“Es de bien nacido ser agradecido”
Pienso que este refrán transmite una verdad como un templo, es de buena persona dar las gracias, agradecer. Hoy en día es bastante raro encontrar personas que agradezcan algo, lo que sea, que se sientan agradecidas. Más bien ocurre lo contrario, que nos pensamos que vamos sobrados de educación y que no hace falta gastar energía en algo tan trivial como transmitir agradecimiento. El ser agradecido tiene mucho que ver con la educación, pero no entendida como instrucción, sino como algo inherente a nosotros, algo más genético y hereditario. Hay personas humildes y con pocos conocimientos que pueden ser los más agradecidos del mundo, y al revés, los hay de muy buena cuna y buenas maneras de cara a la galería, pero que luego son unos altivos que no contemplan la palabra gracias en su vocabulario, porque piensan que el favor recibido es una obligación a ellos debida. No hay nada que me rebele más que la mala educación de las personas, y mi indignación hacia los maleducados es directamente proporcional al nivel social y cultural que estos ocupan. Es evidente, y se constata desde hace tiempo, que estamos ante una crisis de valores. Palabras tan normales como por favor y gracias están cayendo en desuso, hasta tal punto, que cuando escuchas a alguien pronunciarlas parece un poco marciano. Pienso que una de las claves para ser y mostrarse agradecido es la humildad, el ser consciente de que una no es el ombligo del mundo, sino simplemente una más.
¿Es tan difícil ser agradecido?
La gratitud es una virtud que nace de la humildad de sentirse amados y de dejarse amar. No es mercadería de cambio ni un deber, sino puro y gratuito amor. El egoísta es ingrato no porque no porque no le guste recibir, sino porque no le agrada reconocer que debe algo a otros. La gratitud es un eco de la alegría del que da, la ingratitud en cambio es como un agujero negro de egoísmo que se traga la alegría de quien ama. Es un sentimiento más fuerte que la esperanza; quien es agradecido sabe que posee mucho de bueno. Y esta convicción lo hace feliz y seguro de sí mismo... Los ingratos, por el contrario, son incapaces de sentirse satisfechos y felices. Viven permanentemente inquietos y añorando lo que no tienen y ansiando lo que querrían.
Fuente.
Tendremos que empezar a agradecer no les parece ?