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El ADN de un gorila

Info12/30/2009
POR CLAUDIO DÍAZ
El ADN de un gorila


Una pregunta sería... ¿Cómo cree que se llevan adelante las revoluciones el circunspecto señor Gambini?





Claudio Díaz
Para Hugo Gambini tiene gusto a poco el último aporte a la causa antiperonista de su colega y correligionario García Hamilton, fallecido cuatro meses antes de que su Juan Domingo saliera de imprenta. Se advierte en el escriba de La Nación un tono de insatisfacción porque el diputado tucumano no hundió más el cuchillo sobre el cuerpo peronista. Y, como si desafiara a la academia para que tome parte en una eventual elección que determine quién de los dos fue más peludo (Gambini tiene lo suyo porque escribió tres libros muy antiperonistas), manifiesta su desagrado (“falta de rigor histórico”, señala) porque aquel se habría limitado en las 342 páginas del texto a reiterar la invariable y aburrida crítica al peronismo, culpable de arruinar la fiesta que vivía la Argentina culta y educada de la era colonial.

Don Hugo hubiera metido más cizaña. Y eso que el historiador recurrió a un arsenal de palabras estigmatizantes, de esas que se disparan como balas y dejan marca para toda la vida. En efecto, Hamilton califica al General como embustero, espía, improvisador, incumplidor, antiinmigratorio (¡esta nunca la habíamos leído ni escuchado!), especulador, fanfarrón, traidor, frío, machista, estéril, mujeriego y asexuado (¿cómo se compatibilizan esas dos últimas definiciones?).

Como cantan algunas hinchadas del fútbol en las tribunas... “los Gambini son así... / son los gorilas de la Argentina / Cuando hablan de Perón / se les viene todo el odio encima...”. Tiene una memoria prodigiosa para recordar todos y cada uno de los “males” que sembró Perón en su paso por esta tierra: desde la persecución a La Prensa hasta el mítico 5 por 1... Pero él tampoco puede hablar de rigor histórico: no dice que el diario de los Gainza Paz era financiado por la embajada de los Estados Unidos; no cuenta que el 17 de octubre de 1945 un grupo de francotiradores ametralló desde la terraza del diario Crítica al pueblo que retornaba a sus casas tras haber conseguido la liberación de su líder, provocando la muerte de Darwin Passaponti y un amigo. También pasa por alto que antes de las elecciones de 1946 y durante su mandato como presidente de la Nación, Perón fue objeto de atentados y conjuras que lo llevaron, efectivamente, a actuar con autoridad y rigor frente a los intentos desestabilizadores (al cabo logrados en 1955) de la oposición asociada a los poderes extranjeros.

Una pregunta sería... ¿Cómo cree que se llevan adelante las revoluciones el circunspecto señor Gambini? ¿Hubiera pretendido que a esa caterva de enemigos del destino nacional el General los invitara a tomar el té de las five o’clock? En ninguna parte del mundo una transformación social como la que realizó el peronismo se materializa con buenos modales, sobre todo cuando las fuerzas destruidas políticamente se reagrupan para recuperar el poder arrebatado por el pueblo. El “Estado policial” al que refieren algunos críticos cada vez que se analiza el período 1945-1955 esconde que en un país atrasado y rebajado a la condición de semicolonia, cuando el gobierno pasa a controlar la situación y decide romper las cadenas que lo mantienen atado debe enfrentar a las más grandes potencias de la tierra provistas de todos los recursos de la presión económica, del accionar de sus servicios de inteligencia, del terrorismo ideológico, de la prensa, de la cómplice actuación de los partidos locales que apoyan ese statu quo; en fin, de todo un sistema preparado para impedir el triunfo de un proceso revolucionario nacional. Ante ese cuadro de situación la única posibilidad que queda es presentar un frente férreamente centralizado. Es decir: los gobiernos populares deben ser necesariamente gobiernos fuertes para luchar contra la enorme fortaleza de los poderes colonialistas.

Como es natural y previsible, en esas situaciones los intereses heridos contraatacan. Los círculos financieros asociados al imperialismo, la burguesía comercial interesada nada más que en el negocio de la importación, la falta de conciencia nacional de grupos de clase media y el clan sobreviviente de la oligarquía tradicional, contemplan al peronismo como una monstruosidad histórica. Y lo detestan, lo descalifican, lo calumnian. Es la eterna ley del gran juego discursivo en el que los viejos privilegios tocados incorporan el famoso término “falta de libertad”, y su tarea de aniquilamiento de la soberanía conquistada la no menos célebre “democracia”.

En casi medio siglo de militancia periodística y ensayística, Gambini, un observador que hace de la historia peronista una crónica policial, apenas logró encontrar –en los diez años de “dictadura”– dos muertos, ambos por abuso policial. Es que no hay más... No es un dato que deba celebrarse porque cualquier episodio que remita a la persecución, la tortura y el sufrimiento de un ser humano es repudiable. Pero es “incomprensible” que jamás haya aportado siquiera medio capítulo para desentrañar el curioso comportamiento de su partido, el Radical, que anunciando a los cuatro vientos su vocación democrática y republicana, carga con centenares de muertos a lo largo del siglo pasado. Ya sea con Yrigoyen, la dictadura de Aramburu y Rojas de la que formó parte y el “manso” de Illia, el partido depositario de la filosofía de la pluma y la palabra escribió páginas negras como las de la Semana Trágica, la Patagonia Rebelde, el bombardeo del ’55, los fusilamientos del ’56 y la represión a trabajadores peronistas durante las movilizaciones de los años ’60.

Es un misterio, por otra parte, la lectura que hace de la historia, salvo que esté ciego de un ojo: si a Perón se lo reconoce y recuerda por sus “abusos”, olvidó consignar que también se lo reconoce mucho más por haber sido el fundador de la Justicia Social. Y como el conductor de una Nación que se proyectó hacia mediados del siglo pasado a niveles de desarrollo increíbles, trazando el verdadero ingreso a la modernización y el progreso de la Argentina. Si Gambini escribe para una minúscula clase que se quedó atrapada, en tiempo e historia, en algunas parroquias de Buenos Aires, vaya y pase. Pero así y todo debería ser un poco más honesto desde el punto de vista intelectual.

Sostiene, además, en otro fragmento de su crítica al libro de García Hamilton que “el peronismo detuvo nuestra marcha”. ¿Hacia qué ruta, maestro? Díganos por favor cuál era el camino de este país antes del ’45. Salvo que hubiese deseado ser súbdito de la realeza británica, un hijo del Commonwealth. O tal vez un cipayote de los modelos de la Década Infame que (¡otra vez!) su querida UCR ayudó a construir con el apoyo del doctor Marcelo Torcuato de Alvear. ¿Ninguna de esas dos opciones? ¡No nos va a decir, entonces, que lo seducía aquella coalición tan democrática y progresista que animaron Estados Unidos, Rusia, el alto clero, la aristocracia campestre y los porteños que cantaban La Marsellesa! Fascinante su marcha, Gambini...

A propósito: usted y su familia son algunos de los que en aquel tiempo de populismo tuvieron la fortuna de instruirse, de poder estudiar, de llegar a la universidad sin pagar un solo peso (el pasado 22 de noviembre se cumplieron justamente 60 años de la fecha en que el tirano Perón firmó el decreto Nº 29.337 que estableció la supresión de aranceles en las universidades públicas, lo que permitió que la matrícula de estudiantes pasara de 40.284 en 1945 a 138.871 en 1955). Díganos, cuéntenos cómo hizo para crecer en la vida. Porque usted es de clase media, ¿no? Y cabe la pregunta: ¿cuál era, dónde estaba la clase media en la prehistoria del peronismo?

Hay otra afirmación que, lamentablemente para su deseo y el de unos cuantos más, no termina de verificarse y por lo tanto queda reducida a la categoría de zoncera. Es eso de que el peronismo murió... Qué pena, Gambini, que su sentencia sea apenas una frase de café. Subordinación y valor, colega, porque ¿acaso no vio que siguen surgiendo chicas y chicos que hablan de Justicia Social, de Liberación o Dependencia, de Patria o Colonia? ¿De dónde miércoles sacaron esos conceptos? ¿Qué son, marcianos? Pero si el peronismo murió, ¿qué boludez se le cruza en la cabeza a Condoleeza Rice, que habla en el Departamento de Estado acerca de la peligrosidad que constituye el peronismo para los intereses del dinero? ¿Qué significa toda esta matufia de sojeros, barones mediáticos y poligrillos de la política, presos de un ataque de esquizofrenia cuando aparece un gobierno que quiere redistribuir, que aunque mantiene ciertas relaciones no se acuesta de una con el poder imperial, que mueve piezas para ver si es factible construir ese proyecto de Patria Grande?

Desafiamos a Gambini a que sostenga, no con clisés anticuados sino con argumentos sólidos, eso que toma prestado de un lector de La Nación y refiere a que el peronismo está montado sobre un pedestal de falsedades. Explique por qué, señor Gambini. Estamos deseosos de saber de una buena vez cómo es posible que a más de 60 años de su aparición en este rincón apartado del planeta, el movimiento todavía tenga tanta cuerda. A no ser que usted crea que el argentino es un pueblo de estúpidos e infradotados sin memoria histórica. O que el maléfico General haya hecho un pacto con el demonio para seguir manejándonos como rebaño desde el más allá.

¿Perón nos habrá engatusado? ¿Fuimos cazados como inocentes ratoncitos que nos comimos el queso de querer ser libres? Por favor, profesor Gambini, ayúdenos a descubrir la trampa peronista. Necesitamos saber cómo es posible que todavía haya argentinos que crean en el compañerismo, en la solidaridad para con el que no se puede sentar a la mesa, en la militancia de muchos viejos y jóvenes que a pesar de tener sus necesidades básicas satisfechas corean cantos para que reine en el pueblo el amor y la igualdad...


*Periodista, escritor y docente. Entre sus libros se encuentran el Manual del antiperonismo ilustrado y Diario de guerra (sobre el Grupo Clarín). Trabajó en El Periodista, El Porteño, Jotapé, Línea y Clarín. Obtuvo el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí (Cuba) y, en nuestro país, el Rodolfo Walsh (de la Asociación de Periodistas de Mendoza), el Oesterheld (de la misma agrupación) y el Jauretche (del Instituto de Altos Estudios Arturo Jauretche). Miembro fundador del blog www.quetepasaclarin.com, prohibido por la Justicia.
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