InicioInfoBeckham la tiene Chica



Elena di Cioccio, cuyo apellido debe pronunciarse chocho y todo, que es como en Canarias llamamos a los altramuces, es periodista en Italia y debió obtener su título acreditativo en una tómbola, porque de lo contrario no se explica que haya dicho a nivel planetario, y por las buenas, que el genial y metrosexual futbolista David Beckham la tiene chica. Así como la cosa más natural de Segovia, por ejemplo y sin ir más lejos.

–¿Cómo dice, cristiano?



–Lo que está usted oyendo doña Virtudes Ampulosas.



–Pero eso es una poca vergüenza.



–Pues claro que sí, mi niña. Pero usted no se me distraiga de las croquetas de bacalao, que después le quedan duras.



–¡Grosero!



A Elenita di Cioccio un buen día, mientras se mandaba unos espaguetis a la carbonara con mucho queso parmesano, le entró la duda metódica entre hacer un sesudo reportaje sobre el tamaño de los testículos de los chimpancés, o el tamaño del pene de Beckham. Y como los chimpancés le quedaban a trasmano y además no les gusta en absoluto que les toquen los huevos, con perdón, se decidió por medirle la cosa al futbolista. Y entonces ni corta ni perezosa –porque otra cosa no tendrá la Cioccio, como no disponer tan siquiera de dos neuronas en servicio activo, pero perezosa no es en absoluto– se apostó subrepticiamente delante de un local de Milán donde estaba Beckham armada con un guante quirúrgico en su mano derecha como si fuese una uróloga, y según salió el marido de la Victoria le palpó bien palpada la entrepierna. ¡Vaya una forma de palpar, caballeras y caballeros! ¡Qué ansias las de la Cioccio!



Una vez terminada la exploración urológica, que sólo le faltó revisarle la próstata al muchacho, se dirigió al paciente y le soltó: “¡Lo tienes pequeño!”. Naturalmente el futbolista se quedó muy sorprendido, a la par que dolorido porque la periodista apretó y todo no se crean; y se mandó a mudar corriendo y pensando imprecaciones. Pero ahí no quedó la circunstancia no atenuante, no, porque Elenita no dudó en perseguirlo, volver gritar: ‘¡lo tienes pequeño!’, y “preguntarle si usó algodón para aumentar el tamaño que se intuía debajo de los calzoncillos de sus anuncios para Armani”. ¡Qué desconsideración y falta de idiosincrasia!



Y la ministra de Igualdad de Italia en fuera de juego. Que no ha dicho ni mu, vaya, sobre esta agresión sexual. Ahora bien, si el Beckham o cualquiera de nosotros –¡yo me apunto!– le hubiera tocado las tetas a la Penélope Cruz por ejemplo, para comprobar si las tiene postizas o de fabricación casera, se hubiera armado la de San Quintín. ¿A que sí? Y a esto no hay derecho, no señora.



Los hombres estamos sufriendo unos acosos sexuales de mucho fundamento, y ni siquiera los poderes públicos nos mandan un psicólogo ni un protésico dental ni nada de nada. Y lo peor es que esto se acabará poniendo de moda, ya verán; y nos acabarán por tocar los “eggs”, alias cataplines, hasta en la panadería alias boutiques del pan:



–Buenas, señorita, ¿me puede facilitar dos panes integrales, si no es molestia?



–A ver, déjeme tocarle las gónadas un momentito… ¡Fuerte mierda de paquete! ¡Este señor también la tiene pequeña, como el Beckham! Tome, aquí tiene los panes, y no se le ocurra aparecer por aquí sin aumentarse el pene. ¿Estamos?



La esposa o compañera sentimental del futbolista, o sea Victoria, se enteró de la noticia mientras se probaba trescientos cincuenta vestidos y tres sujetadores, y ya ha prometido que le arrancará los pelos, uno por uno, a la Cioccio, porque no hay derecho a pregonar a los cuatro vientos el tamaño del pene de su marido. Y tiene razón la Victoria. En lo de que España huele a ajo no, ya ven ustedes; pero en esto del palpamiento a su marido y posterior publicidad de los resultados del mismo, sí. Beckham, por sus partes, ha dicho que esto no va a influir en su rendimiento futbolístico; o sea que va a seguir sin marcar goles otra temporada más.



–Oiga, no diga calumnias dóricas, porque el muchacho marca goles de vez en cuando. Lo que ocurre es que no le pasan pelotas.



–¿O sea que además de tener chica la chibichanga, tampoco tiene pelotas?

–¡Cuidado que es usted sicalíptico! Tal cual se me está pareciendo a la Chocho, digo la Cioccio.


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