente el 30 % del total nacional (9.000.000 de habitantes). La gran variedad de condiciones climáticas, procesos geomorfológicos y de recursos de suelo y forestales, determinan una gran diversidad ecológica en las regiones y subregiones sujetas a déficit hídrico. Según el PAN se presenta el siguiente escenario: En la región Pampeana Semiárida (20.000.000 de ha), con suelos arenosos de pendientes suaves, se generalizó la agricultura con prácticas incorrectas y el sobrepastoreo en las áreas mas secas. Las sequías periódicas desataron procesos de erosión eólica (más de 8.000.000 de ha) dando origen a médanos y exponiendo los suelos a la erosión hídrica (4.000.000 de ha). En la Patagonia (80.000.000 de ha), estepa con relieve de mesetas, la causante principal de la desertificación está dada por el sobrepastoreo ovino. Los sistemas ganaderos extensivos establecidos hace más de un siglo no contemplaron el uso sustentable del pastizal natural, acentuando sus condiciones de aridez por disminución o eliminación de la cubierta vegetal. Coexisten en el ambiente patagónico los valles irrigados con severos procesos de salinización y revenimiento de acuíferos. Actualmente más del 30 % de la superficie de la región se encuentra afectada por procesos erosivos eólicos e hídricos severos o graves. El Chaco semiárido (32.000.000 de ha) gran planicie ubicada en el centro norte del país, presenta un ecosistema con vocación forestal sujeto a desmonte masivo asociado a la expansión de la agricultura, que expone los suelos a las precipitaciones y temperaturas extremas, generando pérdidas en la fertilidad y eficiencia hídrica, y consecuentes procesos erosivos. Esta situación se agrava hacia el suroeste, donde la región del Chaco árido presenta las condiciones más extremas de aridez y fuertemente sujeto al sobrepastoreo. La Puna (8.000.000 de ha), altiplanicie despoblada, ubicada en el Noroeste a más de 3.000 metros de altura, junto a la desierta región Altoandina (8.000.000 de ha) está sujeta a procesos de erosión hídrica y eólica, fundamentalmente por sobrepastoreo. Los Valles Aridos del Noroeste y las Sierras Secas Centrales (15.000.000 de ha), áreas montañosas con sistemas agrícolas bajo riego y ganadería extensiva en los faldeos montañosos, presentan problemas de erosión en las cuencas hidrográficas por sobrepastoreo, deforestación e incendios. En el área de Cuyo (20.000.000 de ha) coexisten importantes áreas bajo riego, con problemas de salinización y revenimiento freático (oasis de cultivo), con extensas llanuras fluvioeólicas "de las travesías", sujetas a sobrepastoreo y deforestación. Las regiones áridas del país disponen sólo del 12 % de los recursos hídricos superficiales del país (2.600 m3/seg), los que junto a la dotación de aguas subterráneas, permiten el riego en mas de 1.250.000 hectáreas en los llamados oasis de riego. Pero deficiencias en la infraestructura de riego, la inadecuada sistematización del terreno, el mal manejo del agua y déficits en la asistencia técnica al productor, llevaron que cerca del 40 % de la superficie presenta problemas de salinización y/o revenimiento freático. Las deficiencias en la tenencia de la tierra es un factor que contribuye a agravar los procesos de deterioro. Tanto el latifundio como el minifundio, la ocupación de tierras fiscales, y los problemas de títulos llevan a una creciente degradación del suelo, del agua y la vegetación, disminuyendo y anulando su productividad, sumiendo a los pobladores en la pobreza u obligándolos a la migración. Socioeconomía de la desertificación La información sobre las consecuencias sociales y económicas de los procesos de desertificación tiene la misma importancia que las implicancias ecológicas. Sirve como base informativa para proyectos en materia de capacitación, el desarrollo de marcos legales y económicos, así como para la sensibilización sobre el medio ambiente, y fundamentalmente para el diseño de políticas nacionales y regionales de lucha contra la desertificación La desertificación provoca importantes impactos en la sociedad y su economía, tanto a nivel global, nacional ó local. El deterioro de los recursos en las tierras secas ó la propia incapacidad para incrementar la productividad del sistema agrícola, generan permanentes flujos migratorios hacia los centros urbanos. Estas migraciones desestructuran las familias rurales, generan una importante pérdida cultural, y por sobre todo incrementan la pobreza extrema en los centros urbanos. Son relativamente abundantes las citas sobre el impacto económico que genera la desertificación, donde los indicadores monetarios de la pérdida de productividad del recurso o los costos asociados a su posible rehabilitación, inducen a la generalización y desconocimiento real de la magnitud económica del proceso. Los cálculos desarrollados como media de varios sitios (Dregne, 1995), en los que la asignación de pérdidas económicas en el orden de 7, 38 y 250 dólares por hectárea y año, por el deterioro de pastizales, tierras agrícolas de secano y de riego, respectivamente, no son adecuados para extrapolar a otras regiones y/o actividades. La gran variabilidad física biológica de las tierras secas, junto a muy diversas estrategias manejo y producción por parte de productores y utilizadores de recursos, imponen restricciones a cualquier análisis económico global de la desertificación. La cuantificación de este deterioro ambiental y la adecuada valorización económica de su impacto, junto al análisis de los factores socioeconómicos como causa y consecuencia de la degradación, son elementos claves en la política ambiental rural en la región. El análisis económico del uso de las tierras secas (Dixon et al, 1989) es una herramienta clave para: • el diseño e implementación de políticas de inversión (pública y privada), • la toma de decisiones para el desarrollo rural, • la valorización de los bienes y servicios ambientales para la sociedad. El análisis económico del uso y manejo de recursos y ambiente de las tierras secas, en una herramienta básica para el diseño e implementación de políticas de inversión tanto públicas como privadas. Con este cometido un consorcio de universidades y de centros de investigación en zonas áridas de Argentina, liderado por la Facultad de Agronomía de la UBA, y con el apoyo técnico financiero de la cooperación alemana GTZ, desarrolla el proyecto "Economía y Desarrollo Sustentable de la Tierras Secas en Argentina” para el ajuste de métodos de valoración económica productiva y ambiental para las tierras secas y su aplicación en la toma de decisiones. Por otra parte las sociedades de la región deben evaluar y decidir permanentemente sobre la asignación de recursos escasos en las inversiones para el desarrollo y con escenarios competitivos entre áreas con mayor y menor vocación productora de alimentos, tanto para el abastecimiento local ó de bienes para la exportación. En este panorama las tierras secas parecen no ser muy favorecidas. Sin embargo existen muchas oportunidades para inversiones en estas áreas, que en el marco de proyectos para el desarrollo sustentable de pequeños productores y campesinos, demuestran que el nivel de eficiencia del capital invertido en este tipo de proyecto productivo-ambiental puede alcanzar valores positivos. Como parte de esta actividad y en vinculación con otros proyectos en el marco del Programa de Acción Nacional de la Argentina, se han registrado impactos económicos significativos en la incorporación de tecnología para el uso sustentable de los recursos, a nivel de pequeños y medianos productores. Tasas internas de retorno del capital invertido entre el 37 y 59% para proyectos de manejo silvo-pastoril en la región del Chaco, entre el 27 y 64% para mejoras en el manejo de cría bovina en zonas de sierras y montañas, se presentan como oportunidades para vincular el desarrollo con el control de la desertificación.
La desertificacion en argentina
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