InicioInfoMuy íntimo
El protagonista del post de hoy ostentó durante mucho tiempo un dudoso privilegio. Era la persona que tenía más cámaras web en su casa retransmitiendo por Internet todos los detalles de su vida.
El muchacho se llama Nerdman. El número de aparatos espía en su hogar era de 17.



Se dice que el fenómeno de la retransmisión de la vida privada por Internet comenzó en un laboratorio de Cambridge, en el Reino Unido. Se cuenta que un informático estaba harto de encontrar la cafetera vacía. Así que ideó una solución excéntrica, de esas que sólo se les ocurren a los locos de los ordenadores: puso una cámara enfrente de la cafetera y conectó la cámara a la red de ordenadores.
Lo que no preveía este hombre eran los efectos de la curiosidad humana. Nos gusta chismorrear. Nos gusta enterarnos de cualquier suceso que pertenezca a la intimidad de los demás. La cámara que instaló el informático estaba conectada a Internet. En poco tiempo, miles de personas accedían diariamente a través de la red para… contemplar la cafetera.

La regulación de la privacidad es esencial en cualquier relación. En las relaciones entre cualquier tipo de animal (incluido el ser humano) existe una especie de coreografía de acercamiento-alejamiento que nos permite negociar con los demás la intimidad que deseamos.
Una persona se acerca a otra; la otra siente que el acercamiento viola su espacio personal y se aleja un poco; la primera persona capta ese distanciamiento y se retira. Esta escena, con variantes, ha ido repitiéndose a lo largo de la historia de la humanidad.
Los experimentos sobre comunicación no verbal ayudan también a ver cómo se produce esa regulación. Todos tratamos de mantener un nivel de intimidad agradable y si alguien lo rompe (por ejemplo, acercándose a nosotros demasiado durante una conversación) tratamos de recobrarlo. ¿Cómo lo hacemos? Reduciendo la intimidad en otras reacciones no-verbales. Por ejemplo, dejamos de tocar o de mirar a la persona invasora.
Otro ejemplo de esa especie de danza de la intimidad: cuando alguien se ve obligado a hablar con un extraño de temas demasiado íntimos, procura acabar antes la conversación. Es como si intentara compensar una cosa con la otra y recuperar así su sentido de la intimidad.
Estas coreografías son adaptativas. Todos somos curiosos, todos queremos saber de los demás. Pero todos somos, a la vez, protectores de nuestros propios secretos.
Una persona querrá saber, la otra querrá ocultar. Y así irán componiendo una coreografía de comunicación no verbal que, vista desde fuera, se asemeja a cualquier improvisado baile.

Entonces, ¿por qué hay personas que si disfrutan con esa falta de privacidad? ¿Qué satisfacción obtiene Nerdman al ser visto por todo el mundo en cada rincón de su casa? ¿Por qué permite alguien que los demás vean su…cafetera?



Quizás los vendedores de intimidad afrontan este comercio porque se sienten invulnerables.
Creen que, cuando quieran, podrán volver a controlar su vida y recuperar la privacidad.
Es posible que algunos lo consigan. Pero yo no creo que sea tan fácil.
Porque permitir que los demás traspasen nuestra línea imaginaria de intimidad es como usar la goma con un trazo hecho a lápiz. Cada vez que lo borramos, se hace más difícil volverlo a pintar.


Las imágenes son de Francis Bacon http://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Bacon_(pintor) , un pintor experto en deshacer imágenes. Que es lo que yo creo que ocurre cuando empezamos a perder nuestra intimidad…

Fuente: http://www.elhabitatdelunicornio.net/



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