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Los 20 ases del mal

Info1/4/2010
Los 20 ases del mal (Primera Parte)

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No importa la nacionalidad ni el momento histórico, la maldad ha encontrado siempre quien la represente. Políticos, militares, reyes, delincuentes, aristócratas o simples psicópatas. Éste es un muestrario de veinte personajes que han bordado su papel de canallas.



1. Nerón (37-68)





Nerón vivió en el siglo I y fue emperador de Roma durante 14 años. Más que la política le interesaba el arte (se creía un genio), las fiestas en su honor y el circo. Asesinó a su madre, a su mujer y a todos los que le llevaban la contraria.

La vida de este hombre fue breve pero intensa. En los 31 años que estuvo en este mundo tuvo tiempo de cometer todo tipo de fechorías y de hacer tambalearse su propio imperio. Tal vez no fue el más perverso de los emperadores romanos pero en Nerón parecieron confluir todas las compulsiones y taras de sus familiares (Tiberio, Calígula y otros).

Accedió al trono a los 17 años luego de la muerte de Claudio, quien lo había adoptado a los 13. Sus primeros cinco años de mandato fueron moderados y era su madre quien llevaba los asuntos importantes.

Su carrera de crueldad se inició con la muerte por envenenamiento de Británico, su rival, presenciando personalmente su agonía. De este ensañamiento no se libraron tampoco sus seres más próximos. En el 59 ordenó matar a su madre por criticar a su amante. Después eliminó a su primera esposa de quien se había divorciado y a su antiguo hombre de confianza.

La única iniciativa importante de Nerón fue la campaña de Armenia. Pero logró establecer una avanzada defensiva contra los partos a costa de una guerra costosa e inútil. Este desgobierno provocó que estallaran levantamientos los que fueron contenidos con su política de pan y circo. Lo suyo eran los festejos, los certámenes poéticos donde todo el mundo estaba obligado a aplaudirle, las batallas de gladiadores, las ejecuciones públicas y la distribución gratuita de cereales entre el pueblo romano.

El descontento de los notables para con esta política derivó en una conspiración contra el emperador. Sin embargo esta trama fracasó y fueron eliminados 18 de los 41 involucrados.

El hecho más conocido del reinado de Nerón fue el incendio de Roma del año 64. Según la leyenda negra y algunos historiadores fue el propio emperador el que lo provocó. Esto actualmente está puesto en duda.





El fuego se desató en los alrededores de Circo Máximo mientras Nerón disfrutaba de su retiro veraniego. Al conocer la noticia recorrió a caballo los 40 km que lo separaban de la capital y contempló el incendio desde lo alto del Quirinal (según la leyenda tocaba la lira mientras la ciudad ardía).
Lo cierto es el incendio duró cinco días y destruyó dos tercios de la ciudad. Nerón se lo atribuyó a los cristianos, lo que sirvió de excusa para perseguirlos.

Finalmente los desmanes de su reinado pusieron a todo el imperio en su contra. El Senado lo declaró enemigo público y las legiones se rebelaron contra él. Obligándolo a huir. Nerón se suicido clavándose un puñal en la garganta con la ayuda de su esclavo. La leyenda dice que antes de expirar exclamó: ¡Qué gran artista muere conmigo!


2. Atila (Hacia 406 – 453). El azote de Dios



Dice la leyenda que nunca volvía a crecer la hierba donde pisaba el caballo de Atila, un terrible caudillo que solo respetaba la vida del que se unía a su ejercito.





No se sabe con certeza la fecha exacta en que se convirtió en rey de los hunos, pero si sabemos que lo fue durante un periodo de 20 años. Su poder se extendía a un territorio que iba desde Europa Central hasta el Mar Negro. El terror que extendió por Europa fue de tal magnitud que se lo llamó “El Azote de Dios”.




Atila era un hombre pequeño y robusto, con una gran cabeza, ojos diminutos y grises, barba rala, nariz ancha y piel cetrina, de gustos sencillos y humilde. Se trataba de un hombre de gran cultura para la época ya que hablaba el griego y el latín con fluidez.

Antes de ser rey los romanos ya pagaban un tributo anual de 115 kilos de oro. Atila, que sucedió en el trono a su tío, compartió el poder en un principio con su hermano. Tras acusar al Imperio de no respetar los tratados que garantizaban la paz entre hunos y romanos, los nómadas cruzaron el Danubio y arrasaron las ciudades vecinas. Poco después lo hicieron con toda el área comprendida entre el Mar Negro y el Mediterráneo. La devastación solo respetaba a los pueblos conquistados que eran obligados a servir a su ejército.

El mismo Emperador de Constantinopla, Teodosio II, fue superado por los hunos que, sin embargo, no pudieron tomar la ciudad porque sus fuerzas, compuestas en gran parte por caballería ligera armada con arcos, carecían de conocimientos para fabricar las armas de asedio necesarias para sitiar la gran metrópoli. Aun así el emperador tuvo que ceder una parte del territorio y pagar con 2000 kilos de oro.

Hacia 445 muere su hermano, posiblemente asesinado por Atila. Y así fue como se aseguró el poder absoluto.



Se recuerda la invasión a Galia en 451 en la que fue derrotado en la batalla de los Campos Cataláunicos, en la que ha sido descrita como uno de los más terribles enfrentamientos de la antigüedad. Al año siguiente se dirigió a la península Itálica, que fue saqueada a conciencia e incluso hizo huir al Emperador de la capital, en lo que parecía un imparable avance hacia Roma. Finalmente detuvo su horda en el río Po, donde se entrevistó con el Papa León I. Fue su mediación la que motivó la retirada de Atila, impresionado, según se cuenta, por la gran personalidad del religioso.




Atila murió a consecuencia de una fuerte hemorragia nasal y un fuerte consuno de alcohol, ingerido durante los festejos de celebración de su reciente boda. Cuando descubrieron su cuerpo, sus guerreros le rindieron homenaje hiriéndose con sus espadas, ya que, “el más grande de todos los guerreros no podía ser llorado con lágrimas ni lamentos, sino con sangre de hombres.”

Lo enterraron en un triple sarcófago hecho de oro, plata y hierro junto con el botín de sus conquistas en un lugar aún desconocido, ya que los que participaron del funeral fueron ejecutados para mantener en secreto la localización del enterramiento.


3. Gilles de Rais (1404-1440). El caballero psicópata



Gilles de Rais vivió en Francia en el siglo XV. Miembro de una familia rica y noble, pudo ser el perfecto caballero andante, pero llevado por sus instintos violentos y perversos, se dedicó a secuestrar y matar niños.



Con apenas 20 años, Gilles de Laval, barón de Rais, era ya un joven de atractiva elegancia y sorprendente belleza. Había recibido una esmerada formación intelectual y militar que lo llevó a tomar lugar al lado de Juana de Arco como primer teniente a favor de su amigo el rey Carlos VII. Sirvió con tal distinción en las distintas batallas de la época, que fue recompensado con el título de Mariscal de Francia. La suerte le seguía sonriendo desde su venida al mundo en 1404.

Por aquel entonces su vida transcurría con total normalidad, incluso acababa de ser padre de una niña y era uno de los nobles más ricos de Europa. No obstante su conducta cambiaría tras la captura de su protegida Juana de Arco. El joven Mariscal trató de salvarla con una obstinación casi obsesiva, pero de poco le iba a servir, pues Juana acabaría siendo quemada en la hoguera.
Tras el duro shock de haber perdido a la mujer que idolatraba en secreto, Gilles se separó de su esposa y se encerró en su castillo de Tiffauges, negándose a tener contactos sexuales con ninguna mujer.
Entonces comenzó una insólita carrera de crímenes y sacrilegios contra la Iglesia, pues trataba de desafiar a Dios por haber permitido que Juana fuese torturada y quemada.



Durante ese encierro se dedicó a patrocinar espectáculos teatrales y a organizar costosas fiestas que hicieron mermar su fortuna. Para recomponerla contrató alquimistas para que encuentren la piedra filosofal – que convertiría metales en oro – en un laboratorio instalado en su mansión. Al mismo tiempo dio rienda suelta a sus tendencias pederastas con el secuestro de niños y adolescentes de los alrededores. Una vez atrapados, los torturaba, violaba y mataba, incluso decapitándolos.



Entre 1431 y 1440 desaparecieron cerca de 1000 niños en la zona de Rais. Esto despertó las sospechas generales, aunque nadie se atrevía a acusar al barón directamente.
Finalmente el 13 de septiembre de 1440 Gilles fue detenido después de haberse descubierto 50 cuerpos torturados en su propiedad. Tras ser acusado de prácticas diabólicas y de haber asesinado a 140 chicos, fue ahorcado y quemado en la hoguera.



Antes de morir pidió perdón a las familias afectadas, aunque sus palabras denotan la absoluta indiferencia del psicópata ante las consecuencias de sus actos: “empecé a matar porque estaba aburrido y continué haciéndolo porque me gustaba desahogar mis energías”.


4. Vlad Tepes (1428-1476). El empalador de los Cárpatos



Conocido por su crueldad y sangre fría, Vlad el Empalador fue un noble centro europeo que destacó por su lucha contra los otomanos y por exterminar a la quinta parte de la población.




Vlad III, señor feudal de los Cárpatos y príncipe de Valaquia, un territorio de la actual Rumania, fue más conocido como Vlad Draculea o Vlad Teples, que significa empalador.
Este noble centroeuropeo aterrorizó tanto a sus enemigos como a sus súbditos por sus asesinatos en masa. Gozaba contemplando las torturas, los descuartizamientos y empalamientos que llevaban a una muerte lenta y agónica a los desafortunados que caían en desgracia ante él.




Nació en Sighisoara (Rumania). Era el primogenito del príncipe Vlad, apodado Dracul (diablo) por su crueldad y sangre fría. Esto fue heredado por Vlad y por eso fue llamado Draculea, que significa hijo de Dracul o hijo del diablo.
Por aquellos tiempos el territorio rumano se veía asediado por los otomanos y los húngaros. Vlad pasó su infancia entre los turcos, por entonces aliados de su progenitor, quien lo entregó al sultán para que se criara lejos de las intrigas de la corte.
Tras el asesinato de su padre, gracias al apoyo otomano Vlad logró subir al trono de Valaquia. Una vez allí decidió cambiar de bando, aliarse a los húngaros y junto a ellos enfrentarse abiertamente a los turcos.





Previamente se ocupó de eliminar a sus enemigos del interior. Organizó una gran fiesta para los nobles, que llegaron como invitados y acabaron formando parte del banquete. A la mitad del mismo irrumpieron los soldados de Vlad, ataron a los convidados, los pusieron boca abajo y los empalaron con estacas que introducian lentamente por el ano. Algunos tardaron tres días en morir.
Para erradicar la pobreza reunió a cuantos mendigos y leprosos transitaran por las calles, les ofreció un banquete y luego prendió fuego el recinto. Eliminó a 3600 personas.





Vlad Draculea dejó este mundo durante una batalla contra los turcos en Bucarest por el año 1476, no se sabe a ciencia cierta quién le dio muerte, algunos especulan que fueron los boyardos valacos y otros que sus propios soldados lo confundieron con el enemigo. De lo que sí se tienen registros es que el cuerpo de Drácula fue decapitado por los turcos y su cabeza fue trasladada a Constantinopla, donde el sultán la “empaló” como muestra de que el demonio había muerto. Sus restos descansan en Snagov una isla monasterio cerca de Bucarest.
Muchos consideran que Vlad era el demonio hecho carne, que mataba a sangre fría por puro placer y sadismo. Pero están quienes justifican sus tortuosas acciones y lo ven como un héroe nacional basándose en que Vlad III hacía lo necesario para contener las fuerzas que se disputaban Europa y Asia. Para ellos Draculea fue un hombre que actuó acorde a lo sangriento de la época, quien no dudó en hacer lo necesario para frenar a los ejércitos invasores y mantener el orden en sus dominios.






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