Demasiada Información (o como aprendimos a dejar de preocuparnos y amar a Internet)
Y en Stanford un estudiante llamado Larry Page (obsesionado con la teoría de los 6° de separación) se preguntaba qué tipo de grafo representaría a Internet...
En los últimos 17 años nos ha tocado interpretar la realidad desde una perspectiva significativamente influenciada por la informática y, gracias a ello, hemos tenido la suerte de experimentar bien de cerca, los vertiginosos sucesos más relevantes de los últimos dos siglos.
El crecimiento precipitado de la tecnología, a partir de la creación del circuito integrado, y la consecuente evolución de la tecnología de la información han sido los grandes protagonistas en cuanto a superación de expectativas se refiere.
Desde 1965 (cuando el posterior fundador de Intel la proclamó) la Informática ha cumplido la ley de Moore sin excepción. La predicción de Moore había sido duplicar cada 18 meses la cantidad de componentes por circuito integrado pero, la industria del hardware, la transformó en duplicar la capacidad de almacenamiento, la velocidad de procesamiento y reducir los precios a la mitad cada año. Para aquellos que no logran imaginar lo importante que es aplicar la ley de Moore, si se hubiese comenzado a aplicar en el 65 a la aeronáutica, hoy no deberíamos tardar más de un minuto en llegar desde Buenos Aires a España y debería costar menos de un dólar el pasaje aéreo.
Y como parte de este ímpetu auto impuesto por la ciencia que he elegido, me ha tocado vivir el nacimiento de Internet, que durante años fue un ejemplo de sociedad anárquica posible y, si bien ya no es tan anárquica, sigue siendo la propia web (seguramente por la contundencia de su masividad) la que determina las reglas de juego y, si no me creen, pregúntenles a las discográficas…
Me fumé la web 1.0, la burbuja de Nasdaq y su posterior explosión, cuando todo Wall Street se puso a invertir en la web y descubrieron, de la manera más dolorosa, que no todas las ideas son buenas y muy pocas son redituables (aplica a la informática como ya aplicaba a todo lo demás).
Pero tanta tecnología necesitaba otro salto, casi toda la gente común comenzó a tener acceso a diminutos estudios de filmación, fotografía o grabación para generar sus propias producciones y, todo eso había que meterlo en algún lado.
Y en Stanford un estudiante llamado Larry Page (obsesionado con la teoría de los 6° de separación) se preguntaba qué tipo de grafo representaría a Internet, si aleatorio, ordenado, igualitario o aristocrático y, por supuesto, ganó el aristocrático debido a que algunos pocos nodos son los que concentran la gran mayoría de las conexiones y, seguramente se aplicará el principio de Pareto para graficar esta distribución, y el 20% de los nodos ha de ser dueño del 80% de las conexiones mientras que el otro 80% de los nodos se disputará ese 20% de conexiones restantes. Y Page brilló porque pensó que la mejor manera de determinar la popularidad de una página no era a través de los links sino a través de los backlinks (los links que apuntan a ella y, a su vez, los links que apuntan a la página que apunta a ella y así sucesivamente), llamó a su amigo matemático Sergev Brin (el ruso) que transformó la idea en un algoritmo al cual bautizaron PageRank y que, desde entonces, nos señala si existimos o no en internet.
Nace Google y al algoritmo propio le suman otro afanado a Overture (actualmente Yahoo) al que llamaron AdWord (los patrocinadores de arriba y los costados del buscador) y es el que transforma a la buena idea en negocio extremadamente redituable y comienza la era de la web 2.0, y prosperan las redes sociales y eso de empezar a entender lo masivo del asunto y lo de facturar sin cobrar (sin cobrarle al usuario final), google, youtube, facebook, linkedín, lastfm, los blogs y los nuevos paradigmas y las nuevas paranoias. Y sí, Google había prometido no ser maligno como principal estrategia de empresa pero, al tiempo transa con el gobierno de China para hacerles la segunda con la censura en la web y sin que se note, no aparecían en el buscador links a páginas prohibidas, no es que aparecieran los links y no se pudiera acceder a las páginas sino que no aparecían los links (definitivamente benigna no pareciera ser esa conducta).
Y ya habíamos padecido la paranoia de Microsoft hurgando en nuestros equipos en nombre de la CIA y que la CIA lee lo que uno publica en facebook… Bueh, aclaremos algunas cositas, primero lo lee la corporación que ofrece el servicio, luego los servicios de inteligencia de tu país y de alguno de los países más codiciosos y, finalmente, absolutamente todos los demás. No olvidemos que en las corporaciones trabajan personas con necesidades y ambiciones y no siempre demasiados escrúpulos, bien predispuestos a cambiar algo de información por algo de confort adicional y, que así como hoy nos llegan spams ofreciéndonos la base de datos de rentas, de las tarjetas de crédito o saber qué hablan nuestros amigos por msn, mañana llegarán spams similares ofreciéndonos muchísima más información.
¿Y entonces? ¿Uso facebook o qué? En cierta época temprana de mi juventud, noté que los medios me manipulaban (ya se evidenciaba que me convertiría en un ‘visionario’) y me dio tanta bronca notarlo que decidí dejar de consumirlos y estuve meses sin mirar tele, ni leer el diario ni escuchar radio. Fueron los meses más solitarios de mi vida, no tenía de qué hablar con la gente, si bien siempre fui un consumidor de arte, historia o ciencia, sólo en círculos muy exclusivos es posible abordar temas profundos sin hacer una breve introducción salpicada de alguna frivolidad del acontecer nacional o internacional. En resumen, la resistencia al sistema nos permite franelear al rebelde que llevamos dentro pero suele ser inconducente, y podremos resistirnos a Facebook mientras permanecer fuera nos siga permitiendo socializar pero iremos cediendo a sus encantos cuanto más lo necesitemos.
Me gustaría aclarar que, hasta el más dogmático de los rebeldes, me ha confesado usar Google para llevar a cabo sus búsquedas intuyendo que con eso no se puede obtener información sobre tu perfil personal (pobre iluso). Justamente, es en ese tipo de aplicaciones dónde realmente nos exponemos como somos, facebook y las demás redes sociales no dejan de ser vidrieras en las cuales cada usuario administra qué mostrar y qué no (el conocimiento real se encuentra en analizar que vemos cuando somos usuarios de facebook). No olvidemos que la mentira es inherente al ser humano (a todos nos han mentido y hemos mentido alguna vez), siendo usuarios es que nos exponemos realmente, he buscado en google o en cuil toda la información necesaria para transformar simples ideas en modelos de negocio y además, buscamos música, cine, literatura, producciones visuales, comida, entretenimientos, pornografía, sexo, incluso buscamos cómo llegar a los lugares a los que vamos. Teniendo una aplicación de cualquier empresa de la web en uso mientras navego otras páginas, le estaría permitiendo a esa empresa, si se da maña, acceder a aquello que estoy navegando como usuario de Internet.
Demasiada información decían los amigos de ‘The Police’ y pareciera ser la consigna actual pero es algo completamente natural, recuerdo al comenzar la carrera que los profesores ponían mucho énfasis en hacernos notar la diferencia entre dato e información y que al ordenar los datos, que actuaban como insumos, se obtenía información. Terminando la carrera, la información que ya era abundante se convirtió en el insumo para el conocimiento y aparecieron términos como minería de datos, DataWareHousing, los tableros de comandos y el Business Intelligence. Entonces pareciera inevitable que el conocimiento pierda protagonismo para convertirse en el insumo de la nueva protagonista. En esta instancia, debo agradecer a mi amigo y mentor Diego Álvarez Rivero quien me acercó un artículo de Hiroshi Tasaka sobre la paradoja de la sociedad del conocimiento (en realidad me compartió un video de Tasaka por facebook), que justamente señala que, en la sociedad del conocimiento, el conocimiento pierde valor y pasa a ser un mero insumo para la sabiduría (la nueva protagonista).
Seguir leyendo aquí

Y en Stanford un estudiante llamado Larry Page (obsesionado con la teoría de los 6° de separación) se preguntaba qué tipo de grafo representaría a Internet...
En los últimos 17 años nos ha tocado interpretar la realidad desde una perspectiva significativamente influenciada por la informática y, gracias a ello, hemos tenido la suerte de experimentar bien de cerca, los vertiginosos sucesos más relevantes de los últimos dos siglos.
El crecimiento precipitado de la tecnología, a partir de la creación del circuito integrado, y la consecuente evolución de la tecnología de la información han sido los grandes protagonistas en cuanto a superación de expectativas se refiere.
Desde 1965 (cuando el posterior fundador de Intel la proclamó) la Informática ha cumplido la ley de Moore sin excepción. La predicción de Moore había sido duplicar cada 18 meses la cantidad de componentes por circuito integrado pero, la industria del hardware, la transformó en duplicar la capacidad de almacenamiento, la velocidad de procesamiento y reducir los precios a la mitad cada año. Para aquellos que no logran imaginar lo importante que es aplicar la ley de Moore, si se hubiese comenzado a aplicar en el 65 a la aeronáutica, hoy no deberíamos tardar más de un minuto en llegar desde Buenos Aires a España y debería costar menos de un dólar el pasaje aéreo.
Y como parte de este ímpetu auto impuesto por la ciencia que he elegido, me ha tocado vivir el nacimiento de Internet, que durante años fue un ejemplo de sociedad anárquica posible y, si bien ya no es tan anárquica, sigue siendo la propia web (seguramente por la contundencia de su masividad) la que determina las reglas de juego y, si no me creen, pregúntenles a las discográficas…
Me fumé la web 1.0, la burbuja de Nasdaq y su posterior explosión, cuando todo Wall Street se puso a invertir en la web y descubrieron, de la manera más dolorosa, que no todas las ideas son buenas y muy pocas son redituables (aplica a la informática como ya aplicaba a todo lo demás).
Pero tanta tecnología necesitaba otro salto, casi toda la gente común comenzó a tener acceso a diminutos estudios de filmación, fotografía o grabación para generar sus propias producciones y, todo eso había que meterlo en algún lado.
Y en Stanford un estudiante llamado Larry Page (obsesionado con la teoría de los 6° de separación) se preguntaba qué tipo de grafo representaría a Internet, si aleatorio, ordenado, igualitario o aristocrático y, por supuesto, ganó el aristocrático debido a que algunos pocos nodos son los que concentran la gran mayoría de las conexiones y, seguramente se aplicará el principio de Pareto para graficar esta distribución, y el 20% de los nodos ha de ser dueño del 80% de las conexiones mientras que el otro 80% de los nodos se disputará ese 20% de conexiones restantes. Y Page brilló porque pensó que la mejor manera de determinar la popularidad de una página no era a través de los links sino a través de los backlinks (los links que apuntan a ella y, a su vez, los links que apuntan a la página que apunta a ella y así sucesivamente), llamó a su amigo matemático Sergev Brin (el ruso) que transformó la idea en un algoritmo al cual bautizaron PageRank y que, desde entonces, nos señala si existimos o no en internet.
Nace Google y al algoritmo propio le suman otro afanado a Overture (actualmente Yahoo) al que llamaron AdWord (los patrocinadores de arriba y los costados del buscador) y es el que transforma a la buena idea en negocio extremadamente redituable y comienza la era de la web 2.0, y prosperan las redes sociales y eso de empezar a entender lo masivo del asunto y lo de facturar sin cobrar (sin cobrarle al usuario final), google, youtube, facebook, linkedín, lastfm, los blogs y los nuevos paradigmas y las nuevas paranoias. Y sí, Google había prometido no ser maligno como principal estrategia de empresa pero, al tiempo transa con el gobierno de China para hacerles la segunda con la censura en la web y sin que se note, no aparecían en el buscador links a páginas prohibidas, no es que aparecieran los links y no se pudiera acceder a las páginas sino que no aparecían los links (definitivamente benigna no pareciera ser esa conducta).
Y ya habíamos padecido la paranoia de Microsoft hurgando en nuestros equipos en nombre de la CIA y que la CIA lee lo que uno publica en facebook… Bueh, aclaremos algunas cositas, primero lo lee la corporación que ofrece el servicio, luego los servicios de inteligencia de tu país y de alguno de los países más codiciosos y, finalmente, absolutamente todos los demás. No olvidemos que en las corporaciones trabajan personas con necesidades y ambiciones y no siempre demasiados escrúpulos, bien predispuestos a cambiar algo de información por algo de confort adicional y, que así como hoy nos llegan spams ofreciéndonos la base de datos de rentas, de las tarjetas de crédito o saber qué hablan nuestros amigos por msn, mañana llegarán spams similares ofreciéndonos muchísima más información.
¿Y entonces? ¿Uso facebook o qué? En cierta época temprana de mi juventud, noté que los medios me manipulaban (ya se evidenciaba que me convertiría en un ‘visionario’) y me dio tanta bronca notarlo que decidí dejar de consumirlos y estuve meses sin mirar tele, ni leer el diario ni escuchar radio. Fueron los meses más solitarios de mi vida, no tenía de qué hablar con la gente, si bien siempre fui un consumidor de arte, historia o ciencia, sólo en círculos muy exclusivos es posible abordar temas profundos sin hacer una breve introducción salpicada de alguna frivolidad del acontecer nacional o internacional. En resumen, la resistencia al sistema nos permite franelear al rebelde que llevamos dentro pero suele ser inconducente, y podremos resistirnos a Facebook mientras permanecer fuera nos siga permitiendo socializar pero iremos cediendo a sus encantos cuanto más lo necesitemos.
Me gustaría aclarar que, hasta el más dogmático de los rebeldes, me ha confesado usar Google para llevar a cabo sus búsquedas intuyendo que con eso no se puede obtener información sobre tu perfil personal (pobre iluso). Justamente, es en ese tipo de aplicaciones dónde realmente nos exponemos como somos, facebook y las demás redes sociales no dejan de ser vidrieras en las cuales cada usuario administra qué mostrar y qué no (el conocimiento real se encuentra en analizar que vemos cuando somos usuarios de facebook). No olvidemos que la mentira es inherente al ser humano (a todos nos han mentido y hemos mentido alguna vez), siendo usuarios es que nos exponemos realmente, he buscado en google o en cuil toda la información necesaria para transformar simples ideas en modelos de negocio y además, buscamos música, cine, literatura, producciones visuales, comida, entretenimientos, pornografía, sexo, incluso buscamos cómo llegar a los lugares a los que vamos. Teniendo una aplicación de cualquier empresa de la web en uso mientras navego otras páginas, le estaría permitiendo a esa empresa, si se da maña, acceder a aquello que estoy navegando como usuario de Internet.
Demasiada información decían los amigos de ‘The Police’ y pareciera ser la consigna actual pero es algo completamente natural, recuerdo al comenzar la carrera que los profesores ponían mucho énfasis en hacernos notar la diferencia entre dato e información y que al ordenar los datos, que actuaban como insumos, se obtenía información. Terminando la carrera, la información que ya era abundante se convirtió en el insumo para el conocimiento y aparecieron términos como minería de datos, DataWareHousing, los tableros de comandos y el Business Intelligence. Entonces pareciera inevitable que el conocimiento pierda protagonismo para convertirse en el insumo de la nueva protagonista. En esta instancia, debo agradecer a mi amigo y mentor Diego Álvarez Rivero quien me acercó un artículo de Hiroshi Tasaka sobre la paradoja de la sociedad del conocimiento (en realidad me compartió un video de Tasaka por facebook), que justamente señala que, en la sociedad del conocimiento, el conocimiento pierde valor y pasa a ser un mero insumo para la sabiduría (la nueva protagonista).
Seguir leyendo aquí
