Gente les dejo un muy buen recopilado de frases palabras o deseos de gente famosa o no en su lecho de muerte!
“¿Quién anda ahí?”
Dijo Billy The Kid antes de ser asesinado en un cuarto a oscuras. La curiosidad es que, a pesar de ser el inglés su lengua nativa, sus últimas palabras las dijo en español. A veces estas frases son pensadas y dichas en un contexto adecuado pero muchas veces estas muertes son productos de accidentes trágicos o situaciones shockeantes que no permiten pensarlas tranquilamente.
Entre algunas de ellas podemos encontrar las últimas palabras de Jonh Lennon segundos después de haber sido herido de gravedad que desnudan al completo su inocencia e impotencia: “Me dieron”, simplemente alcanzó a decir.
Otro John, esta vez John F Kennedy, ante el comentario de la esposa del gobernador de Texas que le dijo: “Sr. Presidente, no puede decir que Dallas no lo ama”, a lo que Kennedy respondió: “Eso es obvio”; segundos antes de ser alcanzado por la primer bala.
Otros, como el archiduque Franz Ferdinand, tratan de tranquilizar a su ser más cercano frente a tal acontecimiento: “No es nada. No es nada” le dijo a su mujer, tratando de calmarla, cuando fue herido por un disparo. Más equivocado no podría haber estado.
Antonio José de Sucre, mientras cabalgaba en la jungla colombiana, fue sorprendido por un disparo que sentenciaría su muerte. Y, pese a nunca haber maldecido, dijo: “¡Carajo, un balazo!”
Otro que fue sorprendido por la mortalidad fue el presidente estadounidense Franklin Roosevelt que dijo : “Tengo un terrible dolor de cabeza”, momentos antes de fallecer a causa de un derrame cerebral.
También una de las palabras más celebres minutos antes de morir son las de Julio Cesar que, cuando es abordado por casi todo el senado con el objetivo de asesinarlo dice: “¿Tú también, Brutus?” sorprendido por la traición de su amigo, a quien distingue entre la multitud.
Otra figura que murió en un trágico accidente automovilístico fue el actor James Dean que tenía 24 años en ese momento. Mientras iba manejando a altas velocidades en una ruta, cuando vio a un auto viniendo de frente le dijo a su acompañante, demostrando cuan seguro de sí mismo estaba: “Ese tipo tiene que parar... Él nos verá”.
Otra figura importante para nuestra historia que murió en la total pobreza, tanto que le pagó a su médico con su reloj, fue Manuel Belgrano que dijo una frase que resume toda su obra y al mismo tiempo su frustración: “¡Ay, Patria Mía!”.
El escritor e ideólogo español Ramiro de Maeztu Whitney les dijo a sus verdugos: "Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero: Porque vuestros hijos sean mejores que vosotros!."
Bolívar con el sueño frustrado de la unificación latinoamericana, murió resignado a meditar lo siguiente: “Los tres mayores necios que ha habido jamás son Cristo, el Quijote y yo". Murió en una hamaca, huésped de un español de Santa Marta, sus últimas palabras fueron: "He arado en el mar".
El escritor Lewis Carroll, autor de “Alicia en el País de las Maravillas”, murió en su casa, enfadado con su enfermera dijo: “Quíteme esta almohada. Ya no la necesito".
El 18 de junio de 1936, el escritor soviético Maksim Gorki, poco antes de morir dijo: "…Habrá guerras… Hay que prepararse".
Conocido por las insuperables cantidades de alcohol que consumió durante su vida, el actor estadounidense Humphrey Bogart comentó sus últimos instantes con estas palabras: “Nunca debí cambiarme del scotch a los martinis".
Condenada a ser decapitada por presunto adulterio y alta traición, Ana Bolena fue llevada al cadalso, donde le dijo a su verdugo: “No le dará ningún trabajo: tengo el cuello muy fino".
El poeta chileno Vicente Huidobro, volviendo brevemente de la inconciencia de su agonía, les confesó a sus familiares: “Tengo miedo”. Poco antes, hizo llorar a su fiel amiga Henriette Petit cuando, levantándose levemente de su lecho de muerte, la miró y le dijo: “¡Cara de poto!(culo)”.
-“Adiós, amigo mío, sin gestos, sin palabras./ Que no haya dolor ni tristeza en tu frente./ En esta vida, morir no es nada nuevo,/ pero vivir, por supuesto, es menos nuevo aun”, escribió a los 30 años el poeta ruso Serguei Esenin, utilizando como tinta su propia sangre, y luego se colgó de unas cañerías de agua que había en su pieza de un hotel de San Petersburgo.
Bela Lugosi: "Yo soy el conde Drácula, el rey de los vampiros, soy inmortal''.
Alguien dijo:
-Ha refrescado esta noche . Más vale que tome usted el abrigo, doctor King.
-Esta bien, lo llevare.
Fueron las últimas palabras de Martin Luther King. Sonó un disparo y su cuerpo cayó desplomado el 4 de abril de 1968 en Memphis.
Albert Einstein: Pronunció sus últimas palabras en el lecho de muerte, pero no sabemos cuales fueron debido a que la enfermera que estuva a su lado no entendía el Alemán.
Galileo fue procesado y obligado a renunciar a sus convicciones. Se dice que cuando se hallaba al borde de la muerte, sus últimas palabras fueron: "no importa lo que ellos digan, la tierra gira alrededor del Sol".
Las últimas palabras de Cristóbal Colón fueron: "En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu".
Thomas Alva Edison: Es muy bonito todo allá
Leonardo Da Vinci: He ofendido a Dios y a la humanidad porque mi trabajo no tuvo la calidad que debía haber tenido.
Según los escritos budistas las últimas palabras de Buda fueron: "todas las cosas son perecederas. Esforzaos por vuestra salvación".
Tras su letal trago de cicuta, al que había sido condenado por impío y corruptor de la juventud, Sócrates dijo: “Critón, le debo un gallo a Asclepio. No te olvides de pagárselo".
María Antonieta que murió guillotinada el 16 de octubre de 1793 en París, dijo sus últimas palabras al verdugo disculpándose por haberle pisado.
Las últimas palabras del cantaor flamenco Camarón de la Isla fueron una desesperada llamada a Juana, su madre: Omaíta, ¿qué es lo que tengo?.
Nostradamus, el profeta del siglo dieciséis, hizo su última predicción: “Mañana, ya no estaré aquí”.
Edgar Allan Poe falleció el 7 de octubre de 1849 padeciendo delirium tremens. Sus últimas palabras fueron "Que Dios ayude a mi pobre alma".
El poeta estadounidense Walt Whitman, que en sus últimos años buscó algo coherente y glorioso y patriótico que heredarle a la humanidad desde su lecho de muerte, se dio por vencido y, expirando, exclamó: “¡Mierda!”.
La mítica bailarina Mata Hari, condenada en Francia por espionaje a la pena de muerte, le pidió al oficial del pelotón de fusilamiento que le trajera un espejito, se empolvó bien el rostro y dijo: “Gracias, monsieur”.
El revolucionario mexicano Pancho Villa, fue herido mortalmente en un atentado, pero aún tuvo tiempo de rogarle encarecidamente a un periodista: “¡Escriba usted que he dicho algo!”.
Tras la muerte de su esposa y de su hija mayor, Karl Marx perdió todo deseo de vivir y fue presa de numerosas enfermedades. Cuando Friedrich Engels le preguntó si le quedaba algún mensaje que dejarle a la posteridad, Marx, indignado, le contestó: “¡Fuera, desaparece de mi vista! ¡Las últimas palabras son cosa de tontos que no han dicho lo suficiente mientras vivían!”.
Los días inmediatos a la muerte de Juan Pablo II (2 de abril de 2005), se difundió en varios medios de comunicación que "Amén" había sido su última palabra. Días más tarde, desde el Vaticano se declaró que sus últimas palabras habían sido "Déjenme ir a la casa del Padre" en polaco.
"Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?"
Palabras de Jesús de Nazaret antes de morir según los evangelios de san Marcos y san Mateo, aunque no serían las últimas, ya que el evangelio recoge más declaraciones de Jesús después de su resurrección. Es una cita del primer versículo de la oración del justo agonizante del Salmo 21 (22).
"¡Qué pena morir, cuando me queda tanto por leer!"
Menéndez Pelayo
"Sé que has venido para matarme. Dispara cobarde, que sólo vas a matar a un hombre."
Che Guevara
"Francia, el ejército, la cabeza del ejército... ¡Josefina!"
Napoleón Bonaparte en Santa Elena
ULTIMAS PALABRAS DE ALGUNOS PRESOS ANTES DE SER EJECUTADOS
Henry Porter
Ejecutado el 9 de julio de 1985 a los 44 años. Pasó 9 años en el corredor de la muerte. Un año antes, en 1975, fue condenado a muerte por matar de un disparo al policía Henry Mailloux, quien detuvo a Porter en una investigación por tres robos armados.
En sus escritos dejó dicho: “Lo que quiero que la gente sepa es que me llaman asesino a sangre fría porque disparé a un hombre que me disparó primero. Me han condenado sólo porque soy mexicano y él era un oficial de policía. La gente pidió mi cabeza, y la tendrán esta noche. La gente no pidió la cabeza del policía que mató a un chico de 13 años que iba esposado en el asiento de atrás de la patrulla. La gente nunca pedirá la cabeza del policía de Houston que golpeó y estranguló a José Campo Torres. Esta es la justicia igualitaria de América. La vida de un mexicano no vale nada. Cuando un mexicano mata a un policía esto es lo que obtienes. Y por esto me llaman asesino a sangre fría. Yo no puse la soga al cuello a nadie. Yo no inyecté ningún veneno en las venas de nadie desde el otro lado del muro. A eso llamas justicia. Yo llamo a esta sociedad una pandilla de asesinos a sangre fría. No digo esto con amargura o rabia. Lo digo porque es la verdad. Espero que Dios me perdone por todos mis pecados. Espero que Dios tenga tanta piedad por esta sociedad como la ha tenido conmigo. Estoy preparado. Guardián”.
Ignacio Cuevas
Ejecutado el 23 de mayo de 1991 a los 59 años. Pasó 7 años en el corredor de la muerte. Según la sentencia, Cuevas, que en momento del crimen tenía 43 años, y dos compinches asesinaron a tiros a sus dos rehenes cuando intentaban escapar. Fue sentenciado a dos penas capitales.
Sus únicas palabras escritas antes de morir fueron: “Me marcho a un lugar bonito. OK, guardián, adelante”.
Ramón Montoya
Ejecutado el 25 de marzo de 1993 a los 38 años. Fue condenado a muerte por matar a tiros al oficial de policía John Pasco, que había acudido a un vecindario de Dallas, alertado por los vecinos que denunciaron la presencia de un hombre armado. Montoya, que tenía 29 años cuando ocurrió el crimen, dijo en su defensa que se le disparó el arma cuando fue alcanzado e iba a entregarse. Agentes de inmigración añadieron durante el juicio que Montoya fue deportado a México por posesión ilegal de armas, pero entró de nuevo a EU ilegalmente.
No quiso dejar ningún testimonio antes de ser ejecutado.
Irineo Montoya
Ejecutado el 18 de junio de 1997 a los 29 años. Natural de Tampico, fue condenado en noviembre de 1985 por robo y asesinato de John Edgar Kilhefer, quien le dio un raid a él y a su cómplice, Juan Villavicencio. Montoya le asestó 21 puñaladas en el cuello, espalda y piernas. Fue capturado gracias a la intervención de la policía mexicana, que descubrió la Chevrolet Blazer de la víctima en Matamoros. Su compinche, también mexicano, no fue condenado a muerte y permanece en prisión.
Esto dejó escrito: “Adiós. Te espero en el Cielo. Te estaré esperando. Amo a mis padres. Estoy en paz con Dios. Lucha por el bien”.
Javier Medina Suárez
Ejecutado el 14 de agosto de 2002 a los 33 años. Natural de Piedras Negras. En 1988 fue declarado culpable de robar y matar al oficial de narcóticos Lawrence Cadena. El agente se reunió con Medina y su compinche, Fernando Fernández, en un estacionamiento para un negocio encubierto de drogas. Cuando el agente recibió un paquete de cocaína después de entregar una suma de dinero, Medina le disparó 7 veces y Fernández trató de robarle la droga. Ambos fueron heridos de arma por un policía oculto. Fernández fue condenado a 60 años de cárcel.
Las últimas palabras de Medina: “Antes que nada me gustaría pedir perdón a los miembros de la familia Cadena por el daño y el sufrimiento que les he causado. Nunca tuve antes la oportunidad de expresarme de esta manera. Espero que encuentre en sus corazones la manera de perdonarme. La paz que encontrarán será temporal, la verdadera paz les llegará a través de Cristo. Ruego ante esta ejecución para que encuentren la paz que buscan. Entréguense a Cristo y a través de él encontrarán la paz. He pensado mucho en su amado. Él estará esperándome en el Cielo. Tendré valor para hablarle y pedirle personalmente que me perdone.
“A mi familia, gracias, los quiero por apoyarme desde allí. Esto es nada más un trampolín a casa. Lo más duro de todos estos años fueron los del corredor de la muerte. A todos los que me apoyaron, siempre los llevaré en mi corazón, como siempre me llevaron en los suyos. Dios los bendiga. Mantengan sus cabezas en alto, los veré pronto. Perdonen el daño que les causé”.
En español escribió esto: “A todo el pueblo de México, me gustaría darles las gracias por la ayuda. También quiero llevar a cada mexicano en mi corazón. Viva México, icen la bandera mexicana con honor. Gracias por todo, los amo”.
Y de nuevo en inglés: “A todos los que están en el corredor de la muerte, mantengan sus cabezas en alto, los veré pronto. Estoy realmente arrepentido, perdonen el daño que hice. Dios los bendiga, los amo a todos. Estoy listo para irme a casa”.
Ángel Maturino Reséndiz
Ejecutado el 27 de junio de 2006 a los 45 años. Sus últimas palabras fueron: “Quiero preguntar si hay algo de perdón en sus corazones. No tienen obligación. Yo sé que he permitido al diablo que mande en mi corazón. Sólo pido que me perdonen y que le pidan al Señor que me perdone por permitir al diablo que me engañara. Agradezco a Dios que haya sido tan paciente conmigo. No me merezco causarle ninguna molestia. No se merecen esto. Yo me merezco lo que voy a recibir”.
“¿Quién anda ahí?”
Dijo Billy The Kid antes de ser asesinado en un cuarto a oscuras. La curiosidad es que, a pesar de ser el inglés su lengua nativa, sus últimas palabras las dijo en español. A veces estas frases son pensadas y dichas en un contexto adecuado pero muchas veces estas muertes son productos de accidentes trágicos o situaciones shockeantes que no permiten pensarlas tranquilamente.
Entre algunas de ellas podemos encontrar las últimas palabras de Jonh Lennon segundos después de haber sido herido de gravedad que desnudan al completo su inocencia e impotencia: “Me dieron”, simplemente alcanzó a decir.
Otro John, esta vez John F Kennedy, ante el comentario de la esposa del gobernador de Texas que le dijo: “Sr. Presidente, no puede decir que Dallas no lo ama”, a lo que Kennedy respondió: “Eso es obvio”; segundos antes de ser alcanzado por la primer bala.
Otros, como el archiduque Franz Ferdinand, tratan de tranquilizar a su ser más cercano frente a tal acontecimiento: “No es nada. No es nada” le dijo a su mujer, tratando de calmarla, cuando fue herido por un disparo. Más equivocado no podría haber estado.
Antonio José de Sucre, mientras cabalgaba en la jungla colombiana, fue sorprendido por un disparo que sentenciaría su muerte. Y, pese a nunca haber maldecido, dijo: “¡Carajo, un balazo!”
Otro que fue sorprendido por la mortalidad fue el presidente estadounidense Franklin Roosevelt que dijo : “Tengo un terrible dolor de cabeza”, momentos antes de fallecer a causa de un derrame cerebral.
También una de las palabras más celebres minutos antes de morir son las de Julio Cesar que, cuando es abordado por casi todo el senado con el objetivo de asesinarlo dice: “¿Tú también, Brutus?” sorprendido por la traición de su amigo, a quien distingue entre la multitud.
Otra figura que murió en un trágico accidente automovilístico fue el actor James Dean que tenía 24 años en ese momento. Mientras iba manejando a altas velocidades en una ruta, cuando vio a un auto viniendo de frente le dijo a su acompañante, demostrando cuan seguro de sí mismo estaba: “Ese tipo tiene que parar... Él nos verá”.
Otra figura importante para nuestra historia que murió en la total pobreza, tanto que le pagó a su médico con su reloj, fue Manuel Belgrano que dijo una frase que resume toda su obra y al mismo tiempo su frustración: “¡Ay, Patria Mía!”.
El escritor e ideólogo español Ramiro de Maeztu Whitney les dijo a sus verdugos: "Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero: Porque vuestros hijos sean mejores que vosotros!."
Bolívar con el sueño frustrado de la unificación latinoamericana, murió resignado a meditar lo siguiente: “Los tres mayores necios que ha habido jamás son Cristo, el Quijote y yo". Murió en una hamaca, huésped de un español de Santa Marta, sus últimas palabras fueron: "He arado en el mar".
El escritor Lewis Carroll, autor de “Alicia en el País de las Maravillas”, murió en su casa, enfadado con su enfermera dijo: “Quíteme esta almohada. Ya no la necesito".
El 18 de junio de 1936, el escritor soviético Maksim Gorki, poco antes de morir dijo: "…Habrá guerras… Hay que prepararse".
Conocido por las insuperables cantidades de alcohol que consumió durante su vida, el actor estadounidense Humphrey Bogart comentó sus últimos instantes con estas palabras: “Nunca debí cambiarme del scotch a los martinis".
Condenada a ser decapitada por presunto adulterio y alta traición, Ana Bolena fue llevada al cadalso, donde le dijo a su verdugo: “No le dará ningún trabajo: tengo el cuello muy fino".
El poeta chileno Vicente Huidobro, volviendo brevemente de la inconciencia de su agonía, les confesó a sus familiares: “Tengo miedo”. Poco antes, hizo llorar a su fiel amiga Henriette Petit cuando, levantándose levemente de su lecho de muerte, la miró y le dijo: “¡Cara de poto!(culo)”.
-“Adiós, amigo mío, sin gestos, sin palabras./ Que no haya dolor ni tristeza en tu frente./ En esta vida, morir no es nada nuevo,/ pero vivir, por supuesto, es menos nuevo aun”, escribió a los 30 años el poeta ruso Serguei Esenin, utilizando como tinta su propia sangre, y luego se colgó de unas cañerías de agua que había en su pieza de un hotel de San Petersburgo.
Bela Lugosi: "Yo soy el conde Drácula, el rey de los vampiros, soy inmortal''.
Alguien dijo:
-Ha refrescado esta noche . Más vale que tome usted el abrigo, doctor King.
-Esta bien, lo llevare.
Fueron las últimas palabras de Martin Luther King. Sonó un disparo y su cuerpo cayó desplomado el 4 de abril de 1968 en Memphis.
Albert Einstein: Pronunció sus últimas palabras en el lecho de muerte, pero no sabemos cuales fueron debido a que la enfermera que estuva a su lado no entendía el Alemán.
Galileo fue procesado y obligado a renunciar a sus convicciones. Se dice que cuando se hallaba al borde de la muerte, sus últimas palabras fueron: "no importa lo que ellos digan, la tierra gira alrededor del Sol".
Las últimas palabras de Cristóbal Colón fueron: "En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu".
Thomas Alva Edison: Es muy bonito todo allá
Leonardo Da Vinci: He ofendido a Dios y a la humanidad porque mi trabajo no tuvo la calidad que debía haber tenido.
Según los escritos budistas las últimas palabras de Buda fueron: "todas las cosas son perecederas. Esforzaos por vuestra salvación".
Tras su letal trago de cicuta, al que había sido condenado por impío y corruptor de la juventud, Sócrates dijo: “Critón, le debo un gallo a Asclepio. No te olvides de pagárselo".
María Antonieta que murió guillotinada el 16 de octubre de 1793 en París, dijo sus últimas palabras al verdugo disculpándose por haberle pisado.
Las últimas palabras del cantaor flamenco Camarón de la Isla fueron una desesperada llamada a Juana, su madre: Omaíta, ¿qué es lo que tengo?.
Nostradamus, el profeta del siglo dieciséis, hizo su última predicción: “Mañana, ya no estaré aquí”.
Edgar Allan Poe falleció el 7 de octubre de 1849 padeciendo delirium tremens. Sus últimas palabras fueron "Que Dios ayude a mi pobre alma".
El poeta estadounidense Walt Whitman, que en sus últimos años buscó algo coherente y glorioso y patriótico que heredarle a la humanidad desde su lecho de muerte, se dio por vencido y, expirando, exclamó: “¡Mierda!”.
La mítica bailarina Mata Hari, condenada en Francia por espionaje a la pena de muerte, le pidió al oficial del pelotón de fusilamiento que le trajera un espejito, se empolvó bien el rostro y dijo: “Gracias, monsieur”.
El revolucionario mexicano Pancho Villa, fue herido mortalmente en un atentado, pero aún tuvo tiempo de rogarle encarecidamente a un periodista: “¡Escriba usted que he dicho algo!”.
Tras la muerte de su esposa y de su hija mayor, Karl Marx perdió todo deseo de vivir y fue presa de numerosas enfermedades. Cuando Friedrich Engels le preguntó si le quedaba algún mensaje que dejarle a la posteridad, Marx, indignado, le contestó: “¡Fuera, desaparece de mi vista! ¡Las últimas palabras son cosa de tontos que no han dicho lo suficiente mientras vivían!”.
Los días inmediatos a la muerte de Juan Pablo II (2 de abril de 2005), se difundió en varios medios de comunicación que "Amén" había sido su última palabra. Días más tarde, desde el Vaticano se declaró que sus últimas palabras habían sido "Déjenme ir a la casa del Padre" en polaco.
"Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?"
Palabras de Jesús de Nazaret antes de morir según los evangelios de san Marcos y san Mateo, aunque no serían las últimas, ya que el evangelio recoge más declaraciones de Jesús después de su resurrección. Es una cita del primer versículo de la oración del justo agonizante del Salmo 21 (22).
"¡Qué pena morir, cuando me queda tanto por leer!"
Menéndez Pelayo
"Sé que has venido para matarme. Dispara cobarde, que sólo vas a matar a un hombre."
Che Guevara
"Francia, el ejército, la cabeza del ejército... ¡Josefina!"
Napoleón Bonaparte en Santa Elena
ULTIMAS PALABRAS DE ALGUNOS PRESOS ANTES DE SER EJECUTADOS
Henry Porter
Ejecutado el 9 de julio de 1985 a los 44 años. Pasó 9 años en el corredor de la muerte. Un año antes, en 1975, fue condenado a muerte por matar de un disparo al policía Henry Mailloux, quien detuvo a Porter en una investigación por tres robos armados.
En sus escritos dejó dicho: “Lo que quiero que la gente sepa es que me llaman asesino a sangre fría porque disparé a un hombre que me disparó primero. Me han condenado sólo porque soy mexicano y él era un oficial de policía. La gente pidió mi cabeza, y la tendrán esta noche. La gente no pidió la cabeza del policía que mató a un chico de 13 años que iba esposado en el asiento de atrás de la patrulla. La gente nunca pedirá la cabeza del policía de Houston que golpeó y estranguló a José Campo Torres. Esta es la justicia igualitaria de América. La vida de un mexicano no vale nada. Cuando un mexicano mata a un policía esto es lo que obtienes. Y por esto me llaman asesino a sangre fría. Yo no puse la soga al cuello a nadie. Yo no inyecté ningún veneno en las venas de nadie desde el otro lado del muro. A eso llamas justicia. Yo llamo a esta sociedad una pandilla de asesinos a sangre fría. No digo esto con amargura o rabia. Lo digo porque es la verdad. Espero que Dios me perdone por todos mis pecados. Espero que Dios tenga tanta piedad por esta sociedad como la ha tenido conmigo. Estoy preparado. Guardián”.
Ignacio Cuevas
Ejecutado el 23 de mayo de 1991 a los 59 años. Pasó 7 años en el corredor de la muerte. Según la sentencia, Cuevas, que en momento del crimen tenía 43 años, y dos compinches asesinaron a tiros a sus dos rehenes cuando intentaban escapar. Fue sentenciado a dos penas capitales.
Sus únicas palabras escritas antes de morir fueron: “Me marcho a un lugar bonito. OK, guardián, adelante”.
Ramón Montoya
Ejecutado el 25 de marzo de 1993 a los 38 años. Fue condenado a muerte por matar a tiros al oficial de policía John Pasco, que había acudido a un vecindario de Dallas, alertado por los vecinos que denunciaron la presencia de un hombre armado. Montoya, que tenía 29 años cuando ocurrió el crimen, dijo en su defensa que se le disparó el arma cuando fue alcanzado e iba a entregarse. Agentes de inmigración añadieron durante el juicio que Montoya fue deportado a México por posesión ilegal de armas, pero entró de nuevo a EU ilegalmente.
No quiso dejar ningún testimonio antes de ser ejecutado.
Irineo Montoya
Ejecutado el 18 de junio de 1997 a los 29 años. Natural de Tampico, fue condenado en noviembre de 1985 por robo y asesinato de John Edgar Kilhefer, quien le dio un raid a él y a su cómplice, Juan Villavicencio. Montoya le asestó 21 puñaladas en el cuello, espalda y piernas. Fue capturado gracias a la intervención de la policía mexicana, que descubrió la Chevrolet Blazer de la víctima en Matamoros. Su compinche, también mexicano, no fue condenado a muerte y permanece en prisión.
Esto dejó escrito: “Adiós. Te espero en el Cielo. Te estaré esperando. Amo a mis padres. Estoy en paz con Dios. Lucha por el bien”.
Javier Medina Suárez
Ejecutado el 14 de agosto de 2002 a los 33 años. Natural de Piedras Negras. En 1988 fue declarado culpable de robar y matar al oficial de narcóticos Lawrence Cadena. El agente se reunió con Medina y su compinche, Fernando Fernández, en un estacionamiento para un negocio encubierto de drogas. Cuando el agente recibió un paquete de cocaína después de entregar una suma de dinero, Medina le disparó 7 veces y Fernández trató de robarle la droga. Ambos fueron heridos de arma por un policía oculto. Fernández fue condenado a 60 años de cárcel.
Las últimas palabras de Medina: “Antes que nada me gustaría pedir perdón a los miembros de la familia Cadena por el daño y el sufrimiento que les he causado. Nunca tuve antes la oportunidad de expresarme de esta manera. Espero que encuentre en sus corazones la manera de perdonarme. La paz que encontrarán será temporal, la verdadera paz les llegará a través de Cristo. Ruego ante esta ejecución para que encuentren la paz que buscan. Entréguense a Cristo y a través de él encontrarán la paz. He pensado mucho en su amado. Él estará esperándome en el Cielo. Tendré valor para hablarle y pedirle personalmente que me perdone.
“A mi familia, gracias, los quiero por apoyarme desde allí. Esto es nada más un trampolín a casa. Lo más duro de todos estos años fueron los del corredor de la muerte. A todos los que me apoyaron, siempre los llevaré en mi corazón, como siempre me llevaron en los suyos. Dios los bendiga. Mantengan sus cabezas en alto, los veré pronto. Perdonen el daño que les causé”.
En español escribió esto: “A todo el pueblo de México, me gustaría darles las gracias por la ayuda. También quiero llevar a cada mexicano en mi corazón. Viva México, icen la bandera mexicana con honor. Gracias por todo, los amo”.
Y de nuevo en inglés: “A todos los que están en el corredor de la muerte, mantengan sus cabezas en alto, los veré pronto. Estoy realmente arrepentido, perdonen el daño que hice. Dios los bendiga, los amo a todos. Estoy listo para irme a casa”.
Ángel Maturino Reséndiz
Ejecutado el 27 de junio de 2006 a los 45 años. Sus últimas palabras fueron: “Quiero preguntar si hay algo de perdón en sus corazones. No tienen obligación. Yo sé que he permitido al diablo que mande en mi corazón. Sólo pido que me perdonen y que le pidan al Señor que me perdone por permitir al diablo que me engañara. Agradezco a Dios que haya sido tan paciente conmigo. No me merezco causarle ninguna molestia. No se merecen esto. Yo me merezco lo que voy a recibir”.